domingo, 18 de diciembre de 2011

Nuevo Fan Art!!! Amor En Preparatoria por nuestra Amiga Karelia

Saludos mis queridos y queridas fans!!!! Nuestra amiga Karelia nos ha dejado un maravilloso Fan Art! de Amor en Preparatoria!!!! De la Parte donde Deniss le dice a Karla que no quiere saber nada acerca de su pasado!!! Que lo disfruten!!!!


domingo, 4 de diciembre de 2011

Fan Art de Amor en Preparatoria cortesía de nuestra Amiga Karelia!!!

Saludos Domingueros mis queridas y queridos seguidores y seguidoras!!!!! Esta mañana de domingo es un placer subir este maravilloso dibujo creado por nuestra Amiga Karelia Valenzuela!!!!! Talentazo amiga Talentazo que te cargas en verdad!!! Este Fan Art de Amor en Preparatoria viene con su descripción y vaya que es interesante en extremo porque me doy cuenta de la sensibilidad que el artista puede desenvolver con sutiles trazos y lo que ello implica, las posiciones, el color, el diseño de las líneas y los accesorios que componen toda una obra, ha sido verdaderamente fascinante Amiga Karelia como has desmenuzado el significado de tu obra, cada detalle que conlleva y el significado que representa para ti cada parte que lo compone, Mil Gracias por tomarte tu tiempo para crear esta maravillosa Obra en verdad me ha encantado, me ha fascinado y espero ver mucho más de tu trabajo que este también me inspira para seguir adelante. Te mando mil Abrazos y pues Mis Queridas y Queridos seguidores... sin más preambulo les dejo este maravilloso Fan Art creado por nuestra talentoza amiga Karelia Valenzuela!!!!! Mil Gracias Amiga, Eres Súper!!!!!!!!!!



Sábanas blancas: En representación de la inocencia (usadas de manera irónica puesto que es una inocencia inexistente)

Cuerpos desnudos: En representación de la esencia real de cada una.

Sábanas rojas: representan el despertar de la sexualidad, en este caso de Laura y Dennis, así también representa la pasión y en lo personal pienso que en menor grado el amor (por no decir que lo que menos representa es el amor).

Color violeta en la ropa interior de Laura: Mostrando las dos caras de Laura (antes de dejar a Karla) nos muestra la intranquilidad interna e inestabilidad de Laura, el violeta puede significar la unidad como fusión erótica, pero también puede ser la indiferencia y la indecisión vacilante.

Sábanas revueltas: en señal de corrupción y emociones confusas.

Los cuerpos de Karla y Dennis se tocan por el hecho que nos han demostrado tener un lazo más fuerte que el que anteriormente compartieron con Laura.

Dennis de espaldas a Laura demostrando que está segura que lo que tuvo con ella ya forma parte del pasado, sin embargo Karla la tiene de frente, por eso la expresión triste de Karla y Laura ya que ellas no han cerrado su ciclo y en estos últimos capítulos te has empeñado en que Karla la recuerde, dejando la duda, la quiere? ¿Dejará a Dennis por Laura? Bien me despido, esperando haberme dado ha entender, esto de escribir en español es difícil.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Amor en Preparatoria capítulo 16 Aviso de Tormenta

Hola a Todas y Todos mis seguidores, Sip, ni que lo digan me he tardado y en exceso pero comprenderan que la verdad sí, he estado bastante atareada tanto con cosas personales como profesionales. Mil Disculpas por la espera, pero aquí tienen el capítulo 16!!!!!! Espero que les guste!!!!!!

Con Dedicatoría especial a Todas y Todos mis seguidores que han tenido la paciencia de esperar para seguir leyendo mis historias Gracias!!!!!

Y Por cierto los invito a unirse a mi Facebook es Sheila Segovia Silva, me encantará tenerlos ahí conmigo y si gustan pueden seguirme por Twiter @sheilasegovia05

Y Pues a Leer se ha dicho!!!!!!! Espero que les guste!!!!!!!!!!!!



Capítulo 16

Aviso de Tormenta

Estaba en clase de matemáticas sin embargo no podía prestar atención a lo que el profesor explicaba porque simplemente no podía dejar de pensar en lo que Karla me dijo “Te lo contaré todo”… sentía muchísima curiosidad por saber a qué se refería con Todo, pero a la vez me agobiaba una incertidumbre del tamaño del cielo, ¿realmente quería saber algo que probablemente terminaría por lastimarme?... – suspiré para mis adentros mientras daba la vuelta a la hoja de mi libreta – ¿qué debería hacer?... una cosa la tenía por segura… yo no era la primera persona en la vida de Karla… era lógico pensar que seguramente ella ya había estado con alguien más a parte de mí – sentí el pinchazo de los celos recorrerme por entero con una furia avasalladora, sentí que un fuego devastador me abrasaba por completo – Mierda – mascullé entre dientes mientras trataba de controlar mi enojo; no… no… no quería saber nada, absolutamente nada de su pasado, me negaba a aceptar que hubiera habido alguien más en su vida antes de mí, no quería aceptar que ella alguna vez se hubiera enamorado de alguien más que no fuera yo. Una cosa era segura yo jamás le hablaría de Laura… me sentía feliz ahora en su ausencia y estaba más que dispuesta a ser solo su amiga si es que decidía algún día volver; ahora mi vida, mi amor, mis pensamientos y el entero de mi corazón le pertenecían a Karla, a ella y solo a ella. Sí, iba a hablar con Karla y le diría que no me importaba su pasado, le diría que no quería saber porque se comportaba de esa forma conmigo, le diría que no me importaba si con su actitud me llegaba a lastimar, que lo único que quería era que tuviera por seguro que yo jamás, nunca de los nuncas la engañaría con absolutamente nadie, porque para mí ella era sencillamente la mujer más increíblemente perfecta del mundo y no necesitaba de nada ni de nadie más que estar con ella para ser feliz. Sí, no quería saber quién había estado en su pasado, porque eso se había quedado en el ayer, hoy… yo era su presente, yo era su novia, hoy yo era suya y ella era mía y esa realidad nada, ni nadie podría negarla. Ella tuvo un pasado como yo lo tuve pero no quería saber el suyo, ni quería que ella supiera el mío, no quería verme interrogada por ella por como sentí por Laura, ni quería decirle lo mucho que en su momento me dolió su traición porque con ello Karla sabría cuánto amé a Laura y… yo no quería que me confesara su dolor por algún amor que le hubiese roto el corazón, porque no deseaba saber en absoluto lo mucho que ella pudiera haber amado a alguien más.

****

Iba a confesarle a Dennis todo lo de mi pasado, de una u otra forma ella merecía saber la verdad, ella merecía saber la relación que sufrí con Nancy, necesitaba confesarle mi relación con Laura… con… su mejor amiga… me pregunto ¿cuál será su reacción al saber que estuve involucrada sentimentalmente con Laura? – deje momentáneamente de escribir en el pizarrón, ese pensamiento me turbo…

- ¿Sucede algo profesora? – me preguntó uno de mis alumnos.

- No, nada – respondí mientras retomaba la escritura sobre el pizarrón – ¿qué iba a decirle a Dennis?, ¿qué fui novia de Laura?, de seguro me haría un montón de preguntas que… no deseaba responder… sin embargo tendría que hacerlo, debía de alguna manera explicarle mi comportamiento para con ella, ese arrebato de… celos que… ¡mierda!, ¿por qué actué de esa manera con ella? … ¿acaso no me ha demostrado que es una persona completamente diferente a Laura, a Nancy?, yo… no debería de ser así con ella, en verdad que no debería de ser así con ella; tenía que concentrarme de nuevo en la clase ya habría tiempo de pensar en cómo le explicaría a Dennis mi… ex relación con Laura – muy bien chicos vamos a hablar de la fotosíntesis, la fotosíntesis es un proceso muy importante ya que a través de ella…

Me metí de lleno en la clase, por el momento tenía que ahogar los nervios, estaba segura que el tema de Nancy sería sencillo de explicar pero ¿y el tema de Laura?, estaba segura que Dennis no iba a tomar a bien la relación que tuve con su mejor amiga…

La clase de matemáticas terminó y con ello la hora de la confesión de mi novia se hacía cada vez más palpable; sin embargo ya había tomado una decisión, guarde mi cuaderno y mi libro, me eché la mochila al hombro y me despedí de mis compañeros, crucé la explanada de la escuela en dirección de los laboratorios, caminé despacio, en verdad quería verla, pero… no quería saber nada de su pasado, lo único que deseaba era que ella y yo nos hiciéramos una promesa de amor eterno y que nos olvidáramos de todo cuanto pudiera representar el pasado, deseaba tan solo vivir un hermoso presente y un bello futuro con ella.

El último de mis alumnos salió del laboratorio cerrando la puerta tras de sí, me relajé de lleno en la silla y eché la cabeza hacia atrás, me pasé la mano a través del cabello… en ese momento de silencio medité con mayor profundidad el hecho de que Dennis y Laura no terminaran juntas, digo, sea como sea siempre fueron las mejores amigas según me platicó Laura; aunque ahora me pregunto ¿por qué Dennis no me platicará casi nada sobre Laura? quizás para Laura, Dennis efectivamente era su mejor amiga, pero quizás para Dennis no lo fue de igual forma. En cualquiera de los casos me pregunto ¿por qué Laura escogió a Giselle como… amante…? - la boca me supo ligeramente amarga al recordar a la estúpida pelirroja – si Laura hubiera tenido buen gusto hubiera elegido a Dennis, ella sí que en verdad valía la pena, pero… ¿haber escogido a esa imbécil? – suspiré profundamente, me llevé la mano a la frente cubriendo parte de mis ojos también. Escuché la puerta abrirse, sus pasos acercándose lentamente hacia mí.

- Karla – mi nombre resonó suavemente en mis oídos.

- Dennis – dije apenas en un susurro, retiré la mano de mi frente, ladeé ligeramente la cabeza a un lado y nos miramos fijamente, ninguna de las dos dijimos ni una palabra.

Karla y yo caminamos en silencio por las calles, el cielo estaba nublado y una ligera brizna de lluvia me mantenía con la cabeza fija en la realidad, era extraño no podía verla a la cara, no sé por qué razón ni motivo mantenía yo la vista al frente, ninguna de las dos habíamos dicho ni una sola palabra desde que salimos de los laboratorios… no sabía que pensar acerca de nuestra relación… pero para empezar ¿qué era una relación?, si me ponía a pensar en ello sacaba a conclusión que yo no lo sabía… cuando anduve de novia con Armando solíamos besarnos, abrazarnos y platicar de cosas demasiado tontas cosas como por ejemplo que tipo de música nos gustaba, que tipo de ropa nunca en la vida usaríamos, nos quejábamos de nuestros respectivas familias, en fin, cosas sin demasiada importancia… pero ahora que lo medito más detenidamente… desde que estoy con Karla… ¿cómo he llevado mi relación con ella?, de hecho… ¿qué es lo que sé acerca de Karla?... ¿qué besa muy bien?, ¿qué me hace el amor de una manera única?... ¡Dios! Eso no es conocer a alguien… ahora que lo pienso realmente no sé nada de ella… pero quiero conocerla… quiero saber quién es, pero sobre todo… sobre todo quiero saber cómo llevar mi relación con ella, quiero saber cómo se llevan a cabo las relaciones entre pareja… volví la vista ligeramente hacia la mujer que me arrebataba el pensamiento y vi su rostro completamente serio, inclusive noté un ligero gesto de aprensión como si algo la preocupara demasiado, ahora que lo pienso más detenidamente… quizás y me vaya a pedir que terminemos nuestra relación… me he comportado tan infantilmente que de seguro ella ha visto que no soy lo que le conviene… ¡oh, Dios! Me duele el pecho, me duele tanto que empiezo a sentir como se me cierra la garganta por la angustia que me causa este atroz pensamiento; de seguro quiere decirme que se ha dado cuenta que soy demasiado joven para ella, que no estoy a su altura porque no soy más que una simple estudiante que no puede darle lo que ella merece; quizás me diga que soy demasiado infantil y que no puede tener una relación seria conmigo, ¡Dios!, siento como mis ojos se anegan en lágrimas que trato inútilmente de detener, no quiero que ella me deje, no soportaría no tenerla a mi lado, giré el rostro para mirarla de reojo y no me pude contener al ver la seriedad en su rostro, me abalancé a sus brazos aún a costa de quien pudiera vernos, ¡no me importaba nada! tan solo necesitaba saber que me amaba, ¡necesitaba saber que no me dejaría!

- Por favor – le dije echándole los brazos al cuello – no vayas a dejarme, no vayas a abandonarme, por favor, no lo soportaría – le confesé mientras sentía el descender de mis lágrimas imparable por mis mejillas.

- Dennis espera ¿qué… qué tienes?, ¿qué te sucede?

- No vayas a dejarme por favor, sé que soy muy joven pero aun así, aun así yo Te Amo, yo Te Amo con toda mi vida, por favor – le supliqué sollozando contra su hombro – por favor…

- Dennis yo nunca te abandonaría – le escuché decir de sus labios – no podría vivir sin ti Dennis, tranquilízate amor, por favor – me pidió mientras me acariciaba el cabello – Dennis eres el amor de mi vida, nunca te dejaría, tendría que morir para dejare ¿me comprendes?

No le respondí, tan solo asentí varias veces con la cabeza, me sentía completamente débil entre sus brazos, me sentía tan pequeña cuando me abrazaba, me sentía tan protegida entre sus brazos, como si yo fuese un pequeño gorrión cansado tras un largo, largo viaje y hubiese caído en unas manos cálidas y bondadosas llenas de una gran ternura y amor. No quería soltarla de entre mis brazos pero…

- ¿Estás bien Dennis?, ¿Karla? – la voz de la profesora Adriana me hizo palidecer en un instante.
Me separé rápidamente de Karla y traté de limpiar mis lágrimas tan rápido como pude.

- No pasa nada – Karla me pasó el brazo por encima de los hombros y me atrajo hacia ella ligeramente – la adolescencia, las hormonas y la presión de un gran esfuerzo mental – dijo suspirando y meneando la cabeza en negativo.

- Lo sabía – la profesora Adriana se acercó a mí, Karla me soltó y la profesora Adriana me dio un fuerte abrazo – es un gran esfuerzo el que estás haciendo Dennis, la verdad es que creo que deberías de descansar – se separó de mí y me miró directo a los ojos – si quieres llorar es bueno, nunca te detengas de llorar, liberaras muchos sentimientos con eso – con sus palabras mis lágrimas salieron sin que yo pudiera detenerlas – eso es Dennis, es bueno que llores, desahoga tu dolor.

- “Mi dolor es perder alguna vez a Karla, mi dolor es no poder estar con ella toda la vida, porque yo quiero estar con ella para siempre” es demasiada… presión – balbuceé ligeramente.

