sábado, 21 de mayo de 2011

Entre Mi Religión y un Amor Prohibido Cap. III Tutoría.

Hola mis queridas y queridos seguidores, de antemano una disculpa por no haber subido mucho este año, la verdad es que entre que perdì en trabajo a inicios de año, luego el tener que trabajar por mi cuenta junto con mi amigo Juan, luego que a mi amigo Juan encontró trabajo, después empecé a buscar trabajo yo. En fin afortunadamente ya encontré trabajo, pero no he tenido tiempo de escribir. En verdad necesito hacerlo porque no escribir en verdad me estresa.

Capitulo III 

Tutoría

El agua escurría lentamente por el rostro de Sarah su mirada se perdió por un momento en el infinito de la nada recordando aquellos días de felicidad al lado de Pauline, su hermoso cabello azulado se agitaba al unísono del viento, a ella llegaba la risa y la voz de su amiga repitiendo su nombre una y otra vez. Jeanne le miraba entristecida, Sarah podía aparentar ser muy fuerte sin embargo se daba cuenta de que su alma estaba sumamente lastimada y desolada por la pérdida de Pauline, deseaba más que nunca poder ayudarla a ser nuevamente como era antaño, en verdad por más que le miraba no podía imaginar una sonrisa de ternura o de felicidad en ese rostro serio y frío.

- No importa – dijo Sarah – cuantas veces te diga que no me mires ¿verdad?.

El rostro de Jeanne se ruborizo al máximo, ¿cómo es que siempre se daba cuenta de que le observaba aún cuando estaba de espaldas a ella?

- Lo… lo lamento – dijo Jeanne sumamente entristecida, bajo la mirada centrándola en las mascadas que cubrían sus heridas y por un segundo a su corazón llego un cálido sentimiento y se dio cuenta que en realidad Sarah era una chica muy noble.
Jeanne se incorporo con la ayuda de Sarah, el dolor en su muñeca y tobillo había disminuido aunque las molestias aún eran perceptibles.

- Vamos Monja – Sarah le abrazo por la cintura y echo a su hombro el brazo de la joven rubia – es hora de irnos.

- Sí – Jeanne se ruborizo al sentir la suave presión que Sarah ejerció sobre su cintura; levanto la vista para ver el atardecer, las nubes teñidas de colores dorados, rosáceos y violáceos se elevaban por encima del lago y este reflejaba sus aguas doradas – es hermoso – susurro.

- Lo es – respondió Sarah por primera vez sin enfado en su voz mirando el esplendido atardecer, suspiro hondamente, Jeanne le miro y por solo un brevísimo instante pudo apreciar la tranquilidad que brindaba el rostro de Sarah, sin embargo esta se esfumo en un instante – hoy tendré muchos problemas – dijo en tono cansino.

Emprendieron la marcha sin decir una sola palabra, la cercanía de la noche comenzaba a enfriar poco a poco el ambiente, no habían avanzado mucho cuando Sarah se acerco a un viejo árbol y dentro del mismo a través de un hueco guardo el recipiente que había utilizado para la cocción de las hierbas que aplicara en las heridas de su joven compañera.

- Ningún comentario sobre esto ¿entendido monja? – dijo en tono rotundo.

- Sí, no diré nada – al sentir la brisa helada un escalofrío recorrió el cuerpo de Jeanne obligándola a abrazarse fuertemente - ¿eeehh? – Jeanne no podía creerlo al abrir los ojos Sarah quitándose su suéter lo había colocado sobre sus hombros, el blanco de su blusa era más notorio al caer sus suaves rizos negros, su flequillo se movía suavemente junto con el viento.

- ¿Estas mejor? – pregunto abrazándole la cintura para seguir el viaje.

- S..Sí. … - respondió ruborizada.

Casi obscurecía por completo cuando llegaron a la explanada del colegio, Sor Marie fue la primera en verlas.

- ¡Dios Mío! – exclamo al ver las condiciones en que se hallaban – pero ¿Qué sucedió? – decía al mismo tiempo que corría para alcanzar a las dos chicas – Jeanne ¿estas bien?, ¿pero que paso?, ¿dónde han estado?, ¿saben lo preocupadas que estamos por su causa?.

- Sor Marie – los ojos de la joven rubia se nublaron a causa del llanto – lo siento todo ah sido culpa mía, los ojos de Sarah se abrieron sorprendida ante la contestación de Jeanne.

- ¿Qué? – sor Marie no dio crédito a lo que escucho – pero… Jeanne – susurró.

- ¡Basta! – la imperiosa voz de la madre superiora hizo eco en los oídos de las jóvenes alumnas – Sor Marie lleve a la señorita Geyfom a la enfermería y una vez curadas sus heridas preséntela en mi oficina – los severos ojos de la Madre Superiora se posaron sobre los zafiros ojos de Sarah – y usted señorita Reimyn venga conmigo.

Sarah se separo de Jeanne y ni siquiera se volvió a mirarla, sin embargo la joven rubia le miro intensamente pues al separarse de su cuerpo sintió un extraño vacío.

