domingo, 24 de abril de 2011

Entre Mi Religión y Un Amor Prohibido Capítulo II 2da Parte

Hola mis amadisimos Fans!!!! este domingo les dejo la continuación de Entre mi Religión y Un Amor Prohibido!!!! espero que les guste.


Los ojos llorosos de Jeanne miraban con reproche a Sarah quien miraba con cierto asombro a la chica que aún abrazaba con una de sus manos mientras que la otra la tenía sobre su adolorida mejilla.

- Pero ¡por qué demonios me abofeteaste? - preguntó Sarah mirando fríamente a Jeanne.

- ¡Cómo te atreviste? - le contestó Jeanne, su cuerpo temblaba visiblemente - ¡cómo te has atrevido? - Jeanne no dejaba de recriminar a Sarah lo sucedido.

- ¡De qué demonios me estas hablando? - Sarah retiró su mano con la que abrazaba a la chica rubia.

- ¡Cómo te atreviste a... a... besar... me? - preguntó Jeanne visiblemente avergonzada y molesta.

- ¿Besarte? - preguntó Sarah burlona - ¿Estas bromeando monja?... yo... - tomó una actitud orgullosa y con sobrada sorna respondió - jamás besaría a una niña estúpida como tu, ¿en verdad creíste que eso fue un beso, monja?, ¡no digas estupideces!, ¡solo te tapé la maldita boca para que no fueras a delatarnos!... ja, yo besarte - Sarah le miró examinándola por un segundo y soltó senda carcajada que dejó a Jeanne completamente confundida y herida en su amor propio - yo besarte, ja, ja, ja, ja, yo besarte ¿a ti monja? - Sarah siguió riendo, mientras que Jeanne retrocedía de manera inconsciente, sus ojos llorosos y la vergüenza que sentía por la burla de Sarah le nublaban todo raciocinio.

- ¡¡¡¡Aaaaahhh!!!! - ante el grito de Jeanne Sarah en un veloz movimiento volvió a sostenerla antes de que esta cayera.

- ¡Con un... de... monio, mon...ja!, no voy a... sal... varte... la... vi... da siem... pre.

- ¡Suéltame me lastimas! - espetó Jeanne mientras un rictus de dolor le atravesaba el rostro, pues la mano que Sarah le sostenía era la derecha - ¡suéltame! - volvió a exigir Jeanne.

- Si te suel... to... es... taré en... pro... ble... mas... - juntando todas sus fuerzas Sarah tiró de Jeanne provocándole un nuevo grito de dolor.

- ¡Maldita sea... mon... ja!, si no coo... peras... las dos nos cae... remos, ¡imbécil! - Sarah fijó su azul mirada sobre los ojos de Jeanne - estí... rate un poco mon... ja, y trata de... agarrarte de esa ra... ma - Jeanne miró la rama y pensó que estaba muy lejos de ella.

- No podré - dijo la joven rubia mientras estiraba su mano tratando de agarrar dicha rama.

- ¡¡Hazlo!! - ante el grito de Sarah, Jeanne se olvidó de su propio dolor y lo logró.

- Ahora tu pie... trata de... meter la punta de... tu zapato en aquel hueco - indicó Sarah.

Jeanne siguió las indicaciones de Sarah al pie de la letra y por fin con mucho esfuerzo Sarah logró bajar a Jeanne, al tocar el suelo ambas se dejaron caer sobre el mismo, las heridas de Jeanne se recrudecieron y los gestos de dolor no se dejaron esperar. Sarah al darse cuenta de ello examinó la mano de Jeanne quien la retiró de inmediato.

- No necesito de tu ayuda - Jeanne trató de incorporarse pero su tobillo ya se había inflamado tanto que no pudo guardar el equilibrio.

- Si, ya veo que no necesitas de mi, monja - dijo al tiempo que volvía a tomar la mano de Jeanne provocando en esta un rictus de dolor - Estúpida - dijo entre dientes al darse cuenta que tendrían que presentarse en la enfermería - ¿Cómo demonios te atreviste a subir, si tenías lastimada tu mano y tu tobillo? - miró los acuosos ojos de Jeanne mientras se desataba su mascada y la utilizaba para vendar la mano de su joven compañera de cuarto.

- Yo... - dijo Jeanne cerrando los ojos cuando Sarah apretó con ligera fuerza la mascada sobre su muñeca - ¡¡aaaahhh!! - exclamó la joven rubia.

- Resiste monja - le dijo Sarah mientras le revisaba ahora el tobillo - te llevaré a la enfermería - dijo Sarah mientras se ponía en pie, inclinó el rostro para ver a la rubia - en verdad te atreviste a subir en esas condiciones monja - afirmó y sonrió de medio lado, de su bolsillo extrajo el rosario de Jeanne y se lo dio - tómalo antes de que me arrepienta.

Jeanne lo tomó con su mano izquierda y se lo colocó al cuello, miró por unos instantes la cruz con infinita ternura, sonrió y la besó.

- ¿Tan importante es para ti? - preguntó Sarah mirando a Jeanne que continuaba sentada viendo su cruz.

- Lo es - dijo levantando el rostro y topándose con los ojos añiles más intensos que había visto en toda su vida, los rayos del sol que se filtraban por entre las hojas de los árboles bañaban a Sarah, quien por unos momentos al ver la actitud de Jeanne perdió la dureza de su rostro y se mostró afable.

- Anda - dijo retomando su dura actitud, le ofreció su mano y Jeanne un poco reacia a aceptarla la tomo - ven.

Sarah pasó su mano alrededor de la cintura de Jeanne provocando en esta cierto cosquilleo en la boca del estómago y la mano izquierda de Jeanne la pasó por sobre sus hombros inclinándose un poco para tratar de estar a la altura de su joven "compañera" lastimada. Sarah la guió entonces pero lejos de dirigirse a la enfermería, siguieron internándose en el bosquecillo.

- ¿A dónde vamos? - preguntó Jeanne.

- No preguntes y sigue avanzando - dijo Sarah.

- Pero la enfermería esta del otro lado.

- Ya lo sé - dijo con fastidio Sarah.

- Entonces... ¿por qué? - preguntó Jeanne.

- ¿Tienes que preguntar todo el tiempo monja? - Sarah le miró seriamente
- ¿ya olvidaste nuestra conversación acerca de preguntar tanto? - Sarah regresó la mirada al camino, después de aquella pregunta Jeanne no dijo nada más.

Tras un buen rato de andar caminando Sarah suspiró al ver lo que se hallaba delante de ellas.

- Por fin, pensé que nunca llegaríamos - dijo Sarah apresurando a Jeanne.

La joven rubia se quedó maravillada al ver los azulosos reflejos del agua de aquel pequeño lago, Sarah la llevó hasta la orilla y le sentó.

- Bien monja - dijo Sarah mientras se estiraba - quítate tu zapato con cuidado y una vez que lo hagas mete el pie dentro del agua, este lago es de aguas frías, eso ayudará a reducir la inflamación de tu tobillo.

- Pero... - Jeanne miro a Sarah y después al agua, Sarah entendió la pregunta que Jeanne expreso sin palabras.

- Descuida monja - le dijo Sarah mientras meneaba la cabeza en negativo
- no hay nada ahí que te pueda comer, a menos que le temas a unos cuantos pececillos que seguro se acercaran a ti - Sarah dio media vuelta y se encaminó de nuevo al bosquecillo.

- ¡Espera! - exclamó con angustia la joven rubia - ¿a dónde vas?

- Enseguida regreso monja - contestó Sarah sin mirarla

Dejé a la fastidiosa rubia junto al lago, solo esperaba que hiciera lo que le había dicho; al ver de nuevo ese lugar no pude evitar acordarme de Pauline, por las noches nos escapábamos de nuestro dormitorio y veníamos a este lugar, nos sentábamos a la orilla del mismo y contábamos las estrellas del firmamento, en ocasiones si la noche no era muy clara encendíamos una pequeña fogata y dejaba que ella me contará sus planes para cuando fuera monja, me sentía tan cercana a ella que incluso yo quería ser novicia también para nunca separarme de ella, ahora que lo pienso el cabello de Pauline era más claro que el de esta fastidiosa y sus ojos poseían el color de la miel, eran tan dulce su mirada, la ternura expresada en sus palabras, Pauline, Pauline... si yo no hubiera... ¡maldición!, fue mi culpa, todo fue mi culpa, si yo no...

A la mente de Sarah regresaron esos dolorosos momentos.

- Te lo ruego Pauline resiste por favor, te lo suplico - las lágrimas escapaban de sus azules ojos.

- Tengo frío Sarah, por favor abrázame - Pauline se aferró más al cuerpo de Sarah quien quitándose su manta la colocó alrededor de Pauline.

- No Sarah - objetó Pauline - te enfermarás - le miró con ojos cansinos.

- Descuida Pauline estoy bien - Sarah le sonrió y seco sus lágrimas.

- Tengo tanto sueño Sarah.

- Duerme Pauline... solo... solo - volvió a llorar - no mueras porque mi vida sin ti ya no tendría sentido.

- No digas eso Sarah - un exceso de tos se apoderó de Pauline y Sarah la sostuvo con fuerza mientras hundía su rostro en el sedoso cabello de su amiga.

- Tranquila Pauline, estoy aquí contigo.

Pauline dejó de toser y separándose un poco de Sarah le miró de nuevo a los ojos.

- Descuida estoy bien - le dijo tratando de esbozar una sonrisa.

Sarah no pudo evitar que las lágrimas le fluyeran al ver en las comisuras de la boca de Pauline hilos de sangre y al mirarse ella misma la ropa pudo apreciar en su blanca blusa una gran mancha de color carmín. Abrazó con fuerza a Pauline mientras por dentro rezaba con todas sus fuerzas para que su amiga no fuera a morir.

- Dios por favor te lo ruego, te lo suplico con toda el alma salva a Pauline, por favor... te lo suplico... Padre nuestro que estas en los cielos...

Al mirar un tronco que tenía un gran agujero Sarah volvió de sus recuerdos y se limpió las lagrimas que traicioneramente escaparon de sus ojos.

