miércoles, 22 de agosto de 2012

Amor en Preparatoria Capítulo 18 Despedidas 1ra Parte.

Buenas Noches!!!!!! mis queridisimas Fans!!!!! bueno más bien Buenas Madrugadas jajajajajajajaja!!!! (jo... ¿han notado que siempre me estoy riendo?) jajajajajajaja bueno, bueno mejor siempre de buenas que de malas ¿qué no?, pues bueno ya pasando al punto importante, oh, sí importante, pues les comunico, aviso, digo, platico, etc, etc, que les dejo este día lo que sería el inicio del capítulo 18 puesto que sí, ya, ya me tarde con la esperada reunión de Karla, Laura y Dennis, obviamente no es mucho pero digo algo es algo ¿no?, jajajajajaja además digo es justo que lo lean.

Pues bien sin más preámbulo aquí lo tienen!!!!! Espero que les guste y sobre todo que les haga sentir mil y un emociones!!!!!!


Capítulo 18

Despedidas.

El silencio de la noche era roto por el ulular del viento que se colaba con ligera fuerza por entre las hojas de los árboles, Dennis estaba cabizbaja con el rostro vuelto a un lado por el impactó de la bofetada recibida, su carne palpitaba y quemaba, su largo cabello castaño le cubría el rostro, moviéndose suavemente al compás del viento.

- ¿Trai…dora? – emergió de su garganta, en un tono que Laura jamás le había escuchado – ¿Tú?… ¿Tú?… Laura Getden Hernández ¿te atreves a llamarme?... – volvió lentamente el rostro – ¡A mí?... ¡Traidora? – la sujetó con fuerza de la ropa quedando sus rostros a centímetros uno del otro – ¡me llamas traidora a mí? ¡Yo que viví una relación que no deseaba sólo por darte gusto? – sus ojos centellantes le miraron fijamente, clavándose hondo, muy profundo, como si fuera capaz de llegar a ver hasta la propia desnudez de su alma – ¡me llamas traidora, cuando no hice otra cosa más que amarte?, ¡cuando no hice otra cosa que darte mi corazón y mi amor sincero? – sus ojos escrutaron el amargo gesto de rabia y dolor de la mujer que alguna vez amo – ¡te atreves a llamarme traidora?.. ¡Tú, te atreves a llamar a mi amor por Karla una Traición hacia a ti, cuando en ella encontré lo que nunca tuve contigo? – Laura separó sus labios y Dennis le envolvió con un brazo alrededor de los hombros y le cubrió la boca con la mano – ¡antes de protestar vas a escucharme! – le dijo en tono duro mirándola con enojo mientras Laura se revolvía entre sus brazos provocando que Dennis la sujetará con más fuerza – ¡escúchame! – le dijo en tono imperante mientras Laura le miraba con los ojos anegados en llanto, su mirada era una mezcla de coraje mezclado con frustración – tú no sabes nada acerca de Karla, si la conocieras como yo la conozco entonces tú… - ante esas palabras la mirada de Laura dibujo un claro signo de incomprensión ¿es que acaso Dennis no sabía que ella había sido novia de Karla en primer lugar? – entonces… - continuó hablando Dennis – sabrías que es la mujer más increíble y maravillosa del mundo Laura – su voz se suavizó – no sé como sucedió, cuando te fuiste me sentí… tan sola, desconcertada... fui yo quién se sintió traicionada por tu repentina huida – sus ojos se anegaron en llanto – te fuiste sin decirme ni siquiera Adiós y entonces para no pensar en ti, me sumergí de lleno en los estudios… ¿sabes? incluso tomé tu lugar en el concurso de conocimientos para cansarme la mente al máximo – sonrío con amargura – para dejar de darle vueltas al asunto de tu engaño y tu partida – las lágrimas que con tanto esfuerzo intentaba contener se desbordaron rodando por sus mejillas – no sé como paso Laura, no tengo idea de cuando empecé a sentir esto por ella, no lo sé, te lo juro que no lo sé, ¿fue la convivencia?, ¿fueron esas pequeñas muestras de amabilidad que solía darme?, no lo sé Laura – le miró fijamente a los ojos, su amielada mirada se suavizó; sino hubiera sido porque Dennis la sostenía entre sus brazos Laura seguramente se hubiera derrumbado, su ida a Canadá era la responsable de que Dennis y Karla estuvieran juntas, prácticamente ella las había unido a las dos – La Amo Laura – dijo Dennis y entonces un pinchazo que dolió como nunca, atravesó el pecho de Laura, haciendo que su corazón derramase silenciosas lágrimas de sangre – ¿puedes entenderme?, por favor Laura, no me llames traidora porque antes de irte tú misma lo dijiste, que no me amabas ¿lo recuerdas?, me hiciste libre de ti, no es justo que ahora me vayas a decir que me amas y ahora que sabes de mi relación con quien te juro que es el amor de mi vida me llames traidora tan sólo porque te has dado cuenta de que aún sientes algo por mí, ha pasado un año Laura, nunca me escribiste, no supe nada de ti, ¿cómo mantener así un amor? – Laura meneó la cabeza en negativo, su mirada de incredulidad iba cambiando lentamente por la del entendimiento… era definitivo Dennis no sabía nada acerca de su relación con Karla, ¿cómo era eso posible?, ¡es más! Dennis creía que le acusaba de traidora por amor a ella – por favor Laura no le digas a nadie que Karla es mi novia, por favor, la amo demasiado, yo... no sé qué haría si por mi culpa ella llegara a perder su empleo y su libertad, por favor, ódiame si quieres por ya no poder amarte pero no la lastimes a ella con tu indiscreción, por favor Prométeme que no le dirás a nadie. – le suplicó… Laura se quedó sin palabras estas se murieron en sus labios, así como sus esperanzas de retornar a los brazos de la mujer que tanto había amado... y a la cual aún seguía amando – es una maravillosa persona Laura – le dijo Dennis soltandola poco a poco de su agarre, si la conocieras fuera del rol de profesora sabrías a lo que me refiero.

- "Sé… a lo que te refieres" – pensó Laura – "yo misma la tuve entre mis brazos... tantas... tantas veces, – Laura sintió un mareo repentino a causa del impacto por la confesión recibida, Dennis la sostuvo suavemente entre sus brazos y le ayudó a sentarse en una de las escalinatas del asta bandera, se sentó a su lado y le miró de reojo, mientras Laura se hundía en sus propios pensamientos – esto no pude ser, no puede ser verdad… sino me hubiera ido, si me hubiera quedado, ¿cómo es que esto paso?"... ¿La Amas? – preguntó secamente mirándola a los ojos.

- Más que a mi propia vida – le respondió y entonces Laura sintió como si le hubieran propinado la estocada de una filosa espada que le atravesase sin piedad, desgarrando todo a su incisivo paso.

- E… ella… ¿te… Te Ama? – dolió la pregunta y se le amargó la boca en segundos.

- Mucho – el rostro de Dennis se iluminó como si el mismísimo sol hubiera aparecido tan sólo para llenar de luz su hermoso rostro – puedo asegurarte que ella daría su vida por mí, sus besos me lo han demostrado una y mil veces, se ha rendido entre mis brazos y yo me he dejado rendir entre los suphfffmmm – Laura le cubrió la boca con la mano, era suficiente pues la afilada espada de esas palabras le desgarraban el alma sin piedad.

- Laura – su rostro se volvió con violencia – su nombre proveniente de esos labios le besó con sal la herida – hablemos – su mano extendida era casi como una invitación al paraíso, descubrió suavemente la boca de Dennis quien musitó en un ligero suspiro ininteligible el nombre de su amada – ve a casa Dennis, te llevaré tus cosas – le dijo sin apartar la mirada de esos ojos verdes que alguna vez fueron su paraíso.

- Pero…

- Está bien Dennis haz lo que te pido – dijo rompiendo el momentáneo contacto visual con su ex novia, fijó su azul mirada en esos mieles que le miraban con cierta incertidumbre – todo estará bien Dennis – le regaló una sutil sonrisa, Laura tomó la mano de Karla, ese contacto estremeció en ella hasta la última fibra de su ser, levantó a Laura con suma facilidad.

- Laura – pronunció Dennis el nombre de su amiga quien se volvió para mirarla sólo por una fracción de segundo

- Lo, lo prometo – dijo cabizbaja y Dennis esbozó una enorme sonrisa

- ¡Gracias Laura – la abrazó y le besó en la mejilla – eres la mejor amiga del mundo!; me voy entonces – le dijo a Karla a quién miró con suma alegría, le lanzó un beso al aire y a paso presuroso se encamino rumbo a la salida de la escuela, sintiéndose plenamente feliz.

- ¿Vamos? – preguntó Karla, Laura sólo asintió con la cabeza, no se sentía capaz de mirar ese cielo que ya no le pertenecía.

Caminaron en silencio, cada una de lleno en sus pensamientos, había tantas preguntas en la cabeza de cada una que era imposible decidir por cual empezar, su manos seguían unidas y ese tacto y calor conocido les hizo evocar una época que parecía tan lejana como el mismo comienzo del tiempo, pero a la vez tan familiar que parecía que apenas se habían separado el día anterior, el pasillo vacío era iluminado por la luz que se filtraba por las altas ventanas del laboratorio, Karla abrió la puerta, entró y detrás de ella sin soltar su mano iba Laura.

Karla soltó suavemente esa blanca y trémula mano, sin mirarla le dio la espalda y cerró la puerta, recargando la frente y las palmas de las manos sobre la misma, su corazón latía con fuerza, Laura levantó la vista, sin decir nada se acercó a paso tembloroso y le abrazó recargando la cabeza en su espalda, las lagrimas se resbalaron sin piedad por sus blancas mejillas, mojando la blanca blusa de la mujer que seguía amando.

