domingo, 22 de agosto de 2010

TE RECUERDO…Y TODO VUELVE A SER OTRA VEZ…


Y he aquí otro fanfic producto de la inspiración de nuestra amiga Aimee, por supuesto de T.A.T.U ¡Gracias Aimee por tu valiosa colaboración!



TE RECUERDO…Y TODO VUELVE A SER OTRA VEZ…

“…It´s so hard to believe
but it´s all coming back to me…
…there were things I´d never do again
but then they´d always seem right,
…there were nights of endless pleasure,
it was more than any laws allow…”

Celine Dion. It´s all coming back to me now.


ACTO I

VIENTO

Es de día y un fuerte viento sopla, abriéndose paso y de golpe a través de la ventana de un pequeño apartamento en los alrededores del centro de Moscú. Ya al interior de la habitación cualquiera podría observar, un negro buró con todo lo típico sobre él, pero llama especialmente la atención un portarretratos; en éste el contenido es una fotografía con dos rostros femeninos en ella, uno de ellos aparenta estar de frente y sonreír a la cámara, pero en la realidad de soslayo mira y con ternura, a la que parece ser su amante compañera, la otra chica, un poco ladeada observa con especial devoción a quien entre sus brazos se encuentra.
Un poco más arriba, sobre la repisa, reposa una colección de motocross a escala. El viento que se ha logrado colar por la ventana abierta, logra derribar una de las figuras, es la central, aquella azul marcada con el 83 rojo, la única, de hecho, que trae sobre ella a su piloto.
Ese mismo viento, cual si fuera la princesa de un cuento, con su constante resoplido, obliga, a la chica de la blanca piel y los rojos rizos, a abandonar su sueño, ella intenta abrigarse un poco, pero es tarde, sus ojos se abren y está despierta.
La chica de la verde mirada no siente sobre ella el leve peso de aquellas pequeñas y delgadas piernas, pero sí el vacío, se siente sola y por ello tarda en voltear. Al hacerlo un bronceado y sonriente rostro a su lado le saluda diciendo: ¡Hola amor, ¿Cómo estás?!


ACTO II

JUGO DE NARANJA Y JUGO DE TOMATE

Estando en la cocina, Lena, se sirve un poco de jugo de naranja. Abre nuevamente el refrigerador para introducir la caja con el líquido restante en la puerta de éste, al hacerlo, nota algo que al sacar la caja, no notó, hacia el fondo, se encuentra otro envase, maltrecho y aparentemente vacío de jugo de tomate, la chica se agacha un poco, lo extrae, lo toma entre sus manos para observar con detalle, lo acerca a sus labios y trata de beber un poco; al parecer sí quedaba algo en su interior. Luego de aquella escena, la chica hace un gesto raro, que no es disgusto ni satisfacción, suelta un hondo suspiro y devuelve el recipiente vacío al interior de aquel refrigerador.

ACTO III

LLAMADAS PERDIDAS

El trabajo en aquella oficina de redacción se ve interrumpido por los pensamientos que acongojan a la chica pelirroja, aunque se la vive metida entre escritos y notas de post-it de un tono rosa, más que trabajar su mente se ha ocupado en recordar cada detalle de la pequeña morena de ojos de gema, piensa en ella todo el día en la oficina y otro poco más al llegar a casa.
- ¡Hoy no he visto tu rostro ni una sola vez! – dice esto como suspirando.
- ¡Y me duele! – agrega con tristeza.
- ¡Tampoco he escuchado tu voz! ¡Y tu hasta ahora, leve ausencia, en mi vida es más que angustiante, avasalladora, no me deja concentrar! - dice con marcado pesar
- Aunque… – guarda silencio brevemente y busca entre sus cosas, su celular, al tenerlo en su mano puede observar lo que en él hay… dos llamadas perdidas.
- ¡Quien llamó fuiste…tú! – dice casi sin voz y su rostro refleja lo que parece ser una profunda melancolía.

ACTO IV

DÍAS DE SOL

Por alguna de las calles de Moscú, se ve transitar a una joven con un caminar remiso, en lo alto de aquel límpido cielo, brilla sin temor el portentoso sol, avivando con cada destello el rojo de sus cabellos.
- ¡Es curioso, hace calor! – piensa extrañada la joven, tratando inútilmente de apurar su paso, pues su cuerpo es renuente y no le hace mucho caso.
- ¡Tal parece que me he enfermado! – piensa ella, porque no sólo siente que este gran astro le abriga, sino que además parece quemar, siente asimismo el aire ante su rostro pasar, y ese insignificante hecho le hace percibir la tensión en su rostro, sus mejillas están tirantes, las lágrimas que le cubrieran antes, deben haberse secado – repasa en su mente los hechos, asumiendo una actitud meditante, sin dejar de caminar, pues ya casi puede divisar aquel pequeño refugio que es su apartamento, mas en éste puede que también halle tormento.

