jueves, 10 de noviembre de 2011

Amor en Preparatoria capítulo 16 Aviso de Tormenta

Hola a Todas y Todos mis seguidores, Sip, ni que lo digan me he tardado y en exceso pero comprenderan que la verdad sí, he estado bastante atareada tanto con cosas personales como profesionales. Mil Disculpas por la espera, pero aquí tienen el capítulo 16!!!!!! Espero que les guste!!!!!!

Con Dedicatoría especial a Todas y Todos mis seguidores que han tenido la paciencia de esperar para seguir leyendo mis historias Gracias!!!!!

Y Por cierto los invito a unirse a mi Facebook es Sheila Segovia Silva, me encantará tenerlos ahí conmigo y si gustan pueden seguirme por Twiter @sheilasegovia05

Y Pues a Leer se ha dicho!!!!!!! Espero que les guste!!!!!!!!!!!!



Capítulo 16

Aviso de Tormenta

Estaba en clase de matemáticas sin embargo no podía prestar atención a lo que el profesor explicaba porque simplemente no podía dejar de pensar en lo que Karla me dijo “Te lo contaré todo”… sentía muchísima curiosidad por saber a qué se refería con Todo, pero a la vez me agobiaba una incertidumbre del tamaño del cielo, ¿realmente quería saber algo que probablemente terminaría por lastimarme?... – suspiré para mis adentros mientras daba la vuelta a la hoja de mi libreta – ¿qué debería hacer?... una cosa la tenía por segura… yo no era la primera persona en la vida de Karla… era lógico pensar que seguramente ella ya había estado con alguien más a parte de mí – sentí el pinchazo de los celos recorrerme por entero con una furia avasalladora, sentí que un fuego devastador me abrasaba por completo – Mierda – mascullé entre dientes mientras trataba de controlar mi enojo; no… no… no quería saber nada, absolutamente nada de su pasado, me negaba a aceptar que hubiera habido alguien más en su vida antes de mí, no quería aceptar que ella alguna vez se hubiera enamorado de alguien más que no fuera yo. Una cosa era segura yo jamás le hablaría de Laura… me sentía feliz ahora en su ausencia y estaba más que dispuesta a ser solo su amiga si es que decidía algún día volver; ahora mi vida, mi amor, mis pensamientos y el entero de mi corazón le pertenecían a Karla, a ella y solo a ella. Sí, iba a hablar con Karla y le diría que no me importaba su pasado, le diría que no quería saber porque se comportaba de esa forma conmigo, le diría que no me importaba si con su actitud me llegaba a lastimar, que lo único que quería era que tuviera por seguro que yo jamás, nunca de los nuncas la engañaría con absolutamente nadie, porque para mí ella era sencillamente la mujer más increíblemente perfecta del mundo y no necesitaba de nada ni de nadie más que estar con ella para ser feliz. Sí, no quería saber quién había estado en su pasado, porque eso se había quedado en el ayer, hoy… yo era su presente, yo era su novia, hoy yo era suya y ella era mía y esa realidad nada, ni nadie podría negarla. Ella tuvo un pasado como yo lo tuve pero no quería saber el suyo, ni quería que ella supiera el mío, no quería verme interrogada por ella por como sentí por Laura, ni quería decirle lo mucho que en su momento me dolió su traición porque con ello Karla sabría cuánto amé a Laura y… yo no quería que me confesara su dolor por algún amor que le hubiese roto el corazón, porque no deseaba saber en absoluto lo mucho que ella pudiera haber amado a alguien más.

****

Iba a confesarle a Dennis todo lo de mi pasado, de una u otra forma ella merecía saber la verdad, ella merecía saber la relación que sufrí con Nancy, necesitaba confesarle mi relación con Laura… con… su mejor amiga… me pregunto ¿cuál será su reacción al saber que estuve involucrada sentimentalmente con Laura? – deje momentáneamente de escribir en el pizarrón, ese pensamiento me turbo…

- ¿Sucede algo profesora? – me preguntó uno de mis alumnos.

- No, nada – respondí mientras retomaba la escritura sobre el pizarrón – ¿qué iba a decirle a Dennis?, ¿qué fui novia de Laura?, de seguro me haría un montón de preguntas que… no deseaba responder… sin embargo tendría que hacerlo, debía de alguna manera explicarle mi comportamiento para con ella, ese arrebato de… celos que… ¡mierda!, ¿por qué actué de esa manera con ella? … ¿acaso no me ha demostrado que es una persona completamente diferente a Laura, a Nancy?, yo… no debería de ser así con ella, en verdad que no debería de ser así con ella; tenía que concentrarme de nuevo en la clase ya habría tiempo de pensar en cómo le explicaría a Dennis mi… ex relación con Laura – muy bien chicos vamos a hablar de la fotosíntesis, la fotosíntesis es un proceso muy importante ya que a través de ella…

Me metí de lleno en la clase, por el momento tenía que ahogar los nervios, estaba segura que el tema de Nancy sería sencillo de explicar pero ¿y el tema de Laura?, estaba segura que Dennis no iba a tomar a bien la relación que tuve con su mejor amiga…

La clase de matemáticas terminó y con ello la hora de la confesión de mi novia se hacía cada vez más palpable; sin embargo ya había tomado una decisión, guarde mi cuaderno y mi libro, me eché la mochila al hombro y me despedí de mis compañeros, crucé la explanada de la escuela en dirección de los laboratorios, caminé despacio, en verdad quería verla, pero… no quería saber nada de su pasado, lo único que deseaba era que ella y yo nos hiciéramos una promesa de amor eterno y que nos olvidáramos de todo cuanto pudiera representar el pasado, deseaba tan solo vivir un hermoso presente y un bello futuro con ella.