- "Ahí estas, me pregunto si todavía estará ahí" - pensó Sarah metiendo la mano dentro del mismo - "que bien aún esta aquí" - Sarah sacó la mano trayendo consigo un pequeño recipiente de metal y dos pedernales - "es mejor que regrese, seguramente la monja estará hecha un mar de lagrimas, ja, ja, ja, ja, ja, ja" - al ver las cosas que tenía en sus manos Sarah regresó a sus recuerdos.

Aquella vez ella y yo venimos al lago, el viento soplaba con fuerza pero era cálido yo tenía la mascada de Pauline, ella corría atrás de mí tratando de recuperarla, tropecé con una piedra y solté su mascada y el viento la llevó a la rama de un árbol.

- ¿Estas bien Sarah? - me preguntó Pauline mientras me ayudaba a incorporarme.

- Sí, si, eso creo, pero tu mascada voló hacia aquella rama.

- Olvídala tengo otras - Pauline me sonrió, la luz de la luna llena le bañaba con sus rayos plateados.

- No, tengo que recuperarla, esa me gusta mucho por como se te ve.

- Es peligroso Sarah, además ya te he dicho que una señorita de sociedad nunca se sube a los árboles.

- No importa que digas tengo que recuperarla - dije mientras me encaminaba hacia aquel árbol, pero al primer paso me di cuenta que me había lastimado el tobillo.

- Sarah - ella me sostuvo de la mano - no lo hagas, esta bien, no quiero que te lastimes me dolería mucho si te pasa algo.

- Descuida - le guiñé - no pasará nada soy experta en escalada de árboles
- sonreí ampliamente.

- Sarah - dijo Pauline mirándome con reproche - ¿por qué eres tan testaruda?

- Creo que salí a mi padre - volví a sonreír mientras me encaminaba hacia el árbol, como no quería que Pauline se diera cuenta del estado de mi tobillo camine como si nada pero el dolor se me clavaba a cada paso que daba.

Llegué al árbol y comencé a escalarlo, a pesar del dolor de mi pie me fue sumamente fácil llegar a la mascada de Pauline, sin embargo no pude ver que la rama estaba fracturada y al apoyar mi cuerpo en ella la rama se vino abajo.

- ¡Dios mío Sarah! - Pauline corrió hacia mí - ¿estas bien Sarah? ¿Sarah?

- Ooouuucchhh, eso dolió, pero aquí esta - me incorporé un poco y le extendí la mano con la mascada.

- Sarah - Pauline me abrazó y comenzó a llorar - ¡nunca! ¡nunca vuelvas a hacer eso! - me sostuvo de los hombros y me miró fijamente a los ojos, pude ver el dolor en ellos y la angustia que le había provocado - no soportaría perderte ¿no lo entiendes Sarah? - me volvió a abrazar.

- No lo volveré a hacer Pauline, lo lamento.

Cuando ella me ayudo a incorporarme se dio cuenta del estado de mi tobillo, me llevó a la orilla del lago y me dijo que metiera el pie dentro del agua hasta que ella volviera, después de un buen rato ella regresó con este recipiente que después me contó lo robó de la cocina sin que la vieran las monjas y unas hierbas que alguna vez leyó en un libro servían para bajar la inflamación y que para nuestra suerte crecían en el gran jardín del Internado, las hierbas las puso a calentar con agua después de haber hecho la fogata. Aun recuerdo el sabor amargo que me dejó esa cocción, las hierbas las colocó sobre mi tobillo y las amarró con su mascada. Increíblemente para el día siguiente mi tobillo ya no estaba tan inflamado; a partir de ese día Pauline solo utilizaba la mascada que yo había rescatado del árbol a pesar de haberse maltratado y de que las fastidiosas monjas le dijeran siempre que debía deshacerse de ella y usar una nueva, cuando le pregunte por qué no hacía lo que ellas le decían ella me contestó literalmente "Sarah Reimyn nunca dejaré de utilizar esta mascada porque te costó un tobillo lastimado el recuperarla, además es tu favorita me lo dijiste muchas veces". Y me sonrió.

Sarah regresó al lago no se percató pero estaba sonriendo, ese último recuerdo lo atesoraba como ningún otro. Volvió a la realidad al escuchar las risas de Jeanne.

- Por favor pececillos dejen de hacerme cosquillas, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja - los pececitos del lago se habían acercado al pie de Jeanne y esta no dejaba de reír, pues las cosquillas eran demasiadas.

- Ya volví monja - dijo Sarah dejando las cosas sobre el suelo y regresando a las orillas del bosquecillo para recoger un poco de leña.

Saqué mi pie del agua al escuchar su voz, y me di vuelta para poder verla, ella estaba de espaldas a mi recogiendo un poco de leña, me preguntaba que estaría pensando hacer, ya no me dolía el pie, imaginé que habría sido por lo fría que estaba el agua; al darse la vuelta sus ojos se posaron por un momento en los míos, sentí un leve rubor cubrir mis mejillas al contemplar sin desearlo sus labios, esos labios que habían estado sobre los míos, tragué un poco de saliva y volví el rostro a un lado para no mirarla más. Sin decir una sola palabra Sarah acomodó la leña y con dos piedras después de varios intentos logró que encendieran un par de ramas y con ello en poco tiempo la pequeña fogata ardió de manera perfecta, Sarah se levantó tomó un recipiente de metal fue hasta el lago y en ella trajo un poco de agua la cual puso a calentar y después de unos instantes metió en ella unas extrañas hierbas, Sarah ni siquiera me miraba, así que opté por mejor dedicarme a ver el hermoso paisaje que ofrecía ese lugar, el canto de las aves se escuchaba por doquier, gruesas nubes grises se habían apoderado del cielo impidiendo al sol depositar sus cálidos rayos sobre nosotras, un ligero vientecillo helado me hizo volver en mi, metí mi lastimada mano entre mi suéter pues con el frío me dolía, una vez más dejé que mi mirada vagara libremente por entre los árboles y las pequeñas aves acuáticas que surcaban por el lago, me sentí por un momento en paz conmigo misma, incluso creo que hasta sonreí.

- Toma monja - la voz de Sarah me regresó a la realidad - bébelo de un solo trago o créeme que ninguna comida podrá quitarte lo amargo de su sabor.

- Sí - le contesté mientras miraba el oscuro líquido, tras unos instantes tomé valor y lo bebí como ella me dijo que lo hiciera pero ni así pude esquivar su amargo sabor, meneando la cabeza en negativo y tosiendo un poco dejé el recipiente a un lado mío.

- Debiste beberlo más deprisa monja - dijo Sarah, tomó las hierbas del recipiente y quitándome la mascada las depositó sobre ella, tomó mi pie y con ella me vendó el tobillo, después tomó mi lastimada mano, me retiró su mascada le colocó el resto de las hierbas y volvió a vendarme - Ya esta - dijo mientras terminaba de atarme - regresaremos después de la cena, así que aprovecha y duerme un poco - dijo mientras se levantaba y caminaba hacia la orilla del lago.

- No podemos hacer eso, Sor Marie nos estaba buscando, han de estar muy preocupadas.

Sarah sonrió de medio lado, se sentó a la orilla del lago y suspiró con profundidad.

- Lo que a esa monjas del demonio les preocupa solo es el dinero que tu padre o el mío dejarían de aportar al internado, además de la mala fama en cuestión de seguridad que les acarrearía el que las dos no apareciésemos.

- ¿Cómo puedes expresarte así de nuestras institutrices?

- Mira niña mejor duerme y no me fastidies más ¿quieres?, no necesito más sermones, por la noche la madre superiora nos castigará y créeme el tener que escucharla será suficiente castigo para mi.

- No puedo entenderte.

- No quiero que lo hagas - dijo dándome la espalda, tomó una piedra y la arrojó al lago.

Me recosté sobre el suelo y vi el lento surcar de las gruesas nubes grises, el viento ya no lo sentía helado sino más bien fresco, el sonido suave del agua estrellándose contra la orilla del lago y el canto de las aves me hicieron dormir.

Hacia un par de horas que ambas chicas dormían, Sarah una vez más volvía a soñar con su eterna pesadilla.

- Sarah - la voz de Pauline se había debilitado - llévame frente a la imagen de Cristo.

- Pauline, por favor resiste - decía con voz ahogada - ya verás que estarás bien, he rogado como nunca para que recobres la salud.

- Por favor - con dificultad Pauline abrió sus pálidos ojos, fijando su mirada sobre los acuosos ojos de su amiga - por favor Sarah... necesi...

- Lo haré - le interrumpió Sarah mirando el agradecimiento en los ojos de su amiga, con todas sus fuerzas logró cargar el debilitado cuerpo de Pauline llevándola frente a la imagen de Cristo. Pauline miró la cruz y una suave sonrisa se dibujo en su rostro.

- Te esperaré Sarah - dijo en un hilo de voz - estaré junto a él cuidando de ti... así que... no debes de morir... él sabrá cuando es tu tiempo... Sarah...

- "Por favor Dios... por favor... cúmpleme solo este milagro... por favor, regrésale la salud a Pauline y te prometo alejarme de ella para siempre... pero por favor, no te la lleves te lo ruego... te lo suplico... por favor" - los ruegos de Sarah no eran atendidos, el rostro pálido de la chica que yacía entre sus brazos era una clara muestra de que ella ya no recobraría jamás la salud - Pauline no me abandones... te necesito tanto... tanto - Sarah acercó su boca a los pálidos labios de su amiga y depositó sobre de ellos el beso más suave y tierno que fue capaz de dar - Pauline entre abrió sus ojos, Sarah se separó de ella y le miró con una muda suplica en sus ojos.

- ¿Sabes?... ese ha sido... el... regalo más hermoso... que me has dado... -Pauline sonrió cansinamente pero reflejó en sus ojos una dulce emoción - te quiero tanto... tanto... Sarah - Pauline elevó su mano hasta rozar delicadamente la mejilla de su amiga, una última sonrisa... una última mirada... y después sus ojos se cerraron para siempre.

