lunes, 30 de noviembre de 2015

Amor en Preparatoria Capítulo 20 Oportunidades Parte 1

¡Saludos mis queridos fans!, ya es 30 de noviembre y pues bien, aquí tienen la primera parte del capítulo 20. Espero que les guste.

¡Muchísimas gracias por seguir conmigo!

¡Y Comenzamos!


Capítulo 20



Oportunidades.

Alejandro observó fijamente a la chica, cuyos mieles ojos mostraban una gran seriedad; el joven hombre desvió momentáneamente la mirada para ver la gastada libreta que Dennis le extendía, misma que contenía todos y cada uno de los secretos de su amiga.

— ¿Qué es eso? — Preguntó mientras la tomaba entre sus manos y se hacía a un lado para dejarla pasar.

— ¿Estas sólo? — Preguntó a su vez, ignorando la pregunta del chico.

— No, Ericka y mi madre están en la cocina y Laura está en su cuarto. — Respondió cerrando la puerta. — Pasa a la sala y toma asiento por favor.

— Gracias. — Respondió Dennis.

La joven chica se dejó caer en el sofá, sus piernas empezaban a fallarle, toda esa determinación y valor de los cuales se había armado parecían estar traicionándole, abandonándola poco a poco para ser sustituida por el deseo de renunciar a todo, tomar la libreta, salir corriendo y olvidarse por completo de toda esa situación, sin embargo… ya no había marcha atrás.


Alejandro se sentó frente a ella, ahora todo lo que los separaba, era la pequeña mesita de café color avellana. Sostuvo la libreta entre sus manos y la miró fijamente durante unos minutos, entonces de manera intempestiva, le sobrevino un pequeño flash back; sí, esa libreta, era la misma que el desgraciado de su tío estaba agitando de un lado a otro el día que… “mierda” — pensó el chico, frunciendo con fuerza los labios al recordar la escena… esa escena que jamás podría sacar de su mente…: su pequeña hermana estaba a cuatro patas siendo penetrada por Román y por su tío que estaba bajo ella, el rictus de dolor y horror que vio en su hermana, nunca lo olvidaría. Alejandro recordaba haber gritado con todas sus fuerzas, lo que provocó que los tres volvieran el rostro para mirarlo, pudo apreciar en el sorprendido rostro de Laura, vergüenza y pánico entremezclado con una infinita tristeza y en el de su hermano un completo desconcierto pero a su vez un dejo de alivio, mismo que aún no terminaba de comprender y que seguiría para siempre como un secreto que él mismo se llevó a la tumba, pues Laura seguía sin querer hablar de ese asunto. Su tío en cambio lo miró con verdadero terror; Alejandro se abalanzó sobre su hermano sujetándolo con fuerza de su rubio cabello y aventándolo al piso donde le dio una patada que lo dejo sin aliento. El tío de Laura la aventó a un lado y ésta se golpeó la cabeza contra la pared, Emilio se levantó de prisa y tomó la libreta que yacía sobre el buró. 



— Esperaaa, Esperaaa no es lo que crees tengo, tenghhhsss. — Gritó Emilio agitando la libreta, pero Alejandro se abalanzó sobre él y lo golpeó múltiples veces en el rostro con el puño cerrado.

Laura se cubrió con las sábanas hasta el cuello y miraba con sumo terror la escena. Román se recuperó del puntapié que le diera su hermano y su rostro se puso lívido de angustia, ahora todos sabrían la verdad sobre él, no sólo lo que le había hecho a su hermana, sino también su homosexualidad saldría a la luz, entró en pánico y se levantó tambaleante, los nervios lo estaban traicionando, sudaba copiosamente por todo el cuerpo, ansiaba salir de la habitación, Alejandro quién por el rabillo del ojo lo miró, soltó momentáneamente a su tío quien aprovecho esos segundos de distracción para tomar sus calzoncillos y ponérselos. Alejandro de dos pasos alcanzó a Román y trató de sujetarlo de los hombros pero éste salió de la habitación tan rápido que al llegar a las escaleras y ver a Dennis su pánico se incrementó a un grado demencial y sus sudorosos pies le jugaron una mala pasada traicionándolo, haciendo que resbalara y cayera escaleras abajo.

Emilio por su parte logró esquivar el puñetazo que Alejandro le lanzó cuando éste salió de la habitación y aún balbuceante trataba de decir algo, Alejandro lo alcanzó al pie de la escalera y le propinó tremendo golpe que lo desequilibró, ocasionando que dejara caer esa libreta, un golpe más se sumó al anterior y Emilio rodó escaleras abajo. 

El mayor de los hermanos de Laura volvió de sus recuerdos y levantando la vista, miró interrogante a Dennis, quién trago saliva involuntariamente, ahora ya no estaba tan segura de que tan buena era su idea.

— ¿Quieres explicarte? — El tono de su voz se acentuó.

— Alejandro. — La voz de Dennis tembló ligeramente. — Yo… lo que paso… tu… tu tío abusó de Laura ¿verdad?

El chico apretó con fuerza la libreta entre sus manos, la observó fijamente y asintió un par de veces.

— Creo que todo lo que le ocurrió, fue a causa de lo escrito en esa libreta. — Terminó de decir.

Alejandro seguía con la mirada puesta sobre la misma, tras un momento la abrió y comenzó a leer, sus cejas se entornaron con cada párrafo que leía.

— ¿Qué es esto? — Preguntó con enojo, tras haber leído varias páginas.

— Yo, yo fui novia de Laura.

— ¡Tú qué? — Levantó la vista posándola nuevamente sobre esos mieles ojos.

— Fui su novia ¿de acuerdo? — Afirmó Dennis. — Nunca dijimos nada por obvias razones, tu familia es una homofóbica, Laura tenía miedo de que nos descubrieran… yo…

— ¿Quién es Karla? — A Dennis se le heló la sangre ante aquella pregunta, no esperaba llegar a ese punto tan rápido.

— Es una, u-na profesora de la escuela.

— ¡Laura! — El gritó del hombre hizo que a Dennis se le erizara la piel. — ¡Baja inmediatamente, es una orden!

La fuerte voz del chico, hizo que saliera su novia y su madre de la cocina.

— Hijo ¿qué sucede? — Preguntó su madre. — ¿Por qué gritas? —Sin embargo Alejandro no le respondió, tenía la mirada puesta en las escaleras.

— ¿Alejandro? — Su novia se acercó a su lado y al tomarlo del brazo, sintió como éste temblaba.

— ¡Que bajes, de una buena vez, Laura! — Volvió a gritar y Dennis sintió por primera vez un profundo temor.

Laura bajó rápidamente por las escaleras, pero se detuvo a la mitad, al ver lo que su hermano tenía entre sus manos, sus piernas le fallaron y cayó de rodillas sujetándose al barandal para no caer, su mayor pesadilla se había hecho realidad.

— ¿Qué demonios significa esto? — Le interrogó el chico quién se soltó de la sujeción de su novia y de tres zancadas alcanzaba a la joven rubia sujetándola de los hombros.

— ¡No! — El grito de terror de Laura provocó que Ericka reaccionara.

— ¡Alejandro suéltala!

— ¡Qué está pasando aquí? — La angustiosa voz de Estela resonó por la pequeña sala.

— No, no, no, no, no, Alejandro por favor, por favor, no, ¡¡¡Noooooo!!! —Laura gritó y lloró llena de pánico, se soltó de Alejandro y se abrazó a si misma mientras apretaba con fuerza las piernas elevándolas a la altura de su pecho tratando de cubrir el entero de su cuerpo. — ¡¡¡no quiero, no me toques!!!!.

Alejandro se apartó de ella al escucharla, por un momento se sintió completamente vil, soltó la libreta que cayó al suelo y se llevó las manos a la cabeza, se jaló del cabello con fuerza, por primera vez en su vida no sabía qué hacer.

— Por favor… — Gimió Laura entre sollozos — no quiero… no me lastimes, tú no, por favor, por favor.

Alejandro se pegó por completo a la pared mientras observaba a su pequeña hermana, ahí tirada, muerta de miedo, imaginando que él le haría lo mismo que su hermano y su tío.

Ericka tomó la libreta entre sus manos, de alguna forma sabía que todo lo que estaba pasando tenía relación con ese objeto, la abrió y comenzó a leer tan rápido como pudo, conforme avanzaba se llevó la mano a los labios.

— ¡Oh, Dios mío! — Susurró.

Estela se acercó a su hija y la abrazó.

— Tranquila hija, tranquila, tranquila, todo está bien yo estoy aquí contigo.

— Ma-má lo sien-to, lo… lo sien-to — Laura se abrazó a su madre tan fuerte como pudo. — no, n-o me odi-es, no me odi-es. — suplicaba.

Dennis se sentía fuera de lugar, por vez primera en su vida, se sintió una completa extraña en tierras ajenas.

— Alejandro, — Musitó Ericka — esto… — Volvió el rostro para ver a su novio quién estaba llorando con las manos enterradas en su rostro. — Dennis. — Musitó girando el rostro para ver a la chica que cedió a las lágrimas.

— Lo siento. — Se disculpó nuevamente Laura.

— No es culpa tuya Laura. — Ericka tragó saliva y respiró profundo antes de continuar. — Tu preferencia sexual, te concierne a ti y sólo a ti. El que te gusten las chicas, no es razón, ni pretexto para que hayan hecho contigo lo que hicieron esos bastardos.

Estela abrió enormemente los ojos.

— ¿De qué estás hablando? —Preguntó la madre de Laura soltando a su hija.

— E- Está bien La-ura, — Musitó Alejandro. — yo, yo te quie-ro, yo te quie-ro tal como e-res, no m-e importa, si, si te gus-tan las chi-cas.

— ¿Qué dices Alejandro? — La azorada mirada de Estela corría de un rostro a otro, exigiendo respuestas.

— Yo fui novia de Laura. — Soltó Dennis de golpe, mirando de frente a la madre de Laura.

— ¿Qué tú qué? — Preguntó Estela completamente desconcertada.

— Laura, — Volvió a hablar Ericka. —cariño, todo está bien, no estás sola, estamos contigo, siempre estaremos contigo.

“¡Callensé, callense todos! ¡Déjenme sola! ¡Déjenme en paz! — Pensaba Laura — por favor, no quiero que mi madre me odie, ¡no quiero!”

— Laura ¿de qué están hablando, hija? — Preguntó su madre, quien sintió la boca tan seca como el mismo desierto.

— Estela, es necesario que hablemos. — Dijo la novia de Alejandro.

Ericka básicamente lideró a las personas para que se reunieran todos en la sala, fue un largo y agotador debate entre ella y su futura suegra; Dennis fue objeto de las miradas más crudas por parte de la madre de Laura, Alejandro seguía cabizbajo y mudo y Laura encerrada en sí misma sin querer decir palabra alguna, Ericka se estaba cansando de escuchar de parte de Estela que todo eso no era más que un error, que su hija no podía ser así.

— No entiendo porque tu hermano hizo algo tan espantoso, eso, eso… si hubiera estado aquí quizás — Era la décima vez que Laura escuchaba eso, estaba irritada al punto de quiebre.

— ¡Lo hizo porque mi tío lo estaba obligando! — Gritó la chica llena de ira por primera vez. — ¡Lo hizo porque descubrió que mi hermano era un maldito maricón! — Soltó de golpe. — ¡Román me sodomizó el día que Alejandro te fue a dejar al Aeropuerto!, no entendí porque lo hizo… hasta que… has-ta que… mi tío lle-gó y… y lo obli-gó a violar-me, mientras él lo… l-o sodo-mizaba — Laura se soltó a llorar con tal dolor, con tal sentimiento que llevó a su madre a las lágrimas.

— Tú no esta-bas, Ale-jan-dro no es-taba, no tuve a na-die, q-que me sal-vara. — Lloró amargamente y Dennis sintió que el corazón se le oprimía de tristeza.

— Román ¿era… qué? — Preguntó incrédula Estela, todo eso iba demasiado deprisa para poder digerirlo. — Eso no puede ser… eso…

— Só-lo hay una mane-ra de averi-guarlo. — Respondió Alejandro levantándose de su asiento.