El último de mis alumnos salió del laboratorio cerrando la puerta tras de sí, me relajé de lleno en la silla y eché la cabeza hacia atrás, me pasé la mano a través del cabello… en ese momento de silencio medité con mayor profundidad el hecho de que Dennis y Laura no terminaran juntas, digo, sea como sea siempre fueron las mejores amigas según me platicó Laura; aunque ahora me pregunto ¿por qué Dennis no me platicará casi nada sobre Laura? quizás para Laura, Dennis efectivamente era su mejor amiga, pero quizás para Dennis no lo fue de igual forma. En cualquiera de los casos me pregunto ¿por qué Laura escogió a Giselle como… amante…? - la boca me supo ligeramente amarga al recordar a la estúpida pelirroja – si Laura hubiera tenido buen gusto hubiera elegido a Dennis, ella sí que en verdad valía la pena, pero… ¿haber escogido a esa imbécil? – suspiré profundamente, me llevé la mano a la frente cubriendo parte de mis ojos también. Escuché la puerta abrirse, sus pasos acercándose lentamente hacia mí.

- Karla – mi nombre resonó suavemente en mis oídos.

- Dennis – dije apenas en un susurro, retiré la mano de mi frente, ladeé ligeramente la cabeza a un lado y nos miramos fijamente, ninguna de las dos dijimos ni una palabra.

Karla y yo caminamos en silencio por las calles, el cielo estaba nublado y una ligera brizna de lluvia me mantenía con la cabeza fija en la realidad, era extraño no podía verla a la cara, no sé por qué razón ni motivo mantenía yo la vista al frente, ninguna de las dos habíamos dicho ni una sola palabra desde que salimos de los laboratorios… no sabía que pensar acerca de nuestra relación… pero para empezar ¿qué era una relación?, si me ponía a pensar en ello sacaba a conclusión que yo no lo sabía… cuando anduve de novia con Armando solíamos besarnos, abrazarnos y platicar de cosas demasiado tontas cosas como por ejemplo que tipo de música nos gustaba, que tipo de ropa nunca en la vida usaríamos, nos quejábamos de nuestros respectivas familias, en fin, cosas sin demasiada importancia… pero ahora que lo medito más detenidamente… desde que estoy con Karla… ¿cómo he llevado mi relación con ella?, de hecho… ¿qué es lo que sé acerca de Karla?... ¿qué besa muy bien?, ¿qué me hace el amor de una manera única?... ¡Dios! Eso no es conocer a alguien… ahora que lo pienso realmente no sé nada de ella… pero quiero conocerla… quiero saber quién es, pero sobre todo… sobre todo quiero saber cómo llevar mi relación con ella, quiero saber cómo se llevan a cabo las relaciones entre pareja… volví la vista ligeramente hacia la mujer que me arrebataba el pensamiento y vi su rostro completamente serio, inclusive noté un ligero gesto de aprensión como si algo la preocupara demasiado, ahora que lo pienso más detenidamente… quizás y me vaya a pedir que terminemos nuestra relación… me he comportado tan infantilmente que de seguro ella ha visto que no soy lo que le conviene… ¡oh, Dios! Me duele el pecho, me duele tanto que empiezo a sentir como se me cierra la garganta por la angustia que me causa este atroz pensamiento; de seguro quiere decirme que se ha dado cuenta que soy demasiado joven para ella, que no estoy a su altura porque no soy más que una simple estudiante que no puede darle lo que ella merece; quizás me diga que soy demasiado infantil y que no puede tener una relación seria conmigo, ¡Dios!, siento como mis ojos se anegan en lágrimas que trato inútilmente de detener, no quiero que ella me deje, no soportaría no tenerla a mi lado, giré el rostro para mirarla de reojo y no me pude contener al ver la seriedad en su rostro, me abalancé a sus brazos aún a costa de quien pudiera vernos, ¡no me importaba nada! tan solo necesitaba saber que me amaba, ¡necesitaba saber que no me dejaría!

- Por favor – le dije echándole los brazos al cuello – no vayas a dejarme, no vayas a abandonarme, por favor, no lo soportaría – le confesé mientras sentía el descender de mis lágrimas imparable por mis mejillas.

- Dennis espera ¿qué… qué tienes?, ¿qué te sucede?

- No vayas a dejarme por favor, sé que soy muy joven pero aun así, aun así yo Te Amo, yo Te Amo con toda mi vida, por favor – le supliqué sollozando contra su hombro – por favor…

- Dennis yo nunca te abandonaría – le escuché decir de sus labios – no podría vivir sin ti Dennis, tranquilízate amor, por favor – me pidió mientras me acariciaba el cabello – Dennis eres el amor de mi vida, nunca te dejaría, tendría que morir para dejare ¿me comprendes?

No le respondí, tan solo asentí varias veces con la cabeza, me sentía completamente débil entre sus brazos, me sentía tan pequeña cuando me abrazaba, me sentía tan protegida entre sus brazos, como si yo fuese un pequeño gorrión cansado tras un largo, largo viaje y hubiese caído en unas manos cálidas y bondadosas llenas de una gran ternura y amor. No quería soltarla de entre mis brazos pero…

- ¿Estás bien Dennis?, ¿Karla? – la voz de la profesora Adriana me hizo palidecer en un instante.
Me separé rápidamente de Karla y traté de limpiar mis lágrimas tan rápido como pude.

- No pasa nada – Karla me pasó el brazo por encima de los hombros y me atrajo hacia ella ligeramente – la adolescencia, las hormonas y la presión de un gran esfuerzo mental – dijo suspirando y meneando la cabeza en negativo.