Una vez en la enfermería Jeanne permaneció callada ante las insistentes preguntas de Sor Marie y esta al ver el imperioso silencio que guardaba la chica decidió no preguntar más. En un momento de distracción de Sor Marie Jeanne tomo la mascada de Sarah y la suya propia mismas que la monja había tirado a la basura por las malas condiciones que presentaban.

Sor Marie toco un par de veces la puerta de la oficina y la abrió enseguida, Sarah estaba de pie delante del escritorio de la Madre Superiora, su mirada al frente sin ver nada en específico.

- Madre superiora aquí esta la señorita Jeanne.

- Hágala pasar y déjenos a solas.

- Sí madre – Jeanne entro cojeando levemente y se situó al lado de Sarah.

- Por su condición le aconsejo que se siente.

- Sí.

- Veo que les gusta estar juntas – dijo con tono serio, paso su inexorable vista de un rostro a otro – de acuerdo si eso es lo que a usted le agrada señorita Reimyn entonces le dejaré en tutoría a la señorita Geyfom hasta que inicie su noviciado que será terminando el segundo año escolar.

Ambas abrieron los ojos enormemente, Jeanne volvió su rostro levantándolo paulatinamente para encontrarse con la fría mirada de su compañera quien le miro por un instante tan intensamente que creyó por un momento le atravesaría el alma, Sarah miró de nueva cuenta a la madre superiora visiblemente molesta, tanto que incluso temblaba levemente y su entrecejo estaba completamente fruncido.

- Madre Superiora – dije intentando disculpar a Sarah – yo, todo esto….

- No quiero oír excusas – dijo secamente – y ya eh tomado una
decisión ¿quedo claro, Señorita Reimyn, Señorita Geyfom?

- ¡?... ¿cómo? – Sarah, formo puños con sus manos y bajo la cabeza. Su azulado cabello me impedía ver sus ojos pero su mandíbula estaba apretada y sus manos temblaban – no puede asignarme el cargo de tutora escolar – dijo sin levantar el rostro – eso… eso implicaría…

- Se acabo señorita Reimyn usted será la tutora escolar de la señorita Gefoym, este primer año ya lo ah cursado así que en sus manos dispongo de la señorita Gefoym, quiero verlas juntas y sobre todo quiero resultados académicos.

- No lo acepto – dijo Sarah levantando el rostro y mirando inexorablemente a la Madre Superiora.

- No es de que lo acepte o no, es una orden ¡entendió? – golpeo el escritorio con su mano – además la señorita Pauline fue su tutora en su primer año ¿no es así? e hizo de usted una magnifica estudiante así que espero los mismos resultados con su compañera de cuarto, le aconsejo que no defraude la memoria de su mentora.

Eso había sido todo la estocada final había sido dada, el rostro sorprendido de Sarah decía más que mil palabras, la Madre Superiora dio justo donde más dolía la herida.

- A pesar de estar lastimada – dijo Sarah secamente – estas frente a la Madre Superiora así que siéntate derecha, tu rostro debe de estar levantado y muéstrate segura de ti misma, las manos sobre tu falda y tus pies juntos.

- Sa…Sarah – le miré sorprendida.

- Has justo como te eh dicho – dijo sin verme.

- Sí… - hice justo como ella me indico.

- Tengo una noticia más que darles – la Madre Superiora se sentó tras su escritorio – ambas serás trasladadas a el último piso de forma definitiva.

- ¡Que? – dijimos al unísono.

Llamaron a la puerta y una monja entro situándose justo atrás de nosotras.

Todo esta listo Madre, las cosas de las señoritas han sido trasladadas al último piso y se ah confirmado la llegada de la señorita Kristal Dumont.

- Kris… tal… - Sarah miro sorprendía a la Madre Superiora.

- Así es señorita Reimyn, es por eso que dispondremos de su habitación y ustedes serán trasladadas a la parte superior de los dormitorios.

- Esto lo sabrá mi padre.

- Su padre ah sido notificado y esta de acuerdo con ello si usted gusta adelante el teléfono esta a su disposición.

- ¡?... ¡que?... mi padre… a… - el hermoso rostro de Sarah reflejaba enorme sorpresa.

- Se le notifico la llegada de la señorita Dumont y el comportamiento de usted hace apenas unas horas y accedió a que se le diera una reprimenda, es por eso que también están castigadas y este fin de semana no saldrán de su nueva habitación, los alimentos les serán llevados, sin embargo esta noche no habrá cena para ninguna de las dos ¿quedo claro?, ahora quiero que ambas se retiren Sor Marie las llevara a su aposento y espero que ambas piensen en las penalidades que han causado por su ausencia.

- Madre Superiora en verdad la culpa es ….

- No diga nada señorita Geyfom mi palabra ah sido dicha ahora salgan de mi oficina.

Salimos y Sor Marie nos esperaba me tomo del brazo y las tres caminamos por los pasillos del edificio, subimos hasta la parte más alta, el pasillo al cual llegamos estaba tan oscuro que Sor Marie prendió una vela y seguimos caminando en silencio hasta llegar a una puerta de madera, Sor Marie saco una vieja llave abrió la puerta, prendió las luces y nos insto a entrar, para mi sorpresa a pesar de lo abandonado del cuarto, este se veía limpio y en prefectas condiciones, un par de camas, dos escritorios perfectamente limpios con dos biblias sobre ellos y un pequeño altar con la imagen de Cristo.