Todos se levantaron tras de él como si fueran autómatas, a excepción de Laura y Dennis que permanecieron sentadas en la sala, los demás subieron las escaleras y llegaron al cuarto que alguna vez ocupase el chico rubio, Alejandro empezó a revolver sus cosas y mientras lo hacía Estela tuvo ganas de gritarle que se detuviera, que respetará las cosas de su hermano, pero la duda era demasiado intensa; por fin Alejandro sacó una caja, escondida en el rincón del closet que estaba bajo otra caja llena de mancuernillas y demás aparatos manuales de ejercicio.

La vació en el piso y entonces salieron montones de películas pornográficas de tema gay, así como varias fotografías de Román y su novio juntos.

La madre de Alejandro no pudo más, cayó al piso y lloró profusamente, no podía creer lo que estaba viendo; Alejandro también lloraba, sin embargo no era porque su hermano había sido gay y su hermana era lesbiana, lloraba porque había fallado como hermano mayor, lloraba porque debió haber regresado a casa aquel día, en vez de irse a quedar con su novia; lloraba por no haber hablado con Laura el día que descubrió que tenía relaciones sexuales con Susan. Lloró por no haber aceptado que existen diferentes formas de amar, por no entenderlas, por no comprenderlas, por haber querido obviarlas como algo repugnante; lloraba por no haber podido salvar a sus hermanos.

Mientras tanto, en la sala, Laura ya no podía más, se volvió a mirar a Dennis con odio y rencor infinitos.

— ¿Qué cara-jos es lo que tra-tas de ha-cer Dennis? — Le reclamó, sus nudillos estaban blancos por la fuerza que estaba imprimiendo al hacer puños con sus manos.

— La necesitas. — Le dijo sin mirarla.

— ¡No sabes lo que ne-cesito! — Le espetó de golpe.

— ¡Entonces mírame a los ojos y dime que no la quieres! ¡Dime que no quieres una oportunidad con ella! — Soltó Dennis apretando con fuerza la mandíbula.

— Yo… — Laura no pudo decir una palabra más, sus verdes ojos estaban fijos en esos mieles que alguna vez fueron toda su ilusión.

— ¡Dime que no quieres tener la oportunidad de volver a empezar y reparar todos los errores cometidos! — La sujetó con fuerza de los hombros y hundió sus dedos en la trémula carne de la chica a la cual alguna vez amó con todas sus fuerzas.
Laura pudo verlo entonces, ese dejo de esperanza en esa miel mirada, esa pequeña llama de anhelo en sus dilatadas pupilas, fue capaz de leerlo en esos ojos, Dennis en realidad no quería entregársela, Dennis no deseaba en verdad alejarse de Karla, pudo notarlo por la forma como la miraba, por la zozobra escrita en sus gestos, Dennis ansiaba que le confirmara lo que estaba diciendo, Dennis rogaba porque Laura se negara una vez más a regresar al lado de Karla. Pero entonces:

— Sí, — Respondió sin siquiera pensarlo, — quiero volver con ella… La Amo. — terminó por admitir y entonces fue testigo de cómo el corazón de Dennis se hacía pedazos, incluso podía jurar que lo estaba escuchando romperse en miles de fragmentos. El rictus de dolor en el rostro de Dennis era un libro abierto, que Laura pudo leer sin reparos.

— ¿Ella? — La voz de Estela le hizo volver con violencia el rostro, para ver a su madre y a los demás bajando las escaleras. — ¿Quién es ella?

— Su nombre es Karla. — Dijo Ericka — ¿Cierto Laura? — Preguntó, pues pudo apreciar el nombre de Giselle y el de Dennis incluidos en sus confesiones.

— Sí. — Respondió apenas audiblemente.

— Hija, no, espera, eso que sientes…

— Es completamente normal — Interrumpió Alejandro mientras se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano. — Te amo, y no me importa si es que deseas estar al lado de una mujer, lo único que me importa es que seas feliz, no me interesa nada más.

— A-lejandro. — Musitó Laura, sus ojos se anegaron en llanto, no podía creer lo que estaba escuchando.

— Perdona-me Lau-ra, — Sollozo una vez más, sus castaños ojos mostraban un arrepentimiento infinito. — fue culpa mía. Debí haber habla-do contigo, desde hace mu-cho.

— Hijo. — La voz de su madre se quebró. — no, n-o, tu herma-na… no.

— Bas-ta ma-má. — le acalló su hijo. — No quie-ro perder-la, ya per-diste un hi-jo, ya perdí a mi her-mano, no, n-o quie-ro perder-la a ell-a también.

Estela, rompió en llanto, su hijo había muerto, su hijo había violado a su hermana y él mismo había sido abusado por Emilio, por su propio hermano, por ese hombre que alguna vez le dijo que siempre velaría por ella y por sus hijos cuando ella le confesó el engaño de su marido.

Ahora comprendía porque su hija había tratado de cortarse las venas en dos ocasiones, todo por querer ocultar su verdadera naturaleza, todo por no querer ser una decepción para la familia; por el trauma que le dejo el abuso de esas dos personas quienes debían de haberla cuidado y protegido; su hija había sido mancillada de la peor forma, la habían golpeado, le habían insultado, habían abusado de ella a tal grado que sufrió desgarros y laceraciones, suerte tuvo al no haber contraído una infección venérea o algo peor.

Estela lo sabía, sabía que no era justo lo que le había pasado a sus hijos, no había sido nada justo, no había sido culpa de sus hijos el nacer con esa orientación sexual, eso lo sabía bien. Tampoco había sido justo infundirles odio y desprecio hacia sí mismos por lo que eran; no fue justo llevarlos de la mano para que compartieran el odio y el desprecio que sentía por su ex marido. No, no lo era, no lo había sido y nunca lo sería. Quería entender, quería comprender y aceptar, pero tantos años con esa manera de pensar… no, tampoco podía hacerse tan rápido a la idea de saber que a su hija le gustaban las mujeres.

— ¿Estás segura, hija? — preguntó Estela mirándole suplicante, anhelante.

Al verla, Laura sabía bien que esperaba una respuesta negativa, pero… estaba cansada, ya no podía más y esta era su única oportunidad para por fin y de una vez por todas ser completamente libre.

— Sí. — Respondió tajante y con eso selló el destino de Dennis quien deseó morir en ese instante. — Lo la-mento, si es q-ue… — Tragó saliva. — te he, decep-cionado.

Estela no dijo nada, sólo meneo en negativo, uso de toda su fuerza para poder decir lo siguiente:

— Te Amo… siempre lo haré. — Dejo que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas. — Sólo dame un poco de tiempo, sólo eso, para poder, para poder hacerme a la idea, no, no es fácil para mí tampoco. Pero no me has decepcionado, nunca podrías hacerlo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida… perdóname, amor mío, por no haber estado aquí para defenderte. — Laura se levantó y se abalanzó a los brazos extendidos de su madre. ¡Cuánto necesitaba haberle oído decir esas palabras! ¡Cuánta falta le había hecho estar entre sus protectores brazos!... Descargó en ese abrazo toda su pena y su dolor, líquido llanto que no paraba de manar de sus ojos, agua salada que ansiaba sanar todas y cada una de esas heridas.

Laura por fin veía poco a poco la luz, al final de ese obscuro y tenebroso túnel; irónicamente para Dennis comenzaba su travesía a través de su propio abismo. No deseaba dejar a Karla, la idea realmente la estaba asesinando por dentro, pero esas infernales palabras escritas en ese cuaderno hacían eco en sus oídos, una y otra y otra maldita vez “no sé qué hacer”, ¿Cómo debo actuar?”, “¿Es esto lo correcto?” “Desearía tener a alguien a quién contarle mis secretos”, “que alguien me diga que estoy haciendo mal, por favor”, “No tengo a quien pedirle consejo”, “Ojala Dennis aún fuera mi amiga para poder contarle todo esto.” “¿Qué debería hacer?” “Si tan sólo hubiera conocido a Al antes” Su libreta estaba atestada de ese tipo de frases y preguntas; ¿Acaso no era injusto?, Ella había tenido a Andrea para aconsejarla, había tenido a su propia madre para contarle sus dudas y alegrías, pero ¿Y Laura? ¿Laura a quién había tenido? ¿En quién podía haber confiado? ¿Quién le tendió la mano para sacarla de todas sus dudas? ¿No había sido entonces completamente desleal a su amiga? La relación que mantenía con Karla había sido buena porque ella sí tenía en quien apoyarse, estaba más que segura que hubiera roto con Karla el día que ésta conoció a Nadia, si no le hubiera pedido consejo a tiempo a su hermana. Inclusive ella misma tomó malas decisiones al aceptar el juego de Laura, manteniendo como Novio a Armando, cuando ella en realidad no deseaba estar con él ¿y todo por qué?, porque no había sido capaz de pedirle consejo a Andrea. Así que Laura no había tenido esa oportunidad que ella sí tuvo… entonces Laura merecía esa segunda oportunidad ¿no era así?... por primera vez, después de poco más de dos semanas ansiaba con desespero el consejo de su hermana, pero no lo iba a pedir, porque estaba decidida a tomar sus propias decisiones, así como Laura tuvo que hacerlo… esta vez estaba sola, completamente sola. Ahora en ella surgían esas cientos de preguntas sin respuesta ¿Es correcto lo que estoy haciendo?, ¿Está bien actuar de esta manera? ¿Es esto lo que realmente quiero?

— Laura. — Preguntó Alejandro. — ¿Esa mujer, esa profesora, aún la amas?

— Sí, ella… fue mi novia y yo, yo la engañe… yo… estoy arrepentida por haberlo hecho.

— Está bien Laura. — Le acotó Ericka — Estoy segura que tendrás otra oportunidad con ella, ¿no anda con nadie o sí?

Dennis quería gritar que sí andaba con alguien y ese alguien era ella, quería gritar a los cuatro vientos que era suya, que no podía entregársela a Laura, ansiaba gritar que ella era el amor de su vida, sin embargo al fijar sus ojos en las muñecas de su amiga y ver esos vendajes, al rememorar la angustia con la cual Laura preguntó por Karla, al recordar que Laura permitió que su tío abusara de ella para proteger la libertad de Karla… se sintió vencida… se sintió derrotada… y se preguntó si ella hubiera hecho lo mismo de haber estado en la situación de Laura... ¿qué hubiera hecho ella?... se le revolvió el estómago al recordar la manera en la que besó a su propia hermana, si ella no había aguantado el asco de besar a Andrea, no podía imaginarse lo que había sido para Laura haber tenido que tocar, que besar a su propio hermano y a su tío, era repugnante.

— No. — Respondió Dennis con la voz plagada de tristeza, mientras formaba puños con las manos.

— Voy a ir a hablar con ella. — Dijo Alejandro respirando profundamente.

— No, — suplicó Laura — ella no querrá volver conmigo, ella ya…

— Lo hará. — Aseveró y la determinación en la voz de Alejandro hizo que a Dennis se le anegaran los ojos en llanto.

“Está hecho” — Pensó Dennis. — “Karla ahora… aho-ra es tuya… Laura.” — Jamás en la vida sintió tal dolor, nunca degustó un sabor tan amargo como el que ahora le estaba inundado el paladar, quería gritar con todas sus fuerzas que Karla era de ella, que se arrepentía de haber tocado a la puerta, que odiaba no poder cerrar esa caja de pandora que había abierto.

— Ve a tu cuarto a cambiarte Laura iremos con Karla. — Dijo Alejandro.

Ese fue el final… Dennis perdió todo sentido de la realidad… — “Duele, duele tanto, ¡Oh!, Dios mío, esto no puede estar pasando.” — se llevó la manos al pecho — “¿Qué es lo que he hecho?” — calientes lágrimas se derramaron por sus mejillas las cuales quemaban como ácido su trémula carne. — “Es mentira, es una gran mentira… a mí, no me gusta Joshua, me agrada, es un gran Amigo, es un gran Amigo… pero es sólo eso… a mí, a mí quién me gusta es Karla, A MI ME GUSTA… A MI, A MI, ME… YO… YO… ¡¡¡¡YO AMO A KARLA!!!!” — gritó en su pensamiento, se llevó las manos al rostro y lloró con profundo sentimiento.