- Lo lamento – dijo apenas audiblemente, llenándose del calor de ese cuerpo que tanto había añorado, que tanto y tanto extrañaba, mantuvo el silencio en sus labios hasta que pudo nuevamente articular palabra – es… una… una egocéntrica – intentó sonreír sin ningún éxito, apretó más su abrazo contra ese cuerpo que tantas veces había amado… pues… sabía que era el último, intentó grabarse en su mente ese calor que le estaba llenando de paz e irónicamente al mismo tiempo de una angustia del tamaño del mundo – pero… pe…ro… ella… – continuó hablando con suma dificultad – e… e…lla – su voz se perdió momentáneamente tras el enorme nudo que se formó nuevamente en su garganta – no… n..o, es como yo – no pudo evitar el llanto, un amargo llanto que destrozó el corazón de la mujer que era abrazada con esa muda desesperación, apretó la mandíbula con fuerza, su ceño se frunció, estaba tan molesta, tan enojada que si hubiera sido posible se hubiera quitado así misma la vida por ser tan ruin, había delegado en los hombros de una niña una relación que era nueva, una relación que era diferente del común denominador de la sociedad, le había exigido a una niña una devoción y fidelidad que ella misma no había entendido cuando era aún una adolescente… se convirtió en su ex… ella había sido una Nancy en la vida de Laura y eso era algo que nunca en la vida se perdonaría; se soltó con ternura del abrazo de Laura y se volvió para verla de frente, le tomó con suavidad de la barbilla, elevándole lentamente para que le mirase directo a los ojos, le observó fijamente y por primera vez, por primera vez, vio en esos juveniles rasgos a la niña que tenía ante sí – Per…perdóname – le rogó suplicante, la chica del cabello color de sol – yo…

No le permitió decir nada más, la envolvió entre sus brazos y le besó, le besó tan dulcemente como le fue posible, tan profundamente como pudo, degusto la miel… la sal… y el ajenjo de esa despedida; sintió a Laura rendirse entre sus brazos, como si fuera el primer beso que se dieran, pudo percibir el ruego de perdón, la suplica de una redención que Karla sabía no tenía porque pedir, sintió todas las emociones que Laura le transmitía en ese beso, en esas tímidas y dulces caricias por su rostro, donde Laura intentaba grabar a tacto, el rostro de a quien amaba más que a su propia vida, fue un beso largo… profundo… lento y sin prisas, el calor de esos dos cuerpos logró emerger de lo más profundo de sus seres ese amor que alguna vez les unió, que ahora no era ya más que una lastimera ilusión.

- Soy yo – le dijo entre besos – quien lamenta haberte obligado a amarme de esa manera… sabiendo que esto era totalmente nuevo para ti…

- No, por favor – le pidió posando dos dedos en sus labios – Karla – su nombre pronunciado una vez más de esos labios le hicieron llorar – me enamoré de ti sin ningún tipo de obligación, me enamore de tus ojos – le miró con todo el amor que tenía para ella – de tu sonrisa – le acarició con suavidad los labios – de tu ternura – tomó sus manos y llevó a sus labios las palmas de esas manos que tantas veces le llenaron de caricias, las besó suavemente – me enamoré de tu voz – le dijo esbozando una triste sonrisa – me enamoré de tu corazón – posó la mano en su pecho y pudo sentir el rápido golpeteo de mismo, le miró tristemente – fui yo quien se… quien se dejo llevar por la novedad de un mundo que parecía… fascinante… y en verdad es… aterrador – le besó sutilmente los labios, recargó su cabeza contra el hombro de Karla y le abrazó deseando poder fundirse en ella para toda la eternidad… aunque sabía que eso era imposible.

- Laura…

- Shhhhh – Laura poso dos dedos sobre esos labios que extrañaría para el resto de su vida, le sonrió de nuevo una mezcla de timidez y tristeza que entristeció el alma de Karla – tuve suerte por haberte tenido – su voz se quebró – na… nadie… nadie – su rostro se compungió de dolor mientras su garganta amenazaba con cerrarse y robar su dulce voz – po….drá, podrá borrar… el… el hecho de que … de que… fuiste mía primero – apretó los puños sobre los hombros de Karla y frunció los labios en un dejo de profundos celos – na…die… nadie jamás podrá borrar ese hecho…

- Laura yo…

- No… – dijo y negó con la cabeza, sus lagrimas seguían en rauda caída – no me digas… lo que ya sé – su rostro mostró el más profundo gesto de dolor que alguna vez Karla pudo apreciar en ese bello rostro – no es… necesario… que… que termines de matarme con ello – bajo el rostro – nunca… nunca imaginé que ella… y tú…

- La odiaba – le interrumpió Karla – porque pensaba que le gustabas – el rostro cabizbajo de Laura se llenó de admiración al escuchar tales palabras, unas súbitas ganas de reír y llorar al mismo tiempo se apoderaron de ella… sin embargo… sin embargo ganó la tristeza… ahora lo sabía, quedaba un secreto que no valía la pena develar… se lo quedaría tan sólo para ella… sonrió de medio lado mientras sus lagrimas caían rumbo al suelo, suspiró suavemente… era hora…

- Es… es una tonta narcisista… – su voz se apretó, se separó de Karla quien le miro sorprendida, Laura mantenía su rostro cabizbajo – asió la manija y abrió la puerta – pero… es… una buena… una buena chica… te hará feliz – eso dolió profundo en su alma, dolió como nunca en la vida nada le había dolido, sentía que estaba entregando no sólo su corazón, sino también su alma y todo aquello que le hacía feliz… por un momento pensó que jamás la sonrisa volvería a su rostro… nunca…

- Laura… - musitó suavemente, ella volvió el rostro para ver esos océanos ojos azules por última vez, meneó la cabeza en negativo y le regaló una triste sonrisa y aunque su corazón le gritaba que no se rindiera, su mente racional le decía que no había más que hacer…

- Siem…pre… siempre… te amaré – le miró fijamente por unos instantes y salió cerrando la puerta tras de sí, Karla se quedó en su sitio, no se atrevía a moverse, sus océanos ojos, no dejaban de desprender el salado llanto.

Laura se sujetó de la pared mientras caminaba para no caer y se llevó la mano a la boca para acallar su llanto, tenía tantas ganas de gritar, de llorar, de suplicar que todo esto no fuera más que una cruel broma dentro de una pesadilla que estuviera por terminar, pero el aire frío que agitaba su rubia cabellera y lastimaba sus ardientes mejillas le decían que todo ello era una cruel realidad.

viernes, 10 de agosto de 2012

Amor En Preparatoria Capitulo 17 3ra parte.

Saludos a Tod@s Mis Fans, seguidoras y seguidores!!!, pues bien este día les dejo la 3ra y última parte del Capítulo 17 de Amor En Preparatoria, jajajajajajaja si ven que hay algunas cosas que no aparecen de las que les deje en el avance es porque consideré que esas serían más bien para el capítulo 18 y quizás hasta el 19 jajajajajaja es lo bueno de ser la autora ¿saben?, pero bueno ya sin más preámbulo lo que todos querían leer el reencuentro de Karla y Laura jajajajajaja!!!!!

Besos a Todos y Mil Gracias por su infinita paciencia y por Seguirme!!!!!!


Capitulo 17 3ra parte.

Regresé a casa, Andrea no estaba pero en la mesa de la cocina había una caja mediana de pizza y un refresco de cola al lado, sonreí para mis adentros, seguramente Roberto su novio vino por ella y se fueron de paseo, miré la caja atentamente pero no tenía hambre, la conversación que tuve con Laura me quito el apetito; subí a mi cuarto y me quité la ropa, me sentía un poco… no sé… presionada de alguna forma y necesitaba desahogar esa sensación, me tumbé en la cama, cerré los ojos y rememoré los besos y las caricias que me diera mi mujer… recorrí mi piel desnuda con la yema de mis dedos… ¡Dios! Karla podía ser tan excitante, el deseo se apoderó de mí, alcancé mi celular y abrí mi carpeta de imágenes, sonreí con malicia al ver la primera imagen pues siempre que ella dormía aprovechaba para sacar fotos de su cuerpo desnudo, ¡aaaaaahhh! tan sólo de verla mi excitación crecía… a veces fantaseaba imaginando que aún nos llevábamos mal, que estábamos de vuelta en aquel hotel de Veracruz y que ella terminaba seduciéndome de alguna manera, mientras yo me resistía, ¡Dios! tenía tantas ganas de contarle mis fantasías y sobre todo de llevarlas acabo sin embargo me resistía a hacerlo porque no sé que idea pudiera llegar a formarse de mí, y es que no podía evitarlo, ella me incitaba a fantasear en mil cosas, la culpa la tenía la desbordante sensualidad de sus perfectos movimientos hasta para tomar el jodido gis…. ¡cielos! es que todo en ella me parecía seductor, la manera como echaba hacia atrás su cabello y como este se deslizaba nuevamente al frente con tanta armonía, su manera de caminar… tan sensual… deslicé mi mano entre mis piernas y pase una imagen tras otra mientras me acariciaba, ¡aaaahhh! y pensar que yo era dueña absoluta de ese magnifico cuerpo, de esas deliciosas curvas que mis manos delineaban cada vez que hacíamos el amor, de ese maravilloso par de pechos que devoraba con hambre infinita cada vez que la tenía a mi merced… ¡aaaaaahhhh!… su, su voz… su voz que llenaba mis sentidos con sendas palabras de amor, de pasión… de… deseo… ¡Oh Dios!... estaba a punto de llegar…

- Dennis ¿comemos de una vez? – mi hermana abrió la puerta y al verme se llevó rápidamente la mano al rostro para cubrirse los ojos – ¡Pero que Demonios haces?

- ¡Mierda Andrea! ¡es que no sabes tocar la puerta? – sentí el rubor cubrirme hasta el cuello.

- ¡Si vas a hacer eso por qué no le pones seguro a la puerta? – dijo mientras yo me levantaba rápidamente de la cama y tomaba mi ropa del suelo para vestirme tan rápido como podía.

- Dios dime que ya estas vestida

- Si, ya, ya, le dije mientras me ponía la blusa.

- Andrea separó sus dedos para verme y suspiró meneando la cabeza en negativo, sus mejillas estaban pintadas en carmín al igual que las mías – Dios Dennis por favor para la próxima vez pon el seguro a tu puerta – me dijo sin mirarme.

- Para la otra vez mejor ten educación y toca antes de entrar yo… ujum… no tengo hambre puedes comer tú sola si quieres – le dije mientras me subía el cierre de mi pantalón.

- No, comer sola es aburrido – se sentó en la cama y alcancé a ver mi celular que mostraba una de las fotos de Karla, mi hermana volvió el rostro y la vio – ¿y eso? – me abalancé sobre el cel y se lo arrebaté antes de que lo tomara – ¿esa era tu mujer? – me preguntó con los ojos muy abiertos.

- Déjame en paz – le dije sintiendo la cara arderme como nunca.

- ¿Puedo verlas?