- Lo sabía – la profesora Adriana se acercó a mí, Karla me soltó y la profesora Adriana me dio un fuerte abrazo – es un gran esfuerzo el que estás haciendo Dennis, la verdad es que creo que deberías de descansar – se separó de mí y me miró directo a los ojos – si quieres llorar es bueno, nunca te detengas de llorar, liberaras muchos sentimientos con eso – con sus palabras mis lágrimas salieron sin que yo pudiera detenerlas – eso es Dennis, es bueno que llores, desahoga tu dolor.

- “Mi dolor es perder alguna vez a Karla, mi dolor es no poder estar con ella toda la vida, porque yo quiero estar con ella para siempre” es demasiada… presión – balbuceé ligeramente.

- Creo que el día de mañana deberías tomártelo libre – la profesora Adriana suspiró ligeramente – la verdad es que es demasiado lo que estás haciendo Dennis, te has mantenido con excelentes calificaciones en tus materias normales y has conseguido el primer lugar en el concurso de conocimientos en ambas materias, además realmente necesitas descansar, tú también necesitas descansar Karla – miró a mi novia y meneó la cabeza en negativo – las dos han hecho un gran esfuerzo definitivamente tómense el día de mañana.

- Perfecto iré a visitar a mis padres – Karla sonrió sincera – hace un buen rato que no los voy a ver.

- ¿Tú que harás Dennis? – preguntó Adriana.

- No lo sé… - dije sintiéndome triste – supongo que dormir todo el día.

- Creo que estas deprimida – Adriana se acercó a mí y me tomó de las manos – no es necesario que continúes con el concurso Dennis, nos sentimos muy orgullosas de ti ¿no es así Karla?

- Mucho, mucho muy orgullosas de tu capacidad – Karla me regaló la más hermosa de las sonrisas.

- Así que Dennis Larissa no es necesario que continúes basta lo que has logrado.

- De… de ninguna manera – me sonroje enormemente al ver que Karla me miraba con una simpática sonrisa – yo acabaré, haré los exámenes finales, sería una locura no terminar estando ya tan cerca del final.

- De acuerdo – Adriana me palmeó suavemente la espalda – me gusta esa actitud Dennis, me sonrió sincera, miró su reloj – me tengo que ir – ya saben tómense el día de mañana.

- Por mi encantada – Karla sonrió y se despidió de ella con un beso en la mejilla.

Nos quedamos un momento en el mismo lugar hasta que ella se hubo alejado lo bastante.

- ¿Larissa? – inmediatamente me sonrojé con fuerza al escuchar mi segundo nombre.

- No me gusta – hice un mohín con la boca mientras volvía el rostro a un lado.

- A mí me gusta, incluso me gusta más que Dennis ¿puedo llamarte Larissa? – su tono de voz se volvió un ronroneo sensual que me hizo estremecer.

- Siempre que quieras y que no sea en público – me coloqué a su lado mirando discretamente a ambos lados de la calle, ya no había muchos alumnos pero si había algunos, eso me detuvo de tomarla del brazo. Esos eran los momentos cuando deseaba ser una mujer adulta, poder tomarla del brazo e incluso besarla si se me pegaba la gana, pero lo nuestro era prohibido, por nuestra edad, por nuestra fisiología, dos mujeres, dos Evas en un mundo de Adanes y Evas.

- Me gustas mucho – la voz de Karla mantenía el mismo tono bajo y sensual – quédate esta noche conmigo – esas últimas palabras parecían encerrar una gran promesa – quiero hacerte el amor hasta el amanecer – giró su rostro ligeramente hacia un lado y clavo sus azules ojos en los míos – quiero sentirte desfallecer entre mis brazos, quiero ser capaz de transmitirte todos y cada uno de mis sentimientos en cada beso, en cada caricia que dejaré marcada en tu blanca piel.

Me quede sin aliento, sentí que el corazón me golpeaba con fuerza el pecho, un mundo de emociones me arrebató el alma en un instante, mis manos temblaban por la fuerte necesidad de tomarla entre mis brazos y dejarme perder en su boca.

- No quiero saber nada acerca de tu pasado – le dije sintiendo el fuerte latido de mi corazón golpear contra mi pecho, ella me miró con un gesto de extrañeza, iba a decir algo pero meneé la cabeza en negativo y las palabras murieron en sus labios.

Caminamos lentamente a lo largo de las calles, hacia un poco de frío pero no me importaba demasiado, las dos íbamos inmersas en nuestros pensamientos, por fin después de un trecho más llegamos a la puerta de su casa, antes de entrar llamé a mi hermana y le dije que me quedaría con Karla, ella me dijo que no habría problema.

Al entrar en la casa Karla encendió las luces de la sala, dejó su portafolio sobre el sofá y se quitó el saco; la blusa blanca que adornaba su cuerpo le sentaba muy bien. Su cabello descansaba sobre su espalda, esa larga y obscura cabellera negra azulada que me encantaba sentir entre mis dedos, sin duda Karla era en verdad muy hermosa. Me acerqué a ella lentamente y la abracé por la espalda, su calor corporal empezó lentamente a calentar mi cuerpo, deje que mis manos se deslizarán a lo largo de su torso, acaricié suavemente sus pechos y ella suspiró ligeramente, sentí crecer en mí la excitación, en verdad su ropa estaba empezando a estorbarme, sin decirle ni una palabra comencé a desabotonar su blusa pero ella me detuvo cuando iba por el tercer botón.

- Espera – su voz denotaba una octava de deseo – en verdad necesito hablar contigo y decirte… más bien explicarte varias cosas – se volvió para tenerme frente a ella.

- No quiero – mi voz denotaba la creciente excitación que sentía, metí mis manos dentro de su blusa abierta y sentí el calor de su suave y tersa piel.