Ericka la observó fijamente, sabía que debía hablar con esa chica también, creía que esas lágrimas eran porque Laura había elegido a su profesora y no a ella; decidió que lo haría una vez que bajara nuevamente con Laura, pues ahora iban escaleras arriba rumbo al cuarto de su pequeña cuñada. Pero cuando bajaron a la sala de nuevo, Dennis se había ido.

Tiempo Presente:

Dennis se había sentado en la misma banca donde miró por primera vez a Joshua, Las palabras de Andrea le seguían taladrando los oídos; ésta se llevó las manos a la cabeza y formó puños entre su sedosa cabellera.

— Basta ya. — Susurró; las lágrimas comenzaron a rodar por su lindo rostro, pero estas se confundieron rápidamente con la fuerte lluvia que comenzaba a caer — Es suficiente. — Musitó sin voz.

No obstante la voz de su hermana seguía taladrándole los oídos. La misma frase una y otra vez “Eres una estúpida Dennis.”

La joven chica se mordió con fuerza el labio inferior, se sentía angustiada, triste, dolida, desesperada y confundida.

— ¿Qué debo hacer… que debería hacer? — Preguntó cerrando los ojos con fuerza.

Sin embargo los abrió al escuchar esa voz, esa triste y desalentada voz.

— Dennis, ¿podemos hablar?

— Joshua. — Musitó Dennis mirando al alto chico frente a ella.



Tiempo pasado:


Karla salió de la escuela, seguía sin poder entender lo que sucedía, ¿era verdad que Dennis sólo cruzó por una etapa?, entonces… ¿esas promesas? ¿Esos sueños de construir juntas un futuro? ¿Qué habían sido?

— Castill-os en el a-ire. — Susurró mientras las lágrimas resbalaban lentamente por sus mejillas.

Se sentía tan estúpida, se sentía tan idiota, ¿cómo pudo haber caído en lo mismo dos veces?

— Las lágrimas nunca le han sentado bien a tu rostro.

Esa voz le hizo volver el rostro rápidamente, su hermano estaba a unos pasos de ella.

— ¿Qué tienes hermanita? — Preguntó el chico con preocupación. — ¿A quién hay que partirle su madre?

Karla no le respondió, se arrojó a sus brazos y dejo salir todo su dolor. Adam el hermano de Karla era un joven bastante atractivo, media 1.95, tenía el cuerpo de un fisicoculturista pues era todo un narciso, su varonil y fuerte rostro lo hacía irresistible para cualquier mujer u hombre, compartían el mismo cabello negro azulado, lo mismo que la tonalidad canela de la piel, sin embargo los ojos de Adam eran café obscuro. Él era dos años más joven que Karla; como hermanos ambos sabían sus mutuos secretos y en sus momentos de pena ambos se consolaban.

Adam dejó que Karla llorara, conocía a su hermana, sabía que tenía que darle tiempo para que se recuperara y hablara, tras un prolongado rato, por fin mermó su llanto, Adam le pidió las llaves del auto y le ayudo a entrar, el moreno hombre condujo y en breve estuvieron a la puerta de la casa.

Al entrar, Adam la tomo de los brazos y le sonrió sincero.

— Voy a prepararte un té para que te relajes ¿de acuerdo?

— Sí — le respondió mientras se limpiaba las lágrimas con un pañuelo desechable.

— ¿Sigues guardando el té donde siempre? — Le preguntó su hermano.

— En el segundo cajón de la gaveta izquierda.

— Hecho.

Karla se quitó su saco y lo aventó sobre el sofá, se dejó caer en el sillón individual y emitió un profundo suspiro.

— ¿Y eso? — Preguntó Adam saliendo de la cocina.

— No es nada.

— Claro, conozco tus “nada” — Hizo comillas con sus dedos — ¿Cómo se llama tu nada?

— Es una historia muy larga.

— ¡Qué bien! Me encantan las historias largas y además no tengo prisa ¿y tú? — Le sonrió con complicidad.

Karla sonrió tenuemente, únicamente su hermano podía lograr eso, aún en los momentos más difíciles.

— De acuerdo. — Cerró los ojos y se pasó la mano por entre el cabello. — Todo comenzó cuando…

— Espera, espera, en seguida me cuentas, deja traer el té.

Al regresar de la cocina, Adam la escuchó atentamente, en algunas partes del relato dejo escapar algún suspiro, en otras su ceño se fruncía y casi al final del mismo parecía haberse dado una idea bastante clara de todo el panorama.

— Bueno, — Dijo cuándo Karla término. — la buena noticia es que viejas no te van a faltar, digo los dos estamos como queremos, así que ellas se lo pierden. — Se recargó de lleno en el sofá y se cruzó de brazos. — Aunque la verdad creo que le diste demasiada importancia al asunto, esas mocosas no valen la pena, digo todavía están dentro del cascarón, si entiendes a lo que me refiero. Además no puedes esperar llevar una vida de ensueño al lado de una adolescente, mírame a mí, me casé con la primera a los 18, ella tenía 17 y ya vez dos años después nos mandamos al carajo.

— Ninguna de las dos era como tú o tu primera mujer, — Defendió. — tú te casaste con ella, en primer lugar porque la embarazaste y en segundo porque no quisiste seguir estudiando.

— Como sea, la cuestión es que a esa edad uno no sabe lo que quiere.

Karla, se mordió el interior de su labio, ya eran muchas las personas que le habían dicho eso y ahora también se lo restregaba en el rostro su hermano. ¿Acaso todo lo que vivió, había sido una fantasía?

— Dennis no es así, ella…

— Ella te acaba de botar, porque estaba pasando por una etapa ¿no? — Le interrumpió su hermano mientras fijaba sus ojos en esos profundos mares, los cuales se anegaron una vez más en llanto. — Karla eres muy guapa, puedes tener las viejas que quieras, no te enganches con escuintlas mocosas cagenges.

— Dennis no…

— Shhhhh, déjame terminar, mira, vamos a ser honestos, las chavas de hoy día se te avientan bien cabrón, y de todas las edades, déjame decirte que no hace mucho llego al trabajo una mocosa como de quince años buscando a un compañero.

— ¿Sigues trabajando como guardia de seguridad?

— Sí, no he encontrado otra cosa.

— Debiste seguir estudiando.

— Oh, ya, déjame seguir contándote, la cuestión es que llega a la caseta la escuintla esa y le dice a mi compañero, que está embarazada, blah, blah, blah. Y este le responde que no es su problema, que ella anduvo de buscona y que él no le pidió que le abriera las piernas, total que la mocosa se prende y empieza a decirle que quiere que se haga responsable del niño blah, blah, blah y yo divertidísimo nada más oyéndolos. Total que Leo le dice, me voy a hacer mi rondín, ya ahí te ves. Y el cabrón me dejo solo con la escuintla esa…

— Debiste hacer algo. — Le interrumpió

— Claro que no, es su vida, es su bronca, la verdad me vi buena onda porque sea como sea le hable claro a la mocosa esa. Le dije mira chava este cabrón no se va a hacer responsable de tu hijo, está casado y no se va a divorciar para irse contigo. Y me dice, es que él me dijo que se iba a divorciar de su esposa, o sea hazme el favor y total que le digo, no hija, eso lo decimos todos para conseguir lo que queremos, y él pues ya se cansó de ti y más porque no va a aventarse la bronca de tu escuintle, total que así estuve hablando con ella como dos horas y por fin me pidió que radiara a mi compañero, así que lo hice y le dije compa, aquí sigue tu pañal y ¡tómala! Ya vez que todo se escucha cuando hablamos por la radio, que me contesta, ¡todavía! No güey, ya mándala a chingar a su madre, piche mocosa puta, bien que me estuvo ahí rogando que me la cogiera, esa pendeja sólo quiere que alguien la mantenga, pero a la verga, nel, además ya se la había cogido el greñas, el Isma y el chango, de hecho él me la paso cuando se cansó de ella, ahí si te la quieres coger tú pues aprovecha, o mándala a la verga, ahí como quieras, avísame cuando se haya ido a la chingada. Y Le dije pues ya ahí está, ya lo escuchaste.

Karla sólo negó en negativo varias veces.

— No me veas así, la verdad me porte buena onda, ya para rematar le dije, mira mocosa ten cuidado porque ahora que vas a tener a tu escuintle te van a caer un buen de galanes, pero no para casarse contigo, sino nada más para cogerte, porque así somos los hombres. Te digo que no me veas a sí Karla porque, ni tan inocente la escuintlita, cuando hable con el Isma, este me contó que a esa chava le encabronaba hacer los quehaceres de la casa y cuidar de sus hermanos más chicos, y que esta vieja le había dicho que ya quería casarse para dejar de hacer todo eso. Como verás las pendejas piensan que casándose se les van a quitar las responsabilidades, sin saber las taradas que les va hasta peor.

— ¿Tienes que ser tan grosero cuando hablas?

— Oh, pues ya ves es el ambiente en el que se trabaja.

— Te oyes de lo más vulgar, a ver si te controlas cuando estés hablando conmigo.

— Mmtaaa, bueno al menos ya no estás tan achicopalada.

En cierta forma era verdad, con todo lo dicho por su hermano, Karla ahora estaba más preocupada por el futuro incierto de esa niña, que por ella misma.

— Es que mira Karla. — Le dijo Adam. — La verdad es que así somos, ¿a quién le dan pan que llore? — se encogió de hombros. — Si las viejas te dan las nalgas, ni modo de no aprovechar.

— Ya no me cuentes más ¿quieres? Y ya te dije que no seas tan vulgar.

— Te lo digo para que te des cuenta de como son las cosas. Las mocosas no saben lo que quieren, creo que esa tal Ana era una opción un poco más viable.

— Pero ni siquiera sentía nada por ella.

— En serio que la pendeja de la Nancy te dejo toda jodida. — Suspiró el moreno hombre.

— ¿Cuál es el motivo de tu visita? — Preguntó Karla que se empezaba a sentir bastante irritada.

— Pues te venía a pedir dinero prestado. — Se llevó la mano a la nuca.

— Que novedad. — Le respondió con un dejo de sarcasmo.

— Oh, ¿ya ves?, yo todavía que te consuelo, te preparo tu tecito para que te sientas mejor, te comparto mis experiencias, te…

— Ya, ya, ya ¿Cuánto necesitas?

— Pues si tienes unos dos mil pesos, ya yo te los pago en cuanto pueda.

— Claro, como lo demás que te he prestado y sigues sin pagarme.

— Oh, ya ¿ves cómo eres? Yo que te vengo a visitar porque tú ni me vas a ver, yo que te tiendo mis cariñosos brazos para que llores a tus anchas, yo que…

— Ya, ya, voy a traerte el dinero.

— ¡Gracias hermanita! Sabía que podía contar contigo.

Karla subió a su habitación y saco el dinero; le agradecía a su hermano que le hubiera escuchado y “consolado” lo único malo era que ello siempre tenía un coste, también sabía que no debía de prestarle tan fácilmente dinero, porque éste siempre que tenía efectivo, botaba los trabajos uno tras otro por las razones más estúpidas e infantiles que se pudiera llegar a imaginar, pero con un matrimonio fallido que le dejo dos hijos, sumados a su más reciente separación con la segunda mujer con la cual no se casó quien le dio dos hijos más, aunados a su reciente matrimonio con la tercera y esperaba fuera la última mujer quién por cierto le acababa de dar otro hijo, pues bueno, sabía que no se daba abasto para la manutención de esos cinco niños.

Al bajar nuevamente, pudo ver a su hermano revisando varias de las películas que se hallaban acomodadas en uno de los compartimentos del centro de entretenimiento que tenía en su sala.

— Toma. — Le dijo cuándo se hubo acercado a él.

— Gracias Karlita, en serio que en cuanto pueda te los pago. — Le guiño un ojo y le besó en la mejilla. — Ya de paso ¿me prestas estas películas?

Karla, suspiró por lo bajo y sólo asintió.

— ¿Vas a quedarte a dormir? — Le preguntó a su hermano, pero este tomó su mochila y después de guardar las películas se la echo al hombro.