- ¡Claro que no!

- Anda, no le diré a nadie.

- Como fastidias, ya te dije que no.

- Con seguro esa ya la borraste, por como tienes agarrado el celular.

- Qué – miré mi celular y cuando menos me di cuenta ella lo arrebató de mis manos

- ¡Hey! ¡que haces?

- ¡Oh, vamos!, yo te enseñaré las de mi novio

- No me interesa ver a tu novio, además el es hombre y…

- Y nada jajajaja – se soltó a reír – igualdad de género – me dijo bromeando mientras esquivaba todos mis intentos por obtener mi celular – toma – dijo y me aventó el suyo el cual atrapé en el aire.

- Carajo, no importa que diga ¿verdad? las vas a ver.

- Así es como dice el viejo dicho ojo por ojo, diente por diente así será aquí sólo que con la variante de ser foto por foto, celular por celular jajajajaja se soltó a reír – digo yo no le diré nada a Karla, y así espero que tú no le digas nada a Roberto.

- Aaaaaaahhhhh – dije en un suspiro lleno de resignación, bueno, sea como sea era mi hermana y pues creo… creo que no había problema.

Nos sentamos a la orilla de la cama y ambas empezamos a ver nuestras respectivas fotos, mientras las miraba, sentí que el rubor me cubriría hasta los hombros, no sabía que mi hermana hiciera ese tipo de cosas… y además que... ¡¿?!... ¡¡¿?!!... ¡¡¿¿??!!... tras unos momentos de silencio ambas volvimos el rostro al unísono.

- Estas enferma – dijimos al mismo tiempo, nos miramos por un instante y nos soltamos a reír a carcajadas tan fuerte y con tantas ganas que nos tiramos de espaldas a la cama, llegó un momento en que me dolió el estómago de tanto reírme.

- ¡Por todos los cielos! Jajajajajajajaja pero… pero…. ¿qué pasa contigo? – le dije sintiendo las lagrimas salirse de mis ojos – jajajajajajaja ¿qué es esa foto, donde estas con su… con su, jajajajajaja pegado a tu mejilla jajajajajajajajajaja, mientras guiñas un ojo y haces el símbolo de paz con los dedos jaaaaaaaaaaajajajajajajajajaja.

- Jajajajajajajaja ¿yoooo? Jajajajajajajajajaja que me dices de ti y esa foto con ese moño rosa en salva sea la parte jaaaaaajajajajajajajajajaja y el montón de textos que le pusiste alrededor de Mi regalo de cumpleaños, navidad, reyes, día del amor y la amistad, jajajajajajajajajajaja.

- Pero si tú, jaaaaaaaaaaajajajajajajaja de donde sacaste ese sombrerito de charro y…. y…. jajajajajajajaja le pusiste su banderita pegada con diurex jajaaaaaaaaaaajajajajajajajajajajaja y ¿ese minibigote, dónde lo conseguiste? Jajajajajajajajajaja ¡Dios, ¡Dios! ya no puedo, ya no puedo jajajajajajajajaja.

- Y que me dices de ti jaaaaaaaaaaajajajajajajajaja ni un libro de anatomía tiene imágenes tan variadas y detalldas jajajajajajajajajajajajaja

- Jaaaaaaaajajajajajajajajajajajaja ¿y me lo dices tú que le etiqueta este es el derecho y este es el izquierdo? Jaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajajajajajajaja.

No sé cuanto tiempo nos la pasamos bromeando mi hermana y yo, lo cierto es que el buen humor me regresó y me sentí nuevamente a gusto; creo que debía valorar todo aquello que tenía, una hermana que me adoraba, una madre que estaba orgullosa de mi, que me amaba y me consideraba la mejor de las hijas; una mujer que me amaba e idolatraba con locura y el regreso de mi mejor amiga, quien sea como sea siempre me querría ¿podía acaso ser más feliz?

****

Estaba en mi cuarto recostada de lado sobre la cama, abrazada a mi almohada, dando rienda suelta a mi llanto y mi dolor, no temía ninguna pregunta puesto que no había nadie en casa… Dennis… sus palabras me quemaban como fuego… “ella no es como tú”, ¿cómo yo?... ella, su nueva novia no era como yo…¿cómo era yo?... ¿una traidora?... ¿una mentirosa?... ¿una niña estúpida que creyó que sus mentiras nunca iban a ser descubiertas?... era cierto… en un inicio parecía todo tan fácil… creí que todo lo tenía bajo control… que tonta, me limpié las lagrimas con en envés de mi mano, recordando todo lo que hice y las mentiras que dije… ¡Dios!, me llevé las manos al rostro para cubrir mi vergüenza… es que… en verdad había sido tan estúpida… sin embargo… yo quería conocer… yo, en verdad deseaba conocer ese mundo, quería saber sus secretos, todas y todos los que iban ahí parecían tan felices… bromeando, bailando, ligando… yo sólo… yo sólo quería ser parte de ese mundo, tener amigas, tener amigos a los cuales pudiera platicarles y preguntarles, lo que no pude, ni puedo preguntar y platicar con mi madre o mis hermanos… ni con la que en ese entonces fue mi novia… fue… que palabra más deprimente; ella ya… ya no lo es más… ella, a quién amé, a quien amo, a quien lastimé, a quién dañé… a quién traicione… ella… cuya mirada era mi mundo, cuyos brazos eran mi refugio, cuyos besos eran mi paraíso… aceptaba mi culpa… sí, la aceptaba… hubiera dado lo que fuera por haber conocido a Al antes, ella, ella me reconfortó tanto esta tarde… “Laura, deja de atormentarte, tenías únicamente 16 años – se sonrió y meneó la cabeza en negativo – incluso ahora sólo tienes 17 Laura, ¿cómo puede alguien juzgarte sino tenías a quién recurrir en busca de consejo, incluso para expresar la naturaleza de tu sexualidad?, Laura, la vida es una serie de experiencias que al entrelazarse forma nuestro pasado y determina nuestro presente y futuro, esta ha sido una experiencia que te ha dejado el aprendizaje de que una mentira es el inicio de un sin fin de problemas, porque una mentira es algo que a final de cuentas no es verdad y no importa cuantas veces te la repitas, nunca se hará realidad… también has aprendido que el goce que puedas tener al engañar a dos personas se vuelve dolor para ti, para ellas, y sobre todo, que ese desgaste emocional que desperdicias en tratar de mantener todo bajo control, tarde o temprano se escapa de tus manos y entonces… todo cae y se desvela, como te sucedió; pero venga, no te lo estoy diciendo para que llores – me limpió los ojos con un pañuelo desechable – a tu edad Laura es válido equivocarse, ¡por Dios! si incluso personas que tienen el triple o cuádruple de tu edad toman decisiones que les hacen sufrir a ellos y a los demás,¡imagínate tú que no tienes ni un cuarto de sus vivencias!; con esto que has vivido Laura, con lo que has perdido y ganado, ve recopilando tus propias experiencias, ahora ya conoces las acciones que te pueden llevar a las lágrimas y las que te pueden traer grandes satisfacciones, esto que has vivido Laura, mi pequeña y encantadora Laura, es sólo el irónico largo-corto camino de tu vida; de ahora en adelante mira siempre de frente y trata de visualizar que senderos quieres recorrer y acata las decisiones que tomes, y recuerda que en tus manos esta el poder de decisión únicamente tú puedes elegir si quieres una vida de sufrimiento o una vida de tranquilidad. Quisiera mentirte o engañarte diciéndote que nunca sufrirás, sin embargo eso no es posible, pero al menos, si eres capaz de visualizar el resultado de las decisiones que tomes; entonces el dolor, no será tan intenso como el que estas sintiendo en este momento – me abrazó – no pasa nada Laura, tranquila, recuerda que siempre podrás contar conmigo si necesitas un consejo, no dudes nunca en preguntarme, inclusive mi hermana podrá ayudarte, si ella no tiene la respuesta te tomará de la mano te recostará en ese diván y me dirá “ahí te la dejo sácala de sus dudas que yo ni idea” – se rió por lo bajo y me besó en la frente – ahora Laura, es hora de hablar de algo serio… es tiempo de cerrar tu ciclo con Karla – cuando dijo eso sentí un dolor en el pecho que me atravesó profundamente, sentí que la garganta se me cerraba con fuerza – sólo tú y nadie más, nadie más puede hablar por ti con Karla, me encantaría verte sonreír de nuevo Laura… y poder hacer magia y corregir las decisiones que has tomado pero sabes bien que eso es imposible – asentí con la cabeza pues no podía pronunciar ni una palabra – necesitas cerrar tu ciclo con Karla para que te renueves a ti misma y puedas empezar por un sendero nuevo, cuando estés con ella, reclama lo que tengas que reclamar, disculpa lo que tengas que disculpar y perdona y permite ser perdonada, escucha a la otra parte y no se enfrasquen en una lucha sin sentido de recriminarse la una a la otra porque de ambas partes hay culpa, acepta tus errores así como ella deberá aceptar los suyos… quisiera decirte que ella y tú – se pausó por un momento, me miró detenidamente con un dejo de tristeza con sus grandes ojos verdes y sonrió sin demasiado animo – creo que mi gesto te lo ha dicho todo ¿verdad? – tragando saliva sólo asentí con la cabeza mientras pensaba “esta hecho Karla esta…esta con alguien más que no soy yo” – Al me abrazó y estuvo consolándome un buen rato, hasta que mis ojos fueron incapaces de derramar mi dolor convertido en líquido llanto.

Volví de mis recuerdos y cerré los ojos, quería dormir tan profundamente como me fuera posible, deseaba que al despertar hubiera regresado al pasado para poder advertirme de todas mis malas decisiones… era un deseo inútil… un deseo que jamás se cumpliría, Karla nunca volvería a mí, no, ella no volvería… mi celular timbró un par de veces.

- Bueno.

- Hay mujer, ¡pero que milagroooo! – esa afeminada voz la reconocí perfectamente bien.

- ¿Coco? – pregunté con la voz ligeramente apretada.

- ¡Sí, mana!, ¡soy yo!, ¡ay mujer! de pura chiripa decidí marcarte para ver si de pura casualidad ya habías vuelto.

- Si, tengo muy poco de haber regresado.

- Ay, mana ¿estabas llorando?

- Sí… yo…

- ¿Entonces ya te enteraste?, ¿te habló la Yolis para contarte?, ¡ay, esa Yolis! no me había dicho que ya había contactado contigo.

