sábado, 28 de junio de 2014

Capítulo 19 Recuerdos de un Verde Esmeralda 1ra Parte.

Hola mis estimadas Fans, pues bien por fin esta aquí la primera parte de dos que conforman el capítulo 19, espero que les guste!!!! Muchísimas gracias por su espera!!!!



Capítulo 19




Recuerdos de un Verde Esmeralda.


La tensión en la sala de espera del hospital podía palparse fácilmente, Andrés caminaba tenso y preocupado de un lado a otro, mientras que Esmeralda sentada en uno de los sillones, miraba las palmas de sus manos, al mismo tiempo que mordía nerviosamente su labio inferior, aún no podía creer que Al estuviera hospitalizada, su siempre fuerte y sana hermana, ahora yacía tendida en una mesa de operaciones… ¿cómo pudo pasar?... formó puños con sus manos y miró de soslayo a su cuñado… todo era culpa del imbécil de Andrés, si no la hubiera embarazado nada de esto estaría pasando, lo miró con molestia y meneó la cabeza en negativo.

“Un aborto, ¡demonios!” — pensó con cierta angustia — “ella tiene que estar bien, ¡tiene que estar bien!” — mordió su labio inferior con más fuerza — “Al, ya tienes una hija, no era necesario que… — siguió pensando — "¡mierda! estúpida Camila ¿cómo pudo haber ocultado algo tan importante?; ¡estúpidos celos del carajo!, Al, Al, no me importa si pierdes al producto, lo que me importa es que tú estés bien, tienes que estar bien, por favor, por favor" — sintió las lagrimas formarse en sus ojos pero se resistió a llorar.


La fútil conversación de un par de personas que estaban sentadas a su lado, le irritó, así que levantándose del sillón, caminó lentamente hasta asomarse por uno de los grandes ventanales, cuya vista daba a un jardín tenuemente iluminado por unas lámparas. Por un momento se perdió observando fijamente su propio reflejo en el frío y translucido cristal, su cabello había crecido, sus facciones habían madurado, sonrió nostálgica, al recordar su niñez, si bien sus padres siempre estuvieron al pendiente de ella, Al fue la que nunca se separó de su lado, incluso cuando Al se fue a vivir una temporada a Estados Unidos; siempre procuraba llamarla por teléfono, mandarle un e-mail, o mensajes de texto, siempre estaba ahí; incluso ahora, había sido Al la que le había llenado de palabras de consuelo, aún cuando era ella la que las necesitaba “No te preocupes, estas cosas suelen pasar” le había dicho, antes de que la subieran a la ambulancia, le besó la frente y le aseguro “estaré bien, tranquila”; a pesar de ello, Esmeralda quería entrar a la sala de operaciones, estar a su lado para sostener su mano y hacerle saber que nunca la dejaría, pero ello no era posible… posó la frente sobre el cristal, el cual se empañó ligeramente tras el profundo suspiro que emanó de sus labios. Fijó la vista en un punto lejano, hundiéndose en sus recuerdos, olvidándose por completo de Andrés y de toda la gente y el ruido del hospital que le rodeaba; por un momento la joven rubia trató de imaginarse la vida sin su hermana, sin su presencia, sin sus consejos, sin su eterna sonrisa, sin su voz, sin su gentil toque, sin sus eternas y dulces miradas donde le decía mil cosas sin necesidad de palabras y eso le contristó con vehemencia, Al no sólo era su hermana, era su mejor amiga y había sido su primera amante, una tenue sonrisa se formó en sus labios, elevó las cejas al recordar la primera vez que ella intentó intimar con su hermana, pese a la mentalidad abierta de Al, a Esmeralda le costo un poco de trabajo poder llevarla a la cama.



Sus recuerdos la llevaron a la noche en que se masturbó por primera vez, tanto sus padres como Al le habían explicado todo acerca de ello, así como las indicaciones que debía seguir para su propia higiene y salud, ella las acató al pie de la letra, no era la primera vez que se tocaba, ya anteriormente se había explorado, se había acariciado, reconociendo algunos puntos de su sexo que le eran placenteros, pero realmente no había llegado a la culminación de un orgasmo como tal, sin embargo esa noche decidió dejarse llevar por las sensaciones que estaba sintiendo, se permitió perderse en ellas y dejar que el placer le fuera guiando; Al le había dicho que ella sabría el momento cuando alcanzara el éxtasis. Así que curiosa y alentada por las hormonas comenzó a acariciarse lentamente, al principio cuando empezó fue algo torpe, pero procuró concentrarse en los puntos en los que había descubierto que le eran más placenteros y se concentró en ellos. Experimentaba tocándose suavemente para después incrementar poco a poco la presión, fue descubriendo lentamente las maneras en las que al acariciarse aumentaba el calor entre sus piernas, delineó con su mano libre las formas de sus senos, deslizó su mano por entre su estómago y sobre su vientre y se dio cuenta que su piel era verdaderamente sensible; llevó un ritmo tranquilo, hasta que su mismo cuerpo le pidió aumentar la velocidad de sus movimientos, sus caderas se movieron al ritmo de sus dedos y lentamente reconoció aquello de lo que Al le había hablado, esa sensación de placer que hasta ese momento había sido desconocido para ella comenzaba a crecer con celeridad, mordió su labio inferior con ligera fuerza conforme sentía crecer la presión en lo más profundo de su sexo; gimió con placer, mientras su espalda se arqueaba, sus dedos se concentraron de lleno en ese pequeño músculo el cual pronto descubrió que aumentaba ligeramente en tamaño, sus movimientos circulares sobre el mismo punto continuaron hasta que llegó por primera vez al clímax de su primer orgasmo; sus pensamientos mientras se masturbaba, no fueron referentes a ningún chico, sino que se enfocó completamente en su hermana, no se sorprendió demasiado, pues la adoraba, además estaba la innegable verdad de su belleza, elegancia, elocuencia, inteligencia y alta autoestima que prácticamente la convertían en una mujer que sin lugar a dudas emanaba una sensualidad inusitada; donde quiera que Al estaba siempre dirigía hacia ella todas las miradas. Por ello, Esmeralda amaba a su hermana por completo; le fascinaba perderse en ese verde mar de sus ojos, el cual si se miraba con cuidado era ligeramente más profundo que el de ella; le encantaba su eterna sonrisa, la cual parecía nunca desaparecer de su agraciado rostro, adoraba acostarse a su lado y delinear con su índice cada una de sus perfectas facciones. Ella era sin duda su ejemplo a seguir, quería llegar a ser exactamente igual a ella en todos los sentidos. 




