jueves, 16 de septiembre de 2010

7ma Temporada de Xena Capítulo 10 Final


Capitulo 10

Tiempo 3ª Parte



Al día siguiente Xena y Gabrielle se prepararon para partir, Xena sentía unos terribles deseos por recorrer nuevamente el mundo, quería visitar a Eva volver a abrazarla y poder mirarla una vez más a los ojos así mismo quería ver a Virgil y sentarse a la mesa todos juntos como una gran familia para contar viejas historias de las aventuras que vivieron ella y Gabrielle con Joxer inclusive tenía ganas de encontrarse con Ares y Afrodita, estar viva y redimida de sus pecados de guerra le hacían sentir una libertad que jamás pensó pudiera existir, se sentía afortunada pues lo tenía todo, todo lo que pudiera desear, una mujer que no solo la amaba sino que la idolatraba, una hija que seguía el camino de la redención y el amor, el recuerdo vivo de un buen amigo en el hijo de Joxer, buenos recuerdos, una mejorada y merecida nueva fama como luchadora de la justicia y la satisfacción de saber que tenía una nueva oportunidad para disfrutar hasta el más pequeño detalle que se presentara ante ella. Termino de amarrar la silla de Argo II y acomodar las alforjas su rostro mantenía una constante sonrisa que Gabrielle disfrutaba al máximo sintió que todo lo que había tenido que pasar con tal de recuperar a Xena había valido la pena, el dolor, el sufrimiento, la tristeza, los ríos de lagrimas tenían ya un significado y una razón de haber sido, por fin podía volver a sonreír como antaño y sobretodo también se sentía libre del miedo que siempre de una u otra forma le había oprimido el corazón al saber que los crímenes que Xena había cometido en el pasado estaban por fin zanjados, Xena era ahora un Alma limpia de pecado y culpa, Xena era libre por fin era libre.

- ¿Crees que Lerey quiera venir con nosotras?

- No sé – le respondió Xena mientras acariciaba el cuello de Argo – sería bueno preguntarle tal vez desee acompañarnos es probable que quizás podamos encontrar a algún miembro de su familia.

- Iré a preguntarle – dijo al tiempo que terminaba de acomodar sus pergaminos en una de las alforjas de su caballo, Xena mientras tanto miró el cielo adornado por unas cuantas nubes blancas que surcaban lentamente el cielo.

- Me siento increíblemente bien – dijo por lo bajo – ¿estas contenta tu también Argo? – la yegua relinchó como contestación y golpeo el suelo un par de veces con su pata derecha – lo que me queda por hacer ahora es volver a ponerme en forma ¿puedes creer que Gabrielle me ha ganado?, se ha vuelto muy fuerte – tomo las riendas de ambos caballos y se encamino a la entrada de la posada donde ya la esperaba Gabrielle junto a Talius y Lerey – supongo que no vendrás con nosotros – afirmo Xena al ver a Lerey tomar del brazo al vetusto tabernero.

- Me quedaré con Talius, él necesita de alguien que le ayude en la taberna – le contesto Lerey mirando cariñosamente al tabernero.

- Ella se ha convertido en la hija que nunca tuve – contesto Talius sonriendo tiernamente.

- Me alegra que hayas encontrado un hogar y un padre Lerey – Gabrielle le abrazo – cuida bien de él – le pidió mientras se separaba de ella y abrazaba al tabernero.

- Y tu cuida bien de Xena y recuerda que siempre debes confiar en ella – le guiño

- Lo haré – dijo

- Lerey – Xena se acerco a ella y la abrazó – gracias por todo el apoyo que me brindaste espero que seas muy feliz – se separó de ella y le sacudió la cabeza revolviéndole su cabello.

- Te prometo que lo seré

- Talius cuida bien de ella – se estrecharon el antebrazo y el tabernero asintió con la cabeza.

- Buena suerte Xena y Gabrielle – dijeron al unísono Lerey y el tabernero mientras veían como se alejaban las chicas montadas en sus respectivos corceles.

Mientras en otro sitio lejos de ahí los gritos de mujeres, niños, y hombres provocaban que la piel se erizara, muchos rogaban por clemencia pero era inútil los mercenarios acababan con la vida de los hombres y los niños las únicas que se salvaban de ese destino eran las adolescentes y mujeres jóvenes todos los demás eran liquidados dos chicos jóvenes se abrieron paso entre la multitud y corrieron fuera de la aldea para buscar ayuda uno de ellos iba herido lo que hacía que la marcha no fuera tan veloz como ellos deseaban que fuera.

- Es inútil – Trevor – déjame aquí y ve por ayuda yo solo te retraso y si no nos apresuramos toda la aldea será arrasada – dijo el chico mientras en su rostro se formaba un rictus de dolor al tiempo que se apretaba aún más el costado derecho de su torso que no dejaba de sangrar.

- ¿Estás loco? - le pregunto mientras lo llevaba ya casi a rastras – eres mi hermano Sean no voy a dejarte aquí.

- Soy tu hermano mayor así que por esta vez obedece – detuvo su paso – mira te esperaré ahí ¿de acuerdo? – señalo el hueco de un árbol – ve por ayuda y no te detengas pase lo que pase.

- Pero

- Ningún pero Sean ahora corre yo te esperaré te lo prometo.

El chico se mostró dubitativo por un momento pero tras mirar la determinación en los ojos de su hermano supo que eso era lo que tenía que hacer y ayudó a su hermano a esconderse.

- Me voy ahora – dijo Sean – pase lo que pase promete que no morirás – le pido mientras le miraba desde afuera del tronco.

- Te lo prometo ahora vete, vete antes de que sea demasiado tarde – Sean asentó con la cabeza y corrió como nunca antes lo había hecho.

- Perdóname Sean – dijo Trevor mirándose la herida la cual no dejaba de sangrar – por no poder…cumplir… con… esta última prome…sa – exhalo al tiempo que dejaba de existir.

- Espérame Trevor, por favor aguanta un poco más pronto traeré ayuda.

El sol ya estaba en todo lo alto cuando Xena y Gabrielle se detuvieron para tomar un ligero refrigerio antes de continuar, sentadas a la orilla de un río Xena se preparaba para ir a pescar.

- No hay nada como una buena tarde de pesca – dijo la guerrera mientras se sacaba la armadura.

- Ni que lo digas, estoy más que segura que no saldrás del agua hasta que el sol se ponga – le dijo Gabrielle mientras recogía un poco de leña.

- ¿Cómo lo sabes? – le preguntó Xena levantando una ceja y sonriéndole con complicidad.

- Conozco a mi mujer – sonrió mientras atrapaba las muñequeras que Xena le aventará, soltando la leña de sus manos.

- ¿Qué tan bien la conoces? – le pregunto Xena quitándose el peto.

- Como la palma de mi mano – le respondió Gabrielle acercándose a ella, le rodeo el cuello con las manos y le beso suavemente.

- Gabrielle

- Lo sé – le dijo la bardo separándose de ella – alguien viene, pasos rápidos y trastabillados, por el sonido de sus pisadas diría que es pequeño.

- En verdad te has vuelto muy buena – le dijo la guerrera desenfundando la espada.

- No creo que necesites el arma, estoy casi segura que es un niño.

- ¿Sabes porque he vivido tanto? – Xena le miró levantado su ceja.

- Porque no te confías de nada.

- Exacto – le respondió la guerrera volviendo la vista al frente, en ese momento un chico salió de entre los arbustos.

- ¡Por favor ayúdanos nos atacan! – grito el chico nada más ver a Xena, al tiempo que se desplomaba al suelo y respiraba con dificultad.

- ¿Qué sucede? – Gabrielle se acerco al chico

- Mi aldea… mi her… mi hermano – decía entre jadeos tratando de controlar la respiración – mercenarios… mata… mataron a mi familia… mi hermana… se la llev… se la llevaron… por favor, aprisa… aprisa… ayúdennos.

- ¿Qué tan lejos está tu aldea?

- Por ese camino – señalo el chico hacia el bosque – hay… hay un camino al final de este bosque… lleva directo a mi aldea… mi hermano necesita ayuda, por favor… no está lejos de aquí.

- Gabrielle ve con el chico por su hermano yo iré a la aldea.

- Déjame ir contigo.

- Quisiera hacerlo sola Gabrielle – le dijo Xena y Gabrielle comprendió que Xena buscaba reencontrarse a sí misma como guerrera.

- De acuerdo iré con el chico a rescatar a su hermano.

- Gracias

- Te estaré esperando en casa de Virgil.

- No tardaré.

- Lo sé – le dijo Gabrielle mirándola intensamente mientras Xena terminaba de colocarse de nuevo su armadura, monto en Argo II, sonrió a Gabrielle y emprendió una rápida cabalgata a través del bosque.

- Pero – el chico miró las espaldas de Xena y se volvió a ver a Gabrielle ligeramente sorprendido – ella sola no podrá acabar con todos ellos – le dijo con suma preocupación en su rostro, ella le sonrió mientras le sacudía el flequillo.

- Ella es Xena la Princesa Guerrera y no hay nada que no pueda hacer, confía en ella, vamos por tu hermano – ayudó a incorporarse al chico y montaron en su caballo – “Confío en ti Amor” – pensó mientras se ponían en marcha.

Xena llegó al final del bosque e inmediatamente visualizó el camino y apremió a Argo, mientras Xena va a todo galope sobre Argo II una especie de luz multicolor la envuelve, provocando que solo por una fracción de segundo cerrara los ojos, al abrirlos visualizo un puente y a lo lejos se observaban unas casas. Arreció su cabalgata y saco su espada sonriendo ante la idea de acabar con esos mercenarios.

