domingo, 5 de septiembre de 2010

7ma Temporada de Xena Capítulo 2


Capítulo 2

Todo con tal de estar aquí


El corazón de Gabrielle latía con fuerza, su oponente era un hombre corpulento de mirada engreída, miraba bufonamente a la pequeña rubia, quien perdió sus armas después de un embate de este hombre, ahora era ella, el chakram de Xena y su habilidad.

- "Maldito romano es muy rápido" - pensaba Gabrielle mientras estudiaba a su oponente.

El romano por su parte parecía disfrutar el ver a la bardo sudar.

- Muy bien bomboncito, creíste poder vencerme ¿no?. ¿Qué esperas? - rió jactanciosamente el alto romano.

- Espera, solo espera un poco y ya lo verás - sonrió Gabrielle.

La sonrisa de la rubia mujer irrita al romano.

- Infeliz, acaso crees poder vencerme, ¡a mí!, ¡Auro! El más fuerte de los soldados romanos!

Uno de los soldados miraba con preocupación a la joven que se atrevía a luchar contra el monstruo de Auro. Rogaba a Júpiter que protegiera a la linda jovencita porque sabía que no contaba con oportunidades.

- "Xena, Xena, lo haré por ti" - Gabrielle corrió en dirección de Auro, asestó una patada a nivel del estómago del romano pero fue inútil, la armadura le protegió. Y éste le dió un bofetón que la mandó a un costado de él.

El romano comenzó a reír estrepitosamente.

- Ja, ja, ja, ja, ja. ¡Bha!, que juego tan aburrido, tengo mejores ideas de qué hacer contigo rubia, tal ves podamos continuar esta batalla en la... cama - se relamió los labios viendo a Gabrielle con lujuria ante las risas de sus compañeros.

- Lo siento - dijo Gabrielle incorporándose y limpiándose la sangre de la boca - pero no me acuesto con cerdos - sonrió retadora.

Todos entraron en silencio al oír esas palabras, el rostro de Auro se volvió de color carmesí violáceo, las venas de su frente se abultaron, estaba realmente fúrico.

- ¡¿A quién le llamas cerdo?!. ¡Apestosa griega! - Auro se abalanzó espada en mano contra Gabrielle.

- "Te tengo" - pensó Gabrielle al tiempo que sonreía.

Antes de que el romano le asestara cualquier golpe Gabrielle saltó por encima de él golpeándolo con las plantas de los pies en la espalda. Haciendo que Auro cayese al suelo con gran estrépito. Gabrielle miró hacia todas las direcciones buscando sus sais, pero era inútil alguien debía haberlos tomado, se apresuró a tomar el chakram esperando que desde el otro mundo Xena le ayudara a dar en el blanco, mientras tanto el joven romano preocupado por la chica griega se dirigió hasta el lugar donde el Prefecto Claugus miraba complacido la batalla.

- Mi señor Claugus, ¿no cree que es demasiado para esa pobre joven, el mandarla a pelear con Auro?

- ¡¿Qué no sabes que no puedes hablar con el prefecto?!. ¡Miserable soldado de tercera! - le dijo el lamesandalias de Gustino.

- Deja que hable, Gustino, - le dijo el Prefecto mientras miraba a la griega golpear atinadamente el rostro de Auro con su puño - en dado caso la chica pidió servir en el palacio de faraón, en donde yo soy el rey y tendrá que pasar la prueba que le he impuesto, ahora retírate ya me he rebajado bastante con solo hablarte - le dijo el Prefecto sin dejar de mirar la habilidad de la joven griega.

- Ya escuchaste a mi señor retírate miserable soldado - le dijo Gustino al tiempo que le dirigía una mirada llena de desprecio.

- "Infeliz" - pensó el joven soldado - dirigiéndose de nuevo a las filas junto con sus compañeros.

- Es hora de terminar con esto griega, esta noche te tendré en mi cama quieras o no - Auro se irguió en todo lo alto y con un movimiento de su cuello hizo tronar sus huesos sonriendo ante la estupefacción de Gabrielle.

- "Pero ¿cómo?, no entiendo cómo aun puede seguir de pie... No tengo otra opción este será mi último tiro, Xena por los Dioses ayúdame, guíame, lo necesito" - pensó la joven guerrera.