Aquella noche al retirar su mano de entre sus piernas, notó el transparente líquido que cubría sus dedos, se percató de su elasticidad y sonrió enormemente, salió de la cama completamente desnuda y se echó encima únicamente su bata de dormir, se dirigió al cuarto de su hermana y abrió la puerta con cuidado, encendió la luz y notó como los párpados de Al reaccionaron a la misma, se dirigió a la cama y se arrodilló ante ella, echó hacia atrás un mechón del castaño cabello que caía sobre la frente de su hermana y le palmeó la mejilla suavemente un par de veces.



— Al — susurró un par de veces.

— ¿Qué, qué sucede? — preguntó soñolienta. 

— Estoy lista — respondió Esmeralda con una amplia sonrisa. 

— ¿Lista? — preguntó adormilada sin abrir todavía los ojos. 

— Sí — la voz de Esmeralda resonaba con cierto toque de orgullo — metió la mano dentro de las cobijas y tomó la de su hermana llevándola consigo fuera de las mismas, situándola directamente entre sus piernas donde Al sintió la humedad que ahí se concentraba — Mmnh — gimió la joven rubia al sentir por primera vez el toque de su hermana. 

— Ah — musitó, abriendo lentamente los ojos, mientras deslizaba sus dedos explorando y esparciendo el tibio líquido sobre los pliegues de ese cálido y juvenil sexo — los verdes ojos de Al se posaron en la generosa abertura del escote de la bata de Esmeralda, la cual dejaba a la vista esos pequeños y turgentes pechos aún en desarrollo — sonrió seductoramente cuando sus ojos se encontraron con los de su hermana — ¿es la primera vez que te masturbas?

— Sí — respondió entrecerrando los ojos, abrió los labios ligeramente dejando escapar un gemido.

— Para ser tu primera vez, has lubricado bastante bien — dijo casi en un ronroneo, retiró su mano de entre las piernas de su hermana y tomándola de la nuca le atrajo hacia ella, Esmeralda miró de cerca a su hermana, esta le acarició la mejilla con suavidad y rozó sus labios con los suyos en un jugueteo que no terminaba por culminar en el beso que tanto deseaba.

— Si vas a besarme, hazlo de una vez — casi ordenó y Al sonrió ampliamente ante la urgencia que resaltaba en el tono de voz de su hermana.

— Quizás en unos cuantos años más — mordió suavemente el labio inferior de Esmeralda.

— ¿Qué? — se separó de Al y le miró con franca incredulidad — ¡no! — casi gritó — dijiste que el día que te dijera que estaba lista entonces harías el amor conmigo.

— Tienes trece.

— ¿Y?

— Y — le tocó la punta de la nariz con el índice — no creo que estés lista todavía.

— Pero…

— No, ningún pero.

— ¡Eso no es justo! — frunció el ceño y se cruzó de brazos, mordisqueó un par de veces su labio inferior, desviando la mirada a un lado, se sentía frustrada, el toque de Al le había encendido y ahora su hermana no quería responsabilizarse de su estado — si ibas a rechazarme no me hubieras tocado de esa manera — le dirigió una severa mirada, ahora me has puesto… ¡demonios! — se levantó y se cerró la bata fuertemente.

— No te enojes — le pidió tratando de suavizar la situación. 

— ¿Cómo quieres que no me enoje? — le miró con cierta desilusión que momentáneamente le hizo sentir culpable — estás rechazándome aún cuando te estoy diciendo que me siento lista — le dio la espalda cuando sintió las lágrimas formase en sus ojos. 

— ¿En verdad te sientes preparada para tener sexo por primera vez? — preguntó Al mientras se levantaba de la cama, llevaba puesto un bonito conjunto pijama de color negro compuesto por un boxer de seda y una blusa corta de tirantes, se acercó a ella y le abrazó por la espalda, dejó descansar sus manos sobre las de Esmeralda.

— Por supuesto que me siento preparada si no fuera así no te lo hubiera pedido. 

— No quiero tu primera vez sea una experiencia traumática. 

— ¿Cómo podría ser eso posible? — preguntó con cara de incredulidad mientras se volvía para mirarla a los ojos.

— Bueno para empezar — la liberó de su abrazo y colocó las manos sobre sus hombros — soy tu hermana. 