- ¿Estás seguro de que esta por aquí? – le pregunto Gabrielle mientras descendía con el chico del caballo.

- Sí, sí, - le dijo el chico corriendo hacia el tronco de un árbol – ¡Trevor!, ¡Trevor! ¡he vuelto!, ¡he vuelto! Te pondrás bien – dijo el chico mientras entraba en la pequeña abertura, Gabrielle le siguió de cerca - ¿Trevor? – pregunto el chico mientras palmeaba suavemente la mejilla de su hermano – despierta soy yo Sean, traje ayuda Trevor, despierta nos tenemos que ir, Trevor, Trevor anda levántate – Gabrielle trago saliva al percatarse de la situación y poso su mano en el hombro de Sean.

- Sean – le dijo con voz suave, el chico se volvió a mirarla con los ojos anegados en llanto, el rostro contraído en una mueca de dolor – lo siento – dijo Gabrielle mientras el chico negaba con la cabeza.

- No – dijo apenas audiblemente – no, ¡noooooooo! – grito y Gabrielle sintió que el pecho se le oprimía con fuerza - ¡me lo prometiste! – le grito a su hermano zarandeándolo de la ropa - ¡prometiste que no morirías!, ¡lo prometisteeeee!

- Sean – Gabrielle le tomo con ligera fuerza del brazo – estoy segura que aguanto tanto como pudo, no fue culpa de él ni tuya tampoco, por favor – le dijo mirándolo seriamente – llevémoslo a un sitio seguro – Sean se le quedo mirando por unos instantes sopesando las palabras de la chica que le miró con pesar.

- Sí – respondió el chico limpiándose las lágrimas con la manga de su camisa.

Entre los dos sacaron el cuerpo del otro chico y Gabrielle lo montó en su caballo, antes de marcharse de ese lugar miro en dirección de la aldea de ese chico, estaban muy lejos de ese lugar y aún cuando deseaba poder ir y unirse a Xena en la pelea sabía que debía respetar los deseos del amor de su vida.

Xena había enfundado su espada y miraba el ir y venir de las personas de un lado a otro, niños jugando en las calles, un pequeño mercado donde la gente compraba y vendía diversas cosas, sus azules ojos indagaron por todo el lugar de un lado a otro.

- Que extraño, todo se ve bien en este lugar – dijo la guerrera por lo bajo, un par de hombres pasaron junto a ella y le miraron ligeramente extrañados, se miraron el uno al otro y se encogieron de hombros mientras seguían su camino – no pude haberme equivocado de sitio – dijo para sí la guerrera mientras se bajaba de Argo II y la tomaba de las riendas – ¿acaso ese chico me estaría tomando el pelo?

- Hola forastera – le dijo un sujeto - ¿buscas un lugar donde alojarte? – le pregunto mirando sonriente a Xena.

- No – le contesto secamente, mientras miraba todo en derredor.

- Te haré un buen descuento y te incluiré la comida si te hospedas en mi posada – le dijo tratando de llamar la atención de Xena.

- He dicho que no – Xena clavó sus azules ojos en los marrones del sujeto que perdió inmediatamente la sonrisa.

- Pien… piénsalo bien – le dijo el sujeto tratando de volver a sonreír – incluiré también un buen cepillado para tu Yegua.

- ¿Han atacado recientemente esta aldea? – pregunto Xena sin prestar atención a las ofertas de ese hombre.

- ¿Aquí? – preguntó el sujeto llevándose la mano a la barbilla y mirando extrañado a la mujer que no dejaba de inspeccionar el lugar.

- Que yo sepa no, la última vez que atacaron esta villa fue hace 25 años.

- ¿25 años? – pregunto Xena escudriñándolo con cuidado.

- Así es.

- Entonces ¿has visto algo extraño? ¿mercenarios con esclavos que hayan pasado por aquí?, ¿sabes si en las aldeas contiguas se está cometiendo algún asalto, matando familias?

- Pero que cosas más horrendas dices – le dijo el sujeto – este lugar es muy pacifico – le dijo el tipo mirándole ofendido, ya te he dicho que aquí no ha pasado nada, ni en las aldeas vecinas lo sabríamos inmediatamente.

Xena chasqueo la lengua mientras montaba nuevamente en Argo II.

- Entiendo – dijo desde lo alto de la yegua – seguramente ese chico me ha tomado el pelo – dijo en voz baja lo suficientemente inaudible para el sujeto.

- ¿Cómo has dicho?

- Nada – dijo Xena y emprendió la marcha de regreso.

- ¡Espera por lo menos come algo! ¡Tu yegua se ve cansada! – grito el sujeto y Xena se detuvo.

- “Bueno – pensó mientras hacía dar vuelta a Argo II – no he comido aún y seguro Argo se cansó con esta carrera innecesaria” – de acuerdo – le dijo al hombre mientras se acercaba a él y descendía de la Yegua – “Seguro Gabrielle comerá algo en casa de Virgil” – pensó mientras se sentía ligeramente aliviada de ver que toda esa gente se encontraba a salvo – Guíame – le dijo Xena mientras el hombre sonreía.

- Sí, sí, por aquí, te aseguro que no te arrepentirás la mejor comida se sirve en mi Pasada.

Gabrielle había llegado a la casa de Virgil, este se encontraba partiendo leña en el patio cuando vio a su chica favorita llegar con un par de extraños, uno de ellos recostado de lleno sobre el caballo de Gabrielle, al verla corrió para alcanzarla.

- ¡Gabrielle! – le gritó y le abrazo mientras Gabrielle se separaba ligeramente de él.

- Perdona Virgil este no es un buen momento – le dijo seriamente mientras de reojo miraba al chico sin vida que llevaba acuestas en los lomos de su caballo.

- ¿Qué ha sucedido? – pregunto mirando al chico cabizbajo que venía junto a la bardo.

- El es Sean y han atacado su aldea – dijo mientras su mandíbula se tensaba – su hermano no lo ha logrado – dijo con pesar – Xena se ha ido para…

- Espera, espera – le interrumpió Virgil – mira Gabrielle se cuán importante era Xena para ti pero – posó sus manos en los hombros de la chica – ella ha muerto.

- Logré traerla de vuelta a la vida – le dijo soltándose de su ligero agarre.

- ¿Qué?

- Pero… ¿cómo?

- Es una historia muy larga, por favor lleva a Sean adentro y dale algo de comer y beber, yo… tengo cosas que hacer.

- De… de acuerdo.

- Sean por favor ve con Virgil – le dijo al chico levantando su rostro con la mano – yo me encargaré de Trevor – el chico le miró con tristeza y solo asentó con la cabeza mientras él y Virgil entraban en la casa.

- “Dales su merecido Xena” – pensó la bardo mientras se volvía para ver el camino andado – y por favor vuelve pronto.

La noche llegó y Gabrielle encendió la pira funeraria para el hermano de Sean, quien miraba tristemente las lenguas de fuego que se alzaban con violencia al cielo, Gabrielle hizo una oración y posos las manos en los hombros del chico que derramaba lagrimas de tristeza. Cuando el fuego se hubo extinguido los tres entraron a la casa de Virgil, Gabrielle miró el camino vacío tal parecía que Xena aún no volvería, cosa que empezó a preocuparla.

- No puedo creer que Xena tarde tanto – dijo Gabrielle ligeramente nerviosa.

- Gabrielle ¿estás segura de que Xena ha vuelto a la vida?

- No estoy loca si es lo que estas pensando Virgil, ni veo visiones, fui hasta Egipto para poder revivir a Xena, con la ayuda de una anciana llamada Sabak, quien me pidió que consiguiera los ojos de Horus y…

- Espera, espera… ¿Egipto? ¿te fuiste a Egipto?

- De acuerdo te contaré lo que paso, todo empezó cuando…

Xena había terminado de comer, estaba bebiendo un tarro de vino mientras pensaba en lo que haría de ahora en adelante, sin lugar a dudas su vida de errante viajera no podía terminar de la noche a la mañana pero también era cierto que quería vivir una vida tranquila y feliz al lado de Gabrielle; se miró en el reflejo del obscuro vino y por primera vez se dio el tiempo de observar su rostro, suspiró ligeramente al darse cuenta de que no había cambiado casi nada, seguía teniendo los mismos rasgos que vio reflejados cuando era joven en su primer tarro de vino. Dejo el tarro sobre la mesa y centró sus ojos en los apacibles comensales que platicaban entre ellos y comían tranquilamente.

- “Debería decirle a Gabrielle que nos hospedáramos unos días aquí, realmente es muy pacifico este lugar y la comida no está nada mal – sonrió ligeramente – seguramente su buen estómago lo sabrá apreciar; daré una vuelta por la aldea y después volveré con Gabrielle”

Gabrielle había terminado de contarle a Virgil todos los pormenores de su viaje a Egipto incluyendo su estancia en la taberna del viejo Talius. Virgil aún no podía creer que Xena hubiera podido regresar a la vida.

- Lo que me cuentas es algo en verdad increíble – le dijo el chico quien desvió la mirada a la ventana y observó como el cielo empezaba a clarear – esta amaneciendo – dijo y Gabrielle sintió que el pecho se le contraía de angustia.

- Tengo que ir a buscarla no es posible que aún no haya regresado – dijo levantándose de golpe – cuida de Sean por favor.