- Ahora se quedaran aquí y espero meditaran sobre sus actos, vendré a verlas por la mañana, tarde y noche estos días y Jeanne espero que mañana estés dispuesta a contarme que fue lo que paso realmente – me ayudo a sentarme en la cama.

- Sor Marie… yo… - no me escucho se levanto y encamino hacia la puerta.

- Buenas noches señoritas.

Cerro la puerta tras de si, Sarah dio un rápido vistazo a la habitación y suspiró, se acerco a la única ventana con la que contábamos abriéndola de par en par, una brisa helada se dejo sentir, me hizo estremecer miré a Sarah su cabello se agitaba con el viento, a pesar del frío permanecía inmutable viendo la hermosa luna y las estrellas que adornaban el oscuro cielo, sentí calor en las mejillas al contemplarla podía admirar perfectamente su perfil iluminado por la brillante luz de la luna llena; estaba empezando a preocuparme esta rara sensación que se apoderaba de mi cada vez que la veía realmente empezaba a inquietarme porque por más que intentaba dejar de verla simplemente me era imposible. Mi imprudente estómago hizo eco en la habitación.

- Es duro ¿eh? – dijo y siguió mirando el cielo.

- Aahh… Esto… yo…- baje la mirada sumamente apenada fue solo un segundo lo juro al levantar la vista Sarah ya no estaba en la habitación - ¿Sarah?... ¡Sarah?.... me levante por impulso olvidándome de mis heridas – Sarah por favor… ¿Dónde? ¡Dónde estas?...
Jeanne fue lo más rápido que pudo al cuarto de baño, entró sin tocar pero tampoco estaba ahí, se plantó a medio cuarto mirando en derredor pero Sarah no estaba, corrió a la ventana, el aire agito sus rubios cabellos miró hacia ambos lados pero no pudo verla, sus ojos se anegaron de lagrimas, su pequeño cuerpo tembló y una indescriptible angustia se apodero de su rostro,

- Sarah… - pensó Jeanne - ¿será posible que haya salido?.... ¡Dios! ¡¡Sarah!!!??? - gritó su nombre en el pleno de la noche, pero no hubo respuesta - tembló de miedo al imaginarse lo peor – ¡Por Dios!! ¡¡¡Sarah!!! – volvió a gritar, más sin embargo su voz se vio apresada por la angustia y el llanto que salía incontenible de sus lindos ojos verdes, la luz se apago de repente Jeanne se asomó nuevamente a la ventana le llamo una vez más sin éxito alguno – Sa…rah…Sa…rah – sintió un nudo en la garganta, sus piernas no pudieron sostenerla y bajando la cabeza siguió su incontenible llanto – no puede ser – dijo con voz ahogada – esto no puede estar pasando…. Sarah… Por …favor…. Por… favor…. ¿Dónde… estas? – un mareo le hizo caer sobre el piso sin fuerzas su vista se nublo y perdió el conocimiento

Sarah no tardo demasiado en ir a la cocina, robar un poco de pan, queso y un par de botellas de vino tinto, no era la primera vez que lo hacía, así que le resulto sumamente fácil, regresó rápidamente a la habitación por fortuna el cuarto contiguo al que las asignaron no contaba con cerradura en la puerta ni en la ventana así que le fue muy fácil entrar por ahí y volver por el mismo lugar, así mismo no hubo problema con las cosas que llevaba en mano afortunadamente el techo le daba un pequeño espacio plano para poder caminar sin dificultad al entrar en la habitación lo primero que vio fue el cuerpo de Jeanne tirado en el piso, inmediatamente dejo las cosas a un lado y tomo el pequeño cuerpo de la chica entre sus brazos, observo el pálido rostro de Jeanne, demasiado pálido para su gusto.

- Maldición – masculló por lo bajo – ¿qué pasa con esta chica? ¿Qué haré?...

Tomó la botella de vino que ya venia abierta y la acerco a sus labios, esperaba que dándole de beber reaccionara, pero el vino fluyó por las comisuras de su boca.

- Demonios, monja ¿Qué pasa contigo? - miro por un momento el rostro de la chica que tenia entre sus brazos – maldición no tengo otra opción – suspiró, miró la botella y dio un buen trago, tomando la barbilla de Jeanne entreabrió sus labios vaciando el vino de su boca a la de la joven rubia, Sarah cerro sus ojos y solo por un momento quedo prendada de la suavidad y calidez que le brindaba la boca de Jeanne, la luz de la luna llena les bañaba con sus hermosos rayos plateados, la joven rubia abrió sus ojos lentamente topándose con el rostro más hermoso que había visto en toda su vida, Sarah le sostenía con gran delicadeza y su abrazo era sumamente reconfortante, por unos instantes Jeanne quedo como hechizada por la tibieza y el dulce que sentía en su boca y en su cuerpo, sin embargo cuando hubo recuperado su total lucidez se percato de la situación en la que se encontraba, sus ojos expresaron una gran sorpresa por los acontecimientos y con todas sus fuerzas empujo a Sarah, echándose hacia atrás y mirándola con el rostro sonrojado y una clara muestra de tristeza en su linda mirada esmeralda, por un instante una serie de múltiples emociones se apoderaron de Jeanne que miraba el sorprendido rostro de Sarah cubierto por primera vez desde que la conoció por un hermoso y tenue rubor que hacia gala de presencia en sus aperladas mejillas.

