domingo, 21 de octubre de 2012

Capítulo 18 Despedidas 2da parte

Saludos!!!! Mis queridos Fans y Seguidores!!!! Esta madrugada les dejo el capitilo 18 la segunda parte porque la verdad es mucho y un mes no me dio para sacar todo lo que deseaba, pensaba super resumirlo pero no seria lo mismo ¿no? Asi que mejor así porque eso de apresurar las cosas hace que pierda todo lo bello una historia ¿o no? 

Aviso: Antes de continuar les comento que lo que leeran a continuación en la parte que he dedicado al pasado de Román, es algo fuerte, había pensado censurarlo, sin embargo no lo he hecho, porque quizás haya alguna persona que se identifique con lo que él vivió y quizás pueda entender así que los sentimientos que hubiese tenido son por causas naturales, debido a un estímulo fisico; así mismo les pido que cuiden mucho a sus seres amados, sobre todo si son infantes ya que son vulnerables y fácilmente pueden abusar de ellos, Nunca, en verdad, Nunca los dejen Solos, con Nadie, a menos de que en verdad metan la mano al fuego por esa persona, ya que esta demostrado fehacientemente que los abusos y violaciones son provocados principalmente por gente de la misma familia o bien amigos cercanos a las familias. El abuso en los menores de edad deja huellas en el alma y la psique que son dificiles de tratar y olvidar, así que mucho cuidado con sus pequeños y pequeñas. Cuidenlos siempre.
Espero que este capítulo sirva para hacer conciencia de lo mucho que se puede afectar a una persona cuando sufre un abuso sexual y/o violación.

Capítulo 18
Despedidas 2da parte.



Karla sintió un pinchazo en el corazón, la expresión de tristeza de Laura realmente le conmovió, se llevó los dedos índice y medio a los labios… le había besado… había degustado por última vez el dulce néctar de esa boca que ya jamás tocaría; se sentía en cierta forma culpable… de hecho se sabía culpable, pues había delegado en los hombros de una niña de 16 años una relación que no podía ser eterna, tal como ella deseaba, giró lentamente el rostro a un lado y miró la mochila de su novia… su… novia… sonrío de medio lado con un gesto de profunda tristeza, su rostro dibujó una clara mueca de ironía entremezclada con sarcasmo y vergüenza, era como si ese objeto se burlara de ella y le dijera “¿crees que esto es verdad?, ¿a caso crees que mi portadora esta lista para algo tan grande?, ¿en qué mundo de ilusión vives?... ¿qué edad tienes y qué edad tiene ella?, ¿qué has vivido?, ¿y qué le falta por vivir a ella?” apretó la mandíbula con fuerza, le dolían profundamente esas preguntas porque era el filo de la daga de la verdad que se hundía sin contemplaciones en su consciencia, se llevó las manos a la cabeza y meneó en negativo varias veces.

-         Por favor, por favor – susurró – tiene que funcionar, con ella tiene que funcionar, por favor.

Mientras tanto Laura salía de la escuela en un mar de llanto, limpiándose las lagrimas con el envés de la mano, estaba hecho; se había despedido de la mujer que amaba, la entregó prácticamente a los brazos de quien alguna vez hubiera sido su mejor amiga. Sonrió amargamente mientras intentaba por todos los medios cesar su llanto, quizás lo mejor hubiera sido no haber regresado a México nunca; debía de haber aceptado la propuesta que Susan le hiciera antes de su discusión, ser su novia formal y quedarse a vivir con ella y su familia… ¡aaah!... sonrió con amargura… Susan… una más de sus víctimas… apretó la mandíbula con fuerza, ¿es que acaso sólo sabía hacer sufrir a la gente?, se pasó las manos por entre el cabello, cerró con fuerza los ojos y meneó en negativo varias veces.

-         Ya no lo haré, ya no… ya… ya no… ya nunca más… ¡Dios! he aprendido mi lección por favor, por favor… a todas… a todas, las personas que lastimé hazlas felices, por favor, por favor, lo siento… lo siento… en verdad lo siento tanto… tanto… yo… aceptaré el castigo que me mandes… yo… yo… lo lamento tanto… – se mordió el labio inferior hasta hacerlo sangrar, únicamente sus mudos pasos eran testigos de su sincero arrepentimiento y dolor.

Siguió su camino en silencio, intentando en vano detener el llanto que no dejaba de fluir de sus lindos ojos verdes cuyo color se había intensificado por tanto llorar, se detuvo un momento recargándose en el tronco de un árbol, limpió su rostro con la manga de su blusa, se sentía exhausta… agotada hasta decir basta… se sentía realmente afligida.

-         ¿Laura?

-         ¿Eh? – se volvió al escuchar esa familiar voz – ¿Al?

-         Supongo que – dijo mirándola a ella y volviendo el rostro para ver la entrada de la escuela – has hablado con Karla ¿cierto? – Laura asintió un par de veces y de nuevo una ola de dolor le avasalló y se abrazó a la mujer que venía acompañada de su marido.

-         Te dejaré con ella a solas ¿está bien? – le dijo Andrés viendo a la chica que abrazaba con desesperación a su mujer, Al sólo asintió y Andrés se marchó.

-         Está bien Laura, desahógate – le abrazó con ternura – libera todo tu dolor y una vez que tus ojos se hayan quedado sin lágrimas, entonces deberás de levantarte, dar vuelta a esta página en tu vida y seguir adelante – Laura asintió, su garganta se había cerrado debido al llanto, Al, le sostuvo pacientemente, acariciándole suavemente esa sedosa cabellera color de sol; volvió el rostro a la escuela y vio a lo lejos a Karla que salía de la misma, se notaba a leguas que no estaba del todo bien – vámonos Laura – le dijo con tranquilidad, le tomó de los hombros e hizo que le mirara – te llevaré a mi casa y le diré a Andrés que te preparé un té, te sentirás mejor, te lo prometo – Laura no dijo nada se limitó a tomar del brazo a Al y ambas se marcharon sin mirar atrás.

-         Adiós… Laura – susurró Karla en voz apenas casi perceptible, un par de lágrimas escaparon de sus grandes ojos azules, mientras veía alejarse más y más a la chica que consideró alguna vez el amor de su vida.

Dennis por su parte estaba recostada en su cama mirando una fotografía donde aparecían ella y Laura, frunció levemente el entrecejo y se llevó la mano derecha al rostro y meneó en negativo un par de veces. 

-         Si no te hubieras ido a Canadá Laura… ¿qué hubiera pasado si no te hubieras ido a Canadá?, ¿seguiríamos juntas?, ¿Karla y yo hubiéramos estado juntas?, ¿hubieras estado tú con ella y no yo? – se incorporó, pues ese último pensamiento le molestó – ¿te gustaba Karla, Laura? – su ceño se frunció al recordar el día que la enfrentó a la puerta de su casa… el día que Laura había faltado a la escuela y llegó con la chamarra negra de Karla puesta  – ese día… ese día estuviste con ella ¿verdad?... te dije… te dije que ella tenía novio y que nunca se fijaría en una niña como tú… ¡Mientes! – recordó el gritó de Laura que escuchó tras cerrar la puerta al marcharse – mierda – soltó la foto y se llevó las manos a la cabeza – Karla te hablaba bien, platicaba mucho contigo, te sonreía siempre que te encontraba en algún pasillo; si yo no te hubiera desalentado con mis palabras ese día… ¿sería acaso que hubieras sido tú su novia y no yo?... aunque – se llevó la mano a los labios y se mordió ligeramente fuerte el pulgar – aunque…  supongo que quien te gustaba más era yo, ya que fuiste tú la que me pidió ser tu novia y la que me pidió… - sus mejillas se ruborizaron al recordar la vez que Laura le pidió que fuera suya – bueno… - se dejó caer de espaldas de nuevo y se llevó las manos al rostro – supongo que no hubiera pasado nada entre ustedes puesto que a las finales te gustan más las pelirrojas – torció la boca y se llevó las palmas de sus manos tras la nuca – de todas formas no vale la pena pensar en el hubiera, el hubiera no existe, mi presente con Karla es lo único que debe importarme… sólo eso y nada más  – cerró los ojos y dejó que el sueño la venciera.

Román había tardado un día completo para llegar a casa de su tío, durante el trayecto le pretextó a su madre que había tenido problemas con el vehículo y que por eso se había retrasado tanto, la verdad es que esperaba que en ese lapso de tiempo le fuera notificado que el bastardo de su Tío había fallecido… sin embargo esa ansiosa y esperada llamada nunca llegó; en el último tramo de camino manejo muy lentamente, estaba a nada de llegar, era pasada la media noche cuando su tía le recibió con un abrazo, Román notó la leve decoloración en color morado que mostraba el ojo de su tía; era bien sabido en la familia que su tío la golpeaba cada dos por tres “es una inútil, ¿qué más puede hacerse?” decía siempre que salía a colación alguna de sus agresiones para con ella.

-         Pasa hijo ¿tienes hambre?, ¿te preparo algo?

-         No, no gracias tía – le dijo sintiéndose ligeramente irritado, un poco por el cansancio y otro tanto por tener que ver al causante de que su mejor amiga y confidente de la infancia se hubiera tenido que ir para no volver a saber de ella – sino te molesta tía me gustaría dormir, el viaje ha sido largo y estoy cansado.

-         Claro hijo ven sube, puedes usar el cuarto de tu primo él no se encuentra esta de viaje – Román se detuvo antes de subir las escaleras, sintió un poco de lástima por su tía, pues su hijo había muerto desde hacía tres años, sin embargo ella se negaba a creerlo, había sido su único hijo; recordó el shock que ello le causo y los dos años que estuvo internada en el psiquiátrico – gracias tía – le dijo – trataré de no hacer demasiado tiradero.

-         Sí hijo no te preocupes ya ves que Uriel te adora así que no creo que se moleste – dijo mientras subía las escaleras junto con su sobrino - ¿puedes creer que esta tan ocupado que entra y sale de la casa sin tener yo la oportunidad de verle siquiera? Pobrecillo de mi hijo, pero me alegra que este llevando a bien su carrera.

-         Sigue… – Román se pausó un poco pero decidió seguirle la corriente, sea como fuere en la familia habían decidido que así debía ser – ¿sigue estudiando su maestría en Ingeniería metalúrgica?

-         Sí, ya vez que a cada rato salen de viaje y por eso casi no he tenido tiempo de verlo.

-         Entiendo… emmm… sa… salúdalo de mi parte la siguiente vez que lo veas ¿sí?