- ¡PAULINEEEEEEEE! - el grito de Sarah despertó a la joven rubia quien se sobresaltó, y olvidándose de sus heridas se acercó rápidamente a abrazar a Sarah.

- ¿Sarah?, ¿Qué sucede, estas bien? - las preguntas de Jeanne no eran contestadas, Sarah seguía llorando sin decir otra palabra que no fuera el nombre de su amiga.

- Pau... line... Pau...line... lo siento... lo siento mucho... Pau... line.

- "¿Quién fue Pauline para ti Sarah? ¿Por qué sufres tanto?, si tan solo te abrieras a mi y me dejaras intentar curar tus heridas con la ayuda de nuestro señor, estoy segura que en poco tiempo lograrías ser la misma de antes, esa chica que según me dijo la señorita Caroline eras antaño, dulce y amable... Sarah."

- Déja... me mon... ja - le pidió Sarah entrecortadamente mientras intentaba dejar de llorar - no, ne... ce... sito... de tu lástima - Sarah se levantó dejando de rodillas a Jeanne.

- ¿Lástima? - preguntó Jeanne con tristeza - ¿cómo puedes decir eso?... no siento lástima por ti.

- Será mejor que te calles - le dijo recuperando su compostura - no quiero nada de ti ¿has entendido? - Sarah caminó hasta la orilla de lago, se arrodilló y se lavó la cara, el agua fría contrastó con su cálido rostro y la hizo sentir mejor.


Continua en: CAPITULO III

jueves, 14 de abril de 2011

Entre Mi Religión y Un Amor Prohibido capitulo 1 y 2


Hola mis amadisimos Fans!!!!Esta noche les presento Entre mi religión y un amor prohibido!!!! Ya tiene tiempoq ue escribí esta historia espero que sea de su agrado!!!!!

Dedicada a Tod@s y cad@ un@ de ustedes!!!!!!!!

Con Deidicatoria especial al Amor de mi Vida Fujino Kaichou!!!!, Amor, Te Amo, eres Todo lo que siempre he soñado, mil gracias por tocar mi alma, mi corazón y mi vida!!!!! Espero que Te guste mucho la historia Amor!!!!!


ENTRE MI RELIGION Y UN AMOR PROHIBIDO


Por: Sheila Segovia Silva.


Capítulo I

Un Duro Encuentro

A las afueras de la gran ciudad de París se encontraba el Internado de San George para señoritas el cual era considerado uno de los más prestigiados de toda Francia, en el se enseñaba a las jovencitas futuras esposas de ricos jóvenes empresarios a comportarse como verdaderas damas de sociedad, se les enseñaba música, arte, cocina, tejido, literatura, matemáticas básicas, historia universal, danza, equitación y jardinería básica; también había materias exclusivas para las chicas que tenían vocación de servicio a Dios y estas eran religión, latín (era la única escuela que enseñaba a las mujeres esta materia) y lo básico de medicina. Todas las que asistían a esa escuela se esmeraban por convertirse en verdaderas damas de sociedad algunas ya se hallaban comprometidas incluso desde el mismo día de su nacimiento, otras en cambio estudiaban con el firme deseo de convertirse en mujeres santas y devotas de Dios como era el caso de Jeanne, quien soñaba con ser monja desde muy pequeña.

El Internado poseía un jardín que era más bien un pequeño bosque que rodeaba la escuela era tan grande que incluso había varias colinas y un pequeño lago rodeado de hermosos árboles y flores multicolores al cual por supuesto no tenían acceso las estudiantes; existían cuatro capillas y la Iglesia donde se llevaba a cabo la graduación de las Damas de Sociedad; el edificio donde se hallaban los dormitorios no era muy grande y por ello se disponía de dos jovencitas por habitación. El comedor era enorme con mesas comunes y se servia el desayuno a las 7:00 am, el almuerzo era a las 12:00 pm y la comida a las 4:00 pm la merienda era a las 7:00 pm y la cena a las 8:00 pm. Todos los días se celebraban dos misas una por la mañana a las 6:00 am y por la tarde a las 2:00 pm, el sistema era rigurosamente católico y era manejado por monjas solo había un padre el cual ya estaba entrado en años y casi siempre se dormía en el confesionario.

Para Jeanne Gefoym la vida del internado era maravillosa, ella era la segunda hija de Jean Pierre Gefoym un empresario si bien no tan importante era lo suficientemente significativo como para que su hija fuera educada en ese Internado, él como su esposa sabían las intenciones de su hija para convertirse en monja y estaban de acuerdo con ella, sin embargo su padre le hizo prometer que si un día él la necesitaba ella tendría que aceptar por esposo a quién él eligiera por el bien económico de la familia a lo cual un poco renuente Jeanne terminó por aceptar y era por ello que todas las noches rezaba a la Virgen y a Dios para que su padre siempre triunfara en sus negocios y así ella poder dedicarse a lo que más amaba... la religión.
Jeanne compartía la habitación con otra chica la cual era de delicada salud, eran buenas amigas y ambas tenían el mismo objetivo llegar a ser monjas para con el tiempo llegar a ser Madres superiores, sin embargo un día la joven de ojos verdes y de precioso cabello rubio dorado, se quedó sin su mejor amiga ya que un día simplemente un lujoso automóvil fue por Camille y esta al despedirse de su rubia amiga le informó que debido a su precaria salud sería trasladada a otro país que tenía un clima un poco más cálido y también le dijo que había escuchado que al día siguiente le presentarían una nueva chica que sería su compañera de cuarto y no solo eso, era además la hija de un importantísimo hombre de negocios así que ella debía mostrar una educación intachable para con la chica que sería su nueva compañera.

Al día siguiente Jeanne se levantó muy temprano tenía ganas de rezar se vistió con su uniforme el cual constaba de una blusa de manga larga de un blanco inmaculado que llevaba bajo el cuello una mascada azul oscuro la cual tenía que ir perfectamente atada, un suéter bordado a mano también en azul oscuro con botones dorados y una falda del mismo color que llegaba hasta los tobillos, calcetas blancas y zapatos de planta baja negros; recogió su cabello en una hermosa trenza dorada y salió de su habitación; mientras Jeanne caminaba rumbo a la capilla observó a un hombre de aproximadamente cuarenta y tantos años según sus cálculos que hablaba acaloradamente con una joven mujer de piel blanca, ojos azules como zafiros de cabello tan largo como el de ella pero que a diferencia del suyo ese era negro con brillos azulosos, la joven le gritaba que no quería estar ahí y el hombre le dio un bofetón que le hizo volver el rostro, Jeanne se quedó impactada al ver la escena deteniendo su paso y mirando asombrada a la joven que solo se llevó la mano a la mejilla y levantando el rostro miró de forma retadora a su padre.

- ¡Harás lo que yo diga! - fueron las palabras de aquel hombre quien acomodándose la corbata miró a su hija seriamente - si no lo haces por mí hazlo al menos por tu madre - la chica al escuchar esa última palabra se quedó helada en su sitio mirando hacia la nada, el hombre se acomodó su fino sombrero y dándole una última mirada a su hija se retiró, al hacerlo pasó a un lado de Jeanne - ¿No te han enseñado que es de mala educación espiar a la gente? - dijo aquel hombre sin detenerse a escuchar la respuesta de la joven.

- Yo... yo... - titubeó Jeanne - lo siento - dijo con voz queda solo para ella ya que aquel hombre no la escuchó - Jeanne miró en dirección de la chica pero esta ya se había ido... ¿dónde estaba? Ella no tenía la respuesta y se dio cuenta de que era mejor seguir su camino.

Jeanne llegó a la capilla y como siempre esta se hallaba vacía a aquella hora de la mañana, eso la hacía sentirse a gusto sentía que estaba en comunicación con Dios y que este oía sus ruegos, se postro frente a la imagen de Cristo y comenzó a orar. Habían pasado solo unos minutos cuando.

- Pierdes tu tiempo - una voz profunda pero femenina le hizo volver el rostro un poco asustada - él no te escuchará... no lo hará.

- ¿Có... mo?... - preguntó Jeanne un poco extrañada pero sin levantarse.

- No pierdas tu tiempo... - repitió la chica de los ojos azules - él no contestará tus ruegos - miró la imagen de Cristo y cerrando los ojos se recargó en la puerta de madera que daba paso a la entrada de esa capilla.

- Eso... eso - dijo Jeanne levantándose - no es verdad - le sonrió a la chica pero esta tenía sus ojos cerrados - él escucha todos nuestros ruegos y cuida de nosotras y de nuestras familias - al hablar de Jesús la cara de Jeanne se iluminaba - nos protege y nos da sabiduría - la chica de los ojos azules frunció el entrecejo mientras Jeanne continuaba hablando.

- ¡No digas estupideces! - le gritó la chica de cabello negro abriendo sus hermosos ojos azules y mirando fríamente a una asustada Jeanne - ¡no digas tonterías! - empezó a caminar lentamente hacia la asustada joven - él no escucha tus ruegos... por más que ruegues, supliques, llores - dijo con voz triste y enfadada a la vez - ... prometas... él simplemente ignora tus suplicas... ¿por qué?... ¿puedes decirme por qué? - La chica de los ojos azules estaba a solo unos pasos de Jeanne mirándola sin expresión en su rostro pero mostrando en esos fríos ojos azules un coraje y tristeza infinitos - Puedes decirme ¿por qué?... - volvió a preguntar la chica.

- Yo... - instintivamente Jeanne dio un paso hacia atrás - yo...

- Lo ves no puedes decirme nada siquiera - la chica avanzó un par de pasos más y en un rápido movimiento tomó a Jeanne firmemente por la cintura mirándola fijamente a los ojos - podría... - dijo aquella chica mirando fríamente a Jeanne - ...hacerte mucho daño - una fría sonrisa cruzó el lindo rostro de la joven de ojos de hielo y atrajo el pequeño cuerpo de aquella chica hacia sí pero sin llegar a tocarlo con su propio cuerpo - ... podría... - soltó una mano de la cintura de la chica rubia y llevándola al rostro de Jeanne y le acarició la mejilla con el envés - podría... lastimar tu lindo rostro, así que empieza a rezar para que no lo haga ya veremos si Cristo te ayuda.