— No, Leticia me espera, le dije que venía a verte y que de aquí me iba para la casa.

— De acuerdo. — Dijo Karla, deseando internamente que se hubiera quedado, pues no deseaba estar sola.

El timbre de la puerta se escuchó un par de veces. Ambos chicos se dirigieron a la puerta, al abrirla, Alejandro sujetó de la ropa a Karla quién le miró sorprendida.

— ¡Tú! — Espetó Alejandro.

— ¡Alejandro, espera! — su novia lo sujeto de los hombros por la espalda.

En ese momento Adam tomó de las muñecas al hermano de Laura y le apretó tan fuerte que este soltó a su hermana, esta vez, Adam lo sujetó con fuerza de la ropa y prácticamente lo levantó fijando sus profundos ojos marrones en esos castaños claros.

— ¡Qué putas quieres con mi hermana cabrón? — siseó amenazante.

— ¡Suéltalo! — Le gritó Ericka.

— ¿Qué está pasando? — Preguntó Karla mirando a la chica que no reconocía para nada, sin embargo tras ella, esa blonda melena le era totalmente conocida — ¿Laura? — el gesto de su rostro se tornó aún más confuso.

— No me das miedo pendejo. — Dijo Alejandro sujetándolo de los antebrazos, mirando retadoramente al enorme chico.

— ¡Por favor basta los dos! — Pidió nuevamente Ericka.

— ¿Alguien puede decirme que es lo que está pasando? — Preguntó nuevamente Karla.

Alejandro giró el rostro para ver a la morena mujer cuya expresión en su rostro mostraba una verdadera incertidumbre.

— Tú, tú vas a regresar con mi hermana, sino quieres que te denuncie ante las autoridades. — Soltó de golpe el chico, dejando completamente perpleja a Karla.

— ¡Alejandro! — Espetó Ericka. — No digas tonterías.

Adam levantó el rostro para ver a la joven rubia.

— A mi hermana no le interesa esa mocosa.

— ¡No te atrevas a llamar a mi hermana mocosa estúpido! — le soltó un golpe, pero Adam se hizo hacia atrás y al soltarlo Alejandro perdió momentáneamente el equilibrio.

— ¡Basta! — Gritó Ericka y se abrazó a su novio. — Es suficiente, vamos a hablar. Por favor. — Volvió el rostro para mirar a la alta mujer quién no salía de su asombro.

Karla sin embargo tenía puesta la mirada sobre Laura, la pobre estaba prácticamente temblando de miedo, su rostro estaba completamente pálido, Karla pudo apreciar los vendajes en las muñecas de esas delicadas manos.

— Laura. — Musitó.

— Oye ven, — Ericka tomó de la mano a Karla y la llevó dentro de su casa, todos los demás les siguieron, la última entrar fue Laura.

Una vez dentro, Ericka, dejo escapar un suspiro de alivio y miró seriamente a Karla y a todos los presentes.

— Denme un momento a solas con ella ¿de acuerdo? — Les pidió a los demás.

Alejandro apretó los labios y asintió un par de veces, Adam levantó una ceja y chasqueó con la lengua mientras se sentaba en el sofá y Laura tragó saliva visiblemente, mientras se abrazaba a sí misma.

— ¿Hay algún lugar donde podamos hablar a solas? — Preguntó Ericka.

— Arriba. — Le indicó.

— Bien, vamos.

Las chicas desaparecieron escaleras arriba, Alejandro miraba retadoramente al alto chico, quien lo barrió de arriba abajo con la mirada; Adam sabía bien que podría pulverizarlo sin mucho esfuerzo. Laura se acercó a su hermano y lo tomó del brazo.

— ¿Qué puto? ¿Soy, me parezco o quieres que te de un beso? — Le preguntó Adam mientras se tronaba los dedos.

— Eres un pendejo. — Le dijo Alejandro dando un par de pasos hacía el moreno chico, el cual se levantó de un salto.
Sin embargo, ambos se contuvieron cuando escucharon a la rubia soltar el llanto.
— Tranquila Laura, no pasa nada. — Le dijo Alejandro mientras la abrazaba.

— Esto no es-ta bi-en… — susurró Laura.

— Hey, rubia, — Soltó Adam. — todo está bien, no vamos a pelear. — ¿no es así?

— Cierto, Laura, ya, tranquila, estas temblando.

— Voy a prepararle un té. — Adam se dirigió a la cocina. —Siéntense por favor.

Mientras tanto en la habitación de Karla, ésta se hallaba con la mirada puesta sobre sus manos, había escuchado atentamente a Ericka.

— Mira, yo sé que esto que te estoy pidiendo es intempestivo, pero esa niña necesita sentirse amada nuevamente; antes de venir aquí por fin se decidió a hablar, aunque sólo fue con su hermano y conmigo, nos contó que su tío la amenazó con llevarte a la cárcel por haber abusado de ella, pero que logró convencerlo de que todo lo que había escrito en esa libreta eran mentiras, sin embargo siguió con su amenaza en pie diciéndole que en lo que investigaban tú lo pasarías muy mal, ella se dejó hacer por el cabrón de Emilio y Román lo inimaginable, ella te protegió ¿entiendes?. Mira, honestamente no voy a mentirte, en serio dan ganas de llevarte a la cárcel por el sacrificio que hizo Laura por ti, porque ella no debió haberte defendido de esa manera, pero eso la destrozaría a un más y ella ya ha sufrido demasiado incluso intentó quitarse la vida en dos ocasiones ya que pensó que toda su familia la odiaría al enterarse de sus preferencias… ella nos contó que te engaño y se siente muy arrepentida por haberlo hecho; sé que lo está y sé que te ama, dale la oportunidad de sentirse amada por ti nuevamente, por favor. No sé si puedas imaginar lo que es que tu propia familia te agreda.

En ese punto Karla apretó las manos sobre sus piernas, ella sabía muy bien lo que era lo que significaba una violación; la culpa estaba cayendo sobre ella como plomo, se sentía enteramente responsable por lo que le había ocurrido a Laura.

— Por favor, esto es importante, quiero que Alejandro y su madre, sepan que su hija sigue siendo la misma de siempre, que el hecho de que ame a una mujer no significa el fin del mundo. Si la ven desde este momento en una relación, poco a poco lo irán asimilando y terminaran por aceptarlo, esto es importante no sólo por ella, sino también para su familia. Por favor. ¿Volverías con ella?

— Yo… — Esa era la decisión más difícil que habría de tomar alguna vez en la vida, se sentía la persona más ruin, en ese momento se odiaba así misma a un grado inimaginable.

Pasaron los minutos y Karla aún no le daba una respuesta. Ericka volvió el rostro hacia el techo y centró la mirada en el mismo, se preguntaba si esa mujer accedería o si bien se negaría rotundamente.

— Lo haré. — Dijo tras un largo rato de silencio. — Volveré con ella.

— Gracias — Musitó la joven. — En verdad gracias.

Ambas bajaron de nuevo a la sala, los presentes se hallaban sentados en la sala, cada uno inmerso en sus pensamientos. Laura levantó el rostro y posó su verde mirada en esos azules ojos. Karla no dijo nada, sencillamente caminó hacia ella; Alejandro observó su lento andar, la delicada forma en que su cuerpo se movía, lleno de una profunda sensualidad, sus mejillas se sonrojaron, hasta ese momento se percató de la belleza que poseía esa mujer.

Karla se arrodilló ante Laura, tomó suavemente ese juvenil rostro entre sus manos y le miró con ternura y una tristeza infinita.
— Lo siento Laura, no lo sabía… nunca imaginé que hubieras pasado por todo ese infierno. — Le acarició los pómulos dulcemente con sus pulgares.

— Kar-la. — Laura no podía creerlo, ¿acaso esto era verdad? ¿Esos ojos le estaban viendo con ternura?, su corazón palpitaba a mil por hora, rogaba con todas sus fuerzas que todo eso no fuera un sueño, sus manos sudaban de ansiedad.

Karla observó esos ojos verdes, esos hermosos ojos verdes en los cuales alguna vez se perdió. Y aunque la culpa la avasallaba sin piedad, aunque todo su ser gritaba que no; acercó lentamente su rostro al de esa joven chica y depositó sobre sus labios un suave y tenue beso. Laura pareció quedarse sin aliento y Alejandro únicamente apretó los puños sobre sus rodillas, le costaba trabajo ver esa escena, Ericka se acercó a él y le sonrió, posó una mano sobre la de su novio y le ayudó a relajarse.

— Está bien Alejandro. — Le susurró su novia, lo importante es que ella sea feliz.

Alejandro no dijo nada, sea como sea él había estado de acuerdo con que su hermana anduviera con esa mujer.

Laura sintió que un calor proveniente del fondo de su corazón le invadía el cuerpo por completo, sintió su corazón golpear fuertemente su pecho, Karla le había besado, ¡la había besado! ¿En verdad tenía una segunda oportunidad?

— Karla. — Musitó Laura. — ¿En verdad…? ¿En verdad serás nuevamente mi novia? — Preguntó con suma ansiedad, su verde mirada rogaba por un sí.

Karla se quedó en silencio por un momento y las facciones de Laura dieron lugar a la incertidumbre. Karla amaba a Dennis, la adoraba como nunca lo había hecho con nadie, ni siquiera con Laura, quería decir que No, que no podía hacerlo porque su corazón le pertenecía a alguien más… sin embargo ese alguien más, ya no quería nada con ella, Dennis la había arrojado de su vida. Y Laura había atravesado un infierno y purgatorio por culpa de ella, se lo debía, porque todo lo que le paso fue por culpa suya y tenía que hacerse responsable por sus actos.

— Sí. — Dijo por fin con suma dificultad y esa palabra hizo pedazos su propio corazón.

Continuara!!!!

sábado, 14 de noviembre de 2015

Amor en Preparatoria capítulo 19 3ra parte (Final)

Saludos mis queridos fans, antes que nada lamento muchísimo la espera que han tenido que pasar por el término de este capítulo, espero que sea de su agrado y les comento que los restantes no tardara tanto como esta última vez.

Muchas gracias por seguir conmigo, les agradezco infinitamente su apoyo y su paciencia, sin más preámbulo. Aquí tienen el final del capítulo 19.

El capítulo 20 lo subiré el 30 de Noviembre. 




Capitulo 19 3ra parte

Los padres de Al estaban sentados nuevamente en la sala de espera, tanto Marcel como Selene miraban discretamente a su yerno, quien estaba hablando en uno de los pasillos con la ginecóloga de su hija y con el médico que la operó, conforme hablaban, los puños de Andrés se cerraron con fuerza.

Selene miró de reojo a Marcel y este sólo asintió; ellos dos eran una pareja bastante peculiar, se leían el uno al otro como nadie, tanto así que las palabras a veces sobraban entre ellos. Selene se mordió ligeramente el labio inferior, era consciente de lo que se avecinaba y el trago amargo por el que pasaría su hija y a pesar de lo mucho que deseaba protegerla, sabía que ese momento de amargura debía de afrontarlo por si misma. Aunque después tanto su padre como ella le consolarían, hasta curar su dolido corazón.

Mientras tanto, Al miraba fijamente el blanco techo de su habitación, su mano derecha descansaba sobre su dolorido vientre, su afligido rostro hablaba por si solo; por momentos se mordía fuertemente el labio inferior; trataba de determinar sus sentimientos, de entenderlos… incluso de superarlos; pero eran demasiado confusos y revueltos, ira, tristeza, desconcierto, amargura, incredulidad; sentía tantas emociones al mismo tiempo que estaba empezando a sentirse desesperada.