- Pero es necesario que sepas…

- No, no necesito saber nada, no quiero saber nada – coloqué un dedo sobre sus labios – tan solo necesito saber que me necesitas aquí – toque su frente con la punta de mis dedos – y aquí – le toqué el pecho a la altura de su corazón y… aquí – dije deslizando mi mano hasta posarla en su entrepierna.

- Larissa – mi segundo nombre proveniente de sus labios se me antojo delicioso.

- Abigail – dije mientras mis manos viajaban dentro de su blusa buscando desatar su bra – no quiero saber nada, absolutamente nada de tu pasado, el pasado, pasado esta, tu eres mi presente y mi futuro, no quiero saber porque te comportaste como lo hiciste, no quiero saber si amaste a alguien igual que a mí… o… – me dolió lo siguiente – más que a mí – mi voz descendió ligeramente.

- No he amado a nadie como te amo a ti – me dijo mientras pasaba sus manos por entre mi cabellera y me jalaba suavemente para besarla.

- Entonces – dije antes de que me tocara los labios con los suyos – eso es todo lo que necesito saber – me aferré a su boca con ganas, la besé desesperadamente intentando demostrarle todo mi amor en ese gesto lleno de pasión, una pasión que estaba quemándome desde dentro, sin embargo ella ralentizó el beso, haciéndolo profundo y pausado, sentí mojarme como nunca antes, mis manos se deslizaron a lo largo de su cuerpo lentamente, cuando menos me di cuenta estaba desabrochando su pantalón.

- Espera – me sostuvo de las manos – subamos a mi cuarto – sus ojos denotaban ese brillo de deseo que adoraba, le sonreí y asenté con la cabeza.


****

Camila miraba atentamente su blanco techo, su rostro denotaba un dejo de ansiedad y tristeza.

- “Sé que un día te aburrirás de mí y me dejarás por alguien más – pensaba mientras su rostro se contraía de dolor – no eres buena para mí, pero ahí estoy… siempre buscándote, siempre detrás de ti, aun cuando no termino de sentirme a gusto contigo, no sé en qué momento te alejarás de mí – se sentó de golpe llevándose las manos al pecho – cuando no me contestas al celular no puedo evitar pensar que estas con alguien más… o cuando estas lejos de mí, no puede dejar de pensar que estarás con otra mujer… y es que eres tan como tu hermana… - apretó las manos con fuerza – ¿coño por qué no puedes ser solamente mía?, ¿por qué esas ideas tan tontas de ser de cualquiera si así se te antoja?, ¿por qué tienes que querer tanto a la estúpida de tu hermana?”

- Hola – la voz de Esmeralda le saco de sus pensamientos y Camila le miró con toda la tristeza del mundo – ¿te sucede algo? – preguntó de lo más natural.

- “Sin siquiera un pequeño dejo de preocupación ¿eh?, a veces, a veces me pregunto si en verdad me amas, si en verdad sabrás lo que es amar”

- ¿No me vas a decir nada? – preguntó Esmeralda levantando la ceja mientras se quitaba el suéter de la escuela.

- ¿Por qué estás conmigo? – preguntó Camila tragando un poco de saliva.

- Porque también duermo en esta habitación ¿lo has olvidado? – sonrió mientras meneaba en negativo la cabeza.

- No me refiero a eso – Camila se levantó de la cama – quiero… no… más bien necesito que me digas ¿por qué estás conmigo…? - en su tono de voz se dejó escuchar claramente una muda suplica.

- ¿Para qué quieres saberlo?, ¿no te basta esto? – preguntó extendiendo las manos en cruz.

- No, no me es suficiente – se plantó de frente a ella y con las manos temblorosas le sostuvo de los hombros – quiero saber que soy en tu vida.

- ¿Por qué haces todo tan difícil Camila?

- ¿Difícil? – preguntó con extrañeza - ¿por qué difícil?, ¿por qué quiero unas palabras de amor de tu parte?, ¿eso es tan difícil de darme? – la sujeto ligeramente más fuerte.

- ¿Por qué necesitas las palabras?, dormimos juntas ¿no es así?, ¿qué?... – le miró de manera sensual – ¿no te he hecho llegar al cielo más de una vez?

- Lo has hecho y al mismo tiempo me has dejado caer en el Infierno – las lágrimas escaparon de sus ojos – por un momento creo que soy la persona más importante en tu vida y después no dejo de pensar que esto que haces conmigo podrías hacerlo con alguien más.

- ¿Habría algún problema con ello? – Esmeralda se soltó de sus manos

- Claro que habría un problema se supone que tú estás conmigo, que eres mi novia.

- Y por acostarme con otras personas ¿dejaría de serlo? – preguntó Esmeralda y Camila le miró sorprendida, sus manos temblaron ante esa verde mirada, sintió que las lágrimas se desbordaban de sus ojos – no dijo una palabra más – salió de la habitación dejando a solas a Esmeralda que por un momento se sintió arrepentida de sus palabras.

- “Voy a dejarte – Camila salió de la casa con la firme resolución de volver a España – no puedo estar al lado de alguien a quién no le es suficiente lo que yo le doy… yo no quiero estar al lado de alguien a quien no le soy suficiente para no acostarse con alguien más… Esmeralda… ¿cómo puedes ser tan cínica?”.

- “Camila, eres una tonta… - pensó Esmeralda mientras miraba la cama vacía – ¿no te das cuenta de cómo te amo?... ¿por qué me cuesta tanto trabajo expresarte mis sentimientos?”

****

Quiero verte Karla, quiero tenerte conmigo, quiero volver a sentir la vida entre tus brazos, tus besos, Dios, tus besos que son tan profundos y deliciosos, quiero sentir tu cuerpo junto al mío después de hacer el amor, es tan cálido, es tan delicioso dormir y despertar sobre tu pecho, Karla quiero que me perdones por todo lo malo que he hecho, por mi traición hacia tu amor, pero he cambiado y quiero recuperarte.