- Sa… Sa… ¡¡¡Sarah!!! – Jeanne se abalanzo a los brazos de la sorprendida chica - ¡Nunca!, ¡nunca vuelvas a preocuparme de esa manera!... ¡Sarah!, que bien que estas bien… Dios… ¡oh Dios!... Gracias a Dios que estas bien – Jeanne se aferro con mucha fuerza al cuerpo de la alta chica, su rostro en el pecho escuchando el suave y ligeramente acelerado ritmo cardiaco de Sarah quien al ver tan contrastante actitud de Jeanne quedo tan sorprendida que no supo que decir – pensé… que algo horrible te había pasado… pensé que habías muerto.

- Basta - dijo frugalmente y alejo a Jeanne de sus brazos, su mirada se endureció y una vez más ese enorme muro entre ella y la joven rubia fue levantado de forma inexorable – no te he pedido que te preocuparas por mi, te he dicho que no quiero nada de ti, ¿es que eres tan estúpida que no puedes entenderlo? – su fría mirada se clavo en las pupilas de Jeanne, su rostro inexpresivo lentamente demostró una tenue mueca de fastidio.

- Sa…rah – Jeanne se llevo la mano al pecho y bajo la cabeza hundiéndose en una total confusión, ¿Qué es lo que había sucedido hasta ahora?, no podía comprenderlo del todo, se quedo en silencio mirando el piso de madera tratando de entender la situación y las palabras de Sarah.

- Que no te sorprenda nada de mi monja ¿entendiste? – le hablo Sarah dándole la espalda – no es de tu incumbencia lo que haga de ahora en adelante, ni preocuparte por si estoy bien o estoy mal ¿quedo claro? – volvió el rostro, su semblante frío y duro fue lo único que Jeanne percibió.

- Sí, yo… lo lamento… es solo que…

- ¿Te estoy pidiendo explicaciones? – le acoto Sarah suspirando con verdadero hastío.

- No

- Me alegra que lo hayas entendido – Sarah se llevo la comida a la cama y se sentó en medio de la misma – ahora ven aquí que no te llevaré hasta allá de comer.

Jeanne le miro sumamente confusa.

- ¿Quieres decir qué?... – fue lo único que atino a decir.

- No quiero que los improperios de tu estómago me arruinen el sueño, así que si quieres comer ven, sino quieres puedes quedarte ahí por mi no hay problema – se encogió de hombros; con sus manos corto un trozo de pan tomo un poco de queso y comió.

- Yo… hummm – el estómago de Jeanne le volvió a proferir el hambre que sentía y termino por enojarse por la sinceridad de su organismo, se levanto y encamino a la cama se sentó en una orilla y solo contemplaba el pan y el queso.

- Vamos será mejor que comas ¿no esperaras que te lo sirva con toda la etiqueta formal? ¿o si, monja? – dijo Sarah sonriendo de medio lado.

- No, por… por supuesto que no – tomo un poco de pan y queso y comió en verdad se sentía aliviada de compartir ese momento con Sarah aunque esta ni siquiera la miraba. Tras un momento de silencio Jeanne se animo a hablar – eres muy amable al permitirme…

- Trae la botella de vino ¿quieres? – le interrumpió.

- Oh sí, por supuesto – Jeanne se levanto y fue por la misma – ¿has traído dos? – pregunto al notar la otra botella aun lado de la mesa de centro.

- ¿Tienes que preguntar cosas que son tan obvias? – Sarah levanto una ceja y resoplo molesta.

- Perdona…

- Perdón, perdón, lo siento, lo siento – Sarah se levanto y se encamino rumbo a la chica de ojos verde mar, al estar frente a ella, tomo la botella de vino entre sus manos y sin ningún tipo de reparo bebió directamente de la misma, al terminar no pudo evitar sonreír ante la atónita mirada de Jeanne – ¡¡¡aaaahhh!!!! Me pregunto si algún día podré dejar de escuchar tanta disculpa de ti, lo siento, lo siento, perdón, perdón, ¿por qué?, ¿por qué? Es lo único que sale de tu boca, y ahora me miras así tan sorprendida, y en esta ocasión seré yo quien te pregunte – se acerco a Jeanne la tomo por la barbilla y clavo su azul océano sobre las esmeraldas de su joven compañera – ¿por qué me miras así?, ¿Por qué te sorprende cada cosa que hago, eh?, ¿por qué te preocupas por mi si ni siquiera nos conocemos?, ¿qué pasa contigo?, en verdad dime ¿qué es lo que buscas de mi?, ¿qué deseas?, ¿te gusto? – sonrió irónica - y acerco sus labios entrecerrando los ojos – ¿es esto lo que deseas? – el tibio aliento de Sarah hacia que a Jeanne le costara trabajo respirar.