En ese momento tomó el chakram de Xena en sus manos y se dispuso a arrojarlo contra Auro.

- Ja, ja, ja,ja,ja, ¡¿Qué diablos estas intentando Griega?!, ya has utilizado ese juguete contra mí y no te ha funcionado... pobre ilusa... ja,ja,ja,ja... esta bien, lánzalo - Auro extendió las manos en forma de cruz mirando a sus demás compañeros quien le daban la aprobación entre risas y aplausos.

- "Bien, Xena, será mejor que me observes, intentaré darle de frente, como a ese infeliz que dijo llamarse samurai" - Gabrielle preparó su lanzamiento, justo antes de arrojarlo, le llega un recuerdo a su mente:


- Xena, ¿por qué no siempre lanzas de frente tu chakram para golpear a tu oponente directamente?

- Gabrielle, un arma debe ser pensante.

- ¿Qué, me quieres decir que el arma piensa? - Gabrielle sonrió.

- No en esos términos, te lo pondré así, ponte justo frente a ese árbol.

- Mmmm, ¿qué, qué vas a hacer?, no... no jugaremos a

- Descuida cortaré una manzana para ti - Xena sonrió juguetonamente.

- No te preocupes puedo subir y cortar una, en serio.

- Gabrielle...

- Esta bien, esta bien - dijo la bardo a regañadientes - así estoy bien.

- Perfecta... ahora... - Xena se colocó de lado quedando a unos cinco metros de frente a una gran piedra.

- Xena ¿qué haces?, estoy acá por si te empieza a fallar la vista.

- Gabrielle... - le dijo sin mirarla.

- Esta bien, esta bien.

Xena lanzó su chakram contra la roca este al golpear fue directamente sobre una de las ramas del árbol y la manzana cayó en las manos de Gabrielle, el chakram se ladeó y golpeó contra el tronco de un árbol grueso tomando de nuevo impulso hasta llegar a las manos de su dueña.

- ¡Vaya!, eso es asombroso, ¿cómo lo hiciste? - Gabrielle corrió al lado de Xena.

- Eso es un arma pensante, tú pones la mente y el arma hace el resto, siempre busca los ángulos a tu favor, un arma es inservible si no piensas por ella. Además tu contrincante nunca sabrá que le paso.


El recuerdo se desvaneció junto con la imagen de Xena sonriéndole y jugando con su chakram. Una lágrima se asomó por los ojos de Gabrielle pero la limpió rápidamente, no era hora de ponerse sentimental.

- Bien, busca el ángulo Gabrielle, busca el ángulo - se dijo asimisma mientras con la mirada examinaba todo el lugar - eso es ya lo tengo. "Más vale que me ayudes Xena porque no quiero terminar durmiendo con este cerdo" - pensó al mismo tiempo.

Gabrielle lanzó el chakram de Xena a un lado sin siquiera tocar a Auro, este comenzó a reír estrepitosamente casi al borde de las lágrimas.

- Pero que mala eres con tu juguete Griega, ja, ja, ja, ja, ja, ni, ni siquiera me has tocado, ja, ja, ja, ja, ja. - sus compañeros rieron de igual forma.

- Ya veremos - dijo Gabrielle con voz normal - ya veremos.

El arma voló hasta golpear contra unos escudos colgados de una de las paredes, en ese momento dió vuelta y fue a golpear violentamente contra una esquina... tomando un nuevo rumbo... un rumbo para alguien inesperado.

- ¡¡¡¡¡Aaaarrrggggghhhhh!!!!! - Auro cayó de bruces contra el suelo, todos callaron al instante, todos se miraban los unos a los otros mientras miraban incrédulos la escena.

Gabrielle se acercó al cuerpo inerte de Auro y de su cabeza sacó de un tirón el chakram que se le había incrustado a través del casco.

- Gracias Xena - dijo muy suavemente - se abrió paso entre los soldados hasta llegar frente al Prefecto.

- Bien Griega, bien, veo que no solo usas la fuerza, también la inteligencia.

- Gracias señor.

- ¿Cuál fue el trato?, ¡aahh! Sí... bien, siéntete feliz porque de ahora en adelante pasarás a ser una más de mis soldados. Careus te explicará los movimientos del palacio ahora todos pueden retirarse.

