martes, 24 de mayo de 2011

Entre mi Religión y un Amor Prohibido Capítulo IV

Buenas noches mis amadas y amados seguidores, espero que esta historia les este gustando. Les mando muchismos Abrazos a tod@s y cada un@ de ustedes!!!!!!

Este capítulo va con dedicatoria especial a mi querida amiga que se siente identificada con este tipo de historias, recuerda amiga que en esta vida la vivirás tu y solo tú, no tengas miedo sé que será duro para las personas que amas que acepten el hecho de que te guste una chica, sin embargo recuerda que Dios es Amor y si amas verdaderamente entonces no puede existir esa clase de contradicciones. Saludos y espero que estes muy bien.


Capitulo I V

"Kristal Dumont"


- Es un honor para este Internado tenerle como estudiante de primer grado señorita Dumont - La madre superiora le invito a sentarse - imagino que en el trayecto de la puerta principal a mi oficina Sor Marie ya le dio los por menores de las reglas que seguimos dentro del mismo ¿cierto?

- Si, Madre, así es - dijo la chica

- Muy bien mañana en la mañana la presentaré después de la misa, su uniforme junto con su equipaje ya esta en la habitación que se ha preparado para usted, según los deseos de su padre es una habitación grande y equipada única y exclusivamente para usted.

- Lo sé así es mi padre, siempre procura lo mejor para mi - sonrió de medio lado - ahora madre si me disculpa estoy cansada por el largo viaje y quiero ir a mi habitación.

- Adelante señorita Dumont, Sor Marie la guiara.

Antes de salir de la oficina Kristal miro de nuevo a la Madre superiora.

- Ella - pregunto - ¿sabe que estoy aquí?

-Sí, ya ah sido informada.

- Muy bien - sonrió - y salió de la oficina - "Tenemos cosas pendientes tu y yo Sarah, no me daré por vencida" - entrecerró los ojos.

Sabía que la monja dormía porque su peso lo sentía de lleno sobre mi cuerpo, su respiración era tranquila y pausada, su tibio aliento traspasaba la humedad de mi ropa, su llanto había sido largo y amargo yo en verdad no deseaba herirla de ninguna forma y lo mejor era que solo nos tratáramos con cortesía, sin embargo si había alguna forma de terminar mi responsabilidad de tutoría con ella la tomaría. Levante su rostro con mis manos, sin duda parecía un ángel y mirándola detenidamente si tenía ciertos rasgos de Pauline en ella, la abracé a mi pecho nuevamente y decidí quedarme así solo un poco más, el calor que manaba de su cuerpo era casi tan cálido como el de ella y ese sentimiento mitigaba levemente mi dolor.

****

Mi nueva habitación, mi nueva y solitaria habitación, no podía quejarme era amplia y la luz entraba maravillosamente a través de las cortinas que bailaban grácilmente al compás del viento que se filtraba por el gran ventanal, me pregunto si la cama que han dejado es la misma que utilizaba Sarah.... Sarah, mi querida Sarah.... hace tanto tiempo que no te veo, desde aquel día después del sepelio de su compañera de cuarto... no ... no era solo su compañera de cuarto o su amiga, ella... esa chica era la princesa querida de mi adorada Sarah.... pareciera como si hubiese sido ayer....aún puedo recordarlo:

- ¿Sarah.... puedo.... puedo pasar? - la puerta se abrió y Kristal se asomó dentro de la habitación - ¿Sarah? - pregunto de nuevo entrando con paso vacilante mirando en derredor de la espaciosa habitación, el ventanal que daba paso al balcón estaba entreabierto y con paso inseguro Kristal se dirigió hasta el.

De pie vestida con un largo vestido negro se hallaba Sarah quien miraba hacia la nada, denotaba una enorme tristeza en su rostro y en su mirada. Kristal quedo a unos pasos de ella...

- Sarah yo… quería… más bien quiero decirte que… siento mucho la….

- No digas tonterías - la voz fría de Sarah le heló la sangre - ni siquiera la conocías... - giró su rostro lentamente hasta mirarla - ¿y aún así dices que lo sientes? - pregunto irónica clavando sus helados ojos añiles sobre los azul claros de Kristal - déjame en paz Kristal y dile a todos que se guarden sus condolencias - las lagrimas empezaron a correr sin piedad por sus ruborizadas mejillas.

- Sarah yo... yo no... quería - dio un paso al frente.

- ¡Que me dejes en paz! - le espeto mirándola con furia.

- Pero, pero... en verdad yo no...

- ¡Es que no me entiendes?! ¡sal de aquí y déjame sola!, ¡diles a todos que me dejen sola! ¡que me dejen en paz! - volvió a gritar.

Kristal salió corriendo de la habitación, esa fue la última vez que la vio.

Aquel día Sarah, ese día me di por vencida sin siquiera haber peleado, tenía miedo, tenía miedo de esa mirada tan fría, tan llena de dolor, tenía miedo y me deje vencer.... sin embargo Sarah esta vez no será así, en verdad que no será así..... ese día.... no solo tu princesa se fue, también se llevo consigo, tus ganas y deseos de vivir, se llevo lo mejor de ti Sarah... te extraño tanto.

Kristal levanto su azules ojos y los dejo vagar por el inmenso cielo que se confundía con el claro color de sus ojos poso su mirada sobre las nubles blancas y sus recuerdos la llevaron una vez más al pasado.

- Espera Saraaahh!!! - gritaba una pequeña Kristal

- ¡Vamos, vamos Kristal, corre, trata de alcanzarme!, - decía riendo una pequeña Sarah.

- ¡¡Vas muy rápido!! ¡por favor espera! - gritaba al borde de las lagrimas.

Sin embargo Sarah siguió su carrera sin detenerse hasta llegar a la cima de esa pequeña colina al llegar se tiró de bruces al piso, respiro profundamente el olor de la hierba húmeda de primavera, se dio la vuelta y miró un momento el lento surcar de las nubes blancas a través de las ramas y las hojas del árbol que adornaba esa pequeña colina, las miro vagar lentamente por el inmenso océano azul del cielo.

- ¡Sarah! - grito Kristal mirándola con los ojos llorosos - ¡Por qué eres tan cruel? ¡Por qué me dejas siempre atrás? - Sarah se incorporó hasta sentarse - ¡¡Saraaahh!! - Kistal se abalanzo a sus brazos - ¡no me dejes atrás!

- Eres muy lenta Kristal, por eso no puedes alcanzarme, pero no llores - le levanto el rostro con la mano y le beso en ambas mejillas - quizás algún día me alcances - le guiño, se levanto y empezó a escalar el gran árbol que les servía de sombra.

- ¡Sarah!... ¿por qué? - y empezó a llorar.

- No llores Kristal sino dejaras de gustarme - ante esas palabras Kristal dejo de llorar de inmediato - miró a Sarah quien le sonreía sincera.

- ¡Algún día Sarah! ¡Algún día voy a alcanzarteee! - le grito mientras le miraba escalar el árbol.

Sarah le miró una vez más y le extendió la mano invitándola a subir.

- Algún día - susurró Kristal al volver de sus recuerdos - algún día te alcanzaré - miró al frente - por ti Sarah aprendí a escalar los árboles aún cuando ello me trajo muchas caídas, sin embargo no me di por vencida si hoy subieses al árbol más alto y difícil seguro te alcanzaría, pero ahora no es tan fácil como solo subir a la rama más alta, sino el hecho de que tu hace tiempo dejaste de ser tu misma, esa chica, esa chica que tomaste por tu princesa se llevo a la tumba a la Sarah que siempre eh querido. Pero voy a recuperarte Sarah no quiero perderte otra vez, de una u otra forma voy a recuperarte. Lo juro por Dios.

****

Desperté para mi sorpresa al escuchar el canto de un pajarillo que estaba posado en la ventana, miraba hacia el interior moviendo su pequeña cabecita de un lado a otro, trino y voló dentro del cuarto posándose sobre la mesa y arrancando pequeños trozos del pan que había sobre ella, me entretuve mirándolo al menos alguien aprovechaba el desayuno, mire hacia la ventana, el día se me apetecía para salir, Sor Marie no regresaría hasta más tarde así que podía bien aprovechar para salir e ir al lago, la monja dormía sobre mis piernas y con cuidado la deje sobre el piso para no despertarla, debajo de mi cama había escondido la botella de vino que sustraje el día de ayer, al mirarla no puede evitar sonreír me imagine la cara de sorpresa de la monja si supiera la forma como iba a destaparla... antes de salir de la habitación tome el cobertor de mi cama y con el cubrí a la monja que seguía durmiendo, el aire era frío y por alguna extraña razón no deseaba que se enfermara. Salí de la habitación y me dispuse a ir al lago.

- ¿Han escuchado las noticias? - pregunto Suzette Barat una chica de cabello rojo intenso y mirada aguamarina - parece ser que una chica nueva va a ingresar al Instituto.

- ¿Una chica? ¿a estas alturas del año? - pregunto Lara Smith una chica de cabello corto rubio dorado que dejo su lectura al escuchar eso.

- Sí, así es dijo Suzette mientras se sentaba al lado de ella.

- ¿Sabes quién es? - pregunto Caroline que seguía con la mirada sobre su lectura y estaba sentada frente a ellas.

- No, no sé quién es, seguro lo sabremos mañana después de la primera misa.

- Me alegra que no seas curiosa Suzette así es como debe comportarse una señorita.

- Siempre trataré de enorgullecerte Caroline - le miro tiernamente.

- En verdad no lo tomes a mal - dijo la otra chica por lo bajo - ¿porque siempre la tienes que mirar así?

- Así ¿cómo? - susurro a Lara, con las mejillas ruborizadas.

- Aah - suspiró por lo bajo - en verdad si no supiera que es imposible juraría que estas enamorada de ella.

- ¡Bromeas!- exclamo si desearlo – no, no es eso.

- ¿No es qué? - pregunto Caroline elevando lentamente la mirada, ante esto, Suzette se levanto deprisa y le dio la espalda.

- Nada, nada - se apresuro a decir - tengo... tengo que irme.

- Pero ¿a dónde? - pregunto sonriente Lara - no tenemos clase es sábado ¿lo olvidas?

- Déjame en paz - susurro por lo bajo mirándola de soslayo un tanto cuanto molesta y más roja que una rosa - tengo que ir a confesarme es eso - dijo sin mirarlas.

- Por supuesto - se levanto Lara colocándose a su lado - sin dudad tienes que ir a confesar esos malos pensamientos tuyos - susurró.

- Lara, en verdad.... en verdad...

- Te acompañaré Suzette - dijo Caroline dejando fría a Suzette y provocando en Lara que se riera no muy discretamente.

- Sí, sí... va..vamos....

- ¿Nos acompañas Lara? - pregunto Caroline.

- No, gracias Caroline tengo otras cosas que hacer - se acerco al oído de Suzette y susurro - además no quiero interrumpir en su cita.

- Lara - dijo molesta Suzette mirándola y al volver el rostro Caroline la vio.

- ¿Te sientes bien Suzette?, estas algo sonrojada.

- ¿Algo?... yo más bien diría un por completo - sonrió burlona.

- Que me dejes en paz - dijo y se en camino, Caroline le alcanzó a los pocos pasos.

Lara se les quedo mirando un rato hasta perderlas de vista, su rostro sonriente se torno poco a poco en tristeza, sujeto su libro con fuerza a su pecho, mientras una lágrima escapaba de sus ojos.

- Debería dejar de hacer esto... - dijo para si misma - si fuera sincera conmigo misma podría serlo con ella y así quizás en vez de mirar a Caroline, me miraría a mí, me pregunto si está bien sentir esto... me pregunto tantas cosas - se quedo un momento mirando la fuente que adornaba ese lado del patio - tras un momento su rostro se torno serio y se encamino dentro del bosque.

Sarah llegó al lago se sentó a la orilla del mismo y contempló con la mirada pérdida todo en derredor, sin duda el día estaba precioso sin embargo sin Pauline, parecía un día como cualquier otro al mirar a un lado, pudo ver los restos de la pequeña fogata que había hecho para hervir las hierbas que ayudaron a desinflamar el tobillo de Jeanne, al mirar a la orilla del lago a su mente llegó la risa de Jeanne pudo verla sentada con su pie dentro del mismo riendo y para su sorpresa al llevarse la mano a los labios se dio cuenta de que estaba sonriendo.

- Esto es extraño - dijo para si - yo... no entiendo que es este sentimiento que tengo - de una forma no muy ortodoxa destapo la botella de vino y comenzó a beberlo mientras miraba a la otra orilla del lago con la mirada pérdida.