- No, no he hablado con ella, eres el primero que me contacta.

- Pero bueno entonces, ¿por qué estas llorando?

- Es porque…

- Ay no espérate, espérate mana ahorita me cuentas – dijo interrumpiéndome – que primero te tengo que contar ¡el drama!, ¡la tragedia!, osea ay, mana esto paso hace ¡un mes!, todavía estoy que no me la creo, ¡ay Dios mío es que siento que algo me va a dar, cada vez que lo recuerdo!, ¡mana es que yo estuve presente!,¡nadie me lo contó! osea ¡yo lo vi!, ¡yo lo vi todo! ¿entiendes?

- No… no te entiendo, ¿de qué hablas? – me empezó a doler la cabeza con su voz tan chillona.

- ¡Giselle amiga!, ¡mataron a Giselle?

- ¿Qu…Qué? – sentí que mis ojos se abrieron desmesuradamente, un escalofrío recorrió mi espalda y me senté de golpe en la cama, me llevé la mano a la cabeza porque sentí un dolor profundo – ¡aaah! – exclamé de dolor – Gi… ¿Giselle?... ¿muerta?

- Ay mana sí, delante de mis ojitos – su voz se quebró ligeramente – le dije a la pendeja que no se metiera con esa vieja mana, pero ya la conoces súper testaruda la tarada, bueno… era… era testaruda y necia – sorbió la nariz – ay mana, ay mana, hasta salió en los periódicos; ¡fue una salvajada te lo juro!, ¡una salvajada!

- Pero… pero, ¿cómo paso? – la boca se me amargó, y el corazón me latió con celeridad, mientas que una especie de molestia entremezclada con temor me llenaba de cierto tipo de irritación y miedo, que no alcanzaba a comprender.

- Ay mana, pues te cuento que a la pendeja se le ocurrió salir con una tipa que vendía droga.

- ¿Qué?

- Sí mana, la conoció en el antro donde tenía a su ex vieja ¿te acuerdas? la vieja esa fea que era la encargada.

- ¡Ah!, sí, sí, la recuerdo.

- Bueno pues esta vieja comerciaba ahí, en los baños y en no sé que otros lados, la fulana esta que le dicen “la fante”

- ¿La fante?

- Si por gorda, fea y arrugada, ay mana así como un pinche elefante, ¡no mames! esa si estaba pero para los perros y los perros mana le daban la espalda ¡imagínate! – se rió brevemente – hasta la Yolis y yo le dijimos que no mamara, que estaba bien venderse pero a gente que por lo menos estuviera decente, que en una de esas al ir por la calle, la iban a agarrar las de protección a los animales y se la llevarían a un zoológico – se volvió a reír – ay no mana, pero esta pendeja no nos hizo caso y se dejo llevar por los regalotes que esta vieja le daba ¡pues imagínate!, le regalaba un montón de cosas, todo lo que esta pendeja le pedía, nada más que la Giselle, rara vez intimaba con ella, según me contó un día, sólo lo hizo un par de veces y me dijo que por nada se vomita, ¡mana! es que tenía como diez ¡pinches lonjas! ¡No, mana! si la hubieras conocido, te hubiera dado miedo y asco mana, estaba altota y gorda como la gran chingada, ¡mana, que hasta en los pinches brazos tenía lonjas! ¡magínate!, ay, no mana, pues con ese monstruo andaba la Giselle, no chingues mana que de lo cachetona que estaba casi ni se le veían los ojos, ¡ay! ¡ya mana! te estoy haciendo el cuento muy largo, la cuestión es que esta pendeja de Giselle, se empezó a meter coca, heroína, metas y encima de la droga que le sacaba a la fulana esa, la muy estúpida le sacaba también cuanto podía a la gorda, una pantalla de las más caras ¡mana! ¡y que te cuento! que hasta le regalo el nuevo celular ese que vale cerca de ¡veinte mil pesos! Y bueno ya que si te enlisto todo lo que le dio bueno mana te quedarías con los ojos abiertos, pero ya, ya que te sigo con tanto, un día, ay mana, un día… – hizo una pausa que se me antojo desesperante – … ay mana – su voz descendió notablemente – un día en el antro esta pendeja se emborrachó y se drogó… y bueno empezó a coquetearle a una vieja en frente de la fante, así como te lo digo mana, enfrente de esa vieja, y pues esta que se prende mana y noooo, no, no, no, hubieras visto, mana, hubieras visto, la fante empezó a reclamarle y a jalonearla para llevársela del antro y conociste a esta pendeja mana que no se dejaba y menos teniendo toda esa madre metida, pues que se suelta a decirle de groserías y dicho sea de paso de verdades a la fante mana que hasta a mí se me pusieron las orejas rojas, no le conocía el vocabulario del todo a mi amiguis, ay no mana pues esta vieja que se levanta y que se va y ya conoces a Giselle le siguió gritando sus verdades hasta que ya no la vio y bueno mana, para esto yo estaba en la barra a unos metros de la mesa de Giselle ligándome a un ruquillo de buen ver y estaba la pendeja de Giselle muy feliz ahí de pie jactándose de que nadie le decía que hacer, que era libre de hacer lo que se le pegará en gana, cuando a los ¿qué te gusta? ¿quince… quizás veinte minutos? que regresa la pinche fante con otras tres viejas mana, ¡no mames!, la pinche fante ni siquiera dijo ahí te va, el primer chingadazo se lo dio con un bate de béisbol en la espalda que tiró a mi amiguis al suelo mana mientras las otras viejas se fueron directo sobre las tipas que estaban sentadas en la mesa de Giselle, hasta la Yolis por estar sentada ahí con ellas se llevó una buena arrastrada; ¡ay mana! que la pinche fante le soltó duro a Giselle a puro duro y dale con el bate de béisbol, ay no mames mana te juro escuché clarito como se rompían todos los huesitos de mi amiga ay manita… ay manita me da pena decírtelo pero me oriné encima del pinche susto, me quede de piedra viendo como la vieja esa le gritaba que por su culpa, su cuello estaba en juego porque mucha de la ganancia se la había gastado en ella y que era una perra maldita por estarle poniendo el cuerno en sus narices… que nadie se burlaba de ella y… ay Laura… – dijo casi sin voz – ay Laurita…le molió el cuerpo a palos le pegó tan fuerte en la cabeza que… Dios mío – dijo con marcado terror en la voz – le… le sacó los ojos… le sacó… los sesos amiga… imagínate como la dejó que en las fotos de los periódicos la sacaron con una sábana encima – enmudeció de momento y yo me quede sin habla también, me sentí temblar, llorar… sentí un miedo irascible como si yo hubiera estado ahí presente observándolo todo – nadie – su hilo de voz con ese miedo marcado me hizo temblar – nadie Laura… nadie… ni siquiera yo me atreví a intervenir… ay Laura… no manches…estoy… estoy mojando la cama por las noches del pinche trauma de ver a mi amiga a los pies de esa tipa hecha pedazos… Laura, por esta te juro que esa vieja no se detuvo hasta que llegó la policía… en los periódicos resaltó la saña con la que esa vieja asesinó a mi amiga… ay Laura tú conoces… digo tú conociste a Giselle… sé que mi amiga era un desmadre, que se cogió como a veinte mil viejas, que les saco un buen de varo y cosas a un chingo de ellas, pero… pero no merecía morir así amiga… no así…

- Yo… yo – sentí unas nauseas como nunca antes en mi vida, solté el teléfono y corrí al baño donde de rodillas a la taza vomité varias veces, ¡no podía creerlo!, ¡no podía creerlo!, ¡Giselle! ¡Giselle asesinada de esa manera tan!… tan… ¡oh, Dios mío! tan… ¡atroz! – un terror infinito me sacudió literalmente el cuerpo entero, que manera más horrible de morir… ¡Dios mío!.. si yo hubiera estado aquí… sino hubiera ido a Canadá… quizás y hasta a mí me hubiera matado pues Giselle siempre que íbamos de antro estuviera ligando o no, anduviera con alguien o no, siempre estaba besándome cada dos por tres. Una nueva ola de nauseas me invadió con fuerza y terminé por vaciar la poca comida que tenía en el estómago; me sentí mareada, sin fuerza en las piernas, no podía soportarlo, era demasiado, era demasiado para un solo día, ¡Dios! quería que esta pesadilla terminara, deseaba cerrar los ojos, dormir y que al despertar todo hubiera sido solamente una cruel y devastadora pero irreal pesadilla… ¡Dios!, ¡Dios! quiero que todo sea como antes, quiero regresar en el tiempo, quiero volver a comenzar… si tan sólo pudiera, si tan solo eso fuera posible… si pudiera hacerlo…

****

Eran ya las diez de la noche y mi hermana y yo platicábamos en su cuarto, mamá se había ido a quedar con una de mis tías y ella y yo habíamos ido a comprar hamburguesas para cenar, mientras mi hermana buscaba que película ver, mientras cenábamos me tiré literalmente sobre su cama y descansé mis manos bajo mi cabeza, había estado pensando en pedirle consejo sobre si debía o no participarle a Karla del tipo de fantasías que luego me sobrevenían.

- Estas muy callada – me dijo mientras ella seguía buscando alguna película.

- Supongo que si – le contesté.

- ¿Te sucede algo?

- No es nada… bueno… - por un momento me quede pensando si sería buena idea pedirle consejo.

- Platícame, anda, sé que te mueres por hacerlo – se volvió a mirarme con su típica sonrisa de saberlo todo.

- No, es algo muy intimo – le dije sintiendo las mejillas pintárseme en carmín y es que conociendo a mi hermana claramente la vislumbraba haciéndome un montón de preguntas indiscretas.

- Vamos – me sonrió – cuéntame te prometo ser toda oídos para ti – se acercó a la cama y se sentó a la orilla.

- Bueno… pues… - le miré un momento a los ojos y al inicio dude un poco pero ella se notaba sincera y lista para oírme – tú has tenido ganas de… hacer… ya sabes… - volví la vista a un lado…

- Sí no me hablas francamente y sin vergüenzas – me dijo acariciando mi mejilla – no podré aconsejarte ¿sabes?

- Bueno es que – le miré a los ojos y sentí las mejillas ruborizárseme.

- Supongo que es sexo, vamos háblame con confianza, ¿qué deseas saber? – me sonrió.