Claugus se retiró seguido de Gustino... Un hombre moreno de facciones grotescas por las duras batallas se acercó a Gabrielle.

- Veamos Griega, en donde te pondré - el hombre le vio pensativo.

- Puedo estar en cualquier lugar - le dijo Gabrielle sonriendo segura de si misma.

- Mmmmhh, si eso ya lo veo, buuufff, por el momento no se me ocurre donde dejarte - el hombre volvió el rostro - ¡¡Diocles!! - gritó.

El joven soldado que había estado preocupado por Gabrielle se acercó.

- Sí General.

- Dale algún alojamiento, no la mezcles en los dormitorios comunes no quiero problemas por una mujer.

- Sí General.

- Más tarde te asignaré a algún sitio - Careus se fue dejando a Gabrielle con Diocles.

- Te encontraré la mejor habitación para que puedas residir.

- Gracias.

- Estuviste fabulosa fue increíble esa cosa que tienes es impresionante... ¿cómo se llama?

- Chakram... es un chakram y es muy valioso para mi...

- ¿Tanto como éstas? - el joven mostró los sais de Gabrielle.

- ¿Tú?... Fuiste tu quien las robó... - Gabrielle le arrebató de las manos sus armas.

- No... no... no fui yo, se las quite a Tarles él las había tomado pero son tuyas yo solo... solo quise devolvértelas.

- Ooohh, yo... - Gabrielle se apenó - lo lamento pensé que tu.

- Descuida yo hubiera hecho lo mismo se que las armas de un soldado son lo más importante en su vida. Sígueme ya sé donde estarás cómoda - el joven le sonrió.

- Te llamas Diocles ¿cierto? - Gabrielle le sonrió al joven.

- Sí, así es y ¿cual es tu nombre? valerosa griega.

- Gabrielle... me llamo Gabrielle.

- Mmmm, no me creerás pero creo haber escuchado ese nombre anteriormente, pero no recuerdo exactamente dónde - el joven soldado hizo un intento más por recordarlo pero fue inútil - mmm, no, realmente no lo recuerdo, pero es muy hermoso.

- Gracias.

- Gabrielle, puesto que no podrás dormir en los dormitorios comunes te dejaré en lo que antes eran las habitaciones de las hijas del faraón - el joven soldado lleva a Gabrielle a través de lo que antes fuera el palacio del faraón hoy cuartel y palacio del Prefecto Claugus.

- Todo ha cambiado desde que los romanos invadieron Egipto.

- Ya has venido antes.

- No... no... pero me imagino que todo era diferente - Mintío Gabrielle pues no deseaba que el chico supiera que era una firme enemiga del Imperio Romano.

- Sí es cierto, en ocasiones me siento mal por el comportamiento de mis compañeros, ellos siempre toman lo que quieren sin importarles nada, si no fuera porque lo necesito dejaría de ser soldado.

- ¿No te gusta ser soldado? - Gabrielle le vio con más interés.

- Vas a reírte de mí pero me gusta... me gusta la... la poesía... anda ríete - el joven se sonrojó bajando la mirada hacia el suelo.

- No, eso es hermoso, a mí también me gusta la poesía - Gabrielle le tocó el brazo.

- ¿En verdad? - el soldado sonrió ampliamente - eso... eso es maravilloso tal vés después quieras compartir tus poesías conmigo.

- Por supuesto - Gabrielle le sonrió al joven soldado.

- Mira esta va a ser tu habitación, antaño era el dormitorio de las hijas del faraón lo hallarás muy cómodo, te dejaré para que descanses la comida la tienes que obtener por tu cuenta el prefecto Claugus dice que nos paga lo suficiente como para aparte darnos de comer.

- Entiendo - sonrió Gabrielle.

- Puedes venir a mi casa a comer cuando quieras mi Madre es una de las mejores cocineras del mundo.

- Lo pensaré, gracias. - Gabrielle dejo ver en su rostro un gesto de cansancio, en verdad la pelea le había agotado.

- Anda descansa, bien te lo mereces después de derrotar a alguien como Auro.

- Sí, lo haré, Gracias Diocles.

Gabrielle entró en su habitación estaba limpia de inmediato se recostó sobre el lecho, sintió el cansancio apoderarse de cada parte de su cuerpo.