En otra parte del colegio Jeanne despertaba de su letargo, al incorporarse notó que una vez más estaba sola, al percatarse de que estaba cubierta por el cobertor de Sarah sus mejillas se sonrojaron levemente y se sintió muy contenta, arreglo la cama de Sarah y se acerco a la ventana para admirar la mediana tarde y el hermoso paisaje que le brindaba el estar en ese lugar.

Mientras tanto en la Iglesia mientras Caroline rezaba Suzette estaba en el confesionario eran evidentes los ronquidos del padre que dormía a pierna suelta dentro del mismo, cosa que Suzette agradecía al cielo.

- Perdóneme padre - dijo susurrando - porque eh pecado, tengo sentimientos extraños por la persona que está ahora aquí conmigo, me siento feliz al verla, al estar cerca de ella, cuando me sonríe, cuando toma mi mano y me lleva por el camino enseñándome las normas que debemos acatar como señoritas de alta sociedad... no sé definir bien esto que siento pero me hace sentir bien el solo hecho de estar a su lado y compartir mi tiempo con ella, somos compañeras de cuarto desde que iniciamos el Internado y me atrevo a decir que soy muy feliz tanto que no deseo que el tiempo siga trascurriendo para poder seguir a su lado. ¿sabe qué es esto que siento por ella Padre?.... ¿es algo monstruoso? - las lagrimas escaparon de sus ojos, junto con un sollozo ahogado.

En el lago Sarah llevaba ya media botella bebida a unos metros de ella escucho ruidos y detrás de unos arbustos salió Lara... Sarah le miró sin decir ni una palabra, Lara llego hasta la orilla del lago, respiro hondamente y.....

- ¡Suzzeteeeeee Te Amoooooooo! - grito a todo lo que le dieron su pulmones - ¡¡¡¡en verdad, en verdad Te Amoooooo!!!!

Sarah se quedo con la boca medio abierta mientras miraba incrédula a la chica, que suspiro profundamente y bajo la mirada, en un rápido movimiento volvió el rostro y miró a Sarah le echo una ojeada la reconoció y acto seguido sus ojos viajaron a la mano que sostenía la botella de vino a medio beber. Con paso decidido y los ojos puestos en ese tesoro camino hacia Sarah que de ver la actitud de la chica se sintió un poco amenazada. Le arrebato de la mano la botella la cual no tuvo reparo en llevarla a su boca y beberla casi hasta terminar con ella.

- ¡Hey! - protesto Sarah - si quieres beber roba tu propia botella.

- Aaahhh!!! - exhalo la chica - mirando de mohines a Sarah - ladrón que roba a ladrón - se limito a expresar.

Sarah se levanto y le arrebato la botella, la examinó brevemente y exhalo un suspiro.

- Es que casi te la has bebido toda de un solo trago - le miró molesta - que chica más extraña eres vienes y gritas a la nada que amas a otra chica y encima te atreves a beber lo que es mío, en verdad eres sumamente rarita - dijo esto último con cierta malicia como deseando lastimarla.

- ¿Rarita yo? - dijo maliciosamente Lara mirando de arriba a abajo a Sarah con aire de suficiencia - ¿me lo dice Sarah Reimyn que huyo con la chica que amaba?

- ¿A que te refieres? - dijo Sarah mirándola con verdadero enfado.

- Vamos Sarah no tienes derecho a decirme nada cuando tu amabas de igual forma a tu preciosa Pauline Darnet.

- ¡Desdice lo que estas insinuando! - la sujeto con fuerza del uniforme - dejando caer la botella al suelo y derramándose el resto del vino.

- ¡No desdeciré nada Sarah! - le espetó soltándose de sus manos - ¡no tienes ningún derecho a juzgarme cuando tu misma no has mirado la viga en tu ojo!

- ¿Estas insinuando que yo tenía las mismas manías extrañas que tu? - le miró apretando los puños y mirándola a los ojos fríamente.

- No estoy insinuando nada Sarah lo estoy afirmando, es solo que tu estas tan ciega que no has sabido darte cuenta y lo peor de todo es que Pauline también sufrió a causa de ello ¿es qué nunca viste que te amaba?

- ¿Qué estás diciendo? - susurro con los ojos muy abiertos.

- ¡Por Dios Reimyn! - termino por exasperarse - ¡se necesita que estés verdaderamente ciega para no verlo! dime ¿quién soy?

- ¿Qué? - pregunto aun extrañada.

- ¡Rayos! ¿qué me digas quien soy yo?

- ¿Tu? - le miró extrañada - ¿qué quieres decir?

- Me conoces Sarah Tu, Pauline, Caroline y yo llegamos a conversar en varias ocasiones, incluso conociste a Suzzete, ¡Quién soy yo Sarah?.

- No sé - dijo mirándola a los ojos.

- Por supuesto que no lo sabes - elevo las manos al cielo sonriendo sarcásticamente - tus ojos nunca se alejaron de Pauline, era lo único que mirabas, era a la única a la que le brindabas toda tu atención, solo a ella - dijo más tranquila - y ella Sarah, ella también estaba enamorada de ti, se notaba en la forma como te miraba, la forma como te escuchaba, ¡oh! ¿Sarah ambas eran tan tímidas que aún conviviendo en la misma habitación nunca se dieron cuenta? - pregunto fijando su mirada en la de Sarah al mirar la duda que se formo en ellos, suspiro profundamente mientras le daba la espalda y se encaminaba de regreso a la escuela, Sarah quedo como ida de este mundo, antes de irse Lara volvió el rostro y dijo.

- Sarah aún no es tarde, ¿por qué no le expresas tus verdaderos sentimientos?.... ¿sabes?... estoy segura que te escuchará. Una vez me dijo que este sitio era el lugar que más amaba de toda la escuela, seguro su espíritu vaga contenta por aquí, ¿por qué no hacerla feliz Sarah? - dicho eso siguió su camino, dejando a Sarah con el rostro bañado en llanto, un llanto que le supo dulce-amargo.

- Pauline - murmuro.

El silencio del Lago solo era roto por el leve rumor del viento colándose por entre las ramas de los árboles y por el trino de los pajarillos que cantaban sobre las ramas de los mismos, la mente de Sarah se lleno de recuerdos de Pauline, su mirada, su sonrisa, sus palabras siempre dulces y tiernas, los abrazos compartidos, en un instante recordó los últimos instantes de Pauline, y la emoción en sus cansinos ojos cuando le beso, en ese momento sus ojos se abrieron enormemente y por fin entendió las palabras de Pauline, solo hasta ese momento comprendió que le dijera que ese había sido el regalo más hermoso que le había dado... cayó de rodillas abrazándose así misma... era una extraña mezcolanza la que sentía una tristeza infinita y a la vez una alegría inmensa, duró unos minutos así, tras unos momentos enjugo sus lagrimas, se levanto se acerco a la orilla del lago y con voz clara y fuerte grito.

- ¡¡¡¡Te Amooooo Paulineeeeeeeee!!!! - Gritó con todas sus fuerzas, el viento agitó sus hermosos cabellos y sintió una sensación indescriptiblemente cálida proveniente del fondo de su corazón y acto seguido comenzó a cantar el ave Maria con todo el sentimiento de su corazón.

- Eso es – dijo Lara para si misma – sino le digo nada ¿cómo sabrá lo que siento por ella?... Sí – apretó su mano con fuerza y miro al cielo – tiene que saberlo, no importa cual sea su respuesta, pero debe saber que yo la amo – al pasar junto al jardín de rosas se animo a cortar una la que le apeteció como la más linda al verla entre sus manos sonrió.

Caroline miro un par de veces la puerta del confesionario Suzette había tardado demasiado, se levanto de su asiento y camino hasta el, iba a tocar justo cuando Suzette salió.

- Caroline… - Suzette le miró sorprendida – yo… tu…

- Has llorado – pregunto suavemente mientras miraba los ojos húmedos de la chica.

- Yo… - Suzette desvió la mirada.

- Espera – Caroline tomo su pañuelo y lo paso delicadamente sobre los parpados de Suzette – todo está bien – dijo Caroline – no importa que pase siempre seremos amigas, si algo te preocupa no dudes en decírmelo siempre estaré aquí para escucharte – Caroline le sonrió sincera – Suzette le miro fijamente, sus mejillas se ruborizaron y las lagrimas escaparon una vez más de sus lindos ojos – Suzette – dijo suavemente Caroline atrayéndola hacia sí, le beso en la frente para después abrazarla tiernamente.

En la puerta de la Iglesia Lara miraba la escena, ese beso, ese abrazo, sus manos apretaban fuertemente haciendo puños, la cálida sangre de su mano traspasada por el filo de las espinas de la rosa que se habían encajado en su carne brotaba y caía en sendas gotas sobre el piso, sus lagrimas viajaban vertiginosamente por sus sonrojadas mejillas cayendo sobre sus lustrosos zapatos, mordió su labio inferior con tanta fuerza que termino por probar su propia sangre, dio la vuelta y corrió a todo lo que le daban sus piernas, su llanto le nublaba la vista y aún así siguió corriendo internándose en el pequeño bosque hasta que cayó al tropezar contra una piedra. Se incorporo poco a poco una vez estando de rodillas se arranco con fuerza la rosa que se hallaba clavada en su mano ahogando un grito de dolor que murió en su garganta, observo la rosa detenidamente, a su mente regreso el momento en el cual Caroline besaba en la frente a Suzette; arrojo con fuerza la rosa delante de si golpeándose esta contra el tronco de un árbol, los pétalos manchados de sangre cayeron delante de sus ojos.

- Que idiota…. ¡que idiota! – se repetía - ¡¡soy tan estúpida!! – se encogió sobre sus rodillas y se soltó a llorar amargamente, Lara sentía un sin fin de sentimientos arremolinados en su corazón, tristeza, furia, vergüenza, celos, y no sabía como digerir cada uno de ellos, sin embargo daba rienda suelta a su amargo llanto sabia que estaba sola y que ahí nadie la molestaría, no habría miradas curiosas, ni preguntas, solo la naturaleza seria testigo de su dolor.

- Caroline… eso… es… ¿es sangre? – pregunto Suzette deteniéndose a la puerta de la Iglesia.


- ¿Cómo? – pregunto Caroline mirando el piso – bueno eso parece, quizás alguna chica se ah cortado.


- ¿Estará bien? – pregunto preocupada Suzette.

- Eres tan buena que te preocupas por quien ni siquiera conoces – sonrió Caroline – descuida seguro esta bien no debe ser nada grave.

- Eso espero – dijo – mientras reanudaban la marcha.


En la habitación de Jeanne esta miraba hacia el cielo recargada en la ventana.


- Seamos corteses la una con la otra – dijo quedamente Jeanne – eso es lo que Sarah me dijo y me sonrió – su corazón comenzó a latir fuertemente – y me abrazo – se ruborizo – Sarah puede ser tan dulce, tan cálida y gentil – un ruido hizo que saliera de sus ensoñaciones, un ave pequeña era atacada por un verdugo ave que se ah ganado ese nombre por decapitar a aquellas aves que ataca, al ver eso Jeanne corrió dentro de la habitación tomo una hogaza de pan y corrió de nueva cuenta a la ventana corto varios trozos y los lanzo contra el verdugo sin embargo a pesar de ello el ave seguía atacando a la indefensa ave. - ¡déjala en paz! – grito al ver como el ave golpeaba a la avecilla arrojándola sobre el tejado – lanzó otro trozo de pan y por fin logro dar en el objetivo el ave se alejo y la pequeña ave se agitaba entre estertores – Espera – dijo – te ayudaré – Jeanne logro subir al marco de la ventana y sujetándose de la parte inferior del marco salió y estiró su mano para alcanzar al pajarillo sin embargo estaba aun muy lejos de ella, la pendiente tenía cierta pronunciación sino tenía cuidado con seguro moriría – Un poco más – murmuro soltándose un poco del marco – ya… casi… - y lo logró la tomo con su mano, sin embargo en un estertor del pajarillo por reflejo Jeanne se soltó por completo del marco y empezó a caer, sus ojos se abrieron enormemente al ser consiente de que moriría.

-¡Idiota! – exclamo Sarah logrando apenas asir su mano a la de Jeanne.

- ¡Sarah! – grito Jeanne sintiéndose aliviada.

- ¿Qué esperas, sujétate con tu otra mano de mi brazo…rápido… que no aguantaré mucho.

- No, puedo hacer eso, si lo hago tendría que soltarla.

- ¿De… qué hablas? – pregunto Sarah quien se sujetaba con todas sus fuerzas del marco inferior de la ventana.

- De esta ave – se la mostró a Sarah.

- ¿Estas… diciendo… que moriré… por un ave? – Sarah se enfureció - ¡Maldita sea déjala ya!