- Pues… verás – me incorporé en la cama hasta sentarme con las piernas cruzadas – tú… ¿tú has con tu novio… realizado… - baje el rostro ligeramente así como mi voz – fantasías…?

- ¿Y por eso te ruborizas? – me sacudió el cabello con la mano – vamos Dennis, no es para que te avergüences por preguntar eso, mira el sexo es… mmmm ¿cómo te explico? – se subió de lleno a la cama recargándose en la pared – pues bien creo que empezaré por decir que los seres humanos tenemos mucha imaginación cosa buena pues ve toda la gana de maravillas que nos rodean… ahora bien, la parte más sexual que considero tenemos los seres humanos es precisamente la mente ¿sabes?

- ¿La mente?

- ¡Claro! el sexo inicia en la mente, en rememorar un beso, una caricia, un susurro en el oído, pareciera que el cuerpo almacena en la mente las sensaciones que recibe nuestro cuerpo con alguna caricia o contacto ¿no es así? digo – me jalo hacia ella y me recostó en sus piernas y puso su mano sobre mis labios, cubriendo por completo mi boca – eso debes de saberlo bien por lo que estabas haciendo antes de que entrará en tu habitación – las mejillas se me pintaron en carmín y quise protestar pero por obvias razones no pude hacerlo – Shhhhhhh, antes de que empieces a protestar déjame terminar, lo que estabas haciendo es de lo más natural, digo yo misma te lo expliqué cuando entraste en la pubertad y además ahí viene mi punto ya que debiste estar pensando en tu mujer ¿no es así? – para responder asentí con la cabeza ya que ella seguía con su mano sobre mi boca – entonces – continuó – si has llegado a fantasear sexualmente con ella, creo que deberías de decírselo ¿sabes?, no hacerlo podría frustrarte… mmmmm… creo yo que ese es uno de los problemas que se tiene en la pareja, ya que a veces sobre todo a las mujeres les da vergüenza pedirles a sus novios que realicen las fantasías que ellas llevan arrastrando consigo únicamente porque les da miedo lo que puedan llegar a pensar de ellas, creo que es importante satisfacerse sexualmente siempre y cuando te sientas capaz de hacerlo y no vaya en contra de tus deseos; es normal que te dé un poco de vergüenza admitir que deseas hacer algo fuera de lo común, pero pocas mujeres lo llegan a expresar, por el que dirán de sus novios, digo eso les llegó a pasar a muchas de mis amigas ¿sabes?, tenía una amiga en particular que quería jugar un rol con su novio en el aspecto de que este le atacase sexualmente – se sonrió y meneó en negativo la cabeza – como le daba vergüenza lo que su novio pudiera pensar de ella prefirió hacerlo con un desconocido – le miré con extrañeza – aunque no lo creas le pago a un tipo, créeme, así como hay prostitutas, así hay prostitutos – soltó una limpia carcajada – lo único malo es que por azares del destino ese tipo resultó ser el primo de un amigo cercano a su novio y bueno su “desliz” no tardo en darse a conocer, lo peor de todo es que lo desveló el despechado en plenas jardineras al oído de todos los que estábamos presentes ¿ves? y le reclamó entre otras cosas no haber tenido la confianza para decirle sus deseos y demás, bueno todo un drama – giró los ojos en blanco – ya sabrás, se separaron y créeme eso me hizo reflexionar seriamente con respecto al sexo y tu pareja – retiré su mano de mi boca.

- Eso es precisamente lo que me da miedo a mí – le confesé lanzando un profundo suspiro.

- ¿Crees que ella pensará mal de ti, si le expones tus deseos?

- Sí.

- Tonta – dijo acariciando mi frente – no lo hará y si lo hiciera entonces no vale la pena, créeme, es como le dije una vez a Isaac ¿te acuerdas de él?

- Aja

- Bueno un día estábamos en su departamento y le dije que quería experimentar el sexo anal.

- ¡Andrea! – me senté de golpe y sentí el rubor hasta los brazos – ¿tienes que ser tan…?

- Hey, que yo no te cuestiono tu sexualidad, así que tu no cuestiones la mía, además ¡es cierto!, dime tú ¿qué tiene de malo? – se encogió de hombros – lo que yo quiera o desee es cosa mía ¿no?

- Bueno sí, pero… pero… bueno soy tu hermana y…

- Y por eso te lo cuento Dennis porque eres mi hermana, digo ¿quieres ir con mi mamá y pedirle consejo de esto?

- Emmmm… pro… prosigue…

- Buena chica – me recostó de nuevo en sus piernas – y fije la vista en el dorado de las letras que adornaban su playera – pues bien cuando le dije eso se soltó a preguntarme que con quién lo había hecho, que si tanto extrañaba al tipo con el que hice esas cosas que le pedía a él rebajarse a servir de segundo plato, bueno, que el hombre se dio la ofendida de su vida, curiosamente lo deje despotricar ¿sabes? y cuando se hubo callado, tomé mi bolso y le dije “si te lo pedí es porque te deseaba a ti y sólo contigo he tenido la suficiente confianza para hacer realidad este deseo que tengo, ahora me voy y espero no volverte a ver”

- Vaya – eso estuvo fuerte – le dije delineando con mi índice las letras de su playera.

- Sí, estuvo dos semanas rogándome perdón y bueno ya vez como me buscaba.

- ¿Entonces fue por eso por lo que estabas enojada con él?

- Aja

- Vaya ahora lo entiendo.

- Pero bueno, eso le sirvió de lección porque después de ello no puso objeción a nada de lo que le pidiera, era un buen amante ¿sabes?

- Mmmm… no sé, no se me antoja un hombre ¿sabes?, la verdad es que nunca de los nuncas, ni jamás de los jamases estaré con uno – sé que hice un gesto de asco.

- No sé Dennis aún estas muy joven, yo diría que mejor nunca digas nunca.

- Teniendo a Karla, no necesito de nadie más – me abracé a ella recargando mi cabeza a la atura de su estómago.

- Me gusta verte enamorada.

- Me gusta estarlo.

- ¿Qué fantasía tienes con tu mujer?

- Mi mujer – repetí y sonreí, me gustaba como sonaba eso – pues… no es algo como el sexo… anal – me reí suavemente – pero te contaré, la primera vez que hicimos el amor fue en Veracruz.

- ¡Nooooooo! ¿en serio? – me buscó el rostro pero lo enterré en su estómago.

- Sí, y ya, que si no, no te sigo contando.

- Ok, ok, pero vaya a un no dejo de sorprenderme ¿sabes?, con eso de que de plano no la tragabas.

- Te confieso algo… – le dije tragando saliva, pues este era un secreto, un secreto que nadie más que yo guardaba para mí sola, desde el inicio.

- Dime

- Fue un día Martes cuando entró al salón por primera vez, vestía pantalón formal negro, una blusa blanca de manga larga y el saco complementario que hacía juego con el pantalón que usaba, mientras entraba al salón se quitó el saco y lo colgó en el respaldo de la silla su negro cabello parecía descansar sobre el blanco inmaculado de su blusa… sus grandes ojos azules… esos enormes ojos azules obscuros tan intensos recorrieron lentamente nuestros rostros… cuando sus ojos se posaron sobre los míos por ese breve instante mi corazón latió muy deprisa, recuerdo que trague saliva y eso me hizo volver en mí… miré discretamente a mi alrededor pensando que yo había sido la única que se había quedado como idiota viendo a esa monumental mujer que parecía una estrella de cine, pero todos estaban igual o incluso peor, de hecho Napoleón tenía la boca abierta en una expresión tan chistosa que de sólo recordarla me hace reír… la verdad… la verdad… es que el primer pensamiento que me vino a la cabeza fue un “wow que mujer más… hermosa”

- Así que te gusto tan sólo de verla.

- ¿A ti no?

- Emmmm bueno tanto así que digas ¡uf como me gusta!, no, realmente no ¿sabes?, de hecho sentí envidia de que fuera tan atractiva.

- Pensé que te había gustado muchísimo por el beso que le diste.

- Oh bueno, la verdad es que sólo fue curiosidad, honestamente ella no me gustaba, de hecho creo que fue únicamente la espinita de saber que se siente besar a otra mujer y como esta muy guapa pues dije vale la pena.

- Hazlo de nuevo y estas muerta – me reí y ella hizo lo mismo.

- Esta bien ya nunca más lo haré, sabes que respeto tus cosas.

- Huy sí, aja, mira como respetas mis cosas que… - me levanté y me senté de nuevo en la cama mirando hacia su cómoda – ve que bien respetas mis cosas, ahí veo el cepillo que nunca estrené, la diadema que mi tía Irene me regaló, el lápiz labial que mi mamá me compró.

- Piensa que te las estoy guardando para que no te roben espacio en tu habitación.

- Serás… jajajajajajajaja – la abracé.

- Vamos cuéntame que es exactamente lo que quieres hacer con tu mujer.

- Bueno…

****

Miré el reloj, eran cerca de las diez de la noche y yo aún seguía rumiando las palabras que Al me dijera, me había recostado sobre el amplio escritorio del laboratorio pues ya me había cansado de estar sentada, uno de mis talones descansaba justo en la orilla y mantenía una de mis piernas colgando a un costado del mismo.

- ¿Cómoda? - esa voz la reconocí, me incorporé hasta sentarme.

- Nadia, sigues por aquí ¿eh?

- Sí, lo mismo que tú.

- Ya... de hecho estaba por irme – bajé del escritorio y me senté en la silla para calzarme mis botínes.

- Te ves molesta ¿te sucedió algo?

- Nada que pueda concernirte – le respondí con sequedad.

- A veces hablar ayuda a quitar ese mal humor.

- Te lo agradezco pero por el día de hoy ya he tenido suficiente charla, lo único que deseo es llegar a casa y descansar.

- Entiendo, perdona por meterme en tus asuntos.

Salió del laboratorio deseándome una buena noche, me sentí un poco culpable... ella parecía solamente querer ayudarme.

- Espera... - le dije alcanzándola – ¿estará bien un café en mi casa?, digo si no tienes prisa claro.

- Estaré encantada – me sonrió de forma dulce, si bien aún pensaba que no debía contarle a gran detalle mi relación con Dennis al menos podía usar su compañía para distraer mi mente del insalvable hecho de aceptar que llevaría a Dennis a un antro.

No nos llevó mucho tiempo llegar a mi casa ya que nos fuimos en su carro. Le invité a pasar mientras encendía las luces.