-         Claro hijo – el rostro de la mujer se iluminó – lo haré, ahora descansa, mañana por la mañana iremos a ver a tu tío – le dijo dejándolo en el umbral de la puerta de  la recámara – dijo el doctor que si no le hubiera llamado a tiempo quizás hubiera muerto, menos mal que me apresuré a entrar, pues escuché que pegaba sendos gritos que hasta la calle se escuchaban, pensé que estaba regañando a Uriel, ya ves que esos dos nunca se han llevado del todo bien.

-         Ya – le contestó Román sintiendo profundamente el hecho de que su tía hubiera salvado la vida de ese asqueroso tipo – entonces me voy a dormir tía.

-         Si hijo – le dijo, lo persignó y le besó la mejilla – tú duerme tranquilo que yo te despierto una hora antes de que nos vayamos.

-         De acuerdo tía, buenas noches.

-         Buenas noches.

Entró al cuarto de su primo, encendió la luz y miró que todo se hallaba en perfecto orden, el pequeño librero atestado de libros de metalurgia, minería, geología y la colección de Piedras y minerales en las repisas de los lados, el pequeño escritorio con la computadora, el closet perfectamente cerrado, la mesita de noche donde descansaba una lámpara  y la cama junto a la única ventana de la habitación, recordaba bien ese lugar, pues fueron varias veces ahí donde su primo le había enseñado a “jugar” con él, se acercó al escritorio donde estaba una foto de su primo junto con un grupo de amigos, no era un chico mal parecido; de hecho tenia un rostro sereno y amigable, tez morena, ojos negros, cabello oscuro y poseía un excelente físico; de hecho era muy parecido a Julián, sólo que Román parecía no darse cuenta de ello. Recordó la primera vez que su primo lo llevó a esa habitación, lo habían dejado encargado con él una tarde de verano en la que todos se fueron a la playa; a su primo le habían obsequiado un nuevo videojuego el cual Román no quería dejar de jugar y siendo que Uriel tenía exámenes extraordinarios que presentar lo dejaron en casa a su cuidado.
Ese día estando a solas Uriel miraba a su joven primo de siete años de edad jugar entretenidamente frente al televisor, Román siempre fue un chico bien parecido y le llamaba grandemente la atención el color verde de esos ojos herencia de su padre, lo mismo que esa suave y sedosa cabellera color oro, la blancura de su piel era de alguna forma tentadora para el chico que le llevaba nueve años de diferencia; desde que se quedaron a solas no podía concentrarse en sus estudios.

-         Oye Román – le dijo su primo – ¿te acuerdas del videojuego que querías que te regalara?

-         Aja – dijo Román sin apartar la vista del televisor.

-         Pues… si quieres te lo regalo

-         ¿En serio? – preguntó Román emocionado mientras pausaba el juego y se volvía rápidamente a ver a su primo con una sonrisa de oreja a oreja que a Uriel se le antojo maravillosa.

-         Sí, en serio, pero lo ocultas bien ¿eh? porque ya ves que tu mamá dice que es muy violento y bueno no quiero que después a mi me regañen por tu culpa.

-         Sí, no diré nada y sólo lo jugaré cuando no este nadie en la casa lo prometo – dijo feliz.

-         Bueno, ven, vamos a mi cuarto para dártelo.

-         ¡Sí! – se levantó de un salto y en menos de dos segundos ya estaba parado a los pies de la escalera que daba al segundo piso – ¡vamos!, ¡vamos! – lo apresuró.

-         Sí, si, ya voy – dijo, se levantó y antes de subir fue a la puerta de entrada y le puso seguro – “si llegan y me preguntan que porque estaba cerrado, les diré que fue porque fui al baño y me dio miedo que mi primo se fuera a salir” – pensó el chico mientras miraba a su primo que lo apresuraba para subir – ya, ya – le dijo mientas le pasaba la mano por entre el cabello.

-         Ya déjame el pelo ¿por qué siempre me lo andas agarrando? – le preguntó Román haciéndose a un lado.

-         Porque no es común ese color.

-         A mi me gusta el tuyo, a mi no dejan de mirarme en la escuela, me choca, tengo a todos encima queriéndome ver los ojos de cerquita, una niña de mi salón me dio un beso en la boca guacala y me dijo que yo era su novio – le platicaba animadamente Román.

-         ¿Y qué la chica no te gusta?

-         No, no me gusta esta fea, pero hay una en el salón de al lado que si me gusta.

-         Ah, sí

-         Aja

-         ¿Y cómo es?

-         Es de mi estatura, tiene tu color de piel y el pelo largo, largo hasta la cintura, siempre tiene una trenza, ella si me gusta.

-         ¿Y por qué te gusta?

-         Porque ella siempre lleva un balón de futbol y me lo presta a la hora del recreo para jugar con mis amigos.

-         Vaya que novia más buena tienes – le dijo abriendo la puerta de su habitación para que pasara su primo.

-         No es mi novia, no le he dicho nada de ser novios.

-         Mejor que no lo hagas – le dijo su primo mientras buscaba entre un cajón de su closet el videojuego – aquí esta – dijo, se volvió a ver a su primo cuyos ojos radiaron de felicidad al ver el videojuego – te lo voy a dar junto con este y este otro – los ojos de Román se abrieron desmesuradamente.

-         ¿En serio?, ¿los tres?

-         Aja, pero antes tienes que jugar conmigo.

-         Sí, ¡vamos! ¿a que vamos a jugar?, ¿es el juego que estoy jugando?, ¿cuántos juegos te tengo que ganar?

-         No, no ese tipo de juego.

-         Ah, ¿no?, ¿entonces? – preguntó Román ligeramente confundido.

-         Vamos a jugar a los novios.

-         ¿A los novios? – preguntó Román con una franca cara de incomprensión.

-         Sí, mira es muy fácil, aaaaah pero eso sí, no debes decirle nada a tu mamá o a tu papá porque si no ya nunca más te regalaré nada ¿de acuerdo?

-         Mmmm de… de acuerdo, pero ¿por qué no debo de contarlo?

-         Porque esto se juega cuando estas más grande.

-         Aaaahhh ¿cómo los videojuegos que me vas a regalar?, ya ves que mi mamá dijo que si podía jugarlos pero tenía que estar más grande, que ahorita no los jugara porque me iba a regañar y a pegar.

-         ¡Exacto! por eso no debes de contarle porque sino a los dos nos van a regañar y a pegar.

-         Ya entendí, pero ¿eso de los novios, cómo se juega?

-         Muy fácil mira súbete a la cama – Román se sentó a la orilla de la misma.

-         ¿Así?

-         Bueno, quítate los tenis y acuéstate como si te fueras a dormir.

-         ¿Así?

-         Ándale así.

-         ¿Y luego?

-         Ahorita te sigo diciendo – le dijo mientras se acercaba a la cama; Román descansó su cabeza bajo sus manos mientras miraba de reojo a su primo acercarse a él.

Uriel se sentó a la orilla  y le metió la mano bajo la playera, sintiendo la tersura de esa joven piel.

-         ¿Qué haces? – preguntó Román – incorporándose un poco confundido y en cierta forma sintiéndose incomodo sin terminar de saber porque.

-         Pues vamos a empezar a jugar ¿o qué? ya no quieres que te regale mis videojuegos.

-         No, sí, si quiero.

-         Pues entonces ya no digas nada y ya no preguntes nada ¿ok?

-         Bueno – dijo confundido Román cuya playera estaba siendo retirada por su primo, quien empezó a besar la blanca piel desnuda.

-         Me haces cosquillas – dijo Román – haciéndolo a un lado con las manos.

-         A ver ya, entonces vas a hacerlo tú – le dijo – se quito el short y sacó de entre sus boxers su miembro erecto – Román al verlo se quedo un momento en shock – métetelo a la boca.

-         Pero…

-         ¿No? entonces no hay videojuegos – le dijo agarrándolos.

-         No, espera, espera – le dijo Román sujetando los videojuegos.

-         Bueno entonces ándale métetelo a la boca.

-         Pero – Román miró vacilante el miembro que su primo sostenía con la mano – es que por ahí se hace pipí.

-         Bueno ya Román, entonces no hay juegos, vístete.

-         No, ya, ya – dijo acercando su pequeño rostro al pene de su primo – lo miró un par de veces tratando de imaginar como debía de hacerlo, primero lo testeó con la lengua y ese pequeño toque incitó en el adolescente el deseo de llegar en esa pequeña boca – sabe a sal – dijo Román limpiándose la lengua con el dorso de la mano.

-         Ummta, a ver espérate aquí – dijo su primo levantándose y  saliendo de la habitación, fue al baño, se quitó los boxers y se lavó rápidamente su erecto miembro, mientras tanto Román tomaba entre sus manos los videojuegos e intentó leer  la descripción de los mismos, su primo volvió en pocos minutos.

-         Uriel, ¿por qué no puedo leer lo que dice?, no le entiendo a estas palabras.

-         Es que es otro idioma por eso no le entiendes – le dijo sentándose a su lado, a ver ya no te va a saber a sal, pero mmmhhh, antes te voy a enseñar a besar.

-         ¿A besar?

-         Sí, así cuando crezcas y seas grande ya vas a saber como besar a tu novia – Román se disponía a replicar pero Uriel no lo permitió, cubrió su boca con la del pequeño, introduciendo su lengua, Román se sentía extrañado, no sabía que hacer, el beso lo sintió muy largo y mientras era besado, su primo le despojo del resto de sus ropas, dejo momentáneamente la boca de su pequeño primo y se saco la playera, ahora los dos estaban completamente desnudos, Uriel volvió a besar la boca de Román y esta vez sus manos recorrieron el pequeño cuerpo de su primo quien sólo miraba de reojo los juegos que ya quería empezar a jugar. Uriel toco los juveniles genitales de Román, los cuales por el contacto entraron en una erección normal – okey – le dijo su primo – te voy a enseñar como quiero que me hagas a mí ¿de acuerdo?, fíjate bien – dijo y Román sólo asintió un par de veces – mientras miraba como su pequeño miembro era engullido por la boca de su primo.

Román volvió de sus recuerdos, chasqueó la lengua, dejó la fotografía de su primo de nueva cuenta en el escritorio y se fue a sentar a la cama. De cierto modo el estar ahí nuevamente le llenaba de una extraña sensación de malestar, vergüenza y coraje combinado con una ligera frustración que no sabía del todo interpretar.