- Creo que el día de mañana deberías tomártelo libre – la profesora Adriana suspiró ligeramente – la verdad es que es demasiado lo que estás haciendo Dennis, te has mantenido con excelentes calificaciones en tus materias normales y has conseguido el primer lugar en el concurso de conocimientos en ambas materias, además realmente necesitas descansar, tú también necesitas descansar Karla – miró a mi novia y meneó la cabeza en negativo – las dos han hecho un gran esfuerzo definitivamente tómense el día de mañana.

- Perfecto iré a visitar a mis padres – Karla sonrió sincera – hace un buen rato que no los voy a ver.

- ¿Tú que harás Dennis? – preguntó Adriana.

- No lo sé… - dije sintiéndome triste – supongo que dormir todo el día.

- Creo que estas deprimida – Adriana se acercó a mí y me tomó de las manos – no es necesario que continúes con el concurso Dennis, nos sentimos muy orgullosas de ti ¿no es así Karla?

- Mucho, mucho muy orgullosas de tu capacidad – Karla me regaló la más hermosa de las sonrisas.

- Así que Dennis Larissa no es necesario que continúes basta lo que has logrado.

- De… de ninguna manera – me sonroje enormemente al ver que Karla me miraba con una simpática sonrisa – yo acabaré, haré los exámenes finales, sería una locura no terminar estando ya tan cerca del final.

- De acuerdo – Adriana me palmeó suavemente la espalda – me gusta esa actitud Dennis, me sonrió sincera, miró su reloj – me tengo que ir – ya saben tómense el día de mañana.

- Por mi encantada – Karla sonrió y se despidió de ella con un beso en la mejilla.

Nos quedamos un momento en el mismo lugar hasta que ella se hubo alejado lo bastante.

- ¿Larissa? – inmediatamente me sonrojé con fuerza al escuchar mi segundo nombre.

- No me gusta – hice un mohín con la boca mientras volvía el rostro a un lado.

- A mí me gusta, incluso me gusta más que Dennis ¿puedo llamarte Larissa? – su tono de voz se volvió un ronroneo sensual que me hizo estremecer.

- Siempre que quieras y que no sea en público – me coloqué a su lado mirando discretamente a ambos lados de la calle, ya no había muchos alumnos pero si había algunos, eso me detuvo de tomarla del brazo. Esos eran los momentos cuando deseaba ser una mujer adulta, poder tomarla del brazo e incluso besarla si se me pegaba la gana, pero lo nuestro era prohibido, por nuestra edad, por nuestra fisiología, dos mujeres, dos Evas en un mundo de Adanes y Evas.

- Me gustas mucho – la voz de Karla mantenía el mismo tono bajo y sensual – quédate esta noche conmigo – esas últimas palabras parecían encerrar una gran promesa – quiero hacerte el amor hasta el amanecer – giró su rostro ligeramente hacia un lado y clavo sus azules ojos en los míos – quiero sentirte desfallecer entre mis brazos, quiero ser capaz de transmitirte todos y cada uno de mis sentimientos en cada beso, en cada caricia que dejaré marcada en tu blanca piel.

Me quede sin aliento, sentí que el corazón me golpeaba con fuerza el pecho, un mundo de emociones me arrebató el alma en un instante, mis manos temblaban por la fuerte necesidad de tomarla entre mis brazos y dejarme perder en su boca.

- No quiero saber nada acerca de tu pasado – le dije sintiendo el fuerte latido de mi corazón golpear contra mi pecho, ella me miró con un gesto de extrañeza, iba a decir algo pero meneé la cabeza en negativo y las palabras murieron en sus labios.

Caminamos lentamente a lo largo de las calles, hacia un poco de frío pero no me importaba demasiado, las dos íbamos inmersas en nuestros pensamientos, por fin después de un trecho más llegamos a la puerta de su casa, antes de entrar llamé a mi hermana y le dije que me quedaría con Karla, ella me dijo que no habría problema.

Al entrar en la casa Karla encendió las luces de la sala, dejó su portafolio sobre el sofá y se quitó el saco; la blusa blanca que adornaba su cuerpo le sentaba muy bien. Su cabello descansaba sobre su espalda, esa larga y obscura cabellera negra azulada que me encantaba sentir entre mis dedos, sin duda Karla era en verdad muy hermosa. Me acerqué a ella lentamente y la abracé por la espalda, su calor corporal empezó lentamente a calentar mi cuerpo, deje que mis manos se deslizarán a lo largo de su torso, acaricié suavemente sus pechos y ella suspiró ligeramente, sentí crecer en mí la excitación, en verdad su ropa estaba empezando a estorbarme, sin decirle ni una palabra comencé a desabotonar su blusa pero ella me detuvo cuando iba por el tercer botón.

- Espera – su voz denotaba una octava de deseo – en verdad necesito hablar contigo y decirte… más bien explicarte varias cosas – se volvió para tenerme frente a ella.

- No quiero – mi voz denotaba la creciente excitación que sentía, metí mis manos dentro de su blusa abierta y sentí el calor de su suave y tersa piel.

- Pero es necesario que sepas…

- No, no necesito saber nada, no quiero saber nada – coloqué un dedo sobre sus labios – tan solo necesito saber que me necesitas aquí – toque su frente con la punta de mis dedos – y aquí – le toqué el pecho a la altura de su corazón y… aquí – dije deslizando mi mano hasta posarla en su entrepierna.

- Larissa – mi segundo nombre proveniente de sus labios se me antojo delicioso.

- Abigail – dije mientras mis manos viajaban dentro de su blusa buscando desatar su bra – no quiero saber nada, absolutamente nada de tu pasado, el pasado, pasado esta, tu eres mi presente y mi futuro, no quiero saber porque te comportaste como lo hiciste, no quiero saber si amaste a alguien igual que a mí… o… – me dolió lo siguiente – más que a mí – mi voz descendió ligeramente.

- No he amado a nadie como te amo a ti – me dijo mientras pasaba sus manos por entre mi cabellera y me jalaba suavemente para besarla.

- Entonces – dije antes de que me tocara los labios con los suyos – eso es todo lo que necesito saber – me aferré a su boca con ganas, la besé desesperadamente intentando demostrarle todo mi amor en ese gesto lleno de pasión, una pasión que estaba quemándome desde dentro, sin embargo ella ralentizó el beso, haciéndolo profundo y pausado, sentí mojarme como nunca antes, mis manos se deslizaron a lo largo de su cuerpo lentamente, cuando menos me di cuenta estaba desabrochando su pantalón.

- Espera – me sostuvo de las manos – subamos a mi cuarto – sus ojos denotaban ese brillo de deseo que adoraba, le sonreí y asenté con la cabeza.


****

Camila miraba atentamente su blanco techo, su rostro denotaba un dejo de ansiedad y tristeza.

- “Sé que un día te aburrirás de mí y me dejarás por alguien más – pensaba mientras su rostro se contraía de dolor – no eres buena para mí, pero ahí estoy… siempre buscándote, siempre detrás de ti, aun cuando no termino de sentirme a gusto contigo, no sé en qué momento te alejarás de mí – se sentó de golpe llevándose las manos al pecho – cuando no me contestas al celular no puedo evitar pensar que estas con alguien más… o cuando estas lejos de mí, no puede dejar de pensar que estarás con otra mujer… y es que eres tan como tu hermana… - apretó las manos con fuerza – ¿coño por qué no puedes ser solamente mía?, ¿por qué esas ideas tan tontas de ser de cualquiera si así se te antoja?, ¿por qué tienes que querer tanto a la estúpida de tu hermana?”

- Hola – la voz de Esmeralda le saco de sus pensamientos y Camila le miró con toda la tristeza del mundo – ¿te sucede algo? – preguntó de lo más natural.

- “Sin siquiera un pequeño dejo de preocupación ¿eh?, a veces, a veces me pregunto si en verdad me amas, si en verdad sabrás lo que es amar”

- ¿No me vas a decir nada? – preguntó Esmeralda levantando la ceja mientras se quitaba el suéter de la escuela.

- ¿Por qué estás conmigo? – preguntó Camila tragando un poco de saliva.

- Porque también duermo en esta habitación ¿lo has olvidado? – sonrió mientras meneaba en negativo la cabeza.

- No me refiero a eso – Camila se levantó de la cama – quiero… no… más bien necesito que me digas ¿por qué estás conmigo…? - en su tono de voz se dejó escuchar claramente una muda suplica.

- ¿Para qué quieres saberlo?, ¿no te basta esto? – preguntó extendiendo las manos en cruz.

- No, no me es suficiente – se plantó de frente a ella y con las manos temblorosas le sostuvo de los hombros – quiero saber que soy en tu vida.

- ¿Por qué haces todo tan difícil Camila?

- ¿Difícil? – preguntó con extrañeza - ¿por qué difícil?, ¿por qué quiero unas palabras de amor de tu parte?, ¿eso es tan difícil de darme? – la sujeto ligeramente más fuerte.

- ¿Por qué necesitas las palabras?, dormimos juntas ¿no es así?, ¿qué?... – le miró de manera sensual – ¿no te he hecho llegar al cielo más de una vez?

- Lo has hecho y al mismo tiempo me has dejado caer en el Infierno – las lágrimas escaparon de sus ojos – por un momento creo que soy la persona más importante en tu vida y después no dejo de pensar que esto que haces conmigo podrías hacerlo con alguien más.

- ¿Habría algún problema con ello? – Esmeralda se soltó de sus manos

- Claro que habría un problema se supone que tú estás conmigo, que eres mi novia.

- Y por acostarme con otras personas ¿dejaría de serlo? – preguntó Esmeralda y Camila le miró sorprendida, sus manos temblaron ante esa verde mirada, sintió que las lágrimas se desbordaban de sus ojos – no dijo una palabra más – salió de la habitación dejando a solas a Esmeralda que por un momento se sintió arrepentida de sus palabras.

- “Voy a dejarte – Camila salió de la casa con la firme resolución de volver a España – no puedo estar al lado de alguien a quién no le es suficiente lo que yo le doy… yo no quiero estar al lado de alguien a quien no le soy suficiente para no acostarse con alguien más… Esmeralda… ¿cómo puedes ser tan cínica?”.

- “Camila, eres una tonta… - pensó Esmeralda mientras miraba la cama vacía – ¿no te das cuenta de cómo te amo?... ¿por qué me cuesta tanto trabajo expresarte mis sentimientos?”

****

Quiero verte Karla, quiero tenerte conmigo, quiero volver a sentir la vida entre tus brazos, tus besos, Dios, tus besos que son tan profundos y deliciosos, quiero sentir tu cuerpo junto al mío después de hacer el amor, es tan cálido, es tan delicioso dormir y despertar sobre tu pecho, Karla quiero que me perdones por todo lo malo que he hecho, por mi traición hacia tu amor, pero he cambiado y quiero recuperarte.

- Eah, enana, ¿quieres ir con nosotros a comer hamburguesas? – me preguntó mi hermano.

- Sí – le contesté mientras me levantaba de la cama.

- Te ves muy feliz enana – se soltó a reír mi hermano.

- No me digas enana, que ya mido 1.70

- Para mí siempre serás una enana aun cuando midas 3 metros.

- Si no soy árbol

- Pues si sigues creciendo lo serás ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja.

Me sonreí antes su comentario, me preguntaba ¿qué pensaría Karla al verme?, ¿le sorprendería ver mi estatura?, de algo estaba muy segura me había vuelto más guapa, definitivamente lo notaba, me veía más mujer dentro de mi juventud. Estaba segura que Karla al verme se sorprendería, tendría que hacerlo y sobre todo tendría que aceptarme de regreso en su vida… salimos de la casa y me detuve al ver a Susan, me miró con un dejo de tristeza que no paso desapercibido para mí.

- Hola Susan – mi hermano la saludo al igual que su novia.

- Hola ¿cómo están?

- Bien, de hecho vamos justo a cenar hamburguesas ¿quieres venir con nosotros?

- No, gracias yo… bueno necesitaba hablar con Laura.

- ¿Podrían traerme una doble con queso por favor? – le pedí a mi hermano, necesitaba finiquitar este asunto con ella de una vez y para siempre – se me olvidaba que tengo que hacer una tarea con Susan.

- De acuerdo – dijo Ericka – no te desveles demasiado ¿ok? – me guiño un ojo y me sonrió.

- ¿Te traemos algo Susan? – le preguntó mi hermano

- No, gracias – respondió y le obsequió una tímida sonrisa.

- Bueno chicas las dejamos estudiar, nos vemos en un rato.

- Hecho – le respondí a mi hermano mientras invitaba a pasar a Susan.

Las dos entramos a la casa, el silencio reino durante unos minutos, Susan me miró atentamente durante unos instantes.

- ¿No podríamos intentarlo siquiera? – me preguntó mirándome tristemente.

- No, no podemos – me acerqué a ella hasta tomarla de los hombros – lo lamento volveré a México y no nos volveremos a ver.

- Pero… pero ¿por qué?, aquí tendrás mejores oportunidades de vida – su tono lastimoso me dolió – si no quieres nada conmigo está bien, pero no te vayas… preferiría tenerte eternamente como amiga a no volver a verte jamás – las lágrimas escurrieron de sus ojos y sentí una frustración del tamaño del mundo al no poder corresponder a su amor.

- Te quiero Susan, pero no de la manera como tu imaginas.

- ¡No? – sé soltó bruscamente de mis manos – ¡y todas esas veces que hiciste el amor conmigo?, ¡esas palabras de amor que me susurrabas? – su rostro se contrajo en una mueca de dolor – ¡qué fue para ti todo eso? ¿eh?, ¡qué fue?, si en verdad no me querías, ¡para qué te hiciste mi novia en primer lugar?

- ¡No lo sé! – le grité al tiempo que me pasaba las manos por entre mi cabello – ¡no lo sé Susan!, ¡no lo sé!, he hecho muchas cosas estúpidas de un tiempo a la fecha, ¡me he comportado de una forma que no comprendo!, ¡he lastimado a gente que me amaba de verdad! ¿entiendes? Y no sé por qué – confesé bajando la voz, un nudo se formó en mi garganta – no sé por qué – me sentí derrotada en ese momento.

- Cosas estúpidas… - dijo quedamente – ¿eso… eso… fui para ti? – me miró con tal dolor que me sentí la peor persona del mundo.

- No, no, no Susan – me acerqué a ella pero dio un paso hacia atrás.

- No, no me toques – sus ojos enfadados y dolidos se posaron en los míos – no quiero que nunca jamás vuelvas a acercarte a mí ¿quedo claro? – toda ella temblaba y las lágrimas no cesaban de caer de sus ojos – t… te di mi… amor ¿sabes? – dijo con voz temblorosa – ¡te di lo mejor de mí! – me gritó con sumo dolor – ¡y todo lo que fui para ti fue solo una cosa estúpida!, ¡no quiero volver a verte en mi vidaaaaa! – me empujó tirándome al suelo mientras salía corriendo de la casa.

