domingo, 24 de abril de 2011

Entre Mi Religión y Un Amor Prohibido Capítulo II 2da Parte

Hola mis amadisimos Fans!!!! este domingo les dejo la continuación de Entre mi Religión y Un Amor Prohibido!!!! espero que les guste.


Los ojos llorosos de Jeanne miraban con reproche a Sarah quien miraba con cierto asombro a la chica que aún abrazaba con una de sus manos mientras que la otra la tenía sobre su adolorida mejilla.

- Pero ¡por qué demonios me abofeteaste? - preguntó Sarah mirando fríamente a Jeanne.

- ¡Cómo te atreviste? - le contestó Jeanne, su cuerpo temblaba visiblemente - ¡cómo te has atrevido? - Jeanne no dejaba de recriminar a Sarah lo sucedido.

- ¡De qué demonios me estas hablando? - Sarah retiró su mano con la que abrazaba a la chica rubia.

- ¡Cómo te atreviste a... a... besar... me? - preguntó Jeanne visiblemente avergonzada y molesta.

- ¿Besarte? - preguntó Sarah burlona - ¿Estas bromeando monja?... yo... - tomó una actitud orgullosa y con sobrada sorna respondió - jamás besaría a una niña estúpida como tu, ¿en verdad creíste que eso fue un beso, monja?, ¡no digas estupideces!, ¡solo te tapé la maldita boca para que no fueras a delatarnos!... ja, yo besarte - Sarah le miró examinándola por un segundo y soltó senda carcajada que dejó a Jeanne completamente confundida y herida en su amor propio - yo besarte, ja, ja, ja, ja, yo besarte ¿a ti monja? - Sarah siguió riendo, mientras que Jeanne retrocedía de manera inconsciente, sus ojos llorosos y la vergüenza que sentía por la burla de Sarah le nublaban todo raciocinio.

- ¡¡¡¡Aaaaahhh!!!! - ante el grito de Jeanne Sarah en un veloz movimiento volvió a sostenerla antes de que esta cayera.

- ¡Con un... de... monio, mon...ja!, no voy a... sal... varte... la... vi... da siem... pre.

- ¡Suéltame me lastimas! - espetó Jeanne mientras un rictus de dolor le atravesaba el rostro, pues la mano que Sarah le sostenía era la derecha - ¡suéltame! - volvió a exigir Jeanne.

- Si te suel... to... es... taré en... pro... ble... mas... - juntando todas sus fuerzas Sarah tiró de Jeanne provocándole un nuevo grito de dolor.

- ¡Maldita sea... mon... ja!, si no coo... peras... las dos nos cae... remos, ¡imbécil! - Sarah fijó su azul mirada sobre los ojos de Jeanne - estí... rate un poco mon... ja, y trata de... agarrarte de esa ra... ma - Jeanne miró la rama y pensó que estaba muy lejos de ella.

- No podré - dijo la joven rubia mientras estiraba su mano tratando de agarrar dicha rama.

- ¡¡Hazlo!! - ante el grito de Sarah, Jeanne se olvidó de su propio dolor y lo logró.

- Ahora tu pie... trata de... meter la punta de... tu zapato en aquel hueco - indicó Sarah.

Jeanne siguió las indicaciones de Sarah al pie de la letra y por fin con mucho esfuerzo Sarah logró bajar a Jeanne, al tocar el suelo ambas se dejaron caer sobre el mismo, las heridas de Jeanne se recrudecieron y los gestos de dolor no se dejaron esperar. Sarah al darse cuenta de ello examinó la mano de Jeanne quien la retiró de inmediato.

- No necesito de tu ayuda - Jeanne trató de incorporarse pero su tobillo ya se había inflamado tanto que no pudo guardar el equilibrio.

- Si, ya veo que no necesitas de mi, monja - dijo al tiempo que volvía a tomar la mano de Jeanne provocando en esta un rictus de dolor - Estúpida - dijo entre dientes al darse cuenta que tendrían que presentarse en la enfermería - ¿Cómo demonios te atreviste a subir, si tenías lastimada tu mano y tu tobillo? - miró los acuosos ojos de Jeanne mientras se desataba su mascada y la utilizaba para vendar la mano de su joven compañera de cuarto.

- Yo... - dijo Jeanne cerrando los ojos cuando Sarah apretó con ligera fuerza la mascada sobre su muñeca - ¡¡aaaahhh!! - exclamó la joven rubia.