-         ¿Me pregunto que habría sido de mi vida si no hubieras hecho eso conmigo? – susurró Román dejándose caer de espaldas en la cama, cerró los ojos y se llevó las manos a la cara – mierda, aún no sé que sentir con tu muerte, no sé si llorar o reír, no lo sé – se saco los zapatos con los pies y se subió del todo a la cama, el clima estaba cálido así que no tendría la necesidad de meterse debajo de las sábanas, retiró las manos de su rostro y se quitó el pantalón y la camisa los cuales dejo caer a un lado de la cama quedando únicamente en boxers, sacó su pene erecto y comenzó a masturbarse y mientras lo hacia, recordó la vez que su primo lo penetró por primera vez a los doce años, había ido de visita sólo él por una semana, su primo ya tenía 21 años y estaba en los primeros semestres de su carrera, sus padres habían salido de visita con unos familiares y ellos dos se habían quedado a solas, una vez que sus tíos se hubieron ido, nació en Román la urgencia de empezar los juegos que solía tener con su primo, pero a la vez una sensación de aprehensión le avasallaba el pensamiento, seguro de que lo que hacían no era para nada correcto.

-         Sube Román – la voz grave de su primo resonó a través de la escalera – Román dejo el juego que estaba jugando sin siquiera pausarlo, subió veloz las escaleras y entró, su primo estaba aún vestido sentado frente a su escritorio terminando de pasar unos apuntes a una de sus libretas – quítate toda la ropa – le dijo sin mirarlo, Román no dijo nada, se limitó a desnudarse y se sentó a la orilla de la cama tenía una erección y mientras esperaba a que su primo terminara lo que estuviera haciendo presto atención al frasco grande de vaselina que estaba en la mesilla de noche de su primo.

Román volvió la vista al frente justo cuando su primo se levantaba, había fortalecido su cuerpo y presentaba una hermosa musculatura reflejada por la playera pegada a su cuerpo.

-         Hoy lo vamos a hacer sólo un par de veces porque en la mañana tuve una sesión bastante pesada en el gimnasio – le dijo a Román mientras se bajaba el zipper del pantalón y extraía su erecto miembro, lo acercó a la boca de Román quién inmediatamente comenzó su labor, al tiempo que Uriel enterraba sus manos en la sedosa cabellera de su joven primo, Román se había vuelto un experto en esa faena, se tomó su tiempo, pues sabía cómo le gustaba a su primo, Uriel se dejo llevar casi al punto de llegar – espera, espera – le dijo ligeramente jadeante, hoy quiero hacerte algo que no te he hecho antes.

-         ¿Qué es? – preguntó ligeramente intrigado el joven rubio.

-         Ya lo verás, ponte a cuatro patas – le indicó su primo y Román le obedeció. Uriel tomo el frasco de vaselina y se colocó de rodillas tras su joven primo, metió dos de sus dedos dentro del frasco y sacó una buena cantidad de vaselina la untó en el pequeño orificio de forma circular suavemente, provocando en Román una sensación de placer que le excitó – ¿te gusta? – le preguntó mientras poco a poco introducía uno de sus dedos.

-         Sí – respondió Román dejándose llevar por las sensaciones que estaba descubriendo.

-         Bueno, pues ahora lo que te voy a hacer te va a doler un poco pero te va a gustar ya verás – dijo mientras hundía la punta de su pene dentro del frasco de vaselina, al sacarlo estaba rebosante del opaco ungüento, se acomodó,  con su mano sostuvo su miembro erecto y con la otra mano tenía asida la cintura de su primo – respira profundo Román.

-         Sí.

-         Ahora suelta el aire poco a poco y relaja todo tu cuerpo, no te pongas tenso, ponte flojito – le dijo y Román exhaló poco a poco y mientras lo hacía Uriel introdujo lentamente su pene en el pequeño orificio.

-         Du… duele – reculó un poco Román provocando que su primo saliera.

-         No te muevas, a ver otra vez, respira profundo y exhala lentamente y relájate, ya te dije que te va a doler un poco, pero no duele tanto.

-         Esta bien

Una vez más Román hizo como le indicó su primo y esta vez su primo entró de un sólo golpe.

-         ¡Me duele! – casi gritó Román apretando las sábanas.

-         Y te va a doler más si no te relajas, estas todo apretado, suéltate – le dijo su primo.

-         No sé cómo – reprochó Román –  me esta doliendo – dijo apretando las sábanas con la mano.

-         Pues aguántate – le dijo al tiempo que empezaba a mecerse hacia delante y hacia atrás, primero lentamente, tomó con una de sus manos el juvenil miembro de su primo y comenzó a masturbarlo – se hombrecito Román ¿a poco no te gusta que te agarre así?

-         Sí… aaah… sí me gusta pero duele.

-         Ya, mira despacito ¿ves?, ¿así está mejor?

-         Sí – dijo Román, poco a poco el dolor se combinaba con una extraña sensación de placer que nunca antes había sentido, pues si bien era cierto que su primo cesaba todo juego sexual una vez que llegaba al orgasmo, en esta ocasión lo estaba haciendo coparticipe en cuanto a placer se refería – eso es primo – le dijo asiéndose con ambas manos de las caderas de Román, su embiste fue más rápido y más violento – puta no mames Román esto se siente genial – dijo, mientras golpeaba sus caderas con fuerza contra Román quien empezaba a sentir una sensación de placer que no sabía de dónde provenía – ¿verdad que ya no te duele? – preguntó y era algo extraño pues si bien en cierta forma dolía un poco al mismo tiempo sentía una rara sensación  la cual no había experimentado antes pero que estaba de alguna rara manera disfrutando.

-         No – le contestó mientras seguía sintiendo el embiste de su primo una y otra vez hasta que lo sintió tensarse fuertemente y tras breves momentos el agarre que mantenía sobre sus caderas se relajo, Román sabía que Uriel se había venido, su primo se quedo un momento dentro de él, estaba a punto de salirse cuando…

-         Sigue – le pido Román que estaba cerca de llegar por primera vez – sigue – movió sus caderas, dejando a Uriel sorprendido, por lo regular llegaba y todo terminaba, Román nunca le había pedido antes que continuaran nada; como aún mantenía la erección y sabía que no tardaría mucho en perderla, sintió curiosidad por ver el primer orgasmo de su primo, así que volvió a embestir a su primo, al mismo tiempo que con una de sus manos sujetaba su juvenil miembro y le masturbaba, Román estaba perdiendo el sentido de la percepción, su mente se estaba nublando por completo, era la primera vez que sentía algo como eso, se sentía lleno de algo que corría por todo su cuerpo y que a la vez trataba con desesperación de escapar del mismo, movió sus caderas frenéticamente, mientras sentía la fuerte mano de su primo masturbarle, entonces todo su cuerpo se tensó y sintió que aquello que siempre veía emerger del miembro de su primo ahora emergía de él mismo, quedo exhausto, su cuerpo y todo él se estremecía.

Uriel salió de él y miró su mano ligeramente manchada con el lechoso-transparente líquido seminal inmaduro de su primo. Román volvió de sus recuerdos justo en el momento en el que ahogaba la voz y sentía deslizarse por su mano su cálido semen. Era curioso ahora siempre que llegaba, quedaba en él una especie de insatisfacción, que no sabía del todo definir y que le causaba en cierto modo una irritación que lo mantenía molesto la mayor parte del tiempo. Desde hacía varios años, sentía un amor odio por su primo que no terminaba de entender y el hecho de haber llegado en esa habitación le lleno de irritación, abrió el cajón de la mesilla de noche y encontró papel higiénico, se limpió la mano y el pene.

-         Mierda – masculló entre dientes – ¿por qué tenías que morir? La última vez que te vi con vida debí haberte dicho que eras el mayor hijo de puta que ha pisado la tierra – Román no lo percibió pero estaba derramando sendas lagrimas que escocían la piel de sus mejillas, apretó las manos formando puños, se sentía, sucio, envilecido, enfermo; después de haber tenido su primer orgasmo tuvo un periodo durante su adolescencia en el que se masturbaba compulsivamente; cuando su primo lo visitaba en casa y se quedaban a solas era él el que incitaba los juegos sexuales; se dejaba hacer por su primo cualquier cosa – yo me lo busqué – susurró apenas audiblemente – fue culpa mía, todo es mi culpa… yo lo buscaba… yo – un hondo dolor, coraje y frustración se apoderaron de su alma – soy un maldito enfermo – pensó con dolor, pero… si tan sólo Román supiera que no fue su culpa, si tan sólo supiera que tuvo todos los síntomas que se tienen en un abuso infantil, quizás su vida, sus amistades y hasta sus mismas relaciones hubieran sido diferentes; sin embargo la vergüenza de reconocer haber sido participe en el abuso es algo que siempre frena a las víctimas, quienes sienten que de alguna forma no tienen derecho a decir nada pues les juzgaran con un “si lo disfrutaste entonces no fue un abuso”, ¿con que cara entonces pueden hablar libremente?; no obstante el hecho de sentir… no los hace cómplices… porque no lo son, son víctimas que necesitan sanar esas heridas o terminaran por pudrirse y drenar de ellas el sentido de vivir…   – debí haber ido a la playa ese día, debí haber ido, debí haber dicho no, debí salir, debí… debí…  – se recostó de lado abrazando la almohada – mamá – sollozó entre gimoteos – mamá…
****
Camila miraba desde el balcón el despuntar del amanecer, su negro cabello se agitaba ligero con la fría brisa que imperaba esa mañana, el obscuro cielo lentamente se iba aclarando; sintió el cálido abrazo de su prima rodearle por la espalda, Esmeralda recargó su cabeza contra la de ella.

-         Un millón de euros por tus pensamientos – susurró la rubia chica.

-         Un… millón… - susurró apenas audible – aaahh – suspiró ligera – ¿sabes?... – dijo con voz ligeramente ausente – he tenido tantos celos de tu hermana… tantos… celos…

-         Tonta – Esmeralda sonrió de medio lado – no tienes porque tenerlos, he estado enamorada de ti desde hace mucho tiempo.

-         Claro… - sonrío sarcásticamente, con la mirada perdida en el lento proceso del amanecer – por eso te acostaste con la tía esa que no es más que una niña en el cuerpo de una adulta.

-         Karla – se río bajito – sí, tiene un problema enorme; su madurez es sólo una gran mentira… pero quiero que no sientas celos, nunca la amé y la satisfacción que tengo contigo es millones de veces mayor a la que he sentido con mi hermana o la que llegué a sentir con Karla… además… no he estado con absolutamente nadie más… me llenas en todos los aspectos – le abrazó un poco más fuerte.

-         Yo…. – se mordió el labio inferior con ligera fuerza – yo…  - continuó tras una breve pausa – he… sentido tantos celos, que… me he guardado algo desde hace mucho tiempo.

-         ¿Algo?, ¿qué es? – preguntó Esmeralda ligeramente confundida.

