martes, 7 de septiembre de 2010

7ma Temporada de Xena Capítulo 3


Capítulo 3
 
El Templo


 
A la noche siguiente por fin estaba a uno pasos de conseguir revivir a Xena y estaba en tiempo pues dos noches más y habría luna llena.

- Muy bien Diocles quedarás a las afueras del templo.

- Pero es muy aburrido ¿no habría forma de quedarme donde tu estés?

- Lo lamento pero no, quiero hacer un recorrido y llevaré a otros guardias a puestos en donde siento que es más vulnerable la entrada al templo.

- Será como tu digas.

Diocles se quedó en la entrada y Gabrielle dispuso a un hombre por cada esquina del templo a los demás los mandó a los andamios preparados para la vigilancia aérea una vez colocados los hombres lejos de ella se dedicó a buscar la entrada a la cámara secreta de Horus, por fin después de una revisión exhaustiva al tocar la imagen de un halcón se abrió una pequeña abertura en la cual apenas podría entrar ella, sin pensárselo dos veces tomó una antorcha y entró, la abertura a cada paso se hacia más grande hasta que por fin llegó hasta un cuarto bastante amplio con una serie de imágenes (jeroglíficos) que tapizaban todos y cada uno de los muros la única salida de ese lugar al parecer era ya fuera regresando o bien atravesando por una especie de corredor bastante largo el cual no era muy amplio, Gabrielle sin dudarlo siguió adelante paso a paso al principio del recorrido iba de frente, sin embargo metros más adelante se vio en la necesidad de ir de lado puesto que el pasillo cada vez se iba estrechando más por fin Gabrielle sintió que ya no podía más no obstante trataba de no darse por vencida regresó un poco y en donde le fue posible tener un poco de mayor movilidad se despojó de toda la ropa y armadura que traía puesta, regresó y esta vez pudo avanzar un poco más con todo ello metros adelante ya no le fue posible seguir sin embargo a lo lejos pudo distinguir claramente una especie de pasillo y al parecer ahí comenzaba otra especie de cámara, así que viendo que no era posible seguir adelante regresó pero cuan grande seria su sorpresa al ver que en el lugar donde había dejado su ropa y armaduras se encontraba una niña como de cinco inviernos mirándola extrañada.

- ¿Pero quién eres tu pequeña? - le dijo al tiempo que comenzaba a vestirse.

- Salí de casa y me he perdido no sé como he llegado aquí ¿puedes ayudarme a regresar con mi mamá?.

- Por supuesto pequeña, ven dame la mano - caminaron unos metros adelante y Gabrielle se percató de que algo no andaba muy bien cada vez se hacia más y más estrecha la salida así que tomó a la pequeña y la subió a sus hombros y comenzó a correr tan rapido como podía, casi para llegar a la primera cámara se había hecho el espacio tan estrecho que a duras penas logró bajar a la niña .

- Ya no es posible que te siga acompañando - le dijo Gabrielle - pero mira el espacio que queda es suficiente para que tu puedas seguir adelante trataré de impedir que estas paredes sigan cerrándose para que puedas llegar a salvo hasta el otro lado - Gabrielle colocó sus manos enfrente suyo y haciendo presión en su espalda trataba de impedir que siguieran estrechándose más las paredes, la niña le miró conmovida por su sacrificio.

- ¿Y tu?, si no te vas morirás.

- Por favor vete rápido no hay tiempo, yo no importo, anda vete, ¡vete ya!, ¡obedece!.

La niña salió como Gabrielle le indicó, una vez que Gabrielle vio que la niña estaba a salvo se dispuso a morir, no había traído a Xena a la vida pero ahora estarían juntas de nuevo en la muerte.

- Xena... Xena - susurró y sonrió ante el recuerdo de su amada guerrera.

Sin embargo en vez de que las paredes se siguieran cerrando algo increíble ocurrió volvieron a su estado normal y Gabrielle salió rápidamente de ahí. La niña le miraba sonriente.

- Eres valiente y noble habrías dado la vida por mí antes que salvarte tu misma pues bien, eres merecedora de estar aquí, sé lo que tratas de conseguir así que solo te diré que has venido incompleta necesitas tener contigo a la que intentarás volver a la vida y debes conseguir los ojos de Horus, estas cerca de obtenerlos... trae contigo lo que te he dicho pues esto es la entrada a la cámara secreta de Horus y una vez que te hayas adentrado no podrás salir, ven mañana y yo te abriré las puertas, pero ven completa o no habrá manera de regresar.