- ¿Qu... qué?... ¿por... qué? - Jeanne abrió grandemente sus ojos mientras observaba como aquella chica levantaba poco a poco la mano, Jeanne sabía que aquella chica hablaba en serio, solo fue capaz de cerrar los ojos con fuerza y mientras su cuerpo temblaba oró porque aquella chica no le hiciera daño.

- Señorita Sarah ¡qué esta haciendo? - Una voz hizo que la chica de ojos de hielo soltara a su pequeña presa - ¿señorita Sarah? - volvió a preguntar una de las monjas mientras miraba la sonrisa de fastidió que le obsequiaba Sarah y el rostro pálido de Jeanne quien miraba con alivio a la monja, al no haber respuesta de parte de Sarah la monja se acercó a ellas - Señorita Sarah la Madre Superiora la espera va a presentarla después de la misa así que vaya con ella ya que quiere hablar con usted - la voz de la monja plagada de un tono imperativo provocó una mueca de disgusto de parte de Sarah quien se volvió rápidamente a ver a Jeanne y le sonrió de manera estoica.

- Fue suerte... solo eso - dijo Sarah en voz queda - la próxima vez no la tendrás - lo dijo en tono amenazante.

- He escuchado eso señorita Sarah así que absténganse de tocar a la señorita Jeanne ¿ha entendido? - Sarah la miró con gesto de fastidio y se encaminó rumbo a la entrada de la capilla - ¿Es que no me ha escuchado señorita Sarah? - preguntó levantando la voz aquella monja.

- Ya la he escuchado hermana - dijo Sarah levantando la mano derecha y sin voltear a verla.

- ¿Estas bien Jeanne? - preguntó la monja mirando el aún pálido rostro de la joven estudiante.

- Sí, sí hermana... gracias – le respondió tragando un poco de saliva.

- Anda no te preocupes informaré de esto a la Madre Superiora.

- No, no hermana, no es necesario.

- Pero ella te amenazó.

- Estoy segura que lo dijo solo en broma... creo que... solo quería asustarme... "tu lindo rostro" - las palabras de Sarah volvieron por un segundo a su mente - por favor hermana Marie prometa que no lo dirá a nadie, por favor.

- ¿Estas segura? - preguntó la hermana mostrando preocupación.

- Sí hermana no ha pasado nada, estoy bien ¿no es así?... - le sonrió - el Señor me ha protegido.

- De acuerdo - le devolvió el gesto y antes de salir ambas se santiguaron frente a la Imagen de Cristo y tomaron rumbo a la Iglesia en donde se llevaría la misa de las 6:00 am.

*****


Después de misa la Madre Superiora presentó a Sarah Reimyn hija del rico y exitoso empresario Olivier Reimyn, se escuchó un murmuro generalizado al ver a la alta chica vestida con el uniforme correspondiente.

- Escuché que ya había estado aquí pero que por su comportamiento fue expulsada.

- Yo he escuchado que no cree en Dios.

- Sé que tiene un carácter casi endemoniado.

- No sé quién es ella pero por lo que escucho no es una buena persona.

- "¿Será cierto todo ello?" - se preguntó Jeanne mirando la figura de alta chica cuya mirada estaba muy lejos de ese lugar.

Los murmullos eran cada vez más elevados.

- ¡A callar señoritas! Que las damas de sociedad no se rebajan a cuchichear como si fueran... - la madre superiora no terminó la frase cuando ya todas habían guardado silencio - muy bien, recuerden siempre guardar la compostura y ahora como siempre salgan en orden desde la primera fila y vayan directo a sus respectivos salones de clases.

Todas las chicas se fueron levantando en orden y salieron tal y como les había dicho la hermana, era una costumbre que ya todas ellas tenían por sabido. La Madre Superiora miró directamente a los ojos a Sarah y le obsequio una sincera sonrisa.

- Sarah espero que este tiempo que has pasado fuera del Internado te haya servido de algo y ahora estés dispuesta a comportarte de una manera correcta; después de la cena ven a mi oficina y te llevaré personalmente a tu nueva habitación. Tu equipaje ya está en ella, por la noche antes de dormir podrás arreglarlo.

- Sí, Madre - Sarah sonrió y de la manera más elegante pidió permiso para retirarse a clases.

Mientras salía fuera de la Iglesia su rostro se fue tornando serio, duro, un velo de indiferencia cubrió sus lindos ojos azules.

*****


La clase de Historia Universal era una de las favoritas de Jeanne, siempre ponía especial atención a la hermana Isabelle quien tenía un maravilloso don para la recitación, sin embargo ese día su verde mirada se hallaba posada sobre la espalda de la joven Sarah quien miraba a través del ventanal hacia la lejanía, Jeanne pudo observar el dolor y melancolía expresados en los ojos de la chica de negra cabellera gracias al reflejo del ventanal, y se preguntó ¿por qué esa chica se hallaba tan triste?... de una u otra forma quería averiguarlo, sentía una enorme necesidad de ayudarle a sanar sus heridas.

- "Tu lindo rostro" - las palabras de Sarah volvieron a su mente otra vez y un leve rubor cubrió sus blancas mejillas, desasiéndose de ese pensamiento regresó su atención a la clase, pero cada cinco minutos sus ojos vagaban hacia el lugar que ocupaba Sarah.

La clase terminó y como siempre entre cada clase se les otorgaba a las estudiantes 20 minutos para sus oraciones las cuales podían realizar en la capilla o bien en los alrededores del pequeño bosque sin llegar al lago. Sarah se adentró al pequeño bosque y Jeanne le siguió no muy de cerca, la luz del sol se filtraba por las ramas de los árboles y una leve brisa acariciaba el rostro de la joven rubia. En un momento determinado Jeanne perdió de vista a Sarah se quedó un momento de pie viendo hacia todas direcciones pero simplemente no podía verla, decidió entonces seguir de frente pero...

- ¿Por qué estas siguiéndome? - la voz firme y grave de Sarah se escuchó en derredor de Jeanne.

- ¿Eh?... – Jeanne miró en derredor pero no vio a nadie.

- ¿No vas a responder? - preguntó Sarah mirando a Jeanne con fastidio.

- ¿Dó... dónde estas? - preguntó la joven rubia.

- ¿Acaso importa? - respondió Sarah sin dejar de ver a la chica de verdes ojos, sin embargo esta vez Jeanne distinguió claramente de donde provenía esa voz y levantando la vista... pudo observar a Sarah de pie recargada en el tronco de un árbol pero se hallaba sobre una de las ramas superiores.

- ¿Qué, qué haces allá arriba? - preguntó preocupada.

- Eso a ti no te importa - volvió el rostro a un lado para no verla - y mejor responde ¿por qué me estas siguiendo?... ¿te envió acaso la Madre Superiora para que me vigilaras? - frunciendo el ceño Sarah volvió a mirar a la joven que mostraba gran preocupación en sus verdes ojos.

- ¿Por qué haces eso?... Ba... ja... baja de ahí antes de que te caigas y te hagas daño.

- ¿Hacerme daño?, ¿bromeas? - la joven de fría mirada soltó una franca risotada - he hecho esto toda mi vida así que no me subestimes niña tonta - Sarah sonrió displicente.

- Por favor, baja... yo... nadie me ha enviado – suplicó Jeanne llevándose la Biblia al pecho sujetándola con fuerza.

- ¿Esa es la Biblia? - Sarah sonrió de forma estoica mientras con rápidos movimientos bajaba del árbol.

Jeanne no respondió tenía el alma a punto de salirse de su cuerpo por la preocupación de que esa chica inconsciente fuera a lastimarse.

- ¡Oh!, ¿no me digas que quieres convertirte en monja? - dijo Sarah bufonamente mientras se acercaba a pasos lentos hasta quedar frente a Jeanne.

- Yo... - dijo Jeanne un poco más calmada - yo, sí - sonrió de forma radiante - sí, ese es mi deseo convertirme en Monja y servir a nuestro señor Jesús.

- Huuuummmm... ¿y no se te hace que no tienes pinta de monja? - miró indiferente a la chica rubia, sosteniéndole la barbilla con su mano.

- ¿Cómo?... "¿es qué acaso se debe de tener cierto aspecto para ser monja?" - pensó Jeanne.

- En cualquier caso, eso no me importa - dijo a alta chica mirando el rubor que cubría las blancas mejillas de Jeanne - solo responde – la miró fríamente - ¿Por qué me seguías? - una vez más frunció el entrecejo.

- Yo... - Jeanne tragó saliva antes de responder - yo solo... solo quería saber ¿por qué estas tan triste? - en los ojos verdes de la chica se mostró una sincera preocupación.

- ¡Qué? - Sarah soltó la barbilla de la otra chica y le miró extrañada - no sé de que estas hablando - Sarah cerró fuertemente las manos formando puños - escúchame bien niña no necesito nada de ti ¡entendiste?... así es que quiero que esta sea la primera y última vez que me sigas ¡te ha quedado claro? - Le lanzó a la joven rubia una mirada llena de odio y de desprecio.

A lo lejos se escuchó la campana de la Iglesia que indicaba a las alumnas regresar a sus respectivos salones de clase ya que estas estaban apunto de comenzar. Sarah caminó de regreso a los edificios escolares al pasar junto a Jeanne...

- Así que tu me buscaste De motu proprio(1)... que estupidez - dijo por lo bajo la joven de obscuros cabellos, dejando perpleja a Jeanne.

- "Sabe Latín" - pensó la joven de verdes ojos - "¿también querrá ser monja?"

- ¡Y por cierto! - dijo Sarah alzando un poco la voz - ¡no quiero que me mires en clases! - y sin detenerse siguió su camino.

- ¿Cómo?... ¿cómo supo que yo...? - sintió calor en sus mejillas y un poco confundida empezó su marcha rumbo a su clase.