— ¿Y eso qué? — preguntó sin entender el punto — creo que ese más que un punto en contra es uno a favor, obviamente sé que me tratarás con amor y cuidado. 

— Por supuesto — respondió Al suspirando suavemente entre la rubia cabellera de su hermana — sin embargo — dudó momentáneamente antes de continuar.

— ¿Es por la edad? ¡oh!, ¡vamos! No voy a ir por ahí contando lo que hacemos, además nosotros somos diferentes del resto del mundo, tú más que nadie sabes bien que nuestros padres nunca se han opuesto a que tengamos relaciones sexuales y por si eso fuera poco, tú y yo sabemos que no seríamos las primeras, ni las últimas en el mundo que intimen con edades diferentes.

— Lo sé y no es por ello — aseguró Al — mira — le giró para tenerla de frente, elevó su rostro con su mano para mirarla fijamente a los ojos — antes que nada quiero que sepas que Te Amo y que haría cualquier cosa que me pidieras que te complaciera e hiciera feliz…

— ¿Entonces? — preguntó con incomprensión — ¿por qué no me tomas como lo deseo?

— Porque no me sentiría a gusto si lo hago, para mí no sería disfrutable sino más bien incómodo, en una relación ambas personas deben de sentirse a gusto con la situación — trató de explicar — Te Amo y lo sabes bien, pero no solamente debe de ser tu consentimiento, sino el mío también. 

— ¿Qué me hace falta entonces? — preguntó desconcertada.

— No es que te falte algo, créeme — le acarició las mejillas con sus manos y le besó suavemente la frente — esto que diré es todo un cliché, pero… no eres tú, soy yo, dame tiempo para poder asimilar que mi pequeña hermana ha dejando de ser una niña y que esta entrando al mundo de la adolescencia ¿quieres? — le miró con una muda súplica en sus ojos y una bonita sonrisa — mantendré mi promesa te lo aseguro... Es sólo… que no pensé que crecerías tan rápido — elevó las cejas suavemente mientras le miraba con ternura.

— ¿En serio mantendrás tu promesa? — le miró y se mordió suavemente el labio inferior, mientras esperaba la respuesta.

— De verdad, créeme — le aseguró, tras unos minutos de silencio.

— Oh, bueno, te creo, sí, pero… Al en este momento yo… uh… — asió las muñecas de su hermana quien todavía seguía sosteniéndole del rostro con las manos — estoy tan… — cerró los ojos y dejó exhalar un suspiro de franca frustración.

— ¿Caliente? — susurró Al sonriendo suavemente mientras levantaba una ceja. 

— Sí — respondió con derrota la joven rubia.

— Bueno — rió suavemente — creo que puedo ayudarte con eso — lentamente llevó su rostro a escasos centímetros del suyo apenas rozando sus labios. 

Un ligero gemido emanó de la garganta de la joven rubia, Al le miró sonriente.

— Ven — dijo soltando el rostro de Esmeralda — la sujetó de la mano, llevándola lentamente a su cama; retiró las cobijas y le recostó en medio del amplio colchón, cubierto por suaves sábanas de satín blanco. 

Al se acomodó a su costado, recargándose en su codo para ser capaz de admirarla por completo; observó de reojo el gran espejo ubicado estratégicamente frente a su cama y sonrió de medio lado, sin duda gozaría de una excelente vista.

Esmeralda le miraba expectante con una bonita sonrisa en su rostro. Al le devolvió la sonrisa y delineó con su índice las delicadas facciones de su hermana.

— Eres muy guapa — le dijo tocándole la punta de la nariz con su dedo — a mí me hubiera gustado heredar el cabello rubio de nuestra madre, pero creo que ese te correspondía a ti — sonrió ampliamente. 

— ¿En verdad? — Esmeralda se río por lo bajo — no cabe duda que los seres humanos no estamos conformes con lo que heredamos — tomó un mechón del cabello de su hermana entre sus dedos y suspiró con derrota — de hecho yo siempre he envidiado tu cabello, es más sedoso que el mío y el castaño que heredaste de nuestro padre me gusta más que mi rubio, inclusive tu piel, no es de un blanco simplón como la mía.

— ¿Simplón? — Al se río bajito — que cosas dices hermanita — me gusta la blancura de tu piel; es verdad que la mía es ligeramente más bronceada pero — se inclinó y besó suavemente su hombro — tu piel es muy sexy. 

— Claro dime eso cuando volvamos a ir a la playa y vuelva a quedar tan roja como un camarón, mientras que tú como siempre regreses con un bronceado envidiable — torció suavemente los labios.

— Jajajajaja, vamos, no seas envidiosa — se rió de buena gana — me gustas tal como eres, con todo y que seas un camarón playero, jajajajajaja.

— Ja...ja...ja que simpática, en verdad ¿eh?, osea gracias, acabas de arruinar el momento. 

— ¿Qué? 

— Me voy a mi cuarto — dijo levantándose de la cama. 

— Pero…

— No, ningún pero — se dirigió a la puerta sin volverse a verla — tú te lo pierdes. 

— Ah, bueno yo… 

— Nah, nada — elevó la mano agitándola un par de veces mientras abría la puerta — buenas noches comediante, en verdad que, que simpática – la puerta se cerró de un portazo y Al se mordió el labio inferior.

— Upsss, genial, ahora la hice enojar, aaaaggghhh, ok, ya veré con que prenda de mi guardarropa se cobra la broma, ¡aaaaaahhh! — suspiró profundamente — ¿por qué son tan sensibles las adolescentes? 