- Espera Gabrielle, no has dormido nada – se levantó de la mesa – déjame ir a buscarla tu espera con Sean si se despierta seguro preguntará por ti.

- Pero

- Anda – le sonrió – cualquier cosa regresaré inmediatamente para avisarte ¿de acuerdo?

- Gracias Virgil pero…

- Hazlo por él – le dijo Virgil mientras volvía el rostro a su recamara donde se hallaba dormido el chico. Gabrielle vio la puerta del dormitorio de Virgil y no muy convencida acepto.

- Por favor regresa pronto con noticias suyas.

- Lo haré descuida.

Virgil salió a toda prisa, Gabrielle se sentó en la mesa nuevamente, saco sus sais y las giró en sus manos nerviosamente.

- Mierda – dijo por lo bajo – debí haber ido con ella – se levanto de la mesa y se guardo sus armas, abrió la puerta del dormitorio del chico y este se hallaba dormido, su rostro se notaba cansado pero se veía tranquilo, Gabrielle se sentó en el umbral de la puerta recargándose en el marco de la misma – “regresa pronto Xena” – pensó mientras miraba con detenimiento el techo de la casa.

Xena había recorrido todo el sitio y en verdad lucía completamente tranquilo, habían pasado un par de horas desde que dejo a Gabrielle y ya la echaba de menos.

- Será mejor que regrese con Gabrielle, parece ser que todo fue una falsa alarma.

Se dirigió a las caballerizas del establo y al entrar un chico estaba bañando a Argo II, la Yegua parecía bastante complacida con ese servicio. Xena levantó una ceja mientras escuchaba un suave relincho de la Yegua, sonrió y miró al chico.

- Asegúrate de asearla bien volveré en un rato – dijo mientras se iba al mercado ya que estaba ahí le compraría algún regalo al amor de su vida.

Mientras tanto una hora después del amanecer Virgil regresaba a todo galope, entró a la casa rápidamente y vio a Gabrielle dormitando en el umbral de la puerta de su recámara.

- Gabrielle despierta – le apresuró el joven.

- ¿Eh?, ¿qué pasa?

- Gabrielle, la otra aldea ha sido arrasada y no hay rastros de Xena por ningún lado.

- ¿Qué dices? – el rostro de la chica palideció en un instante, se levantó a toda prisa y salió de ese lugar, tomo el caballo de Virgil y emprendió una rápida cabalgata – “Esto no puede estar pasando, no puede estar pasando” – pensó mientras obligaba al animal a ir más y más rápido.

Una hora después Xena volvía a las caballerizas, su yegua estaba impecable y se notaba muy complacida, Xena le dio al chico un par de dinares y montó a su yegua.

- Vamos Argo que Gabrielle ha de estar preocupada y yo ya he gastado demasiado tiempo en este lugar – la yegua relinchó como si asentara lo dicho por su dueña y salió a toda prisa.

En su camino de regreso Xena noto algunos cambios el camino estaba más amplio y juraba que había visto algunos árboles pequeños pero ahora todo se notaba ligeramente distinto, ralentizo el andar de Argo mientras intentaba entender porque todo parecía extraño y poco familiar.

- Gabrielle no puedes hablar en serio, han pasado tres días y apenas has vuelto ¿y ya piensas marcharte de nuevo? – le preguntó Virgil mientras intentaba detenerla.

- Suéltame Virgil voy a encontrarla y si para eso es necesario ir hasta Egipto nuevamente lo haré – le dijo con suma decisión.

- Si Xena desapareció entonces…

- No, no, no Virgil ella no pudo haber desaparecido.

- Pero entonces ¿en dónde?...

- Eso es justo lo que averiguaré – montó en su caballo y emprendió la marcha – “te encontraré Xena donde quiera que estés”

Xena bajo un par de veces y registro el camino, su instinto le decía que algo había cambiado y eso le hizo inquietarse un poco, montó de nueva cuenta en Argo II y emprendió una veloz carrera hasta detenerse a menos de un kilometro de la casa de Virgil, se detuvo cuando vio una familiar silueta dirigirse hacia ella. Sonrió y bajo de la yegua.

- Gabrielle – le dijo mientras se acercaba a ella y la abrazaba provocando un gesto de sorpresa en la chica que le hizo a un lado con las manos.

- ¿Te conozco? – pregunto la chica

- ¿A qué juegas Gabrielle y cómo hiciste para que te creciera tan rápido el cabello? – pregunto sonriente.

- ¿Cómo sabes mi nombre forastera?

- Gabrielle sé que me tarde y lo siento sé que debí volver en cuanto supe que todo había sido una falsa alarma.

- ¿De qué estás hablando? – preguntó la chica con una franca cara de incomprensión. Xena le observó con cuidado y perdió lentamente la sonrisa al darse cuenta de que esa chica era idéntica a Gabrielle pero a la vez era como si no fuera ella.

- ¿Gabrielle?

- Sí – le respondió la chica que también escudriño el rostro de esa mujer y poco a poco una mueca de sorpresa se apodero de ella – no… no puede ser… tu eres… tu eres Xena la princesa Guerrera…

- ¿Xena? – la voz de un hombre le hizo volver el rostro, un hombre de aproximadamente cincuenta y tantos inviernos le miró azorado; la mandíbula de Xena descendió ligeramente al percatarse de que se trataba de su literalmente hablando viejo amigo Virgil

- ¿Xena eres tú? ... por Elí no has cambiado nada... ¡oh!... ella... ella es mi hija Gabrielle.

- ¡Qué?... ¿Tu... hija? - pregunto con azoro mientras se volvía a mirar a la chica que tenía frente a ella.

Había sido un arduo e infructuoso viaje, Gabrielle había gastado cinco años de su vida buscando a Xena por toda la tierra conocida, desde las más lejanas montañas hasta la tierra de los muertos y simplemente no había un solo rastro de su guerrera, se había llegado a preguntar si todo eso no había sido más que un sueño, pero había sido tan real, Xena de vuelta a la vida… Xena sosteniéndola entre sus brazos una vez más… ¿es que acaso se había vuelto loca por el dolor que su muerte le causo?... no, no, no, no podía ser así… ella había retornado a Egipto pero la vieja Sabak había muerto, regreso a la taberna del viejo Talius pero este había muerto hacía tres años atrás y de Lerey nadie sabía nada… ¿acaso todo fue producto de su imaginación?, había consultado a Ares y Afrodita pero ellos no sentían la presencia de Xena en ese mundo, Ares le había dicho que por fin había perdido la cabeza ya que si Xena viviera inmediatamente lo hubiera sabido, y eso dejo desconcertada a Gabrielle a tal grado que en verdad empezó a creer que se había vuelto una demente y eso sumado a no tener la urna de las cenizas de Xena consigo y haber visto el templo de Horus destruido lo mismo que los de los demás Dioses egipcios le hicieron pensar en verdad que en su locura había perdido lo más valioso que llevaba consigo, las armas de la mujer que amaba y sus cenizas. Su única esperanza residía en volver a la casa de Virgil y ver a Sean ya que él fue el último que vio a Xena junto con ella. Al atardecer había llegado la casa seguía igual y Virgil una vez más estaba en el patio cortado leña. Cuando vio a Gabrielle entrar en su patio no dio crédito, dejo lo que estaba haciendo y corrió hacia ella.

- ¡Gabrielle! – le gritó el chico abrazándola con fuerza – que bien es volver a verte.

- Hola Virgil – le dijo separándose de él - ¿dónde está Sean?

- Lo siento – dijo Virgil bajando la cabeza – murió hace un año, la muerte de su familia le afecto demasiado y enfermo – dijo con tristeza.

- No puede ser – Gabrielle cayó de rodillas llorando profusamente, la única persona que podía decirle que no estaba loca, había muerto…

- Tranquila Gabrielle, te ves fatal.

- He perdido a Xena – Gabrielle miró a Virgil con la mirada perdida – la… la he perdido… sus cenizas… sus armas… ¡Dios! ¡Nooooo!, ¡todo parecía… tan real! ¡Xena había vuelto… ella había vuelto!

- Tranquila – la abrazo a su pecho – tranquila…

Los días seguían avanzando y Gabrielle se sentaba a la orilla de la puerta mirando siempre hacía el camino, ya casi no hablaba, la luz en sus ojos se había extinguido.

- Gabrielle – Virgil se acerco a ella – cásate conmigo – le pidió – prometo hacer todo lo posible por hacerte feliz – le dijo por centésima vez.

- Yo… sí – dijo por fin Gabrielle sin dejar de mirar el camino – “vendrías a mi boda ¿verdad Xena?, sí ella vendría a mi boda" – pensó mientras hundía el rostro entre sus brazos.

- “Te haré feliz Gabrielle” – pensó el chico, mirándola desde toda su altura sintiéndose feliz y a la vez ligeramente apesadumbrado.

Los preparativos se habían hecho, una boda sencilla…

- Acepto… “Xena ¿dónde estás?”

Xena no daba crédito a lo que veía, ahí estaba Gabrielle que no era su Gabrielle y al lado estaba su padre, Virgil su buen amigo…

- ¿Esto es una broma Virgil?

- ¡Dios mío! ¿cómo es que estas viva?

- Gabrielle… en Egipto, volví a la vida.

- ¿Qué? – Virgil le miró sorprendido – ¿entonces Gabrielle decía la verdad?

- ¿De qué hablas? ¿dónde está Gabrielle?