- Noooo!!! Tengo que salvarla – Jeanne comenzó a llorar.

- Maldición – masculló Sarah por lo bajo – déjame verla otra vez – Jeanne se la mostró, tras un rápido vistazo Sarah pudo ver que ya había muerto – No hay nada que…que puedas hacer… ya ah muerto… ahora por favor déjala ir o ambas moriremos.

- ¡No! Por favor… aún la siento cálida.

- ¡Maldición no seas necia!... ¡oh!... No puedo… - Sarah resbalo un poco y en su rostro se formo un rictus de dolor - ¿quieres que… muramos? – pregunto entrecerrando los ojos por el esfuerzo que hacia, en ese momento Jeanne sintió que resbalaba de la mano de Sarah - ¡¡Que la sueltes!! – grito con enfado – Jeanne lo hizo y se sujeto del brazo de la chica, Sarah con todas sus fuerzas restantes tiro de ella mientras Jeanne miraba entre lagrimas el caer del pajarillo, Sarah hizo contrapeso con su cuerpo y se dejo caer de espaldas dentro de la habitación logrando con la inercia arrastrar consigo a Jeanne ambas cayeron con estrépito al suelo Jeanne quedo sobre Sarah.

- No es justo – murmuro Jeanne con el rostro hundido en el cuello de Saarah - ¡No es justo deseaba tanto salvarla… en verdad… tanto.

- Monja - murmuro Sarah obligándole a incorporarse – esta bien intentaste salvarla.

- Pero… pero… - le miro con el rostro anegado de lagrimas – no fue suficiente.

- ¿Sabes? En verdad no sé si pensar que eres torpe o demasiado noble.

- Es que yo… es que yo – sus lagrimas perlas oceánicas resbalaron por sus ojos como enormes cascadas por sus sonrojadas mejillas, el sol acariciando su rubia cabellera, en verdad sus lagrimas parecían diamantes, sus manos sobre sus ojos tratando inútilmente de cesar el llanto, se le miraba tan tierna, tan indefensa, que Sarah quedo prendada a tan frágil criatura, sintió ganas de protegerla elevo sus brazos y la atrajo hacia sí, la rodeo con sus brazos envolviéndola en un dulce y tierno abrazo, Jeanne siguió llorando sobre el pecho de Sarah humedeciendo su ropa, Sarah le acaricio el cabello y comenzó a cantarle suavemente la canción de cuna que su nodriza le cantará cuando era pequeña. Los rayos de sol les cobijaban y poco a poco el corazón de Jeanne comenzó a reconfortarse mientras sus ojos cedían gentilmente a los cuidados de la chica que yacía bajo su cuerpo.

- No preguntaré que te sucedió – la voz de una chica hizo que Lara se sobresaltara por un instante.

- Janice – dijo Lara sin siquiera mirarla.

- Eres mi compañera de cuarto y por encima de ello una futura dama de alta sociedad, así que levántate y ve a cambiarte de ropa.

- ¿De nuevo buscas un lugar solitario donde leer las cartas de tu querido Paolo? – sonrió burlona a sus espaldas.

- Eso no te interesa – dijo ruborizándose mientras llevaba a sus espaladas la carta que tenia en sus mano.

- Tienes razón – dijo Lara levantándose – no es de mi incumbencia – sin mirarla se encamino de regreso a los dormitorios.

- Paolo – sonrió Janice mirando la carta que tenía en sus manos – pronto estaremos juntos para siempre.

- Que estupidez – murmuró por lo bajo Lara conforme se acercaba a los dormitorios cuidando de que nadie la viera en esas condiciones – enamorarse de un hombre que idiotez – sonrió sarcásticamente – quizá... solo tengo envidia porque ese hombre corresponde a los sentimientos de Janice... en cambio yo…- una vez más las lagrimas le anegaron los ojos - ¿Qué tengo yo? – se pregunto mientras sacudía sus ropas antes de entrar a los dormitorios, se escondió tras una de las columnas de un par de chicas que salían, al ver que ya estaban lejos salió y rápidamente entro pero a medio pasillo se quedo helada al escuchar una puerta abrirse.

- Lara ¡que te ah pasado? – Suzette salió a su encuentro, plantándose frente a ella, le tomo de los hombros y le miro a los ojos; Lara desvió la mirada posándola sobre sus zapatos.

- ¿Y Caroline? – pregunto apretando los dientes.

- Se ah ido al comedor, es casi hora de la comida pero por favor dime ¿qué te ah pasado?

- Nada - dijo secamente – llevándose sus lastimadas manos tras la espalda.

- Sor Emma – dijo Suzette jalando a Lara dentro de la habitación, cerro la puerta tras de si recargándose en la misma, suspiro profundamente y miro de nuevo a Lara - ¿te has caído? ¿te duele mucho? – pregunto con tan verdadera preocupación que el corazón de Lara dolió.

Lara solo era capaz de mirar sus zapatos, sus ojos anegados de lágrimas eran cubiertos por el flequillo de su dorado cabello.


- Déjame curarte Lara – Suzette se acerco a ella y le acaricio el cabello. Lara hizo a un lado la cabeza y camino hacia la puerta.

- No es necesario que lo hagas – dijo por lo bajo – lo haré yo misma – sus lagrimas cayeron incontenibles por sus sonrojadas mejillas.

- ¡Eres tan orgullosa Lara! – dijo Suzette molesta.

- ¡Y tu tan rara! – soltó Lara de golpe, dejando impávida a Suzette.

- ¿Qu…é?... ¿Qué has… dicho? – logro apenas articular.

- Ya me oíste – se limpio las lágrimas con el envés de la mano y se volvió a mirarla con los ojos llenos de dolor – Eres una chica rara – volvió a decir y por dentro deseaba morirse por decirle esas palabras pero no podía callarse - en verdad que eres una chica rara -dijo con sorna y se odiaba por herirla así, una voz en su interior le gritaba que se callara - ¿No se te hace que estas muy pegada a Caroline? – eran los celos los que estaban hablado por ella, frunció el entrecejo – si continuas así todo el instituto rumorara de ustedes – “¡Por Dios!, ¡Por Dios Suzette! Perdóname” – suplicaba para sus adentros, Suzette dio un paso a ella – ¡No!... no te acerques a mí… no quiero gente rara junto a mí – salió rápidamente de la habitación, el llanto nublaba su vista y le impedía ver claramente, logro llegar a su habitación, al entrar se arrojo sobre la cama y lloro amargamente odiándose así misma por haberse comportado de esa manera.

- Una… chica… rara – murmuro Suzette apenas en un hilo de voz, sus ojos vacíos de emoción miraban hacia la nada, una sonrisa descompuesta afloro en sus labios, sus ojos se anegaron de lágrimas y estas se deslizaron grácilmente por sus pálidas mejillas como si fueran ríos de agua de mar - ¿eso es lo que soy? – se pregunto llevándose las manos al pecho – Lara me odia y Caroline – sus ojos se abrieron enormemente y un terrible pánico se apodero de ella – Caro…line… si ella me odiara…. No… por favor… no… preferiría morir – se quedo un momento mirando la imagen de Cristo su rostro tomo un gesto de resignación se levanto y se dirigió a su escritorio – nunca dejaré que pienses que soy una chica rara Caroline, no permitiré que pienses eso de mi jamás.

En el comedor las chicas llegaban y tomaban sus respectivos lugares, una chica se sentó al lado de otra.

- Hola – saludo con una sonrisa – es raro verte sin tus amigas.

- No deben tardar – sonrió a veces llegan justo a tiempo.

Una chica entro corriendo al comedor y con voz clara y firme anunció

- Esta confirmado Es Kristal Dumont.

La chica que estaba con la otra se levanto de golpe.

- Caroline ¿Qué sucede? – pregunto la chica extrañándose de su actitud.

- No es nada es casi la hora de la comida y tengo que ir a buscar a mis amigas, si me disculpas – se levanto temblando levemente.

- Pero has dicho que no deben tardar en llegar.

- Lo sé pero tengo que ir a buscarlas, discúlpame – sonrió forzadamente - ¿Por qué?... – se pregunto al salir del comedor, ¿Por qué Kristal? Si había logrado estabilizar ya mi mundo, mi vida, mis sentimientos… ¿Por qué? – se sentó en el borde de la fuente que estaba frente a ella, sus recuerdos le llevaron al pasado.

- ¡Oh! Mira hija cuanto lujo tan solo para festejar un cumpleaños – decía el padre de Caroline maravillado ante tanto lujo, Caroline miraba las decoraciones, las mesas con maravillosas presentaciones de comida y adornos varios, las cortinas escarlata que colgaban perfectas en los marcos de los grandes ventanales los adornos en las paredes, la orquesta al fondo tocando suave música para los invitados, los sirvientes elegantemente vestidos repartiendo bocadillos y copas exclusivamente de Champagne, más que una mansión parecía el interior de un castillo de fantasía.

- ¿En verdad es un cumpleaños padre? – pregunto incrédula

- El mago de los negocios, así es como se conoce a Dumont y créeme – dijo sin mirarla – el nunca repara en cuanto a gastos para darle lo mejor a su princesa como el llama a su hija Kristal.

- ¿Princesa?

- ¡Oh! – mírala ahí esta ella – Tanto Caroline como su padre elevaron su vista a la gran escalinata, ahí estaba Kristal con una flamante sonrisa, el impacto fue tan grande que Caroline quedo boquiabierta al mirar a esa joven princesa su porte y elegancia, su largo vestido blanco con adornos en azul que hacían resaltar el azul claro de sus ojos. En verdad parecía una encantadora princesa. Bajo las escaleras lenta y grácilmente.

- Señorita Caroline - una voz la saco de sus recuerdos - ¿Qué esta haciendo afuera? – preguntó una de la hermanas mirándola severamente.

- Lo lamento hermana – se apresuro a levantarse – enseguida entraré, mientras se dirigía de nueva cuenta al comedor – suspiro elevo su mirada al cielo y susurro su nombre – Kristal.

- No voy a irme de aquí hasta que no me digan la razón de su tan extraña posición – Sor Marie miro a ambas chicas.

- ¿Posición? - pregunto frotándose los ojos Jeanne, estaba tan cansada que apenas si podía sostenerse en pie.

- Bueno – dijo Sarah al darse cuenta de que esa situación le favorecería – Soy su tutora y como tal solo la quería conocer más íntimamente – se acerco a Jeanne y le abrazo – sonrió al ver que Sor Marie fruncía levemente el entrecejo. Sabía que de esa forma incluso le separarían de cuarto.

- Ya veo señorita Sarah - se levanto de la cama y camino a la puerta – tendré que informar de esto a la madre superiora para que le retiré la tutoría y le informe a los padres de la señorita Pauline lo que le enseño a ser con su tutoría – Sor Marie – le miro de reojo, el rostro de Sarah palideció en un momento.

- Es… esperé… - dijo titubeante – se hizo a un lado de Jeanne, no es lo que cree, resbale y ella intento sostenerme la jale conmigo y eso sucedió segundos antes de que usted entrara.

- Así que eso fue – Sor Marie sonrió a sabiendas que le estaba mintiendo – muy bien ahora les dejaré y señorita Reymin le suplico que mida sus palabras antes de utilizarlas.

Salió de la habitación dejando a Jeanne perpleja pues a penas estaba tomando conocimiento de la situación y a Sarah de pie inmutable con el rostro pálido casi temblando.

Sor Marie tenía ya horas de haberse ido Jeanne estaba sentada en el borde de su cama mirando a Sarah quien estaba sobre su cama abrazándose las piernas, la frente la tenía recargada sobre sus rodillas, el silencio que imperaba en el cuarto era sumamente incomodo sin embargo Jeanne no se atrevía a decir palabra alguna tenía miedo de que Sarah se molestara. Sin embargo su estómago le impero su deseo de comer.

- ¡Oh! – exclamo con el rostro por completo sonrojado.

- Tienes un problema – dijo Sarah sin moverse un ápice – una dama de alta sociedad no puede permitirse semejantes improperios – dijo.

- Yo… yo… lo… lo lamento – dijo completamente apenada.

- Es mejor que comas sino lo haces para mañana nos dejaran sin desayunar además – su voz tomo un dejo de molestia – no quiero que los improperios de tu estómago me alejen el sueño.

- Sarah – susurro Jeanne sintiéndose por completo avergonzada.

- Solo hazlo ¿quieres? – seguía sin mirarla – y de paso también come mi parte, no tengo hambre – se recostó de lleno en la cama dándole la espalda – “tengo que cuidar mis palabras…” – pensó tras recordar el regaño de Sor Marie – “tengo que aceptar mi responsabilidad… soy la tutora de la monja y mi deber es hacer de ella una estupenda dama… sí… tengo que honrar la memoria de Pauline… es verdad, no tengo tiempo para conmiserarme…así es… no… no tengo tiempo de sentir pena por mi misma”.