- Eah, enana, ¿quieres ir con nosotros a comer hamburguesas? – me preguntó mi hermano.

- Sí – le contesté mientras me levantaba de la cama.

- Te ves muy feliz enana – se soltó a reír mi hermano.

- No me digas enana, que ya mido 1.70

- Para mí siempre serás una enana aun cuando midas 3 metros.

- Si no soy árbol

- Pues si sigues creciendo lo serás ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja.

Me sonreí antes su comentario, me preguntaba ¿qué pensaría Karla al verme?, ¿le sorprendería ver mi estatura?, de algo estaba muy segura me había vuelto más guapa, definitivamente lo notaba, me veía más mujer dentro de mi juventud. Estaba segura que Karla al verme se sorprendería, tendría que hacerlo y sobre todo tendría que aceptarme de regreso en su vida… salimos de la casa y me detuve al ver a Susan, me miró con un dejo de tristeza que no paso desapercibido para mí.

- Hola Susan – mi hermano la saludo al igual que su novia.

- Hola ¿cómo están?

- Bien, de hecho vamos justo a cenar hamburguesas ¿quieres venir con nosotros?

- No, gracias yo… bueno necesitaba hablar con Laura.

- ¿Podrían traerme una doble con queso por favor? – le pedí a mi hermano, necesitaba finiquitar este asunto con ella de una vez y para siempre – se me olvidaba que tengo que hacer una tarea con Susan.

- De acuerdo – dijo Ericka – no te desveles demasiado ¿ok? – me guiño un ojo y me sonrió.

- ¿Te traemos algo Susan? – le preguntó mi hermano

- No, gracias – respondió y le obsequió una tímida sonrisa.

- Bueno chicas las dejamos estudiar, nos vemos en un rato.

- Hecho – le respondí a mi hermano mientras invitaba a pasar a Susan.

Las dos entramos a la casa, el silencio reino durante unos minutos, Susan me miró atentamente durante unos instantes.

- ¿No podríamos intentarlo siquiera? – me preguntó mirándome tristemente.

- No, no podemos – me acerqué a ella hasta tomarla de los hombros – lo lamento volveré a México y no nos volveremos a ver.

- Pero… pero ¿por qué?, aquí tendrás mejores oportunidades de vida – su tono lastimoso me dolió – si no quieres nada conmigo está bien, pero no te vayas… preferiría tenerte eternamente como amiga a no volver a verte jamás – las lágrimas escurrieron de sus ojos y sentí una frustración del tamaño del mundo al no poder corresponder a su amor.

- Te quiero Susan, pero no de la manera como tu imaginas.

- ¡No? – sé soltó bruscamente de mis manos – ¡y todas esas veces que hiciste el amor conmigo?, ¡esas palabras de amor que me susurrabas? – su rostro se contrajo en una mueca de dolor – ¡qué fue para ti todo eso? ¿eh?, ¡qué fue?, si en verdad no me querías, ¡para qué te hiciste mi novia en primer lugar?

- ¡No lo sé! – le grité al tiempo que me pasaba las manos por entre mi cabello – ¡no lo sé Susan!, ¡no lo sé!, he hecho muchas cosas estúpidas de un tiempo a la fecha, ¡me he comportado de una forma que no comprendo!, ¡he lastimado a gente que me amaba de verdad! ¿entiendes? Y no sé por qué – confesé bajando la voz, un nudo se formó en mi garganta – no sé por qué – me sentí derrotada en ese momento.

- Cosas estúpidas… - dijo quedamente – ¿eso… eso… fui para ti? – me miró con tal dolor que me sentí la peor persona del mundo.

- No, no, no Susan – me acerqué a ella pero dio un paso hacia atrás.

- No, no me toques – sus ojos enfadados y dolidos se posaron en los míos – no quiero que nunca jamás vuelvas a acercarte a mí ¿quedo claro? – toda ella temblaba y las lágrimas no cesaban de caer de sus ojos – t… te di mi… amor ¿sabes? – dijo con voz temblorosa – ¡te di lo mejor de mí! – me gritó con sumo dolor – ¡y todo lo que fui para ti fue solo una cosa estúpida!, ¡no quiero volver a verte en mi vidaaaaa! – me empujó tirándome al suelo mientras salía corriendo de la casa.

Me sentí aún peor, si es que eso era posible, no podía entender ¿cuándo todo se volvió tan complicado?, mi vida era tan… estable – me senté en el suelo y me llevé las manos al rostro – ya no sabía que hacer… había lastimado a otra persona… que me amaba… - las lágrimas salieron de mis ojos sin darme cuenta… me sujeté el cabello con fuerza mientras hundía mi rostro entre mis rodillas, ¿qué clase de persona era?, ¿en qué clase de persona me había convertido?, ¿cuándo fue que cambie tanto?, ¿por qué… por qué cambié de esa manera? Me levanté sin mucho ánimo, y subí las escaleras rumbo a mi cuarto, se me había quitado el apetito… necesitaba dormir… necesitaba olvidar… pero más que nada… necesitaba ser perdonada… iba a cambiar… no importándome nada pero en verdad cambiaría, no quería lastimar a nadie más, sobre todo a Karla, no deseaba lastimarla nunca, nunca más…

****

Dennis y Karla miraban desde la cama la luna a través de la ventana, Karla mantenía en un abrazo a su joven amante.

- ¿Me querrás cuando pinte canas y la lozanía de mi rostro se haya perdido? - levanté el rostro de mi joven amante y le miré a los ojos.

- Por supuesto, ¿qué pregunta es esa, amor? – Larissa me sonrió tiernamente al tiempo que me acariciaba la mejilla.