- En… en la casa… ella… - ya no pudo decir nada más Xena había montado en Argo y galopo tan aprisa como pudo hasta llegar a la casa de Virgil, bajo rápidamente de la yegua y corrió hasta la puerta abriéndola de golpe.

- ¡Gabrielle!

- Xe… Xena – esa voz la reconoció en un instante, Gabrielle le miraba con los ojos desmesuradamente abiertos – ¿eres tú?

- Gabrielle – Xena no podía creer lo que veía, era Gabrielle, no había cambiado mucho solo su rostro delataba su edad y sus penurias - ¡Gabrielle!... pero ¿qué ha sucedido?

- ¿Por qué tardaste tanto Xena?

- ¡Por Elí! este… no es mi tiempo…

Los cuatro sentados a la mesa, Xena, Gabrielle madre, Gabrielle hija y Virgil; la tensión era más que evidente, Xena no dejaba de observar a Gabrielle madre mientras que esta por momentos parecía reconocer a Xena y por otros no.

- Virgil – dijo con la voz tensa – ¿qué ha pasado? – clavó sus ojos en los del hombre cuyo rostro se notaba cansado y triste.

- Creí que podría hacerla feliz… sin embargo… ella nunca dejo de pensar en ti… - dijo con amargura, entonces Gabrielle madre se levantó de la mesa y se encamino a la puerta sentándose como era su costumbre mirando hacía el camino. Xena le observo y trago saliva.

- Esta loca – dijo Gabrielle hija con coraje – lo único que hace es sentarse a la puerta a esperarte – miró con enojo a Xena y noto el odio en esos verdes ojos – pensé que si en verdad existías al volver ella sería nuevamente una persona normal – se levantó de la mesa y salió de la casa.

- Virgil ¿qué paso?

- Paso que desapareciste durante 25 años – dijo Virgil y yo no creí a Gabrielle, creí que las historias sobre tu resurrección que eran fantasías suyas y … - se cayó al escuchar a Gabrielle toser varias veces. Xena se levantó de golpe y Virgil le detuvo con la mano – va a morir Xena – le dijo Virgil tragando saliva.

- ¡Qué dices?

- Su cuerpo ha cedido, tose sangre y aún así no ha dejado de sentarse todos los días de su vida en ese mismo sitio esperando a que aparezcas.

- Pero… ya he vuelto ¿por qué ella? – se soltó del agarre de Virgil y corrió hacia Gabrielle – Gabrielle – le hablo suave, he regresado, he vuelto – le tomó el rostro con las manos y le acarició suavemente, Gabrielle cerró los ojos momentáneamente mientras sentía esas dulces manos, Xena le besó suavemente en los labios y le sonrió con los ojos anegados en lagrimas.

- Xena – la voz de su pequeña mujer le hicieron desprender lagrimas - ¿dónde estuviste? – le pregunto Gabrielle mirándola de lleno a los ojos.

- No lo sé, juro que no han pasado más de seis horas desde que te deje con aquel chico.

- Entonces, si te regrese a la vida en Egipto ¿verdad? – Gabrielle le sonrió con dulzura.

- Sí, si lo hiciste amor, lo hiciste, por ti y solo gracias a ti es que volví a vivir.

- Xena yo… - el rostro de Gabrielle se descompuso en una mueca de dolor – perdí tus cenizas, tus armas ¡oh! ¡Dios mío! tengo… tengo que ir a buscarlas, tengo que encontrarlas – dijo levantándose con un poco de dificultad – Virgil, ensilla mi caballo tengo que ir a buscar a Xena.

- Gabrielle – Xena le detuvo y le giro para que la mirara – estoy aquí, estoy justo aquí, no tienes que ir a ningún lado.

- ¿Xena? – preguntó Gabrielle y en ese momento perdió el sentido mientras Xena la sostenía entre sus fuertes brazos, la cargo y la llevó a su recámara – Xena se devanaba la cabeza tratando de comprender que había sucedido, es que eso no podía estar pasando en verdad, dejo el cuerpo de Gabrielle en la cama y la tapo con las mantas, le besó una vez más en los labios y salió, Virgil estaba terminándose de un trago lo que restaba de su bebida y observó a la guerrera acercarse a él.

- Fue mi culpa – dijo Virgil bajando la cabeza.

- ¿De qué hablas? – le inquirió Xena sentándose frente a él.

- Cuando nos casamos paso casi un año sin que tuviéramos el menor contacto físico – trago saliva mientras continuaba – yo sabía que ella debía de olvidarte de alguna forma, pero ella seguía esperándote, en ocasiones se iba y no regresaba hasta uno o dos años después, entonces un día la drogue.

- ¿Qué hiciste qué? – Xena tensó la mandíbula y apretó los puños.

- Entiéndeme – le dijo Virgil con los ojos llorosos – pensé que si lograba concebir un hijo con ella, Gabrielle… Gabrielle volvería a ser la de siempre.

- ¿La violaste? – le pregunto llena de rabia mientras se levantaba de golpe y lo tomaba de las ropas como si fuera un muñeco de trapo – eras su amigo y te atreviste a hacer semejante atrocidad?

- ¡Pensé que hacia lo correcto! – le dijo con una mueca de dolor mientras sostenía los antebrazos de Xena – pero… pero – se soltó a llorar con amargura – ella no entendía que había sucedido – soltó su cuerpo y Xena lo sintió como una carga muerta – yo le mentí diciéndole que ella había consentido y ella trataba de recordar algo que era imposible que tuviera en su memoria y entonces fue cuando se perdió por completo – Xena lo soltó y el cayó de medio cuerpo sobre la mesa – lo siento, lo siento tanto, en verdad que si – decía sin dejar de llorar y Xena aunque deseaba matarlo por lo que había hecho supo que en verdad estaba arrepentido de sus acciones – mi pobre hija a sufrido tanto, su madre nunca la ha reconocido, la mira siempre como una extraña y yo ya no puedo más – dijo mientras se levantaba de la mesa y golpeaba la misma con los puños - ¡Ya no puedo más! – miró a Xena con dolor y agobio – ¡he querido quitarme la vida por haber sido tan ruin! ¡Y no he podido porque no soy capaz de dejar a mi hija sola en este mundo! Yo soy lo único que ella tiene – dijo mientras se desplomaba sobre la silla nuevamente y se tiraba de brazos a la misma llorando profusamente – Xena salió de la casa, necesitaba entender, quería entender que es lo que había sucedido.

- Todo es culpa tuya – la voz de Gabrielle hija le hizo volver el rostro – la chica le miraba con tanto dolor y coraje que Xena se sintió en verdad culpable - ¿sabes cómo ha sufrido mi padre?, ¿sabes la rabia que siento cada vez que mi madre se sienta a la puerta con la mirada puesta en el camino esperando por ti? – apretó las manos formando puños mientras las lagrimas no dejaban de surcar su rostro.

- Gabrielle… yo…

- ¡No!, ¡no digas nada! ¡Solo arréglalo!, ¡soluciona todo esto de una maldita forma!, ¡yo… yo no puedo vivir en un mundo así! ¿Entiendes?, ¡estoy cansada de ver sufrir a mis padres! - le espetó mientras se alejaba de Xena corriendo hacia el bosque, Xena se quedo de piedra sin saber cómo era posible que hubiera sucedido todo eso. Montó en Argo II y se fue de ahí a toda prisa, cabalgo hasta encontrar uno de los templos de Afrodita entro rápidamente, mirando todo en derredor.

- ¡Afrodita!, ¡Dónde estás?, ¡Aparece! – Xena miró en todas direcciones y tras unos instantes la diosa del amor apareció ante ella.

- ¿Xena? – la diosa del amor le miró sin podérselo creer – por mi divinidad ¿será posible que seas tú?, pero ¿cómo es eso posible?

- Afrodita – Xena se acercó a ella – no tengo tiempo para explicaciones.

- Entonces Gabrielle tenía razón tú estas viva pero ¿cómo es que no podía sentirte? – la diosa del amor se veía verdaderamente desconcertada.

- Afrodita no tengo tiempo para explicarte necesito que me ayudes a entender que ha pasado.

- Bueno, bueno pero para eso tienes que decirme exactamente qué ha sucedido, ¿de otra forma cómo voy a ayudarte?

- ¡Eres una Diosa se supone que puedes hacerlo todo!

- Muy bien, muy bien veamos quédate quieta – le pidió – y luego dicen que no les damos privacidad – dijo por lo bajo acercándose a Xena, posó su mano sobre su frente y le dijo ahora recuerda tanto como puedas – la guerrera cerró los ojos y recordó el momento en el que montó en Argo II y dejó a Gabrielle su travesía por el bosque hasta llegar al camino y entonces esa intensa luz multicolor hizo que afrodita pegara un grito.

- ¡Qué? – pregunto Xena abriendo los ojos rápidamente - ¿qué pasa?, ¿qué era esa luz?

- Xena entraste en el portal del tiempo

- ¿El portal del tiempo?, explícame ¿eso que significa?

- Xena, tu eres una semidiosa – Afrodita se sentó sobre unos mullidos cojines sin dejar de mirar a su amiga.

- ¿Qué? – pregunto la guerrera mirándole estupefacta - ¿de qué estas hablando?