Me senté a la mesa y di un vistazo a la cama de Sarah, ella se hallaba de espaldas a mí su respiración se notaba calmada, después de que sor Marie se fuera se sentó en la cama y no dijo nada más, me pregunto ¿qué fue lo que en realidad paso?, la sopa ya estaba fría pero estaba deliciosa, sería porque en el transcurso del día no había probado bocado, me apresuré a comer en verdad estaba hambrienta.

- Oouuuuchhh – exclame al sentir un manotazo sobre mi mano.

- ¿Qué manera de comer es esa? – me pregunto Sarah mirándome seriamente – si es así como vas a comportarte durante alguna cena será una verdadera vergüenza.

- ¿Sarah? – pregunte sorprendida no entendía como era posible que se mostrara tan estricta y tranquila cuando apenas hacia poco se le veía triste y deprimida.

- Lo primero que debes hacer – me dijo – es sentarte correctamente – me tomo de los hombros y me enderece – así esta mejor… espera, no es necesario que estés tan rígida, relaja un poco los hombros, no, no tanto, eso, así está mejor ahora tus piernas júntalas para que tu cuerpo se alinee ¿lo ves? Así está mejor toma la cuchara de esta forma – su mano la poso sobre la mía guiándome en todo – sentí su calor fundirse con el mío y provoco que me ruborizara.

Vaya que esta chica no sabe comportarse en la mesa me dije para mis adentros mientras observaba sus movimientos, en si era un poco torpe y aún a sabiendas que su vocación sería la de monja y no requeriría comportarse como una dama de sociedad no pensaba darme por vencida, no entendía porque me sentía extraña cada vez que miraba su rostro tal como lo tiene en este momento, así… como si en sus mejillas estuviera descansando el arrebol de un bello atardecer. Sin duda era una chica hermosa, pero nunca llegaría a ser tan hermosa como Pauline… mi adorada Pauline…

Quisiera saber porque de repente Sarah se ah puesto tan triste, ¿será que ah recordado a Pauline? Y si es así, ¿por qué me molesta tanto?... por el amor de Dios ¿qué es lo que sucede conmigo?... ya no sé… ya no sé…

- Eh monja – Sarah le saco de sus pensamientos – no desalinees tu cuerpo, recuerda, tienes que mantener una posición adecuada de esa forma te veras linda y agraciada.

- “¿Linda?”…”¿agraciada?” – Jeanne abrió los ojos mientras recordaba aquella vez que se sentó frente a Sarah y le miró comer – “Es verdad – pensó – Sarah… Sarah se veía hermosa… se veía preciosa y sumamente agraciada”

- Oye...

- “Sarah es tan hermosa”

- Oye…

- “Sarah es en verdad una verdadera dama”

- ¿Es que no me escuchas?

- “Me pregunto si llegaré a ser algún día como ella”

- Oouuuuummm – exclamo Jeanne al sentir el golpe de Sarah sobre su cabeza.

- Deja de estar en las nubes ¿quieres?

- Aahh eso, eso dolió – dijo sobándose la cabeza.

- Lo mereces por no prestar atención.

- Lo, lo lamento – susurro – perdona.

- Sigamos – se limitó a decir.

****

Lara se hallaba metida en la tina de baño sus manos se mostraban lastimadas y sus rodillas mostraban los raspones de la caída que había tenido. Sus lagrimas no dejaba de caer, mientras Janice le leía de de espaldas a ella tras la cortina de baño la carta que Paolo le escribiera. Ya era en ellas una costumbre, cuando las cartas de Paolo llegaban Janice buscaba un sitio apartado donde leerlas con calma y después por las noches compartía su felicidad con su amiga Lara.

- “Es tan ridículo” – pensaba Lara mientras cerraba los ojos y se relajaba dentro del agua – en verdad no comprendo como alguien puede enamorarse de alguien que escribe tan ridículamente”

- ¿Verdad que es hermoso lo que me dice? – pregunto Janice llevándose la carta al pecho.

- Para que me preguntas si sabes de antemano lo que contestaré

- Porque tus negativas lo único que hacen es hacer que lo ame con más fuerza.

- Si es así – ladeo la cabeza a un lado – me parece una ridiculez.

- Sabía que dirías eso – Janice sonrió – aunque ahora no lo has dicho con temple como siempre lo haces.

- Es solo que no estoy de humor… eso… eso es todo… - cerro los ojos.

- Cuando termines de auto-compadecerte me avisas para curarte las heridas, eh robado unas cuantas cosas de la enfermería para poder curarte.

- Janice… - Lara abrió los ojos lentamente – siempre…

- Soy tu compañera de cuarto desde que iniciamos el internado ¿no es así?

- Sí… así es…

- Bien entonces no tardes demasiado.

- No…

Lara que quedo observando el techo del baño, Janice y ella llevaban una excelente relación de compañerismo y se respetaban por entero sus vidas privadas, así que para Lara le era un descanso no ocultar sus estados de ánimos, incluso intuía que Janice sabía a que causa se debían sus constantes depresiones y aún así no se entrometía para nada y Lara se lo agradecía con el alma.

- Suzette – susurro – hundiéndose dentro del agua.

****

- ¿Cómo están las chicas? – pregunto la madre superiora a Sor Marie quien estaba sirviendo una taza de té.

- Están bien.

- ¿La señorita Reymin esta tomando su responsabilidad de tutora?

- Sí, aunque le ha costado trabajo aceptarlo.

- Lo sé, sin embargo es obligatorio hacerlo para su propio bien.

- ¿Esta segura que es lo mejor? – pregunto mirando el contenido de la taza.

- ¿Esta dudando de mis acciones, Sor Marie?

- No, por supuesto que no – contesto dando la vuelta y acercándose a dejar el té sobre el escritorio.

- Por cierto – dijo la madre superiora sin dejar de leer unos papeles – mañana por la tarde llegara Sor Anne – Sor Marie detuvo su marcha y por poco deja caer la taza al suelo, sin embargo supo controlarse – haga todos los preparativos para arreglar su cuarto, lo dejo en sus manos Sor Marie, puede retirarse.

- Sí Madre superiora que pase una buena noche.

- Gracias Sor Marie.

Al salir de la oficina Sor Marie se recargo un momento en la puerta, Anne volvía, Anne volvía y con ello regresaba la felicidad al corazón de Sor Marie.

- Anne – susurro Sor Marie - ¿hace cuanto que no te veo? ¿un año? – camino en dirección de su habitación.

Sor Anne y Sor Marie habían sido estudiantes del internado, en sus años de estudiantes fueron compañeras de cuarto y siempre congeniaron perfectamente; Sor Marie aún cuanto por destino tenía el casarse con un empresario amigo intimo de su familia se rehusó con todas sus fuerzas para seguir los pasos de Anne, sin embargo Marie sabía que no era tan solo por el hecho de amar a Dios, sino que ella se había enamorado de su mejor amiga, lo había aceptado en su corazón y en su pensamiento y aún cuando sabía que Anne nunca le correspondería, quería seguir a su lado, no importaba cual era la forma y si ello implicaba ofrecer su vida a Dios lo haría con tal de estar al lado de la mujer que amaba, aunque ese amor tan impropio le causaba dolor, no podía dejar de amarla, aunque al mismo tiempo le hacía trozos el corazón cada vez que Anne le daba muestras de que su amor por ella solo sería por siempre como el que se tienen por una amiga. Así que su martirio era el propio, el que ella merecía, vivía en constante pecado y era castigada diariamente por el mismo. Su cruz estaba marcada sobre su espalda y aún cuando era doloroso cargarla, aceptaba su suplicio.

En la habitación de Kristal esta se hallaba sentada sobre las balaustras de su balcón, mirando las estrellas del cielo su castaño cabello se agitaba con el suave viento.

- Quiero verte Sarah – susurro – quiero verte. Mañana Sarah, mañana volveré a ver tus hermosos ojos… sin embargo me pregunto ¿hasta cuando podré ver tu maravillosa sonrisa una vez más? – suspiro por lo bajo.

En la habitación de Caroline esta se hallaba meditativa sentada frente al escritorio con un par de libros abiertos ante ella que ni siquiera miraba, Suzette le observaba desde su cama, se animo a pararse y se acerco hasta ella observo por encima de su hombro.

- ¿Tienes algún problema con esos temas Caroline? – pregunto sonriente – si es así puedo ayudarte.

- No – contesto secamente – es solo que estoy cansada – se levanto haciendo que Suzette se hiciera aun lado.

- Voy a acostarme de una vez – dijo pasando junto a ella sin siquiera mirarla.

- ¿Sucede algo Caroline? – pregunto con preocupación.

- No es nada – contestó mientas se quitaba la ropa, Suzette se quedo mirándola, la ropa caía de su cuerpo de forma seductora y grácil. Las mejillas de Suzette se encendieron al máximo al ser consiente de las sensaciones que le provocaba tan inocente acto de parte de su mejor amiga.

- Caro…line – susurro caminado hacia ella, se sentía atraída tal cual si el cuerpo de Caroline fuera un imán, estaba a centímetros de ella sus manos temblaban al estar casi para tocar sus hombros, no pudo resistirlo más y se recargo a su espalda, sintió a través de la tela de su camisón el calor preveniente del cuerpo de la mujer que tenía de espaldas a sí.

- ¿Suzette? – pregunto Caroline – sin volverse a verla.

- Sea lo que sea – susurro – puedes confiar en mi Caroline, lo que más deseo es tu felicidad, si tienes alguna pena me gustaría que la compartieras conmigo, quizá no pueda solucionar tu problema, pero, por lo menos descansarías la carga de tu alma.

- Gracias – susurro – agradezco tu amistad Suzette – la verdad es que por este momento necesito un abrazo, ¿podría quedarme entre tus brazos hasta que el sueño llegue a mi? – Suzette no podía creer lo que estaba escuchando Caroline se dio la vuelta sentó a Suzette sobre la cama y sin siquiera vestirse se abrazo a su cuerpo reposando su cabeza sobre el pecho de Suzette – tu corazón late muy deprisa Suzette – susurro Caroline – cerrando los ojos – se siente calido estar entre tus brazos.

- Caro..line – musito aun cuando no podía creer lo que estaba sucediendo relajo su cuerpo y hundió su rostro en el sedoso cabello de la chica que amaba – “soy tan feliz” – pensó cerrando los ojos y disfrutando de la compañía de su mejor amiga.

****

Sarah se alisto a salir por la ventana, iba vestida tal como la primera vez saliera, Jeanne se incorporo de golpe al verla en la ventana.

- Sarah ¿Qué es lo que?...

- ¿Qué quieres monja? – pregunto con fastidio pero sin mirarla

- ¿A dónde vas?

- ¿Te importa a caso? – pregunto volviendo el rostro y clavando sus azules ojos en sus pupilas.

- ¿Sarah? – Jeanne se llevo las manos al pecho al ver como se acercaba, su corazón comenzó a latir muy deprisa.

- Respeta tu promesa – le dijo – no me entrometeré en tus asuntos y tu no lo harás en los míos ¿de acuerdo? – Jeanne solo asentó con la cabeza.

- Bien entonces me voy…

- Sa…rah – susurro – Sarah se detuvo – solo… por favor… ten cuidado… - Sarah no le contesto y ni siquiera se volvió a mirarla se limito a salir dejando a la chica rubia temblando ligeramente en su cama.

La brisa agitaba sus largos cabellos negros mientras la luna se reflejaba en todo su esplendor sobre las tranquilas aguas del lago, el viento mecía suavemente las hojas de los árboles produciendo un peculiar sonido que era ignorado del todo por Sarah quien solo admiraba la noche más allá de la que estaba presenciando pues sus recuerdos le estaban regresando una vez más al pasado, hasta la noche que le dijo a Pauline que seguiría sus pasos.

- Quiero ser monja como tu Pauline.

- Sarah – susurro mientras volvía su rostro mirando el perfil de la chica que miraba de lleno hacia el lago - ¿en verdad?

- Sí- respondió sonriente – quiero estar siempre contigo.

- Sarah – repitió su nombre en un suspiro al tiempo que se recargaba sobre su hombro – no lo tienes que hacer solo porque quieras estar conmigo tienes que hacerlo porque amas a Dios por sobre todas las cosas.