- ¿Te apetece un café o prefieres un té?

- Eres muy amable, un café estará bien, gracias.

- De nada, por favor siéntete como en tu casa. Iré a preparar el café.

Entre en la cocina, puse café y agua en la cafetera y la encendí, me perdí por un momento en mis pensamientos, había decidió llevar a Dennis a un Antro, sabía que no aguantaría si ella decidía bailar con alguna de las chicas que seguramente se le pegarían como moscas a la miel.

- Mierda - mascullé entre dientes.

- Debe de ser algo muy intenso lo que te preocupa, para escuchar tanta ansiedad en tu voz.

- ¡Ah! perdona, es sólo que...

- Esta bien, no te preguntaré nada que no quieras responderme.

Una extraña fuerza me imperó a sincerarme con ella.

- Mi novia... bueno, ella... yo... la llevaré a un antro.

- ¿Y te preocupa que pueda fijarse en alguna otra chica? - posó su mano sobre mi hombro.

- Sí - terminé por admitir.

- ¿Qué es exactamente lo que te preocupa que pueda pasar?

- Que le interese todo lo que ese mundo ofrece - sonreí amargamente.

- El ligue fácil, el alcohol, las drogas...

- Eso y... - le interrumpí - que prefiera...

- ¿Ese libertinaje disfrizado de libertad a una vida contigo?

- Sí - solté en un suspiro, me pasé las manos por entre el cabello, Nadia apagó el café, el ambiente se había perfumado con el tenue aroma del grano.

- Ese café huele realmente delicioso, pero tendrá que esperar un momento.

- ¿Cómo?

- ¿Tendrás un espejo de cuerpo entero?

****

Esmeralda estaba a la puerta del departamento que Camila compartía con su padre chasqueó la lengua antes de tocar el timbre, había tenido suficiente tiempo para pensar en lo que le diría a su prima, pero todo ello se borró de su mente cuando esos ojos gris-azulados se posaron en sus verdes esmeraldas.

- ¿Tú?

- Hola – dijo secamente mientras la hacía a un lado y entraba al departamento – ¿está tu padre en casa?

- No – respondió Camila ligeramente turbada – se ha ido de viaje de negocios.

- Sólo tú y yo, entonces ¿eh?

- No, también esta Irma.

- Despídela.

- Es de planta, no puedo despedirla – le respondió

- Entonces mándala de visita con sus familiares, al puto cine, a donde mierdas quieras enviarla, necesito hablar contigo completamente a solas.

- No lo haré

- ¿Qué? – se volvió para mirarla.

- No hay nada que hablar, sino me he regresado a España es sólo porque mi padre quiere que le haga compañía.

- Buena compañía le haces estando él de viaje de negocios.

- Quiero que te vayas Esmeralda.

- No lo haré hasta que me hayas escuchado – se acercó hasta quedar frente a ella.

- No tenemos nada de qué hablar – le respondió mirándola seriamente.

- Quizás tú no tengas nada que decir pero yo sí – le sujetó la barbilla con su mano y posó su verde mirada en esos grandes y expresivos grises-azulados.

- Señorita ¿desea que les preparé un poco de café?

- No, Irma – le contestó sin mirarla, parecía estar hipnotizada por ese profundo verde que se colaba profundo hasta su alma – por favor necesito un par de horas a solas con mi prima, así que puedes irte a donde gustes.

- Entiendo – dijo la mujer no muy segura de dejar a las chicas solas, sin embargo había sido una orden directa.

Camila se soltó del suave agarre de su prima y fue a sentarse a la amplia sala, el corazón de Esmeralda latió con celeridad, volvió el rostro para encontrarse con el de su prima quien le miraba de forma impasible, era tan extraño mirar ese rostro sin esa característica sonrisa que le hacía sentir tan bien. Camila rompió el contacto visual al cruzarse de brazos y menear la cabeza en negativo.

- Venga hija que para decir todo lo que me tengas que decir, te estás tardando ¿no?

- Menuda hija de puta te has vuelto.

- ¿A eso has venido? – Camila frunció el entrecejo mirándola severamente – ¿a insultarme nada más?

- Ni siquiera sé a qué he venido – le dijo Esmeralda mientras escuchaba la puerta cerrarse, ahora estaban completamente solas en ese enorme departamento.

- Si no lo sabes, entonces lárgate y déjame en paz de una buena vez por todas – la voz de Camila no guardaba la típica dulzura que siempre entonaba al hablar con ella, era más bien fría y seca.

- ¿En verdad eso es lo que quieres?

- Sí – respondió de forma tajante.

- ¿Por qué haces todo tan difícil Camila?

- ¡Difícil? – exclamo al tiempo que se levantaba de un salto – ¡Difícil, dices?

- ¡No estábamos bien? – le replicó Esmeralda acercándose a grandes zancadas hasta llegar a ella y tomarla con fuerza de la blusa.

- ¿Bien? – le preguntó Camila soltándose de su agarre con brusquedad – ¡Bien, cómo?, ¡siendo tú completamente libre de irte a follar con quien se te pegue la gana!

- ¡Desde que estoy contigo no lo he hecho!

- ¡Qué soy en tu maldita vida Esmeralda? – le preguntó Camila sujetándola del rostro con ambas manos, sus ojos parecían inyectados de una rabia y frustración del tamaño del mundo.

- ¡Un maldito dolor de cabeza! – dijo Esmeralda provocando que Camila la aventara cayendo de espaldas al suelo.

- ¿Entonces para que putas estas aquí? – Camila le miró desde todo lo alto, tenía las manos cerradas en puños apretándolas con fuerza.

- No lo sé – le respondió doliéndose ligeramente mientras se levantaba poco a poco.

- Entonces no tenemos nada de qué hablar – Camila le dio la espalda – no quiero volver a verte en mi vida.

- No.

- He dicho que te largues.

- No.

- ¡Déjame en paz! – se volvió con brusquedad para mirarla, y al hacerlo se quedó completamente sorprendida.

- No – respondió con trémula voz, sus ojos estaban cargados en lagrimas las cuales se derramaban por sus mejillas pintadas en profundo carmín – no me… iré…

- ¿Por… qué?

- ¿Por qué? – meneó la cabeza en negativo - ¿preguntas por qué? – su voz se estaba apretando por el llanto que inútilmente trataba de contener – ¡porque Te Amo!, ¡porque Te Amo!, por…que… por…que… yo sin ti… yo… y..yo… - se llevó las manos al rostro y cayó de rodillas frente a ella, Camila se quedo un momento estática en su sitió, esa era la primera vez que le decía que la amaba, todo en su interior pareció sacudirse cuando le escuchó llorar de esa manera, quería decir algo, agacharse y abrazarla pero no podía moverse era como si se hubiera convertido en piedra – quise – hablo entre gimoteos – quise ser como mi hermana, deseaba ser tan… tan dominante como ella… yo… no puedo… no pude… Te Amo… Te Amo sólo a ti… no puedo… no puedo imaginar mi vida si no es a tu lado… no quiero que me dejes… no quiero que tus ojos miren a nadie más que no sea yo… no quiero que te vayas, no quiero tocar a nadie más que no seas tú… quiero casarme contigo… quiero una vida contigo… quiero hacerte el amor una y mil veces y aún así seguir deseándote como si fuera la primera vez… lo lamento… lamento haber sido tan… estúpida… yo…quie…mmmmmphhh

Su confesión murió en sus labios, Camila tomó su boca entre la suya besándola con desesperación mientras saboreaba en su boca el salado de las lagrimas que veía por primera vez en los ojos de su prima, le arrancó prácticamente la ropa de su cuerpo mientras besaba cada parte que quedaba al descubierto, rozando su piel canela contra esa tersa y blanca piel, los gemidos provenientes de la mujer que estaba amando le estaban excitando a un grado inimaginable.

- Te Amo Camila, Te Amo, Te Amo – susurraba Esmeralda una y otra vez, mientras permitía ser tomada de esa forma tan ruda, que no miraba contemplaciones, que estrujaba su carne, encajando las uñas en su trémula piel, permitió ser tomada con brusquedad, una agonizante sensación de placer y dolor que le nubló por completo sus sentidos; era capaz de sentir el embiste de los dedos de su prima, remontando dentro de ella, sin consideración, sin un dejo de ternura, mientras sentía esos labios acometerle el cuello y la sujeción de su cabello con tanta fuerza, que la mantenía prácticamente obligada a tener la cabeza echada hacia atrás. Sus gritos de placer eran ahogados a momentos por esos labios que se amoldaban a su boca y entonces dentro se libraba una batalla, que en todo momento perdió, era una victoria tras otra de ese ejercito moro que incursionó en el valle de su cuerpo, conquistando cada territorio descubierto, una conquista que derramó sangre y aún así no tuvo piedad, un dolor convertido en placer y el placer vuelto felicidad al haber alcanzado la cumbre máxima del placer, se elevó tan alto que pensó que llegaría al cielo y el placer le recorrió como un fuego ardiente que abraso su cuerpo en un instante, con una violencia tal que arrancó de su garganta un gemido como el que jamás emitió.

El campo de batalla quedo cubierto por cardenales a lo largo y ancho de su cuello y torso, largos caminos en rojo arados por las uñas que no tuvieron piedad al encajarse en esa piel de leche y miel, pequeños arroyos carmesíes producto del hundimiento de sus dientes que con fuerza desgarraron la blanca tierra obligándole a entregar el tesoro esperado. La batalla fue feroz, las bajas mortales, el templo de sus labios violados a punta de sangre al ser mordidos con dureza, y aún con ello extendió los brazos a su enemigo quien miraba con lujuria y ansias de reconquista ese pequeño territorio rendido a sus pies. Tomó la ofrenda que se le ofrecía, y fue recibida con un beso cálido, con caricias tiernas y dulces, como nunca jamás las sintió, su moro territorio fue abrazado con un amor que nunca imagino que existiera, fue vertido sobre él un enorme mar, que su vencido territorio le ofreció, un mar sacrifico proveniente de esos ojos verdes que derramaron sin piedad a lo largo de su nueva ama; se mostró indulgente, dócil, como una verdadera esclava, eligió las mejores caricias, las más suaves, las más tiernas y vertió en sus oídos las palabras que siempre oculto como su tesoro prohibido, como lo que sentía eran palabras de debilidad, y se convirtió en pecadora y su ama en cardenal y confesó sus temores, confesó sus miedos, confesó su amor, confesó sus deseos, confesó hasta quedarse sin palabras y entonces prosiguió su confesión con mudas caricias que parecían decirlo todo y fue enviada a beber el perdón, el cual tomó con suavidad, con una delicadeza que jamás imagino ser capaz de tener, bebió con detenimiento, con lentitud, una lentitud que envolvió en la demencia al territorio ganador y que al explotar le liberó de sus cadenas y le atrajo hacia sí llenándole de su gracia y al mirarse verde y grisazulado firmaron en un beso un pacto, una promesa, un tratado de paz que ambas estaban dispuestas a cumplir.