- Resiste monja - le dijo Sarah mientras le revisaba ahora el tobillo - te llevaré a la enfermería - dijo Sarah mientras se ponía en pie, inclinó el rostro para ver a la rubia - en verdad te atreviste a subir en esas condiciones monja - afirmó y sonrió de medio lado, de su bolsillo extrajo el rosario de Jeanne y se lo dio - tómalo antes de que me arrepienta.

Jeanne lo tomó con su mano izquierda y se lo colocó al cuello, miró por unos instantes la cruz con infinita ternura, sonrió y la besó.

- ¿Tan importante es para ti? - preguntó Sarah mirando a Jeanne que continuaba sentada viendo su cruz.

- Lo es - dijo levantando el rostro y topándose con los ojos añiles más intensos que había visto en toda su vida, los rayos del sol que se filtraban por entre las hojas de los árboles bañaban a Sarah, quien por unos momentos al ver la actitud de Jeanne perdió la dureza de su rostro y se mostró afable.

- Anda - dijo retomando su dura actitud, le ofreció su mano y Jeanne un poco reacia a aceptarla la tomo - ven.

Sarah pasó su mano alrededor de la cintura de Jeanne provocando en esta cierto cosquilleo en la boca del estómago y la mano izquierda de Jeanne la pasó por sobre sus hombros inclinándose un poco para tratar de estar a la altura de su joven "compañera" lastimada. Sarah la guió entonces pero lejos de dirigirse a la enfermería, siguieron internándose en el bosquecillo.

- ¿A dónde vamos? - preguntó Jeanne.

- No preguntes y sigue avanzando - dijo Sarah.

- Pero la enfermería esta del otro lado.

- Ya lo sé - dijo con fastidio Sarah.

- Entonces... ¿por qué? - preguntó Jeanne.

- ¿Tienes que preguntar todo el tiempo monja? - Sarah le miró seriamente
- ¿ya olvidaste nuestra conversación acerca de preguntar tanto? - Sarah regresó la mirada al camino, después de aquella pregunta Jeanne no dijo nada más.

Tras un buen rato de andar caminando Sarah suspiró al ver lo que se hallaba delante de ellas.

- Por fin, pensé que nunca llegaríamos - dijo Sarah apresurando a Jeanne.

La joven rubia se quedó maravillada al ver los azulosos reflejos del agua de aquel pequeño lago, Sarah la llevó hasta la orilla y le sentó.

- Bien monja - dijo Sarah mientras se estiraba - quítate tu zapato con cuidado y una vez que lo hagas mete el pie dentro del agua, este lago es de aguas frías, eso ayudará a reducir la inflamación de tu tobillo.

- Pero... - Jeanne miro a Sarah y después al agua, Sarah entendió la pregunta que Jeanne expreso sin palabras.

- Descuida monja - le dijo Sarah mientras meneaba la cabeza en negativo
- no hay nada ahí que te pueda comer, a menos que le temas a unos cuantos pececillos que seguro se acercaran a ti - Sarah dio media vuelta y se encaminó de nuevo al bosquecillo.

- ¡Espera! - exclamó con angustia la joven rubia - ¿a dónde vas?

- Enseguida regreso monja - contestó Sarah sin mirarla

Dejé a la fastidiosa rubia junto al lago, solo esperaba que hiciera lo que le había dicho; al ver de nuevo ese lugar no pude evitar acordarme de Pauline, por las noches nos escapábamos de nuestro dormitorio y veníamos a este lugar, nos sentábamos a la orilla del mismo y contábamos las estrellas del firmamento, en ocasiones si la noche no era muy clara encendíamos una pequeña fogata y dejaba que ella me contará sus planes para cuando fuera monja, me sentía tan cercana a ella que incluso yo quería ser novicia también para nunca separarme de ella, ahora que lo pienso el cabello de Pauline era más claro que el de esta fastidiosa y sus ojos poseían el color de la miel, eran tan dulce su mirada, la ternura expresada en sus palabras, Pauline, Pauline... si yo no hubiera... ¡maldición!, fue mi culpa, todo fue mi culpa, si yo no...

A la mente de Sarah regresaron esos dolorosos momentos.

- Te lo ruego Pauline resiste por favor, te lo suplico - las lágrimas escapaban de sus azules ojos.

- Tengo frío Sarah, por favor abrázame - Pauline se aferró más al cuerpo de Sarah quien quitándose su manta la colocó alrededor de Pauline.

- No Sarah - objetó Pauline - te enfermarás - le miró con ojos cansinos.

- Descuida Pauline estoy bien - Sarah le sonrió y seco sus lágrimas.

- Tengo tanto sueño Sarah.