- Amar a Dios por sobre todas las cosas – repitió suavemente y su rostro se torno momentáneamente serio, medito uno momento y sonrió ampliamente - Amo a Dios – dijo entusiasta – porque él hizo que nos conociéramos así que…

- Sarah – Pauline le tomo del rostro con la palma de su mano y le giro para descansar su mirada en esos inmensos océanos azules – Amar a Dios implica…

- Sssshhhhzzz- le coloco el índice en sus labios – entiendo Pauline - se inclino hacia ella tocando su frente con la suya provocando en la chica rubia un ligero sonrojo, Sarah le sonrió al tiempo que le decía en un ligero susurro – Amo a Dios y sé bien que el hecho de convertirnos en monjas no es garantía de que estemos juntas para toda la vida, pero siempre existirá la posibilidad de encontrarnos y nuestro amor a Dios nos mantendrá unidas por siempre – cerró los ojos al tiempo que envolvía entre sus brazos a Pauline y la recargaba a su hombro.

- Sarah – musitó Pauline al tiempo que temblaba levemente, al sentirla Sarah tomo la frazada que llevaban consigo se separo de Pauline un momento y la envolvió tiernamente al acabar la volvió a abrazar.

- Ya esta – le susurro al oído provocando en Pauline un sonrojo que le cubrió todo el rostro – así no pasaras frío.

- Sarah – dijo en un suspiro – eres tan dulce…

- Te Quiero Pauline y no deseo que enfermes.

- Pero Sarah tu – se volvió a mirarla preocupada – tú te enfermaras por mi causa.

- No, Pauline no será así soy muy fuerte ¿sabes? – sonrió mientras le miraba intensamente.

Sus rostros estaban tan cerca el uno del otro y se miraban con tanto cariño que el corazón de ambas latía con fuerza, Sarah acerco más su rostro al de Pauline, tanto así que pudo sentir de lleno la calidez de su dulce aliento. Un ligero destello proveniente del cielo distrajo a Pauline.

- ¡Ah! ¡Sarah Mira! – le pidió mirando maravillada hacia el obscuro firmamento.

- ¡Oh! – exclamo al ver la lluvia de estrellas que se sucedía como una interminable lluvia de luz.

- Dios a aprobado nuestra vocación Sarah –le dijo al tiempo que se recargaba en su hombro – y nos está regalando esta prueba de su amor para con nosotras.

- Pauline – sonrió Sarah al tiempo que le abrazaba – “Te Quiero – pensó – Te Quiero Tanto quiero que el tiempo pase lentamente tan lentamente como sea posible para estar siempre contigo.”

- Sarah ¿verdad que es hermoso? – suspiro.

- Es maravilloso… - dijo quedamente al tiempo que volvía de sus recuerdos, sus ojos derramaban el llanto que limpio con el envés de su mano.

- ¡Oh! es… espera… ¿y si alguien nos ve?

Sarah al escuchar esa voz volvió el rostro hasta unos arbustos que se movían escucho claramente los pasos que hacían crujir las pequeñas ramas tiradas en el suelo, se escondió entonces tras el tronco de un árbol cercano a ella y miró salir de entre el ramaje a dos chicas que parecían ser del último grado.

- No te preocupes – dijo una de las chicas – no haya nadie aquí – le dijo a su acompañante tomándola de las manos, la cual miro en todas direcciones.

- Sí eso… eso parece – dijo tímidamente – pero ¿por qué estamos aquí? Deberíamos estar en nuestra habitación – dijo la chica llevándose las manos al pecho.

- Es aburrido estar siempre en la habitación – le contesto tomando una piedra colocándose a la orilla del lago y arrojándola al agua, suspiro mientras se volvía a mirar a la chica, le admiro por un momento y se encamino de nueva cuenta hacia ella, la tomo entre sus brazos y la atrajo hacia sí dulcemente – además – le dijo retirándole el cabello de la frente – quería abrazarte a la luz de la luna, mirarte a los ojos y… besarte – Sarah abrió enormemente los ojos al presenciar ese beso.

- “¿Qué están ellas…?” – pensó sin dejar de ver la escena.

- Selene – susurro abrazándose al cuerpo de su amiga – aún así no debimos salir de la habitación.

- No te preocupes te he dicho que nadie viene por aquí estamos solo tu y yo Loriana - la abrazo a su pecho – Loriana no quiero, no quiero que te cases con él ¡no quiero! – soltó a llorar.

- Selene… yo… yo tampoco quiero pero no puedo hacer nada al respecto… sin embargo tú sabes que mi corazón es…

Sarah dio un paso atrás y piso una rama que crujió al instante provocando que ambas chicas miraran en esa dirección.

- ¡Quién esta ahí? – pregunto Selene mientras cubría a Loriana tras su espalda.

Sarah resoplo molesta pero salió, la luz de la luna llena les iluminaba perfectamente bien.


- ¿Sarah Reymin? – pregunto incrédula al tiempo que Loriana se asomaba por su hombro y la veía.

- Sí – le respondió mirándola con sus ojos de hielo.

- Escúchame bien Loriana no tiene nada que ver… todo esto… yo…

- Que molesta eres – dijo Sarah acotándola - ¿te estoy pidiendo explicaciones? – resopló molesta dándoles la espalda – Yo no eh visto nada y ustedes tampoco me han visto ¿entendieron? – dijo fríamente al tiempo que se ponía en marcha.

- Espera – le pidió Selene - ¿en verdad…?

- No eh visto nada – repitió seriamente; giro el rostro y le clavo la mirada en sus grises ojos y fue entonces cuando Selene supo que lo decía en verdad.

Sarah se alejo a paso firme sin embargo se detuvo en seco apretó las manos con fuerza y retuvo el llanto de sus ojos, se volvió a mirar a Selene.

- ¡No sabes como te envidio! – soltó de golpe y echo a correr dejando a las chicas perplejas.

Mientras corría soltó el amargo llanto del cielo de sus ojos, un solo nombre inundaba su mente y su corazón… Pauline.

****

Sor Marie termino de arreglar la habitación de su amiga, miró en derredor, podía claramente ver a Anne sentada de frente a la ventana mirando el cielo, desde que eran estudiantes hacia lo mismo toda las noches antes de irse a dormir, se sentó a la cama dejando que sus recuerdos la transportaran a esos maravillosos tiempos en los cuales se compartían el entero de sus secretos, sus travesuras y sus sueños.

- ¿Cuándo? ¿cuándo fue Anne que deje de verte como una amiga? – su semblante se torno amargamente triste – estoy… pagando con creces mi pecado… mi terrible pecado… así como Sarah pago el suyo por haberse enamorado de Paulinne.

Por su lado Sarah subió por las barda de la escuela y de un salto salió del Internado, su carruaje como siempre le esperaba, sonrió al saber que contaba con un criado de confianza. Monto y emprendió la marcha, al noche estaba empezando y el bar que solía frecuentar tendría lista ya esa distracción que tanto necesitaba para olvidarse momentáneamente del pasado y de su presente.

Por su parte Lara soportaba el dolor que le causaba el que Janice curara sus heridas, aún cuando trataba de mostrarse fuerte no podía evitar reflejar el dolor que sentía.

- No te miraré Lara así que puedes llorar todo lo que quieras – dijo Janice aplicando un poco de alcohol sobre las heridas.

- Janice – dijo la chica derramando lagrimas pues el solo hecho de haber dicho semejante cosa termino por derrumbarla, se abrazo a ella y descargo toda su pena, Janice no dijo nada tan solo le sujeto, tan solo se mantuvo a su lado, sabía el motivo de su dolor, sabía a quien amaba, era consciente de que su amiga estaba enamorada de otra chica y aunque al principio le costo trabajo asimilarlo termino por aceptarlo, pero la verdad era que le dolía, odiaba verla así… ella que siempre estaba tan animosa, que era siempre toda diversión… ella que en el fondo no era más que una chica solitaria.

Antes de acostarse Jeanne se acerco a la ventana tomo el rosario que le regalase su abuela entre sus manos y comenzó a rezar, no por el mundo, no por las gentes que sufren, no por la humanidad entera, no por su familia, no por sus compañeras… tan solo rezo en un arrebato de egoísmo por ella misma, rezo a Dios que le aclarara esa extraña emoción que esa chica le provocaba con solo ver sus ojos… y al final rezo también por ella… “Te pido Señor, te ruego que ayudes a Sarah a recuperar la sonrisa… esa sonrisa que nunca eh visto… por favor ayúdala a que halle nuevamente el camino hacia ti”

Kristal por su parte se recostó en su cama pensando en el día de mañana, tenía tantas ganas de que amaneciera, quería ver a Sarah otra vez. Se dio la vuelta mientras recordaba sus días de infancia con ella, sus juegos, las constantes burlas de Sarah por no poder alcanzarla. Necesitaba volver a verla sonreír, aunque fuese una vez más y haría lo que fuera por conseguirlo no importaba los recursos a los cuales tuviera que recurrir volvería a verla sonreír una vez más.

No estaba lejos el amanecer, un carruaje se detuvo a las afueras del Internado por la parte posterior; Sarah descendió vistiendo ropa masculina en color negro, sus ojos se mostraban ligeramente turbios, Pierre se acerco a ella haciendo una ligera reverencia a pesar de estar casi a medio metro de distancia de ella, podía apreciar el olor del brandy que parecía emanar de ella y el olor a tabaco que se había impregnado en su ropa.

- Señorita…

- No es necesario Pierre… puedo hacerlo sola – le respondió pues ya sabía que siempre se ofrecía a ayudarla para volver a entrar al Internado.

- Sí… -respondió ligeramente turbado

- No es necesario decirte que te quiero aquí todas las noches, salga o no salga yo – dijo Sarah encaminándose a la barda y arrojando su uniforme envuelto en su propio suéter.

- No faltaré – contesto mirando la habilidad felina con la que Sarah era capaz de moverse.

- Confió en ti Pierre – dijo al estar en la cima de la barda antes de desaparecer tras el salto que diera.

- Sí – respondió sutilmente, no importara que pasara él siempre estaría ahí para protegerla, la amaba demasiado como para permitirse a si mismo fallarle.

Sarah corrió por entre el bosque, le era más sencillo hacerlo en pantalones que con la falda puesta, llego hasta los dormitorios y burlando fácilmente la vigilancia subió hasta su piso, entro por el cuarto contiguo, salió por la ventana camino ligeramente tambaleante, maldiciendo haberse permitido que el alcohol le embruteciera sus sentidos, cosa que odiaba en verdad a la hora de hacer ese tipo de maniobras que le requerían cierta concentración, pero se justifico teniendo en cuenta que deseaba olvidar por un momento sus penas. Entro por la ventana, soltó un suspiro de cansancio mientras dejaba caer el bulto de su ropa, la luz de la mañana entraba ligeramente, dando una tonalidad penumbrosa a la habitación, giro el rostro y por unos momentos quedo paralizada pues estaba viendo a Pauline recostada en la cama de Jeanne.

- Pauline – susurro con voz temblorosa, se acerco a ella lentamente con los ojos anegados en lagrimas y el corazón rebosante de una extraña emoción, la combinación del brandy y sus lagrimas hicieron que no reconociera plenamente a Jeanne confundiéndola por completo con Pauline.

Jeanne dormía tranquilamente, sus labios ligeramente entreabiertos, era un sueño realmente sereno, inclusive el movimiento de su pecho se mostraba suave y rítmico, por ello no noto la sombra que Sarah imprimió a la poca luz que se colaba, se arrodillo a un lado de la cama y noto el rosado color de sus labios, su rostro se ruborizo al recordar el beso recién visto y sin ser plenamente consciente de lo que hacía, tomo con su mano la barbilla de Jeanne jalándole ligeramente para entre abrir más sus labios, se inclino hacia ella y cubrió esa fina boca con la suya… y ese… ese fue un beso… de verdad… las lagrimas que escaparon por los ojos de Sarah cayeron en las mejillas de Jeanne provocando que se despertara; al abrir los ojos pudo apreciar la suave sujeción de su boca, su cuerpo se tensó al ser consciente de la situación, sin embargo quedo presa de su propia admiración pues aunque su mente se preguntaba “¿Qué esta pasando?”, al mismo tiempo empezó a relajarse; las lagrimas de Sarah fluían sin detenerse cayendo a gota limpia sobre el rostro de Jeanne, cuyo único dolor era saber que ese beso… no era para ella… y… sin embargo… no era capaz de rechazarlo… aún cuando no le pertenecía.

Continuara!!!!!

sábado, 21 de mayo de 2011

Entre Mi Religión y un Amor Prohibido Cap. III Tutoría.

Hola mis queridas y queridos seguidores, de antemano una disculpa por no haber subido mucho este año, la verdad es que entre que perdì en trabajo a inicios de año, luego el tener que trabajar por mi cuenta junto con mi amigo Juan, luego que a mi amigo Juan encontró trabajo, después empecé a buscar trabajo yo. En fin afortunadamente ya encontré trabajo, pero no he tenido tiempo de escribir. En verdad necesito hacerlo porque no escribir en verdad me estresa.