Terminaron en su cama rindiendo pequeñas batallas, algunas veces dejándose ganar, algunas veces dejándose perder, pero siempre combinando, el amor, el sentimiento y el deseo que les hizo rendirse en los brazos de Morfeo; su rubia cabeza descansaba en ese territorio moro, mientras que el territorio moro se llenaba de ese aroma a sol.

****

Karla se despojo lentamente de su ropa, sus mejillas tintas en carmín, mantenía su rostro cabizbajo, mientras esos ojos marrones delineaban el contorno de su cuerpo que quedaba al descubierto.

- Eres preciosa – dijo suavemente – tienes un cuerpo que a la par de tu rostro es infinitamente hermoso.

- Lo sé – respondió sin convicción.

- No Karla, no lo sabes – se levantó de la cama y se acercó a ella – la abrazó por la espalda, recargó su cabeza contra su piel desnuda y reposó sus manos a la atura de su estómago – eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida, pero no lo serás del todo hasta que tu misma no lo admitas y lo aceptes.

- No sé cómo hacerlo – le respondió sintiéndose ligeramente incomoda ante su abrazo.

- Para empezar, mírate, observa cada parte de tu cuerpo.

- Ya lo he hecho en alguna otra ocasión, además no me ayuda el que estés presente – dejo descansar sus manos sobre las de Nadia.

- Te has mirado, pero no te has hecho a la idea de que eres más que hermosa – le dijo depositando un beso en su espalda, provocando que Karla se crispara, su cuerpo se tensó y Nadia se percató de ello.

- Descuida la soltó de su abrazo, no es mi intención seducirte – paso su mano en una fugaz caricia por su espalda – me interesa que te sientas bien contigo misma de nuevo.

- ¿Por qué? – preguntó Karla con extrañeza.

- Porque yo también fui abusada en mi infancia.

- ¿Qué? – Karla se volvió para verla – ¿qué has dicho?

- Reconozco los síntomas cuando los veo – dijo sentándose una vez más a la orilla de la cama – te sientes culpable ¿no es así? – el rostro de Karla se contrajo en una mueca de dolor y de incomodidad – y te sientes culpable porque llegaste a disfrutarlo en alguna ocasión – afirmó mientras el rubor en las mejillas de Karla aumentaba.

- Tú no sabes…

- Yo lo sé – dijo interrumpiéndola – porque sentí lo mismo que tú y me recriminé lo mismo que tú, la culpa al placer es la peor de todas ¿no es verdad?, te hace sentir tan… confundida, no sabes si quererle u odiarle, porque aunque te da miedo, en alguna ocasión termina por hacerte sentir bien… y eso te llena de dudas – ante sus palabras Karla se abrazo a sí misma.

- Cambiemos de tema – dijo con la voz ahogada.

- No – dijo de forma suave – si toda la vida vas a huir, nunca dejarás de ser la víctima en todas la relaciones que tengas – ¿no estás cansada de ser una víctima? se levantó y se plantó frente a ella, le tomó el rostro con ambas manos y le obligó a que le mirara – si yo deslizó mis manos a través de tu cuerpo será agradable para ti – dijo y descendió sus manos por su cuello, sus hombros y su pecho.

- ¡Aaah! – respingó ligeramente.

- Nuestros cuerpos Karla, están diseñados para sentir, no importa que tipo de caricia sea, puede ser desde un golpe, hasta el roce de un pañuelo de seda; no te traicionaste a ti misma por sentir, no hay culpa en haber sentido, ni culpa en haber accedido, pues ese tipo de hombres te envuelven con palabras dulces, con mimos y cariños, te hacen sentir querida y “especial” porque “juegan” contigo como no lo hacen con los demás, te vuelven cómplice silenciosa de sus actos y te hacen sentir culpable si lo llegas a develar, implicándote que de alguna manera la culpa será sólo tuya; no podemos cambiar el pasado Karla y no podemos evitar el sentir una constante traición a nuestro cuerpo por haber sentido placer; yo lo sentí, tuve varios orgasmos con mi hermano y con uno de mis primos que eran los que solían tocarme.

- ¿Tu hermano? – susurró

- Así es Karla – le tomó de las mejillas y depositó un suave beso en sus labios – por ello resultaba tan duro para mí ir a las reuniones familiares cuando era más joven. Al verlo sentía una especie de rencor combinado con amor que me hacía imposible la estancia en el mismo cuarto que él. Pasé varios años de mi vida con la mente en el pasado, encerrada en la prisión mental del “¿qué hubiera pasado si?” no fue hasta que acepté lo que sentí, no fue hasta que acepté el placer, el dolor, la humillación, la frustración y el coraje que pude salir de ese hoyo en el que tú te encuentras ahora.

- ¿Yo?

- Lo estas, porque sigues culpándote, sigues sintiéndote la víctima de un hecho que ya paso hace mucho tiempo atrás, sigues negando el completo de tu femineidad, cuando eres increíblemente hermosa… así que hasta que no digieras completamente bien los sentimientos que sentiste en tu abuso, no podrás superarlo – le besó en la mejilla – muchas veces nos encerramos en nuestro papel de víctimas, culpándole por todo lo que sentimos, sin aceptar que lo que realmente nos mata es precisamente nuestra propia culpabilidad por haber sentido que somos incapaces de aceptar – le dio la espalda se dirigió a la cama, tomó la bata de dormir y se la arrojo a Karla quien la atrapó en el aire – cuando gustes platicaremos sobre lo ocurrido en tu infancia – miró su reloj y sonrió suavemente – ese café tendrá que ser para otro día, ¿me acompañas a la puerta? – Karla asintió al tiempo que se colocaba la bata - gracias, con respecto a tu novia, es justo que conozca ese tipo de lugares y por ella misma decida si quiere o no adentrarse en el, es una chica muy madura para su edad, demasiado diría yo, así que permítele ser ella misma la que decida qué es lo mejor para ella – no pongas esa cara – sonrió – por cómo me mira cada vez que nos saludamos no creo que esté interesada en conocer a absolutamente nadie más –le guiño un ojo – por lo pronto una vez que me haya ido, te recomiendo que en verdad veas lo afortunada que eres por ser tan hermosa.

****

Román viajaba a Manzanillo a ver a su tío que había sido internado en un hospital a consecuencia de un infarto que había sufrido, no había tenido tiempo de ver a Laura, pues estaba aun sentado en la acera de la calle cuando su celular había timbrado.

- Hola Román Hijo soy tu Tía Irene a tu tío le dio un infarto, gracias a Dios esta vivo, y dice que quiere verte…

- ¿Un Infarto?

- Sí, dice que es importante que vengas por favor, ven lo más pronto posible, ya le avise a tu mamá y de seguro esta por llamarte.

Y así había sucedido le depositó en su tarjeta de Debito dinero para que se fuera de inmediato, no tuvo tiempo de pasar a su casa, ni de ver a Laura, tenía que hablar con ella pero no tenía idea de cómo hacerlo, se preguntaba para que querría verlo su tío, lo odiaba y deseaba que se muriera antes de que llegara, de verdad lo deseaba con toda su alma.

Un nuevo día había llegado, he hice lo que Nadia me dijo, me había mirado una y otra vez, me había admirado y sabía que era una mujer en verdad hermosa, demasiado hermosa y comprendía que en belleza rebasaba a todas las chicas y profesoras de la escuela incluyendo a mi novia. Sin embargo eso no me quitaba el sinsabor de los labios del hecho de que Laura me hubiese cambiado por la pelirroja estúpida que se le atravesó en el camino, eso cimbraba la poca autoestima que estaba intentando fabricarme, toda la mañana y parte de la tarde traté de entender el por qué Laura me había cambiado, sin llegarme a formar una respuesta que me satisficiera. Ese día no había tenido clases con el grupo de Dennis, así que esperé pacientemente a que llegará la hora del receso, Dennis no tardaría en llegar, me sentí ligeramente molesta al imaginar su cara sonriente ante la "sorpresa" que le daría, eso me revolvía el estómago. Caminé a lo largo del laboratorio pasando la punta de mis dedos por sobre las mesas sintiendo la maltratada madera pintada en un viejo y desgastado color negro, miré distraídamente el reloj, eran las 17:05 ella ya debería estar aquí, volví el rostro hacía la puerta justo en el momento en que ella entraba.

- ¿Amor? - su voz llegó tenuemente a mis oídos, como una caricia que activaba dentro de mi un raudal de ternura que en este momento luchaba contra una creciente ansiedad que me amargaba la boca.

- Estoy aquí - le dije notando el tono de mi voz un tanto tenso.

Se acercó hacia mi a pasos lentos, su rostro mantenía su dulce sonrisa, llevaba las manos tras la espalda, al estar frente a mi me depositó un beso en los labios, fue un gesto muy inocente, casi puro, muy diferente a los que solía imprimir en mis labios.

- Dennis - le sonreí mientras le acariciaba el rostro con mis manos, ante el contacto de mi caricia, cerró los ojos y dejo escapar un largo y profundo suspiro.

- Te extrañe - sus grandes ojos mieles me miraron presa de una emoción que no podía ser otra cosa que amor.

- Yo también - le respondí al tiempo que pasaba mi mano atraves de su sedosa cabellera - te ves muy guapa.

- Siempre, ¿no lo habías notado?

- Ya te habías tardado - menée la cabeza en negativo un par de veces. Al ver su rostro en marcado por esa sonrísa, al ser plenamente consciente de su hermosura no pude evitar un súbito malestar ocasionado por los celos al imaginar a todas las chicas con los ojos puestos sobre ella... Sobre MI NOVIA.

- ¿Que tienes? - me preguntó mirándome de forma inquisitiva, has fruñcido el entrecejo de la nada.