- No… yo no – le empujo con sus manos, volvió el rostro a un lado completamente sonrojada y sintiendo que el corazón se le saldría por la fuerza con que golpeaba su pecho – no es eso, es solo que…

- Es solo ¿qué? – Sarah se sentó de frente a Jeanne y volvió a beber.

- No lo sé – dijo con voz triste Jeanne mirando tímidamente a Sarah – “¿Cómo es posible – pensaba al mismo tiempo – que sea tan refinada y pueda en este momento comportarse de esta forma?, pareciera que es una persona totalmente distinta”

- Y me sigues mirando… - Sarah ladeo su cabeza y le observo con seriedad, se limpio la boca con el envés de su mano - quisiera saber que es lo que te llama tanto la atención de mi persona, creo que… - se levanto de una forma grácil y ligera, acomodo sus ropas con sus manos, su postura era perfecta desde el lleno de su altura contemplo a Jeanne, sonriéndole cansinamente – … en verdad creo que tendré que acostumbrarme a tus miradas – suspiro fastidiada dio media vuelta y al llegar a la cama recogió la comida que aún había ahí, la coloco en la mesa de centro, de vuelta a la cama empezó a desvestirse con una soltura y elegancia que dejaron a Jeanne admirada, los rayos azulosos de la luna se reflejaron sobre la perfección de su cuerpo.

- Una… Diosa – susurro Jeanne al contemplar el cuerpo desnudo de Sarah, su cabello azulado caía imponente por su espalda, por un instante la chica de zafiros ojos contemplo la plenitud de la noche, la luna parecía acariciarle el rostro con sus suaves rayos – que her…mosa - Jeanne sintió un rubor cubrirle toda la cara - ¿Qué es lo que estoy pensando? – dijo en voz baja y miro hacia la pared más cercana que tenía – “¿Por qué… por qué pienso esto?... yo… esto no esta bien, esto no esta nada bien… Sarah… Sarah es… ¿qué es Sarah?.... ella… ella… - su mente se perdió en mil y un cavilaciones, un breve escalofrío le saco de sus pensamientos.

Sarah dormía, la luna estaba ya en la cúspide del cielo cuando Jeanne se levantó y con paso lento llego a la ventana, la cerro y recargo la frente contra la misma, suspiro profundamente, levanto la vista mirando la imponente luna que se alzaba en el cielo nocturno, las estrellas tiritaban tenuemente, volvió el rostro a un lado sobre la mesa observo la botella de vino se acerco a ella la tomo con ambas manos y la observo con sumo detenimiento, sin duda alguna tenía sed, sin embargo el beber directamente de la botella no era nada propio de una señorita de su clase, aún así la llevo a su boca, estaba apunto de beber cuando a su mente regreso la imagen de Sarah tomando de la misma, se detuvo en seco, la imagen de los labios de Sarah llego de súbito a su mente, se sonrojo al ser conciente de que una vez más Sarah le había besado sin su consentimiento, pero ¿podía llamarse a eso besar?... Sarah se lo había dicho nunca besaría a una niña estúpida como ella, así que eso no alcanzaba a llamarse beso… ¿entonces que fue?... miro la botella y termino por beber de ella, al momento noto un dulzor ya sentido por ella, así que había sido solo eso, Sarah simplemente le había dado de beber a través de su boca. Suspiro con tristeza sorprendiéndose de sentir esa extraña sensación. Sin saber porque se acerco al lecho de Sarah y le contemplo largo rato, sin duda alguna era el retrato mismo de la perfección, el nácar de su piel contrastaba hermosamente con el negro azulado de sus cabellos, sus labios rosados, hermosos y suaves como el pétalo de una rosa, el delineado perfecto de su nariz y esos profundos ojos como océanos intensos en tormenta o en franca calma ahora cerrados por sus suaves parpados, la exquisitez de su cuerpo, la perfección de sus formas, Jeanne trago saliva al darse cuenta de la forma como observaba a Sarah, lagrimas salieron de sus intensos ojos verdes cayendo sin piedad por sus ruborizadas mejillas, solo fue capaz de cerrar los ojos con fuerza y darse la vuelta… no entendía el porque de sus lagrimas, simplemente no podía dejar de llorar a paso lento llego a su cama se tiro literalmente sobre ella y su llanto silencioso siguió sin ella entender el porque del mismo.

La mañana sorprendió a Jeanne, a lo lejos se escuchaba el suave trino de las aves que poblaban el hermoso bosque, se incorporo poco a poco, le dolía la cabeza y se sentía cansada, miro hacia la cama de Sarah pero no se encontraba en ella. Al mirarse se percato de que estaba bajo las cobijas ¿en que momento se había cubierto?, haciendo un esfuerzo solo recordaba el haberse acostado sobre las mismas más no debajo de ellas…

- Sarah… - susurro – se levanto y arreglo la cama, miro a la ventana y esta se hallaba cerrada – sin duda no ha salido – dijo en voz queda.