*****


Después de la oración correspondiente a las alumnas les fue servida la cena, aún sin desearlo Jeanne no podía dejar de mirar en dirección de Sarah que se hallaba sentada al final de la mesa, su manera de tomar los alimentos era sin duda elegantísima, incluso Jeanne nunca podría comportarse de esa manera, sintiendo la mirada de esos ojos verdes Sarah levantó la mirada y miró fijamente a la joven rubia, ésta de inmediato bajó la mirada sumamente apenada, no entendía muy bien el porque esa chica le odiaba tanto, ¿qué le había hecho ella para que se comportara de esa forma?, no tenía la respuesta, haciendo un gran esfuerzo dejó de mirar a Sarah y siguió en sus propias cavilaciones.

- Demos Gracias a Dios y ahora dispongámonos a ir cada cual a su respectivo dormitorio - indicó la Madre Superiora dando el permiso para que las alumnas se retiraran.

Al escuchar la palabra dormitorio Jeanne recordó de golpe que tendría una nueva compañera de cuarto, "¿acaso sería ella?" pensó la joven rubia mientras miraba en dirección de Sarah, sin embargo esta tenía la vista posada en el gran vitral que adornaba el comedor y cuyo tema era la crucifixión de Cristo. Llegó el turno de Jeanne para salir del comedor, bajó la mirada y salió un poco apesadumbrada; caminó por los pasillos semi-iluminados del edificio que ocupaban como dormitorios; las chicas que caminaban delante de ella platicaban amenamente mientras ella caminaba sola, extrañaba a Camille, ella la comprendía y tenían mucho en común pero su amiga ya no estaba más con ella y eso... eso la hacia sentir...

"Si estuvieras aquí Camille, todo sería distinto, en estos momentos platicaríamos de cualquier cosa, de la Virgen María, de Cristo o tal vez de los Santos Apóstoles, tu me sonreirías diciéndome que irías a los lugares más remotos de la tierra para cuidar de los enfermos y enseñar la palabra de Dios, pero ahora, ahora que no estas, realmente me siento sola"; llegué a mi habitación, tras abrir la pesada puerta de madera me dispuse a efectuar mi ritual de siempre; primero dejaría mis libretas y la Biblia sobre mi pequeño escritorio hecho de caoba, después retiraría el rosario de mi cuello el cual era un regalo que mi abuela me dio antes de morir y lo dejaría dentro de la pequeña caja de madera de cedro con incrustaciones de plata que papá me regaló hace algunos meses cuando entre en este internado. Después... llamaron a la puerta con leves golpeteos.

- Adelante - dije mientras la puerta se abría lentamente.

- Jeanne - esa era la voz de la Madre Superiora - ¿podemos pasar? - preguntó afablemente.

- Por supuesto Madre Superiora - hice una leve reverencia ante ella mientras entraba seguida de Sor Marie y de... Sarah - No me había percatado pero a un lado de la cama que antes solía ocupar Camille se hallaban unas maletas ¿cómo es que no las había visto?

- La señorita Sarah Reimyn será tu nueva compañera de cuarto - miré a Sarah quien no solo me ignoró, sino que parecía cansada y fastidiada de tanto protocolo - quiero que le hagas sentir cómoda y espero que se lleven bien, como buenas hermanas - ante el último comentario de la Madre Superiora pude percibir de parte de Sarah una indiferente sonrisa que apenas afloró en sus labios - Muy bien, continuó la Madre Superiora les dejamos solas para que se conozcan - la Madre Superiora salió del cuarto junto con Sor Marie quien me miró un poco preocupada pero al parecer mi sonrisa le tranquilizó un poco, miró de reojo a Sarah quien tomó una maleta y la abrió concentrándose en su contenido.

La puerta se cerró dejando en el aire una atmósfera de tensión entre mi nueva compañera de cuarto y yo, ¿qué debía hacer? ¿le saludaría? ¿me ofrecería cortésmente a ayudarle? ¿le debía a caso dejar en paz?... simplemente no sabía que era lo que debía hacer me quedé de píe mirándola mientras ella continuaba sacando algunas prendas de ropa y las dejaba sobre la cama.

- ¿No tienes otra cosa mejor que hacer que estar mirándome? – su voz profunda y grave me tomó por sorpresa.

- ¿Có... mo...? - instintivamente di un paso hacia atrás cuando ella se irguió y me miró con tedio.

- Deja de estar mirándome monja no quiero ni siquiera notar tu presencia en esta habitación ¿has entendido? - su voz plagada de imperialismo se me antojo como una orden que debía seguir al pie de la letra.

No dije nada me di la vuelta y me acerqué a mi cama me senté a la orilla de la misma y seguí con mi habitual rutina; estaba por quitarme la blusa pero por un momento me sentí incómoda, esa era la primera vez que me desvestiría frente a Sarah, sentí el rubor cubrir mis mejillas... ¿qué debía hacer? ¿permanecer de espaldas a ella para ponerme mi ropa de dormir o bien entrar en el cuarto de baño para cambiarme?... quizás ¿sentarme frente a mi escritorio y repasar las lecciones del día de hoy?... no sabía que hacer así que me quedé sentada de espaldas a ella no sé por cuanto rato; la frescura del viento agito mis cabello ligeramente, al volverme vi a Sarah de pie frente a la ventana abierta que daba al balcón, vestía unos pantalones negros, camisa masculina de mangas largas en el mismo color y unas botas negras de piel, su cabeza se hallaba adornada por una boina negra francesa, se veía indudablemente impactante, pero ¿qué es lo que esa chica iba a hacer?

- Apaga las luces - me dijo en tono imperativo, por un momento me quede en mi lugar sin salir de mi sorpresa por verla vestida así - ¿No me escuchaste? - me preguntó al tiempo que volvía poco a poco su rostro hasta mirarme con esos ojos de hielo - te he dicho - continuó - que apagues las luces.

- S... sí - fue lo único que atine a decir mientras hacia lo que ella me indicaba.

- ¿Aún siguen pasando a checar que estemos en cama a media noche? - preguntó regresando su mirada al frente.

- Sí - le respondí mirando sus espaldas.

- Bueno en ese caso ya verás la forma de que no descubran que no estoy en la habitación.

- ¿Cómo?... - en ese momento tomando impulso comenzó una corta carrera hasta el balcón antes de llegar a las balaustras dio un salto y con una habilidad felina se aferró a la rama de un árbol subió sobre ella y siguió su camino sujetándose a la perfección para no caer, lo hizo de manera tan rápida que en poco tiempo la perdí de vista.

Cuando tomé conciencia de lo que estaba sucediendo me entraron unos nervios espantosos, esa chica se había escapado de la habitación y encima de todo tenía que ver la forma de que no se dieran cuenta de ello, cerré la ventana pero no le puse seguro sabía que esa chica al regresar si es que lo hacia entraría de misma forma en la que salió, a un lado de mi cama estaba un viejo reloj que marcaba las 10:45 de la noche... ¿es qué tanto tiempo había pasado desde que esa chica entró en la habitación?, no había tiempo para esas preguntas miré en derredor pensado en que hacer, sin embargo no se me ocurría nada tenía poco tiempo para cambiarme de ropa e ingeniármelas para hacer que pareciese que Sarah estaba dentro de la habitación... los nervios no me dejaban pensar muy bien, por más que miraba y miraba no se me ocurría que hacer, caminé por la habitación de un lado a otro durante un rato, volví a mirar el reloj y ahora marcaban las 11:25, sentí que el corazón se me salía del pecho por la fuerza con que latía, muy bien, muy bien, ¿qué podía hacer?, seguía sin la respuesta me acerqué a mi cama y me tiré sobre ella boca abajo, sin duda no había otra salida, tendría que decir la verdad y decirle a Sor Anne o a Sor Catherine que Sarah había escapado... hundí mi rostro en la almohada porque tenía verdaderas ganas de llorar, fue entonces cuando me percaté de que podía usar su almohada y la mía para aparentar que ella estuviese durmiendo. ¡Sí!, esa era la solución, rápidamente tomé mi almohada y me acerqué a su cama para llevar a cabo mi idea, después de aproximadamente 15 minutos quedé satisfecha de la forma en que había quedado todo, sí, se veía muy real. Y ahora era mi turno, me desvestí lo más rápidamente posible y después de ponerme mi ropa de dormir y hacer mis oraciones me metí en la cama... tenía miedo, ¿qué sucedería si alguna de las hermanas se daba cuenta de que Sarah no estaba?... yo sería cómplice directamente de ella por no dar aviso desde el momento en que salió, si se daban cuenta seguramente llamarían a mi padre y tal vez hasta me expulsasen del Internado, con mil miedos recorriendo mi mente esperé a que apareciera alguna de las hermanas... por fin pasada la media noche escuché como la puerta se abría lentamente, cubrí mi cabeza con las cobijas y me preparé para lo peor, los segundos me parecían horas, el corazón me latía con tal fuerza que sentí que se me saldría del pecho, esperaba que de un momento a otro la hermana tocara mi hombro para darle explicaciones... no obstante, para mi sorpresa solo escuché cuando la puerta se cerró, tras unos instantes saqué la cabeza de entre las cobijas y me percaté de que la habitación seguía a obscuras y de que ya todo había pasado, la hermana creyó que Sarah estaba durmiendo... ese pensamiento me hizo soltar un gran suspiro de alivio y sentí que mi corazón volvía a tranquilizarse, coloqué mis manos debajo de mi cabeza y me quedé observando el techo, la mente la tenía vacía de cualquier pensamiento, por el momento todo estaba bien ahora solo me quedaba esperar a que Sarah volviera... Sarah... ¿por qué actuaba de esa forma?... ¿por qué su padre la había golpeado de esa forma?... ¿por qué me dijo que Dios no escucha mis súplicas?... ¿por qué?... ¿por qué esa mirada tan triste?... ¿por qué esa rabia en sus ojos?... de tanto pensar me fui quedando dormida.