Esmeralda sonrió de medio lado, suspiró suavemente y recargó la frente en el cristal.

— Eres una tonta – susurró, mira que haberme matado las ganas con ese comentario tan ridículo.

Un hombre se recargo de espaldas al cristal cerca de ella, y le escuchó decir animadamente por teléfono que su esposa había tenido una niña.

— Una niña — musitó casi sin voz — apretó los labios ligeramente — estúpida Camila, ¿cómo pudo atreverse a…? — meneó la cabeza en negativo un par de veces — mierda ya no importa, de ser necesario viajaré hasta Inglaterra y cueste lo que cueste lograré que Al este de nuevo con el verdadero amor de su vida — susurró apenas audiblemente, mientras las lagrimas escurrían por sus mejillas.

— Iré contigo — la voz de su amante le hizo girar violentamente.

— ¿Qué haces aquí?

— Es… mi prima después de todo — intentó esbozar una sonrisa, sin éxito alguno — lo lamento — dijo sintiendo un nudo en la garganta, sus ojos posados directamente en los verdes de Esmeralda, radiaban verdadera sinceridad, acercó temblorosa sus manos y limpió las lagrimas de las mejillas de Esmeralda con los pulgares.

— ¿Cómo pudiste esconder algo así?

— Lo lamento — volvió a decir — ella me pidió que jamás le dijera donde se encontraba, pero, pero, te llevaré hasta ella, sé, sé donde vive — su tono de voz era angustioso — además sé que Sharon aún esta enamorada de Al, sé que lo esta.

— ¿Cómo lo sabes? — le preguntó mirándola de forma inquisitiva.

Camila, se mordió el labio inferior, desvió momentáneamente la mirada para situarla en las espaldas de Andrés, quien seguía su recorrido de un lado a otro de la sala; regresó la vista a su prima y no muy convencida de lo que iba a hacer la tomó de la mano.

— Vamos a la cafetería, ahí, ahí te lo contaré todo.

Esmeralda sopesó brevemente la situación, pues por un lado quería saber todo lo referente a Sharon y su sobrina, pero por el otro, no quería retirarse hasta obtener noticias de Al. Camila entendió la mirada de Esmeralda.

— Venga, Andrés esta aquí, sabes que nos llamará en cuanto tenga noticias de Al.

Esmeralda suspiró profundamente, observó brevemente a Andrés una última vez y asintió con la cabeza.

— De acuerdo, vamos.

Mientras tanto Andrés por fin se dejo caer en el sillón de la sala de espera, recargó los codos en sus piernas, dejando descansar su barbilla sobre sus dedos entrelazados, cerró los ojos y a su mente regresó el primer día que conoció a su ahora esposa; sonrió suavemente, para él fue todo un shock tener en su grupo a esa mocosa de 18 años quién estaba ya en su último año de la carrera.



— ¿Y esa niña? — le preguntó a Daniel uno de sus amigos


— Se llama Alejandra — le respondió éste sonriendo de medio lado — es una cerebrito según me han contado — su tono de voz dejaba entre ver un toque de envidia.



— ¿Pero se equivocó de grupo ó qué?

— No, tonto; está con nosotros en este grupo, ¿no te estoy diciendo que es una cerebrito?

— Superdotada sería la palabra correcta — dijo Al volviendo el rostro, esbozando una gran y limpia sonrisa — no son muy discretos chicos — se sacó las gafas y levantándose de su asiento se acercó a ellos extendiéndoles la mano, Daniel fue el primero en estrechársela.

— Hola linda, me llamo Daniel.

— ¿Ahora soy linda?, pensé que te gustaba llamarme cerebrito – le dijo mirándolo burlona.

— Oh, bueno — se sonrojo visiblemente — yo…

— Descuida, a mucha gente no le gusta que los demás sobresalgan por encima de ellos. 

— Jajajajajajajaja, mira, sin conocerte que bien te conoce — rió Andrés de buena gana; fue su turno de estrechar la mano de la joven y le sonrió — hola, yo soy Andrés.

— Mucho gusto, ¿deberé llamarte Andrés ó señor incredulidad?

— ¡Jaaaaaaaa, ahí esta! Jajajajajaja te lo mereces — fue el turno de Daniel de reír. 

Tras esa presentación y conforme los días pasaban Andrés quedo fascinado, con la forma de ser de Al, su autoestima, su inteligencia, la manera como miraba el mundo verdaderamente le sorprendía, nunca en toda su vida había conocido a una chica tan desenvuelta y segura de si misma; le gustaba estar cerca de ella y entablar largas conversaciones que lo dejaban con la boca abierta; pues verdaderamente esa chica demostraba una madurez más allá de lo comprensible. 

Su amistad con los meses se fue fortaleciendo y conforme se acercaba el fin de año sentía pena por saber que al final del mismo cada quien seguiría su propio camino. Aún así estaba dispuesto a seguir con su amistad tanto tiempo como le fuera posible.

Una de las cosas que más le agradaba era que aún cuando era una chica muy sociable le gustaba pasar tiempo con él, y con Daniel mismo que estaba perdido de amor por esa chica, a quién a pesar de llenarla de halagos, atenciones y regalos estos siempre le eran rechazados, con una amable sonrisa y un firme No Gracias; aún con ello, no se rendía ante la constante negativa que siempre recibía. 