Capitulo III 

Tutoría

El agua escurría lentamente por el rostro de Sarah su mirada se perdió por un momento en el infinito de la nada recordando aquellos días de felicidad al lado de Pauline, su hermoso cabello azulado se agitaba al unísono del viento, a ella llegaba la risa y la voz de su amiga repitiendo su nombre una y otra vez. Jeanne le miraba entristecida, Sarah podía aparentar ser muy fuerte sin embargo se daba cuenta de que su alma estaba sumamente lastimada y desolada por la pérdida de Pauline, deseaba más que nunca poder ayudarla a ser nuevamente como era antaño, en verdad por más que le miraba no podía imaginar una sonrisa de ternura o de felicidad en ese rostro serio y frío.

- No importa – dijo Sarah – cuantas veces te diga que no me mires ¿verdad?.

El rostro de Jeanne se ruborizo al máximo, ¿cómo es que siempre se daba cuenta de que le observaba aún cuando estaba de espaldas a ella?

- Lo… lo lamento – dijo Jeanne sumamente entristecida, bajo la mirada centrándola en las mascadas que cubrían sus heridas y por un segundo a su corazón llego un cálido sentimiento y se dio cuenta que en realidad Sarah era una chica muy noble.
Jeanne se incorporo con la ayuda de Sarah, el dolor en su muñeca y tobillo había disminuido aunque las molestias aún eran perceptibles.

- Vamos Monja – Sarah le abrazo por la cintura y echo a su hombro el brazo de la joven rubia – es hora de irnos.

- Sí – Jeanne se ruborizo al sentir la suave presión que Sarah ejerció sobre su cintura; levanto la vista para ver el atardecer, las nubes teñidas de colores dorados, rosáceos y violáceos se elevaban por encima del lago y este reflejaba sus aguas doradas – es hermoso – susurro.

- Lo es – respondió Sarah por primera vez sin enfado en su voz mirando el esplendido atardecer, suspiro hondamente, Jeanne le miro y por solo un brevísimo instante pudo apreciar la tranquilidad que brindaba el rostro de Sarah, sin embargo esta se esfumo en un instante – hoy tendré muchos problemas – dijo en tono cansino.

Emprendieron la marcha sin decir una sola palabra, la cercanía de la noche comenzaba a enfriar poco a poco el ambiente, no habían avanzado mucho cuando Sarah se acerco a un viejo árbol y dentro del mismo a través de un hueco guardo el recipiente que había utilizado para la cocción de las hierbas que aplicara en las heridas de su joven compañera.

- Ningún comentario sobre esto ¿entendido monja? – dijo en tono rotundo.

- Sí, no diré nada – al sentir la brisa helada un escalofrío recorrió el cuerpo de Jeanne obligándola a abrazarse fuertemente - ¿eeehh? – Jeanne no podía creerlo al abrir los ojos Sarah quitándose su suéter lo había colocado sobre sus hombros, el blanco de su blusa era más notorio al caer sus suaves rizos negros, su flequillo se movía suavemente junto con el viento.

- ¿Estas mejor? – pregunto abrazándole la cintura para seguir el viaje.

- S..Sí. … - respondió ruborizada.

Casi obscurecía por completo cuando llegaron a la explanada del colegio, Sor Marie fue la primera en verlas.

- ¡Dios Mío! – exclamo al ver las condiciones en que se hallaban – pero ¿Qué sucedió? – decía al mismo tiempo que corría para alcanzar a las dos chicas – Jeanne ¿estas bien?, ¿pero que paso?, ¿dónde han estado?, ¿saben lo preocupadas que estamos por su causa?.

- Sor Marie – los ojos de la joven rubia se nublaron a causa del llanto – lo siento todo ah sido culpa mía, los ojos de Sarah se abrieron sorprendida ante la contestación de Jeanne.

- ¿Qué? – sor Marie no dio crédito a lo que escucho – pero… Jeanne – susurró.

- ¡Basta! – la imperiosa voz de la madre superiora hizo eco en los oídos de las jóvenes alumnas – Sor Marie lleve a la señorita Geyfom a la enfermería y una vez curadas sus heridas preséntela en mi oficina – los severos ojos de la Madre Superiora se posaron sobre los zafiros ojos de Sarah – y usted señorita Reimyn venga conmigo.

Sarah se separo de Jeanne y ni siquiera se volvió a mirarla, sin embargo la joven rubia le miro intensamente pues al separarse de su cuerpo sintió un extraño vacío.

Una vez en la enfermería Jeanne permaneció callada ante las insistentes preguntas de Sor Marie y esta al ver el imperioso silencio que guardaba la chica decidió no preguntar más. En un momento de distracción de Sor Marie Jeanne tomo la mascada de Sarah y la suya propia mismas que la monja había tirado a la basura por las malas condiciones que presentaban.

Sor Marie toco un par de veces la puerta de la oficina y la abrió enseguida, Sarah estaba de pie delante del escritorio de la Madre Superiora, su mirada al frente sin ver nada en específico.

- Madre superiora aquí esta la señorita Jeanne.

- Hágala pasar y déjenos a solas.

- Sí madre – Jeanne entro cojeando levemente y se situó al lado de Sarah.

- Por su condición le aconsejo que se siente.

- Sí.

- Veo que les gusta estar juntas – dijo con tono serio, paso su inexorable vista de un rostro a otro – de acuerdo si eso es lo que a usted le agrada señorita Reimyn entonces le dejaré en tutoría a la señorita Geyfom hasta que inicie su noviciado que será terminando el segundo año escolar.

Ambas abrieron los ojos enormemente, Jeanne volvió su rostro levantándolo paulatinamente para encontrarse con la fría mirada de su compañera quien le miro por un instante tan intensamente que creyó por un momento le atravesaría el alma, Sarah miró de nueva cuenta a la madre superiora visiblemente molesta, tanto que incluso temblaba levemente y su entrecejo estaba completamente fruncido.

- Madre Superiora – dije intentando disculpar a Sarah – yo, todo esto….

- No quiero oír excusas – dijo secamente – y ya eh tomado una
decisión ¿quedo claro, Señorita Reimyn, Señorita Geyfom?

- ¡?... ¿cómo? – Sarah, formo puños con sus manos y bajo la cabeza. Su azulado cabello me impedía ver sus ojos pero su mandíbula estaba apretada y sus manos temblaban – no puede asignarme el cargo de tutora escolar – dijo sin levantar el rostro – eso… eso implicaría…

- Se acabo señorita Reimyn usted será la tutora escolar de la señorita Gefoym, este primer año ya lo ah cursado así que en sus manos dispongo de la señorita Gefoym, quiero verlas juntas y sobre todo quiero resultados académicos.

- No lo acepto – dijo Sarah levantando el rostro y mirando inexorablemente a la Madre Superiora.

- No es de que lo acepte o no, es una orden ¡entendió? – golpeo el escritorio con su mano – además la señorita Pauline fue su tutora en su primer año ¿no es así? e hizo de usted una magnifica estudiante así que espero los mismos resultados con su compañera de cuarto, le aconsejo que no defraude la memoria de su mentora.

Eso había sido todo la estocada final había sido dada, el rostro sorprendido de Sarah decía más que mil palabras, la Madre Superiora dio justo donde más dolía la herida.

- A pesar de estar lastimada – dijo Sarah secamente – estas frente a la Madre Superiora así que siéntate derecha, tu rostro debe de estar levantado y muéstrate segura de ti misma, las manos sobre tu falda y tus pies juntos.

- Sa…Sarah – le miré sorprendida.

- Has justo como te eh dicho – dijo sin verme.

- Sí… - hice justo como ella me indico.

- Tengo una noticia más que darles – la Madre Superiora se sentó tras su escritorio – ambas serás trasladadas a el último piso de forma definitiva.

- ¡Que? – dijimos al unísono.

Llamaron a la puerta y una monja entro situándose justo atrás de nosotras.

Todo esta listo Madre, las cosas de las señoritas han sido trasladadas al último piso y se ah confirmado la llegada de la señorita Kristal Dumont.

- Kris… tal… - Sarah miro sorprendía a la Madre Superiora.

- Así es señorita Reimyn, es por eso que dispondremos de su habitación y ustedes serán trasladadas a la parte superior de los dormitorios.

- Esto lo sabrá mi padre.

- Su padre ah sido notificado y esta de acuerdo con ello si usted gusta adelante el teléfono esta a su disposición.

- ¡?... ¡que?... mi padre… a… - el hermoso rostro de Sarah reflejaba enorme sorpresa.

- Se le notifico la llegada de la señorita Dumont y el comportamiento de usted hace apenas unas horas y accedió a que se le diera una reprimenda, es por eso que también están castigadas y este fin de semana no saldrán de su nueva habitación, los alimentos les serán llevados, sin embargo esta noche no habrá cena para ninguna de las dos ¿quedo claro?, ahora quiero que ambas se retiren Sor Marie las llevara a su aposento y espero que ambas piensen en las penalidades que han causado por su ausencia.

- Madre Superiora en verdad la culpa es ….

- No diga nada señorita Geyfom mi palabra ah sido dicha ahora salgan de mi oficina.

Salimos y Sor Marie nos esperaba me tomo del brazo y las tres caminamos por los pasillos del edificio, subimos hasta la parte más alta, el pasillo al cual llegamos estaba tan oscuro que Sor Marie prendió una vela y seguimos caminando en silencio hasta llegar a una puerta de madera, Sor Marie saco una vieja llave abrió la puerta, prendió las luces y nos insto a entrar, para mi sorpresa a pesar de lo abandonado del cuarto, este se veía limpio y en prefectas condiciones, un par de camas, dos escritorios perfectamente limpios con dos biblias sobre ellos y un pequeño altar con la imagen de Cristo.

- Ahora se quedaran aquí y espero meditaran sobre sus actos, vendré a verlas por la mañana, tarde y noche estos días y Jeanne espero que mañana estés dispuesta a contarme que fue lo que paso realmente – me ayudo a sentarme en la cama.

- Sor Marie… yo… - no me escucho se levanto y encamino hacia la puerta.

- Buenas noches señoritas.

Cerro la puerta tras de si, Sarah dio un rápido vistazo a la habitación y suspiró, se acerco a la única ventana con la que contábamos abriéndola de par en par, una brisa helada se dejo sentir, me hizo estremecer miré a Sarah su cabello se agitaba con el viento, a pesar del frío permanecía inmutable viendo la hermosa luna y las estrellas que adornaban el oscuro cielo, sentí calor en las mejillas al contemplarla podía admirar perfectamente su perfil iluminado por la brillante luz de la luna llena; estaba empezando a preocuparme esta rara sensación que se apoderaba de mi cada vez que la veía realmente empezaba a inquietarme porque por más que intentaba dejar de verla simplemente me era imposible. Mi imprudente estómago hizo eco en la habitación.

- Es duro ¿eh? – dijo y siguió mirando el cielo.

- Aahh… Esto… yo…- baje la mirada sumamente apenada fue solo un segundo lo juro al levantar la vista Sarah ya no estaba en la habitación - ¿Sarah?... ¡Sarah?.... me levante por impulso olvidándome de mis heridas – Sarah por favor… ¿Dónde? ¡Dónde estas?...
Jeanne fue lo más rápido que pudo al cuarto de baño, entró sin tocar pero tampoco estaba ahí, se plantó a medio cuarto mirando en derredor pero Sarah no estaba, corrió a la ventana, el aire agito sus rubios cabellos miró hacia ambos lados pero no pudo verla, sus ojos se anegaron de lagrimas, su pequeño cuerpo tembló y una indescriptible angustia se apodero de su rostro,

- Sarah… - pensó Jeanne - ¿será posible que haya salido?.... ¡Dios! ¡¡Sarah!!!??? - gritó su nombre en el pleno de la noche, pero no hubo respuesta - tembló de miedo al imaginarse lo peor – ¡Por Dios!! ¡¡¡Sarah!!! – volvió a gritar, más sin embargo su voz se vio apresada por la angustia y el llanto que salía incontenible de sus lindos ojos verdes, la luz se apago de repente Jeanne se asomó nuevamente a la ventana le llamo una vez más sin éxito alguno – Sa…rah…Sa…rah – sintió un nudo en la garganta, sus piernas no pudieron sostenerla y bajando la cabeza siguió su incontenible llanto – no puede ser – dijo con voz ahogada – esto no puede estar pasando…. Sarah… Por …favor…. Por… favor…. ¿Dónde… estas? – un mareo le hizo caer sobre el piso sin fuerzas su vista se nublo y perdió el conocimiento

Sarah no tardo demasiado en ir a la cocina, robar un poco de pan, queso y un par de botellas de vino tinto, no era la primera vez que lo hacía, así que le resulto sumamente fácil, regresó rápidamente a la habitación por fortuna el cuarto contiguo al que las asignaron no contaba con cerradura en la puerta ni en la ventana así que le fue muy fácil entrar por ahí y volver por el mismo lugar, así mismo no hubo problema con las cosas que llevaba en mano afortunadamente el techo le daba un pequeño espacio plano para poder caminar sin dificultad al entrar en la habitación lo primero que vio fue el cuerpo de Jeanne tirado en el piso, inmediatamente dejo las cosas a un lado y tomo el pequeño cuerpo de la chica entre sus brazos, observo el pálido rostro de Jeanne, demasiado pálido para su gusto.