Me sentí aún peor, si es que eso era posible, no podía entender ¿cuándo todo se volvió tan complicado?, mi vida era tan… estable – me senté en el suelo y me llevé las manos al rostro – ya no sabía que hacer… había lastimado a otra persona… que me amaba… - las lágrimas salieron de mis ojos sin darme cuenta… me sujeté el cabello con fuerza mientras hundía mi rostro entre mis rodillas, ¿qué clase de persona era?, ¿en qué clase de persona me había convertido?, ¿cuándo fue que cambie tanto?, ¿por qué… por qué cambié de esa manera? Me levanté sin mucho ánimo, y subí las escaleras rumbo a mi cuarto, se me había quitado el apetito… necesitaba dormir… necesitaba olvidar… pero más que nada… necesitaba ser perdonada… iba a cambiar… no importándome nada pero en verdad cambiaría, no quería lastimar a nadie más, sobre todo a Karla, no deseaba lastimarla nunca, nunca más…

****

Dennis y Karla miraban desde la cama la luna a través de la ventana, Karla mantenía en un abrazo a su joven amante.

- ¿Me querrás cuando pinte canas y la lozanía de mi rostro se haya perdido? - levanté el rostro de mi joven amante y le miré a los ojos.

- Por supuesto, ¿qué pregunta es esa, amor? – Larissa me sonrió tiernamente al tiempo que me acariciaba la mejilla.

- Bueno no sé – sonreí sutilmente – ahora tengo 26 años y tu 17 la diferencia de edad siempre estará presente y la belleza que hoy poseo… bueno – sentí mis mejillas sonrojarse – no durará siempre.

- Eres muy hermosa, terriblemente hermosa – se inclinó sobre su codo y me miró detenidamente – pero hay algo de ti que me mata por completo – delineó mi rostro con su dedo índice deslizándolo hasta mi pecho – y es tu corazón, tus sentimientos, tu dulzura, tu ternura, hasta tus miedos e inseguridades… Amo… Amo TODO, ABSOLUTAMENTE TODO DE TI – me besó sutilmente en los labios – Todo – me susurró junto con una sonrisa – así que te pido que creas en mi, si te he dado mi amor es porque Te Amo por como eres, por ser quien eres y quiero que lo siguiente que te voy a decir te quede bien claro, ¿de acuerdo? – me tomó del rostro con la palma de su mano y centró sus mieles ojos en los míos – quiero que grabes con fuego en tu mente que nunca jamás podría fijarme en alguien más que no seas tu, tienes mi fidelidad completa y absoluta, nunca jamás permitiré que nadie se interponga entre tu y yo, y te juro que nunca te engañaré así que te pido que confíes ciegamente en mí como yo confío en ti.

- Larissa… – la atraje hacia mí y la bese profundamente y me deleite en sus labios y en el interior de su boca, le besé lenta y largamente, dándole solo breves espacios para respirar.

- Soy tuya – me dijo entre besos, una y otra vez – únicamente tuya… poséeme nuevamente

Me permití hacerle el amor nuevamente, le recorrí con mis manos por completo, acariciando lentamente su bien contorneada figura, ligera y suave al tacto fue la sensación que percibí de su piel, esa piel que desprendía un aroma maravilloso y exquisito, me deje embriagar por el calor de su cuerpo, por el sabor de sus besos y por la intensidad de sus caricias; me deslicé a lo largo de su cuerpo llenándolo de sutiles besos que dejé plasmados en su juvenil piel de adolescente; me hundí en ese dulce mar y me deleité escuchando sus dulces gemidos, cada jadeo me provocaba una excitación indescriptible, me animaba a seguir probando cada espacio de ese sensible cuerpo, sabor melocotón maduro; la hice llegar una y mil veces, sencillamente no podía detenerme, necesitaba hacerla llegar al éxtasis una y otra vez.

- Ya no, espera, espera – me dijo tras haberla llevado a un quinto orgasmo – vas… vas a matarme – sus ojos cerrados y su respiración agitada se me hicieron la cosa más hermosa que había visto nunca jamás.

- Lo lamento – le dije descansando el rostro sobre su vientre – es solo que no puedo evitarlo – sonreí sobre su tersa y suave piel – me encanta hacerte llegar, amo, adoro, me encanta escucharte llegar, sentir tu cuerpo tensarse y soltarse con ese brío maravilloso… perdóname pero – me deslicé una vez más entre sus piernas – no puedo evitarlo.

- Espera vas a matarme… ¡aaaaaaaahhhh!

Me enloquecí al escucharla gemir, no lo pude resistir, la llevé una vez más al cielo… le hice acariciar los campos elíseos por sexta vez y hubiera seguido así toda la noche, pero Larissa me tomó del rostro y me jaló hacia ella tentándome con el dulce néctar que prometían sus labios y entonces me besó con desesperación y después con una calma, con una dulzura y una ternura sin igual, hasta que por fin sus labios rozaron los míos suavemente y entonces la sentí relajarse por completo entre mis brazos, sus hermosos ojos mieles estaban cubiertos por sus parpados, su respiración suave y pausada me hicieron querer protegerla para siempre, sostenerla entre mis brazos para toda la eternidad, cuidando sus sueños, cuidando su alma, esa alma pura y dulce que me había entregado solo a mí, únicamente a mí, y nada más a mí.

- “Laura” – abrí los ojos de golpe al recordar ese nombre, abracé a Larissa más a mi cuerpo y sentí una súbita sensación de malestar – “¿por qué he pensado en ella?” – miré atentamente el techo, con la mente vacía de pensamientos, pero sin embargo un presentimiento desagradable me invadió el pecho… más sin embargo por todos los medios traté de alejarlo de mi mente.


****

La hamburguesa quedo ahí, sobre mi escritorio, no tenía apetito de nada, casi iba a amanecer pero no podía dormir, me sentía tan miserable… tan culpable… quería borrar todo mi pasado, quería borrar mis pecados, mis errores, mis estupideces… quería correr tan lejos como me fuera posible y… entonces… yo… ¿qué haría si huyera?...porque… porque no podría… huir… ¿a dónde, si todo estaba dentro de mí?... ¿cómo huir de mi misma?... ¿cómo huir de mis errores?... ¿cómo escaparme de mi brutal consciencia que me decía una y otra vez… las lastimaste, a todas y a cada una de ellas… las lastimaste?... era cierto… nunca en la vida podría huir de mi misma… tenía que enfrentar mi destino… más sin embargo necesitaba creer que Karla me perdonaría… necesitaba saber que ella me acogería una vez más en sus brazos, necesitaba creer que ella comprendería mi mal proceder… necesitaba saber que ella entendería que nunca la quise lastimar, que ni yo misma he comprendido ¿cómo es que pude hacer todas y cada una de esas cosas, que ahora me llenaban de vergüenza el alma por completo, por entero. Me acosté de lado viendo la pared de mi cuarto, y musité su nombre suavemente “Karla… Karla… Karla... Karla”… era un rezo… era un rezo para ella… para la mujer que me había robado el corazón desde el primer momento en que la vi, desde la primera vez que escuché su voz esa voz que era canto de ángeles, melodía rítmica y armónica capaces de llevarme a la calma con una sola palabra venida de sus labios, de esos labios que moría por probar una vez más y esta vez… esta vez ya jamás la dejaría ir, esta vez ya nunca más permitiría que mis idioteces nos separaran… si tan solo pudiera ella perdonarme… sin tan solo pudiera ella ser capaz de darme una nueva oportunidad. Pero tenía que hacerlo ¿verdad?, si yo no había sido capaz de olvidarme de ella… de seguro a ella le pasaría igual ¿verdad?... tenía miedo, me abracé a mí misma mientras un mal presentimiento me agobiaba el alma y el corazón. “No me olvides Karla… Dios… no me alejes de tu corazón… ya pronto… ya pronto volveré… ya pronto estaré de frente a ti… ya pronto volveré a ver tus azules ojos… por favor… recíbeme con los brazos abiertos… te prometo… te juro que esta vez… esta vez todo será diferente… te prometo que esta vez… no habrá errores de mi parte… te prometo amor eterno solo a ti… solo… a ti…”

****

Román se veía cada día más demacrado… casi no comía… se mantenía a nivel con sus estudios pero sus calificaciones habían decrecido con notoriedad. Algunos de sus profesores intentaron hablar con él sin embargo no eran capaces de poder establecer comunicación con el chico quien sencillamente exigía que no se metieran en su vida académica y mucho menos en su vida personal. Esa tarde después de darle vuelta a su profesor que impartía química inorgánica se fue a un café ubicado al otro lado de la ciudad, era un sitio solo frecuentado por chicos quienes buscaban desde una relación seria hasta un simple acostón. Le llevó cerca de dos horas llegar a ese sitio, al entrar se sintió ligeramente incomodo, había demasiados chicos afeminados y eso le revolvía el estómago, miró ligeramente fastidiado a un grupo de jovenes cuyos ojos se había posado sobre su persona, el gesto de asco que les dirigió hizo que los chicos cambiaran sus sonrisas por miradas de desdén y de burla mientras hablaban entre ellos a cuchicheos sobre el arrogante rubio recién llegado… Román iba a darse la vuelta y a salir de ahí mismo, más sin embargo al volver el rostro a un lado miró las espaldas anchas y fuertes cubiertas por una chamarra de cuero negro, el cabello corto obscuro, ébano negro intenso, la piel del cuello morena… y entonces el corazón le latió desesperadamente sintió que las piernas le fallarían en cualquier momento… tenía que ser… tenía que ser… camino como autómata, sin dejar de mirar esas espaldas, una sensación de aprehensión le hizo un nudo en la garganta, con paso tembloroso se acercó poco a poco hasta ese hombre que tenía que ser él… su Julián… tenía que serlo.

- ¿Ju…lián? – preguntó sin carácter y con el aliento a medio cortar, el hombre volvió el rostro a un lado y le miró de arriba abajo, suspiró sin demasiada emoción y habló con su grave voz.

- Doscientos pesos la mamada, ciento cincuenta si quieres que te masturbe, o si quieres el acostón serán ochocientos pesos te doy el servicio de una hora completa, ahora escoge o lárgate por donde viniste – sentenció mirándolo seriamente, con un gesto de fastidio en el rostro.

- Doscientos – dijo Román con el corazón contraído de tristeza – tengo doscientos pesos – sus ojos se llenaron de lágrimas las cuales contuvo con fuerza, se parecía tanto a Julián pero no había en esos ojos la misma dulzura y ternura con la que Julián lo miraba… sin embargo necesitaba abrazar a ese desconocido cuya ceja levantada y mirada indiferente le taladraba el alma por saberse nada… absolutamente nada para él.

- Vamos – dijo el hombre – los baños de aquí son limpios y nos servirán – se levantó y camino delante de Román… Román solo le siguió… con el corazón contraído de dolor, deseaba tanto abrazar a ese desconocido y que por arte de magia se convirtiera en Julián, en su Julián quien siempre tenía una palabra de amor para él, quien siempre tenía una caricia de ternura para él… sin embargo…

Llevaban un mes de salir y Román le atosigaba con sus celos enfermizos…

- ¡Crees que no me di cuenta de cómo lo miraste? – preguntó Román iracundo mientras Rodrigo lo observaba con cara de fastidio.

- ¿Y qué? – preguntó Rodrigo fastidiado.

- ¡Cómo qué y qué? ¡crees que me vas a ver la cara de tu pendejo, imbécil? – Román lo sostuvo por la camisa y lo obligó a levantarse, inmediatamente Román recibió un puñetazo en pleno rostro que lo tiró de espaldas al suelo.

- ¡Vete a la mierda Román! – le gritó Rodrigo escupiéndole a su paso en pleno rostro – yo no soy el hijo de puta de tu ex… tu Juliancito del que me cuentas ese pobre imbécil que se dejaba mangonear por ti, ¡eres insoportable cabrón!, ¡yo no sé cómo te podía soportar ese tipo!, nunca en tu puta vida me busques de nuevo ¿te quedo claro? O juro que te parto la madre hasta dejarte tirado en un mar de sangre, maldito enfermo de mierda.

Y así Rodrigo el chico que había entrado en la vida de Román tras un servicio de doscientos pesos había salido de ella tras no soportar los constantes celos enfermizos e insultos de su joven amante. Román se había quedado nuevamente solo, con el corazón contraído de dolor y de odio… un odio que nunca podría abandonar.

****

Todo era perfecto, todo era estupendo, estaba perfectamente bien con Abigail… ¡Dios! y encima de todo había logrado el primer lugar nacional en Biología y Química; ella y yo compartíamos nuestros segundos nombres, solo para nosotras, únicamente para nosotras, ante el mundo ella seguía siendo Karla y yo Dennis, pero a solas éramos una sola persona, un solo latir, un solo pensamiento, la amaba, la amaba a un grado impensable, la amaba a un grado inimaginable, como nunca en la vida imagine que se podría amar a una persona.

- Y por ello – la voz de la profesora Adriana me sacó de mis pensamientos – nos sentimos muy orgullosos de los logros obtenidos… - la voz de la profesora Adriana estaba plagada de orgullo, mis ojos recorrieron a todos los presentes, la mayoría de los alumnos me miraban sin demasiada emoción, de hecho la mayoría no prestaba mucha importancia a las palabras de la profesora; a lo lejos vi como muchos se iban rumbo a las canchas, solo los profesores me miraban con Orgullo y Satisfacción – hay que reconocer… –siguió hablando pero francamente no me interesaba una palabra de lo que decía, en lo único que podía prestar atención era en esos ojos azules, esos mares que me observaban detenidamente, deslizándose a lo largo de mi cuerpo, podía sentir un estremecimiento invadir por completo todo mi ser, quería que todo eso se acabara, quería irme a la cama con ella, desnudarla y pasar mis manos sobre esa piel canela cuyo calor adoraba, cuyo sabor me hacía enloquecer, sus labios se entreabrieron y la humedad en mi entrepierna me hizo darme cuenta de que ella me arrebataba el alma y el corazón y hasta la vida misma.

Obtuve un diploma, montones de abrazos, cientos de aplausos, montones de bostezos, y al final una vez a solas en el laboratorio de química, obtuve lo que realmente quería…

- Así… sí, no… no te detengas – le susurré en el oído mientras la abrazaba fuertemente, su mano dentro de mi ropa interior bajo mi falda… deslizándose rítmicamente hacia delante y hacia atrás; su boca acometiendo mi cuello y el lóbulo de mi oreja sin descanso… pisadas fuera del laboratorio… sssshhhh… silencio… silencio decía mi mente mientras su lengua me torturaba lentamente el cuello con su paso húmedo y parsimonioso – bésame – le suplique al oído – ¡Oh Dios! Voy a llegar – dije en su oído y entonces me besó y exploté en un orgasmo largo e intenso que me hizo estremecer hasta última fibra de mi ser, no sentía las piernas, el placer había sido demasiado intenso, si no hubiera sido por su agarre, seguramente me habría caído de rodillas frente a ella. Me tenía sujeta entre sus brazos llenándome de suaves besos la frente y las mejillas, mi espalda estaba completamente pegada contra la pared y mis manos se aferraban a su espalda mientras sentía el lento deslizar del líquido que manaba de entre mis temblorosas piernas. La sujeté del rostro y le obligué a que me mirara, le acaricié dulcemente las mejillas y deslicé mi dedos pulgares sobre sus labios, tibios y palpitantes, ligeramente entreabiertos – Te Amo – le musité atrayéndola a mis labios, dejando plasmados en ellos todo el amor que sentía por ella. Amaba la manera en que me besaba, siempre me guiaba y yo me dejaba llevar por ella, me dejaba arrebatar por cada movimiento bien estructurado dentro de mi boca, mi cuerpo reaccionaba líquidamente con cada caricia que imprimía sobre mi cuerpo y cada una de esas caricias se quedaban grabadas en mi ser con fuego y se convertían en un tatuaje que llevaba el signo de pertenencia hacia ella.