-         Yo… sé dónde está el verdadero amor de tu hermana.

Esmeralda abrió los ojos desmesuradamente, soltó a Camila y dio dos pasos atrás, no terminó de dilucidar si el estremecimiento que le corrió por todo el cuerpo fue a causa de la noticia o por la fría brisa que imperaba esa mañana.

-         ¿Sha… Sharon? – musitó suavemente – una corriente de aire frío sacudió suavemente su rubia cabellera, se abrazó a sí misma mientras un escalofrío le recorría el cuerpo por completo, un súbito malestar le inundó, al recordar la desagradable sensación de impotencia que sintió al ver a su hermana destrozada, por la partida de la única persona  que consideraba en verdad Al había amado.

Camila no dijo más, la luz del sol lentamente iluminó las fachadas de los edificios de esta enorme ciudad, se perciba en el ambiente el aroma del invierno y entorno a ellas un halo de incertidumbre que se podía palpar de forma casi inexorable.   

En otro punto de la ciudad Laura abría poco a poco sus hermosos ojos verdes, la luz del sol se colaba lentamente por ventana, el brillo que antaño mostraba su mirada se encontraba perdido, oculto en algún lugar lejano del pasado, su rostro serio no emanaba ningún tipo de emoción, era como si se hubiera quedado vacía de cualquier sentimiento, ladeó la cabeza para ver los rayos de sol deslizarse por entre las rendijas de su cortina, el polvo que danzaba en el aire era perceptible al ser aluzado por las vetas de luz de esa fría mañana, Laura miró danzar las minúsculas partículas de polvo como si se encontrara bajo un hechizo; “a partir de ahora – escuchó nuevamente la voz de Al – tendrás que reencontrarte a ti misma” – fueron las palabras que le dijo al dejarle en la puerta de su casa, después de haberle invitado a tomar el té.
-         No sé – musitó suavemente, tras rememorar esas palabras – sí podré hacerlo… encontrarme una vez más, sintiéndome tan… perdida – susurró casi sin voz, cerró nuevamente los ojos y se ocultó bajo las sábanas, para Laura este era sólo un día más común y corriente, como cualquier otro, sin talle, ni gracia.

En cambio para Dennis el nuevo día que comenzaba… era radiante, el cielo estaba resplandecientemente azul, ni una nube en el cielo opacaba la belleza de ese enorme océano, Dennis miraba el día hermoso, de pie frente a su ventana con una taza de café en los labios, sonreía internamente porque se sentía plena y satisfecha.

-         Quiero verte – musitó – quiero ver esos hermosos ojos y perderme en tu mar, que me baña diariamente con esa calidez, que me hace sentir el corazón en llamas, con un poderoso deseo de convertirme en cenizas entre tus brazos, para resurgir de nuevo como si fuera un ave fénix – sonrió suavemente con la taza en los labios – quiero verte… quiero verte.

Bebió un sorbo de café y miró las aves volar y posarse entre las ramas de los árboles, para ella era un día precioso, algo frío pero en verdad hermoso, dejo la taza en su escritorio y se apresuró a vestirse, deseaba terminar cuanto antes sus deberes en la casa para tener el resto de la mañana libre e irse directo a los brazos de la mujer que amaba.

-         Bien – dijo una vez vestida – veamos que me toca para hoy en el calendario de los quehaceres del hogar – se acercó a la puerta y miró la hoja que estaba pegada con diurex – okey… barrer el patio, lavar el baño y lavar la ropa, jejejejeje hecho – me doy dos horas y media para terminar todo eso, ¡así que a empezar! – dijo con entusiasmo.

Karla por su parte estaba al teléfono con su mejor amigo, su negro cabello descansaba sobre la blanca almohada y mantenía la vista en el blanco de su techo, su rostro se notaba cansado, no había dormido bien.


-         Así que la rubia regresó – dijo Iván que se alistaba para irse con su novio de fin de semana – eso sí que va a ser incómodo.

-         Lo sé – dijo Karla pasándose la mano por entre el cabello.

-         ¿Vas a darle clase?

-         No lo creo, no tengo asignado el grupo al que ella pertenece originalmente.

-         ¿Y qué sientes por esa chica?, ¿aún la amas?

-         Amarla… no lo sé… la besé…

-         Ok, para el carro, para el carro, ósea ¿la besaste?

-         Bueno – se sonrojó – pues sí… y…

-         Huy, huy, huy, hay una regla muy clara a los ex nunca se les besa ¿qué no lo sabías?

-         Bueno… yo…

-         Anyway ¿sentiste algo cuando la besaste?

-         Eso es lo que me tiene confundida Iván, creo que… sentí algo… pero no estoy segura.

-         Vestigios querida, vestigios, obviamente ibas a sentir algo por eso a los ex nunca se les besa, pero no te preocupes aquí la doctora corazón osea yo tengo la solución a tus problemas.

-         ¿Ah, sí? – Karla sonrió de medio lado – ¿y cuál es la solución mí querida doctora corazón? – se rió suavemente.

-         Sencillo reina, mira ahorita que colguemos, ponte a pensar en cómo te sentirías, si dejas a la petulante de tu nueva novia, je, perdona, es que la mocosa engreída no acaba de caerme del todo…

-         Lo sé y descuida que el sentimiento es mutuo – se rió ligera al percibir la indignación en el resoplido de molestia de su amigo.

-         Je, sí querida lo sé, lo sé, pero bueno no me interrumpas, como te decía, tan sólo imagínate tu vida de nuevo con Laura y tu vida sin Dennis, si la sensación de volver a los brazos de la rubiecita te llena de emoción y no sientes tristeza por dejar a la engreidita, entonces ya tienes la respuesta o si te mata la idea de no volver a ver a la sangroncita de tu novia, entonces creo que tú misma podrás darle solución a tu incertidumbre y pues bueno que yo te dejo porque se me hace tardísimo.

-         De acuerdo vete con cuidado.

-         Lo haré cariño, ¡oh! y por cierto, ya si en esas estamos pues prueba a andar con las dos así no tendrás pierde ¿no? jajajajajajajajaja

-         Ja, ja, ja, muy chistosito Iván.

-         Ya, ya era broma, sé muy bien que no eres así, bueno ya nos vemos, un beso.

-         Bye, un beso también.

Dejó el celular a un lado de la cama y cerró sus hermosos ojos.

-         ¿Dejar de ver a Dennis? – un sentimiento de angustioso dolor le hizo llevarse las manos al pecho – no, no podría… no soportaría perderla – el timbre de su celular le hizo tomarlo y contestar - ¿qué paso Iván?, ¿te faltó algún otro consejo, doctora corazón?

-         Pues sí los consejos de tu amigo son tipo doctora corazón, olvídalo, necesitarás ayuda de una profesional, así que venga ábreme que estoy a la puerta de tu casa.

-         ¿Al?

-         ¿Y quién más?

-         Por el momento el número que ha marcado no se encuentra disponible o se encuentra fuera del área de servicio, favor de llamar cuando el mundo se acabe.

-         Chistosa, anda que hace frío.

-         De acuerdo, voy – dijo Karla pasándose la mano por la cara.
****
Román estaba sentado en la sala de espera, en sus manos jugaba el pase con el que entraría a ver a su tío, echó la cabeza hacia atrás y miró fijamente el blanco techo, tenia ganas de salir corriendo, deseaba irse lejos, tan lejos como pudiera., cerró los ojos y suspiró profundamente.



-         Todo saldrá bien – le dijo una mujer que poso una mano sobre la pierna del hermoso chico.

-         Ya – dijo Román sin mirarle, regresó la vista al pase y entonces la voz que anunciaba que podían pasar le provocó una sensación de malestar combinada con náuseas. 

Arrastró casi los pies, en verdad deseaba no tener que mirarle, sin embargo debía poner las cosas en claro con él podía hacer lo que deseara, pero a Laura debía dejarla en paz. Antes de entrar en la habitación marcada con el número 202-C, respiró con profundidad, apretó los puños y girando la perilla de la puerta se introdujo. Su tío estaba semi sentado en la cama, con el rostro vuelto a un lado, la mirada fija en la ventana de su habitación.


-         Has venido muchacho – dijo con voz cansada.

-         ¿Tenía otra opción? – preguntó Román cerrando la puerta tras de si.

-         Sé que me odias muchacho.

-         Razones tengo ¿no es así? – se acercó de malagana a la cama a paso lento.

-         Te quiero muchacho – dijo Emilio sin dejar de mirar el cielo azul que se miraba a través de la ventana.

-         ¿Qué? – preguntó con indignación – dices que me quieres cuando tú…. cuando tú…. – apretó  los puños con fuerza.

-         Eres sangre de mi sangre – dijo Emilio – carne de mi carne, somos familia Román y si crees que he sido rudo contigo ha sido únicamente porque no quiero que se burlen de ti, eso que sientes No es Normal – al escuchar esas palabras Román no pudo evitar recordar lo que había leído en ese folleto que leyó en aquella iglesia y las burlas de los tipos que estaban molestando a los gays y lesbianas que circulaban por las calles de zona rosa  y se sintió avergonzado, tanto que sus mejillas se pintaron en un ligero carmín – se que fui muy rudo y lo siento muchacho, estaba hecho una furia… ¿crees que fue bonito ver a mi sobrino favorito en cuatro patas con un tipo hundido en su trasero? – sonrió con desánimo y Román se avergonzó al punto de desear que la tierra se lo tragase – cuando pase junto a tu cuarto imaginé que estabas con tu Novia, iba a felicitarte ¿sabes? y a decirte que estaba bien, que aprovecharas cualquier momento para cogertela, que te cuidaras de no embarazarla y que buscaras una muchacha que se diera a respetar, que no te diera cama hasta no haberse casado, esas muchacho, esas son las que valen la pena – sonrió con melancolía – que te buscaras una mujer que supiera su lugar en la vida, calladita, en la casa  y obediente como debe de ser – suspiró con desilusión – pensé que estarías con una mujer  ¿y qué es lo que me encuentro? a mi sobrino al que consideraba tras la muerte de mi único hijo como el sucesor de nuestro linaje enredado con un tipete … - un silenció llenó la habitación, Román se sentía avergonzado, sucio, bajo, in merecedor de cualquier cosa – ¿recuerdas cuando iba a tus festivales del día del padre? – preguntó Emilio manteniendo la mirada fija en las nubes que surcaban lentamente el cielo de esa mañana – después de que tu padre les abandonara para irse con el infeliz de Ernesto Yo – dijo con marcado énfasis – hice cuanto pude por estar para ustedes ¿lo recuerdas?, ese chico que te molestaba en primero de secundaria – se volvió lentamente para verlo - ¿recuerdas como le dije a su padre que mantuviera a su hijo a raya o le iba a partir la cara? – Román asintió un par de veces – ¿recuerdas que se me puso al brinco y como me lo agarré a puro pinche chingadazo?, ese puto me desvió el tabique de la nariz ¿te acuerdas? mira – se señalo la nariz – pero no me raje mi’jo, nos partimos la madre bien y bonito, pero ese cabrón acabo en el piso escupiendo los dientes,  ¿y su hijo se volvió a meter contigo?, ¿eh? ¿alguien se metió de nuevo contigo, después de eso?, ¿verdad que no? – Román bajo la mirada y se mordió el labio inferior – eres mi sobrino ¡cabrón!, eras mi orgullo ¡carajo!, por ti me hubiera partido la madre con diez mil cabrones  y ¡mira con lo que me sales, puta madre! – Román trago saliva con dificultad.