Por lo cual Daniel al contrario de Andrés, se molestaba cuando se enteraba de los planes de Al de salir a algún antro ó cuando a sus oídos llegaban rumores de los “acostones” de la chica por la cual no dejaba de suspirar. 

— ¿Vas a salir el fin de semana? — le preguntó Daniel, mientras desayunaban dentro de la cafetería de la Universidad. 

— Sí, me voy de antro con unos amigos de mi antiguo grupo. 

— Pues espero que te diviertas en grande — Andrés le guiño el ojo, mientras mordía su sándwich. 

— ¡Oh! Créeme que lo haré, va a ir también Gustavo un chico que conocí en mi antigua escuela, los dos tenemos muchísimo en común y congeniamos bastante bien. 

— ¿Qué piensas acostarte con él, por eso tanto entusiasmo en tu voz? — la voz de Daniel denotó inmediatamente los celos que sentía. 

— Si me acuesto o no me acuesto con él o con cualquiera, es algo que no te debe de interesar en lo más mínimo Daniel. — le respondió Al de manera tranquila.

— ¿Cómo puedes decir eso, sabiendo lo que siento por ti?

— Tranquilízate Daniel — Andrés negó en negativo un par de veces pero su amigo lo ignoró por completo.

— Tú lo has dicho, lo que Tú — hizo ligero énfasis — sientes por mí, yo por ti no siento nada, eres solamente un amigo.

— ¿Solamente un amigo?, ¿solamente un amigo? — repitió con dolido enfado.

Daniel sintió que la sangre le comenzaba a hervir, apretó fuertemente la mandíbula y formó puños con las manos. 

— Ya Daniel, Al nunca te ha dado ningún tipo de pie para que…

— ¡Tú cállate! — le espetó Daniel sintiéndose de repente completamente irritado — ¿qué vas a saber tú?, eres un jodido maricón, ¡por eso no sabes como me siento!

— Dejaré pasar ese comentario porque sé que no estas siendo tú mismo en este momento — Andrés contuvo su molestia. 

— Escúchame bien Alejandra ¡No, NO vas a ir a ningún lado! — amenazó apretando los dientes. 

Al, sonrió displicente, recargándose de lleno en el respaldo de su silla, tranquila.

— ¡Oh!, no me digas — dijo con franco tono burlón — ¿y quién eres tú para decirme con quién o con quién no debo, salir o acostarme, eh?

— ¡Carajo!, ¡no me provoques, mujer! — golpeó la mesa con la palma de su mano con tanta fuerza que tiró el café de Andrés y el suyo; Andrea sopeso su buena suerte al haberse acabado el suyo. 

Alejandro justo a tiempo se hizo a un lado con su silla para evitar que el líquido le manchara el pantalón, no así su amigo quien ni siquiera prestó atención a su pierna bañada en líquido café. 

Al le miró con la misma fría sonrisa, ni siquiera se inmutó con el ruido que hizo la palma de Daniel al golpear contra la madera de la mesa. Todos los presentes en la cafetería se quedaron callados mientras miraban atentamente la escena.

¡Entendiste? — espetó con molestia — ¡no vas a volver a salir con ninguno de tus amigos!

— Como te decía Andrés — Al le sonrió al rubio chico, sin hacer caso de las pretensiones de Andrés.

¡No me ignores! — Daniel le sacudió del brazo con ligera fuerza — ¡escuchaste lo que te dije?

Suéltame Daniel — la voz de Al se torno seria, lo miró fijamente a los ojos los cuales no mostraban el menor signo de temor.

— ¡Qué te pasa Daniel? — Andrés le sujetó del hombro y se levantó. 

— Tranquilo Andrés — Al le hizo un gesto con la mano — ¿crees que esto no me ha pasado antes? — su sonrisa siempre segura, no tranquilizó al rubio chico el cual estaba preparado para encarar a su amigo. 

— Daniel — dijo Al, regresando la mirada al chico cuyo rostro estaba ligeramente enrojecido — no eches a perder nuestra amistad — dijo con tono firme — tú eres la última persona en el mundo con el que intimaría o tendría algún tipo de… relación “sentimental” — hizo comillas en esa última palabra. 

— ¡Por qué?, ¡por qué prefieres ser una… una Puta!

— Jajajajajajajajajajajajaja — Al soltó una limpia carcajada — ¿crees que esa palabra me ofende de alguna forma? — sonrió de medio lado levantando una ceja — ¡por favor! — exclamó meneando la cabeza en negativo un par de veces. 

— ¡Te estoy dando la oportunidad de ser mi novia, de ser una mujer decente!

— ¡Suficiente! — exclamó Al soltándose del agarre de Daniel, se levantó de la silla y lo miró desde todo lo alto — ¡no tienes ningún derecho a llamarme Puta, ni a decirme a quién puedo ver o no! — lo miró con suma molestia — ¿crees qué tu escenita de macho me va a impresionar de alguna manera? — preguntó con desdén, mientras lo barría de arriba abajo, de forma intencionalmente despectiva — ¡ni siquiera me gustas! — exclamó elevando las manos al aire, mientras meneaba en negativo un par de veces — escúchame bien lo diré una vez y sólo una vez — NO ERES MI TIPO, JAMAS ESTARIA CON UN HOMBRE QUE SE COMPORTA DE LA MANERA COMO LO ESTAS HACIENDO, Y AUN CUANDO YO FUERA ALGO TUYO — espetó con desdén — NO TENDRÍAS DERECHO ALGUNO A DECIDIR QUE ACCIONES TENDRIA QUE O NO SEGUIR, ERES PATETICO. — terminó de decir con una franca sonrisa entre mezclada con un gesto de sincero y puro asco.