- Eres mía – musitó en uno de mis oídos – solamente mía y de nadie más.

- Solo tuya – respondí, cerrando los ojos y llenándome de su tibio y dulce aliento el cual se había convertido en el oxígeno que necesitaba para vivir – sin ti ya no podría vivir – confesé hundiendo mi rostro en su cuello, las lágrimas se deslizaron por mis mejillas de forma inconsciente me sentía llena de una absoluta felicidad y a la vez de un temor que me socavaba el alma, un miedo atroz de llegar a perderla me hacía sentir vulnerable y temerosa – no te quiero perder nunca – sollocé en su hombro.

- No me perderás jamás – me dijo sosteniéndome el rostro para obligarme a verla a sus profundos ojos azules, esos mares tranquilos, esos océanos donde nadaba una y otra vez cada vez que le miraba y en donde con gusto moría una y mil veces y todas las que fueran necesarias con tal de sentir ese cálido resplandor azul que me envolvía el alma y me arropaba los pensamientos… al ver su mirada supe en verdad que ella me amaba… sin embargo no sabía porque extraña razón sentía esta angustia, este mal presentimiento que me agobiaba grandemente.

Estoy subiendo al avión… mi vida en Canadá dejo grandes aprendizajes y tomas de consciencia sobre mi misma… Karla… espérame… créeme cuando te digo que he cambiado, Karla, Karla, Karla ojala mis pensamientos te alcancen, ojala mi amor pueda todavía tocar tu alma… Karla ya voy hacía ti, ya voy… nuevamente hacia tus brazos… Karla… Karla… desearía tanto volverte a besar…

Me separé de súbito de sus labios y Larissa me miró con extrañeza, nuevamente pensé una vez más en Laura… ¿Por qué?... ¿Por qué regresaba ella a mi mente?, ¿qué significaba?

- ¿Sucede algo? – me preguntó Larissa con un dejo de aprensión en su voz.


- No – mentí – es solo que me pareció escuchar que intentaban abrir la puerta – ella miró en dirección a la puerta y se quedó en silencio un par de minutos.


- Creo que no hay nadie – dijo al fin y sus mieles ojos me miraron con un dejo de tranquilidad.


- Será mejor seguir con esto en casa ¿podrás quedarte hoy conmigo?


- Sin problema.

Espera por mi Karla, el avión acaba de despegar, pronto iré a verte… a suplicarte perdón.




martes, 26 de julio de 2011

El Amor Sale por los Sueños (Kazama x Sumika) one shot

Hola a tod@s Mis Fans!!!!! Sé que he tenido poco tiempo para poder escribir pero ya he vuelto de momento con este pequeño Fanfic de Sasameki Koto. Espero que les guste!!!!! Mil perdones por tanto atraso pero en serio no he tenido mucho tiempo libre.

Les Amo a tod@s y cada un@ de Ustedes!!!!


El Amor Sale por los Sueños (Kazama x Sumika)


Sumika miraba atentamente la fotografía de Kazama, suspiró por centésima vez al ver esa sonrisa dibujada en ese rostro tan perfecto.

- Sí tan solo tuviera el valor de decirte lo que siento por ti – susurró mientras dejaba descansar su cabeza sobre sus brazos, siguió con la mirada puesta en la fotografía.

Kazama entró en casa de Sumika, saludo a todos y se dirigió al cuarto de su amiga, estaba contenta y a la vez nerviosa, desde que se dio cuenta de los sentimientos que sentía por Sumika, había tenido miedo de ser rechazada como le sucedió en secundaria, a ella no podía perderla no a Sumika, así que debía tener esos sentimientos abrazados solo para sí y nada más. Decirle lo que sentía equivaldría a perderla para siempre y no estaba dispuesta a que eso sucediera. La puerta del dormitorio estaba entreabierta, Kazama se acercó a ella y se detuvo al escuchar la voz de su amiga.

- ¿Por qué me cuesta tanto trabajo confesar lo que siento por ti? – la voz de Sumika escapó de sus labios llegando a oídos de Kazama.

- “¿Sumi…chan?” – pensó Kazama, sintiendo una súbita ansiedad recorrerle el cuerpo entero, ¿a qué se refería Sumi-chan con eso?, ¿de qué sentimientos hablaba?... y sobre todo ¿a quién se refería?

- ¿Por qué me cuesta tanto trabajo decirte que me gustas mucho?, que Te Amo desde hace ya tanto tiempo atrás… no sé cómo sucedió, simplemente un día… ese… día… al mirarte… todo fue completamente diferente – suspiró profundamente provocando con ello que Kazama se llevará la mano al pecho, empezaba a doler… en verdad empezaba a doler muy intensamente… ella siempre ha sido la mejor amiga de Sumi-chan, entonces ¿cómo es que no se había dado cuenta de que su mejor amiga estaba enamorada?, sobre todo ¿cómo era posible que no supiera a quién se refería?

- Cada vez que te miró – continuo Sumika – mi corazón se acelera a tal grado que siento que saldrá de mi pecho… tu sonrisa me embelesa… cuando sonríes me siento tan feliz… en verdad Te Quiero tanto… tanto – su voz se perdió en un suspiró que dolió muy profundo en el corazón de Kazama, cuyas lágrimas se formaron en sus ojos.

- Si tan solo – la voz de Sumika – invadió sus pensamientos de nuevo – tuviera el valor de decirte cuanto Te Amo – un largo suspiro cerró esa sutil confesión de amor.

- Sumi… chan – susurró Kazama casi sin voz, no sabía qué hacer en ese momento, había escuchado de su amiga una confesión de amor a alguien a quién ella no conocía… ¿quién?, ¿quién podía haber ganado el corazón de Sumi-chan?, ¿cómo no se había dado cuenta de que el amor de su vida se había enamorado de alguien más? – Kazama se dio la vuelta dispuesta a irse pero tropezó con uno de los hermanos de Kazama quien por la fuerza del impacto la tiró al suelo dentro de la habitación de su hermana.

- ¡Kazama! – grito Sumika levantándose rápidamente para ayudar a su amiga - ¿estás bien?

- Lo siento, lo siento – dijo su hermano mientras ayudaba también a Kazama para que pudiera levantarse.

- Eres un tonto – le reclamó Sumika a su hermano.

- Lo siento – dijo el chico llevándose la mano tras la nuca frotándose el cabello varías veces – no me fije lo siento – terminó de decir y salió cerrando la puerta tras de sí.

- ¿Estás bien Kazama? – preguntó Sumika mirándola con suma preocupación, las mejillas de Kazama se encendieron en un brillante color carmín al ver tal emoción en los ojos de su amiga, plagados de una sincera preocupación.

- Sí – dijo sutilmente ya estando de pie – soltaron sus manos lentamente, Kazama no dejaba de ver a Sumika, tenía tantas ganas de gritarle que la amaba, que la quería, que le dijera que esa persona no era más importante en su vida que ella, sintió un nudo formarse en su garganta, al ver ese rostro frente a sí, al ver esos ojos, esa sutil sonrisa, no quería perderla – su rostro se contrajo de dolor, provocando la preocupación de Sumika.

- Kazama – susurró su nombre, ese nombre que Kazama quería seguir escuchando de esos labios con esa dulzura tan característica de Sumi-chan.

- Sumi…chan – dijo con la voz entrecortada y el corazón latiéndole a mil por hora, necesitaba saberlo, necesitaba saber ¿quién le había arrebatado el corazón a su mejor amiga?, necesitaba saber ¿quién le había robado al amor de su vida? – quién… - dijo con la voz temblándole… ¿quién te gusta Sumi-chan? – preguntó Kazama con la voz ahogada.

- ¿Qué? – preguntó Sumika mirándole extrañada, para después dar varios pasos atrás al tiempo que su rostro se llenaba de un sonrojo total al darse cuenta de que había sido atrapada, descubierta al fin de su más hondo y profundo secreto.

Kazama la miró tristemente, ese profundo sonrojo que se mostraba en ese rostro que imaginó para siempre suyo le daba a entender que en verdad esa persona era muy especial para ella.

- “¿Tan importante es para ti… Sumi-chan?” – pensó, sintiendo el corazón golpearle con una fuerza descomunal el pecho y una ansiedad que le carcomía profundamente el corazón.

- N…o, no… no es nadie – dijo a trastabillado las palabras, sonriendo tontamente, al tiempo que sentía como el sudor escurría por su frente – “pero que descuidada he sido, ¿qué voy a hacer ahora?” – pensó Sumika mientras cerraba los ojos y tragaba saliva.

- Me Gustas – fueron dos palabras… solo dos palabras emanadas de esos labios… Sumika abrió los ojos grandemente para ver a Kazama, cabizbaja, el cabello cubriendo sus ojos los cuales ahora más que nunca deseaba mirar para ver en ellos lo que esas dos palabras significaban realmente – Me… gustas – su voz tembló, su cuerpo se estremeció al sentir el correr de las lágrimas que quemaban su piel como ácido, deslizándose sin piedad por sus delicadas mejillas, no lo soportó más y salió corriendo, sin embargo fue alcanzada y sujeta fuertemente por la espalda en un abrazo que le obligó levantar el rostro dibujándose en él un claro gesto de sorpresa.

- T…e… Te… Qui… Quiero!!!! – el grito de Sumika se dejó escuchar claramente a lo largo del pasillo, Kazama dejó de respirar por un momento… sus ojos temblaban en lágrimas, mientras trataba de entender lo que esas palabras significaban realmente.

- Sumi… chan – susurró al tiempo que sentía el abrazo tembloroso de esos brazos que le sostenían, el rostro de Sumika estaba completamente sonrojado, sus ojos cerrados fuertemente y el corazón golpeándole el pecho desenfrenadamente a mil por hora.

Fue un sutil movimiento, Sumika nunca supo cómo sucedió, de lo único que era consciente era de esos labios que apretaban fuertemente los suyos, sus brazos cayeron a los costados de su cuerpo, sus ojos grandemente abiertos observando ese rostro de ángel, levantó las manos temblorosas una vez más y poco a poco fue entrecerrando los ojos al ver que todo aquello era real… sus manos se posaron en esos pequeños hombros, sus labios se entreabrieron y el beso se profundizó, ya no existía nada, absolutamente nada… lo único que existía en ese momento eran ellas dos.

- Ahhh Kazama… Kazama… Te Quiero… Te Quiero… Te Quiero…

- ¿Sumi… chan?

- Kazama Te Quiero…

- Su…mi…chan…

Los ojos de Sumika se abrieron lentamente, se levantó de golpe al ver a Kazama mirándole con las mejillas completamente sonrojadas.

- Ka… Kazama – el rostro sonrojado hasta más no poder, su cuerpo temblando… y entonces… un beso en sus labios, fue seguido de otro… de un llanto dulce con sabor a felicidad.

- Yo también te quiero Sumi-chan – un susurro en sus labios… un nuevo beso y entonces la felicidad invadió por completo a su corazón… una hermosa confesión provenida de un sueño… vuelta beso y abrazo… vuelta palabras que salían ahora libres como si fueran un río fluido proveniente de la más alta de las montañas.

Que importaba más nada, había tiempo… mucho tiempo para decirse todo aquello que necesitaban decirse… por lo pronto ese lenguaje sin palabras les decía todo aquello que siempre quisieron expresarse.
Un beso, un abrazo, una sonrisa y una mirada que prometía una vida llena de felicidad.

FIN

martes, 24 de mayo de 2011

Entre mi Religión y un Amor Prohibido Capítulo IV

Buenas noches mis amadas y amados seguidores, espero que esta historia les este gustando. Les mando muchismos Abrazos a tod@s y cada un@ de ustedes!!!!!!

Este capítulo va con dedicatoria especial a mi querida amiga que se siente identificada con este tipo de historias, recuerda amiga que en esta vida la vivirás tu y solo tú, no tengas miedo sé que será duro para las personas que amas que acepten el hecho de que te guste una chica, sin embargo recuerda que Dios es Amor y si amas verdaderamente entonces no puede existir esa clase de contradicciones. Saludos y espero que estes muy bien.


Capitulo I V

"Kristal Dumont"


- Es un honor para este Internado tenerle como estudiante de primer grado señorita Dumont - La madre superiora le invito a sentarse - imagino que en el trayecto de la puerta principal a mi oficina Sor Marie ya le dio los por menores de las reglas que seguimos dentro del mismo ¿cierto?

- Si, Madre, así es - dijo la chica

- Muy bien mañana en la mañana la presentaré después de la misa, su uniforme junto con su equipaje ya esta en la habitación que se ha preparado para usted, según los deseos de su padre es una habitación grande y equipada única y exclusivamente para usted.

- Lo sé así es mi padre, siempre procura lo mejor para mi - sonrió de medio lado - ahora madre si me disculpa estoy cansada por el largo viaje y quiero ir a mi habitación.

- Adelante señorita Dumont, Sor Marie la guiara.

Antes de salir de la oficina Kristal miro de nuevo a la Madre superiora.

- Ella - pregunto - ¿sabe que estoy aquí?

-Sí, ya ah sido informada.

- Muy bien - sonrió - y salió de la oficina - "Tenemos cosas pendientes tu y yo Sarah, no me daré por vencida" - entrecerró los ojos.

Sabía que la monja dormía porque su peso lo sentía de lleno sobre mi cuerpo, su respiración era tranquila y pausada, su tibio aliento traspasaba la humedad de mi ropa, su llanto había sido largo y amargo yo en verdad no deseaba herirla de ninguna forma y lo mejor era que solo nos tratáramos con cortesía, sin embargo si había alguna forma de terminar mi responsabilidad de tutoría con ella la tomaría. Levante su rostro con mis manos, sin duda parecía un ángel y mirándola detenidamente si tenía ciertos rasgos de Pauline en ella, la abracé a mi pecho nuevamente y decidí quedarme así solo un poco más, el calor que manaba de su cuerpo era casi tan cálido como el de ella y ese sentimiento mitigaba levemente mi dolor.