— Vamos… vamos — susurró — ¿qué pasa conmigo?, ¿tanto deseaba ser madre?... pero… si en un principio ni siquiera… me importó — su garganta comenzó a cerrarse; una vez más el dolor estaba abrumándola — mi bebé — musitó con la voz apretada, sus ojos despidieron lágrimas intensas que quemaban sus mejillas, su respiración se agitó conforme el llanto le dominaba con más fuerza, gimoteó varias veces con suma amargura y aunque intentó tranquilizarse de mil maneras, sencillamente su cuerpo no le obedeció, tomó la almohada que descansaba bajo su cabeza y se la llevó al rostro y entonces gritó con todas sus fuerzas, permitiendo que el dolor le avasallara una y otra y otra vez; externo todo su malestar en amargo líquido, su pecho dolía como nunca, sentía que moriría de tristeza — mi bebé — repitió con la voz ahogada, un nombre vino a su mente — Oh… S-Sha-ron — musitó con un hilo de voz — te ne-cesito — gimoteó — Sha-ron… tú… m-mi hija, lo siento… lo siento — una nueva oleada de tristeza le doblegó el alma, su llanto seguía imparable… parecía que duraría hasta el fin de los tiempos.

— ¿A-Al? — preguntó Esmeralda, al entreabrir la puerta, su voz irritó a su hermana, no quería ver a nadie, no deseaba hablar con nadie, quería estar sola, por lo que no le contestó y siguió llorando incontrolablemente.

— ¿Puedo, puedo pasar? — preguntó con timidez, sin moverse de su lugar, sus ojos fijos en su hermana, mudos testigos del dolor que Al sentía.

— No… n-no es… un bu-en mo-mento — retiró momentáneamente la almohada de su rostro, mientras articulaba con la voz apretada; estaba haciendo un esfuerzo innombrable por no desquitar todo su coraje contra la joven rubia.

— Pero, tengo… tengo que decirte algo — tragó saliva, le partía el corazón escuchar a su hermana tan desolada, quería correr y abrazarla y decirle que todo estaría bien.

— He… di-cho… que no… es un bu-en… mo-mento — Al apretó los puños con fuerza; sus lagrimas seguían imparables, el esfuerzo de hablar era demasiado, realmente insoportable, casi agónico.

— ¡Pero, es importante! — argumentó Esmeralda, sintiéndose ligeramente ansiosa.

¡¡Qué me Dejes en Paz!! — gritó por fin, aventando la almohada contra Esmeralda quien por acto reflejo cerró la puerta en cuanto vio a su hermana levantar el brazo; escuchó el ligero golpe de la almohada contra la puerta y se sorprendió al ver sus manos temblorosas; esa era la primera vez que Al le hablaba de esa manera, jamás en toda la vida le había levantado la voz, mucho menos le había agredido con nada, un súbito sentimiento de tristeza y desconcierto se apoderó de ella; se alejó de la habitación tan rápido como sus temblorosas piernas le dieron fuerza e intentó en vano contener el llanto que inundó sus intensos ojos verdes.

Esmeralda estaba tan desconcertada que ni siquiera notó cuando Andrés pasó a su lado. Si ella hubiera visto la expresión en el rostro del chico seguramente habría ido tras él, sin embargo su pena y desconcierto fueron más grandes que su capacidad de observación.

Andrés entró en la habitación cerrando la puerta de un portazo que llamó la atención de su esposa; el rostro del rubio denotaba la molestia que sentía.

— ¡Eres una estúpida inconsciente! — espetó de golpe.

— ¿Qué? — Al se incorporó ligeramente con un poco de dificultad y se limpió sus llorosos ojos con el envés de la mano.

— ¡Pudiste haber evitado la muerte de Mí Bebé si te hubieras atendido a tiempo! — gritó con furia.

— ¿Si me hubiera atendido a tiempo? ¡De qué carajos estás hablando? — preguntó Al, sintiendo la agresión en las palabras de su marido.

— ¡Tu ginecóloga y el médico que te operó! — le señaló con el dedo de forma acusatoria — ¡dijeron que si se detectan estos casos de forma temprana pueden evitarse! — su mirada le culpaba sin misericordia.

— ¡Cuántas veces crees que me he embarazado, como para reconocer a la primera cualquier tipo de síntoma? — le preguntó con indignación. Por primera vez en la vida sintió que su sangre bullía con furia — ¡cómo iba a saber lo que pasaría?

— ¡Si te sentías mal debiste haber ido con tu ginecóloga! ¡Te dije! — Andrés le señaló nuevamente con el índice — ¡Te dije que quizás esos mareos no eran normales!, ¡A caso no te lo dije? — espetó con sobrada ira.

— ¡Sólo supusiste!, ¡no hiciste más que especular! — Al logró sentarse de lleno en la cama estaba tan furiosa que ni siquiera sintió el agudo dolor en su vientre — ¡Por qué tú mismo, no me llevaste entonces, si presentías que algo no andaba bien?

Ante esa pregunta el rubio se quedo callado, su pecho bajaba y subía con notoriedad, las recriminaciones que deseaba gritar se hallaban amontonadas en su garganta, incapaces de salir hasta no encontrar primero las palabras adecuadas para responder a esa acusación.

— ¡Por qué, no hiciste NADA? — gritó Al nuevamente.

Andrés apretó los puños con fuerza, bajó el rostro ligeramente y sacudió lentamente su cabeza en negativo varias veces, su boca se movía ligeramente, como si las palabras estuvieran naciendo en sus labios y muriesen antes de lograr su primer respiro.

— ¡Era tu responsabilidad! — dijo por fin poniéndose a la defensiva — ¡tú eres la mujer! — le gritó, su rostro se enrojeció notoriamente, la irá estaba carcomiéndolo.

Al le miró completamente desconcertada, no podía creerlo; sus ojos escudriñaron al hombre que tenía frente a sí, meneó la cabeza en negativo mientras mordía suavemente su labio inferior. El hombre con el que se había casado, había hecho la observación más machista y estúpida que había oído en toda su vida, esto era cosa de los dos, la vida que produjeron la hicieron juntos; eran un equipo, ambos debían cuidarse y cuidar de la vida que había crecido dentro de ella.

— Lárgate — le dijo Al sin fuerzas — no quiero verte.

— ¡No! — le gritó — ¡no me iré hasta que no admitas lo estúpida e irresponsable que fuiste!, ¡hasta no escucharte aceptar que por Tu culpa, mi bebé está muerto!

— Eso no pasará — la firme y profunda voz de Marcel se hizo presente en la habitación — lo tomó con sobrada fuerza del brazo, mientras lo miraba de lleno a los ojos — necesitamos hablar yerno — dijo con autoridad. Andrés deseaba gritarle que no se metiera en sus asuntos, que esto era algo entre su esposa y él pero… se quedó sin palabras, era como si le hubiesen arrebatado el sentido del habla.

Y es que Marcel era sin duda un hombre intimidante; poco más alto que Andrés, cuya profunda mirada tenía un poder casi hipnótico, el rubio, fue llevado fuera de la habitación, dejando a Al y a su madre a solas.

Al se llevó la mano al rostro y lloró nuevamente, le dolía la actitud de Andrés; y se culpaba a sí misma por no haber hecho algo a tiempo; sí, su esposo tenía razón, ella no debió dar por sentado que quizás esos síntomas que sentía eran parte normal del embarazo, ella debió haber ido con su ginecóloga, debió dejar de lado su trabajo… debió…

— Deja de atormentarte amor mío, — Selene le abrazó y Al lloró con profunda amargura en el pecho de su madre — no es tu culpa cariño, no es culpa de nadie, son cosas que pasan; yo perdí dos hijos antes de tenerte a ti. — susurró entre su cabello.

— ¿Có-mo? — Al levantó su lloroso rostro y miró de lleno a su madre.

— Sí — le dijo Selene — el primero fue antes de cumplir los tres meses — le miró con tristeza — fue un aborto espontáneo; el médico determinó que simplemente mi cuerpo había rechazado el embrión — le acarició su castaña cabellera y al ver un gesto de dolor en las tristes facciones de su hija, la recostó lentamente de nuevo en la cama — el segundo — continuó — fue casi a los ocho meses, — su voz era pausada — me cuidé como no tienes una idea, pues después de lo sucedido, deseaba en verdad que no se repitiera, tu papá me ayudó también y pensamos que todo saldría bien, sin embargo — se pausó momentáneamente y trago saliva antes de continuar — un día desperté y durante el día no sentí a tu hermano moverse. No lo noté en un inicio porque era muy tranquilo y casi no se movía, pero ya un poco más tarde me entró el pánico, tu papá estaba en su estudio y corrí a avisarle; él me tranquilizó — me dijo que todo estaría bien, que entre los dos superaríamos cualquier adversidad — tragó saliva antes de continuar — me llevó a emergencias, y nos dijeron que no había signos de vida de nuestro bebé — su madre se mordió el labio inferior con amargura — me practicaron una cesárea, él es-taba muer-to — no pudo más y rompió en amargo llanto — se ha-bía ahor-cado con el cor-dón umbilical.

— Ma-má — Al le miró con toda la comprensión del mundo, la entendía, conocía exactamente el tipo de dolor que sentía su madre — ambas se abrazaron y compartieron ese lazo profundo que únicamente se da entre madre e hija.

Quedaron en silencio, llorando juntas el dolor de cada una; diciéndose mil cosas sin palabras; trascurrieron unos minutos y Selene poco a poco fue ganando nuevamente coraje, tenía que dejar de lado su tristeza; su hija la necesitaba completamente entera.

— No es tu culpa amor mío — le susurró con dulzura al oído — no fue tu culpa — le aseguró entre lagrimas — deberías haber visto la cantidad de libros que leí sobre el embarazo — sonrió entre lagrimas — cuando tuve la dicha de verte llegar a este mundo, ningún libro me preparó realmente para ser madre. Quiero… quiero que entiendas que estas cosas pasan y que no es culpa de nadie; duele y no se olvida porque es un maravilloso ser que está creciendo dentro de ti y puedes sentirlo; yo no he olvidado a mis dos pequeños. Y lo mismo pasará contigo. No olvidarás a tú bebé, ni lo sustituirás por ningún otro, cada uno es único; tu padre y yo te ayudaremos a superar esta pérdida — le besó la frente — hija — le miró con seriedad — es hora también de terminar con este matrimonio, que nunca te devolverá la felicidad que ella te brindo.

— ¿Cómo? — preguntó sin terminar de entender las palabras de su madre.

— No es ese chico a quién amas y con quien deseas pasar el resto de tu vida, sabes bien que ese lugar le corresponde a Sharon.

— Ma-má…

— Ssssshhhh — su madre le puso un dedo sobre los labios para callarla — se honesta con tus sentimientos y piénsalo ¿de acuerdo? — le sonrió suavemente — ahora descansa pequeña mía.

Al quería replicarle a su madre, que esto era solamente un bache en su relación con Andrés que de alguna manera lo superarían juntos; sin embargo ese pensamiento le sabía a mentira, por primera vez en su vida, Al se sintió confusa, desorientada y perdida.

— Medítalo cariño, por favor — le dijo su madre antes de salir — todas las decisiones que has tomado desde que te uniste a ese hombre tienen un porqué. Únicamente tienes que abrir los ojos para darte cuenta de lo que en verdad quieres — le besó la frente — sabes bien que no estás sola, nunca estarás sola; tu padre, tu hermana y yo, siempre estaremos a tu lado.

Selene salió de la habitación, dejando a Al, dubitativa y pensativa.

— Sha-ron — musitó tras unos minutos con un hilo de voz — Sharon yo… — el llanto nuevamente se apoderó de ella y dejo salir ese dolor una vez más — quie-ro verte… Sha-ron… Sha-ron.

Mientras tanto Marcel había llevado a su yerno a una de las jardineras del hospital, Andrés estaba furioso y pensaba recriminarle el que se hubiera entrometido en sus asuntos maritales, los cuales sólo concernían a su esposa y a él.

— Vas a divorciarte de mi hija. — dijo Marcel en tono imperativo, deteniendo su paso para encararlo, mirándolo fijamente a los ojos.

— ¿Qué? — preguntó Andrés desconcertado — ¡no tienes derecho a decirme qué o qué no debo de hacer en mi relación! — le gritó provocando que las demás personas voltearan a verlos.

Marcel sonrío de medio lado, el hecho de que Andrés quisiera ponerlo nervioso llamando la atención de la gente, le parecía de lo más estúpido e infantil. Ya que esas cosas no le afectaban en lo más mínimo.