- Solo los semidioses y Dioses son capaces de utilizar el portal del tiempo… sien… siéntate por favor – afrodita le tendió la mano y Xena se sentó frente a ella… - Xena cuando amenazabas con terminar con nosotros Hefestos, Hades y Atena crearon el portal del tiempo para escapar de ti en caso de que no pudiéramos derrotarte, sin embargo el único capaz de controlar un portal del tiempo era Cronos, el portal fue creado pero no pudieron controlar su poder y este se salió de sus manos, es invisible e inocuo a los ojos humanos, solo puede ser usado por los Dioses y sus descendientes… eso significa que tu… que tu eres… eres… eres hija de un Dios – Xena levantó la ceja y meneó la cabeza en negativo – Afrodita ¿estas segura de lo que estas diciendo?, Si eso fuera verdad, no habrían podido matarme

- Xena yo sé lo que te estoy diciendo – le dijo Afrodita – eres una semidiosa, nadie, absolutamente nadie más puede ver un portal del tiempo, más aún solamente los Dioses y semidioses son los únicos que pueden atravesarlo, nadie más Xena.

- Bueno – dijo Xena levantándose – solo bastara con encontrarlo de nuevo y volverlo a cruzar.

- Xena…- dijo Afrodita mirándole triste y preocupada – ese portal es muy inestable el mismo viaja a través del tiempo ahora mismo puede estar en cualquier lado, en cualquier tiempo.

- ¿Qué?... eso, eso no puede ser cierto… entonces ¡Mierda! – gritó mientras caminaba de un lado a otro, su mandíbula se tensó con fuerza – Afrodita – se volvió para verla – tiene que haber una forma ¿Vamos?, ¡debe de existir alguna manera! – y por primera vez entendió la verdadera naturaleza de Xena sus ojos se habían obscurecido y su ceño estaba completamente fruncido, su rostro serio y duro, le hicieron estremecerse parecía ser capaz de cualquier cosa, inclusive de matarle sino le daba una solución.

- Pues… po… podríamos – tartamudeo levemente al verla tan furiosa – intentar abrir uno nuevo, pero tendríamos que ir a Olimpo y conseguir un hueso de Cronos una vez en Olimpo tendríamos que hacer cenizas el hueso de Cronos con uno de los rayos de Zeus y después en el centro de Olimpo verteríamos sangre de tres Dioses e invocaríamos el rezo sagrado y el portal se abriría y tu Xena tendrías que concentrarte en demasía para poder controlar el portal, debes de tener en la mente el momento exacto en el que quieres volver. Solo podrás hacerlo una vez Xena y solo una vez – Afrodita le miró con temor mientras sopesaba las oportunidades de tener éxito.

- ¡Areeesss! – grito con furia mientras se daba la vuelta rumbo a la salida del templo.

- Xena… ¿A… Adonde vas?

- Por el hueso de Cronos – le dijo secamente – prepara todo iremos a Olimpo ¡Areeesss!, ¡¡¡Aparece de una maldita vez!!! – gritó nuevamente al salir del templo haciendo que Afrodita temblara de miedo.

- Xena… en verdad… es hija de Ares – susurró con ligero temor.

Xena montó en Argo II, al estar sobre la yegua Ares apareció frente a ella.

- ¿He escuchado acaso mi nombre? – pregunto Ares sonriente - ¡Ah Xena! Y pensar que creí no verte durante algún tiempo.

- Hola… papá – le dijo fría y sarcásticamente.

- ¿Pero de qué hablas?, ¿sigues creyendo que soy tu padre?

- ¿Por qué si no has estado cuidando de mi desde el inicio? – le pregunto frunciendo el entrecejo.

- Negocios, negocios querida Xena, tenías potencial y quise aprovecharlo.

- No me salgas con idioteces, te veré en Olimpo y será mejor que vayas o te juro que no descansaré hasta encontrar la manera de acabar con tu patética y miserable vida – la amenaza era verdadera conocía bien a Xena y esta era una que nunca en su vida había conocido, la firmeza de su voz no dejo lugar a dudas de que esta vez cumpliría su amenaza – Ares le miró molesto mientras desviaba la mirada de esos fríos ojos azules.

- Iré – dijo desapareciendo en una luz azulosa.

- Más vale que lo hagas – dijo mirando de frente el camino, antes de partir iría a ver a Gabrielle.
Xena no tardo en volver a casa de Virgil, los lamentos que escuchaba le hicieron temer lo peor obligó a Argo a cabalgar tan rápido como le daban sus patas y al llegar al patio de la casa Salto de su yegua aterrizando con un giro mortal hacia enfrente, nada más tocar el suelo con las plantas de sus pies corrió dentro de la casa. Virgil estaba de rodillas junto a la cama sostenía la mano de Gabrielle entre las suyas, suplicándole perdón por su pecado, Gabrielle yacía inmóvil, sus ojos cerrados y su rostro ligeramente pálido, un hilillo de sangre marcaba la comisura de sus labios y había deslizado hasta su cuello. Xena apretó la mandíbula mientras hacia a un lado a Virgil de forma brusca, los dedos de Xena buscaron la yugular de Gabrielle y entonces cerró los ojos apretándolos con fuerza, se arrodillo al lado de la mujer que amaba y le beso la mano apretándola con fuerza.

- Gabri…elle – dejo escapar suavemente de sus labios el nombre de la compañera de toda su vida – lo solucionaré… - dijo con la voz apretada tratando inútilmente de contener el llanto que descendió de sus azules ojos sin tregua ni compasión – voy a solucionarlo Gabrielle, te lo prometo. Se inclino hacia ella y le besó en los labios por última vez, acaricio su blonda cabellera y le miró con todo el amor del mundo.

- Lo siento tanto, en verdad que tanto – murmuraba Virgil sentado en el suelo con las manos puestas sobre la cabeza – tanto, lo siento… lo siento, lo siento.
Xena paso junto a él sin decir una sola palabra deseaba acabar con su miserable existencia pero luchaba contra ese deseo asesino que se había apoderado de ella. Al salir unos verdes ojos le miraron fijamente, sus ojos anegados en lagrimas le miraban con odio y rencor inclusive con un dejo de envidia.

- ¿Te marchas? – le pregunto apretando las manos formando puños.

- Tengo que solucionar esto – Xena paso a un lado de ella.

- Mi madre me dijo que si un día volvías yo tendría que irme contigo – Xena se quedo inmóvil en su sitio – me dijo que me llevarías muy lejos de aquí, que me mostrarías el mundo y que a tu lado aprendería a ser fuerte - ¿vas a llevarme contigo? – preguntó mientras Xena volvía lentamente el rostro para toparse con la viva imagen de la mujer que amaba tanto.

- No – fue su corta y seca respuesta.

- ¿Por qué? – pregunto la chica mirándole sin poder entender el significado de ese no.

- Todo esto no ha sido más que un accidente, un error que pienso solucionar de una forma u otra.

- ¡No puedes hacerme esto!, ¡he estado esperando por ti desde que era una niña!, ¡mi madre me prometió que al ir contigo me sentiría realmente viva!

- Esa promesa no te la he hecho yo – le dijo y siguió su camino.

- ¿Qué vas a hacer?, ¿piensas volver por el portal del tiempo y solucionar todo?, si haces eso ¿Qué sucederá conmigo?, ¿si haces eso no naceré?, ¿le harías eso a la hija de tu mejor ami… - el chakram de Xena se incrusto en el pecho de la chica rubia quien abrió desmesuradamente los ojos, Xena de dos zancadas llego hasta ella y le arranco el arma de un tirón.

- Has eso una vez más Ares – le dijo tomándolo de las ropas con fuerza al tiempo que el Dios tomaba nuevamente su forma – y entonces te juro que buscaré la manera de acabar contigo de la forma más cruel y dolorosamente posible ¡has entendido?! – Ares se soltó de las manos de Xena y le miró con enojo.

- ¿Por qué haces esto? – le pregunto el Dios llevándose las manos a la cabeza - ¡no te das cuenta de que ahora eres libre?, ¡podrías volver a formar un ejercito, rendir naciones enteras! ¡ya no haya nada que te detenga!, ¡en serio crees que esa tontería de paz y armonía es una buena idea?, ¡no te he enseñado siempre que el fuerte debe de subyugar al débil?, ¡Gabrielle ya no esta, ese lastre ya no te podrá limitar! ¿por qué…

- Una palabra más – le dijo Xena tomándolo con fuerza de la mandíbula y te haré pedazos – el Dios de la guerra le miró con desprecio mientras desaparecía en una luz azulosa.

- Si tanto quieres volver al pasado te daré un incentivo más, ve al acantilado – le dijo Ares antes de desaparecer por completo.

Xena sabía que Ares no hablaba nunca por solo hablar, montó en Argo y se encaminó al acantilado, al llegar a la orilla del mismo cayó de rodillas pues en el fondo yacía el cuerpo inmóvil de la hija de Gabrielle.

- No puede ser – dijo tragando saliva con dificultad – si puedo volver… entonces nada de esto sucederá, se levantó y subió nuevamente en Argo y se alejo de ahí a todo galope – “lamento no sacar tu cuerpo de ese sitio, si Virgil te viera sería un golpe devastador para él”

Afrodita esperaba en Olimpo a Xena habían pasado varias semanas desde la última vez que la vio, no hacia otra cosa más que darle vueltas al asunto, ¿cómo podría explicarle a Xena que el portal solo lo podrían abrir con la sangre de tres dioses griegos?

- ¿Sigues aquí? – la voz de Ares le sobresalto ligeramente.

- Ares – Afrodita se acerco a una de las ventanas para mirar el atardecer – Entonces era cierto el rumor de que Xena era tu hija, ¿por qué no me lo habías dicho?