-         Lo… siento – dijo con sobrada vergüenza el Rubio chico.

-         Sé que actué de forma muy ojete contigo Román, lo sé, pero carajo a ver dime ¿te gusto lo que te hice?

-         No – dijo el chico con la voz apretada

-         ¿Ya lo ves? – Emilio suspiró con desgano – no eres un puto maricón, ¿te das cuenta? Si te hubiese gustado entonces si estaríamos en problemas – Román le miró con un atisbo de ansiedad por ser exonerado de su pecado.

-         Ven acá pedazo de descarriado – sonrió suavemente su tío como antaño, antes de que su rostro se volviera adusto – Román sintió que no merecía esa sonrisa, se sentía avergonzado de sus acciones – anda sobrino – le dijo palmeando la colchoneta un par de veces – ven acá.

Román se sentó en el borde de la cama, su mente estaba hecha un caos, mantenía un cúmulo de sentimientos que se arremolinaban en su interior, odio, asco, coraje, rabia, frustración, tristeza, vergüenza, cariño, pero por sobre todas estas emociones la que más buscaba llegar a flote era la redención; anhelaba ser perdonado desde lo más profundo de su corazón y que con ese perdón se borrara de él su homosexualidad.

-          Te quiero muchacho -  le dijo sacudiéndole su rubia cabellera, yo sé que en el fondo sólo estas confundido por las mierdas que hizo tu padre, pero recuerda Román – le dijo tomándole de la barbilla – tú no tienes que ser como él – lo miró fijamente – tú no tienes porque hacer las mismas mierdas que tu padre, no mi’jo, no, tú te me vas a componer ¿me escuchaste? – Román asintió, sus ojos se nublaron de lagrimas, que contuvo a base de mucha fuerza de voluntad – el hijo de puta de mi hermanastro se acostó con tu padre, ya sabía que  el hijo de la chingada era un maricón de mierda, a leguas se le notaba al pendejo, el que me sorprendió fue tu padre, se veía tan decentito el imbécil y ve con la que fue a salir; ¿quieres saber porque tu padre nunca más los ha vuelto a ver?

-          No – dijo Román con la voz apretada.

-          Ni modo hijo te lo voy a decir porque la verdad quiero que eso te sirva de ejemplo para que no cometas la misma pendejada – a ver mira – pásame mi celular esta en el cajón de aquella mesilla, ¡ah! y de paso ahí mismo esta una libreta también tráemela.

Román se levantó y aprovechó para limpiarse las lágrimas que traicioneramente abandonaron sus ojos, sacó el celular y se lo dio a su tío, este buscó entre las imágenes aquellas que deseaba enseñarle a su sobrino, mientras lo hacía le dijo a Román

-          No sabes lo afortunados que somos Román, Dios nos hizo hombres, nos hizo ¡reyes! carajo, podemos tener a cuanta vieja se nos antoje, hay tanta nalga buena allá afuera y muchos pendejos – dijo con despreció, lo que provocó en Román un dejo de incomodidad – prefieren meterse la verga de otro cabrón en el hocico, tscchhhssss habiendo tanta vieja para coger ¿o no?  - le preguntó y Román únicamente asintió – a ver Román esto que te voy a enseñar seguro que te va a abrir los ojos cabrón, más te vale que veas bien lo que causa la putería.

-          No quiero verlo – dijo el chico

-          Pues te chingas – le dio el celular al chico y Román lo tomó, miró la fotografía que ahí aparecía, era la de una mujer, de cabello largo, rubio dorado como el sol, tez blanca, llevaba vestido color negro, bolsa de mano negra y zapatillas del mismo color,  iba del brazo de un tipo a traje, a leguas se notaba que la fotografía había sido tomada sin que esa mujer se diera cuenta, al aplicar el zoom, a pesar del rostro maquillado de esa mujer Román reconoció a su padre – tragó saliva y sin poder evitarlo apretó la mandíbula con fuerza, las lagrimas cayeron a raudales mientras apretaba el celular con fuerza – ahora se llama Liliana, el puto se operó, por eso no han vuelto a saber de él – Román seguía con la mirada puesta sobre esa “mujer” no pudo contenerse y vomitó al suelo la poca comida que había ingerido esa mañana – ya muchacho, ya, tranquilo – le dijo Emilio mientras le palmeaba la espalda – tranquilo, vamos a curarte – Román se limpió la boca con el dorso de la mano; Emilio tomó el celular y observó la fotografía – no voy a permitir que te suceda lo mismo que ese idiota, no hijo, tú no y mucho menos tu hermana – Román se giró violentamente para ver a su tío.

-          La…ura – dijo con trémula voz.

-          Sí, hijo, la enfermedad de tú padre la heredó también tu hermana, pero voy a curarla mi’jo, no te preocupes.

-          ¿Pero… cómo? – preguntó Román, sintiendo un nudo en el estómago al imaginar la respuesta.

-          Para empezar, quiero que leas esto – Emilio tomó la libreta entre sus manos y buscó la hoja que deseaba enseñarle a su sobrino – aquí esta – dijo y se la dio – mira por ti mismo lo que tu hermanita ha estado haciendo.

Román tomó la libreta entre sus manos y comenzó a leer.

****

Tener a Al en mi casa era verdaderamente molesto, sus ojos me escrutaban con verdadero interés, realmente me agradaba más cuando mantenía sus ojos ocultos tras la gafas todo el tiempo.

-          Y así que después de todo esto, ¿qué es lo que piensas hacer Karla? – me preguntó mientras dejaba la taza de café sobre la mesilla de centro de mi sala.

-          Eso es algo que no te importa – le contesté llevándome la taza de café a los labios.

-          Así que no tienes ni idea, jajajajajajajaja, ¡vamos! deja de verme con esos ojos, ya te lo dije, soy la mejor psicóloga que ha tenido el mundo, sin duda alguna.

-          Déjame en paz.

-          Vamos Karla, es lógico que no sepas que hacer, tu falta de madurez revela que no eres capaz de tomar una decisión firme y lógica.

-          ¿Firme y lógica dices?

-          Firme y lógica digo – sonrió de medio lado – mira Karla, en verdad que no me burlo de ti, como supongo imaginaras, realmente me interesas como ser humano.

-          ¿Por qué?

-          ¿Tiene que haber siempre porqués?, sencillamente quiero ayudarte a que te liberes de ese montón de complejos que te cargas, quiero liberarte de esas cadenas invisibles que tú misma te has creado, que te ligan a un pasado que no tiene forma de desaparecer y ser reemplazado por otro – suspiró profundamente antes de continuar – Karla… todo lo que has vivido, todo lo que has padecido… mira, no te estoy pidiendo que lo olvides, ni mucho menos que lo minimices como si lo que te paso no hubiera tenido importancia… lo que te estoy pidiendo es que aprendas a vivir con ello, que lo asimiles de una forma positiva…

-          ¿Positiva, dices? – pregunté con indignación.

-          Positiva he dicho Karla y permíteme continuar, al decir positiva no me estoy refiriendo a que digas ¡que bien! me violaron pero ¡hombre! Todo esta bien, no pasa nada, No, Karla, al decir positivo me refiero a que aquello que paso en el pasado no afecte, tu capacidad resolutiva en el presente, porque una cosa te voy a decir Karla y quiero que te quede bien grabada en la cabecita, si dejamos que los traumas del pasado dominen nuestro presente, entonces no vale la pena siquiera el vivir – el pasado se ha quedado atrás, y con ello no minimizo de ninguna manera tu dolor, sufrimiento y angustia por la cual pasaste; porque sé la huella que ese tipo de traumas dejan y no son cosa de juego o de tomarse a la ligera; pero Karla aun cuando son cosas dolorosas y que nos dejan un sabor amargo en la boca, no podemos dejar que nos dominen por completo – ven – me dijo estirando su mano, la tomé y nos levantamos, me giró y quede de frente al espejo de mi sala – ¿a quién estas viendo en el reflejo del espejo?

-          Que pregunta más tonta,

-          Tonta o no, respóndeme ¿a quién estas viendo?

-          A mí misma y a ti

-          Bien, y que de qué edad estás viendo a la Karla que se refleja en el espejo

-          ¿Qué?

-          Responde

-          A una mujer de 26 años

-          Exacto Karla – apretó ligeramente mis hombros – estas viendo a una mujer, a una mujer de 26 años, no a una niña pequeña que no puede defenderse – eres una mujer Karla y es hora de que te sanes, no por Dennis, no por Laura, no por tu ex, no por nadie más que por ti misma ¿entiendes? – el proceso no será fácil, yo lo sé, pero tampoco es imposible.

Me sentí rendida a sus palabras, realmente estaba cansada de sentirme mal, estaba cansada de miarme al espejo, sostener un rato la vista sobre mi reflejo y después tener que volver el rostro a un lado tal y como lo estaba haciendo en estos momentos.

-          De acuerdo – le dije.

-          Bien

Dennis en su casa había terminado sus deberes del hogar, se hallaba bajo la regadera, disfrutando del agua que relajaba cada uno de los músculos de su cuerpo.

-          “En un rato la iré a ver –pensó – quiero verla, abrazarla, acariciarla y decirle que la adoro con toda el alma” – sonrió

Al salir del baño, se vistió, se arregló y salió de la casa con un libro en mano que deseaba regalarle a la mujer de sus sueños “Cazadores de Microbios” del autor Kruif Paul; mientras se dirigía a la casa de Karla decidió irse por el pequeño parque donde estaban los juegos donde solía jugar cuando era una niña, y precisamente al pasar por ahí algo vio que le llamó profundamente la atención…


Tiempo Presente:

El cielo se había obscurecido, grandes nubes negras anunciaban la inminente llegada de la lluvia, Dennis caminaba lentamente por las calles, su mirada perdida en algún punto fijo de su pasado, mientras su mente le llevaba una y otra vez a rememorar los acontecimientos que se habían sucedido en estos últimos meses, volvió el rostro a un lado y al ver donde se encontraba sonrió de forma cansina.