Entendiendo Gabrielle que se encontraba frente algún tipo de guardián no dijo más, dio las gracias y se fue, al salir de aquel lugar se sintió como nueva, sabía que estaba apunto de lograrlo, volvería a Xena a la vida, el resto de la noche la pasó buscando por donde le fue posible los ojos de Horus pero no lo consiguió, ¿en dónde podían estar?, ya había revisado con mucho esfuerzo hasta el último rincón del palacio de faraón y sin embargo no había tenido suerte, de tal forma que debían estar por algún sitio dentro de ese templo pero...¿en dónde?, recorrió palmo a palmo el resto del templo, hasta que casi al amanecer descubrió un pasadizo, entró en el llevando consigo una antorcha, el camino aunque era angosto afortunadamente no daba indicios de cerrarse sino al contrario al final de aquel corredor se encontraba una pequeña cámara y en el centro de la misma se encontraba una estatua del Dios Horus, en las cuencas de sus ojos se veían dos joyas rojas del tamaño de su puño.

- ¡Sí!, lo logré, lo logré... esos deben ser los ojos de Horus.

Al acercarse a tomarlos una ráfaga de recuerdos atravesó su mente desde el momento en que miró a Xena por primera vez, hasta el día de su muerte, para cuando tomó los ojos de Horus, se dio cuenta de que las lágrimas no dejaban de surcar sus ojos.

- Xena - musitó suavemente la bardo - pronto estaremos juntas... pronto.

Por otro lado Xena despertaba de lo que parecía ser un largo sueño. Sus primeras palabras fueron para Gabrielle y después recordó que ya no estaba más a su lado, miró alrededor de ella, el lugar en el que se encontraba solo existía una pálida luz, todo lo demás era oscuridad.

- ¡Amas a esa mujer? - una extraña voz lleno todo el lugar - ¡responde, amas a esa mujer?

Delante de Xena apareció la imagen de Gabrielle quien se encontraba hablando con el jefe de la guardia siguiente, se veía hermosa, su cabello había crecido, su mirada y actitudes denotaban una enorme madurez.

- Más de lo que pudieras imaginar - contestó Xena sin dejar de mirar a su bardo.

- ¡Mirala bien! ¡Porque quizá sea la última vez que la veas!

- ¿Qué quieres decir? - preguntó Xena mirando hacia todos lados tratando de ubicar de donde provenía esa voz.

- Arriesgará la vida por ti. Intentará volverte a la vida... si no lo logra jamás la volverás a ver... sin embargo si logra hacerlo, tendría que enfrentarse a la más cruel de todas las pruebas, y si falla su muerte será ¡terrible! ¡y ni tu ni nadie podrá evitarlo!... ¡Crees en su amor?... ¡Crees ciegamente en el amor que esa mujer manifiesta por ti?... ¡Resistirá tu corazón, romper el de ella, humillarlo, vejarlo, llenarlo de odio hacia tí?... y aún con ello ¡crees que te seguirá amando de la misma forma?.

- ¿A qué te refieres?... ¿No entiendo?

- Solo lo diré una vez mortal, solo una vez, así que presta cuidadosa atención. Si esa mujer logra volverte a la vida, tendrán que demostrar que su amor ha sido digno de que los Dioses Egipcios te vuelvan a la vida, para ello tu amor será probado de la siguiente forma. La tendrás que humillar, intentarás con todo lo posiblemente humano alejarla de tu lado, tu corazón se romperá en pedazos, y tu alma se desgarrará pues cada vez que desees decirle que le amas, deberás decirle que le odias, si no se lo dices convencida en ese momento ambas morirán y jamás volverán a estar juntas ni en esta vida, ni en la siguiente, ni siquiera en la muerte. Si tu amor es tan fuerte como para soportarlo, habrás vencido. La prueba de ella será mantenerse a tu lado no importándole cuanto le digas que la odias, ni cuantos sean tus intentos por alejarla de tu lado. Si su amor por ti, después de la prueba sigue tan fuerte como en el momento en que logre volverte a la vida, ambas estarán totalmente libres, sus vidas continuaran su ciclo normal, y aunque mueran volverán a encontrarse en la siguiente vida. ¡Por ello, vuelvo a preguntarte! ¡Su amor, logrará vencer esta dura prueba?... No es necesario que me respondas, pues la respuesta es para ti. ¡No hay nada que puedas hacer para impedir que ella siga adelante con su cometido!, solamente puedes observar, ella ha buscado este destino, ahora solo resta esperar. Si logra volverte a la vida la prueba durara de luna llena a luna llena... una cosa más, si ella llegara a fallar, la sangre le brotará por todos los poros de su piel, hasta morir, si cede ante tu actitud, le verás sangrar, entre más sangre más cercana será la hora en que ella decidirá alejarse de ti, y con ello ambas morirán.