****

Mi nueva habitación, mi nueva y solitaria habitación, no podía quejarme era amplia y la luz entraba maravillosamente a través de las cortinas que bailaban grácilmente al compás del viento que se filtraba por el gran ventanal, me pregunto si la cama que han dejado es la misma que utilizaba Sarah.... Sarah, mi querida Sarah.... hace tanto tiempo que no te veo, desde aquel día después del sepelio de su compañera de cuarto... no ... no era solo su compañera de cuarto o su amiga, ella... esa chica era la princesa querida de mi adorada Sarah.... pareciera como si hubiese sido ayer....aún puedo recordarlo:

- ¿Sarah.... puedo.... puedo pasar? - la puerta se abrió y Kristal se asomó dentro de la habitación - ¿Sarah? - pregunto de nuevo entrando con paso vacilante mirando en derredor de la espaciosa habitación, el ventanal que daba paso al balcón estaba entreabierto y con paso inseguro Kristal se dirigió hasta el.

De pie vestida con un largo vestido negro se hallaba Sarah quien miraba hacia la nada, denotaba una enorme tristeza en su rostro y en su mirada. Kristal quedo a unos pasos de ella...

- Sarah yo… quería… más bien quiero decirte que… siento mucho la….

- No digas tonterías - la voz fría de Sarah le heló la sangre - ni siquiera la conocías... - giró su rostro lentamente hasta mirarla - ¿y aún así dices que lo sientes? - pregunto irónica clavando sus helados ojos añiles sobre los azul claros de Kristal - déjame en paz Kristal y dile a todos que se guarden sus condolencias - las lagrimas empezaron a correr sin piedad por sus ruborizadas mejillas.

- Sarah yo... yo no... quería - dio un paso al frente.

- ¡Que me dejes en paz! - le espeto mirándola con furia.

- Pero, pero... en verdad yo no...

- ¡Es que no me entiendes?! ¡sal de aquí y déjame sola!, ¡diles a todos que me dejen sola! ¡que me dejen en paz! - volvió a gritar.

Kristal salió corriendo de la habitación, esa fue la última vez que la vio.

Aquel día Sarah, ese día me di por vencida sin siquiera haber peleado, tenía miedo, tenía miedo de esa mirada tan fría, tan llena de dolor, tenía miedo y me deje vencer.... sin embargo Sarah esta vez no será así, en verdad que no será así..... ese día.... no solo tu princesa se fue, también se llevo consigo, tus ganas y deseos de vivir, se llevo lo mejor de ti Sarah... te extraño tanto.

Kristal levanto su azules ojos y los dejo vagar por el inmenso cielo que se confundía con el claro color de sus ojos poso su mirada sobre las nubles blancas y sus recuerdos la llevaron una vez más al pasado.

- Espera Saraaahh!!! - gritaba una pequeña Kristal

- ¡Vamos, vamos Kristal, corre, trata de alcanzarme!, - decía riendo una pequeña Sarah.

- ¡¡Vas muy rápido!! ¡por favor espera! - gritaba al borde de las lagrimas.

Sin embargo Sarah siguió su carrera sin detenerse hasta llegar a la cima de esa pequeña colina al llegar se tiró de bruces al piso, respiro profundamente el olor de la hierba húmeda de primavera, se dio la vuelta y miró un momento el lento surcar de las nubes blancas a través de las ramas y las hojas del árbol que adornaba esa pequeña colina, las miro vagar lentamente por el inmenso océano azul del cielo.

- ¡Sarah! - grito Kristal mirándola con los ojos llorosos - ¡Por qué eres tan cruel? ¡Por qué me dejas siempre atrás? - Sarah se incorporó hasta sentarse - ¡¡Saraaahh!! - Kistal se abalanzo a sus brazos - ¡no me dejes atrás!

- Eres muy lenta Kristal, por eso no puedes alcanzarme, pero no llores - le levanto el rostro con la mano y le beso en ambas mejillas - quizás algún día me alcances - le guiño, se levanto y empezó a escalar el gran árbol que les servía de sombra.

- ¡Sarah!... ¿por qué? - y empezó a llorar.

- No llores Kristal sino dejaras de gustarme - ante esas palabras Kristal dejo de llorar de inmediato - miró a Sarah quien le sonreía sincera.

- ¡Algún día Sarah! ¡Algún día voy a alcanzarteee! - le grito mientras le miraba escalar el árbol.

Sarah le miró una vez más y le extendió la mano invitándola a subir.

- Algún día - susurró Kristal al volver de sus recuerdos - algún día te alcanzaré - miró al frente - por ti Sarah aprendí a escalar los árboles aún cuando ello me trajo muchas caídas, sin embargo no me di por vencida si hoy subieses al árbol más alto y difícil seguro te alcanzaría, pero ahora no es tan fácil como solo subir a la rama más alta, sino el hecho de que tu hace tiempo dejaste de ser tu misma, esa chica, esa chica que tomaste por tu princesa se llevo a la tumba a la Sarah que siempre eh querido. Pero voy a recuperarte Sarah no quiero perderte otra vez, de una u otra forma voy a recuperarte. Lo juro por Dios.

****

Desperté para mi sorpresa al escuchar el canto de un pajarillo que estaba posado en la ventana, miraba hacia el interior moviendo su pequeña cabecita de un lado a otro, trino y voló dentro del cuarto posándose sobre la mesa y arrancando pequeños trozos del pan que había sobre ella, me entretuve mirándolo al menos alguien aprovechaba el desayuno, mire hacia la ventana, el día se me apetecía para salir, Sor Marie no regresaría hasta más tarde así que podía bien aprovechar para salir e ir al lago, la monja dormía sobre mis piernas y con cuidado la deje sobre el piso para no despertarla, debajo de mi cama había escondido la botella de vino que sustraje el día de ayer, al mirarla no puede evitar sonreír me imagine la cara de sorpresa de la monja si supiera la forma como iba a destaparla... antes de salir de la habitación tome el cobertor de mi cama y con el cubrí a la monja que seguía durmiendo, el aire era frío y por alguna extraña razón no deseaba que se enfermara. Salí de la habitación y me dispuse a ir al lago.

- ¿Han escuchado las noticias? - pregunto Suzette Barat una chica de cabello rojo intenso y mirada aguamarina - parece ser que una chica nueva va a ingresar al Instituto.

- ¿Una chica? ¿a estas alturas del año? - pregunto Lara Smith una chica de cabello corto rubio dorado que dejo su lectura al escuchar eso.

- Sí, así es dijo Suzette mientras se sentaba al lado de ella.

- ¿Sabes quién es? - pregunto Caroline que seguía con la mirada sobre su lectura y estaba sentada frente a ellas.

- No, no sé quién es, seguro lo sabremos mañana después de la primera misa.

- Me alegra que no seas curiosa Suzette así es como debe comportarse una señorita.

- Siempre trataré de enorgullecerte Caroline - le miro tiernamente.

- En verdad no lo tomes a mal - dijo la otra chica por lo bajo - ¿porque siempre la tienes que mirar así?

- Así ¿cómo? - susurro a Lara, con las mejillas ruborizadas.

- Aah - suspiró por lo bajo - en verdad si no supiera que es imposible juraría que estas enamorada de ella.

- ¡Bromeas!- exclamo si desearlo – no, no es eso.

- ¿No es qué? - pregunto Caroline elevando lentamente la mirada, ante esto, Suzette se levanto deprisa y le dio la espalda.

- Nada, nada - se apresuro a decir - tengo... tengo que irme.

- Pero ¿a dónde? - pregunto sonriente Lara - no tenemos clase es sábado ¿lo olvidas?

- Déjame en paz - susurro por lo bajo mirándola de soslayo un tanto cuanto molesta y más roja que una rosa - tengo que ir a confesarme es eso - dijo sin mirarlas.

- Por supuesto - se levanto Lara colocándose a su lado - sin dudad tienes que ir a confesar esos malos pensamientos tuyos - susurró.

- Lara, en verdad.... en verdad...

- Te acompañaré Suzette - dijo Caroline dejando fría a Suzette y provocando en Lara que se riera no muy discretamente.

- Sí, sí... va..vamos....

- ¿Nos acompañas Lara? - pregunto Caroline.

- No, gracias Caroline tengo otras cosas que hacer - se acerco al oído de Suzette y susurro - además no quiero interrumpir en su cita.

- Lara - dijo molesta Suzette mirándola y al volver el rostro Caroline la vio.

- ¿Te sientes bien Suzette?, estas algo sonrojada.

- ¿Algo?... yo más bien diría un por completo - sonrió burlona.

- Que me dejes en paz - dijo y se en camino, Caroline le alcanzó a los pocos pasos.

Lara se les quedo mirando un rato hasta perderlas de vista, su rostro sonriente se torno poco a poco en tristeza, sujeto su libro con fuerza a su pecho, mientras una lágrima escapaba de sus ojos.

- Debería dejar de hacer esto... - dijo para si misma - si fuera sincera conmigo misma podría serlo con ella y así quizás en vez de mirar a Caroline, me miraría a mí, me pregunto si está bien sentir esto... me pregunto tantas cosas - se quedo un momento mirando la fuente que adornaba ese lado del patio - tras un momento su rostro se torno serio y se encamino dentro del bosque.

Sarah llegó al lago se sentó a la orilla del mismo y contempló con la mirada pérdida todo en derredor, sin duda el día estaba precioso sin embargo sin Pauline, parecía un día como cualquier otro al mirar a un lado, pudo ver los restos de la pequeña fogata que había hecho para hervir las hierbas que ayudaron a desinflamar el tobillo de Jeanne, al mirar a la orilla del lago a su mente llegó la risa de Jeanne pudo verla sentada con su pie dentro del mismo riendo y para su sorpresa al llevarse la mano a los labios se dio cuenta de que estaba sonriendo.

- Esto es extraño - dijo para si - yo... no entiendo que es este sentimiento que tengo - de una forma no muy ortodoxa destapo la botella de vino y comenzó a beberlo mientras miraba a la otra orilla del lago con la mirada pérdida.

En otra parte del colegio Jeanne despertaba de su letargo, al incorporarse notó que una vez más estaba sola, al percatarse de que estaba cubierta por el cobertor de Sarah sus mejillas se sonrojaron levemente y se sintió muy contenta, arreglo la cama de Sarah y se acerco a la ventana para admirar la mediana tarde y el hermoso paisaje que le brindaba el estar en ese lugar.

Mientras tanto en la Iglesia mientras Caroline rezaba Suzette estaba en el confesionario eran evidentes los ronquidos del padre que dormía a pierna suelta dentro del mismo, cosa que Suzette agradecía al cielo.

- Perdóneme padre - dijo susurrando - porque eh pecado, tengo sentimientos extraños por la persona que está ahora aquí conmigo, me siento feliz al verla, al estar cerca de ella, cuando me sonríe, cuando toma mi mano y me lleva por el camino enseñándome las normas que debemos acatar como señoritas de alta sociedad... no sé definir bien esto que siento pero me hace sentir bien el solo hecho de estar a su lado y compartir mi tiempo con ella, somos compañeras de cuarto desde que iniciamos el Internado y me atrevo a decir que soy muy feliz tanto que no deseo que el tiempo siga trascurriendo para poder seguir a su lado. ¿sabe qué es esto que siento por ella Padre?.... ¿es algo monstruoso? - las lagrimas escaparon de sus ojos, junto con un sollozo ahogado.

En el lago Sarah llevaba ya media botella bebida a unos metros de ella escucho ruidos y detrás de unos arbustos salió Lara... Sarah le miró sin decir ni una palabra, Lara llego hasta la orilla del lago, respiro hondamente y.....

- ¡Suzzeteeeeee Te Amoooooooo! - grito a todo lo que le dieron su pulmones - ¡¡¡¡en verdad, en verdad Te Amoooooo!!!!

Sarah se quedo con la boca medio abierta mientras miraba incrédula a la chica, que suspiro profundamente y bajo la mirada, en un rápido movimiento volvió el rostro y miró a Sarah le echo una ojeada la reconoció y acto seguido sus ojos viajaron a la mano que sostenía la botella de vino a medio beber. Con paso decidido y los ojos puestos en ese tesoro camino hacia Sarah que de ver la actitud de la chica se sintió un poco amenazada. Le arrebato de la mano la botella la cual no tuvo reparo en llevarla a su boca y beberla casi hasta terminar con ella.

- ¡Hey! - protesto Sarah - si quieres beber roba tu propia botella.

- Aaahhh!!! - exhalo la chica - mirando de mohines a Sarah - ladrón que roba a ladrón - se limito a expresar.

Sarah se levanto y le arrebato la botella, la examinó brevemente y exhalo un suspiro.

- Es que casi te la has bebido toda de un solo trago - le miró molesta - que chica más extraña eres vienes y gritas a la nada que amas a otra chica y encima te atreves a beber lo que es mío, en verdad eres sumamente rarita - dijo esto último con cierta malicia como deseando lastimarla.

- ¿Rarita yo? - dijo maliciosamente Lara mirando de arriba a abajo a Sarah con aire de suficiencia - ¿me lo dice Sarah Reimyn que huyo con la chica que amaba?

- ¿A que te refieres? - dijo Sarah mirándola con verdadero enfado.

- Vamos Sarah no tienes derecho a decirme nada cuando tu amabas de igual forma a tu preciosa Pauline Darnet.

- ¡Desdice lo que estas insinuando! - la sujeto con fuerza del uniforme - dejando caer la botella al suelo y derramándose el resto del vino.

- ¡No desdeciré nada Sarah! - le espetó soltándose de sus manos - ¡no tienes ningún derecho a juzgarme cuando tu misma no has mirado la viga en tu ojo!

- ¿Estas insinuando que yo tenía las mismas manías extrañas que tu? - le miró apretando los puños y mirándola a los ojos fríamente.

- No estoy insinuando nada Sarah lo estoy afirmando, es solo que tu estas tan ciega que no has sabido darte cuenta y lo peor de todo es que Pauline también sufrió a causa de ello ¿es qué nunca viste que te amaba?

- ¿Qué estás diciendo? - susurro con los ojos muy abiertos.

- ¡Por Dios Reimyn! - termino por exasperarse - ¡se necesita que estés verdaderamente ciega para no verlo! dime ¿quién soy?

- ¿Qué? - pregunto aun extrañada.

- ¡Rayos! ¿qué me digas quien soy yo?

- ¿Tu? - le miró extrañada - ¿qué quieres decir?

- Me conoces Sarah Tu, Pauline, Caroline y yo llegamos a conversar en varias ocasiones, incluso conociste a Suzzete, ¡Quién soy yo Sarah?.

- No sé - dijo mirándola a los ojos.

- Por supuesto que no lo sabes - elevo las manos al cielo sonriendo sarcásticamente - tus ojos nunca se alejaron de Pauline, era lo único que mirabas, era a la única a la que le brindabas toda tu atención, solo a ella - dijo más tranquila - y ella Sarah, ella también estaba enamorada de ti, se notaba en la forma como te miraba, la forma como te escuchaba, ¡oh! ¿Sarah ambas eran tan tímidas que aún conviviendo en la misma habitación nunca se dieron cuenta? - pregunto fijando su mirada en la de Sarah al mirar la duda que se formo en ellos, suspiro profundamente mientras le daba la espalda y se encaminaba de regreso a la escuela, Sarah quedo como ida de este mundo, antes de irse Lara volvió el rostro y dijo.