- Maldición – masculló por lo bajo – ¿qué pasa con esta chica? ¿Qué haré?...

Tomó la botella de vino que ya venia abierta y la acerco a sus labios, esperaba que dándole de beber reaccionara, pero el vino fluyó por las comisuras de su boca.

- Demonios, monja ¿Qué pasa contigo? - miro por un momento el rostro de la chica que tenia entre sus brazos – maldición no tengo otra opción – suspiró, miró la botella y dio un buen trago, tomando la barbilla de Jeanne entreabrió sus labios vaciando el vino de su boca a la de la joven rubia, Sarah cerro sus ojos y solo por un momento quedo prendada de la suavidad y calidez que le brindaba la boca de Jeanne, la luz de la luna llena les bañaba con sus hermosos rayos plateados, la joven rubia abrió sus ojos lentamente topándose con el rostro más hermoso que había visto en toda su vida, Sarah le sostenía con gran delicadeza y su abrazo era sumamente reconfortante, por unos instantes Jeanne quedo como hechizada por la tibieza y el dulce que sentía en su boca y en su cuerpo, sin embargo cuando hubo recuperado su total lucidez se percato de la situación en la que se encontraba, sus ojos expresaron una gran sorpresa por los acontecimientos y con todas sus fuerzas empujo a Sarah, echándose hacia atrás y mirándola con el rostro sonrojado y una clara muestra de tristeza en su linda mirada esmeralda, por un instante una serie de múltiples emociones se apoderaron de Jeanne que miraba el sorprendido rostro de Sarah cubierto por primera vez desde que la conoció por un hermoso y tenue rubor que hacia gala de presencia en sus aperladas mejillas.

- Sa… Sa… ¡¡¡Sarah!!! – Jeanne se abalanzo a los brazos de la sorprendida chica - ¡Nunca!, ¡nunca vuelvas a preocuparme de esa manera!... ¡Sarah!, que bien que estas bien… Dios… ¡oh Dios!... Gracias a Dios que estas bien – Jeanne se aferro con mucha fuerza al cuerpo de la alta chica, su rostro en el pecho escuchando el suave y ligeramente acelerado ritmo cardiaco de Sarah quien al ver tan contrastante actitud de Jeanne quedo tan sorprendida que no supo que decir – pensé… que algo horrible te había pasado… pensé que habías muerto.

- Basta - dijo frugalmente y alejo a Jeanne de sus brazos, su mirada se endureció y una vez más ese enorme muro entre ella y la joven rubia fue levantado de forma inexorable – no te he pedido que te preocuparas por mi, te he dicho que no quiero nada de ti, ¿es que eres tan estúpida que no puedes entenderlo? – su fría mirada se clavo en las pupilas de Jeanne, su rostro inexpresivo lentamente demostró una tenue mueca de fastidio.

- Sa…rah – Jeanne se llevo la mano al pecho y bajo la cabeza hundiéndose en una total confusión, ¿Qué es lo que había sucedido hasta ahora?, no podía comprenderlo del todo, se quedo en silencio mirando el piso de madera tratando de entender la situación y las palabras de Sarah.

- Que no te sorprenda nada de mi monja ¿entendiste? – le hablo Sarah dándole la espalda – no es de tu incumbencia lo que haga de ahora en adelante, ni preocuparte por si estoy bien o estoy mal ¿quedo claro? – volvió el rostro, su semblante frío y duro fue lo único que Jeanne percibió.

- Sí, yo… lo lamento… es solo que…

- ¿Te estoy pidiendo explicaciones? – le acoto Sarah suspirando con verdadero hastío.

- No

- Me alegra que lo hayas entendido – Sarah se llevo la comida a la cama y se sentó en medio de la misma – ahora ven aquí que no te llevaré hasta allá de comer.

Jeanne le miro sumamente confusa.

- ¿Quieres decir qué?... – fue lo único que atino a decir.

- No quiero que los improperios de tu estómago me arruinen el sueño, así que si quieres comer ven, sino quieres puedes quedarte ahí por mi no hay problema – se encogió de hombros; con sus manos corto un trozo de pan tomo un poco de queso y comió.

- Yo… hummm – el estómago de Jeanne le volvió a proferir el hambre que sentía y termino por enojarse por la sinceridad de su organismo, se levanto y encamino a la cama se sentó en una orilla y solo contemplaba el pan y el queso.

- Vamos será mejor que comas ¿no esperaras que te lo sirva con toda la etiqueta formal? ¿o si, monja? – dijo Sarah sonriendo de medio lado.

- No, por… por supuesto que no – tomo un poco de pan y queso y comió en verdad se sentía aliviada de compartir ese momento con Sarah aunque esta ni siquiera la miraba. Tras un momento de silencio Jeanne se animo a hablar – eres muy amable al permitirme…

- Trae la botella de vino ¿quieres? – le interrumpió.

- Oh sí, por supuesto – Jeanne se levanto y fue por la misma – ¿has traído dos? – pregunto al notar la otra botella aun lado de la mesa de centro.

- ¿Tienes que preguntar cosas que son tan obvias? – Sarah levanto una ceja y resoplo molesta.

- Perdona…

- Perdón, perdón, lo siento, lo siento – Sarah se levanto y se encamino rumbo a la chica de ojos verde mar, al estar frente a ella, tomo la botella de vino entre sus manos y sin ningún tipo de reparo bebió directamente de la misma, al terminar no pudo evitar sonreír ante la atónita mirada de Jeanne – ¡¡¡aaaahhh!!!! Me pregunto si algún día podré dejar de escuchar tanta disculpa de ti, lo siento, lo siento, perdón, perdón, ¿por qué?, ¿por qué? Es lo único que sale de tu boca, y ahora me miras así tan sorprendida, y en esta ocasión seré yo quien te pregunte – se acerco a Jeanne la tomo por la barbilla y clavo su azul océano sobre las esmeraldas de su joven compañera – ¿por qué me miras así?, ¿Por qué te sorprende cada cosa que hago, eh?, ¿por qué te preocupas por mi si ni siquiera nos conocemos?, ¿qué pasa contigo?, en verdad dime ¿qué es lo que buscas de mi?, ¿qué deseas?, ¿te gusto? – sonrió irónica - y acerco sus labios entrecerrando los ojos – ¿es esto lo que deseas? – el tibio aliento de Sarah hacia que a Jeanne le costara trabajo respirar.

- No… yo no – le empujo con sus manos, volvió el rostro a un lado completamente sonrojada y sintiendo que el corazón se le saldría por la fuerza con que golpeaba su pecho – no es eso, es solo que…

- Es solo ¿qué? – Sarah se sentó de frente a Jeanne y volvió a beber.

- No lo sé – dijo con voz triste Jeanne mirando tímidamente a Sarah – “¿Cómo es posible – pensaba al mismo tiempo – que sea tan refinada y pueda en este momento comportarse de esta forma?, pareciera que es una persona totalmente distinta”

- Y me sigues mirando… - Sarah ladeo su cabeza y le observo con seriedad, se limpio la boca con el envés de su mano - quisiera saber que es lo que te llama tanto la atención de mi persona, creo que… - se levanto de una forma grácil y ligera, acomodo sus ropas con sus manos, su postura era perfecta desde el lleno de su altura contemplo a Jeanne, sonriéndole cansinamente – … en verdad creo que tendré que acostumbrarme a tus miradas – suspiro fastidiada dio media vuelta y al llegar a la cama recogió la comida que aún había ahí, la coloco en la mesa de centro, de vuelta a la cama empezó a desvestirse con una soltura y elegancia que dejaron a Jeanne admirada, los rayos azulosos de la luna se reflejaron sobre la perfección de su cuerpo.

- Una… Diosa – susurro Jeanne al contemplar el cuerpo desnudo de Sarah, su cabello azulado caía imponente por su espalda, por un instante la chica de zafiros ojos contemplo la plenitud de la noche, la luna parecía acariciarle el rostro con sus suaves rayos – que her…mosa - Jeanne sintió un rubor cubrirle toda la cara - ¿Qué es lo que estoy pensando? – dijo en voz baja y miro hacia la pared más cercana que tenía – “¿Por qué… por qué pienso esto?... yo… esto no esta bien, esto no esta nada bien… Sarah… Sarah es… ¿qué es Sarah?.... ella… ella… - su mente se perdió en mil y un cavilaciones, un breve escalofrío le saco de sus pensamientos.

Sarah dormía, la luna estaba ya en la cúspide del cielo cuando Jeanne se levantó y con paso lento llego a la ventana, la cerro y recargo la frente contra la misma, suspiro profundamente, levanto la vista mirando la imponente luna que se alzaba en el cielo nocturno, las estrellas tiritaban tenuemente, volvió el rostro a un lado sobre la mesa observo la botella de vino se acerco a ella la tomo con ambas manos y la observo con sumo detenimiento, sin duda alguna tenía sed, sin embargo el beber directamente de la botella no era nada propio de una señorita de su clase, aún así la llevo a su boca, estaba apunto de beber cuando a su mente regreso la imagen de Sarah tomando de la misma, se detuvo en seco, la imagen de los labios de Sarah llego de súbito a su mente, se sonrojo al ser conciente de que una vez más Sarah le había besado sin su consentimiento, pero ¿podía llamarse a eso besar?... Sarah se lo había dicho nunca besaría a una niña estúpida como ella, así que eso no alcanzaba a llamarse beso… ¿entonces que fue?... miro la botella y termino por beber de ella, al momento noto un dulzor ya sentido por ella, así que había sido solo eso, Sarah simplemente le había dado de beber a través de su boca. Suspiro con tristeza sorprendiéndose de sentir esa extraña sensación. Sin saber porque se acerco al lecho de Sarah y le contemplo largo rato, sin duda alguna era el retrato mismo de la perfección, el nácar de su piel contrastaba hermosamente con el negro azulado de sus cabellos, sus labios rosados, hermosos y suaves como el pétalo de una rosa, el delineado perfecto de su nariz y esos profundos ojos como océanos intensos en tormenta o en franca calma ahora cerrados por sus suaves parpados, la exquisitez de su cuerpo, la perfección de sus formas, Jeanne trago saliva al darse cuenta de la forma como observaba a Sarah, lagrimas salieron de sus intensos ojos verdes cayendo sin piedad por sus ruborizadas mejillas, solo fue capaz de cerrar los ojos con fuerza y darse la vuelta… no entendía el porque de sus lagrimas, simplemente no podía dejar de llorar a paso lento llego a su cama se tiro literalmente sobre ella y su llanto silencioso siguió sin ella entender el porque del mismo.

La mañana sorprendió a Jeanne, a lo lejos se escuchaba el suave trino de las aves que poblaban el hermoso bosque, se incorporo poco a poco, le dolía la cabeza y se sentía cansada, miro hacia la cama de Sarah pero no se encontraba en ella. Al mirarse se percato de que estaba bajo las cobijas ¿en que momento se había cubierto?, haciendo un esfuerzo solo recordaba el haberse acostado sobre las mismas más no debajo de ellas…

- Sarah… - susurro – se levanto y arreglo la cama, miro a la ventana y esta se hallaba cerrada – sin duda no ha salido – dijo en voz queda.

- Ya despertaste monja – su voz hizo eco en la habitación haciendo que Jeanne diera vuelta y contemplara a Sarah con los ojos muy abiertos y la boca entreabierta… ahí estaba ella de pie secando su cabello envuelta por una toalla blanca como la nieve, el agua escurriendo lentamente por su rostro – es molesto que le miren a una así ¿sabes? – dijo Sarah cerrando los ojos y echando hacia atrás su cabeza para sacudir su cabello – Jeanne quedo embelesada con ese movimiento lleno de una inconciente sensualidad.

- Perdona – dijo Jeanne volviendo el rostro a un lado.

- ¡¡Se acabo!!

Jeanne termino de espaldas sobre la cama con Sarah encima de ella quien le miraba con molestia, el agua que escurría del flequillo de Sarah caía suavemente a las mejillas de la rubia chica.