- Ya despertaste monja – su voz hizo eco en la habitación haciendo que Jeanne diera vuelta y contemplara a Sarah con los ojos muy abiertos y la boca entreabierta… ahí estaba ella de pie secando su cabello envuelta por una toalla blanca como la nieve, el agua escurriendo lentamente por su rostro – es molesto que le miren a una así ¿sabes? – dijo Sarah cerrando los ojos y echando hacia atrás su cabeza para sacudir su cabello – Jeanne quedo embelesada con ese movimiento lleno de una inconciente sensualidad.

- Perdona – dijo Jeanne volviendo el rostro a un lado.

- ¡¡Se acabo!!

Jeanne termino de espaldas sobre la cama con Sarah encima de ella quien le miraba con molestia, el agua que escurría del flequillo de Sarah caía suavemente a las mejillas de la rubia chica.

- Estoy harta – le espeto a la cara – no soporto estar escuchando tanta disculpa proveniente de ti, es cansado y fastidioso ¿entiendes?... – le miro de lleno, el rostro de Jeanne reflejaba un intenso temor y aún con ello estaba fascinada al contemplar a Sarah – cada vez que te disculpes sin motivo haré algo que no te guste para nada – dijo Sarah con seriedad recordando la bofetada que Jeanne le dio en aquel árbol – esta vez voy a besarte en serio monja – las manos de Jeanne estaban sujetadas fuertemente por las de Sarah quien entrecerrando los ojos se acerco poco a poco a los labios entreabiertos de Jeanne.

- N…n…no, yo… no – los ojos de Jeanne se anegaron de lagrimas – n… no – dentro de ese ruego podía percibirse una súplica parecida más a un tenue si.

El aliento de Sarah se confundía con el de Jeanne su rostro ruborizado y sus ojos lentamente comenzaron a cerrarse… dos leves golpeteos se escucharon tras la puerta de madera. Jeanne se encrespó al instante, Sarah sin embargo le miro suspirando con fastidio.

- Solo por esta vez lo pasaré por alto – dijo y le beso en la mejilla, se levanto caminando a la ventana – adelante Sor Marie – dijo con firmeza.

La puerta se abrió y Sor Marie paso vio a Sarah en la ventana mirando hacia la lejanía secando aun su cabello, y a Jeanne sentada a la orilla de la cama, con el rostro húmedo y sonrojado.

- Que te ha sucedido Jeanne – sor Marie se acerco a la chica tocando su frente – tu rostro esta sonrojado ¿tendrás fiebre?

- Eehh,... aahh creo que tal vez, si...

Sarah solo se limito a sonreír.

-¿Crees estar resfriada, Jeanne? - pregunto la monja tocando la frente de la chica.

- No... bueno, no sé.. quizá...

Mientras sor Marie atendía a Jeanne, Sara miraba a través de la ventana sin mirar nada en específico, pues una vez más sus recuerdos le llevaban muy lejos.

- Es la primera vez que estoy en un cuarto de castigo - dijo sonriendo Pauline.

- Lo lamento, fue culpa mía, sino hubiera cantado - Sarah miro sus manos tristemente.

- Vamos Sarah no pongas esa cara ¿no te has dado cuenta?, ven - estiro su mano y Sarah la tomo, con sus manos entrelazadas miraron a través de la ventana - ¿no te parece maravilloso Sarah?, ¡mira, mira, que hermoso paisaje y es solo nuestro! - dijo con entusiasmo y se abrazo a Sarah recargando la cabeza en el hombro de la alta chica, poso su mirada en azul cielo surcado por enormes nubes blancas sin mirarla dijo - Sarah, nunca dejes de cantar, sigue cantando, me gusta mucho tu voz, mucho, ¿lo harás?, ¿seguirás cantando para mi?, en verdad me gusta escucharte, tienes una hermosa y melodiosa voz.

- ¿En serio? - el rostro de Sarah se ruborizo y una simpática sonrisa se dibujo en sus labios.

-Sí, Sarah - suspiro - me gusta mucho escucharte cantar, por favor nunca dejes de hacerlo, ¿cantarías para mí el Ave María?

-Sí...yo siempre cantaré para ti - Sarah sostuvo las manos de Pauline entre las suyas mirándola tiernamente a los ojos.

Ave Maria
Gratia plena
Maria, gratia plena
Maria, gratia plena
Ave, ave dominus
Dominus tecum
Benedicta tu in mulieribus
Et benedictus
Et benedictus fructus

Sor Marie y Jeanne miraban asombradas a Sarah que cantaba a voz en pecho con gran soltura, su hermosa voz resonaba en el pequeño dormitorio.

- Sarah - sonrió Sor Marie - ¿volverás al coro?

- Et benedictus fructus... - Sarah calló de golpe a su memoria llegaron los recuerdos de la dulce sonrisa de Pauline y ello le anego los ojos de un amargo llanto. - Es bastante molesto el tener que vestirme frente a una extraña y encima tener que hacerlo en su presencia hermana así que...

- "¿Extraña?" - pensó Jeanne con tristeza

- Entiendo Sarah, solo dejaré el desayuno en la mesa y saldré - Jeanne por favor espera afuera ¿quieres?

- Sí hermana - Jeanne se encamino hacia la puerta, y antes de salir miro por un instante a Sarah

Su negra azulada cabellera se notaba más intensa al contraste con la toalla blanca que envolvía su cuerpo.