— Lo único que deseas de mi hija es que te de un hijo — le dijo Marcel fijando sus profundos ojos verdes en los del joven rubio, el cual se turbo al escucharle — y eso no va a suceder; hablé con su médico y de ninguna forma permitiré que ella arriesgue su vida nuevamente tan sólo para cumplir con tu capricho de ser padre.

El tono de su voz era definitivo y Andrés sintió la sangre hervirle como nunca.

— ¡Qué estás diciendo? — el rubio apretó con fuerza la mandíbula y los puños — ¡no tienes ningún derecho a meterte en nuestras vidas! — le espetó — ella es Mi Esposa.

— ¡Abre los ojos Andrés! — Marcel levantó la voz y sin romper la mirada que tenía sobre su yerno siguió hablando — ¡lo único por lo que te uniste a mi hija, fue por todo lo que viviste con Iván! ¡siempre estuviste a la sombra de la muerte, esperando por el día que enfermara y muriera! ¡Si te casaste con mi hija fue únicamente para huir de esa relación que te tenía cansado y agobiado por los constantes chantajes emocionales de ese chico!

— ¡No tienes ningún derecho! — espetó.

— ¡Callaté y escucha! —ordenó — ¡has vivido bajo la sombra de la muerte tanto tiempo que lo que anhelas es todo lo contrario! ¡por ello deseas con tanta vehemencia un hijo! ¡deseas ver vida! y que mejor que el nacimiento de un bebé ¿eh?, ¡Sin embargo no voy a permitir que te afanes en que mi hija se vuelva a embarazar tan sólo para darte gusto! — resopló con molestia mientras lo miraba de arriba abajo. — Vas a tener un hijo, sí, pero no será con mi hija, será por otro medio, estando tú con un hombre que te satisfaga y te llene por completo en todos y cada uno de los aspectos de tu vida. No puedes negar tu naturaleza, eres gay, de ninguna forma eres bisexual o heterosexual, eres lo que eres y punto. ¡Termina por aceptarlo! ¡Cuántas noches has pasado en brazos de los hombres desde que te casaste con mi hija? — Le preguntó en voz alta provocando las miradas curiosas de los ahí presentes.

A comparación de Marcel, Andrés se sintió turbado por estar llamando la atención de esos extraños, miro de reojo a su alrededor y notó las miradas y los cuchicheos de la gente, eso, aunado a la pregunta de Marcel terminó por derrumbar su falsa fortaleza. No tenía manera de negarlo, era verdad, después de que hubo embarazado a Al, hizo el amor con ella solamente en dos ocasiones más. Y Aprovechando que su mujer le daba toda la libertad del mundo, él se iba seguido a los bares a acostarse con cuanto hombre le apetecía, había ocasiones que incluso no volvía a casa en varios días. Marcel estaba en lo cierto, pese a todo, disfrutaba más estando con un hombre que con su mujer.

— No olvides que viniste a mí infinidad de veces, para desahogar tu sentir con respecto a tu antigua pareja. —Marcel suspiró profundamente. — Además desde siempre he sabido que mi hija terminaría con una mujer, las prefiere más que a los hombres.

— Esto es tan estúpido — dijo Andrés con un hilo de voz — cualquier padre estaría feliz al vernos enlazados en matrimonio… Mis padres estarían felices de saber que me he casado, de que he vuelto al “buen camino”. Su voz denotaba tristeza.

— Los padres anhelamos la felicidad de nuestros hijos, es verdad, pero debes entender Andrés que no es con mi hija con quien pasarás el resto de tu vida.

— Entiendo ¬— susurró bajando la mirada, odiaba admitirlo, en verdad lo detestaba, pero cada palabra dicha por Marcel era cierta, su deseo por Al había muerto desde que supo que estaba embarazada, el saber que iba a tener un hijo le bastaba y aunque ella lo había incitado más de una vez, él no pudo responderle sexualmente como en un inicio. Desde ahí tuvo que haberse dado cuenta.

Marcel, con una simple pregunta y una sencilla observación lo había derrumbado por completo.

— Deseo tanto un hijo — rompió a sollozar —lo anhelaba tanto.

— Lo tendrás muchacho — descansó sus manos sobre los hombros del joven rubio. — pero será en su momento y con la persona correcta. Por ahora llora tu pérdida y medita bien lo que harás de ahora en adelante. —Andrés asintió un par de veces.

Marcel le dio la espalda, sin embargo antes de emprender su marcha, volvió el rostro a un lado para observarlo una última vez.

— Una cosa más Andrés, — su verde mirada se oscureció y su voz se tornó fría y amenazante — si alguna vez vuelves a gritarle a mi hija, voy a matarte y a desaparecerte de la faz de la tierra ¿te ha quedado claro? — sus verdes ojos le dijeron que no era una amenaza vacía.

Andrés no pudo articular palabra, pero su mirada lo decía todo, había entendido, porque sabía muy bien que Marcel no tendría reparo en cumplir su palabra. Observó las espaldas del hombre, hasta que este desapareció por una de las puertas del hospital. Por primera vez, en mucho tiempo, se sintió verdaderamente sólo, abandonado por todos.

Más tarde, al llegar la noche, Al continuaba meditando, seguía autoanalizándose y por fin llegó a una amarga conclusión… había sido tan ciega, verdaderamente fue una estúpida, sonrió con tristeza, ella, la mujer que se sentía la mejor de las mejores psicólogas, se dio un fuerte golpe de frente contra la realidad. Era verdad, su madre tenía razón. Todo lo que había hecho, no era otra cosa más que intentar revivir la etapa más feliz de su vida; ese “amor” que decía sentir por Andrés fue sólo un falso reflejo de lo que seguía sintiendo por Sharon; por ello no pudo negarse cuando el rubio le propuso matrimonio, esa culpa que seguía cargando en su inconsciente fue lo que la impulso a decir , en cierta forma no quiso repetir los errores del pasado, sin embargo cometió el error más grande de su vida al casarse con el rubio; porque Andrés jamás sería Sharon, nunca sería esa chica que le había arrebatado el alma desde que la conoció. No, nunca sería feliz, porque estaba atada a la persona equivocada.

Extrañaba sobremanera, la sensación de euforia, que únicamente Sharon podía hacerle sentir, con tan sólo un suave y gentil beso. Echaba tanto de menos las dulces caricias de esas tibias y delicadas manos, las cuales siempre tenían para ella un toque amable y tierno. Extrañaba su voz, ese timbre cortés y armonioso que era su melodía favorita, necesitaba oír nuevamente esa risa que le llenaba el alma y le hacía sentir feliz; le hacía tanta falta verse reflejada en esos hermosos ojos azul cielo, los cuales eran el todo de su ser.

Se preguntaba una y mil veces, ¿cómo había podido ser tan estúpida, como para haberla lastimado, de esa forma tan cruel? A ella, a la chica que le dio el todo de sí misma. ¿Y todo por qué?, ¿Tan sólo para mantener su imagen ante sus amigos? Volvió el rostro para ver el obscuro cielo.

— No — susurró — no quiero cerrar mi ciclo contigo Sharon — se llevó las manos al rostro para cubrírselo — deseo volver a estar a tu lado — sollozó al recordar esa hermosa sonrisa que le arrebató tantas veces el alma — fui una estúpida Sharon, te alejé de mi vida, cuando eres la única a la que en verdad he amado... lo siento tanto amor mío. Por favor, necesito encontrarte, necesito verte… Sharon, te ruego que me perdones y me des otra oportunidad.

Dejo escapar una vez más el llanto. Mientras por primera vez en su vida… rezaba.

Lejos de ahí, por fin, tras un largo rato de amargo llanto, Camila había terminado de acostar a su novia, le cubrió con las cobijas y le besó en la frente antes de salir de la habitación. Esmeralda había quedado exhausta emocionalmente, tras contarle a su novia, su sentir tras la actitud de Al, le habló de todo el desconcierto que sintió, del dolor de ver a su hermana en esa situación; le platicó de la molestia que sentía por saber que la causante de que Sharon se hubiera alejado, hubiese sido por culpa de las palabras tan hirientes que manaron de la boca de quien consideraba su ídolo y su ejemplo a seguir.

Camila se sentó en el love-site de la sala, suspiró profundamente y se enjugó las lágrimas que aún brotaban de sus ojos, se sentía afligida por la tristeza que vio reflejada en esa verde mirada. Por lo que ella sabía, esa era la primera vez que Al le hablaba con tanta rudeza. Suspiró profundamente y deseó por única vez, que Al siempre hubiera sido esa mujer, que no era más que sonrisas y ternura para con su novia. Tras meditar algunos momentos el completo panorama, llegó a una conclusión.

— Que tonta he sido, realmente nunca tuve una seria razón para sentirme celosa, — dijo en voz baja — esa chica… Sharon… sin lugar a dudas tenía completamente enamorada a mi prima.

Sonrió sutilmente al recordar la primera vez que la conoció. Habían ido de visita a Nueva York, donde su prima y Sharon las alojarían. De inmediato notó lo contenta que estaba Al, su rostro reflejaba una clara e innegable felicidad; por su lado, Sharon se mostraba indudablemente feliz de tener a Al como pareja. En verdad ambas hacían una hermosa pareja.

Sharon era una mujer refinada, elegante, culta, gentil y amable; y su sonrisa ¡Dios! ¡Esa sonrisa, embelesaba a las personas cada vez que sonreía! de ello se dio cuenta cuando Esmeralda en varias ocasiones la tuvo que golpear en el costado de tan fijamente que la miraba.

— Ya basta, — le había dicho en varias ocasiones la rubia. — la miras con cara de tonta. — le había recriminado su en aquel entonces amor platónico.

— No puedo evitarlo, — le respondía siempre. — es preciosa.

— Lo sé, eso es innegable. — Terminaba admitiendo Esmeralda.

Sin embargo, lo que realmente había conquistado a Camila, era la forma como Sharon trataba a Al. Siempre tan atenta y amorosa, tan dulce y amable. No era un secreto el hecho de que Sharon había aprendido a cocinar y a hornear por Al. Ella siempre lo decía, era curioso cómo se enorgullecía de saber que Al apreciaba y adoraba jactarse de que no comía nada que no fuera hecho por las manos de su amada novia y era verdad, solamente en ocasiones especiales iban a comer fuera y Al siempre tenía el mismo comentario para Sharon cuando terminaban de comer.

— Nunca será tan bueno, como lo que preparas tú. — le decía sincera, sonriéndole dulcemente, mientras le tomaba delicadamente de la mano para besársela.

Ambas se amaban eso era seguro. Cuando Al llegaba del trabajo y se sentaba en el sofá, Sharon se acercaba a ella con una copa de vino y le masajeaba los hombros, hasta que ésta dejaba escapar de sus labios un profundo y relajado suspiro. Sharon sonreía y le echaba suavemente la cabeza hacías atrás para besarla en los labios, era un beso cargado de amor, lejos de la pasión o el deseo, era un beso que le decía que estaba feliz porque estuviera en casa a su lado. Camila, tras ver esas interacciones, por primera vez en su vida, deseó, algún día, poder encontrar esa misma felicidad en su prima Esmeralda.

Quizás fue por eso que odió tanto a su prima, porque quería y adoraba a Sharon; y sabía que no era justo que la hubiera lastimado de esa manera.

— De menuda forma la cagaste prima, — dijo en un suspiro. — mira que haber alejado a una mujer como ella… coño… no eres tan perfecta como Esmeralda cree.

— Así, es Camila. — la voz de Selene le hizo levantarse de golpe del sofá.

— ¡Tía! ¡Hombre! casi me matas de un infarto. — se llevó las manos al pecho.

— Lo lamento, — dijo dejando su bolso sobre el sofá. — no quise asustarte.

Selene se sentó en el sofá y la jaló hacia ella para abrazarla, Camila descansó su cabeza en el pecho de su tía y ambas permanecieron un breve momento en silencio; no obstante Selene lo rompió.

— Alejandra tiene que hablar con Sharon.

— Lo sé… — cerró los ojos antes de continuar hablando, — yo… yo tengo su dirección.

— Tu tío y yo la tenemos también — le dijo, provocando un gesto de sorpresa en la morena chica, se separó del abrazo de su tía para mirarla a los ojos.

— ¿La tienen? — preguntó sin podérselo creer.