-          No sé cómo he llegado una vez más a este mismo lugar en el que… todo comenzó, si ese día me hubiera ido por la calle de siempre… entonces… entonces… - se sentó en la misma banca, en el mismo lugar en el que lo hizo hace ya varios meses atrás – fue aquí, aquí mismo donde te vi por primera vez…

Dennis cerró los ojos y rememoró el día en que lo vio por primera vez

Tiempo Pasado

Dennis se detuvo al ver a un chico que posaba recargado en el tronco de un árbol mientras una chica vestida en ropa deportiva color negro le tomaba fotografías con una cámara profesional, sin ser consciente de ello, se sentó en una de las bancas  y fingiendo leer el libro, le miró un par de veces discretamente.

-          “Pero que… que chico más atractivo” – pensó al ver la galanura del muchacho, su piel color cobriza de un bronceado casi perfecto, de exquisito rostro triangular, barbilla partida, grandes ojos marrones, pestañas largas negras, cejas pobladas negras, cabello de un negro reluciente con brillos azulosos, pómulos notorios, hombros anchos, su cuerpo dibujaba una perfecta V, el chico se colocó de lado echándose el suéter sobre uno de sus hombros y Dennis apreció el perfecto trasero del chico que embonaba perfectamente dentro del pantalón que usaba, debía tener no más de 18 años, él cambió de pose y entonces sus ojos y los de Dennis se encontraron, el chico le miró serio durante unos breves instantes, para después sonreírle, dejado ver una perfecta y blanca dentadura; Dennis sintió las mejillas pintársele en un profundo color carmín, sintió calor en el rostro y bajo la mirada, se levantó rápidamente y camino deprisa hacia el lado contrario, su corazón latía a mil por hora – mierda ¿qué fue lo que paso? – preguntó suavemente – yo… no – sacudió la cabeza en negativo un par de veces – será mejor que me apresuré a llegar con Karla.

Dennis emprendió la marcha rumbo a casa de su novia, mientras tanto Laura abría la ventana de su habitación, el aire frío de la mañana, le despejó, el suave viento frío danzó entre su rubia cabellera.

-          Hoy – dijo con voz suave – tengo que empezar a olvidarte – cerró los ojos con fuerza mientras la brisa fría le acariciaba el rostro, quería llorar; sin embargo ya no le quedaban lágrimas que derramar.

Dennis llegó a casa de su novia, Al ya se había retirado y Karla le recibió con una hermosa sonrisa.

-          Hola amor – le dijo haciéndose a un lado para que su joven novia pasara.

-          Hola cielo – le respondió Dennis cerrando la puerta y echándose a sus brazos la besó profundamente, Karla la ciñó de la cintura apretándola más contra su cuerpo, se besaron lentamente, profundizando y suavizando el beso, de repente el rostro sonriente del chico llenó la mente de Dennis y esta se apartó de los labios de Karla de forma ligeramente brusca.

-          ¿Pasa algo? – preguntó Karla ligeramente confundida.

-          No, no pasa nada – mintió Dennis – toma – estiró la mano y le entregó el libro – recordé que me dijiste que era uno de tus libros favoritos el cual aún no tienes en tu colección – sonrió y le besó suavemente los labios.

-          Gracias – Karla le sonrió ampliamente dejándole ver su perfecta y blanca dentadura lo que provocó que una vez más el chico volviera a su mente.

-          Me regalas una taza de café – le pidió Dennis intentando dilucidar lo más rápido posible el porqué se le había metido la imagen del chico de esa forma, si apenas lo había visto.

-          Claro amor – Karla le guiño un ojo y se dirigió a la cocina, mientras Dennis se sentaba en la sala.

-          Aprovechando que es sábado ¿quieres que salgamos a algún lugar en especial? – le preguntó Dennis mientras cerraba los ojos y recordaba al chico que recién había visto, en realidad esa era la primera vez que un chico le llamaba la atención a ese grado – “sin duda era un chico bastante atractivo, ¿sería modelo?, ¿las fotografías que la chica le estaba tomando, saldrían en alguna revista en particular?, y si era así ¿en qué tipo de revista publicarían sus fotografías?, ¿en alguna revista para adolescentes?, ¿en…”

-          Así ¿qué, qué opinas, sobre lo que te he dicho?, ¿no hay problema si lo hacemos así?

-          Eh… - Dennis abrió los ojos sólo para darse cuenta que no había escuchado ni una sola palabra de lo que Karla le había dicho – emmm, sí, sí, no hay problema – dijo maldiciéndose así misma por no haberle prestado atención.

-          ¿Estás segura Dennis?

-          Claro “mierda, ¿de qué?, ¡cielos! eso me pasa por estar pensando en tonterías”, no hay ningún problema.

-          Vaya que bien, pensé que pegarías el grito en el cielo en cuanto te lo propusiera.

-          “Dios, ahora si estoy preocupándome” ¿por qué pensaste eso? – preguntó intentando sacar información.

-          Bueno por como reaccionaste la última vez que te lo propuse, pensé que otra vez te llenarías de celos como aquella vez.

-          ¡Aaaah! – exclamó al entender de qué se trataba el asunto – suspiró profundamente, intentando controlar con todas sus fuerzas la ola de celos que le sobrevino en ese momento – claro – dijo apretando la voz.

-          Realmente quiero demostrarte lo que es ir a esos lugares – le dijo Karla mirándola profundamente a los ojos – cuando no tienes ojos para nadie más – le tomó el rostro con ambas manos y la besó profundamente, recostó a Dennis poco a poco sobre el sofá, sus manos recorrieron su juvenil cuerpo.

-          Voy a hacerte mía – le susurró al oído y sonrió suavemente – pero eso será hasta el próximo fin de semana – le dijo levantándose de encima de su novia, se recargó de lleno en el sofá y tomó la taza de café en sus manos.

-          ¡Uuuffff! – Dennis que seguía recostada, se paso la mano por entre el cabello, mientras miraba el blanco techo de la sala de la mujer que amaba – tus besos – dijo – son espectaculares… me preguntó… si también los de ese… - se calló de golpe al ser consciente de lo que iba a decir, un doloroso sentimiento de culpa le avasalló el alma por completo.

-          ¿Cómo? – preguntó Karla mirando de reojo a su novia.

-          Que, que me preguntó si también los de ese próximo fin de semana serán igual de espectaculares – mintió sintiéndose ligeramente ruin.

-          Espero que sí y sobre todo que los sientas – le dijo Karla sonriendo suavemente – porque el alcohol suele tener efectos analgésicos.

-          ¡Oh!  - dijo Dennis sentándose – eso quiere decir que…

-          Aja – Karla le pasó la mano por entre el cabello y Dennis cerró los ojos ante tan dulce caricia – lo he pensado mucho y creo que no habrá problema si te dejo beber, siempre y cuando este yo contigo – le guiño un ojo y le besó frugalmente los labios.

-          ¡Que bien!, eso significa que lo haremos ¿verdad?

-          Así es – Karla le sostuvo la barbilla con la mano y le miró profundamente – cumpliré cada una de tus fantasías – se acercó a ella y en vez de besarle en los labios, le besó la frente suavemente, al separarse de ella, respondió a la pregunta sin palabras de Dennis – será mejor que nos abstengamos de cualquier acto sexual durante esta semana, de esa forma lo disfrutaremos más, ¿estás de acuerdo?

-          Mmmmmh, pues no mucho pero, está bien, será mejor que salgamos ya que la verdad si seguimos aquí terminaré por arrastrarte a la cama – le sonrió – vamos, mmmmh, ya se, vamos al cine ¿te parece bien?

-          Estupenda idea – Karla le guiño – dame cinco minutos y estaré lista.

-          De acuerdo Te espero.

****

Los días siguieron su curso con normalidad, Laura entro de nuevo  a la escuela, en su mismo grupo original, motivo por el cual no vería a Karla, se metió de lleno en sus estudios y raras veces salía de su salón, había adoptado el sentarse en una banca que daba a la ventana con vista a una de las jardineras y a la calle, por las tardes a la hora del receso, miraba de lleno el cielo y se perdía mirando las blancas nubes surcar lentamente el cielo, sus notas eran inmejorables y casi no hablaba con nadie, el Tío tenía seis meses que había dejado la escuela pues había embarazado a su novia y ahora se dedicaba a trabajar, “no cometas la misma tontería Laura” – le dijo un día que se lo topo en la calle.

-          “No me pasará – pensó Laura – no hay ningún chico que me interese” – en ese momento a lo lejos vio a un joven en verdad atractivo que iba acompañado por una chica en traje deportivo color vino que llevaba al cuello una cámara fotográfica.

-          ¿Hay, Dios mío ya viste a ese bombón? – dijo una de sus compañeras a otra.

-          ¡No te pases! – gritó la otra – esta como quiere.

-          ¿Quién?, ¿quién? – preguntó otra acercándose y pegándose literalmente a la ventana – ¡no inventes! Mira que pedazo de hombre más atractivo, esta como el doctor me lo recetó – dijo mirándolo de arriba abajo.

-           Laura lo miró detenidamente – levantó una ceja e hizo un mohín de disgusto con la boca y volvió el rostro a su libreta – “en verdad, no sé que le ven las mujeres a los hombres” – pensó – “la verdad es que a mí nunca me ha gustado ninguno”

Por otro lado, Karla se sentía cómoda no había visto a su exnovia desde que esta había regresado a la escuela, aquella duda que se había formado en su pecho el día que la había besado, se había disipado por completo. Estaba segura de su amor por Dennis a la cual estaba torturando ese día en clase amonestándola cada dos por tres.

-          Señorita Millán – dijo seriamente – el hecho de que termine los ejercicios más rápido que sus demás compañeros no le da derecho a estar haciendo ese molesto ruido con el lápiz, le pido que deje de estar golpeándolo contra la paleta de su silla.

-          Pero será posible que… – le dijo frunciendo el ceño.

-          Medio punto menos en su siguiente examen.

-          ¿Qué?, pero ¿por qué?

-          Muy bien que sea un punto entonces.

-          ¡Qué?

-          Punto y medio menos.

-          Ahmmmm – no dijo más, volvió el rostro a un lado y torció la boca.

-          Pase adelante y resuelva el ejercicio número cuatro.

-          Huy, es el más difícil – dijo una voz al fondo.

-          De seguro que ni ella lo tiene – se escuchó otra voz.