Daniel, se sitió humillado, vejado y avergonzado, su rostro se tornó casi violáceo, se levantó de golpe y elevando su mano intentó golpear la mejilla de la castaña chica quien simplemente se hizo hacia atrás con un amplio paso, por lo que Daniel ni siquiera consiguió rozarla. El gritó de terror de algunas chicas sólo provocó la sonrisa de burla en los labios de Al. 

— ¡Demonios qué pasa contigo Daniel? — exclamó Andrés sujetándole de la mano. 

— ¡No te metas! — gritó fúrico su amigo mientras lo aventaba con fuerza a un lado y este caía de espaldas sobre una mesa contigua. 

— ¡Ahora verás!, ¡lo que necesitas son unos buenos golpes para que aprendas tu lugar en este mundo

Al levantó la ceja y sonrió de medio lado, en verdad que no daba crédito a las palabras de Daniel, tenía tremendas ganas de reír, pero… el momento no era el adecuado. 

Con el puño cerrado Daniel se abalanzó contra Al, esta sencillamente lo esquivó agachándose, deslizó sus pies rápidamente en el piso, con facilidad para dar una vuelta sobre si misma encajándole el codo izquierdo de lleno en la boca del estómago que aunado a la inercia que llevaba el ligeramente fornido hombre provocó que el aire escapara de sus pulmones, dejándolo babeando y tratando de conseguir a como diera lugar el oxigeno que tanto necesitaba. 

— Eres un imbécil machista — dijo Al, dándole una patada en pleno rostro con tal fuerza que escuchó claramente como le rompía la nariz misma que comenzó a sangrar profusamente; Daniel seguía con las manos a su costado; Al dio un par de pasos hacia atrás mientras miraba como se levantaba nuevamente su examigo definitivamente, examigo.

— ¡Esto no se va a quedar así! — gruñó escupiéndole directamente al rostro.

Al suspiró con molestia, se limpió el escupitajo con el revés de su dedo índice, sacudió la mano y se cruzó de brazos meneando la cabeza en negativo, Andrés se había levantado y casi alcanzaba a llegar hasta Al, pues miró con cierto horror como Daniel volvía a abalanzarse contra su querida amiga, misma que esbozó una gran, gran sonrisa. 

— Tienes toda la razón, esto no se va a quedar así — dijo suavemente, casi en tono melodioso. 

Daniel ni siquiera pudo soltar su golpe, un par de sujetos vestidos como estudiantes comunes y corrientes lo sujetaron con muchísima fuerza.

— Tranquilo cabrón — le susurró uno de ellos — ya valiste madres, pendejo, ese escupitajo, cabrón, no,no,no,no, no sabes lo que te va a costar hijo de la chingada — le sentenció mientras le sujetaba con fuerza el brazo y se lo doblaba, provocándole verdadero dolor. 

— Señorita Alejandra ¿se encuentra usted bien? — preguntó el otro sujeto que le dio el mismo tratamiento al brazo izquierdo del hombre que por un momento se quedo pasmado, completamente azorado ante lo que estaba pasando; algo era seguro, esos dos tipos no eran para nada estudiantes. 

— Estoy bien Gerardo — le sonrió con amabilidad.

— ¿Qué desea que hagamos con este sujeto? — preguntó el otro hombre mientras con su mano libre, sujetaba a Daniel con fuerza de su negro cabello para obligarlo a que levantara el rostro. 

Al le miró atentamente unos minutos, en los ojos de Daniel había un claro gesto de desconcierto, sorpresa y… lo mejor de todo, Miedo. Se agachó ligeramente para verlo bien al rostro, su sonrisa nunca se perdió, elevó una ceja y enderezándose nuevamente sonrió amablemente a sus guardaespaldas. 

Denle una buena lección, para que… mmm… no sé, no sé — les hizo una seña elevando ligeramente el rostro para que levantaran a Daniel y una vez estando a la altura de sus ojos lo sujetó de la barbilla, mirándolo burlonamente — ¡oh! sí, por supuesto, para aprenda su lugar en este mundo. 

Los ojos de Daniel se abrieron desmesuradamente, mientras los dos hombres lo sacaban casi a rastras del lugar, en la puerta de la cafetería otros dos sujetos les esperaban, haciendo notar con sus actitudes que ninguno de los presentes debía de abrir la boca de más. 

Andrés se acercó a ella y miró a su amigo quién ya era llevado por entre las jardineras a paso rápido en dirección al estacionamiento. Mientras que del otro lado apenas venían los guardias de la Universidad. Para cuando llegaron a la cafetería muchos de los estudiantes estaban retirándose y los empleados de la misma recogiendo las mesas, las sillas y los sobrantes de comida del piso. A pesar de los interrogatorios de los guardias, nadie dijo nada. 

Al y Andrés salieron del desastroso campo de batalla y platicaron largo y tendido sobre lo acontecido; fue en ese momento que él se enteró de la posición social de la chica.
— ¿Ese movimiento que hiciste?

— Clases de defensa personal y guardaespaldas, estupenda combinación — le guiño — una chica con una mente tan liberal como la mía en un país tercermundista, donde aún prevalece el machismo, bueno, pues no creerás que mis padres iban a dejarme a merced de cualquier imbécil de mente cerrada, como Daniel por ejemplo.