- Bueno no sé – sonreí sutilmente – ahora tengo 26 años y tu 17 la diferencia de edad siempre estará presente y la belleza que hoy poseo… bueno – sentí mis mejillas sonrojarse – no durará siempre.

- Eres muy hermosa, terriblemente hermosa – se inclinó sobre su codo y me miró detenidamente – pero hay algo de ti que me mata por completo – delineó mi rostro con su dedo índice deslizándolo hasta mi pecho – y es tu corazón, tus sentimientos, tu dulzura, tu ternura, hasta tus miedos e inseguridades… Amo… Amo TODO, ABSOLUTAMENTE TODO DE TI – me besó sutilmente en los labios – Todo – me susurró junto con una sonrisa – así que te pido que creas en mi, si te he dado mi amor es porque Te Amo por como eres, por ser quien eres y quiero que lo siguiente que te voy a decir te quede bien claro, ¿de acuerdo? – me tomó del rostro con la palma de su mano y centró sus mieles ojos en los míos – quiero que grabes con fuego en tu mente que nunca jamás podría fijarme en alguien más que no seas tu, tienes mi fidelidad completa y absoluta, nunca jamás permitiré que nadie se interponga entre tu y yo, y te juro que nunca te engañaré así que te pido que confíes ciegamente en mí como yo confío en ti.

- Larissa… – la atraje hacia mí y la bese profundamente y me deleite en sus labios y en el interior de su boca, le besé lenta y largamente, dándole solo breves espacios para respirar.

- Soy tuya – me dijo entre besos, una y otra vez – únicamente tuya… poséeme nuevamente

Me permití hacerle el amor nuevamente, le recorrí con mis manos por completo, acariciando lentamente su bien contorneada figura, ligera y suave al tacto fue la sensación que percibí de su piel, esa piel que desprendía un aroma maravilloso y exquisito, me deje embriagar por el calor de su cuerpo, por el sabor de sus besos y por la intensidad de sus caricias; me deslicé a lo largo de su cuerpo llenándolo de sutiles besos que dejé plasmados en su juvenil piel de adolescente; me hundí en ese dulce mar y me deleité escuchando sus dulces gemidos, cada jadeo me provocaba una excitación indescriptible, me animaba a seguir probando cada espacio de ese sensible cuerpo, sabor melocotón maduro; la hice llegar una y mil veces, sencillamente no podía detenerme, necesitaba hacerla llegar al éxtasis una y otra vez.

- Ya no, espera, espera – me dijo tras haberla llevado a un quinto orgasmo – vas… vas a matarme – sus ojos cerrados y su respiración agitada se me hicieron la cosa más hermosa que había visto nunca jamás.

- Lo lamento – le dije descansando el rostro sobre su vientre – es solo que no puedo evitarlo – sonreí sobre su tersa y suave piel – me encanta hacerte llegar, amo, adoro, me encanta escucharte llegar, sentir tu cuerpo tensarse y soltarse con ese brío maravilloso… perdóname pero – me deslicé una vez más entre sus piernas – no puedo evitarlo.

- Espera vas a matarme… ¡aaaaaaaahhhh!

Me enloquecí al escucharla gemir, no lo pude resistir, la llevé una vez más al cielo… le hice acariciar los campos elíseos por sexta vez y hubiera seguido así toda la noche, pero Larissa me tomó del rostro y me jaló hacia ella tentándome con el dulce néctar que prometían sus labios y entonces me besó con desesperación y después con una calma, con una dulzura y una ternura sin igual, hasta que por fin sus labios rozaron los míos suavemente y entonces la sentí relajarse por completo entre mis brazos, sus hermosos ojos mieles estaban cubiertos por sus parpados, su respiración suave y pausada me hicieron querer protegerla para siempre, sostenerla entre mis brazos para toda la eternidad, cuidando sus sueños, cuidando su alma, esa alma pura y dulce que me había entregado solo a mí, únicamente a mí, y nada más a mí.

- “Laura” – abrí los ojos de golpe al recordar ese nombre, abracé a Larissa más a mi cuerpo y sentí una súbita sensación de malestar – “¿por qué he pensado en ella?” – miré atentamente el techo, con la mente vacía de pensamientos, pero sin embargo un presentimiento desagradable me invadió el pecho… más sin embargo por todos los medios traté de alejarlo de mi mente.


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La hamburguesa quedo ahí, sobre mi escritorio, no tenía apetito de nada, casi iba a amanecer pero no podía dormir, me sentía tan miserable… tan culpable… quería borrar todo mi pasado, quería borrar mis pecados, mis errores, mis estupideces… quería correr tan lejos como me fuera posible y… entonces… yo… ¿qué haría si huyera?...porque… porque no podría… huir… ¿a dónde, si todo estaba dentro de mí?... ¿cómo huir de mi misma?... ¿cómo huir de mis errores?... ¿cómo escaparme de mi brutal consciencia que me decía una y otra vez… las lastimaste, a todas y a cada una de ellas… las lastimaste?... era cierto… nunca en la vida podría huir de mi misma… tenía que enfrentar mi destino… más sin embargo necesitaba creer que Karla me perdonaría… necesitaba saber que ella me acogería una vez más en sus brazos, necesitaba creer que ella comprendería mi mal proceder… necesitaba saber que ella entendería que nunca la quise lastimar, que ni yo misma he comprendido ¿cómo es que pude hacer todas y cada una de esas cosas, que ahora me llenaban de vergüenza el alma por completo, por entero. Me acosté de lado viendo la pared de mi cuarto, y musité su nombre suavemente “Karla… Karla… Karla... Karla”… era un rezo… era un rezo para ella… para la mujer que me había robado el corazón desde el primer momento en que la vi, desde la primera vez que escuché su voz esa voz que era canto de ángeles, melodía rítmica y armónica capaces de llevarme a la calma con una sola palabra venida de sus labios, de esos labios que moría por probar una vez más y esta vez… esta vez ya jamás la dejaría ir, esta vez ya nunca más permitiría que mis idioteces nos separaran… si tan solo pudiera ella perdonarme… sin tan solo pudiera ella ser capaz de darme una nueva oportunidad. Pero tenía que hacerlo ¿verdad?, si yo no había sido capaz de olvidarme de ella… de seguro a ella le pasaría igual ¿verdad?... tenía miedo, me abracé a mí misma mientras un mal presentimiento me agobiaba el alma y el corazón. “No me olvides Karla… Dios… no me alejes de tu corazón… ya pronto… ya pronto volveré… ya pronto estaré de frente a ti… ya pronto volveré a ver tus azules ojos… por favor… recíbeme con los brazos abiertos… te prometo… te juro que esta vez… esta vez todo será diferente… te prometo que esta vez… no habrá errores de mi parte… te prometo amor eterno solo a ti… solo… a ti…”