Un ruido hizo que me despertará, de momento me atemoricé, pero rápidamente me vino a la mente lo que había ocurrido hacia a penas unas horas. Volví el rostro a un lado y contemplé a Sarah quien se encontraba cerrando la ventana por entre las cortinas se filtraba la luz de la luna iluminando tenuemente la habitación. Por un segundo me enfadé mucho y haciendo acopio de coraje me levanté de la cama y me planté frente a la alta chica, a pesar de su altura comparada con la mía no me intimidé y levantando el rostro le miré directo a esos ojos fríos como el mismo hielo.

- ¿Qué quieres? - me preguntó frunciendo el ceño.

- ¿Estas loca? - le espeté molesta pero sin levantar la voz - ¿cómo se te ocurre salir de esa forma? ¿y si te hubiesen descubierto?...

- Pero no lo hicieron ¿verdad? - respondió secamente mientras me daba la espalda.

- ... ¡? ... Sí lo se, pero ¿qué hubiera pasado si lo hubieran descubierto? ¿por qué actúas así? ¿por qué haces eso? ¿qué sucede contigo?... ¿qué hubiera pasado conmigo si algo hubiera salido mal?... ¿por qué...

- ¡Basta! - me tapó la boca con su mano e inclinándose un poco sobre mi rostro me miró detenidamente se veía realmente molesta y en ese momento me arrepentí de haberme levantado, su aliento estaba levemente plagado de alcohol. ¡Encima de todo había bebido? - Desde que llegué a este lugar - continuó hablando sin dejar de mirarme - me has estado molestando con tus preguntas. ¿Por qué? ¿Por que? ¿Por qué? ¿Por qué? eso es lo único que sale de tu boca... ahora yo te voy a preguntar - ¿Quién rayos te crees tu para estarme molestando de esa forma?... ¿Por qué siempre me estas preguntando por qué? ¿qué quieres de mi?... ¿qué es lo que buscas?... ¿por qué me sigues? - retiro su mano de mi boca, instintivamente di un paso hacia atrás pero ella me sujetó de la cintura con firmeza y acercó su rostro demasiado al mío sin dejar de clavar sus pupilas sobre las mías.

- Y... o... yyo... - tragué saliva - yyo... - me quedé sin palabras, solo era conciente de esos ojos que me examinaban inflexiblemente... ante eso y por la presión que había vivido hacia unas horas sentí que todo se obscurecía de golpe frente a mí.

La sostuve entre mis brazos, debí haberle causado una gran impresión y es por ello que debió desmayarse, eso era lo único que me faltaba, ahora debía llevarla a su cama... pude levantarla con facilidad era pequeña y no pesaba demasiado, la deposité en medio de su cama y me senté a su lado. Por un momento me preocupé, ¿qué haría si algo le había ocurrido?... ¡maldición!, pero ¿por qué esta tonta tenía que estarme molestando?... ese pensamiento no me tranquilizó, seguí observando a la chica, no me había percatado de que tenía un hermoso rostro, parecía casi un ángel... si tan solo supiera mantener la boca cerrada lo parecería a todo momento. Me levanté de la cama y le cubrí, esperaba que se encontrara bien, fui por su almohada y se la acomodé, después de mirarla por un rato, decidí no volver a entablar ningún tipo de conversación con ella haría de cuenta que no existía, eso era lo mejor y lo que buscaba para mí de todas aquellas que se encontraban en ese Internado.

*****

El sonido de la campana que anunciaba la misa de la mañana me despertó, abrí los ojos lentamente, me dolía levemente la cabeza, por un momento permanecí sin moverme intentaba recordar lo sucedido... tras unos instantes recordé todo lo que había pasado la noche anterior y me senté rápidamente sobre la cama, Sarah estaba aun durmiendo su rostro denotaba tranquilidad, al verla así con esa paz en su rostro se me hacia difícil creer que fuera esa chica de mirada impasible y llena de tristeza. Me pregunté si debía despertarla... tras dudar unos segundos, tomando fuerza me acerqué a ella y le toqué levemente el hombro, momentos después abrió perezosamente sus grandes ojos, al mirarme me dio la espalda.

- ¿Qué quieres monja? - me preguntó sin emoción en su voz.

- La misa comenzará en quince minutos - le dije un poco tímida.

- ¿Te he pedido que me despertaras? - me preguntó de forma indiferente.

- No - le respondí cabizbaja.

- Entonces déjame en paz monja, no quiero que me vuelvas a dirigir la palabra ¿entendiste?

- ¿Por... qué?... - pregunté tristemente.

- ¿De nuevo lo mismo Monja? - esta vez su voz tenía un tono definitivo.

No le respondí, recordé levemente lo ocurrido la noche anterior y supe que debía dejar las cosas así, comencé mi habitual rutina de las mañanas y al terminar tomé mis libretas y salí de la habitación mirando una última vez a Sarah quien parecía seguir durmiendo.

*****

La mañana estaba un poco fría sin duda el invierno se estaba anunciando ya; dentro de medio año estaría cursando mi segundo año en el Internado y con ello al final del mismo empezaría mi noviciado, miré hacia el cielo estaba nublado tanto como mi propio raciocinio, suspiré intencionalmente mientras miraba las hojas de los árboles caer sobre el estrecho camino que me conducía a la Iglesia, la campana de ésta volvió a sonar indicando que ya faltaban cinco minutos para que la misa empezara, delante de mi iban varias chicas, lamentaba el hecho de no haber hecho amigas desde el principio pero Camille... me bastaba ella compaginaba muy bien conmigo, pero sin ella me sentía como en un mundo extraño y ahora con Sarah y su comportamiento hacia mí... huuuummmm... volví a suspirar cuando una triste hoja amarillenta fue arrancada de su sutil rama por el frío viento cayendo sobre mi cabeza.

- Parece ser que no te ha ido bien con tu nueva compañera de cuarto ¿no es así señorita Jeanne?

- ¿Cómo? - volví el rostro para ver de donde provenía esa voz.

- Déjame quitarte esa hoja - Caroline se acercó extendió su mano y con gentileza me retiró la hoja, se me quedó viendo por un momento y luego me sonrió.

- Gracias señorita Caroline - le agradecí sonriéndole.

Caroline era la hija de un exitoso empresario dedicado a la Industria Textil en Estados Unidos, ella estaba ya en su tercer año del Internado y al graduarse de este mismo se casaría con un pariente suyo con lo cual se aseguraría el patrimonio económico de su familia, tenia una mirada color avellana limpia y sincera, la conocí el primer día que llegué al Internado, como era mi primer día me perdí dentro de las Instalaciones y terminé en el lado oeste lugar en el que únicamente se hallan las doncellas de tercer año, ella al verme supo inmediatamente que estaba perdida y sin pedir su ayuda se ofreció a llevarme personalmente al lado Sur que es el que me correspondía, de ahí en adelante siempre que me encontraba con ella me regalaba una dulce sonrisa.

- ¿Es verdad que te ha tocado ser la compañera de cuarto de la señorita Sarah Reymin? - me preguntó tornándose su rostro un tanto serio.

- Sí, es verdad - dije bajando la cabeza.

- Ya veo... esperaba que solo fuera un rumor - su voz pareció triste - ¿no te ha ido bien verdad? - preguntó mientras levantaba mi rostro con su mano.

- Yo... creo que es mejor que sigamos, la misa va a dar comienzo.

- Tienes razón - me dijo y seguimos caminando - ¿sabes? - puso una mano sobre mi hombro - no debes desanimarte, yo conocí a la Señorita Sarah el año pasado y puedo decirte que era una chica muy gentil y amable - creo que debí poner una cara muy graciosa ya que ella se rió - quita es cara lo que te digo es en serio pero - su sonrisa se esfumó - sucedió algo que... no debió haber pasado y todo ello trajo como consecuencia su expulsión del Internado... muchas chicas afirmaban que jamás volvería pero su padre es muy influyente además sé de buena fuente que el capital que aporta al Internado es muy importante, es por ello que la han vuelto a aceptar a pesar de que ya vamos a la mitad del año.

- Pero si dice usted que era amable... es que... ¿por qué entonces?... no... no sé no puedo creerlo.

- Lo era - sonrió amargamente.

- Pero entonces ¿que sucedió para que cambiara tan radicalmente? - sentí cierta ansiedad en mi propia voz al enterarme de que su comportamiento no había sido así desde siempre.

- No es propio de mi parte contar esa parte de su vida porque no me corresponde, lo lamento solo espero que tengas la fuerza suficiente como para no tratar de involucrarte en la vida pasada de la Señorita Sarah ya que si ella lo hubiera querido ya hubiese entablado amistad contigo.

- Entiendo - dije un tanto apenada por mi ansiosa actitud.

Nos separamos al llegar a la puerta de la Iglesia, sus amigas le esperaban y yo debía tomar mi lugar de siempre, ¿sería cierto lo que decía Caroline? ¿sería posible que Sarah alguna vez hubiera sido amable y gentil?, al recordar la noche anterior no me pareció que esa descripción encajara con ella, la misa dió inicio sin embargo esta vez no le presté atención a las palabras del Sacerdote, mi mente se hallaba muy lejos del lugar en el que me encontraba.


*****

- Señorita Sarah no debería estar aquí - la voz de Sor Marie se me antojo demasiado molesta.

- No tengo intenciones de presentarme a misa nunca más - respondí en tono definitivo cubrí mi cabeza con las sábanas.

- Es requisito indispensable presentarse a misa todos los días para poder permanecer en este Internado y eso es algo que usted ya debe saber.

- Lo sé y no me interesa hermana - le dejé ver por el tono que utilicé, que sus palabras no me importaban en lo más mínimo.

- Eso lo tendrá que discutir con la Madre Superiora, por ahora debe salir de la cama y alistarse para las clases.

- Lo haré cuando me venga en gana hacerlo.

- ¡Señorita Sarah!.

Noté por el tono de su voz su exasperación pero poco me importó seguí dentro de mi pequeño refugio al menos ahí nadie me haría daño, la puerta se cerró y pude asomar de nuevo la cabeza, ¡por fin se había ido!, era una monja realmente exasperante; sabía que ya no podría dormir así que me levanté sin ningún ánimo después de ordenar mi uniforme, me metí al cuarto de baño llené la tina y me sumergí dentro del agua caliente, estaba deliciosa, me relajé por completo que bien se sentía, que bien, suspiré hondamente mientras recordaba mi primer año en este Internado... fue hace justamente un año cuando todo sucedió... suspiré de nuevo al recordarla... a ella... a mi mejor y única amiga... Pauline... Pauline...