- Con su permiso señorita Reimyn - la monja cerró la puerta tras de sí.

- Pauline - murmuro Sarah dejando escapar las lágrimas de sus bellos ojos.

- Hermana ¿a que se refería al decir con volver al coro? - pregunto Jeanne mirando el techo.

Antes de responder sor Marie se recargo en la puerta y dando un leve suspiro comenzó a relatar.

- Sarah - hablo en voz baja - estaba en el coro de la iglesia...

Dentro de la habitación Sarah recordaba al igual aquellos días.

- ¡Te aceptaron en el coro? - Pauline sonrió enormemente -¡Sarah eso es maravilloso! - se abalanzo sobre la chica haciendo que Sarah perdiera el equilibrio cayendo ambas al pasto - ¿estas bien Sarah? - preguntó.

- Yo... si estoy... bien - Sarah abrió los ojos lentamente ruborizándose al ver la cercanía del rostro de su joven compañera, una suave brisa agito ligeramente el flequillo de la chica rubia quien sonrió entrecerrando sus ojos y acerco sus labios hasta besar a Sarah en la frente.

- Estoy orgullosa de ti Sarah - la abrazo y Sarah con un poco de inseguridad elevo sus manos al cielo antes de dejarlas descansar sobre la espalda de su joven compañera - tu abrazo es muy cálido Sarah - dijo en un dulce suspiro, se separo un poco de Sarah y mirándola directamente a los ojos pregunto - ¿cantarías para mi el Ave María?

- Lo haré Pauline, yo... siempre cantaré solo para ti - se levanto y miro sonriente todo en derredor, con el semblante iluminado por una enorme emoción y felicidad y con el hermoso paisaje del lago como telón de fondo comenzó a cantar de una forma prodigiosa mientras Pauline la observaba maravillada.

- Ese día las encontramos gracias a que Sarah cantaba, se les castigo por estar en los alrededores del lago y la madre superiora les envió unos días aquí para que reflexionaran sobre el seguir las reglas del internado... fue entonces cuando Sarah quedo en tutoría de la señorita Pauline Darnet, sin duda hizo un buen trabajo, ya que Sarah en todos sus movimientos expresa claramente su finura y elegancia.

- Sí... es verdad - Jeanne suspiró por lo bajo - así que Sarah ya había estado aquí.

- Con seguridad Sarah ya ha terminado de vestirse, por favor entra, tengo que irme pues eh de recoger a una nueva estudiante.

-Si hermana.

Jeanne entro una vez más a la habitación, escucho el cerrojo en la puerta y al mirar en derredor noto que Sarah ya no estaba, se sintió por completo sola y triste. Arreglo la cama de Sarah, al terminar se sentó a la mesa y miro su plato de sopa ya frío se sorprendió al notar sus lagrimas correr sin piedad por sus mejillas cayendo directamente dentro del plato.

- ¿Qué... qué me pasa?... ¿por qué?... - se levanto y camino hacia la ventana miro el cielo entre lagrimas y por un momento sintió un enorme vació y por vez primera sintió mucho coraje - ¡no es justo! - grito - ¡Porque tenias que irte y dejarme sola Camille?, ¡por qué una persona tan buena como tu tuvo que irse?... eras mi única amiga, la única amiga que tenía y ahora estoy tan sola y Sarah... Sa..rah ella, ella me odia.. y yo... y ...yo... - el llanto fue mayor a sus reproches formándole un nudo en la garganta, su incontenible llanto era en verdad amargo.

Sarah que estaba sentada a un lado de la ventana bajo la mirada posándola en sus manos mientras escuchaba el amargo llanto de Jeanne y una vez más recordó.

- Señorita Pauline Darnet - dijo la madre superiora - le presento a quien será su compañera de cuarto, la señorita Sarah Reimyn - Sarah y Pauline se miraron fue tan solo un instante pero para Sarah fue una eternidad - ella - continuo la madre superiora - estará cursando el primer año del internado así que le pido le ayude en sus deberes y cuide de ella Señorita Darnet. Espero que ambas se lleven bien como buenas hermanas ¿de acuerdo?

Las dos chicas asentaron y una vez más sus miradas se entrelazaron, fue un sentimiento nuevo para Sarah reflejarse en los ojos miel de su nueva compañera, la puerta se cerro y ambas seguían con su mirada unida, Pauline rompió el dulce hechizo y volvió el rostro para mirar el crucifijo que colgaba en la pared sobre su cama, el perfil de la rubia chica era impactante y Sarah no podía dejar de mirarla, un largo e incomodo silencio se hizo presente, Sarah volvió el rostro al escuchar pasos fuera de la habitación y abrió enormemente los ojos al sentir en su espalda el cuerpo de Pauline quien le abrazo de forma cálida y sincera, era verdaderamente un abrazo franco y sincero.

- Se.. señorita Darnet...

- Pauline, solo llámame Pauline... oh Sarah... Dios te mando a mi lado - susurro - todos los días rogué porque a mi solitaria vida llegara una persona llena de calidez y ternura y me ha bastado tu azul mirada para ver que eres una persona llena de amor y bondad.