— Por supuesto — contestó mientras escuchaban como la puerta de la entrada se cerraba.

— Pero, entonces ¿por qué no se la dieron desde un inicio?

— Porque, — interrumpió Marcel quién se quitó el saco dejándolo sobre el sillón individual. — Al tenía que darse cuenta de que esa chica, es la persona a la cual desea para toda la vida.

— No los comprendo. — Camila les miró de lleno.

— Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido. — contestó Selene.

— Esa chica es maravillosa, — Marcel se sentó en el sillón individual. — pudimos notar grandes cambios en Al cuando estuvo con ella; Sharon es sin duda una extraordinaria mujer, tiene ese encanto que hace que te enamores de ella con facilidad; con nosotros se portó de una forma estupenda, ¿cierto, cariño?

— Así es amor, — Selene recargó la cabeza en el respaldo del sofá. — nunca conocí a una chica tan respetuosa y amable, nos aceptó por completo, incluso cuando platicamos con ella acerca de nuestra dinámica familiar.

— Me sorprende que no haya salido corriendo. — dijo Camila cruzándose de brazos.

— Oh, mi querida sobrina, — Marcel sonrió suavemente — si así lo quieres, con todo gusto puedo oponerme a que mi hija y tu sostengan su noviazgo, tal como tu padre estoy seguro lo hará una vez que se entere.

— Oh, bueno, yo, no, no es que me oponga a su forma de ser, es decir… — su voz denotaba su nerviosismo.

— Ven acá, — le dijo Selene abrazándola nuevamente. — tienes que entender Camila, que nosotros adoptamos esta manera de vivir por decisión propia, es nuestra y sólo nuestra y con ella, no estamos diciendo que uno tiene que ir y acostarse con cuanto desconocido te encuentres en el camino; mira pongamos las cosas claras de una buena vez, tu prima Al ha tenido pocos amantes realmente no llegan ni a quince y dentro de esas personas, esta Esmeralda, Andrés, Gustavo y Sharon. Quiero que te quede claro que no vivimos para tener sexo con cuanta persona se nos cruce; si hemos de acostarnos con alguien, esa persona tiene que poseer algo especial, no estoy hablando de cosas materiales, estoy hablando de que debemos de tener algún tipo de sentimiento hacia ella.

— Así es sobrina, — intervino Marcel — tener sexo, por sólo tener sexo es, inmaduro y poco saludable, riesgoso en gran medida por supuesto.

— Esmeralda únicamente te ha tenido a ti y a esa maestra que actualmente les está dando clases.

— ¿Uste-des, Ustedes saben? — Camila nuevamente se separó del abrazo de su tía.

— Lo sabemos todo acerca de nuestras hijas. — respondió Selene. — Así como mi hermana sabe todo de ti.

— ¿Mi madre?

— Por supuesto. — le respondió Marcel — La familia es lo más importante en nuestras vidas.

— No sé qué pensar. — suspiró la morena chica — siempre la he sentido tan lejana.

— Esa es tu percepción, porque no te has acercado a ella, — le dijo Selene — pero la verdad es que te quiere y te extraña mucho. A veces siento que tu padre te llena la cabeza de una manera exagerada.

— Bueno, es que él dice que…

— Somos unos monstros, degenerados — le interrumpió Marcel — perversos que deberían de ser quemados en leña verde.

— Pues, sí, algo así — admitió la morena.

— ¿Sabes cuantas parejas hemos tenido tu tía y yo?

— No me digas, infinidad ¿no? — Camila giró los ojos en blanco.

— Pues no, quería mía, — dijo Marcel — no llegamos ni a los veinte entre los dos.

— ¿Cómo?

— No has escuchado, ni una palabra de lo que hemos hablado pequeña, — Afirmó Selene — pero quiero que esto que te voy a decir, te quede muy claro ¿entendiste? Es lo mismo que le dijimos a nuestras hijas y quiero que te lo grabes muy bien. — Camila le miró de lleno a sus verdes ojos, tan verdes como los de sus primas — Tu cuerpo, es un templo y como tal, debes de valorarlo y si lo vas a compartir debes de fijarte bien con quien lo harás, esa o esas personas deberán ser personas sanas tanto física como emocionalmente, deben de ser personas en las que puedas confiar; el sexo es agradable, pero jamás se comparará a hacer el amor, ten en cuenta que sexo y amor son dos cosas muy diferentes, cariño y tú misma has visto la satisfacción tan grande que es llegar a la cumbre del placer con la persona amada, créeme, nunca se comparará a la simple satisfacción de un orgasmo con una persona por la cual no tenemos ningún tipo de sentimiento.

— Así es sobrina. — Marcel se levantó del sofá y fue a sentarse junto a ella. — El día que te llegues a acostar con alguna extraña verás que después del orgasmo, únicamente te quedará un vacío molesto e insatisfactorio, el placer se disipa muy rápido, — Suspiró. — y lo único que queda cuando estas con un extraño, es vestirse y decir adiós.

— En cambio, — Dijo Selene. — cuando estas con el ser amado, quedan las caricias, las palabras de amor y ese sentimiento de amor infinito, que sólo se da en las parejas.

— ¿Alguna vez te has acostado con otra persona que no sea mi hija? — Preguntó Marcel.

— No… — Respondió Camila, mientras echaba la cabeza hacia atrás. — Pero besé a otra una chica y cuando estaba en España antes de saber que le gustaba a Esmeralda, me morreé con el hermano de uno de mis amigos en una fiesta, pero no llegamos a acostarnos.

— ¿Y, qué sentiste? — Preguntó Selene pasándole un brazo sobre los hombros.

— Nada. — Respondió bajando la mirada. — No sentí nada, con ninguno de los dos.

— Me alegra que sólo haya sido eso. — La voz soñolienta de Esmeralda les hizo volver el rostro hacia las escaleras.

— Esmeralda. — Las mejillas de Camila se pintaron en profundo carmín y el corazón comenzó a latirle muy rápido.

— Si te hubieses acostado, con alguno de los dos, sobre todo con ese tipo, del cual por cierto, hasta ahora me vengo enterando, —Le miró con bastante enojo. — hubiera tenido que golpearte. Quizás aún tenga que hacerlo. — Dijo por lo bajo. Mientras Camila tragaba saliva al ver en la mirada de su prima que no lo decía en broma.

— Esa agresividad no es buena, hija. — Selene se rió por lo bajo. — Además lo de ese chico sucedió mucho antes de que tú le expresases tus sentimientos.

— Dejando eso de lado me alegra que hayas despertado hija. — Le dijo Marcel señalando que se sentará a su lado. — Después de todo tenemos que tocar un punto importante.

— Lo sé. — Respondió, sentándose al lado de su padre.

— Hablé con Andrés y le he dicho que ha de divorciarse de Alejandra.

— ¿Lo aceptó sin más? — Preguntó Camila.

— Bastó hacerle ver su realidad, para que no opusiera objeción alguna. — Respondió Marcel.

— Lo importante aquí, es reunir nuevamente a Sharon y a nuestra hija. — Selene se pasó la mano por entre el cabello. — Nuestra nieta está creciendo y tu hermana ya se ha perdido varios momentos valiosos, como sus primeras palabras y sus primeros pasos.

— Es cierto. — Marcel fijo la vista al techo. — Estoy seguro que para este momento Alejandra ya tiene claro lo que en verdad desea y eso me hace sentir mejor.

— Desde el inicio no te gusto que Al se casará con ese tipo ¿verdad papá?

— Así es, sin embargo, haberme opuesto, únicamente hubiera encaprichado a tu hermana, por eso ninguno de los dos dijimos nada.

— Por fortuna tu hermana es bastante inteligente, — Selene abrazó a Camila nuevamente. — Así que estoy segura que hará lo correcto e irá a buscar a Sharon para disculparse y trabajar duro para recuperarla.

— ¿Creen que si Al se disculpa con Sharon, ésta la perdone y de inmediato la abrace y la bese y sean felices para siempre? — Preguntó Camila mientras imaginaba la escena.

Tanto Selene como Marcel tuvieron que contenerse con todas sus fuerzas para no soltarse a reír a carcajadas.

— Eso sería muy romántico. — Dijo Esmeralda imaginando la escena también.

Y fue ahí que no pudieron contenerse más y se soltaron a reír con ganas.

— ¿Qué es tan gracioso? — Preguntó molesta Camila.

— Jajajajajaja lo siento, lo siento, jajajajajaja. — Seguía riendo Marcel.

— E-Es sólo que, jajajajajajajajaja, que jajajajajaja. — Intentó decir Selene.

— ¿Qué? — Interrogó Esmeralda con el rostro cubierto en rubor.

— Esta es la vida real, jajajajajajajaja. — Marcel no podía dejar de reír.

— Así, es. Jajajajajajaja— Añadió Selene. — No una película romántica ¿saben?

Ambas chicas se sonrojaron a más no poder, entonces sintiéndose burlada, Esmeralda tomó de la mano a su prima y la llevó escaleras arriba, dejando a sus padres quienes seguían sin parar de reír.

— Bien, bien, simpáticos, — Dijo Esmeralda ligeramente molesta mientras subía el primer peldaño. — nos vamos a la cama.

— No hagan mucho ruido, jajajajajajajaja. — Dijo por último Marcel, abrazándose el estómago por el dolor que le estaba produciendo tanta risa.

Después de un rato de haberse ido las chicas, por fin ambos, lograron controlar su risa.

— En verdad que ser joven es maravilloso ¿no crees amor? — Selene tomó la mano de Marcel entre la suya.

— Sin lugar a dudas. — Afirmó. — Ojala todo fuera tan sencillo como pedir disculpas.

— Sí, ojala sin embargo a nuestra hija le va a tomar un buen rato conquistar nuevamente a Sharon.

— Lo sé. — Apretó suavemente la mano de su mujer. — Pero a la vez eso será bueno para Alejandra.

— Sin duda, sólo espero que esta vez, la sepa valorar y cuidar.

— Lo hará, ya lo verás.

— ¿Qué deberíamos hacer primero? — Preguntó Selene Recargándose en el hombro de su pareja.

— Esperemos hasta que se encuentre del todo sana, en su condición actual no sería posible que viajara a Londres.

— Me parece bien, además necesitamos prepararla, pues aún no sabe que la niña es su hija biológica.

— Lo sé. — Dijo Marcel, suspirando por lo bajo. — Estoy seguro que si lo hubiera sabido desde el inicio, la hubiera buscado por cielo, mar y tierra hasta encontrarla.

— Eso es algo que en verdad sigue molestándome. — Selene apretó la mano derecha hasta formar un puño. — Alejandra en verdad la amaba, no comprendo porque no la buscó con todo su empeño desde el inicio.

— Mucho me temo, que la culpa tuvo mucho que ver en el asunto. — Marcel besó a Selene en la frente. — En cierta forma la comprendo, aun cuando es muy madura, le hacía mucha falta experiencia, además Sharon en verdad rompió con ella al hacer su paradero completamente desconocido, sé por buena fuente que nadie le pudo dar a Alejandra ni un indicio de donde pudiera encontrarla. — Suspiró profundamente. — Creo que también, quiso respetar su decisión de romper por entero su relación.

— Sí, tienes razón amor. — Selene levantó el rostro, para ver los verdes ojos de Marcel. — Inclusive al detective privado que contratamos, le costó poco más de medio año, dar con su paradero.

— Así es, por lo que tengamos paciencia, verás que lograremos reunir a nuestras chicas. — Le guiño. — Y esta vez con todo gusto asistiré a su boda.

— Su boda. — Selene susurró meneando en negativo. — Sólo espero que Sharon pueda perdonar a Alejandra, por haberse casado tan fácilmente con un hombre.

— Eso, mi querida Selene, le corresponderá únicamente a Sharon. — Marcel le besó suavemente en los labios. — También tengo mis temores, pero quiero creer que nuestra hija será capaz de enamorar al amor de su vida, una vez más. Vamos amor, pensemos positivamente. — Le sonrió y le guiño un ojo. — Por lo pronto he hablado con Nicolás para que vaya preparando los papeles del divorcio.