- Duerme Pauline... solo... solo - volvió a llorar - no mueras porque mi vida sin ti ya no tendría sentido.

- No digas eso Sarah - un exceso de tos se apoderó de Pauline y Sarah la sostuvo con fuerza mientras hundía su rostro en el sedoso cabello de su amiga.

- Tranquila Pauline, estoy aquí contigo.

Pauline dejó de toser y separándose un poco de Sarah le miró de nuevo a los ojos.

- Descuida estoy bien - le dijo tratando de esbozar una sonrisa.

Sarah no pudo evitar que las lágrimas le fluyeran al ver en las comisuras de la boca de Pauline hilos de sangre y al mirarse ella misma la ropa pudo apreciar en su blanca blusa una gran mancha de color carmín. Abrazó con fuerza a Pauline mientras por dentro rezaba con todas sus fuerzas para que su amiga no fuera a morir.

- Dios por favor te lo ruego, te lo suplico con toda el alma salva a Pauline, por favor... te lo suplico... Padre nuestro que estas en los cielos...

Al mirar un tronco que tenía un gran agujero Sarah volvió de sus recuerdos y se limpió las lagrimas que traicioneramente escaparon de sus ojos.

- "Ahí estas, me pregunto si todavía estará ahí" - pensó Sarah metiendo la mano dentro del mismo - "que bien aún esta aquí" - Sarah sacó la mano trayendo consigo un pequeño recipiente de metal y dos pedernales - "es mejor que regrese, seguramente la monja estará hecha un mar de lagrimas, ja, ja, ja, ja, ja, ja" - al ver las cosas que tenía en sus manos Sarah regresó a sus recuerdos.

Aquella vez ella y yo venimos al lago, el viento soplaba con fuerza pero era cálido yo tenía la mascada de Pauline, ella corría atrás de mí tratando de recuperarla, tropecé con una piedra y solté su mascada y el viento la llevó a la rama de un árbol.

- ¿Estas bien Sarah? - me preguntó Pauline mientras me ayudaba a incorporarme.

- Sí, si, eso creo, pero tu mascada voló hacia aquella rama.

- Olvídala tengo otras - Pauline me sonrió, la luz de la luna llena le bañaba con sus rayos plateados.

- No, tengo que recuperarla, esa me gusta mucho por como se te ve.

- Es peligroso Sarah, además ya te he dicho que una señorita de sociedad nunca se sube a los árboles.

- No importa que digas tengo que recuperarla - dije mientras me encaminaba hacia aquel árbol, pero al primer paso me di cuenta que me había lastimado el tobillo.

- Sarah - ella me sostuvo de la mano - no lo hagas, esta bien, no quiero que te lastimes me dolería mucho si te pasa algo.

- Descuida - le guiñé - no pasará nada soy experta en escalada de árboles
- sonreí ampliamente.

- Sarah - dijo Pauline mirándome con reproche - ¿por qué eres tan testaruda?

- Creo que salí a mi padre - volví a sonreír mientras me encaminaba hacia el árbol, como no quería que Pauline se diera cuenta del estado de mi tobillo camine como si nada pero el dolor se me clavaba a cada paso que daba.

Llegué al árbol y comencé a escalarlo, a pesar del dolor de mi pie me fue sumamente fácil llegar a la mascada de Pauline, sin embargo no pude ver que la rama estaba fracturada y al apoyar mi cuerpo en ella la rama se vino abajo.

- ¡Dios mío Sarah! - Pauline corrió hacia mí - ¿estas bien Sarah? ¿Sarah?

- Ooouuucchhh, eso dolió, pero aquí esta - me incorporé un poco y le extendí la mano con la mascada.

- Sarah - Pauline me abrazó y comenzó a llorar - ¡nunca! ¡nunca vuelvas a hacer eso! - me sostuvo de los hombros y me miró fijamente a los ojos, pude ver el dolor en ellos y la angustia que le había provocado - no soportaría perderte ¿no lo entiendes Sarah? - me volvió a abrazar.

- No lo volveré a hacer Pauline, lo lamento.