- Sarah aún no es tarde, ¿por qué no le expresas tus verdaderos sentimientos?.... ¿sabes?... estoy segura que te escuchará. Una vez me dijo que este sitio era el lugar que más amaba de toda la escuela, seguro su espíritu vaga contenta por aquí, ¿por qué no hacerla feliz Sarah? - dicho eso siguió su camino, dejando a Sarah con el rostro bañado en llanto, un llanto que le supo dulce-amargo.

- Pauline - murmuro.

El silencio del Lago solo era roto por el leve rumor del viento colándose por entre las ramas de los árboles y por el trino de los pajarillos que cantaban sobre las ramas de los mismos, la mente de Sarah se lleno de recuerdos de Pauline, su mirada, su sonrisa, sus palabras siempre dulces y tiernas, los abrazos compartidos, en un instante recordó los últimos instantes de Pauline, y la emoción en sus cansinos ojos cuando le beso, en ese momento sus ojos se abrieron enormemente y por fin entendió las palabras de Pauline, solo hasta ese momento comprendió que le dijera que ese había sido el regalo más hermoso que le había dado... cayó de rodillas abrazándose así misma... era una extraña mezcolanza la que sentía una tristeza infinita y a la vez una alegría inmensa, duró unos minutos así, tras unos momentos enjugo sus lagrimas, se levanto se acerco a la orilla del lago y con voz clara y fuerte grito.

- ¡¡¡¡Te Amooooo Paulineeeeeeeee!!!! - Gritó con todas sus fuerzas, el viento agitó sus hermosos cabellos y sintió una sensación indescriptiblemente cálida proveniente del fondo de su corazón y acto seguido comenzó a cantar el ave Maria con todo el sentimiento de su corazón.

- Eso es – dijo Lara para si misma – sino le digo nada ¿cómo sabrá lo que siento por ella?... Sí – apretó su mano con fuerza y miro al cielo – tiene que saberlo, no importa cual sea su respuesta, pero debe saber que yo la amo – al pasar junto al jardín de rosas se animo a cortar una la que le apeteció como la más linda al verla entre sus manos sonrió.

Caroline miro un par de veces la puerta del confesionario Suzette había tardado demasiado, se levanto de su asiento y camino hasta el, iba a tocar justo cuando Suzette salió.

- Caroline… - Suzette le miró sorprendida – yo… tu…

- Has llorado – pregunto suavemente mientras miraba los ojos húmedos de la chica.

- Yo… - Suzette desvió la mirada.

- Espera – Caroline tomo su pañuelo y lo paso delicadamente sobre los parpados de Suzette – todo está bien – dijo Caroline – no importa que pase siempre seremos amigas, si algo te preocupa no dudes en decírmelo siempre estaré aquí para escucharte – Caroline le sonrió sincera – Suzette le miro fijamente, sus mejillas se ruborizaron y las lagrimas escaparon una vez más de sus lindos ojos – Suzette – dijo suavemente Caroline atrayéndola hacia sí, le beso en la frente para después abrazarla tiernamente.

En la puerta de la Iglesia Lara miraba la escena, ese beso, ese abrazo, sus manos apretaban fuertemente haciendo puños, la cálida sangre de su mano traspasada por el filo de las espinas de la rosa que se habían encajado en su carne brotaba y caía en sendas gotas sobre el piso, sus lagrimas viajaban vertiginosamente por sus sonrojadas mejillas cayendo sobre sus lustrosos zapatos, mordió su labio inferior con tanta fuerza que termino por probar su propia sangre, dio la vuelta y corrió a todo lo que le daban sus piernas, su llanto le nublaba la vista y aún así siguió corriendo internándose en el pequeño bosque hasta que cayó al tropezar contra una piedra. Se incorporo poco a poco una vez estando de rodillas se arranco con fuerza la rosa que se hallaba clavada en su mano ahogando un grito de dolor que murió en su garganta, observo la rosa detenidamente, a su mente regreso el momento en el cual Caroline besaba en la frente a Suzette; arrojo con fuerza la rosa delante de si golpeándose esta contra el tronco de un árbol, los pétalos manchados de sangre cayeron delante de sus ojos.

- Que idiota…. ¡que idiota! – se repetía - ¡¡soy tan estúpida!! – se encogió sobre sus rodillas y se soltó a llorar amargamente, Lara sentía un sin fin de sentimientos arremolinados en su corazón, tristeza, furia, vergüenza, celos, y no sabía como digerir cada uno de ellos, sin embargo daba rienda suelta a su amargo llanto sabia que estaba sola y que ahí nadie la molestaría, no habría miradas curiosas, ni preguntas, solo la naturaleza seria testigo de su dolor.

- Caroline… eso… es… ¿es sangre? – pregunto Suzette deteniéndose a la puerta de la Iglesia.


- ¿Cómo? – pregunto Caroline mirando el piso – bueno eso parece, quizás alguna chica se ah cortado.


- ¿Estará bien? – pregunto preocupada Suzette.

- Eres tan buena que te preocupas por quien ni siquiera conoces – sonrió Caroline – descuida seguro esta bien no debe ser nada grave.

- Eso espero – dijo – mientras reanudaban la marcha.


En la habitación de Jeanne esta miraba hacia el cielo recargada en la ventana.


- Seamos corteses la una con la otra – dijo quedamente Jeanne – eso es lo que Sarah me dijo y me sonrió – su corazón comenzó a latir fuertemente – y me abrazo – se ruborizo – Sarah puede ser tan dulce, tan cálida y gentil – un ruido hizo que saliera de sus ensoñaciones, un ave pequeña era atacada por un verdugo ave que se ah ganado ese nombre por decapitar a aquellas aves que ataca, al ver eso Jeanne corrió dentro de la habitación tomo una hogaza de pan y corrió de nueva cuenta a la ventana corto varios trozos y los lanzo contra el verdugo sin embargo a pesar de ello el ave seguía atacando a la indefensa ave. - ¡déjala en paz! – grito al ver como el ave golpeaba a la avecilla arrojándola sobre el tejado – lanzó otro trozo de pan y por fin logro dar en el objetivo el ave se alejo y la pequeña ave se agitaba entre estertores – Espera – dijo – te ayudaré – Jeanne logro subir al marco de la ventana y sujetándose de la parte inferior del marco salió y estiró su mano para alcanzar al pajarillo sin embargo estaba aun muy lejos de ella, la pendiente tenía cierta pronunciación sino tenía cuidado con seguro moriría – Un poco más – murmuro soltándose un poco del marco – ya… casi… - y lo logró la tomo con su mano, sin embargo en un estertor del pajarillo por reflejo Jeanne se soltó por completo del marco y empezó a caer, sus ojos se abrieron enormemente al ser consiente de que moriría.

-¡Idiota! – exclamo Sarah logrando apenas asir su mano a la de Jeanne.

- ¡Sarah! – grito Jeanne sintiéndose aliviada.

- ¿Qué esperas, sujétate con tu otra mano de mi brazo…rápido… que no aguantaré mucho.

- No, puedo hacer eso, si lo hago tendría que soltarla.

- ¿De… qué hablas? – pregunto Sarah quien se sujetaba con todas sus fuerzas del marco inferior de la ventana.

- De esta ave – se la mostró a Sarah.

- ¿Estas… diciendo… que moriré… por un ave? – Sarah se enfureció - ¡Maldita sea déjala ya!

- Noooo!!! Tengo que salvarla – Jeanne comenzó a llorar.

- Maldición – masculló Sarah por lo bajo – déjame verla otra vez – Jeanne se la mostró, tras un rápido vistazo Sarah pudo ver que ya había muerto – No hay nada que…que puedas hacer… ya ah muerto… ahora por favor déjala ir o ambas moriremos.

- ¡No! Por favor… aún la siento cálida.

- ¡Maldición no seas necia!... ¡oh!... No puedo… - Sarah resbalo un poco y en su rostro se formo un rictus de dolor - ¿quieres que… muramos? – pregunto entrecerrando los ojos por el esfuerzo que hacia, en ese momento Jeanne sintió que resbalaba de la mano de Sarah - ¡¡Que la sueltes!! – grito con enfado – Jeanne lo hizo y se sujeto del brazo de la chica, Sarah con todas sus fuerzas restantes tiro de ella mientras Jeanne miraba entre lagrimas el caer del pajarillo, Sarah hizo contrapeso con su cuerpo y se dejo caer de espaldas dentro de la habitación logrando con la inercia arrastrar consigo a Jeanne ambas cayeron con estrépito al suelo Jeanne quedo sobre Sarah.

- No es justo – murmuro Jeanne con el rostro hundido en el cuello de Saarah - ¡No es justo deseaba tanto salvarla… en verdad… tanto.

- Monja - murmuro Sarah obligándole a incorporarse – esta bien intentaste salvarla.

- Pero… pero… - le miro con el rostro anegado de lagrimas – no fue suficiente.

- ¿Sabes? En verdad no sé si pensar que eres torpe o demasiado noble.

- Es que yo… es que yo – sus lagrimas perlas oceánicas resbalaron por sus ojos como enormes cascadas por sus sonrojadas mejillas, el sol acariciando su rubia cabellera, en verdad sus lagrimas parecían diamantes, sus manos sobre sus ojos tratando inútilmente de cesar el llanto, se le miraba tan tierna, tan indefensa, que Sarah quedo prendada a tan frágil criatura, sintió ganas de protegerla elevo sus brazos y la atrajo hacia sí, la rodeo con sus brazos envolviéndola en un dulce y tierno abrazo, Jeanne siguió llorando sobre el pecho de Sarah humedeciendo su ropa, Sarah le acaricio el cabello y comenzó a cantarle suavemente la canción de cuna que su nodriza le cantará cuando era pequeña. Los rayos de sol les cobijaban y poco a poco el corazón de Jeanne comenzó a reconfortarse mientras sus ojos cedían gentilmente a los cuidados de la chica que yacía bajo su cuerpo.

- No preguntaré que te sucedió – la voz de una chica hizo que Lara se sobresaltara por un instante.

- Janice – dijo Lara sin siquiera mirarla.

- Eres mi compañera de cuarto y por encima de ello una futura dama de alta sociedad, así que levántate y ve a cambiarte de ropa.

- ¿De nuevo buscas un lugar solitario donde leer las cartas de tu querido Paolo? – sonrió burlona a sus espaldas.

- Eso no te interesa – dijo ruborizándose mientras llevaba a sus espaladas la carta que tenia en sus mano.

- Tienes razón – dijo Lara levantándose – no es de mi incumbencia – sin mirarla se encamino de regreso a los dormitorios.

- Paolo – sonrió Janice mirando la carta que tenía en sus manos – pronto estaremos juntos para siempre.

- Que estupidez – murmuró por lo bajo Lara conforme se acercaba a los dormitorios cuidando de que nadie la viera en esas condiciones – enamorarse de un hombre que idiotez – sonrió sarcásticamente – quizá... solo tengo envidia porque ese hombre corresponde a los sentimientos de Janice... en cambio yo…- una vez más las lagrimas le anegaron los ojos - ¿Qué tengo yo? – se pregunto mientras sacudía sus ropas antes de entrar a los dormitorios, se escondió tras una de las columnas de un par de chicas que salían, al ver que ya estaban lejos salió y rápidamente entro pero a medio pasillo se quedo helada al escuchar una puerta abrirse.

- Lara ¡que te ah pasado? – Suzette salió a su encuentro, plantándose frente a ella, le tomo de los hombros y le miro a los ojos; Lara desvió la mirada posándola sobre sus zapatos.

- ¿Y Caroline? – pregunto apretando los dientes.

- Se ah ido al comedor, es casi hora de la comida pero por favor dime ¿qué te ah pasado?

- Nada - dijo secamente – llevándose sus lastimadas manos tras la espalda.

- Sor Emma – dijo Suzette jalando a Lara dentro de la habitación, cerro la puerta tras de si recargándose en la misma, suspiro profundamente y miro de nuevo a Lara - ¿te has caído? ¿te duele mucho? – pregunto con tan verdadera preocupación que el corazón de Lara dolió.

Lara solo era capaz de mirar sus zapatos, sus ojos anegados de lágrimas eran cubiertos por el flequillo de su dorado cabello.


- Déjame curarte Lara – Suzette se acerco a ella y le acaricio el cabello. Lara hizo a un lado la cabeza y camino hacia la puerta.

- No es necesario que lo hagas – dijo por lo bajo – lo haré yo misma – sus lagrimas cayeron incontenibles por sus sonrojadas mejillas.

- ¡Eres tan orgullosa Lara! – dijo Suzette molesta.

- ¡Y tu tan rara! – soltó Lara de golpe, dejando impávida a Suzette.

- ¿Qu…é?... ¿Qué has… dicho? – logro apenas articular.

- Ya me oíste – se limpio las lágrimas con el envés de la mano y se volvió a mirarla con los ojos llenos de dolor – Eres una chica rara – volvió a decir y por dentro deseaba morirse por decirle esas palabras pero no podía callarse - en verdad que eres una chica rara -dijo con sorna y se odiaba por herirla así, una voz en su interior le gritaba que se callara - ¿No se te hace que estas muy pegada a Caroline? – eran los celos los que estaban hablado por ella, frunció el entrecejo – si continuas así todo el instituto rumorara de ustedes – “¡Por Dios!, ¡Por Dios Suzette! Perdóname” – suplicaba para sus adentros, Suzette dio un paso a ella – ¡No!... no te acerques a mí… no quiero gente rara junto a mí – salió rápidamente de la habitación, el llanto nublaba su vista y le impedía ver claramente, logro llegar a su habitación, al entrar se arrojo sobre la cama y lloro amargamente odiándose así misma por haberse comportado de esa manera.

- Una… chica… rara – murmuro Suzette apenas en un hilo de voz, sus ojos vacíos de emoción miraban hacia la nada, una sonrisa descompuesta afloro en sus labios, sus ojos se anegaron de lágrimas y estas se deslizaron grácilmente por sus pálidas mejillas como si fueran ríos de agua de mar - ¿eso es lo que soy? – se pregunto llevándose las manos al pecho – Lara me odia y Caroline – sus ojos se abrieron enormemente y un terrible pánico se apodero de ella – Caro…line… si ella me odiara…. No… por favor… no… preferiría morir – se quedo un momento mirando la imagen de Cristo su rostro tomo un gesto de resignación se levanto y se dirigió a su escritorio – nunca dejaré que pienses que soy una chica rara Caroline, no permitiré que pienses eso de mi jamás.

En el comedor las chicas llegaban y tomaban sus respectivos lugares, una chica se sentó al lado de otra.

- Hola – saludo con una sonrisa – es raro verte sin tus amigas.

- No deben tardar – sonrió a veces llegan justo a tiempo.

Una chica entro corriendo al comedor y con voz clara y firme anunció

- Esta confirmado Es Kristal Dumont.