Capítulo II

Recuerdos

- Dominus vobiscum(2) Ite misa est(3) - fueron las palabras del viejo sacerdote.

Poco a poco las chicas fueron saliendo de la Iglesia, el sol comenzaba a entibiar el ambiente, una joven de segundo grado caminaba delante de Jeanne rodeada por un grupito de chicas de primer año.

- Por favor señorita Julieta cuéntenos lo que sabe acerca de la nueva estudiante, por favor - rogaban las chicas.

Julieta se sintió la persona más importante del lugar, ella sabía que sin duda tendría la atención de aquellas chicas, pues era bien conocido que ella sabía todo de lo que acontecía en ese Internado, elevando la cabeza y sonriendo con mal disimulado ego habló.

- Muy bien si eso es lo que quieren les contaré lo que sé acerca de la señorita Sarah Reimyn, pero por el momento tenemos que ir al comedor y después a clases así que les pediré que se reúnan conmigo detrás del aula de música en el primer periodo de descanso. Así que si me disculpan - dijo cortésmente la joven pelirroja de tez blanquecina.

Las chicas se despidieron cortésmente mientras se sonreían las unas a las otras.

- La señorita Sarah es semejante a un enigma - dijo una de ellas.

- Sí, desearía saber que sucedió para que la expulsaran - dijo otra.

- Tuvo que ser algo muy importante sin duda alguna - dijo una tercera.

- Sea como sea lo sabremos en el primer periodo de descanso - dijo otra chica acomodándose sus anteojos.

Jeanne escuchó todo aquello, si bien el comportamiento de sus compañeras le era muy molesto por el hecho de inmiscuirse en la vida privada de otra persona, su parte curiosa le animaba también a ser participe como oyente de ese relato; sin embargo su conciencia le reprochaba a su vez ese pensamiento, mientras caminaba rumbo al comedor miró hacia ambos lados del jardín, se deleitó con el canto de los pajarillos que volaban juguetones de un árbol a otro, miró hacia el piso y pudo ver la cantidad de hojas verde amarillentas que habían caído, otras ya estaban totalmente amarillas y crepitaban a cada paso que ella daba, miró hacia el cielo y recordó por un segundo el enfrentamiento nocturno que tuvo con su "compañera de habitación", un leve estremecimiento se apoderó de ella al recordar aquellos fríos ojos azules que la miraron con tanto detenimiento, sin desearlo tragó saliva y el primer toque de campana que indicaba que el desayuno estaba por servirse le devolvió a la realidad y con ello apresuró el paso para no llegar tarde.

Por otro lado Sarah se hallaba ya en el comedor, una vez más con la mirada puesta sobre el vitral que mostraba la crucifixión de Cristo, para mala suerte de Jeanne ya la mayoría de los lugares se hallaban ocupados y el único que vio vacío era el que se situaba delante de Sarah, sintiendo que las piernas le temblaban un poco se acercó poco a poco hasta llegar a su asiento, miró a Sarah pero esta ni siquiera le vió, su mirada seguía posada sobre el ventanal que se iba iluminando cada vez más conforme los rayos del sol caían sobre él. Por acto reflejo Jeanne miró hacia el ventanal, ¿qué miraba en el Sarah? ¿Por qué se veía tan triste?, se preguntaba la joven rubia. Un grupo de monjas y novicias comenzaron a servir los alimentos, Jeanne apartó la mirada del vitral y agradeció a una de las jóvenes novicias que dejó delante de ella un plato de sopa caliente y pan, se sintió bien al ver ese hábito, ella pronto lo usaría y eso emocionó su corazón. Cuando todas las alumnas tuvieron su comida delante de ellas, la Madre Superiora se levantó de su asiento y mandó a las alumnas bajar la cabeza y entrelazar sus manos para dar gracias al señor por los alimentos. Como siempre todas las jóvenes obedecieron, después de decir Amén Jeanne levantó la vista y se dio cuenta de que Sarah seguía mirando el vitral y por lo tanto no había prestado atención a la oración, eso motivo aún más su curiosidad sobre el por qué de ese comportamiento... así que sin dudarlo ya sabía lo que haría en el primer período de descanso. Sarah sin mirar a Jeanne comenzó a comer de una manera tan elegante y parsimoniosa que a la joven rubia se le antojo que esa era la manera en la que una verdadera dama debía comportase en la mesa, sin darse cuenta ella dejó de comer e incluso sus propios modales comparándolos con los de Sarah se le antojaban burdos y toscos, se sintió apenada y trató de imitar el buen comportamiento de la enigmática joven.

*****

Las primeras clases terminaron y el primer período de descanso llegó, Jeanne salió rápidamente de su clase de costura y sin perder demasiado tiempo llegó a la parte posterior del salón de música Julieta ya se encontraba sentada en medio de aquellas jovencitas que le miraban con ansiedad, sentándose sin hacer ruido detrás de unos arbustos Jeanne se dispuso a escuchar. Mientras tanto Julieta se aclaraba la garganta y miraba con satisfacción la forma en la que la miraban las demás chicas, de manera ansiosa y casi con un ruego de suplica en sus rostros.

- Muy bien, como saben yo soy ya de segundo grado de tal forma que entre a este Internado casi al mismo tiempo que la señorita Sarah.

- ¿Casi al mismo tiempo? - preguntó la chica de los anteojos.

- Sí - dijo Julieta - pues las inscripciones habían terminado una semana antes de que la señorita Sarah ingresara a este colegio - las demás chicas abrieron los ojos sorprendidas - ustedes sabrán que el padre de la señorita Sarah es un empresario muy importante así que con su influencia logró hacer que aceptaran a su hija a pesar de ya haber iniciado las clases, sin embargo los dormitorios estaban repletos y para ese entonces el padre de la señorita Sarah vivía junto con su familia en Alemania, por lo que era imposible que toda la familia se mudara a París solo para que su hija estuviera en este internado el cual sabrán que es el mejor de toda Europa - las chicas asintieron sin dejar de mirar a Julieta - pues bien el padre de la señorita Sarah presionó al comité del colegio para que aceptaran a su hija, sin embargo el problema era el hospedaje, pero a los pocos días se notificó que el padre de la señorita Rose una alumna de segundo grado que era la compañera de cuarto de la señorita Pauline, perdió su empresa y con ello la señorita Rose debió dejar el Internado, supe que hablaron con el señor Reimyn y este no vio inconveniente en que su hija compartiera la habitación con una alumna de segundo grado. Fue así que la señorita Reimyn entró en este Internado, sus modales, su manera de caminar, sus estudios y la forma de comunicarse ante los demás es por demás admirable, cosa que no ha perdido si se dan cuenta de ello, era y es sin duda una excelente dama de sociedad, la señorita Pauline estaba a meses de empezar su noviciado y se hizo muy buena amiga de la señorita Sarah, se les veía juntas en la Iglesia rezando, caminando por los jardines, en la biblioteca, en fin baste decir que eran amigas inseparables, la señorita Sarah siempre estaba alegre y sonriente - ante ese comentario tanto Jeanne como las demás chicas abrieron enormemente los ojos - todo mundo pensábamos que sin duda la señorita Sarah seguiría los pasos hacia el noviciado como la señorita Pauline, sin embargo cerca de inicios del invierno el padre de la señorita Pauline hizo un mal negocio que lo llevó al borde de la ruina, se rumorea que Pauline pudo haber salvado a su padre de la ruina si se hubiera casado con un amigo de su padre el cual ya tenía sus años encima que le prometió al padre de Pauline salvar a su empresa si le daba a su hija en matrimonio, desesperado el padre de Pauline vino a buscar a su hija y este le contó lo sucedido pero se dice que con temple su hija rechazó la propuesta de su padre y este se encolerizó y le dijo a su hija que no importara que dijera se casaría con su amigo, pero puedo decirles que para todas las que la conocíamos ella deseaba con todo su ser convertirse en monja así que le pidió ayuda a su amiga Sarah y esa noche ambas huyeron; la maestras se presentaron con nostras pidiendo información sobre el posible paradero de las fugitivas y fue una sorpresa para nosotras saber que la señorita Pauline padecía de una enfermedad, sus pulmones eran débiles y no podía hacer grandes esfuerzos, sí, fue toda una sorpresa - asentó Julieta cerrando los ojos como si recordara ese ayer - porque a pesar de su pálido rostro se mostraba siempre alegre y feliz, casi estoy segura que incluso Sarah no sabía tampoco de la enfermedad que padecía su amiga, pero esa noche que huyeron se desató la más espantosa de las tormentas invernales de ese año, las encontraron cinco días después dentro de una capilla abandonada, Pauline estaba en brazos de Sarah cuando la policía las halló, se dice que... - Julieta abrió los ojos y tras una ligera pausa continuó - ... tenía poco tiempo de haber muerto, ambas estaban debajo de la cruz de nuestro señor y Sarah oraba una y otra vez sin dejar de llorar.

- Veo que en verdad la señorita Pauline deseaba ser monja tanto que se ocultó en esa capilla para estar más cerca de Dios - dijo trémula una de las chicas.

- Sí, su devoción fue más fuerte que la obligación con su familia - murmuró apenas audible otra chica que enjugaba un par de lágrimas.

Jeanne se había quedado sorprendida, ante tal relato. Se preguntó si sería esa la causa de la tristeza en los ojos de su "compañera" de cuarto.

- Me pregunto - la voz firme y profunda de Sarah se dejó escuchar - ¿quién es peor? - todas la chicas incluyendo a Julieta se le quedaron viendo mientras Sarah caminaba a un lado de ellas - Si la que platica cosas que no son de su incumbencia - miró de soslayo a Julieta quien se ruborizó en segundos - o bien... - caminó un poco más y miró a Jeanne quien le miró con los ojos muy abiertos - aquella que escucha cosas escondida como si se tratase de una delincuente - Sarah volvió su mirada al frente y siguió su camino dejando a todas las chicas perplejas ante sus comentarios y a Jeanne con un amargo sabor en la boca.