Dennis se levantó, tomó la libreta entre sus manos y se dispuso a pasar al frente no sin antes mirar a su mujer fríamente, Karla le ignoró como solía hacerlo antaño.

-          El tiempo sigue corriendo – dijo mientras terminaba de calificar unas tareas.

Dennis no dijo una palabra se dedicó a resolver el problema.

-          “Toda esta semana te has encargado de hacerme las clases de cuadritos” – pensó – "más te vale que tengas una buena razón para ello."

****

Román estaba en su cuarto, tirado en su cama; había regresado apenas hace dos días, su madre lo había interrogado casi por una hora para saber el estado de su hermano, el cual según el doctor estaría bien, sólo necesitaba descansar y disminuir el estrés así como su consumo de sodio, una dieta, descanso, ejercicio moderado y seguramente en un par de meses estaría como nuevo. Se llevó las manos al rostro mientras recordaba lo último que platico con su tío.

-          Tienes que ser fuerte hijo, esto es por tu bien y por el de tu hermana, no quieres que se burlen de ustedes dos ¿verdad?

-          No – dijo mientras lo acomodaba en su habitación, pues le habían dado de alta.

-          Ahora ya sabes como las malas compañías pueden echar a perder a una niña decente como tu hermana y es tu deber… no, más bien es tu obligación corregirla en su camino.

-          Pero… lo que me pides…

-          Escúchame bien muchacho – le sostuvo de la mano y lo jaló hasta dejarlo de frente a su rostro – esto que te estoy pidiendo es por su bien – el fétido aliento de su tío le revolvió el estómago – ¿entiendes?

-          No, no lo comprendo.

-          A ver, estúpido – le dijo Emilio irritado – ¿a caso quieres que cualquier pendejo se tire a tu hermana?

-          Claro que No – dijo Román – pero… es mi hermana…

-          ¡Pues por eso pendejo!, ¡tú la vas a tratar bien imbécil!; tienes que hacerlo de modo que le agrade.

-          ¿Agradarle? – preguntó con sorna – ¡soy su hermano!, ¡es obvio que nunca podría ser agradable!

-          ¡Carajo Román! – espetó su tío llevándose la mano al pecho – ¡no estoy para discutir contigo! – si no quieres hacerlo tú entonces consíguete a alguien que lo haga, pero no será mi culpa si le pegan un enfermedad u otra cosa ¿entendiste?, esa responsabilidad te la dejo a ti – ¡ahora ya toma tus cosas y lárgate!

Esa misma tarde Román partió de la casa de su tío, su tía lo despidió con lágrimas, lo abrazo múltiples veces y le pidió que le visitara más seguido. Durante su trayecto de regreso tuvo que detenerse varias veces, pues el asco que sentía le obligó a devolver el estómago varias veces. Volvió de sus recuerdos y se levantó de golpe, sintió una arcada de nauseas inundarle por completo.

-          Que asco, ¿cómo puede pedirme algo así?, ¡Dios!, ¿qué voy a hacer?, ¿qué voy a hacer?

Dennis cerró de un portazo el laboratorio de Química y caminó directamente hasta el escritorio donde se encontraba sentada Karla quien mantenía una picara sonrisa en los labios.

-          Será que no sabe cerrar correctamente una puerta señorita Millán.

-          Suficiente del Señorita Millán – dijo Dennis acercándose hasta ella.

-          De acuerdo – Karla se quitó sus lentes y…

-          Espera, ¿desde cuándo usas lentes?

-          Desde hace años

-          ¿Por qué nunca te los he visto puestos?

-          Porque debería de usarlos pero luego se me olvida y recuerdo que tengo que utilizarlos cuando me vienen los dolores de cabeza justo como el que hace rato me dio.

-          Ok, póntelos una vez más

-          Así

-          ¡Oh Dios! – exclamo Dennis al verla – te ves hermosa, que digo hermosa, te ves divina, ¡preciosa! Dime que podemos ce… - Karla tapo la boca de Dennis y levantando una ceja sonrió de medio lado – ¿tan ansiosas estamos? – le miró profundamente, tanto que Dennis se ruborizó al instante y únicamente asintió con la cabeza.

-          Tendrás que esperar hasta mañana – le destapó la boca y le acarició los labios con el índice.

-          Pero – suspiró con desgano – ha sido una semana en la que ni siquiera nos hemos besado – se mordió el labio inferior suavemente – tengo demasiadas ganas.

-          Yo también amor mío, pero te prometo que mañana te haré el amor hasta el amanecer.

-          ¡Dios! No me digas eso que me excitas y con eso de que ni un beso me das, tacaña.

-          Jajajajajaja ¿desde cuándo a no querer besar se le llama tacañería?

-          ¡Oh!, no lo sé, en la literatura del manga japonés lo usan mucho, simplemente quise usarlo – le guiño un ojo.

-          ¿Sigues encantada con el anime?

-          Bastante.

-          Quizás tu puedas decirme de que va todo eso de Kiria y Suzuki.

-          ¿Oh, vamos así que tu también ves esa serie?

-          No, pero atrás de este examen que estoy calificando vienen sus nombres encerrados en un corazón ¿ves?

-          Vaya, así que todavía hay seguidores de esa pareja.

-          Quieres decir que hay más

-          Bueno sí, primero la pareja principal era Kiria y Suzuki, pero después entró otra chica que…

-          Karla – la voz de Adriana hizo a Dennis volver el rostro a la puerta.

-          Hola Dennis – le sonrió

-          Hola profesora.

-          Karla tienes unos minutos me gustaría hablar contigo.

-          Por supuesto, si me disculpas Dennis, después me seguirás dando clases de Anime.

-          Eh, oh, sí, claro…

Karla salió del laboratorio dejando a solas a Dennis, esta tomo entonces el saco que colgaba en el respaldo de la silla y lo llevo a su nariz.

-          El mismo aroma de aquella vez – dijo cerrando los ojos – hueles tan bien.

-          Dennis…

-          ¡Eh! – exclamó la chica al reconocer esa voz.

-          Laura.

-          Perdona como vi salir a Karla pensé que ya no habría nadie aquí, ¿qué estabas haciendo?

-          Na, nada – dijo con las mejillas ligeramente tintas en carmín.

-          Tiene un aroma que no se puede definir con palabras ¿verdad?

-          Sí – le respondió dejando el saco una vez más en el respaldo, en ese momento se giró violentamente a ver a la rubia chica – ¿cómo, cómo sabes eso? – le preguntó con un dejo de exaltación.

-          Ah bueno – dijo Laura, dejando su mochila sobre una de las mesas, maldijo por un instante su pequeña indiscreción, ahora estaba segura que tendría que sacar a la luz ese secreto el cual se juro no revelar jamás – pues…

-          ¿Lo dices por la chamarra que te prestó aquella vez? – preguntó Dennis cuya mente indago todos los posibles escenarios para que ella supiera algo así.

-          Así es – respondió la rubia chica sintiendo como el alma regresaba a su cuerpo.

-          “Lo siento Laura… ella… Karla… Karla te gustaba ¿verdad?... yo… lo supe el día que llegaste con su chamarra puesta ¿lo recuerdas?, estaba tan celosa… porque siempre creí que no tendrías ojos para nadie más que no fuera yo… te veías radiante esa vez ¿sabes?... y sentí tantos celos que te dije que ella nunca se fijaría en una niña como tú, que ella tenía novio… y corte tus esperanzas… a veces… sólo a veces me he preguntado en secreto cómo hubieran sido las cosas si ella y tú hubieran estado juntas, tal como yo lo estoy ahora con ella”
-          Deberías irte a tu salón Dennis – dijo Laura sin mirarla – faltan sólo quince minutos para que inicien las clases.

Dennis caminó hasta ella y le abrazó dejando a Laura ligeramente confusa.

-          De…nnis…

-          Laura… – el rostro de Dennis se compungió en dolor  y le abrazó – lo siento Laura, lo siento en verdad.
-          “Yo también” – pensó Laura – “lamento tanto no haberte rechazado cuando tuve la oportunidad” – apretó su agarre sobre la espalad de su mejor amiga – “lamento tanto haberme dejado llevar por todo lo nuevo que fui descubriendo”“lamento tanto haberla entregado en tus manos… quisiera desaparecerte de la faz de la tierra y que contigo se esfumase el amor que hiciste nacer en ella…¡mierda Dennis yo… yo… te… te… ¡TE ODIO DENNIS! y ¡ME ODIO A MI MISMA!” – le sujetó con fuerza mientras un par de lagrimas escapaban de sus ojos, tras un breve instante la apartó con ligera fuerza de su abrazo – ahora vete ¿quieres?

-          Sí, yo… me, me voy…

Laura se quedo a solas en el inmenso laboratorio, miró las cosas de Karla y decidió salir pues no quería encontrarse con ella.

****

Por fin llegó el esperado fin de semana que Dennis esperaba con ansiedad, su hermana le ayudo a maquillarse y le gano un par de años a su edad, se vistió con un vestido entallado color gris que le sentaba de maravilla, las zapatillas se las había comprado su hermana y le quedaban perfectamente bien con el corte del vestido.

-          Te ves hermosa, hermanita.

-          ¿En verdad?

-          En verdad

-          ¡Que bien! – sonrió ampliamente – en serio el maquillaje te hace ver más grande ¿verdad?

-          Sí, sin duda.

-          Crees que podré entrar al antro.

-          No creo que tengas problemas, el amigo de Karla es amigo del encargado ¿no es así?

-          Pues sí.

-          Bueno entonces no creo que haya ningún problema.

-          Quiero que te diviertas mucho ¿de acuerdo?

-          De acuerdo.

Karla paso por Dennis a eso de las ocho de la noche, le invitó a cenar pues no deseaba que tuviera el estómago vacío si es que iban a beber.

-          Te ves muy guapa – le dijo Dennis tras pedir el postre – los pantalones entallados te sientan de maravilla y esa blusa es nueva ¿verdad?

-          Sí, la compré hace un par de días.

-          Se te ve muy bien sobre todo el escote, es tipo V y además tienes descubierta la espalda también – Dennis posó su mirada en la parte que quedaba al descubierto de sus pechos, recuerda usarla únicamente cuando salgas conmigo.

-          Lo haré – sonrió y entonces Dennis le miró atentamente.

-          Eres tan hermosa Karla – las mejillas de Dennis se tornaron ligeramente carmines.

-          ¿En verdad lo soy?

-          En verdad lo eres – dijo mirándole fijamente – no sé cómo es que he podido tener la suerte de tenerte como novia.

-          Sin duda fue porque tienes mucha suerte – sonrió ante la cara de Dennis.