— No esperaba menos de ti cariño. — Selene bostezó con ligero cansancio. —Será mejor irnos a la cama, mañana tenemos que madrugar. — Marcel asintió mientras bostezaba de igual manera.

Lejos de ahí en el hospital, Alejandra seguía con la cabeza llena de imágenes que iban y venían del tiempo que estuvo viviendo con Sharon. Fueron tiempos realmente hermosos.

— Quién hubiera pensando, — Susurró con infinita tristeza. —que esa chica que me preguntó si hablaba el Español de manera fluida, sería la persona más importante de mi vida. — Una lágrima escapó de sus ojos.

Al fijo la vista en el blanco techo y rememoró el día que la conoció.

Se había mudado a Estados Unidos para estudiar un posgrado, el primer día de clases a su lado se sentó una chica preciosa, no había reparado en ella porque estaba hablando con Esmeralda por teléfono, pero al terminar la llamada, esta singular y atractiva chica no tuvo la menor duda en saludarle.

— Hola, tú hablas español fluido ¿verdad? — Le preguntó esbozando una hermosa sonrisa, tan bella que por primera vez en la vida Al se quedó sin palabras, únicamente atinó a asentir un par de veces.

— ¡Genial! — Expresó la chica llena de entusiasmo — ¿te importaría si lo práctico contigo? Me encanta el idioma.

— Sin problema — Pudo por fin decir Al, la cual, no podía terminar de embeber la preciosidad de esa mujer.

— Mi nombre es Sharon — Le extendió la mano, Al la estrechó y quedó fascinada por la suave textura de esa joven piel.

— Yo soy Alejandra, pero por favor llámame Al — Le pidió regalándole la mejor de sus sonrisas.

— De acuerdo, Al, es un placer conocerte.

— Por el contrario, el placer es todo mío, ¿quieres ir a tomar algo después de clases?

— Con gusto — le respondió con esa maravillosa sonrisa y Al nuevamente se perdió en ella.

Por la tarde se reunieron, para tomar ese café prometido, Al estaba fascinada por la soltura con la que esta chica se desenvolvía, su sonrisa la tenía prácticamente hechizada; su plática era interesante, divertida y amena. Las horas pasaron sin que ninguna de las dos se percatara, no fue sino hasta que un mesero se acercó para informarles que el local estaba por cerrar, que ambas miraron a su alrededor y se dieron cuenta de que en verdad era ya muy tarde; se rieron por lo bajo al percatarse de que nunca antes les había sucedido algo igual. Para Sharon fue una sorpresa muy agradable el haber mantenido esa charla tan amena con esa joven de hermosos ojos verdes, por lo regular la gente terminaba aburriéndose con ella por tratar temas profundos que por lo regular llevaban a debates que la gente sencillamente no tenía interés en discutir. Su círculo de amigos era muy reducido y sin ninguna duda esta chica sería parte de ellos, eso estaba más que decidido. Lo que en ese momento ella no sabía, era que esa chica no solamente se convertiría en su amiga favorita, sino en el gran amor de su vida.

Como todas las relaciones, esta empezó con una sólida amistad y congeniaban tan bien, que siempre buscaban compartir tanto tiempo juntas como les era posible. Con el paso de los días y los meses, su relación escaló un peldaño más arriba, cuando un día al salir de clases Al le pidió una cita a su amiga.

— ¿Salir conmigo dices? — Inquirió, la preciosa chica de cabello rojizo herencia de su madre.

— En una cita. — Aclaró Al. Esa era la primera vez que se sonrojaba en su vida. Sintió el corazón latirle con mucha fuerza, cosa que la sorprendió pues nunca había sentido algo así, con nadie. — Me gustas. — Dijo Al sintiéndose por primera vez nerviosa, sin duda alguna temía recibir una respuesta negativa. — Eres muy guapa, — Continuó — inteligente, amable, dulce, simpática, contigo puedo desvelarme toda una noche sin siquiera sentir el paso de la misma, de hecho podría pasar días enteros charlando contigo y estoy segura que perdería por completo el sentido del tiempo.

— Bueno, si lo que buscabas con todo ese halago era recibir un sí, de mi parte, he de decirte que…

Por un instante Al se quedó sin aliento, la pausa que hizo esa chica era demasiado prolongada, no podía leer la expresión del rostro de Sharon; por un momento pensó que había mal entendido esas pequeñas manifestaciones de afecto que esa chica le prodigaba, donde claramente había notado un gusto hacia ella, pero ahora al ver ese gesto en su azul mirada, le hacía pensar que se había equivocado rotundamente.

— Lo siento. — Se adelantó a decir Al. — No quise incomodarte, creí que…

— Que mala educación, — Le interrumpió Sharon. — adelantarte a sacar conclusiones antes dejarme terminar de hablar.

— ¿Cómo? — El rostro de Al dejo ver su desconcierto, lo que provocó que Sharon se soltara a reír.

— Por supuesto que sí, saldré contigo, de hecho desde hace un mes espero que me invites a salir.

— ¿Eh?

Sharon se abalanzó a sus brazos y le besó la mejilla.

— Quiero decir que me gustas y que estaré encantada de salir contigo.

Al nunca entendería, sino un año más tarde, el por qué haber recibido un sí por respuesta de esa chica, le había hecho sentir la persona más afortunada de todo el mundo.

En su primera cita fueron a bailar, el antro se llamaba “Alfa & Omega.” Lo curioso de todo, fue que ese mismo sitio atestiguó el final de su relación. Sin duda alguna fue su principio y su final. Desde ese día Al, debió haberse dado cuenta de que no tenía ojos para ninguna otra persona que no fuera Sharon, los hombres y mujeres que intentaron acercarse a ellas tuvieron siempre una negativa por respuesta. En toda su vida, Al nunca se había centrado tanto en una sola persona, como lo estaba haciendo en esos momentos. Después de bailar y beber algunas copas, fueron a cenar; ya de camino a casa no podían dejar de reír, pues les había sucedió el mismo incidente de la cafetería.

Al llegar al departamento de Al, esta esperaba que Sharon le invitara a pasar, hacía semanas que soñaba con besar esos labios que lucían sumamente seductores y deliciosos.

— Gracias por una noche tan maravillosa. — Sharon tomó su rostro entre sus manos y la atrajo lentamente hacia ella. Al cerró los ojos esperando sentir ese beso tan esperado en sus labios. Sin embargo, Sharon le besó en la frente. Ocasionado que Al le mirara con una divertida expresión de incomprensión. Sharon le acarició los labios con el índice y le guiño con un hermoso gesto de coquetería. — No esperaras que te besé en la primera cita ¿verdad? — Le sonrió dulcemente y abriendo la puerta del edificio de su departamento desapareció, dejando a Al con el corazón latiéndole a mil por hora y con una estúpida sonrisa adornándole los labios, sus mejillas sonrojadas le hacían lucir linda.


Al volvió de sus recuerdos; sí, la extrañaba, en verdad necesitaba estar a su lado; ella fue la primera persona a la que amó verdaderamente.

— Voy a recuperarte. — Susurró. — No importa lo que tenga que hacer. — No voy a renunciar a ti.

La determinación en sus ojos, lo decía todo, por fin tras tres largos años de separación, estaba dispuesta a todo con tal de recuperar al verdadero amor de su vida.

Lejos de ahí, Camila rememoraba la noche que supo que Esmeralda la amaba. Sonrió a su amada ahora ya entregada a los brazos de Morfeo. La escena de celos de hace apenas unos minutos le saco más sonrisas que preocupaciones, nunca imaginó que su novia fuera tan posesiva con ella y eso le hizo sentir amada.

“¿Lo recuerdas Esmeralda?” — Pensó la chica mientras abrazaba a su novia por la espalda. — “El día que me dijiste que te gustaba, estábamos en casa de mi madre en Barcelona, ella se había ido a una cena y nos quedamos solas.” — Sonrió enormemente mientras enterraba su rostro en esa suave melena dorada. — “Siempre fuiste tan enojona; recuerdas cuando acabamos de ver esa película en la cual esperabas que la protagonista se quedara con la chica que había sido su novia por dos años, pero que sin embargo termina enamorándose y yéndose con el hombre que conoció en el vuelo a Londres, por poco y destrozas la televisión. Recuerdo lo enfurecida que estabas, gritando casi a pulmón, lo ridículo e inverosímil, que era enamorarse de una persona en unas cuantas horas y entonces de la nada te me plantaste enfrente y me dijiste que más me valía nunca fijarme en ningún estúpido, que te gustaba demasiado y que deseabas en un futuro ser mi novia. Me quedé de piedra al escucharte decir eso, éramos tan niñas, que sólo asentí un par de veces, nos quedamos en silencio después de eso, comiendo pizza, cada una de nosotras embebida en nuestros propios pensamientos. Y ahora tenerte así, entre mis brazos, es todo un sueño hecho realidad. Te Amo tanto, que nunca podrás darte una idea de cuán profundo es mi amor por ti. Vamos a ayudar a Alejandra a recuperar a Sharon, verás que sí.”

Al día siguiente, el primero en entrar fue Andrés. Al le observó fijamente, el rubio hombre se recargó en la puerta, cerrándola con el peso de su cuerpo. Andrés pudo notar que su mujer había llorado buena parte de la noche, por lo hinchado y enrojecido de sus ojos.

— Necesito que me devuelvas mi libertad Andrés. — El tono de voz de Al, había cambiado radicalmente, no había ese característico amor entonando sus palabras, se escuchaba fría y seria.

Andrés le observó en silencio, apretó los labios y frunció el ceño, sus manos formaron puños, suspiró amargamente y apartó la vista de la mujer que tenía enfrente.

— Lo sé. — La voz de Andrés sonó casi métalica. — Eres libre, firmaré lo que sea, sólo desaparece de mi vida y que esta vez sea para siempre. — Sentenció el hombre sin mirarla.

Al, prefirió no decir nada más, porque no había nada más que decir, no iba a gastar saliva, para tratar de argumentar es salida melodramática, con la que quería dar cierre a su relación Andrés. Cerró los ojos y suspiró cansinamente.

Adiós. — Susurró, cuando escuchó la puerta cerrarse. Había terminado esa farsa, ahora sólo restaba encontrar y conquistar nuevamente al verdadero amor de su vida.

Al estaba decidida, a recuperar a Sharon, no importando lo que costara, estaba dispuesta a renunciar a lo que fuera necesario, con tal de volver a estar con ella.

Empero, muy, muy lejos de ahí, en otro continente, algo interesante se desarrollaba en un restaurante durante la cena.

— Sharon. — La mano de una mujer se posó sobre la de la chica que miraba atentamente las burbujas de champagne desprenderse del interior de su copa. — Hace ya año y medio que hemos salido, creo que no está demás decir, que amo todo, absolutamente todo de ti.

Esa última frase, provocó que la joven pelirroja levantara la vista fijándolos en esos ojos café claros.

— ¿Qué quieres decir? — inquirió la joven arqueando ligeramente las cejas.

— Oh, cariño, espera, déjame terminar. — Le guiño un ojo. — Como te decía, somos un gran equipo y nunca me he sentido tan feliz con nadie, como contigo. — tu hija y yo nos llevamos bien y creo que es hora de sellar nuestras vidas ¿no lo crees?

Sharon se quedó sin palabras al ver a la mujer sacar una caja negra, la abrió y ante ella estaba un precioso anillo de compromiso, adornado de un enorme diamante que destellaba hermosamente.

— ¿Sharon Tyler, quieres casarte conmigo? — La sonrisa que iluminaba el rostro de esa mujer era muy bella; su largo cabello castaño obscuro, estaba perfectamente estilizado, su blanca piel era cubierta por un vestido negro entallado, sin mangas, cuya abertura en V dejaba ligeramente a la vista, la parte superior de su bien formado pecho, sus enormes ojos café claros, no dejaban de ver la expresión en el rostro de su novia.

— Brooke… — La voz de Sharon tembló sutilmente, su mirada fija en el anillo que tenía frente a ella. Tragó saliva, mientras tomaba la pequeña caja entre sus manos. Lo observó atentamente durante algunos minutos. Sonrió dulcemente, mientras tomaba la mano de su novia entre la suya. Brooke, Yo… Acepto.