- Estoy harta – le espeto a la cara – no soporto estar escuchando tanta disculpa proveniente de ti, es cansado y fastidioso ¿entiendes?... – le miro de lleno, el rostro de Jeanne reflejaba un intenso temor y aún con ello estaba fascinada al contemplar a Sarah – cada vez que te disculpes sin motivo haré algo que no te guste para nada – dijo Sarah con seriedad recordando la bofetada que Jeanne le dio en aquel árbol – esta vez voy a besarte en serio monja – las manos de Jeanne estaban sujetadas fuertemente por las de Sarah quien entrecerrando los ojos se acerco poco a poco a los labios entreabiertos de Jeanne.

- N…n…no, yo… no – los ojos de Jeanne se anegaron de lagrimas – n… no – dentro de ese ruego podía percibirse una súplica parecida más a un tenue si.

El aliento de Sarah se confundía con el de Jeanne su rostro ruborizado y sus ojos lentamente comenzaron a cerrarse… dos leves golpeteos se escucharon tras la puerta de madera. Jeanne se encrespó al instante, Sarah sin embargo le miro suspirando con fastidio.

- Solo por esta vez lo pasaré por alto – dijo y le beso en la mejilla, se levanto caminando a la ventana – adelante Sor Marie – dijo con firmeza.

La puerta se abrió y Sor Marie paso vio a Sarah en la ventana mirando hacia la lejanía secando aun su cabello, y a Jeanne sentada a la orilla de la cama, con el rostro húmedo y sonrojado.

- Que te ha sucedido Jeanne – sor Marie se acerco a la chica tocando su frente – tu rostro esta sonrojado ¿tendrás fiebre?

- Eehh,... aahh creo que tal vez, si...

Sarah solo se limito a sonreír.

-¿Crees estar resfriada, Jeanne? - pregunto la monja tocando la frente de la chica.

- No... bueno, no sé.. quizá...

Mientras sor Marie atendía a Jeanne, Sara miraba a través de la ventana sin mirar nada en específico, pues una vez más sus recuerdos le llevaban muy lejos.

- Es la primera vez que estoy en un cuarto de castigo - dijo sonriendo Pauline.

- Lo lamento, fue culpa mía, sino hubiera cantado - Sarah miro sus manos tristemente.

- Vamos Sarah no pongas esa cara ¿no te has dado cuenta?, ven - estiro su mano y Sarah la tomo, con sus manos entrelazadas miraron a través de la ventana - ¿no te parece maravilloso Sarah?, ¡mira, mira, que hermoso paisaje y es solo nuestro! - dijo con entusiasmo y se abrazo a Sarah recargando la cabeza en el hombro de la alta chica, poso su mirada en azul cielo surcado por enormes nubes blancas sin mirarla dijo - Sarah, nunca dejes de cantar, sigue cantando, me gusta mucho tu voz, mucho, ¿lo harás?, ¿seguirás cantando para mi?, en verdad me gusta escucharte, tienes una hermosa y melodiosa voz.

- ¿En serio? - el rostro de Sarah se ruborizo y una simpática sonrisa se dibujo en sus labios.

-Sí, Sarah - suspiro - me gusta mucho escucharte cantar, por favor nunca dejes de hacerlo, ¿cantarías para mí el Ave María?

-Sí...yo siempre cantaré para ti - Sarah sostuvo las manos de Pauline entre las suyas mirándola tiernamente a los ojos.

Ave Maria
Gratia plena
Maria, gratia plena
Maria, gratia plena
Ave, ave dominus
Dominus tecum
Benedicta tu in mulieribus
Et benedictus
Et benedictus fructus

Sor Marie y Jeanne miraban asombradas a Sarah que cantaba a voz en pecho con gran soltura, su hermosa voz resonaba en el pequeño dormitorio.

- Sarah - sonrió Sor Marie - ¿volverás al coro?

- Et benedictus fructus... - Sarah calló de golpe a su memoria llegaron los recuerdos de la dulce sonrisa de Pauline y ello le anego los ojos de un amargo llanto. - Es bastante molesto el tener que vestirme frente a una extraña y encima tener que hacerlo en su presencia hermana así que...

- "¿Extraña?" - pensó Jeanne con tristeza

- Entiendo Sarah, solo dejaré el desayuno en la mesa y saldré - Jeanne por favor espera afuera ¿quieres?

- Sí hermana - Jeanne se encamino hacia la puerta, y antes de salir miro por un instante a Sarah

Su negra azulada cabellera se notaba más intensa al contraste con la toalla blanca que envolvía su cuerpo.

- Con su permiso señorita Reimyn - la monja cerró la puerta tras de sí.

- Pauline - murmuro Sarah dejando escapar las lágrimas de sus bellos ojos.

- Hermana ¿a que se refería al decir con volver al coro? - pregunto Jeanne mirando el techo.

Antes de responder sor Marie se recargo en la puerta y dando un leve suspiro comenzó a relatar.

- Sarah - hablo en voz baja - estaba en el coro de la iglesia...

Dentro de la habitación Sarah recordaba al igual aquellos días.

- ¡Te aceptaron en el coro? - Pauline sonrió enormemente -¡Sarah eso es maravilloso! - se abalanzo sobre la chica haciendo que Sarah perdiera el equilibrio cayendo ambas al pasto - ¿estas bien Sarah? - preguntó.

- Yo... si estoy... bien - Sarah abrió los ojos lentamente ruborizándose al ver la cercanía del rostro de su joven compañera, una suave brisa agito ligeramente el flequillo de la chica rubia quien sonrió entrecerrando sus ojos y acerco sus labios hasta besar a Sarah en la frente.

- Estoy orgullosa de ti Sarah - la abrazo y Sarah con un poco de inseguridad elevo sus manos al cielo antes de dejarlas descansar sobre la espalda de su joven compañera - tu abrazo es muy cálido Sarah - dijo en un dulce suspiro, se separo un poco de Sarah y mirándola directamente a los ojos pregunto - ¿cantarías para mi el Ave María?

- Lo haré Pauline, yo... siempre cantaré solo para ti - se levanto y miro sonriente todo en derredor, con el semblante iluminado por una enorme emoción y felicidad y con el hermoso paisaje del lago como telón de fondo comenzó a cantar de una forma prodigiosa mientras Pauline la observaba maravillada.

- Ese día las encontramos gracias a que Sarah cantaba, se les castigo por estar en los alrededores del lago y la madre superiora les envió unos días aquí para que reflexionaran sobre el seguir las reglas del internado... fue entonces cuando Sarah quedo en tutoría de la señorita Pauline Darnet, sin duda hizo un buen trabajo, ya que Sarah en todos sus movimientos expresa claramente su finura y elegancia.

- Sí... es verdad - Jeanne suspiró por lo bajo - así que Sarah ya había estado aquí.

- Con seguridad Sarah ya ha terminado de vestirse, por favor entra, tengo que irme pues eh de recoger a una nueva estudiante.

-Si hermana.

Jeanne entro una vez más a la habitación, escucho el cerrojo en la puerta y al mirar en derredor noto que Sarah ya no estaba, se sintió por completo sola y triste. Arreglo la cama de Sarah, al terminar se sentó a la mesa y miro su plato de sopa ya frío se sorprendió al notar sus lagrimas correr sin piedad por sus mejillas cayendo directamente dentro del plato.

- ¿Qué... qué me pasa?... ¿por qué?... - se levanto y camino hacia la ventana miro el cielo entre lagrimas y por un momento sintió un enorme vació y por vez primera sintió mucho coraje - ¡no es justo! - grito - ¡Porque tenias que irte y dejarme sola Camille?, ¡por qué una persona tan buena como tu tuvo que irse?... eras mi única amiga, la única amiga que tenía y ahora estoy tan sola y Sarah... Sa..rah ella, ella me odia.. y yo... y ...yo... - el llanto fue mayor a sus reproches formándole un nudo en la garganta, su incontenible llanto era en verdad amargo.

Sarah que estaba sentada a un lado de la ventana bajo la mirada posándola en sus manos mientras escuchaba el amargo llanto de Jeanne y una vez más recordó.

- Señorita Pauline Darnet - dijo la madre superiora - le presento a quien será su compañera de cuarto, la señorita Sarah Reimyn - Sarah y Pauline se miraron fue tan solo un instante pero para Sarah fue una eternidad - ella - continuo la madre superiora - estará cursando el primer año del internado así que le pido le ayude en sus deberes y cuide de ella Señorita Darnet. Espero que ambas se lleven bien como buenas hermanas ¿de acuerdo?

Las dos chicas asentaron y una vez más sus miradas se entrelazaron, fue un sentimiento nuevo para Sarah reflejarse en los ojos miel de su nueva compañera, la puerta se cerro y ambas seguían con su mirada unida, Pauline rompió el dulce hechizo y volvió el rostro para mirar el crucifijo que colgaba en la pared sobre su cama, el perfil de la rubia chica era impactante y Sarah no podía dejar de mirarla, un largo e incomodo silencio se hizo presente, Sarah volvió el rostro al escuchar pasos fuera de la habitación y abrió enormemente los ojos al sentir en su espalda el cuerpo de Pauline quien le abrazo de forma cálida y sincera, era verdaderamente un abrazo franco y sincero.

- Se.. señorita Darnet...

- Pauline, solo llámame Pauline... oh Sarah... Dios te mando a mi lado - susurro - todos los días rogué porque a mi solitaria vida llegara una persona llena de calidez y ternura y me ha bastado tu azul mirada para ver que eres una persona llena de amor y bondad.

- ¿Pauline?...

- Sarah, no sabes el dolor que mella en el alma cuando se esta sola, se siente tan infinito como el mayor de los vacíos, estoy segura de que este enorme cariño y bondad lo sentirá cualquier persona que este junto a ti Sarah, tu jamás harás sufrir a nadie.

-¡Por qué es tan fría como el hielo? - grito Jeanne con fuerza sacando a Sarah de sus recuerdos.

Ante el comentario Sarah bajo aún más la cabeza y apretó los puños con fuerza, a su mente volvió la dulce voz de Pauline "no sabes el dolor que mella en el alma cuando se está sola "... "le aconsejo que no defraude la memoria de su mentora" la voz de la madre superiora, " se siente tan infinito como el mayor de los vacíos".... una vez más la voz de Pauline hizo eco en sus oídos.

Jeanne seguía llorando de rodillas frente a la ventana con sus manos cubriendo su rostro.

- Lo lamento - la voz de Sarah hizo a Jeanne levantar el rostro, Sarah le miro con un dejo de sufrimiento, entro por la ventana y se arrodillo frente a Jeanne - en verdad lo lamento - volvió a decir mientras bajaba la mirada y apretaba con fuerza sus manos formando puños - "se siente tan infinito como el mayor de los vacíos" - mordió su labio inferior hasta hacerlo sangrar
- no pretendí lastimarte - saco su pañuelo elevo la vista y lo coloco sobre la mejilla de Jeanne.

- Estas, estas sangrando - dijo Jeanne sacando su pañuelo y limpiando el hilo de sangre que corría por la comisura de la boca de Sarah.

Ambas se miraron a los ojos perdiéndose la una en la otra, los rayos del sol caían sobre ellas de forma parsimoniosa, iluminando el cabello negro azulado de Sarah y el rubio cabello de Jeanne, sus rostros terminaron por ruborizarse levemente al ser ambas consientes de lo hermosa que cada una veía a la otra.

- "Se parece mucho a Pauline" - pensó Sarah al mirarla - "aunque sus ojos... sus ojos no son como los de ella" - le miro fijamente - es difícil para mí - rompió el silencio - acercarme a otra persona - su mirada se endureció y volvió el rostro a un lado - solo seamos corteses la una con la otra... solo eso y por favor no te entrometas en mis asuntos - le observo y le regalo una dolorosa sonrisa.

- Soy yo - dijo la joven rubia - la que tiene que pedir perdón todo a sido a causa mía por entrometerme en tu vida sin permiso - Jeanne tomo las manos de Sarah entre las suyas - lo lamento Sarah... perdóname - las lagrimas abandonaron una vez más sus verdes ojos.
Sarah observo con detenimiento esa verde mirada plagada de sinceridad y un infinito arrepentimiento.

-Tranquila - susurro - ya no importa solo... solo no intentes congeniar conmigo - limpio una vez más las lagrimas de Jeanne y por vez primera le obsequio una sincera sonrisa.

Jeanne no pudo contenerse y se abrazo a Sarah llorando profusamente, la chica ojiazul la tomo entre sus brazos y le acaricio su rubia cabellera, al hacerlo recordó a Pauline y también rompió en un silencioso llanto. 

Continua en: CAPITULO IV