— ¿Cómo es que nunca me había percatado que tienes vigilancia?

— No eres muy observador querido — Al se rió, de buena gana — ellos siempre están al pendiente de mí, pero no me hostigan es por eso que nos llevamos muy bien mi hermana también tiene los suyos.

— ¿Por qué teniendo una buena posición económica decidiste estudiar en una escuela pública?

— ¿Bromeas? — le miró sonriente — aquí la gente es más real, el ambiente es ideal para la carrera que llevamos.

— No cabe duda de que eres una chica bastante lista — Andrés le acarició la mejilla con la mano — nunca dejas de sorprenderme.

— Espero que siempre sea así, de hecho, mmmm… ven conmigo el sábado al antro, seguramente conocerás algún chico buen mozo con el podrás pasártelo estupendamente bien y si no puedo asegurarte que no te arrepentirás.

— De acuerdo — dijo tras pensarlo por breves momentos — pasaré por ti a las 8 ¿te parece?

— Estupendo. 

Daniel, tardo en regresar a la escuela cerca de tres meses, nunca más volvió a hablar con Al o con Andrés; ni siquiera se atrevía a dirigir la mirada donde ellos se encontraban, las dos costillas rotas, su brazo izquierdo fracturado y el esguince de su tobillo derecho, así como la rotura de su nariz y el recuerdo de la muy buena paliza que había recibido le habían dejado una buena lección. Ten cuidado a que chica amedrentas, nunca sabes que puede estar detrás de ella. Sólo en una ocasión intentó acercarse a Al para disculparse con ella, pero enseguida notó no muy lejos de él, como uno de sus guardias abría su chamarra dejando ver la cacha color café de un revolver; el chico dio la media vuelta y Al quien se había percatado de las intenciones del chico, sólo esbozó una gran sonrisa. Meterse con Al, era meterse de lleno al propio Infierno.


Andrés regresó de su recuerdo y se levantó de nuevo; aún no había noticias sobre el estado de su mujer y su bebé, el cual esperaba con verdaderas ganas. Camino nuevamente y esta vez fijo su vista en el dorado de su anillo de matrimonio, nunca jamás imagino casarse con una mujer, jamás le paso por la cabeza, pero aquella memorable noche que paso con Al, le dejo una duda e inquietud del tamaño del mundo. Suspiró profundamente, sus recuerdos una vez más lo llevaron años atrás, a la noche en que paso a recoger a su mejor amiga.



Aquella noche, se quedo maravillado al ver a Al vestida de una manera sumamente sensual, llevaba puesto un vestido rojo que le entallaba de maravilla, tenía una enorme abertura en la parte posterior que dejaba a la vista la suave y perfecta piel de su espalda, su escote en V dibujaba suavemente el contorno de sus pechos que se realzaban con firmeza tras la delicada tela del vestido, sus zapatillas del mismo color, tenían un diseño elegante, los tacones de los mismos curvaban perfectamente las pantorrillas de la chica y resaltaban su bien formado derrier. Su maquillaje suave y natural contrastaba con el que usualmente veía en las chicas que en algunas ocasiones se le insinuaban en los Antros; su cabello había sido estilizado, lo habían recogido hacia arriba, dejando en los costados de su rostro unos mechones perfectamente rizados que definían suavemente las facciones de la chica. Llevaba también una cartera de mano de un rojo ligeramente más suave. 




— Te ves increíble — dijo casi sin aliento.



— Gracias, tú también te ves muy atractivo — le besó la mejilla 

Y por primera vez Andrés sintió un ligero cosquilleo que le recorrió todo el bajo vientre, al sentir el toque de los labios de una chica. 

Ambos subieron al auto de Andrés y lejos de ir al Antro en cuestión, terminaron dentro de un lujoso hotel. Andrés no terminaba de digerir el por qué de esa urgente necesidad de poseer a esa chica; lo único cierto es que una vez dentro del cuarto sus manos viajaron a lo largo del curvilíneo cuerpo de Al, temblaba ligeramente pues esa era la primera vez que tocaba a una chica de esa forma. Los labios de Al apresaron los de Andrés en un beso urgente, lleno de deseo, anegado de pasión.

— Te parecerá — dijo rompiendo momentáneamente el beso — estúpido y poco creíble pero, nunca he estado con una mujer.

— Descuida — le sonrió con esa siempre segura sonrisa — yo te llevaré paso a paso — le mordió suavemente el labio inferior mientras pegaba sus caderas a las del chico cuya erección se hizo notar a través de la tela del pantalón — ¿tan ansiosos estamos? — le preguntó al oído.

— Bastante — respondió el rubio.

— Bueno tendrás que esperar un poco más — lo sentó a la orilla de la cama.

Al se dio la vuelta y buscó con la mirada el interruptor de la luz, al mirarlo sonrió con ligera malicia, se acercó al mismo caminando con ese dejo de sensualidad que siempre utilizaba cuando se encontraba con sus amantes en la intimidad, Andrés fijo sus ojos en el suave bamboleo de las caderas de su amiga, sin duda alguna Al tenía un derrier exquisito, perfectamente formado, el rubio sintió ganas de tomarlo con sus manos y apretarlo, masajearlo, enterrar sus dedos en la suave carne que estaba seguro debía sentirse como la seda. 