- Pero ella... ella debe vivir, ella debe vivir... ¿no hay nada que pueda hacer?... ¡respóndeme!

No hubo contestación, sin embargo Xena volvió a mirar a su amada bardo... ¿Cuánto tiempo había pasado?, sin lugar a dudas estaba hermosa, ¡cuánto la había extrañado!... no perdía detalle de cada cosa que su bardo hacia, pues la prueba era demasiado dura y no deseaba en lo absoluto perder a Gabrielle.

- Gabrielle... Gabrielle... - susurró.

- "Bien, los ojos de Horus son míos, y esta noche estoy de guardia en el templo, hoy habrá luna llena, volverás a la vida Xena, te lo prometo" - pensaba Gabrielle.

Esa noche Gabrielle guardó en una pequeña bolsa la urna con las cenizas de Xena y los ojos de Horus, la amarró con cuidado a su cinturón y salió rumbo al patio principal en donde sus hombres le esperaban listos para hacer la guardia de esa noche. Diocles tenía planeado pedirle esa misma noche que se casará con él, todo el día la había visto de muy buen humor y esa noche era perfecta, tenía bien planeado todo, sabía que estaría como siempre a la entrada y conocía la manera de Gabrielle de como distribuiría a sus compañeros, así que con un pequeño soborno convenció a uno de sus compañeros para intercambiar lugares y mientras Gabrielle rondara por el interior del templo él saldría a su paso y a la luz de la luna llena le pediría matrimonio; en lo que Diocles repasaba su plan la guardia comandada por Gabrielle llegaba al templo de Horus, rápidamente la bardo instaló a los hombres tal como la noche anterior; cuando Gabrielle se hubo retirado Diocles intercambio su puesto; en el interior del templo Gabrielle se dirigió directamente a la cámara secreta de Horus; Diocles oculto tras una columna observaba sus movimientos, Gabrielle ansiosa de llegar a la cámara lo más pronto posible no se percató de la presencia del joven soldado tras tocar la imagen del halcón la compuerta se abrió y Gabrielle se introdujo rápidamente la pequeña puerta se cerró tras de ella.

- ¿Pero que demo...? - Diocles miraba la escena perplejo ¿qué se proponía Gabrielle?... ¿Algún tesoro?... o ¿acaso sería?... ¡¿Podría ser que ella...?! ... ¿Gabrielle?... ahora lo recuerdo ese, ese nombre... ella... ¿Gabrielle?... Ga... Gabri... Gabrielle...

Sin perder tiempo fue tras ella, pero no pudo ver cual imagen había tocado así que de inmediato empezó a tocarlos al azar. Mientras tanto Gabrielle se encontraba ya dentro de la primera cámara, la niña guardiana abrió más el estrecho pasillo y Gabrielle tomando una antorcha se apresuró a seguir su camino, la luna pronto estaría en todo su esplendor así que debía llegar lo más rápido posible, después de mucho avanzar topó con una pared en la cual se encontraba una estatua del dios Horus Gabrielle sacó las joyas rojas con cuidado y las colocó en la cuencas vacías, estos se iluminaron y de inmediato la estatua se hizo a un lado, Gabrielle tomó de nueva cuenta los ojos de Horus y entró rápidamente al interior de la cámara prendió las antorchas que se encontraban en la paredes de esa pequeña cámara, la cual se iluminó dejando ver numerosas inscripciones en las paredes y en el centro de la cámara se encontraba la estatua de Horus y frente de ella una urna grande Gabrielle dejo aun lado de la urna las cenizas de Xena mientras colocaba los ojos de Horus en la cuencas vacías de la estatua Gabrielle reparó en una de las esquinas pues en ella se encontraba un esqueleto con vestidos finos y joyas preciosas alrededor del cuello, pareciese como si estuviera sentada esperando por alguien, sus cuencas vacías perecían observar con cuidado cada movimiento realizado por la bardo, lo que provocó en Gabrielle que un frío peculiar le corriera por la espalda.

Diocles tocó el halcón y de inmediato la compuerta cedió, sin pensarlo dos veces se introdujo dentro hasta llegar a la primera cámara, al llegar a esta la niña guardiana le esperaba con una antorcha en la mano.

- Tu destino te espera... - dijo de forma estoica la guardiana mostrándole el camino a seguir.

Diocles tomó la antorcha y cegado por los celos corrió en busca de la que él consideraba la traidora de su amor.


1 comentario:

  1. uuuyyy se puso bueno esto!!!´pobre Xena... y pobre Gabrielle... lo de Diocles si no él solito se lo buscó...jujuju

    toy leyendo a cuenta gotas pa no desesperar!!!

    love,
    Nachi

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