- Por que no era ni sigue siendo de tu incumbencia ¿o sí? – preguntó el Dios acercándose a ella.

- Tomaste su primer aliento ¿verdad? – Afrodita meneo la cabeza en negativo – y tomaste su divinidad.

- Lo tomé – le dijo Ares – pero no toda, una parte quedo en ella, su fuerza, su habilidad, su capacidad para sanar y su juventud son muestras de ello.

- Ya se me hacía raro que un mortal pudiera aguantar tantas batallas y tantas heridas de gravedad.

- Sembré en Xena la mezcla de la sangre de…

- Fobos, Deimos y Enio – dijo Afrodita.

- Así es por ello Xena era capaz de sembrar el Pánico, el Horror y por eso podía liderar esas matanzas, por esa razón tuvo toda esa sed de venganza – una sonrisa ilumino el rostro de Ares – ella es una guerrera perfecta.

- Así que solo le quitaste la divinidad y le dejaste sus habilidades y la fuerza para no morir.

- Sí, porque estoy seguro de que con su sola fuerza de semidiosa podría vencerme sin duda y lo que necesitaba era una aliada no una enemiga; sin embargo al volver a la vida sus poderes se debilitaron – dijo Ares frunciendo el entrecejo, chasqueo la lengua mientras hacía aparecer en su mano un pequeño frasco con un líquido dorado que brillaba con ligera intensidad – a lo largo de su vida he ido vertiendo gota a gota su divinidad, entre más fuerte se hiciera más la compensaba.

- Si Xena bebiera eso su sangre podría abrir el portal del tiempo – le dijo Afrodita suspirando por lo bajo.

- Por supuesto ya que su sangre mezcla la de cuatro Dioses el equivalente en ella a la de un Dios, pero eso no sucederá – le dijo con seguridad – nunca le devolveré su divinidad y a la larga tendrá que aceptar el hecho de que nació para ser una conquistadora – sonrió con entusiasmo – no una luchadora del bien – giro los ojos en blanco mientras hacia una mueca de desprecio.

- Zeus supo lo que planeabas – le dijo Afrodita meneando la cabeza en negativo.

- ¿Qué quieres decir?

- Que Zeus vertió en Gabrielle la gracia de Irene.

- ¿Qué? – pregunto Ares sin dar crédito a lo que escuchaba.

- Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja – se soltó a reír Afrodita – polos opuestos se atraen siempre lo decía mi padre.

- ¡Mierda! ¡por eso me ha costado tanto trabajo acabar con ella?

- Esta bendecida por la diosa de la paz ¿de dónde crees que venía su don de oráculo y su capacidad de igualar a Xena en fuerza y habilidad?, Zeus sabía que había de existir un equilibrio entre ambas fuerzas.

- ¡Demonios! – grito al tiempo que lanzaba una bola de fuego directo al que fuera el trono de su padre – pero ya no importa – dijo mientras levantaba la botella sobre su cabeza y admiraba la fuerza que en ese líquido dorado destellaba – ahora que ella ha muerto Xena será la dueña del mundo y juntos reinaremos por toda la eternidad.

- En tu sueños – la voz de Xena vino acompañada del sonido del viento al ser cortado por el Chakram que hizo contacto en la muñequera de Ares soltando así la botella que tenía en sus manos, la cual Afrodita atrapó y lanzó hacia Xena Ares trató de impedir que eso sucediera lanzando una bola de fuego directo a la botella pero Xena saltó y la tomó antes de que pudiera ser destruida.

- ¡Maldición! ¡No obtendrás lo que quieres de mí! – le grito Ares desapareciendo mientras Xena le miraba con las cejas arqueadas.

- Ya lo tengo… padre – dijo mientras sonreía ligeramente, se acercó a la Diosa – gracias – le sonrió.

- Ya lo ves puedo ser útil no solo soy una cara bonita – la Diosa sonrió con satisfacción, aunque su sonrisa se perdió al darse cuenta de que solo estaban ella y Xena… sea como sea faltaba Ares – lamento que no podamos abrir el portal Xena

- ¿Quién dice que no podemos? – le sonrió mientras se agachaba a recoger la sangre que había en el piso.

- ¿Pero cómo ha pasado? – le pregunto Afrodita viendo la sangre de su hermano.

- No fue sencillo pero consulte a un viejo amigo Normando – Xena sonrió con complicidad.

Xena guardó la sangre de Ares en un pequeño frasco, y bebió de la pequeña botella el líquido color dorado al instante sintió un poder indescriptible, su fuerza, su habilidad, todo parecía haberse incrementado en un cien por ciento; fueron directamente al recinto de Zeus y en el techo cientos de rayos golpeaban de un lugar a otro cayendo con violencia al suelo, Xena esquivó cuantos pudo y por fin en una de sus volteretas en el aire pudo asirse de uno, al salir del recinto se dirigieron al centro de Olimpo el lugar de reunión de todos los dioses y en el suelo dibujado en un círculo se hallaban escritos los nombres de todos los Dioses principales en el centro estaba escrito el nombre del Titán Cronos, Xena depositó en el suelo el hueso de cronos y acto seguido lo golpeó con el rayo de Zeus este se hizo cenizas en un instante, sobre las cenizas Xena vació la sangre de Ares y haciéndose un corte con su espada ella misma derramó su sangre, Afrodita hizo un puchero de desagrado mientras dejaba que Xena le cortase con su Chakram, se sintió un temblor en Olimpo mientras bajo sus pies la sangre vertida se iba arremolinando convirtiéndose a su vez en una luz multicolor. Afrodita trago saliva y respirando profundamente empezó su rezo, palabras sin sentido a los oídos de Xena en una lengua que jamás había escuchado antes, Xena observó como la creciente luz dejaba ver a través de ella un innumerable número de acontecimientos, la guerra de Troya, las guerras espartanas y un sin fin de eventos recién ocurridos en varias partes del mundo conocido. Xena fijo su azul mirada en el portal que cada vez crecía más y más se concentró en la imagen del bosque por el que cabalgaba se acomodó una pequeña bolsa a su cintura y entonces saltó dentro antes de atravesar por completo solo un objeto aventándolo al aire y al caer sobre el portal este se cerró de forma brusca provocando una ligera explosión que aventó a Afrodita contra una de las paredes, tras un momento la Diosa se levantó con dificultad mientras se sacudía la cabeza ligeramente.

- ¿Qué paso? – pregunto acercándose al centro en donde no había absolutamente nada era como si nada hubiera sucedido.

Xena escuchó el galopar de Argo que aun se escuchaba lejos derribó un par de árboles con sus nuevos poderes y echo a correr rápidamente a la salida del bosque, justo al salir a lo lejos visualizó el portal del tiempo espero a que se acercará y entonces tomó la pequeña bolsa de su cintura y saco un frasco el cual arrojo directamente al portal y una explosión se dio a lugar justo cuando Argo salía montado por Xena del bosquecillo la Xena del futuro sonrió mientras desaparecía.

Xena llego a la aldea donde una horda de mercenarios seguía destruyendo las casas y acabando con la vida de cientos de inocentes, sonrió mientras desenfundaba su espada y lanzo el Chakram el cual dio varios golpes certeros por lo menos a una veintena de bandidos, espoleo a Argo y emprendió una acometida directa al que reconoció como el líder de la banda, el hombre se volvió hacia ella y le lanzó una lanza la cual esquivo con suma facilidad, Xena sonrió cuando saltando de Argo le pego de lleno una patada en pleno rostro que lo lanzo metros más adelante, varios sujetos se acercaron a ella espada en mano y ella girando su espada un par de veces les miró de forma retadora, los hombres se quedaron admirados de ver en las pupilas de esa mujer un sutil brillo que denotaba que en verdad estaba disfrutando de la batalla. Se enfrentó a ellos y pese a su habilidad no pudo evitar llevarse algunos golpes y cortes. Venció a todos los que la rodeaban y solo frente a ella quedaban otros dos.

- Vamos chicos – sonrió mientras daba un salto golpeando las espaldas de los dos mercenarios arrojándolos con suma facilidad al suelo, sin embargo el líder de la banda le asestó un golpe en la mejilla que le hizo sangrar – Xena no perdió la sonrisa por el contrario se sintió más viva que nunca, esquivó un par de golpes del robusto sujeto, y acertó a golpearlo varias veces, tomo una cuerda del suelo provocando que el sujeto tropezara y cayera, al querer levantarse Xena le asestó sus puntos de presión y levantando una ceja y mirándolo fijamente le sonrió – Muy bien he cortado el flujo de sangre a tu cerebro – le dijo mientras le encajaba la rodilla en el pecho - si no quieres morir entonces ordenaras a tus hombres retirarse y no volver jamás a estas tierras, y soltarás a las prisioneras, ¿quedó claro? – el sujeto asentó varias veces mientras su rostro se tornaba de un rojo-violáceo – buena elección – dijo Xena mientras le liberada de su tortura.

El hombre se levantó y Xena le dio la espalda encaminándose hacia un grupo de hombres que mantenían rodeadas y encadenadas a varias chicas, de repente se quedo quieta giro la espada en su mano y la empuño hacia atrás a un lado de su costado derecho encajándola en el cuerpo del sujeto que no se había dado por vencido y había ido tras de Xena con un puñal en todo lo alto.

- Mala elección – Xena saco la espada del cuerpo del hombre que cayó de espaldas al suelo con la sangre manando a borbotones de su boca.