- Yo... - le miré fijamente a sus mieles ojos mientras sopesaba la situación, podría decirle que no pasaba nada, cambiar mi estado de ánimo y olvidar la idea de llevarla a un sitio que sin duda alguna sencillamente no valía la pena; sin embargo las palabras de Al no dejaban de darme vuelta en la cabeza, molestandome a un grado impensable.

- No vas a decirme que es lo que te sucede? - me interrogó pasándome la mano por mis mejillas en una cálida caricia.

- Yo... - tomé sus manos entre las mías y le mire seriamente – quiero… quiero llevarte a un antro.

- ¿Qué tú... que quieres llevarme a donde? - su rostro se contrajo en una mueca que paso rápidamente de la incomprensión al disgusto en cuestión de segundos - pero... ¡pero que demonios estas diciendo? - ok su reacción sin duda fue muy diferente a la que yo esperaba - ¡qué es lo que esperas al ir a un sitio como ese? - me preguntó mirándome sumamente molesta - ¡es que acaso quieres ir para ver cuantas tipas se te ofrecen? - ok, definitivamente no me espere jamas una reacción como la que Dennis estaba teniendo - ¡es eso? - su ceño se frunció como nunca antes le había visto - ¡quieres ir para estarte embarrando al bailar con cuánta tipa se te acerqué?

- ¿Qué? - apenas si musité.

- ¡No puedo creer que me estés pidiendo ir a ese tipo de sitios Karla!, ¡es que... ¡mierda! no lo comprendo...

- Dennis... mira yo...

- ¡Es que acaso no te soy suficiente mujer? - me miró con tal molestia y tristeza que me dejo completamente perpleja, por un momento me quede sin habla, estaba sumamente desconcertada - ¿me hace falta algo?, ¿no te satisfago en la cama?, ¡qué es lo que me hace falta que necesitas de ir a un lugar como ese?

En verdad deseaba hablar pero tal parecía que las palabras habían huido de mi boca.

- Jamás pensé que quisieras llevarme a un sitio como ese - me miró con profundo reproche y una tristeza que combinaba dolor y enojo - ok, si quieres ir te advierto que no seré responsable si le rompo la cara a la primera tipeja que empiece a coquetearte ¡quedo claro? - me golpeó con ligera fuerza el hombro y de dio la vuelta, salió a paso airado del laboratorio dejándome completamente sorprendida por su actitud.

Apenas estaba saliendo de mi momentáneo estado de shock cuando la puerta se abrió bruscamente y ella entro de nuevo. Se acercó a mí con el entrecejo bastante fruncido y me sujeto con fuerzas de la ropa, me miro seriamente y me plantó un beso como nunca lo había hecho, con una fuerza, pasión y dominio que me dejaron completamente absorta.

- Nadie va a darte lo que yo te doy – me dijo mirándome sumamente molesta – ni va a amarte, ni a poseerte como lo hago yo, que te quede bien claro – dijo eso último golpeándome el hombro con ligera fuerza – a la primera que te vea haciéndole ojitos a cualquiera de esas estúpidas te juro que te mato – me miró de una forma que en verdad daba miedo y volvió a salir del laboratorio.

Me quede perpleja ante su actitud, no la comprendía en lo absoluto, mi celular timbró un par de veces.

- Bueno

- ¡Hola cuñada!

- ¿Andrea?

- ¿Pues quién más? que tal ¿cómo estas?

- Bien… “eso creo”

- Oye estas libre, quisiera platicar contigo.

- Pues sí, tengo una hora libre.

- Perfecto, estoy a dos patadas de llegar a la escuela jajajajajaja en seguida te caigo.

- De… de acuerdo.

- Nos vemos en un momento – dijo y colgó.

Realmente estaba desconcertada, no sabía que pensar.

****

Iba a verla, me había decidido ver a Karla, estaba decidida a hablar con ella… sólo que no deseaba terminar mi ciclo con ella, deseaba intentarlo de nuevo, volver con ella, en verdad había cambiado, de verdad lo había hecho. La iría a buscar cuando acabaran las clases, para que nadie nos interrumpiera… esperaba y rogaba con toda el alma que ella quisiera estar una vez más conmigo.

Andrea me dejo con la boca abierta, al grado que con su índice elevó mi mandíbula para que cerrara la boca.

- No, cuñada, la verdad que mal, la regaste queriéndola llevar a un sitio como ese.

- No sabía que ya había ido a un sitio de esos.

- Bueno sea como sea no le agrado lo que vio.

- Pero… ¿con quien fue?

- Eso que importa – me dijo encogiéndose de hombros – lo único importante es que termino asqueada de un lugar así, no dejaba de criticar que vio a chicas que iban con sus parejas y terminaban intercambiando números celulares y saliva con diferentes personas.

- Entiendo.

- Mira Karla mi hermana es muy fiel y dado que le has pedido ir a un sitio de eso espero que vayas a compensarla por semejante barbaridad.

- ¿Compensarla?

- Así es, ella tiene deseos de hacer cosas contigo ¿sabes?

- ¿Qué cosas?

- Pues…

Durante la media hora que estuvo hablando, me quede completamente en silencio.

- Y pues bueno – dijo por último – espero que cumplas hasta el más mínimo deseo que ella tenga – sonrió de buena gana – por lo pronto será mejor que arregles ese incidente con ella porque no quiero tenerla de malas en la casa – me palmeó la mejilla un par de veces – ¡aaaahhh! – suspiró no vuelvas a proponerle semejante cosa – nos vemos cuñada, le marcaré a mi hermana para decirle que quieres verla al acabar las clases.

- De… acuerdo – dije sin poder salir aún de mi desconcierto.

Mi última clase terminó y aún dudaba en ir a ver a Karla, con todo y que me lo hubiese pedido mi hermana, terminé de meter mi libreta en la mochila y esperé a que se retirara la mayoría de mis compañeros, al salir del salón quedábamos muy pocos por los pasillos, me dirigí a los baños y de ahí tome la ruta corta a los laboratorios, únicamente iba yo por aquel largo pasillo, al llegar pude ver las luces encendidas del laboratorio de biología, entre y ahí estaba Karla, borrando el pizarrón, cerré la puerta y me dirigí a una de las mesas del laboratorio donde deje mi mochila sobre uno de los bancos.

- Me alegra que hayas venido.

- ¿Para que querías verme?, ¿vas a decirme lo emocionada que estas porque haya aceptado ir a un lugar como esos?

- Por el contrario – dijo sacudiéndose de las manos el gis – quiero agradecerte que no quieras ir a ese tipo de sitios.

- ¿Cómo?

- Creí que deberías de ir… por tu edad… digo… - se acercó a mí y me acaricio la mejilla, pensé que nunca habías ido a uno de esos sitios.

- Yo… “¿qué debía hacer? ¿acaso Andrea le había dicho algo a Karla?, ¿le habría contado que fui con Laura y que ella había sido mi novia?”

- Supongo que debiste ir con una amiga o amigo – dijo y entonces supe que mi hermana no había dicho todo.

- No me gustan esos sitios – le dije ligeramente molesta – pensé que serían diferentes pero no es así y no quiero ir porque mataría a la primera tipeja que se te acercara – le tomé el rostro entre mis manos – no quiero que nadie, que nadie se atreva a mirarte, suficiente tengo con algunas chicas y todos los chicos que te ven con tanto deseo – fruncí la boca.

- No me interesa nadie más que no seas tú – me besó suavemente – sólo tú, me llenas – me besó las mejillas, solo tú y nadie más – la levanté con facilidad y la senté arriba de la mesa, acaricié sus piernas bajo su falda mientras la besaba y ella desabotonaba mi blusa para meter sus manos y acariciar mis pechos.

- Entonces no me lleves a ese sitio – me dijo besándome fugazmente en los labios.

- En vez de eso, te llevaré a un hotel y cumpliré hasta el más mínimo de tus deseos, incluyendo el emborracharte por primera vez conmigo.

- ¿Mi hermana te dijo eso?... será

- Esta bien – me respondió Karla tomándome la barbilla con su mano para mirarle – quiero satisfacerte por completo – me miró tan seductoramente que pensé moriría en ese instante – me besó el cuello mientras hablaba – quiero llenarte de placer hasta que ya no puedas más – me recostó lentamente sobre la mesa, me quitó la corbata y desabotonó mi suéter y parte de mi blusa – mi hambre por ti, parece nunca acabarse – dijo mientras la suavidad de su mano recorría mi piel desnuda.

Era hora… me había arreglado lo mejor posible, quería que ella viera que aún era hermosa, Karla siempre me dijo que adoraba todo de mí, que era la mujer más hermosa para ella; ahora deseaba ofrendarle mi cuerpo, mis pensamientos y mi amor eterno, sólo unos metros me separaban de la puerta del laboratorio de Biología, las luces estaban encendidas eso significaba que Karla estaba ahí, trague saliva e hice mi mayor esfuerzo por controlar mis nervios, la puerta crujió cuando la abrí y entonces todo pareció perder el significado para mí.

- Kar… Karla... – musité al ver al amor de mi vida en brazos de… mi mejor amiga quien me miró con los ojos sumamente abiertos y una ligera lividez en su rostro.

- ¿Lau.. ra? – su voz conteniendo mi nombre me devolvió a la realidad, sentí que el pecho se me oprimía de tal forma que me hacía imposible el respirar, desvié la mirada de esa imagen que nunca se borraría de mi mente y cerré la puerta para caminar tan rápido como mis piernas que sentía hechas de tela me daban fuerza.

- Laura – la voz de Dennis me devolvió a la realidad, me hizo a un lado y de un salto bajo de la mesa corrió hacia la puerta, yo me quede desconcertada, Laura me había visto con Dennis, sus ojos… esos verdes ojos me miraron con tal sorpresa, que me sentí como si hubiera sido sorprendida en pleno acto infiel… su rostro… ese gesto de dolor… Laura… trague saliva y me llevé la mano al pecho, mi corazón latía de una forma desenfrenada y no alcanzaba a comprender por qué…

Me alcanzó en el asta bandera y sujetándome del brazo me jalo obligándome a verla, nos quedamos en silencio por un momento, su blusa aun estaba a medio abrochar y su respiración ligeramente entrecortada, no dijimos nada nuestras miradas estaban puestas la una en la otra…

- Laura… - musitó

- Traidora… - el sonido de la bofetada que le di, pareció atravesar la inmensidad de la noche.