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Román se veía cada día más demacrado… casi no comía… se mantenía a nivel con sus estudios pero sus calificaciones habían decrecido con notoriedad. Algunos de sus profesores intentaron hablar con él sin embargo no eran capaces de poder establecer comunicación con el chico quien sencillamente exigía que no se metieran en su vida académica y mucho menos en su vida personal. Esa tarde después de darle vuelta a su profesor que impartía química inorgánica se fue a un café ubicado al otro lado de la ciudad, era un sitio solo frecuentado por chicos quienes buscaban desde una relación seria hasta un simple acostón. Le llevó cerca de dos horas llegar a ese sitio, al entrar se sintió ligeramente incomodo, había demasiados chicos afeminados y eso le revolvía el estómago, miró ligeramente fastidiado a un grupo de jovenes cuyos ojos se había posado sobre su persona, el gesto de asco que les dirigió hizo que los chicos cambiaran sus sonrisas por miradas de desdén y de burla mientras hablaban entre ellos a cuchicheos sobre el arrogante rubio recién llegado… Román iba a darse la vuelta y a salir de ahí mismo, más sin embargo al volver el rostro a un lado miró las espaldas anchas y fuertes cubiertas por una chamarra de cuero negro, el cabello corto obscuro, ébano negro intenso, la piel del cuello morena… y entonces el corazón le latió desesperadamente sintió que las piernas le fallarían en cualquier momento… tenía que ser… tenía que ser… camino como autómata, sin dejar de mirar esas espaldas, una sensación de aprehensión le hizo un nudo en la garganta, con paso tembloroso se acercó poco a poco hasta ese hombre que tenía que ser él… su Julián… tenía que serlo.

- ¿Ju…lián? – preguntó sin carácter y con el aliento a medio cortar, el hombre volvió el rostro a un lado y le miró de arriba abajo, suspiró sin demasiada emoción y habló con su grave voz.

- Doscientos pesos la mamada, ciento cincuenta si quieres que te masturbe, o si quieres el acostón serán ochocientos pesos te doy el servicio de una hora completa, ahora escoge o lárgate por donde viniste – sentenció mirándolo seriamente, con un gesto de fastidio en el rostro.

- Doscientos – dijo Román con el corazón contraído de tristeza – tengo doscientos pesos – sus ojos se llenaron de lágrimas las cuales contuvo con fuerza, se parecía tanto a Julián pero no había en esos ojos la misma dulzura y ternura con la que Julián lo miraba… sin embargo necesitaba abrazar a ese desconocido cuya ceja levantada y mirada indiferente le taladraba el alma por saberse nada… absolutamente nada para él.

- Vamos – dijo el hombre – los baños de aquí son limpios y nos servirán – se levantó y camino delante de Román… Román solo le siguió… con el corazón contraído de dolor, deseaba tanto abrazar a ese desconocido y que por arte de magia se convirtiera en Julián, en su Julián quien siempre tenía una palabra de amor para él, quien siempre tenía una caricia de ternura para él… sin embargo…

Llevaban un mes de salir y Román le atosigaba con sus celos enfermizos…

- ¡Crees que no me di cuenta de cómo lo miraste? – preguntó Román iracundo mientras Rodrigo lo observaba con cara de fastidio.

- ¿Y qué? – preguntó Rodrigo fastidiado.

- ¡Cómo qué y qué? ¡crees que me vas a ver la cara de tu pendejo, imbécil? – Román lo sostuvo por la camisa y lo obligó a levantarse, inmediatamente Román recibió un puñetazo en pleno rostro que lo tiró de espaldas al suelo.

- ¡Vete a la mierda Román! – le gritó Rodrigo escupiéndole a su paso en pleno rostro – yo no soy el hijo de puta de tu ex… tu Juliancito del que me cuentas ese pobre imbécil que se dejaba mangonear por ti, ¡eres insoportable cabrón!, ¡yo no sé cómo te podía soportar ese tipo!, nunca en tu puta vida me busques de nuevo ¿te quedo claro? O juro que te parto la madre hasta dejarte tirado en un mar de sangre, maldito enfermo de mierda.

Y así Rodrigo el chico que había entrado en la vida de Román tras un servicio de doscientos pesos había salido de ella tras no soportar los constantes celos enfermizos e insultos de su joven amante. Román se había quedado nuevamente solo, con el corazón contraído de dolor y de odio… un odio que nunca podría abandonar.

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Todo era perfecto, todo era estupendo, estaba perfectamente bien con Abigail… ¡Dios! y encima de todo había logrado el primer lugar nacional en Biología y Química; ella y yo compartíamos nuestros segundos nombres, solo para nosotras, únicamente para nosotras, ante el mundo ella seguía siendo Karla y yo Dennis, pero a solas éramos una sola persona, un solo latir, un solo pensamiento, la amaba, la amaba a un grado impensable, la amaba a un grado inimaginable, como nunca en la vida imagine que se podría amar a una persona.