Cuando ella me ayudo a incorporarme se dio cuenta del estado de mi tobillo, me llevó a la orilla del lago y me dijo que metiera el pie dentro del agua hasta que ella volviera, después de un buen rato ella regresó con este recipiente que después me contó lo robó de la cocina sin que la vieran las monjas y unas hierbas que alguna vez leyó en un libro servían para bajar la inflamación y que para nuestra suerte crecían en el gran jardín del Internado, las hierbas las puso a calentar con agua después de haber hecho la fogata. Aun recuerdo el sabor amargo que me dejó esa cocción, las hierbas las colocó sobre mi tobillo y las amarró con su mascada. Increíblemente para el día siguiente mi tobillo ya no estaba tan inflamado; a partir de ese día Pauline solo utilizaba la mascada que yo había rescatado del árbol a pesar de haberse maltratado y de que las fastidiosas monjas le dijeran siempre que debía deshacerse de ella y usar una nueva, cuando le pregunte por qué no hacía lo que ellas le decían ella me contestó literalmente "Sarah Reimyn nunca dejaré de utilizar esta mascada porque te costó un tobillo lastimado el recuperarla, además es tu favorita me lo dijiste muchas veces". Y me sonrió.

Sarah regresó al lago no se percató pero estaba sonriendo, ese último recuerdo lo atesoraba como ningún otro. Volvió a la realidad al escuchar las risas de Jeanne.

- Por favor pececillos dejen de hacerme cosquillas, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja - los pececitos del lago se habían acercado al pie de Jeanne y esta no dejaba de reír, pues las cosquillas eran demasiadas.

- Ya volví monja - dijo Sarah dejando las cosas sobre el suelo y regresando a las orillas del bosquecillo para recoger un poco de leña.

Saqué mi pie del agua al escuchar su voz, y me di vuelta para poder verla, ella estaba de espaldas a mi recogiendo un poco de leña, me preguntaba que estaría pensando hacer, ya no me dolía el pie, imaginé que habría sido por lo fría que estaba el agua; al darse la vuelta sus ojos se posaron por un momento en los míos, sentí un leve rubor cubrir mis mejillas al contemplar sin desearlo sus labios, esos labios que habían estado sobre los míos, tragué un poco de saliva y volví el rostro a un lado para no mirarla más. Sin decir una sola palabra Sarah acomodó la leña y con dos piedras después de varios intentos logró que encendieran un par de ramas y con ello en poco tiempo la pequeña fogata ardió de manera perfecta, Sarah se levantó tomó un recipiente de metal fue hasta el lago y en ella trajo un poco de agua la cual puso a calentar y después de unos instantes metió en ella unas extrañas hierbas, Sarah ni siquiera me miraba, así que opté por mejor dedicarme a ver el hermoso paisaje que ofrecía ese lugar, el canto de las aves se escuchaba por doquier, gruesas nubes grises se habían apoderado del cielo impidiendo al sol depositar sus cálidos rayos sobre nosotras, un ligero vientecillo helado me hizo volver en mi, metí mi lastimada mano entre mi suéter pues con el frío me dolía, una vez más dejé que mi mirada vagara libremente por entre los árboles y las pequeñas aves acuáticas que surcaban por el lago, me sentí por un momento en paz conmigo misma, incluso creo que hasta sonreí.

- Toma monja - la voz de Sarah me regresó a la realidad - bébelo de un solo trago o créeme que ninguna comida podrá quitarte lo amargo de su sabor.

- Sí - le contesté mientras miraba el oscuro líquido, tras unos instantes tomé valor y lo bebí como ella me dijo que lo hiciera pero ni así pude esquivar su amargo sabor, meneando la cabeza en negativo y tosiendo un poco dejé el recipiente a un lado mío.

- Debiste beberlo más deprisa monja - dijo Sarah, tomó las hierbas del recipiente y quitándome la mascada las depositó sobre ella, tomó mi pie y con ella me vendó el tobillo, después tomó mi lastimada mano, me retiró su mascada le colocó el resto de las hierbas y volvió a vendarme - Ya esta - dijo mientras terminaba de atarme - regresaremos después de la cena, así que aprovecha y duerme un poco - dijo mientras se levantaba y caminaba hacia la orilla del lago.

- No podemos hacer eso, Sor Marie nos estaba buscando, han de estar muy preocupadas.

Sarah sonrió de medio lado, se sentó a la orilla del lago y suspiró con profundidad.

- Lo que a esa monjas del demonio les preocupa solo es el dinero que tu padre o el mío dejarían de aportar al internado, además de la mala fama en cuestión de seguridad que les acarrearía el que las dos no apareciésemos.

- ¿Cómo puedes expresarte así de nuestras institutrices?

- Mira niña mejor duerme y no me fastidies más ¿quieres?, no necesito más sermones, por la noche la madre superiora nos castigará y créeme el tener que escucharla será suficiente castigo para mi.

- No puedo entenderte.

- No quiero que lo hagas - dijo dándome la espalda, tomó una piedra y la arrojó al lago.