- "Muy bien - pensaba - ahora solo tengo que encontrar los ojos de Horus y con ello traeré de vuelta a Xena, ¡Dioses! el cansancio es insoportable, ¡oh! Xena por lo menos antes te tenía a mi lado sea como fuere tu espíritu estaba conmigo, pero hace semanas no sé de ti, me pregunto dónde estas, ¿por qué ya no estas conmigo? Si tan solo pudiera verte y hablar contigo... pero... no te quiero muerta... te quiero viva... y conmigo a mi lado como siempre. Por el momento conseguí entrar dentro del palacio... y no me importa lo que tenga que hacer... haré todo con tal de estar aquí y lograr traerte de nuevo a la vida... Te amo... Xena... ¡maldición ¿por qué tuviste que morir?!... ¡¿por...qué?!"

Gabrielle rompió a llorar necesitaba desahogar el dolor que por días había evitado sentir, necesitaba desahogar su tristeza y soledad, sin embargo el cansancio aunado a su llanto fue tal que se rindió al sueño casi inmediatamente.

Muy de mañana al día siguiente Diocles fue a la habitación de Gabrielle, a quien encontró ya vestida y lista para empezar su trabajo como soldado del prefecto Claugus.

- Oh, que bien veo que ya estas vestida y lista.

- Así es - sonrió - y dime ¿qué es lo que haré el día de hoy?

- No lo sé tal vés por ser nueva te dejen encargada de la vigilancia de algún templo, o de ser posible aquí en el palacio, o tal vés directamente en la guardia personal del Prefecto Claugus.

- Espero que sea en un templo.

- Bueno yo de hecho estoy al cuidado del templo de Horus, ya sabes según el Prefecto debemos evitar a toda costa que la gente vaya a adorar a sus Dioses inexistentes, tu sabes bien que los únicos que existen son los Dioses Romanos por ello verás una fuerte vigilancia en todos los templos de este lugar, se dice que además hay joyas ocultas que debemos cuidar para el bienestar y poderío romano.

- ¿Así que estas cuidando el templo de Horus? - preguntó vagamente.

- Sí, tengo la guardia diurna.

- Me gustaría estar en ese lugar ha de ser interesante.

- No, no lo es yo solo vigilo el exterior. Y es muy aburrido créeme.

Ambos salieron de la habitación con dirección al patio en ese lugar se estaban formando ya las filas de soldados, después de pasar lista Gabrielle fue asignada a la guaria del palacio lo cual le desanimó mucho, ya que estuvo en ese lugar durante dos meses y los templos poseían una muy fuerte vigilancia, Diocles le invitaba a su casa a comer, conforme fue pasando el tiempo el joven soldado se enamoraba de Gabrielle cada día un poco más no solo por su belleza física sino por su belleza espiritual, platicaban de poesía, de guerra y de paz, sin embargo el corazón de Gabrielle seguía fiel a su amiga y esperaba con ansia el fin de ese mes y el comienzo del que seguía ya que durante dos noches la luna brillaría en todo su esplendor y es una de las cosas que ella necesitaba para volver a Xena a la vida, casi al finalizar el tercer mes Gabrielle y Diocles fueron asignados a la vigilancia nocturna del templo de Horus, aunque Diocles seguiría en el exterior y Gabrielle por su habilidad y fuerza vigilaría el interior junto con otros diez hombres que tendría a su mando, Diocles vió en Gabrielle a la mujer de sus sueños y no estaba dispuesto a que otro soldado la ganara para sí, por lo que decidió confesarle su amor en cuanto tuviera un poco más de dinero para así empezar su vida juntos. Una noche antes de tomar sus nuevos puestos de guardia salieron a caminar a uno de los jardines del palacio la noche estaba clara, las estrellas se veían en todo su esplendor, Diocles pensó que era el momento preciso para contarle a Gabrielle una hermosa y triste historia de amor.

- ¿Te gustaría escuchar una historia Gabrielle?

- Sí, me encantaría - dijo Gabrielle mirando al cielo sonriente.