- Y por ello – la voz de la profesora Adriana me sacó de mis pensamientos – nos sentimos muy orgullosos de los logros obtenidos… - la voz de la profesora Adriana estaba plagada de orgullo, mis ojos recorrieron a todos los presentes, la mayoría de los alumnos me miraban sin demasiada emoción, de hecho la mayoría no prestaba mucha importancia a las palabras de la profesora; a lo lejos vi como muchos se iban rumbo a las canchas, solo los profesores me miraban con Orgullo y Satisfacción – hay que reconocer… –siguió hablando pero francamente no me interesaba una palabra de lo que decía, en lo único que podía prestar atención era en esos ojos azules, esos mares que me observaban detenidamente, deslizándose a lo largo de mi cuerpo, podía sentir un estremecimiento invadir por completo todo mi ser, quería que todo eso se acabara, quería irme a la cama con ella, desnudarla y pasar mis manos sobre esa piel canela cuyo calor adoraba, cuyo sabor me hacía enloquecer, sus labios se entreabrieron y la humedad en mi entrepierna me hizo darme cuenta de que ella me arrebataba el alma y el corazón y hasta la vida misma.

Obtuve un diploma, montones de abrazos, cientos de aplausos, montones de bostezos, y al final una vez a solas en el laboratorio de química, obtuve lo que realmente quería…

- Así… sí, no… no te detengas – le susurré en el oído mientras la abrazaba fuertemente, su mano dentro de mi ropa interior bajo mi falda… deslizándose rítmicamente hacia delante y hacia atrás; su boca acometiendo mi cuello y el lóbulo de mi oreja sin descanso… pisadas fuera del laboratorio… sssshhhh… silencio… silencio decía mi mente mientras su lengua me torturaba lentamente el cuello con su paso húmedo y parsimonioso – bésame – le suplique al oído – ¡Oh Dios! Voy a llegar – dije en su oído y entonces me besó y exploté en un orgasmo largo e intenso que me hizo estremecer hasta última fibra de mi ser, no sentía las piernas, el placer había sido demasiado intenso, si no hubiera sido por su agarre, seguramente me habría caído de rodillas frente a ella. Me tenía sujeta entre sus brazos llenándome de suaves besos la frente y las mejillas, mi espalda estaba completamente pegada contra la pared y mis manos se aferraban a su espalda mientras sentía el lento deslizar del líquido que manaba de entre mis temblorosas piernas. La sujeté del rostro y le obligué a que me mirara, le acaricié dulcemente las mejillas y deslicé mi dedos pulgares sobre sus labios, tibios y palpitantes, ligeramente entreabiertos – Te Amo – le musité atrayéndola a mis labios, dejando plasmados en ellos todo el amor que sentía por ella. Amaba la manera en que me besaba, siempre me guiaba y yo me dejaba llevar por ella, me dejaba arrebatar por cada movimiento bien estructurado dentro de mi boca, mi cuerpo reaccionaba líquidamente con cada caricia que imprimía sobre mi cuerpo y cada una de esas caricias se quedaban grabadas en mi ser con fuego y se convertían en un tatuaje que llevaba el signo de pertenencia hacia ella.

- Eres mía – musitó en uno de mis oídos – solamente mía y de nadie más.

- Solo tuya – respondí, cerrando los ojos y llenándome de su tibio y dulce aliento el cual se había convertido en el oxígeno que necesitaba para vivir – sin ti ya no podría vivir – confesé hundiendo mi rostro en su cuello, las lágrimas se deslizaron por mis mejillas de forma inconsciente me sentía llena de una absoluta felicidad y a la vez de un temor que me socavaba el alma, un miedo atroz de llegar a perderla me hacía sentir vulnerable y temerosa – no te quiero perder nunca – sollocé en su hombro.

- No me perderás jamás – me dijo sosteniéndome el rostro para obligarme a verla a sus profundos ojos azules, esos mares tranquilos, esos océanos donde nadaba una y otra vez cada vez que le miraba y en donde con gusto moría una y mil veces y todas las que fueran necesarias con tal de sentir ese cálido resplandor azul que me envolvía el alma y me arropaba los pensamientos… al ver su mirada supe en verdad que ella me amaba… sin embargo no sabía porque extraña razón sentía esta angustia, este mal presentimiento que me agobiaba grandemente.

Estoy subiendo al avión… mi vida en Canadá dejo grandes aprendizajes y tomas de consciencia sobre mi misma… Karla… espérame… créeme cuando te digo que he cambiado, Karla, Karla, Karla ojala mis pensamientos te alcancen, ojala mi amor pueda todavía tocar tu alma… Karla ya voy hacía ti, ya voy… nuevamente hacia tus brazos… Karla… Karla… desearía tanto volverte a besar…

Me separé de súbito de sus labios y Larissa me miró con extrañeza, nuevamente pensé una vez más en Laura… ¿Por qué?... ¿Por qué regresaba ella a mi mente?, ¿qué significaba?

- ¿Sucede algo? – me preguntó Larissa con un dejo de aprensión en su voz.


- No – mentí – es solo que me pareció escuchar que intentaban abrir la puerta – ella miró en dirección a la puerta y se quedó en silencio un par de minutos.


- Creo que no hay nadie – dijo al fin y sus mieles ojos me miraron con un dejo de tranquilidad.


- Será mejor seguir con esto en casa ¿podrás quedarte hoy conmigo?


- Sin problema.

Espera por mi Karla, el avión acaba de despegar, pronto iré a verte… a suplicarte perdón.