Los demás hombres al ver eso se miraron los unos a los otros mientras Xena se acercaba a ellos balanceando la espada en mano; fue entonces que se echaron a correr dispersándose en todas direcciones, algunos hombres de la aldea persiguieron a los maleantes y Xena espada en mano rompió las ataduras de las chicas.

- ¿Se encuentran bien? – pregunto la guerrera mientras las chicas entre sollozos asentaban con la cabeza – tu – le dijo Xena a una de las chicas – tienes los mismos ojos que un chico que fue a pedirme ayuda.

- ¿Sean? ¿está bien? – le pregunto con apuro.

- Sí, esta a salvo con mi compañera

- ¿Trevor esta con él? – le pregunto con ansiedad

- No, llegó solo pero tu hermano y mi compañera fueron a auxiliarle.

- Por favor llévame con ellos.

- De acuerdo – le dijo Xena silbando a Argo quien llego rápidamente hasta su dueña, Xena montó y ayudó a la chica a subir – emprendiendo la marcha.

Gabrielle había llegado a la casa de Virgil, este se encontraba partiendo leña en el patio cuando vio a su chica favorita llegar con un par de extraños, uno de ellos recostado de lleno sobre el caballo de Gabrielle, al verla corrió para alcanzarla.

- ¡Gabrielle! – le grito y le abrazo mientras Gabrielle se separaba ligeramente de él.

- Perdona Virgil este no es un buen momento – le dijo seriamente mientras de reojo miraba al chico sin vida que llevaba acuestas en los lomos de su caballo.

- ¿Qué ha sucedido? – pregunto mirando al chico cabizbajo que venía junto a la bardo.

- El es Sean y han atacado su aldea – dijo mientras su mandíbula se tensaba – su hermano no lo ha logrado – dijo con pesar – Xena se ha ido para…

- Espera, espera – le interrumpió Virgil – mira Gabrielle se cuán importante era Xena para ti pero – posó sus manos en los hombros de la chica – ella ha muerto.

- Logré traerla de vuelta a la vida – le dijo soltándose de su ligero agarre.

- ¿Qué?

- Pero… ¿cómo?

- Es una historia muy larga, por favor lleva a Sean adentro y dale algo de comer y beber, yo… tengo cosas que hacer.

- De… de acuerdo.

- Sean por favor ve con Virgil – le dijo al chico levantándole el rostro con la mano – yo me encargaré de Trevor – el chico le miró con tristeza y solo asentó con la cabeza mientras él y Virgil entraban en la casa.

- “Dales su merecido Xena” – pensó la bardo mientras se volvía para ver el camino andado – y por favor vuelve pronto.

Unas horas después Xena llego a casa de Virgil vio a Gabrielle que terminaba de preparar una pira funeraria con ayuda de Virgil y del chico, la joven que acompañaba a Xena bajo de la yegua y corrió hacia su hermano.

- ¡Sean! – el grito de la chica hizo que volvieran el rostro, la bardo esbozo una enorme sonrisa al ver a Xena quien se acercó a ella sobre los lomos de Argo. Mientras la chica abrazaba a su hermano con fuerza.

- ¿Una dura batalla? – le preguntó Gabrielle mientras miraba los ligeros cortes en los brazos de la guerrera y los restos de sangre ligeramente marcados en una de las comisuras de sus labios.

- Me divertí bastante – le dijo Xena descendiendo de Argo.

- ¡Xena! ¡Por los Dioses!, ¡Estas viva! – casi gritó Virgil mientras le daba un abrazo – al soltarse Xena le asestó un golpe que lo mando de lleno al suelo – ¡oouucchh! – se quejó Virgil mirándola extrañado.

- ¿Xena? – Gabrielle le miro interrogante y la alta mujer por un momento no entendió la razón por la cual lo había golpeado.

- Lo siento Virgil – Xena le extendió la mano para levantarlo – no sé porque lo he hecho solo sentí que debía hacerlo.

- Bueno no importa – dijo él mientras se movía la quijada de un lado a otro – aun así me alegra que hayas vuelto.

- A mí también – le dijo Xena mientras miraba a la chica que se acercaba con su hermano.

- Gracias por cuidar de Sean, es lo único que me queda – le dijo la chica – volveremos a la aldea y la reconstruiremos, Sean miró a su hermana y asintió – ¿podría llevarme el cuerpo de mi hermano? Quisiera hacer los funerales en la aldea con todos los demás.

- Por supuesto – le dijo Xena

- Yo te llevaré – le dijo Virgil con entusiasmo al ver lo guapa que era la chica.

- Gracias – le dijo la chica quien al parecer no vio tan mal a Virgil tampoco.
Xena y Gabrielle se dirigieron una miradilla cómplice al ver que quizás esos dos terminarían juntos. Veinte minutos más tarde Xena y Gabrielle estaban dentro de la casa a solas comiendo y disfrutando de ese momento de tranquilidad.

- ¿Imaginas nuestra vida así? – le pregunto Xena mientras bebía un trago de vino.

- ¿Así como? – pregunto Gabrielle mientras se arrellanaba en la silla.

- Tú, yo, una casa, un jardín, establos, paz y tranquilidad – dijo Xena mirando la reacción de su bardo.

- ¡Bromeas? – le pregunto Gabrielle meneando la cabeza en negativo – Xena la princesa guerrera convertida en ¿Xena la princesa hogareña? No, no, no que bha, eso solo sería si el tártaro se congelara ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja – se echó a reír de buena gana.

- Pues aunque no lo creas lo he venido pensando en el camino – le dijo Xena sonriendo levemente.

- ¿Qué? ¿lo dices en serio? – Gabrielle le miró sorprendida.

- Bueno creo que es hora de retirarse – dijo mientras se miraba las heridas en los brazos - ¿Alguna vez habías visto que en una trifulca como la que detuve me lograran siquiera arañar? – Xena le preguntó mientras levantaba su ceja.

- Pues… ahora que lo dices no – le dijo mientras se recargaba de lleno en la silla y le miraba atentamente – ahora que lo mencionas ¿qué edad tienes? – preguntó la bardo con curiosidad.

- Vuelve a preguntar eso y jugaremos a que tan cerca pasa el Chakram de Gabrielle – Xena le sonrió mientras bebía un trago de vino.

- Vamos Xena no puedes ser tan mayor – Gabrielle siguió por el mismo tema.

- Gabrielle…

- Vamos, venga dime ¿cuántos?

- Gabrielle…

- ¿Veinte inviernos más que yo?

- Pues – Xena dejo el tarro sobre la mesa y se llevo la mano a la barbilla – observó fijamente a Gabrielle mientras abría la boca lentamente – creo que son… hummm… no es… de tu… incumbencia – Xena sonrió al ver la cara de la bardo quien en un segundo recobro la sonrisa - ¿Así que tantos años me llevas? – la sonrisa de Gabrielle se ensancho mientras se recargaba de lleno en la silla.

- Supongo – le dijo Xena con una sonrisa burlona – que quizás yo estaría conquistando mi primera aldea cuando tu mamá aún tenía que cambiarte los pañales ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja – Xena se soltó a reír con ganas mientras la bardo tomaba un gesto de falsa ofensa.

- Serás una pervertida de menores – le dijo Gabrielle bebiendo un trago de vino – lo cierto es que el hecho de que te haya superado de esta forma indica que estas envejeciendo – sonrió al ver la cara de leve ofensa de la guerrera – quizás y sea verdad de que sea hora de que te retires, el mundo es de los jóvenes, no te preocupes lidiaré con los bandoleros mientras tu esperas en casa como toda buena esposa.

- En tus sueños – Xena se soltó a reír lo mismo que Gabrielle – será mejor que vayamos a esa aldea para ayudar en lo que podamos.

- De acuerdo – le dijo la bardo levantándose.

Al llegar a la aldea se dieron cuenta de que esas personas estaba apañándoselas muy bien solo, realmente su ayuda no era necesaria, se despidieron de Virgil, de Sean y de su hermana Elena y se marcharon en busca de Eva. Esa noche acamparon a la luz de la luna, bajo las cientos de estrellas que iluminaban hermosamente el cielo nocturno. Gabrielle estaba recostada sobre las mantas con las manos puestas tras la nuca admiraba las constelaciones del cielo y escuchaba el crepitar de la leña que alimentaba la pequeña hoguera que iluminaba con danzarinas sombras el pequeño claro en el que acampaban.

- No imagino una vida normal como todo el mundo – le dijo la bardo sin volverla a mirar – esta es mi vida y mi hogar eres tu – sonrió mientras ladeaba la cabeza para mirarla.

- Gabrielle – Xena le regresó el gesto mientras dejaba de afilar su espada.

- ¿Quieres acostarte de una vez? – preguntó la bardo con un tono tentador.