-          Claro, pero déjame decirte señorita sexy que también has tenido la suerte de tenerme a mí.

-          Lo sé y eso no te lo discuto – sonrió suavemente.

Después de cenar, fueron directamente al antro, Iván les esperaba, al ver a Karla le sonrió y se apresuró a alcanzarle.

-          Hola hermosura – le dijo besándole en la mejilla – hasta que se me hizo verte – le dijo socarronamente.

-          Hola hermoso, ¿cómo estas?

-          Nunca tan bien como tú pero ahí la llevamos.

-          ¿Tu novio no vino?

-          No, se quedo en casa viendo un partido, el hombre es tan macho, mana, en serio que con él me siento como la señora del hogar.

-          ¿En serio?

-          Sí, pero así como es lo adoro.

-          Que tal Iván – dijo Dennis de mala gana

-          Que tal – le respondió Iván, a leguas se notaba su mutuo sentir.

-          Bueno ustedes dos – dijo Karla será mejor que se comporten.

-          Hecho – dijeron al unisonó.

Entraron y Dennis se quedo sorprendida al ver la diferencia entre una tardeada y un antro como tal, las mesas estaban semi llenas con botellas aquí y por allá, el aire enrarecido por el humo de los cigarrillos que fumaba la gente; sin duda había una gran diferencia entre las personas que había ahí y las que vio en la tardeada a la que fuera aquella vez con Laura. En ese lugar había de todo desde gente joven de 18 hasta personas que se notaban rayaban ya los cincuentas, muchas mujeres posaron sus ojos en el trío que acababa de entrar, tanto en Karla, como en Dennis, esta se sintió ligeramente incómoda pues a comparación de la tardeada donde había pasado inadvertida aquí sin duda no era igual. Karla la sujetó del talle y Dennis se sintió segura.

-          Nos he reservado una mesa – dijo Iván ligeramente alto pues la música inundaba el lugar.

Llegaron a la mesa y se sentaron, un mesero se acercó a ellos e Iván pidió una botella, Dennis miró todo en derredor, la atmosfera se sentía diferente, no falto la primera mujer que se acercó a ellos.

-          Hola guapas, me llamó Mariana ¿puedo sentarme con ustedes?

-          No, lo siento – dijo Karla – es una reunión privada la que tenemos.

-          Huy, pues que mala suerte – dijo la mujer – bueno si cambian de opinión estaré por ahí.

-          No cambiaremos de opinión – dijo entre dientes Dennis.

La joven mujer se retiro y con ello las demás se dieron una idea de que no sería sencillo acercarse a ese par de mujeres que en verdad eran un par de bellezas. El mesero se acercó y les dejo la botella junto con hielos y refrescos.

-          Pues bien chica – dijo Iván es hora de tu primera borrachera – le guiño un ojo – voy a prepararte un trago, tómatelo despacio o de otra forma se te subirá muy rápido ¿ok?

-          De acuerdo – dijo Dennis – la música se escuchaba por todo el antro, varias parejas bailaban en la pista, Karla dejo vagar la mirada por todo el lugar, recordó entonces su juventud, realmente sacó a conclusión que no importaba cuanto tiempo pasara siempre serían el mismo tipo de lugares.

Dennis le dio un par de tragos a su bebida y notó que el sabor era ligeramente fuerte, hizo un ligero mohín.

-          Bueno, esto de la bebida no es la gran cosa ¿verdad? – dijo mientras miraba a Karla quien le daba un trago a su bebida.

-          No, no lo es – dijo Iván – tomar con moderación es algo que casi nadie sabe hacer.

-          ¿Por qué? – preguntó Dennis.

-          Porque una vez que se te adormece la parte consciente del cerebro tu inconsciente se libera y haces cosas que regularmente no harías estando en estado de sobriedad.

-          Así es – dijo Iván bebiendo un trago de su bebida – es por eso que existen los osos, osea, los desmanes que hacen las personas, como por ejemplo – dijo mirando todo alrededor – ¡ah!, mira, ahí, ¿ves a esa chica?

Dennis y Karla volvieron el rostro para mirar a una chica que no debía tener más de veinte años beber directamente una botella de brandy, dejó la botella en la mesa y se volvió a un lado para besar a un chico, después se volvió del otro lado y besó a una chica, mientras otras dos chicas que estaban sentadas en la misma mesa le tomaban fotos y se reían entre ellas.

-          Mañana dijo – Iván – te aseguro que se querrá morir cuando vea esas fotos seguramente subidas en el muro de alguna de sus “amigas” – dijo haciendo comillas con sus manos mientras veía como el chico le levantaba la blusa dejando ver parte de sus pechos – sí definitivamente será todo un oso.

-          Ese es el problema de la juventud – dijo Karla – pasándole el brazo por los hombros a su novia – como la bebida es novedad, fumar y demás, pues a veces, por no decir siempre, abusan de ello.

-          Empiezo a sentirme culpable.

-          No te sientas así – le dijo Karla al oído – me alegra que tengas la confianza para contarme lo que deseas y me alegra ser yo quien este aquí para cuidarte una vez que el alcohol se te haya subido, además bien dice el dicho, nadie experimenta en cabeza ajena – se rio bajito – así que sabrás que es una borrachera y la consecuente resaca de la misma, le besó en la mejilla.

Dennis se recargó en ella, se sentía feliz de poder hacer y decir cualquier cosa con ella, levantó el rostro y por primera vez, después de una semana pudo al fin besarle, se entretuvo un buen rato en su boca, degustando el sabor de esos labios, mordiéndolos suavemente. Al terminar de besarse, se miraron intensamente, muchas de las mujeres y uno que otro hombre miraron con envidia a la singular pareja de bellezas que esa noche destacaba por entre todas las demás, entre trago y trago, iban despidiendo a las personas que se acercaban a su mesa a tratar de entablar conversación. Después de un buen rato Dennis iba ya por su tercera copa, el alcohol ya se le había subido lo suficiente como para aceptar bailar con Karla.

Karla la guió a la pista y empezó a bailar con ella, los movimientos de su cuerpo eran perfectos, Karla se movía con ritmo y una sensualidad inusitada, pegaba su cuerpo en ella guiándola en todos los movimientos; era una delicia verla bailar, varias miradas se posaron en ella y en sus espléndidos movimientos, Dennis empezaba a sentir el efecto intoxicante del alcohol, su cuerpo se hallaba más relajado, se sentía ligeramente más eufórica y una sensación de poder hacer cualquier cosa le lleno por entero, se soltó más y dejo que su cuerpo sintiera la música, aunque en comparación con Karla los movimientos de la chica no llevaban un ritmo tan marcado como el de la alta chica que sonrió al ver a su novia tan desinhibida.

****

La madre de Laura se despedía de sus hijos, tendría un seminario que duraría 15 días, no era la primera vez que tenía que irse, Alejandro el mayor era el que siempre se quedaba a cargo cuando ella no estaba.

-          Los dos quiero que obedezcan bien a su hermano, ¿entendieron?, no porque ya casi se sientan adultos van a desobedecerlo ¿quedo claro?

-          Si mamá – dijo Román dejando un libro de química a un lado.

-          No hay problema por mi – dijo Laura cambiando el canal del televisor.

-          Siéntate bien Laura, cierra las piernas ¿qué te sientes hombre o qué? – le dijo molesto Román.

-          Mamá Román me está fastidiando.

-          Román tiene razón, siéntate bien hija o de plano acuéstate en el sofá porque esas fachas como estas sentadas, créeme no te ves bien.

-          Pero estoy cómoda.

-          Cómoda o no, debes de sentarte bien.

-          Pero así se sientan ellos y ni quien les diga nada.

-          Obedece a mi mamá ¿quieres? – dijo Román molesto.

-          Déjala en paz Román – le dijo Alejandro – ella tiene derecho a sentarse como quiera, así que ya déjala en paz.

-          Pero

-          Pero nada Román, bueno mamá, vámonos ya que tenemos que estar una hora y media antes de que salga tu vuelo.

-          De acuerdo – dijo, los chicos la despidieron en la puerta.

La madre de Román subió al auto y Alejandro se quedo un momento con sus hermanos.

-          Después de dejar a mi mamá en el aeropuerto me voy a ir a casa de mi novia, me voy a quedar allá los quince días que mi mamá no este, confío en que estarán bien por su cuenta ¿verdad?

-           ¡Por Dios! Alejandro ella ya tiene 17 y yo 21 creo que es suficiente edad para quedarnos solos en casa ¿no?

-          Pues no estoy seguro – dijo agarrándose la nuca, pero espero que no hagan desmanes mientras no estamos.

-          Mientras este energúmeno no me moleste – dijo Laura mirando molesta a su hermano -  todo estará bien.

Román, torció la boca y frunció el entrecejo, en verdad se notaba irritado.

-          Bueno ya contrólense.

-          Nos vemos.

Alejandro se fue junto con su mamá dejando a los chicos solos, Laura volvió a ver televisión y Román siguió con su libro de química, tras una hora Laura seguía acomodada en la misma forma irritante y Román cerró con fuerza el libro.

-          ¡Bueno ya me tienes harto!

-          ¿Qué te pasa?

-          ¡Qué sucede contigo? – le gritó Román – ¡tanto te afecto haberte acostado con la puta de Dennis que te sientes hombre?

-          ¿Q-ué?  - Laura quedo inmóvil

-          ¡Crees que no lo sé?

-          Yo... yo… yo puedo… puedo – dijo levantándose de golpe, sintió como la sangre se le iba al suelo, su rostro lívido miraba con terror a su hermano.

-          ¡Tú no puedes NADA! – la sujetó del brazo y le propinó una bofetada que le hizo volver el rostro a un lado, la zarandeo un par de veces sujetándola de los hombros – ¡eres una MALDITA LESBIANA! ¡Me avergüenzas! – dijo temblando de ira.

-          Lo siento, lo siento – dijo Laura muerta de miedo – por favor, por favor…

Román la arrastró escaleras arriba mientras Laura intentaba soltarse de sus manos, gimoteando y llorando, pidiéndole que no la lastimara.

-          Por favor Román… - lloró cuando fue aventada dentro de su recámara – se incorporo hasta sentarse, su labio sangraba y casi quiso morir al ver a Román sacarse la camisa – ¿que… qué vas a…?

Román no dijo nada le miró con una expresión que Laura jamás había visto. Los ojos de Laura se abrieron desmesuradamente y una sensación de terror puro le inundo por complero a un grado demencial... La puerta... se cerró y entonces… un grito ahogado por esa mano le llevó a conocer las puertas del mismo infierno...