Sarah se había alejado ya, cuando Jeanne al sentir unos pasos cerca de su arbusto logró escabullirse antes de que aquellas chicas pudieran verla. Caminó hasta llegar a una de las capillas y entró en ella para pedir perdón por haberse inmiscuido en la vida de Sarah, se puso de rodillas ante la imagen de Cristo y sacando su Rosario comenzó a orar.

- Será posible que tengas el descaro de rezar después de escuchar de labios de esa entrometida parte de mí muy personal vida - la voz de Sarah llenó el lugar haciendo que Jeanne volviera el rostro hacia la puerta.

- Sarah - musitó la joven rubia mientras veía como ésta se acercaba a ella.

- ¿Qué es lo que pasa contigo monja?... ¿por qué te interesa tanto mi vida?... - al estar frente a Jeanne la tomó con fuerza por su ropa obligándola a levantarse de un solo tirón - Dime ¿por qué tanto interés en mí? - los ojos azules de Sarah le miraban con furia.

- Por favor - suplicó Jeanne - me... las... timas - posó sus manos sobre las de Sarah.

- No te soltaré hasta que me digas por qué tanto interés en mi - acercó más su rostro al de Jeanne tanto que incluso respirar era difícil.

- Por... fa... vor - volvió a suplicar Jeanne.

- Te he dicho que no hasta que me respondas el por qué tanto interés en mí... - Sarah la examinó unos instantes detenidamente - ... ¿será que te gustó monja? - una irónica sonrisa se dibujo en los labios de Sarah - ¿es eso?... ¿tanto te gusto que no puedes estar sin saber de mi?... apuesto - acercó su boca a los labios entreabiertos de Jeanne - a que te mueres por que te de un beso.

- No... por... fa... vor - Jeanne volvió a suplicar y esta vez sus ojos dejaron escapar las lágrimas que ya no podían contener más.

Sarah miró de reojo el rosario que Jeanne tenía en su mano, era hermoso, hecho de oro de un buen kilataje sin duda, aventó a un lado a la temblorosa joven de ojos verdes y en un rápido movimiento le arrancó el rosario de las manos, Jeanne cayó al suelo lastimándose la muñeca derecha. Con un gesto de dolor miró a Sarah quien examinaba la cruz del rosario el cual tenía en cada una de las esquinas que conformaban la cruz un pequeño rubí incrustado y un zafiro en el centro de la misma.

- ¡Vaya! - dijo Sarah sonriendo ante las posibilidades que le aportaba ese rosario - monja creo que perdonaré tu intromisión en mi vida privada quedándome con esta joyita.

- No... por favor - dijo Jeanne reflejando en el rostro el dolor que sentía en su mano.

- ¿Noooo? - dijo Sarah mirando irónicamente a Jeanne quien no dejaba de llorar - bien monja si quieres tu alhajita tendrás que venir a buscarla ¿entendiste? - Sarah le dio la espalda y comenzó a caminar de manera tranquila rumbo a la salida de la capilla.

- Espera... por favor - imploró Jeanne levantándose con dificultad. Pero Sarah no le prestó atención.

Jeanne se percató de que no solo se había lastimado la muñeca sino que también le dolía uno de sus tobillos, sin embargo no podía permitir que Sarah se quedara con su posesión sentimental más valiosa, así que armándose de fuerza y valor siguió tras los pasos de Sarah.

El campaneo que indicaba que comenzaría la siguiente clase se escuchó por todo el colegio, las jóvenes iban rumbo a su salón de clases mientras que Jeanne iba en dirección contraria cojeando un poco y sosteniéndose su mano derecha mientras era vista con interrogación por las demás alumnas; Jeanne sabía que sin duda Sarah no iría a clases el reto fue demasiado claro, si quería recuperar su rosario ella misma tendría que buscarlo, siguió caminando internándose en el gran jardín de la escuela, miraba en derredor de ella y sobre los árboles pues ya sabía que sin duda ese era el lugar favorito de Sarah para estar, después de un tiempo de estar buscando, un rayo de sol dio directo en sus ojos, cubriéndose el rostro con una mano pudo ver a Sarah sentada en la rama de un alto árbol recargada de espaldas al tronco.

- Así que viniste monja ¿eh? Veo que no eres solo una niña llorona sino que tienes valor - sonrió de medio lado mientras elevaba el rosario y lo examinaba una vez más - bonito rosario - continuó - monja, sin duda es muy valioso yo le calculo un mínimo de mil francos sino es que hasta más

- sonrió al ver los reflejos que las piedras preciosas emitían con los rayos del sol.

- ¡Regrésame mi rosario! - exclamó por primera vez Jeanne con verdadero enojo.

- Si lo quieres monja ven por el - le miró directamente con una mueca de burla en el rostro - si eres capaz de subir por el hasta aquí te lo regresaré.

- Lo prometes - dijo Jeanne mirando por primera vez con real enfado a su "compañera" de cuarto.

- De acuerdo monja - dijo con fastidio Sarah - lo prometo.

Jeanne examinó con cuidado las posibilidades que tendría de escalar ese árbol con las heridas que tenía, sin duda no le sería absolutamente nada fácil ya que ella jamás en su vida había hecho algo así. Sin embargo no se amedrentó a como diera lugar tenía que recuperar ese rosario y no se detendría ante nada para conseguirlo.

Jeanne empezó su lento escalar el cual le costo un sin fin de caídas, mientras Sarah le miraba divertida recordó a su amiga Pauline...

- ¿Sarah? ¿dónde estas Sarah? - la voz melódica de Pauline regresó una vez más a sus oídos.

- Aquí Pauline, ¡ven es divertido! - la voz de Sarah estaba plagada de entusiasmo.

- ¿Sarah? - Pauline llegó a un claro del jardín y miró a todas partes al elevar la vista vio a Sarah de pie sobre las ramas de un árbol.

- ¿Qué haces allá arriba Sarah Reimyn? - preguntó Pauline colocando sus manos sobre su cintura.

- Anda Pauline sube es divertido.

- ¿Te has puesto a pensar cuanto me dolería si cayeras y te lastimaras?

- No sucederá, esto lo hago desde que era pequeña, ven - te ayudaré a subir hasta aquí.

Pauline sonrió al ver la felicidad que radiaba en el rostro de su joven amiga.

- No creo que sea buena idea Sarah - dijo Pauline cuando de unos cuantos pasos Sarah llegó hasta ella y le tomó la mano.

- Anda desde allá arriba se puede ver el lago - Sarah sonrió - se ve hermoso, ven quiero que lo veamos juntas, por favor.

- Esta bien Sarah vamos - el rostro de Sarah se vio iluminado, sonrió enormemente y apresuró a Pauline para ayudarla a subir.

Después de varios intentos Pauline logró subir con ayuda de Sarah a la parte más alta del árbol ambas se sentaron y vieron a lo lejos el lago se veía hermoso a pesar de ser un día nublado, las flores que crecían a los alrededores del mismo le daban un toque casi artístico como si de un paisaje dibujado por el más sensitivo de los artistas se tratase. Pauline recargó la cabeza en el hombro de Sarah.

- Tenías razón es sin duda un paisaje realmente hermoso - dijo Pauline soltando un profundo suspiro.

- Sí lo es - dijo Sarah mientras pasaba su brazo alrededor de los hombros de su amiga.

Sarah regresó de sus recuerdos al escuchar el grito de Jeanne y a tiempo estuvo de sostenerla de su antebrazo antes de que esta cayera al suelo desde la elevada altura en la que se encontraban.

- ¡Demo... nios... mon...ja! ¡có... mo... pe... sas! - dijo Sarah con dificultad mientras sostenía a Jeanne - pon tu pie sobre el tronco... del árbol... y con tu ma... no li... bre alcanza esa rama... que es... ta a un... la... do de ti - Jeanne hizo como Sarah le indicó - ahora voy a jalarte... tra... ta de im... pul... sar...te... ¡ahora monja! - Sarah tiró de ella con fuerza y Jeanne se impulso.

Cuando Jeanne abrió los ojos se encontraba sobre Sarah a centímetros de su rostro quien aún mantenía sus ojos cerrados, cuando se dio cuenta de la cercanía que tenía con la joven que ahora la abrazaba intentó impulsarse hacia atrás pero Sarah la sujetó con firmeza impidiéndole moverse.

- Quédate quieta - dijo Sarah abriendo los ojos y fijándolos en el verde mar que tenía delante de ella - o nos caeremos las dos ¿has entendido?

Jeanne solo asentó con la cabeza.

Ambas se quedaron por unos instantes mirándose a los ojos, Sarah continuaba abrazando a Jeanne, el canto de los pajarillos era lo único que se escuchaba y el leve rumor que el viento provocaba al pasar por entre las amarillentas hojas de los árboles, de pronto la voz de Sor Marie llamándolas se escuchó no muy lejos, Sarah al ver que los labios de Jeanne se entreabrían para decir algo la atrajo de golpe hacia así atrapando la boca de la chica rubia con la suya, Jeanne se ruborizó al máximo y abrió enormemente los ojos, Sarah miraba de reojo hacia abajo, cuando vio pasar a Sor Marie junto con otra monja abrazó más fuerte a Jeanne para evitar que esa chica hiciera algún movimiento que las descubriera. Sor Marie las llamó nuevamente pero al no obtener respuesta siguió caminando de largo junto con la otra monja, al ver que ya el peligro había pasado relajó su abrazo sobre la chica que tenia entre sus brazos. Jeanne se separó de los labios de Sarah y de inmediato le dio una gran bofetada que hizo incluso que los pajarillos que se hallaban posados en las ramas superiores volaran con gran estrépito.

Continuará...

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(1) De motu proprio: por propia iniciativa.
(2) Dominus vobiscum: el señor este con vosostras.
(3) Ite misa est: Idos la misa ha terminado.

CONTINUA EN: CAPITULO II 2DA PARTE