- ¿Pauline?...

- Sarah, no sabes el dolor que mella en el alma cuando se esta sola, se siente tan infinito como el mayor de los vacíos, estoy segura de que este enorme cariño y bondad lo sentirá cualquier persona que este junto a ti Sarah, tu jamás harás sufrir a nadie.

-¡Por qué es tan fría como el hielo? - grito Jeanne con fuerza sacando a Sarah de sus recuerdos.

Ante el comentario Sarah bajo aún más la cabeza y apretó los puños con fuerza, a su mente volvió la dulce voz de Pauline "no sabes el dolor que mella en el alma cuando se está sola "... "le aconsejo que no defraude la memoria de su mentora" la voz de la madre superiora, " se siente tan infinito como el mayor de los vacíos".... una vez más la voz de Pauline hizo eco en sus oídos.

Jeanne seguía llorando de rodillas frente a la ventana con sus manos cubriendo su rostro.

- Lo lamento - la voz de Sarah hizo a Jeanne levantar el rostro, Sarah le miro con un dejo de sufrimiento, entro por la ventana y se arrodillo frente a Jeanne - en verdad lo lamento - volvió a decir mientras bajaba la mirada y apretaba con fuerza sus manos formando puños - "se siente tan infinito como el mayor de los vacíos" - mordió su labio inferior hasta hacerlo sangrar
- no pretendí lastimarte - saco su pañuelo elevo la vista y lo coloco sobre la mejilla de Jeanne.

- Estas, estas sangrando - dijo Jeanne sacando su pañuelo y limpiando el hilo de sangre que corría por la comisura de la boca de Sarah.

Ambas se miraron a los ojos perdiéndose la una en la otra, los rayos del sol caían sobre ellas de forma parsimoniosa, iluminando el cabello negro azulado de Sarah y el rubio cabello de Jeanne, sus rostros terminaron por ruborizarse levemente al ser ambas consientes de lo hermosa que cada una veía a la otra.

- "Se parece mucho a Pauline" - pensó Sarah al mirarla - "aunque sus ojos... sus ojos no son como los de ella" - le miro fijamente - es difícil para mí - rompió el silencio - acercarme a otra persona - su mirada se endureció y volvió el rostro a un lado - solo seamos corteses la una con la otra... solo eso y por favor no te entrometas en mis asuntos - le observo y le regalo una dolorosa sonrisa.

- Soy yo - dijo la joven rubia - la que tiene que pedir perdón todo a sido a causa mía por entrometerme en tu vida sin permiso - Jeanne tomo las manos de Sarah entre las suyas - lo lamento Sarah... perdóname - las lagrimas abandonaron una vez más sus verdes ojos.
Sarah observo con detenimiento esa verde mirada plagada de sinceridad y un infinito arrepentimiento.

-Tranquila - susurro - ya no importa solo... solo no intentes congeniar conmigo - limpio una vez más las lagrimas de Jeanne y por vez primera le obsequio una sincera sonrisa.

Jeanne no pudo contenerse y se abrazo a Sarah llorando profusamente, la chica ojiazul la tomo entre sus brazos y le acaricio su rubia cabellera, al hacerlo recordó a Pauline y también rompió en un silencioso llanto. 

Continua en: CAPITULO IV

8 comentarios:

  1. excelente historia!!! espero no demore mucho en continuarla, le deseo la mejor de las suertes en su nuevo trabajo

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  2. Siiiiii!!!! Un poco de opio para el pueblo, magnifica historia, me encanta...

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  3. no sabes lo que habiamos pensado debido a tu repentina desaparicion pero dejame decirte que ante todo nos preocupamos por ti, amo la forma en la cual escribes espero verte mas seguido y asi las continuaciones muchas gracias.

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  4. hola gracias por la dedicatoria de verdad me encantan tus historias antes de leerlas yo leia novelas,nada comparables a lo que me trasmiten tus historias.y gracias por el concejo pero la vardad no voy a decirles nunca a mi familia por que ellos solo me van a mirar con esos ojos acusatorios que me hacen sentir tan mal.tampoco creo en dios y a eso si se los dije todavia no lo creen pero fue otra lucha que me hacia sentir muy mal con mis gustos.pero las cosas no estan tan mal bueno hoy me asaltaron pero fuera de eso me siento feliz con una chica q obiamente me adora pero yo no puedo darle ni una señal de que me gusta y por eso no puedo saber de que forma me quiere ella si es como las demas q estan atentas a lo que hago o siente otro tipo de admiracion. prdon por ser tan largo chau.
    raquelita

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  5. YA ESCRIBAN MAS HISTORIAS XK ME GUSTA MUCHO YA SE AVERIO BURUNDIS,COM AMO AMI AMOR

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  6. Tu logras hacer que tus persobajes cobren vida, me transmites cada uno de sus sentimientos y la verdad eso es genial.Tus historias son las mejores que he leido, muchas gracias por escribirlas, para mi son mi escape a otro mundo a mi mundo perfecto y por eso te doy las gracias, nunca dejes de escribir.
    Te dejo un gran aplauso y mis infinitas gracias.

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