- De acuerdo – Xena enfundo la espada y se acercó a su bardo recostándose a su lado, delineó con sumo cuidado las finas facciones de la mujer que tanto amaba con la punta de su dedo índice – sonrío al darse cuenta de que Gabrielle se había convertido para ella en el todo de su vida, a veces se preguntaba cómo había sucedido, ¿había sido su candor?, ¿quizás su inocencia?, ¿su bondad?, ¿tal ves su nobleza?, ¿su amor por la justicia?, ¿qué había sido lo que la hizo sentirse tan atraída a esa niña a la que le llevaba quince inviernos?, en realidad realmente no importaba lo único cierto era que era suya y solo suya, se inclinó suavemente y le besó profundamente deleitándose en la suavidad y la tibieza de esa boca que podía llevarla a los campos elíseos, sus manos desataron lentamente su top, lo retiró de su cuerpo deslizándolo por un costado de su cuerpo, la tersa piel iluminada por la bailarina luz de la fogata fue cubierta de besos y caricias, la ternura de esos besos poco a poco dio lugar a la pasión que se conjugó con el deseo, desatando un mar de sentimientos y emociones que amenazaban con llevarles a la locura, sus cuerpos unidos, sus bocas devorándose mutuamente, sus cuerpos descubiertos palmo a palmo por sus manos, siendo conquistados con cada roce, con cada caricia que parecía escribirse con las llamas del fuego de su pasión; voces elevadas en palabras de amor difuminadas en susurros de eternas promesas de amor, en susurros de pasión, en delirantes palabras que elevaban un rezo silencioso, una dulce plegaría que se elevaba más allá cielo, perdiéndose en el infinito del tiempo… a lo largo del espacio.

La hoguera elevaba muy tenuemente las suaves llamas que amenazaban con marcharse a dormir entre los resquicios de la madera quemada, dos figuras se materializaron a los pies de las mujeres que dormían plácidamente la una en los brazos de la otra.

- ¿Qué piensas hacer Ares? – le preguntó Afrodita mientras miraba encantada como sus mejores amigas le rendían el mejor de sus tributos en ese abrazo colmado de amor.

- ¿Escuchaste lo que ella dijo? – le pregunto Ares haciendo aparecer con un chasquido la botella que contenía la divinidad de Xena.

- Ares, entonces era cierto el rumor de que Xena era tu hija, ¿por qué no me lo habías dicho?

- Por que no era ni sigue siendo de tu incumbencia ¿o sí? – dijo el Dios mirándole con fastidió

- Tomaste su primer aliento ¿verdad? – Afrodita observó con detenimiento el frasco reconociendo ese color dorado como el primer aliento de los semidioses – tomaste su divinidad.

- Sí – dijo Ares – pero no toda, una parte quedo en ella, su fuerza, su habilidad, su capacidad para sanar y su juventud son muestras de ello.

- Ya se me hacía raro que un mortal pudiera aguantar tantas batallas y tantas heridas de gravedad.

- Sembré en Xena la mezcla de la sangre de…

- Fobos, Deimos y Enio – dijo Afrodita.

- Así es por ello Xena era capaz de sembrar el Pánico, el Horror y por eso podía liderar esas matanzas, por esa razón tuvo toda esa sed de venganza – una sonrisa ilumino el rostro de Ares – ella es una guerrera perfecta.

- Pues ya no tanto – dijo Afrodita mientras miraba nuevamente a su amiga – creo que Xena esta a punto de retirarse.

- Por eso estoy aquí, ya que para que Xena volviera a la vida sacrificó una parte de su divinidad por eso se ha vuelto tan… débil – dijo con desprecio mientras destapaba la botella – mírala ni siquiera ha sentido nuestra presencia, esta a un paso de ser tan mortal como cualquier otro ser humano – su rostro se descompuso en una mueca de asco.

- ¿Qué piensas hacer? – le pregunto Afrodita mientras se cruzaba de brazos - ¿le devolverás su divinidad?

- ¡No seas ridícula! – le miró con ojos asesinos - quiero una aliada no una enemiga mortal.

- ¿Aún crees que la llevaras por el camino del guerrero? – Afrodita giro los ojos en blanco mientras meneaba la cabeza en negativo – “¿le diré que nuestro padre derramo la gracia de Irene sobre Gabrielle?”- sonrió para sus adentros – “no será mejor dejar que se ilusione” – soltó una risita que irritó al Dios.

- ¿Podrías irte por favor? – le invitó con la mano a retirarse.

- De acuerdo, de acuerdo, nos vemos – le dedicó una sonrisita y chasqueando los dedos desapareció.

- Hermanas – dijo resoplando mientras destapaba la botella y hacía evaporar una parte del líquido; esa pequeña nube dorada se dirigió directamente a los labios entreabiertos de la guerrera se deslizó dentro de ella y un suave brillo resplandeció en ella, una suave sonrisa se dibujo en sus labios lo mismo que en los de Ares, cuando notó el movimiento de los ojos de Xena indicándole que estaba a punto de despertar desapareció, sintiéndose gratamente complacido.

Xena abrió los ojos y se enderezó levemente mientras sentía un familiar olor en el aire.

- “Ares” – pensó Xena mirando todo en derredor con sumo cuidado, una sensación de seguridad y poder le embargo por completo, apretó el puño y sintió como si una nueva ola de juventud le recorriera el cuerpo entero, se sentía nuevamente de quince años – “me siento tan… fuerte…” - sonrió mientras miraba de reojo a la bardo – “me pegunto si seré capaz de derrotarle” – se recostó nuevamente y atrajo a Gabrielle a su pecho – “por la mañana lo sabré, creo que pensé demasiado pronto en el retiro”

Esa misma mañana Gabrielle estaba de espaldas al suelo con la punta de la espada de Xena directamente sobre la piel de su cuello, la bardo le miraba sorprendida, la habilidad y fuerza de Xena volvían a ser las de antes, le estiró la mano a su amante y Xena la levantó con suma facilidad.

- Impresionante Xena pero ¿cómo es que te has recuperado tan rápido? – Gabrielle tomo sus sais del suelo y se los acomodo en sus botas.

- No lo sé – dijo con una enorme sonrisa – quizás y solo necesitaba la batalla de ayer.

- Pues vaya que me dejas sorprendida – el estómago de Gabrielle protestó – y hambrienta.

- Voy al bosque a cazar algo – Xena enfundo su espada.

- De acuerdo yo prepararé el fuego.

Después del desayuno Xena y Gabrielle se prepararon para partir, montaron en sus respectivos corceles y se pusieron en Marcha. Durante un rato se quedaron en silencio, disfrutando de una hermosa mañana y de los sonidos de la naturaleza.

- Ahora que lo pienso – dijo Gabrielle rompiendo el silencio – creo que estas robándome mi juventud por eso te has puesto tan fuerte como siempre.

- ¡Oh! ¿en serio? – le preguntó Xena sin mirarla mientras en su rostro se formaba una leve sonrisa.

- Por supuesto, de hecho inclusive te ves más joven – le dijo Gabrielle mientras la observaba atentamente.

- Que halagadora

- Es en serio Xena – le dijo la bardo - ¿Ves? No fue tan mala idea que me llevaras contigo la primera vez que nos conocimos.

- Te debía una por eso te traje conmigo.

- Vamos yo sé que no pudiste resistirte a mi encanto natural

- Si, no sabes como me resistí – le dijo con un dejo de burla

- ¡Ja! Apuesto que nada más de verme te enamoraste de mí – le dijo Gabrielle con una amplia sonrisa de satisfacción.

- Pues no, la verdad pensé que tendría que hacerla de niñera.

- ¡Xena!

- Ja,ja,ja,ja,ja,ja está bien, está bien, si he de ser honesta sentí que debía llevarte conmigo, no sé creo que si me sentí atraída hacía ti en alguna forma, eras todo lo contrario de lo que yo era – le miró de soslayo y esbozo una grata y hermosa sonrisa que hicieron que el corazón de Gabrielle latiera con mayor intensidad.

- Te Amo Xena.

- Y yo Te Amo A ti Gabrielle

Desmontaron de sus caballos y se sentaron a la orilla de un valle mientras miraban el sol elevarse en todo lo Alto y el maravilloso paisaje que adornaba de forma sublime ese lugar.

- Prométeme que nunca me dejaras de nuevo Xena – le pidió Gabrielle mientras se pegaba más a su amante.

- Te lo prometo Gabrielle – Xena le besó la frente con ternura, para después tomarle el rostro con las manos y mirarla directamente a esos hermosos ojos verdes – no importa que pase siempre, siempre estaré a tu lado, por toda la eternidad, Te Amo – le besó de lleno y Gabrielle se aferró a ella dejándose envolver por todo el sentimiento que su amante podía ser capaz de brindarle, sintiéndose la mujer más dichosa de todo el Universo. Y en ese beso quedó sellada una promesa de amor eterno, en donde sus almas se encontrarían una y otra vez en cualquier tiempo, en cualquier espacio y en todas las vidas habidas y por haber.



Fin.

3 comentarios:

  1. heyy sheila gracias!!!! como siempre excelente! :D

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  2. Qué gran final el de esta historia me fascino el giro que le diste con lo del viaje en el tiempo y el momento cuando Xena va abrir el portal, nada más de imaginarme la cara de afrodita cuando Xena la corta para obtener su sangre me mata de la risa y el final me en canto fue muy dulce y tierno me fascino lo que escribiste de que en ese beso quedó sellada una promesa de amor eterno, en donde sus almas se encontrarían una y otra vez en cualquier tiempo, en cualquier espacio y en todas las vidas habidas y por haber. Quizás sea muy ingenua o cursi de mi parte pero creo que en el mundo existe una persona destinada para cada quien, así que voy a esperar a mi alma gemela con los brazos y el corazón abiertos, si ya se me pase de cursi pero que se va hacer así pienso XDD.

    Mí querida Shey como siempre maravilloso trabajo, espero leer más de tus historias pronto. Te mando un gran abrazo y un enorme beso ˄_˄.

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  3. "Vuelve a preguntar eso y jugaremos a que tan cerca pasa el Chakram de Gabrielle " JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA Excelentes dialogos tienes, muy precisos a los comentarios que Xena haria n.n

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