- Bueno se dice que hace mucho tiempo hubo una princesa hermosa como el cielo estrellado en una noche clara, radiante como el sol y soberbia como el Nilo, fue entonces que un joven soldado al verla un día se enamoró perdidamente de ella, así que se juró así mismo ser el soldado más fuerte y poderoso de todo Egipto para poder defenderla de cualquier peligro que asechase su vida, entrenó incansablemente día a día, noche a noche hasta que logró ser el General en jefe de toda la Guardia de Egipto, sin embargo su corazón entristecía al darse cuenta de que jamás sería suya ya que ella estaba comprometida a casarse con su hermano quien sería el faraón de Egipto, y a pesar de todo la seguía amando con locura y desesperación, en ocasiones cuando llegaba a verla de frente ella le negaba su mirada sus ojos altivos parecían ver a través de él y sin embargo él guardaba la esperanza de llegar algún día a su corazón, la princesa sabía que él la amaba pero él no era lo suficientemente bueno para ella y de esa forma siempre que podía lo hería con su desprecio e indiferencia.

- Es algo muy triste - dijo Gabrielle al tiempo que miraba a Diocles con un dejo de tristeza en su semblante - ¿Qué sucedió con él General, logró que ella lo amara?

- Sucedió que un día un enemigo del Sur se levantó en armas y fue capaz de llegar hasta el mismísimo Egipto, el aquel entonces General en jefe de la Guardia de Egipto fue al frente dispuesto a dar su vida con tal de salvar la de su amada, sin embargo los soldados se sentían desolados y derrotados de que el enemigo llegara incluso a cruzar el Nilo por lo que perdieron las esperanzas y se dejaron vencer, el enemigo se acercaba, el General volvió a palacio lo más pronto que pudo, entonces a pesar de todas las defensas el enemigo entró dentro del palacio llegando incluso a las recamaras reales en donde se encontraba la amada del General quien por fortuna llegó hasta su aposento y con la espada en mano esperaba a que el enemigo entrara, las pisadas de los soldados eran cada vez más audibles los gritos de los soldados de ambos mandos, el ruido de hombres cayendo al suelo muertos o heridos eran audibles por doquier, fue entonces que el general volvió su rostro y miró los fríos ojos de la Princesa llenos de indiferencia y miedo, él sonrío levemente, volvió su rostro al frente y cuando los enemigos entraron éste se abalanzó sobre ellos hiriéndolos a todos de muerte sin embargo llegaban más y más soldados por fin en un rápido movimiento de espada el General del bando contrario hirió al General Egipcio quien a pesar de su herida siguió combatiendo, una tras otra herida se sumaban a su cuerpo, la sangre le manaba cual si fuera agua del Nilo, hasta que por fin casi dejó de vivir, el General contrarío se acercó a la joven Princesa con la espada en alto dispuesto a degollarla, al ver eso el General Egipcio reunió todas sus fuerzas levantándose y tomando su espada, en un rápido movimiento ambos enemigos se enterraron sus espadas el General del Sur cayó muerto de inmediato y el General Egipcio cayó a los pies de la Princesa, quien al ver el sacrificio del General se arrodilló y sin importarle la condición social lo abrazó y dejó caer las lágrimas en su rostro, el General tan solo sonrió y dejo de existir, se dice que al correr la noticia de la muerte del General en Jefe de Egipto Todos los soldados enardecieron y lograron derrotar al Enemigo, la princesa fue al templo de Horus intentando pedir perdón para su alma y con su gracia rogarle a Osiris y Anubis devolver la vida a su fiel amado sin embargo por haber despreciado el amor del General fue condenada a permanecer dentro de la cámara secreta de Horus hasta que alguien que poseyera un amor tan intenso y sacrificado como el que mostrara el General, encontrara la Cámara de Horus y así ella...

- Hey! Diocles - gritó un soldado - llama Careus dice que vayas rápido.

- Bien me tengo que ir otro día terminaré la historia te lo prometo.

- De acuerdo hasta mañana.

- Hasta mañana Gabrielle.

Gabrielle se dirigió a sus aposentos, se sentó al borde de su cama y rememoró la historia contada por Diocles, en verdad era linda sin embargo lo que necesitaba ahora era trazar un buen plan para lograr encontrar la cámara secreta de Horus.



Siguiente Capítulo:  El Templo

1 comentario:

  1. ayyy la historia!!! Gabrielle es un poko despistada... ké no??

    muy lindo, gracias bella escritora!!!

    truly yours,

    Nachi

    ResponderEliminar