Al, disminuyó la intensidad de la luz, encendió el radio situándolo en una estación cuya música se escuchaba suave, sensual, íntima. La chica permitió que la música guiara su cuerpo, mientras los ojos de Andrés bebían cada uno de los sensuales movimientos de la chica, cuyas manos repasaban su cuerpo con tortuosa lentitud; Andrés no se había percatado pero sus manos estaban formando puños por las ansias de tocar cada parte de ese cuerpo; el vestido de Al poco a poco fue deslizándose por su perfecto y juvenil cuerpo hasta tocar el piso, los intensos ojos verdes de Al nunca dejaron de ver los gestos en el rostro del chico que en verdad le gustaba, quizás un poco más de que comúnmente le llegaba a gustar alguien, tal vez era por el hecho de saber que a final de cuentas Andrés terminaría con un chico, su naturaleza era esa y ella sabía que esto sólo era curiosidad por parte de su amigo. 

Ahora sólo en lencería Al se acercó lentamente a Andrés, sonrió seductoramente mientras deslizaba sus manos por entre el rubio cabello de su amigo, se sentó en sus piernas y comenzó a desabotonarle la camisa lentamente, aprovechando para besarlo lentamente.

— Anda — le susurró entre besos — tócame. 

Andrés cerró los ojos y sus manos, se deslizaron sobre la suave piel de la chica que había terminado de quitarle la camisa y su playera; las manos de Andrés cubrieron el derrier de Al y se dio a la tarea de tocarlo como lo había imaginado apretándolo con ligera fuerza, sintió su erección crecer. Al beso su pecho, su cuello, mordiéndolo, encajando sus uñas a lo largo de la espalda de Andrés que sentía su excitación crecer, sin duda esto era completamente diferente, era nuevo, el olor, las sensaciones, la tersura, todo era nuevo, un mundo que descubrir. Las manos de Al alcanzaron el botón del pantalón y el ziper; hundió su mano y sonrió al notar el tamaño y la dureza de ese miembro. Al bajo lentamente de las piernas del chico, situándose entre ellas, el miembro de Andrés erecto fuera de su pantalón y entonces la boca de Al llenándose de él. 

— ¡Uuuumhhh! — exclamó Andrés hundiendo sus manos en la castaña cabellera de Al, apretó los dientes cuando sintió la succión y las suaves manos de la chica acariciar su miembro con una maestría que no podía entender; cómo esa chica de casi ya 19 años tenía esa habilidad, ¿dónde había aprendido a lamer, mordisquear, succionar, acariciar y deslizar las uñas de esa manera? — ¡aaaaaaahhh!, que bi-en, que bien lo ha-ces. 

Al levantó el rostro mientras seguía acariciando el endurecido miembro de Andrés fijo sus ojos en el chico. 

Cógeme

Fue una palabra que encendió por completo al chico, que tomo a la chica entre sus brazos levantándola con facilidad, le quitó el resto de su ropa tan rápido como pudo y se permitió besarla, acariciarla, morderla con una desesperación inusitada; los gemidos de Al sólo lo incitaban a seguir, quería seguir escuchando su nombre en entrecortadas palabras, combinado con la profundidad de esos gemidos que lo estaban volviendo loco; cuando la penetró fue recibido por la más cálida humedad que había sentido en su vida; Al apretaba las paredes conforme el chico la embestía; la suavidad de los pechos de Al acariciando su amplio torso, las uñas de la chica enterrándose en su espalda, arañándolo deliciosamente, lo llevaron a un nuevo nivel; así que esto era el sexo con una mujer, no estaba nada mal, no, nada mal, olía delicioso la fragancia era más delicada y suave que con un hombre, las caricias más ligeras, tan suaves que parecían de seda; Andrés la puso en cuanta posición se le antojo y Al lo disfrutó al máximo, estaba tan excitada que incluso el sexo anal fue verdaderamente placentero; sin embargo él terminó viniéndose fuertemente dentro de ella, cosa que raramente permitía Al. 

Ambos habían llegado al clímax al mismo tiempo las manos de Andrés sujetaban con fuerza las caderas de Al, habían llegado estando la chica sentada sobre él quien estaba de igual forma sentado a la orilla de la cama, su erecto miembro hundido en las profundidades de Al, completamente hasta la base, podía sentir las palpitaciones de las paredes de Al y eso le seguía llenando de placer; el aroma a sexo llenaba la habitación, sus respiraciones completamente agitadas, sus labios buscándose incansablemente, perdieron la cuenta de cuantas veces hicieron el amor. Pero sólo fue aquella vez, únicamente aquella vez. Una semana después había conocido a Iván y su naturaleza lo llevó a sus brazos, sin embargo nunca pudo olvidar aquella sensación que sintió en los brazos de aquella chica quién al terminar su carrera de inmediato se embarcó a Estados Unidos para estudiar posgrado.


Sus recuerdos fueron interrumpidos al escuchar su nombre, un médico se acercó a la sala de espera.

— ¿Familiares de la Señora Alejandra Duran?

— ¡Yo!, soy su esposo — dijo Andrés.

— Acompáñeme por favor — le pido el doctor — me temo, que tengo malas noticias.

La sangre de Andrés se heló al escucharle decir eso.

Mientras tanto en la cafetería del hospital, Esmeralda miraba incrédula a su prima, simplemente no podía salir de su shock.

— Estás, eso… ¿es… verdad?

— Lo es — respondió Camila tragando saliva.

Los ojos de Esmeralda se abrieron enormemente mientras le brotaban lagrimas al por mayor.

— Esto, no puede… ¡oh! esto es demasiado — Esmeralda se sintió mareada ante tan inesperada noticia.