Me recosté sobre el suelo y vi el lento surcar de las gruesas nubes grises, el viento ya no lo sentía helado sino más bien fresco, el sonido suave del agua estrellándose contra la orilla del lago y el canto de las aves me hicieron dormir.

Hacia un par de horas que ambas chicas dormían, Sarah una vez más volvía a soñar con su eterna pesadilla.

- Sarah - la voz de Pauline se había debilitado - llévame frente a la imagen de Cristo.

- Pauline, por favor resiste - decía con voz ahogada - ya verás que estarás bien, he rogado como nunca para que recobres la salud.

- Por favor - con dificultad Pauline abrió sus pálidos ojos, fijando su mirada sobre los acuosos ojos de su amiga - por favor Sarah... necesi...

- Lo haré - le interrumpió Sarah mirando el agradecimiento en los ojos de su amiga, con todas sus fuerzas logró cargar el debilitado cuerpo de Pauline llevándola frente a la imagen de Cristo. Pauline miró la cruz y una suave sonrisa se dibujo en su rostro.

- Te esperaré Sarah - dijo en un hilo de voz - estaré junto a él cuidando de ti... así que... no debes de morir... él sabrá cuando es tu tiempo... Sarah...

- "Por favor Dios... por favor... cúmpleme solo este milagro... por favor, regrésale la salud a Pauline y te prometo alejarme de ella para siempre... pero por favor, no te la lleves te lo ruego... te lo suplico... por favor" - los ruegos de Sarah no eran atendidos, el rostro pálido de la chica que yacía entre sus brazos era una clara muestra de que ella ya no recobraría jamás la salud - Pauline no me abandones... te necesito tanto... tanto - Sarah acercó su boca a los pálidos labios de su amiga y depositó sobre de ellos el beso más suave y tierno que fue capaz de dar - Pauline entre abrió sus ojos, Sarah se separó de ella y le miró con una muda suplica en sus ojos.

- ¿Sabes?... ese ha sido... el... regalo más hermoso... que me has dado... -Pauline sonrió cansinamente pero reflejó en sus ojos una dulce emoción - te quiero tanto... tanto... Sarah - Pauline elevó su mano hasta rozar delicadamente la mejilla de su amiga, una última sonrisa... una última mirada... y después sus ojos se cerraron para siempre.

- ¡PAULINEEEEEEEE! - el grito de Sarah despertó a la joven rubia quien se sobresaltó, y olvidándose de sus heridas se acercó rápidamente a abrazar a Sarah.

- ¿Sarah?, ¿Qué sucede, estas bien? - las preguntas de Jeanne no eran contestadas, Sarah seguía llorando sin decir otra palabra que no fuera el nombre de su amiga.

- Pau... line... Pau...line... lo siento... lo siento mucho... Pau... line.

- "¿Quién fue Pauline para ti Sarah? ¿Por qué sufres tanto?, si tan solo te abrieras a mi y me dejaras intentar curar tus heridas con la ayuda de nuestro señor, estoy segura que en poco tiempo lograrías ser la misma de antes, esa chica que según me dijo la señorita Caroline eras antaño, dulce y amable... Sarah."

- Déja... me mon... ja - le pidió Sarah entrecortadamente mientras intentaba dejar de llorar - no, ne... ce... sito... de tu lástima - Sarah se levantó dejando de rodillas a Jeanne.

- ¿Lástima? - preguntó Jeanne con tristeza - ¿cómo puedes decir eso?... no siento lástima por ti.

- Será mejor que te calles - le dijo recuperando su compostura - no quiero nada de ti ¿has entendido? - Sarah caminó hasta la orilla de lago, se arrodilló y se lavó la cara, el agua fría contrastó con su cálido rostro y la hizo sentir mejor.


Continua en: CAPITULO III

5 comentarios:

  1. WoW O.O que genialllll....ya quiero leer tambien la conti.. de amor en preparatoria y la espero con ansias.. me encantan tus historias son de lo mejor
    saludos...

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  2. genial hermana continualo que esta bien purete!!!!

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  3. Woooooooooow!!! jajaja genial... ¬¬" que mala es Sarah con esta Jeanne, ella solo quiere ayudar u.u... haha aun asi me encanta el personaje de Sarah ^^

    Muy buena historia Sheila, espero la conti pronto :D
    Saludos
    KuroUsgi

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  4. orale, me gustó, espero que actualizes pronto. no vayas hacer lo mismo como amor en prepa, porfa!que ya va un mes y nada!

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  5. como siempre genial, no dures en subr la conti.
    bombom7805

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