La chica que estaba con la otra se levanto de golpe.

- Caroline ¿Qué sucede? – pregunto la chica extrañándose de su actitud.

- No es nada es casi la hora de la comida y tengo que ir a buscar a mis amigas, si me disculpas – se levanto temblando levemente.

- Pero has dicho que no deben tardar en llegar.

- Lo sé pero tengo que ir a buscarlas, discúlpame – sonrió forzadamente - ¿Por qué?... – se pregunto al salir del comedor, ¿Por qué Kristal? Si había logrado estabilizar ya mi mundo, mi vida, mis sentimientos… ¿Por qué? – se sentó en el borde de la fuente que estaba frente a ella, sus recuerdos le llevaron al pasado.

- ¡Oh! Mira hija cuanto lujo tan solo para festejar un cumpleaños – decía el padre de Caroline maravillado ante tanto lujo, Caroline miraba las decoraciones, las mesas con maravillosas presentaciones de comida y adornos varios, las cortinas escarlata que colgaban perfectas en los marcos de los grandes ventanales los adornos en las paredes, la orquesta al fondo tocando suave música para los invitados, los sirvientes elegantemente vestidos repartiendo bocadillos y copas exclusivamente de Champagne, más que una mansión parecía el interior de un castillo de fantasía.

- ¿En verdad es un cumpleaños padre? – pregunto incrédula

- El mago de los negocios, así es como se conoce a Dumont y créeme – dijo sin mirarla – el nunca repara en cuanto a gastos para darle lo mejor a su princesa como el llama a su hija Kristal.

- ¿Princesa?

- ¡Oh! – mírala ahí esta ella – Tanto Caroline como su padre elevaron su vista a la gran escalinata, ahí estaba Kristal con una flamante sonrisa, el impacto fue tan grande que Caroline quedo boquiabierta al mirar a esa joven princesa su porte y elegancia, su largo vestido blanco con adornos en azul que hacían resaltar el azul claro de sus ojos. En verdad parecía una encantadora princesa. Bajo las escaleras lenta y grácilmente.

- Señorita Caroline - una voz la saco de sus recuerdos - ¿Qué esta haciendo afuera? – preguntó una de la hermanas mirándola severamente.

- Lo lamento hermana – se apresuro a levantarse – enseguida entraré, mientras se dirigía de nueva cuenta al comedor – suspiro elevo su mirada al cielo y susurro su nombre – Kristal.

- No voy a irme de aquí hasta que no me digan la razón de su tan extraña posición – Sor Marie miro a ambas chicas.

- ¿Posición? - pregunto frotándose los ojos Jeanne, estaba tan cansada que apenas si podía sostenerse en pie.

- Bueno – dijo Sarah al darse cuenta de que esa situación le favorecería – Soy su tutora y como tal solo la quería conocer más íntimamente – se acerco a Jeanne y le abrazo – sonrió al ver que Sor Marie fruncía levemente el entrecejo. Sabía que de esa forma incluso le separarían de cuarto.

- Ya veo señorita Sarah - se levanto de la cama y camino a la puerta – tendré que informar de esto a la madre superiora para que le retiré la tutoría y le informe a los padres de la señorita Pauline lo que le enseño a ser con su tutoría – Sor Marie – le miro de reojo, el rostro de Sarah palideció en un momento.

- Es… esperé… - dijo titubeante – se hizo a un lado de Jeanne, no es lo que cree, resbale y ella intento sostenerme la jale conmigo y eso sucedió segundos antes de que usted entrara.

- Así que eso fue – Sor Marie sonrió a sabiendas que le estaba mintiendo – muy bien ahora les dejaré y señorita Reymin le suplico que mida sus palabras antes de utilizarlas.

Salió de la habitación dejando a Jeanne perpleja pues a penas estaba tomando conocimiento de la situación y a Sarah de pie inmutable con el rostro pálido casi temblando.

Sor Marie tenía ya horas de haberse ido Jeanne estaba sentada en el borde de su cama mirando a Sarah quien estaba sobre su cama abrazándose las piernas, la frente la tenía recargada sobre sus rodillas, el silencio que imperaba en el cuarto era sumamente incomodo sin embargo Jeanne no se atrevía a decir palabra alguna tenía miedo de que Sarah se molestara. Sin embargo su estómago le impero su deseo de comer.

- ¡Oh! – exclamo con el rostro por completo sonrojado.

- Tienes un problema – dijo Sarah sin moverse un ápice – una dama de alta sociedad no puede permitirse semejantes improperios – dijo.

- Yo… yo… lo… lo lamento – dijo completamente apenada.

- Es mejor que comas sino lo haces para mañana nos dejaran sin desayunar además – su voz tomo un dejo de molestia – no quiero que los improperios de tu estómago me alejen el sueño.

- Sarah – susurro Jeanne sintiéndose por completo avergonzada.

- Solo hazlo ¿quieres? – seguía sin mirarla – y de paso también come mi parte, no tengo hambre – se recostó de lleno en la cama dándole la espalda – “tengo que cuidar mis palabras…” – pensó tras recordar el regaño de Sor Marie – “tengo que aceptar mi responsabilidad… soy la tutora de la monja y mi deber es hacer de ella una estupenda dama… sí… tengo que honrar la memoria de Pauline… es verdad, no tengo tiempo para conmiserarme…así es… no… no tengo tiempo de sentir pena por mi misma”.

Me senté a la mesa y di un vistazo a la cama de Sarah, ella se hallaba de espaldas a mí su respiración se notaba calmada, después de que sor Marie se fuera se sentó en la cama y no dijo nada más, me pregunto ¿qué fue lo que en realidad paso?, la sopa ya estaba fría pero estaba deliciosa, sería porque en el transcurso del día no había probado bocado, me apresuré a comer en verdad estaba hambrienta.

- Oouuuuchhh – exclame al sentir un manotazo sobre mi mano.

- ¿Qué manera de comer es esa? – me pregunto Sarah mirándome seriamente – si es así como vas a comportarte durante alguna cena será una verdadera vergüenza.

- ¿Sarah? – pregunte sorprendida no entendía como era posible que se mostrara tan estricta y tranquila cuando apenas hacia poco se le veía triste y deprimida.

- Lo primero que debes hacer – me dijo – es sentarte correctamente – me tomo de los hombros y me enderece – así esta mejor… espera, no es necesario que estés tan rígida, relaja un poco los hombros, no, no tanto, eso, así está mejor ahora tus piernas júntalas para que tu cuerpo se alinee ¿lo ves? Así está mejor toma la cuchara de esta forma – su mano la poso sobre la mía guiándome en todo – sentí su calor fundirse con el mío y provoco que me ruborizara.

Vaya que esta chica no sabe comportarse en la mesa me dije para mis adentros mientras observaba sus movimientos, en si era un poco torpe y aún a sabiendas que su vocación sería la de monja y no requeriría comportarse como una dama de sociedad no pensaba darme por vencida, no entendía porque me sentía extraña cada vez que miraba su rostro tal como lo tiene en este momento, así… como si en sus mejillas estuviera descansando el arrebol de un bello atardecer. Sin duda era una chica hermosa, pero nunca llegaría a ser tan hermosa como Pauline… mi adorada Pauline…

Quisiera saber porque de repente Sarah se ah puesto tan triste, ¿será que ah recordado a Pauline? Y si es así, ¿por qué me molesta tanto?... por el amor de Dios ¿qué es lo que sucede conmigo?... ya no sé… ya no sé…

- Eh monja – Sarah le saco de sus pensamientos – no desalinees tu cuerpo, recuerda, tienes que mantener una posición adecuada de esa forma te veras linda y agraciada.

- “¿Linda?”…”¿agraciada?” – Jeanne abrió los ojos mientras recordaba aquella vez que se sentó frente a Sarah y le miró comer – “Es verdad – pensó – Sarah… Sarah se veía hermosa… se veía preciosa y sumamente agraciada”

- Oye...

- “Sarah es tan hermosa”

- Oye…

- “Sarah es en verdad una verdadera dama”

- ¿Es que no me escuchas?

- “Me pregunto si llegaré a ser algún día como ella”

- Oouuuuummm – exclamo Jeanne al sentir el golpe de Sarah sobre su cabeza.

- Deja de estar en las nubes ¿quieres?

- Aahh eso, eso dolió – dijo sobándose la cabeza.

- Lo mereces por no prestar atención.

- Lo, lo lamento – susurro – perdona.

- Sigamos – se limitó a decir.

****

Lara se hallaba metida en la tina de baño sus manos se mostraban lastimadas y sus rodillas mostraban los raspones de la caída que había tenido. Sus lagrimas no dejaba de caer, mientras Janice le leía de de espaldas a ella tras la cortina de baño la carta que Paolo le escribiera. Ya era en ellas una costumbre, cuando las cartas de Paolo llegaban Janice buscaba un sitio apartado donde leerlas con calma y después por las noches compartía su felicidad con su amiga Lara.

- “Es tan ridículo” – pensaba Lara mientras cerraba los ojos y se relajaba dentro del agua – en verdad no comprendo como alguien puede enamorarse de alguien que escribe tan ridículamente”

- ¿Verdad que es hermoso lo que me dice? – pregunto Janice llevándose la carta al pecho.

- Para que me preguntas si sabes de antemano lo que contestaré

- Porque tus negativas lo único que hacen es hacer que lo ame con más fuerza.

- Si es así – ladeo la cabeza a un lado – me parece una ridiculez.

- Sabía que dirías eso – Janice sonrió – aunque ahora no lo has dicho con temple como siempre lo haces.

- Es solo que no estoy de humor… eso… eso es todo… - cerro los ojos.

- Cuando termines de auto-compadecerte me avisas para curarte las heridas, eh robado unas cuantas cosas de la enfermería para poder curarte.

- Janice… - Lara abrió los ojos lentamente – siempre…

- Soy tu compañera de cuarto desde que iniciamos el internado ¿no es así?

- Sí… así es…

- Bien entonces no tardes demasiado.

- No…

Lara que quedo observando el techo del baño, Janice y ella llevaban una excelente relación de compañerismo y se respetaban por entero sus vidas privadas, así que para Lara le era un descanso no ocultar sus estados de ánimos, incluso intuía que Janice sabía a que causa se debían sus constantes depresiones y aún así no se entrometía para nada y Lara se lo agradecía con el alma.

- Suzette – susurro – hundiéndose dentro del agua.

****

- ¿Cómo están las chicas? – pregunto la madre superiora a Sor Marie quien estaba sirviendo una taza de té.

- Están bien.

- ¿La señorita Reymin esta tomando su responsabilidad de tutora?

- Sí, aunque le ha costado trabajo aceptarlo.

- Lo sé, sin embargo es obligatorio hacerlo para su propio bien.

- ¿Esta segura que es lo mejor? – pregunto mirando el contenido de la taza.

- ¿Esta dudando de mis acciones, Sor Marie?

- No, por supuesto que no – contesto dando la vuelta y acercándose a dejar el té sobre el escritorio.

- Por cierto – dijo la madre superiora sin dejar de leer unos papeles – mañana por la tarde llegara Sor Anne – Sor Marie detuvo su marcha y por poco deja caer la taza al suelo, sin embargo supo controlarse – haga todos los preparativos para arreglar su cuarto, lo dejo en sus manos Sor Marie, puede retirarse.

- Sí Madre superiora que pase una buena noche.

- Gracias Sor Marie.

Al salir de la oficina Sor Marie se recargo un momento en la puerta, Anne volvía, Anne volvía y con ello regresaba la felicidad al corazón de Sor Marie.

- Anne – susurro Sor Marie - ¿hace cuanto que no te veo? ¿un año? – camino en dirección de su habitación.

Sor Anne y Sor Marie habían sido estudiantes del internado, en sus años de estudiantes fueron compañeras de cuarto y siempre congeniaron perfectamente; Sor Marie aún cuanto por destino tenía el casarse con un empresario amigo intimo de su familia se rehusó con todas sus fuerzas para seguir los pasos de Anne, sin embargo Marie sabía que no era tan solo por el hecho de amar a Dios, sino que ella se había enamorado de su mejor amiga, lo había aceptado en su corazón y en su pensamiento y aún cuando sabía que Anne nunca le correspondería, quería seguir a su lado, no importaba cual era la forma y si ello implicaba ofrecer su vida a Dios lo haría con tal de estar al lado de la mujer que amaba, aunque ese amor tan impropio le causaba dolor, no podía dejar de amarla, aunque al mismo tiempo le hacía trozos el corazón cada vez que Anne le daba muestras de que su amor por ella solo sería por siempre como el que se tienen por una amiga. Así que su martirio era el propio, el que ella merecía, vivía en constante pecado y era castigada diariamente por el mismo. Su cruz estaba marcada sobre su espalda y aún cuando era doloroso cargarla, aceptaba su suplicio.

En la habitación de Kristal esta se hallaba sentada sobre las balaustras de su balcón, mirando las estrellas del cielo su castaño cabello se agitaba con el suave viento.

- Quiero verte Sarah – susurro – quiero verte. Mañana Sarah, mañana volveré a ver tus hermosos ojos… sin embargo me pregunto ¿hasta cuando podré ver tu maravillosa sonrisa una vez más? – suspiro por lo bajo.

En la habitación de Caroline esta se hallaba meditativa sentada frente al escritorio con un par de libros abiertos ante ella que ni siquiera miraba, Suzette le observaba desde su cama, se animo a pararse y se acerco hasta ella observo por encima de su hombro.

- ¿Tienes algún problema con esos temas Caroline? – pregunto sonriente – si es así puedo ayudarte.

- No – contesto secamente – es solo que estoy cansada – se levanto haciendo que Suzette se hiciera aun lado.

- Voy a acostarme de una vez – dijo pasando junto a ella sin siquiera mirarla.

- ¿Sucede algo Caroline? – pregunto con preocupación.

- No es nada – contestó mientas se quitaba la ropa, Suzette se quedo mirándola, la ropa caía de su cuerpo de forma seductora y grácil. Las mejillas de Suzette se encendieron al máximo al ser consiente de las sensaciones que le provocaba tan inocente acto de parte de su mejor amiga.

- Caro…line – susurro caminado hacia ella, se sentía atraída tal cual si el cuerpo de Caroline fuera un imán, estaba a centímetros de ella sus manos temblaban al estar casi para tocar sus hombros, no pudo resistirlo más y se recargo a su espalda, sintió a través de la tela de su camisón el calor preveniente del cuerpo de la mujer que tenía de espaldas a sí.

- ¿Suzette? – pregunto Caroline – sin volverse a verla.

- Sea lo que sea – susurro – puedes confiar en mi Caroline, lo que más deseo es tu felicidad, si tienes alguna pena me gustaría que la compartieras conmigo, quizá no pueda solucionar tu problema, pero, por lo menos descansarías la carga de tu alma.

- Gracias – susurro – agradezco tu amistad Suzette – la verdad es que por este momento necesito un abrazo, ¿podría quedarme entre tus brazos hasta que el sueño llegue a mi? – Suzette no podía creer lo que estaba escuchando Caroline se dio la vuelta sentó a Suzette sobre la cama y sin siquiera vestirse se abrazo a su cuerpo reposando su cabeza sobre el pecho de Suzette – tu corazón late muy deprisa Suzette – susurro Caroline – cerrando los ojos – se siente calido estar entre tus brazos.

- Caro..line – musito aun cuando no podía creer lo que estaba sucediendo relajo su cuerpo y hundió su rostro en el sedoso cabello de la chica que amaba – “soy tan feliz” – pensó cerrando los ojos y disfrutando de la compañía de su mejor amiga.

****

Sarah se alisto a salir por la ventana, iba vestida tal como la primera vez saliera, Jeanne se incorporo de golpe al verla en la ventana.

- Sarah ¿Qué es lo que?...

- ¿Qué quieres monja? – pregunto con fastidio pero sin mirarla

- ¿A dónde vas?

- ¿Te importa a caso? – pregunto volviendo el rostro y clavando sus azules ojos en sus pupilas.

- ¿Sarah? – Jeanne se llevo las manos al pecho al ver como se acercaba, su corazón comenzó a latir muy deprisa.

- Respeta tu promesa – le dijo – no me entrometeré en tus asuntos y tu no lo harás en los míos ¿de acuerdo? – Jeanne solo asentó con la cabeza.

- Bien entonces me voy…

- Sa…rah – susurro – Sarah se detuvo – solo… por favor… ten cuidado… - Sarah no le contesto y ni siquiera se volvió a mirarla se limito a salir dejando a la chica rubia temblando ligeramente en su cama.

La brisa agitaba sus largos cabellos negros mientras la luna se reflejaba en todo su esplendor sobre las tranquilas aguas del lago, el viento mecía suavemente las hojas de los árboles produciendo un peculiar sonido que era ignorado del todo por Sarah quien solo admiraba la noche más allá de la que estaba presenciando pues sus recuerdos le estaban regresando una vez más al pasado, hasta la noche que le dijo a Pauline que seguiría sus pasos.

- Quiero ser monja como tu Pauline.

- Sarah – susurro mientras volvía su rostro mirando el perfil de la chica que miraba de lleno hacia el lago - ¿en verdad?

- Sí- respondió sonriente – quiero estar siempre contigo.

- Sarah – repitió su nombre en un suspiro al tiempo que se recargaba sobre su hombro – no lo tienes que hacer solo porque quieras estar conmigo tienes que hacerlo porque amas a Dios por sobre todas las cosas.

- Amar a Dios por sobre todas las cosas – repitió suavemente y su rostro se torno momentáneamente serio, medito uno momento y sonrió ampliamente - Amo a Dios – dijo entusiasta – porque él hizo que nos conociéramos así que…

- Sarah – Pauline le tomo del rostro con la palma de su mano y le giro para descansar su mirada en esos inmensos océanos azules – Amar a Dios implica…

- Sssshhhhzzz- le coloco el índice en sus labios – entiendo Pauline - se inclino hacia ella tocando su frente con la suya provocando en la chica rubia un ligero sonrojo, Sarah le sonrió al tiempo que le decía en un ligero susurro – Amo a Dios y sé bien que el hecho de convertirnos en monjas no es garantía de que estemos juntas para toda la vida, pero siempre existirá la posibilidad de encontrarnos y nuestro amor a Dios nos mantendrá unidas por siempre – cerró los ojos al tiempo que envolvía entre sus brazos a Pauline y la recargaba a su hombro.

- Sarah – musitó Pauline al tiempo que temblaba levemente, al sentirla Sarah tomo la frazada que llevaban consigo se separo de Pauline un momento y la envolvió tiernamente al acabar la volvió a abrazar.

- Ya esta – le susurro al oído provocando en Pauline un sonrojo que le cubrió todo el rostro – así no pasaras frío.

- Sarah – dijo en un suspiro – eres tan dulce…

- Te Quiero Pauline y no deseo que enfermes.

- Pero Sarah tu – se volvió a mirarla preocupada – tú te enfermaras por mi causa.

- No, Pauline no será así soy muy fuerte ¿sabes? – sonrió mientras le miraba intensamente.

Sus rostros estaban tan cerca el uno del otro y se miraban con tanto cariño que el corazón de ambas latía con fuerza, Sarah acerco más su rostro al de Pauline, tanto así que pudo sentir de lleno la calidez de su dulce aliento. Un ligero destello proveniente del cielo distrajo a Pauline.

- ¡Ah! ¡Sarah Mira! – le pidió mirando maravillada hacia el obscuro firmamento.

- ¡Oh! – exclamo al ver la lluvia de estrellas que se sucedía como una interminable lluvia de luz.

- Dios a aprobado nuestra vocación Sarah –le dijo al tiempo que se recargaba en su hombro – y nos está regalando esta prueba de su amor para con nosotras.

- Pauline – sonrió Sarah al tiempo que le abrazaba – “Te Quiero – pensó – Te Quiero Tanto quiero que el tiempo pase lentamente tan lentamente como sea posible para estar siempre contigo.”

- Sarah ¿verdad que es hermoso? – suspiro.

- Es maravilloso… - dijo quedamente al tiempo que volvía de sus recuerdos, sus ojos derramaban el llanto que limpio con el envés de su mano.

- ¡Oh! es… espera… ¿y si alguien nos ve?

Sarah al escuchar esa voz volvió el rostro hasta unos arbustos que se movían escucho claramente los pasos que hacían crujir las pequeñas ramas tiradas en el suelo, se escondió entonces tras el tronco de un árbol cercano a ella y miró salir de entre el ramaje a dos chicas que parecían ser del último grado.

- No te preocupes – dijo una de las chicas – no haya nadie aquí – le dijo a su acompañante tomándola de las manos, la cual miro en todas direcciones.

- Sí eso… eso parece – dijo tímidamente – pero ¿por qué estamos aquí? Deberíamos estar en nuestra habitación – dijo la chica llevándose las manos al pecho.

- Es aburrido estar siempre en la habitación – le contesto tomando una piedra colocándose a la orilla del lago y arrojándola al agua, suspiro mientras se volvía a mirar a la chica, le admiro por un momento y se encamino de nueva cuenta hacia ella, la tomo entre sus brazos y la atrajo hacia sí dulcemente – además – le dijo retirándole el cabello de la frente – quería abrazarte a la luz de la luna, mirarte a los ojos y… besarte – Sarah abrió enormemente los ojos al presenciar ese beso.

- “¿Qué están ellas…?” – pensó sin dejar de ver la escena.

- Selene – susurro abrazándose al cuerpo de su amiga – aún así no debimos salir de la habitación.

- No te preocupes te he dicho que nadie viene por aquí estamos solo tu y yo Loriana - la abrazo a su pecho – Loriana no quiero, no quiero que te cases con él ¡no quiero! – soltó a llorar.

- Selene… yo… yo tampoco quiero pero no puedo hacer nada al respecto… sin embargo tú sabes que mi corazón es…

Sarah dio un paso atrás y piso una rama que crujió al instante provocando que ambas chicas miraran en esa dirección.

- ¡Quién esta ahí? – pregunto Selene mientras cubría a Loriana tras su espalda.

Sarah resoplo molesta pero salió, la luz de la luna llena les iluminaba perfectamente bien.


- ¿Sarah Reymin? – pregunto incrédula al tiempo que Loriana se asomaba por su hombro y la veía.

- Sí – le respondió mirándola con sus ojos de hielo.

- Escúchame bien Loriana no tiene nada que ver… todo esto… yo…

- Que molesta eres – dijo Sarah acotándola - ¿te estoy pidiendo explicaciones? – resopló molesta dándoles la espalda – Yo no eh visto nada y ustedes tampoco me han visto ¿entendieron? – dijo fríamente al tiempo que se ponía en marcha.

- Espera – le pidió Selene - ¿en verdad…?

- No eh visto nada – repitió seriamente; giro el rostro y le clavo la mirada en sus grises ojos y fue entonces cuando Selene supo que lo decía en verdad.

Sarah se alejo a paso firme sin embargo se detuvo en seco apretó las manos con fuerza y retuvo el llanto de sus ojos, se volvió a mirar a Selene.

- ¡No sabes como te envidio! – soltó de golpe y echo a correr dejando a las chicas perplejas.

Mientras corría soltó el amargo llanto del cielo de sus ojos, un solo nombre inundaba su mente y su corazón… Pauline.

****

Sor Marie termino de arreglar la habitación de su amiga, miró en derredor, podía claramente ver a Anne sentada de frente a la ventana mirando el cielo, desde que eran estudiantes hacia lo mismo toda las noches antes de irse a dormir, se sentó a la cama dejando que sus recuerdos la transportaran a esos maravillosos tiempos en los cuales se compartían el entero de sus secretos, sus travesuras y sus sueños.

- ¿Cuándo? ¿cuándo fue Anne que deje de verte como una amiga? – su semblante se torno amargamente triste – estoy… pagando con creces mi pecado… mi terrible pecado… así como Sarah pago el suyo por haberse enamorado de Paulinne.

Por su lado Sarah subió por las barda de la escuela y de un salto salió del Internado, su carruaje como siempre le esperaba, sonrió al saber que contaba con un criado de confianza. Monto y emprendió la marcha, al noche estaba empezando y el bar que solía frecuentar tendría lista ya esa distracción que tanto necesitaba para olvidarse momentáneamente del pasado y de su presente.

Por su parte Lara soportaba el dolor que le causaba el que Janice curara sus heridas, aún cuando trataba de mostrarse fuerte no podía evitar reflejar el dolor que sentía.

- No te miraré Lara así que puedes llorar todo lo que quieras – dijo Janice aplicando un poco de alcohol sobre las heridas.

- Janice – dijo la chica derramando lagrimas pues el solo hecho de haber dicho semejante cosa termino por derrumbarla, se abrazo a ella y descargo toda su pena, Janice no dijo nada tan solo le sujeto, tan solo se mantuvo a su lado, sabía el motivo de su dolor, sabía a quien amaba, era consciente de que su amiga estaba enamorada de otra chica y aunque al principio le costo trabajo asimilarlo termino por aceptarlo, pero la verdad era que le dolía, odiaba verla así… ella que siempre estaba tan animosa, que era siempre toda diversión… ella que en el fondo no era más que una chica solitaria.

Antes de acostarse Jeanne se acerco a la ventana tomo el rosario que le regalase su abuela entre sus manos y comenzó a rezar, no por el mundo, no por las gentes que sufren, no por la humanidad entera, no por su familia, no por sus compañeras… tan solo rezo en un arrebato de egoísmo por ella misma, rezo a Dios que le aclarara esa extraña emoción que esa chica le provocaba con solo ver sus ojos… y al final rezo también por ella… “Te pido Señor, te ruego que ayudes a Sarah a recuperar la sonrisa… esa sonrisa que nunca eh visto… por favor ayúdala a que halle nuevamente el camino hacia ti”

Kristal por su parte se recostó en su cama pensando en el día de mañana, tenía tantas ganas de que amaneciera, quería ver a Sarah otra vez. Se dio la vuelta mientras recordaba sus días de infancia con ella, sus juegos, las constantes burlas de Sarah por no poder alcanzarla. Necesitaba volver a verla sonreír, aunque fuese una vez más y haría lo que fuera por conseguirlo no importaba los recursos a los cuales tuviera que recurrir volvería a verla sonreír una vez más.

No estaba lejos el amanecer, un carruaje se detuvo a las afueras del Internado por la parte posterior; Sarah descendió vistiendo ropa masculina en color negro, sus ojos se mostraban ligeramente turbios, Pierre se acerco a ella haciendo una ligera reverencia a pesar de estar casi a medio metro de distancia de ella, podía apreciar el olor del brandy que parecía emanar de ella y el olor a tabaco que se había impregnado en su ropa.

- Señorita…

- No es necesario Pierre… puedo hacerlo sola – le respondió pues ya sabía que siempre se ofrecía a ayudarla para volver a entrar al Internado.

- Sí… -respondió ligeramente turbado

- No es necesario decirte que te quiero aquí todas las noches, salga o no salga yo – dijo Sarah encaminándose a la barda y arrojando su uniforme envuelto en su propio suéter.

- No faltaré – contesto mirando la habilidad felina con la que Sarah era capaz de moverse.

- Confió en ti Pierre – dijo al estar en la cima de la barda antes de desaparecer tras el salto que diera.

- Sí – respondió sutilmente, no importara que pasara él siempre estaría ahí para protegerla, la amaba demasiado como para permitirse a si mismo fallarle.

Sarah corrió por entre el bosque, le era más sencillo hacerlo en pantalones que con la falda puesta, llego hasta los dormitorios y burlando fácilmente la vigilancia subió hasta su piso, entro por el cuarto contiguo, salió por la ventana camino ligeramente tambaleante, maldiciendo haberse permitido que el alcohol le embruteciera sus sentidos, cosa que odiaba en verdad a la hora de hacer ese tipo de maniobras que le requerían cierta concentración, pero se justifico teniendo en cuenta que deseaba olvidar por un momento sus penas. Entro por la ventana, soltó un suspiro de cansancio mientras dejaba caer el bulto de su ropa, la luz de la mañana entraba ligeramente, dando una tonalidad penumbrosa a la habitación, giro el rostro y por unos momentos quedo paralizada pues estaba viendo a Pauline recostada en la cama de Jeanne.

- Pauline – susurro con voz temblorosa, se acerco a ella lentamente con los ojos anegados en lagrimas y el corazón rebosante de una extraña emoción, la combinación del brandy y sus lagrimas hicieron que no reconociera plenamente a Jeanne confundiéndola por completo con Pauline.

Jeanne dormía tranquilamente, sus labios ligeramente entreabiertos, era un sueño realmente sereno, inclusive el movimiento de su pecho se mostraba suave y rítmico, por ello no noto la sombra que Sarah imprimió a la poca luz que se colaba, se arrodillo a un lado de la cama y noto el rosado color de sus labios, su rostro se ruborizo al recordar el beso recién visto y sin ser plenamente consciente de lo que hacía, tomo con su mano la barbilla de Jeanne jalándole ligeramente para entre abrir más sus labios, se inclino hacia ella y cubrió esa fina boca con la suya… y ese… ese fue un beso… de verdad… las lagrimas que escaparon por los ojos de Sarah cayeron en las mejillas de Jeanne provocando que se despertara; al abrir los ojos pudo apreciar la suave sujeción de su boca, su cuerpo se tensó al ser consciente de la situación, sin embargo quedo presa de su propia admiración pues aunque su mente se preguntaba “¿Qué esta pasando?”, al mismo tiempo empezó a relajarse; las lagrimas de Sarah fluían sin detenerse cayendo a gota limpia sobre el rostro de Jeanne, cuyo único dolor era saber que ese beso… no era para ella… y… sin embargo… no era capaz de rechazarlo… aún cuando no le pertenecía.

Continuara!!!!!