ACTO V

PRIMERAS PROMESAS

Es todavía temprano y la jornada laboral aún no da su inicio en la fría Moscú, sin embargo en la habitación de un pequeño apartamento cerca al centro, se escucha conversar a dos mujeres sobre sus asuntos personales.
- ¿Esta vez sí podrás venir a verme? - expresaba su duda, la morena, con infantil ingenuidad, bueno esa era al menos la apariencia que intentaba dar.
- Lo voy a intentar – respondía la otra chica sacudiendo las almohadas y estirando el cubre cama.
- ¡Promételo! – decía traviesamente la pequeña, atravesando de rodillas la cama con las sábanas aún en sus manos, provocando que se deshiciera el trabajo de Lena.
- ¡No puedo, prometértelo! – decía la joven sin dejar de hacer la cama y rehaciendo su trabajo, sin mostrar molestia.
– No sé si esta vez podré y no te quiero fallar – conociendo los sentimientos que encerraban las palabras que acaba de pronunciar, dirigió su atención a ese fino rostro que la contemplaba, le dedicó una gentil sonrisa y con su mano alborotó más la oscura cabellera de su amada.
- ¡Ok, no puedes prometerlo, pero al menos dime que lo intentarás! – conservando su tono inicial que le atribuía un aire de infantil anhelo, mezcla de entusiasmo y desconsuelo, al cual era difícil de rehusar.
Y con una pirueta sale de la cama, quedando en cuclillas frente a ésta, rápidamente se incorpora y deja ver tras de sí, una gran fotografía de ella vistiendo su traje de carreras azul, un azul distinto al de sus ojos, pero que según ambas mujeres le sentaba tan bien como aquel, bajo su brazo sostiene el negro casco Hawk que le regalara su amigo y mecánico Troy, y a su lado sobre su moto un 83 rojo en el blanco fondo.
- ¡Que sí, que sí! – repuso Lena ya cansada por tener que repetir por n vez la misma conversación.
- ¿Por qué no ve que el trabajo es importante para mí? y que ¡no todo es diversión! ella, con su alocada vida me ha trastornado la mía – pensaba para sí Lena terminando con sus tareas en la habitación y dirigiéndose a su mundo laboral.

ACTO VI

EN UN CAFÉ SE VIERON POR CASUALIDAD…

Corría la tarde de un día sin apuro para Lena, pues le había tocado su descanso después de haber terminado de corregir una novela medieval muy extensa, ya que con la riqueza de los antiguos sucesos, paisajes, hechos y personajes, había tenido que investigar mucho y se hallaba exhausta, pasó al frente de un café – bar rumbo a su apartamento y se le antojó entrar.
- ¿Señorita, me puede traer un jugo de tomate? ¡por favor! – tomando a la joven por el brazo para detenerla es su caminar. La chica que efectivamente se detuvo con la acción, la miraba atónita pero en su voz no hubo reacción.
– ¡Ahh! ¿y puede hacer que sea uno bien especial, con extra de limón? - decía entusiasmada mientras depositaba en las manos de la joven un billete semicamuflado que guardaba bajo sus dedos.
Con sus manos y el billete, entre las manos de la joven de azul mirada y una cara de sorpresa e interrogación de la mejor calidad – repuso – ¡Disculpe, pero no soy mesera!
- En este café – bar soy una cliente al igual que usted – tratando de ocultar su obvio enfado pues su vestimenta no sugería que lo fuera llevaba lentes de sol, el cabello suelto, ¡y por Dios! una chaqueta de denim cubría su blusa blanca. ¿Cómo era que alguien podía confundirla con una mesera…ahora? – pensó con duda y un tanto nerviosa – y devolvió el dinero a su antiguo portador.
- ¡Ahhh ya, lo siento! – dijo sonriendo con todo su rostro, y por supuesto, arrugando con ello la nariz, al tiempo que recibía el dinero y lo metía en su bolsillo.
- ¿Y su nombre…es…Señorita…? – preguntó como queriendo hacer una disculpa más formal, eso era lo que pensaba Lena y de hecho esa era la apariencia que la chica quería dar.
- Kátina, Elena Kátina – respondió con inmediatez para salir de aquel embrollo con una merecida disculpa al mismo tiempo que suavizaba el rostro.
- El mío es Vólkova, Yulia Volkova – como queriendo hacer burla del formato de presentación al que había obligado a usar a su interlocutora, inmediatamente sonrió y extendió nuevamente su mano a manera de saludo.
Lena notó el aire burlón de la chica pero sin embargo estrechó la mano de aquella, preguntándose – ¿Será esto en realidad una disculpa formal? – pero no se pudo quedar mucho tiempo en sus pensamientos pues Yulia empezaba a hablar.
- Pero no te quedes ahí parada, ¡siéntate! – dijo aprovechando el apretón proporcionado por su compañera para ayudarle (obligarle) a sentarse frente a ella en esa mesa para dos, y así fue como todo comenzó.
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Justo unos momentos y una conversación entre extrañas, antes.
Elena pasaba al lado de la mesa de Yulia y ésta que la había visto entrar al lugar ocultó rápidamente su bebida y fraguó un plan para iniciar conversación con el monumento al amor a primera vista.
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Luego de que Lena jugara con la cucharilla en su té y le compartiera importante información acerca de su vida a Yulia, tras varias sonrisas y hasta carcajadas de ambas y una que otra mirada insinuante por parte de Yulia parcialmente correspondidas por Lena, la recién conformada dupla abandonó aquel lugar.

ACTO VII

DESEOS Y AVENTURAS

No mucho tiempo habría de pasar para que la escena que, están ustedes por leer se diera. No era pleno día, ni cayendo la tarde, era simplemente el momento oportuno, allá arriba en el aire.
- ¡Aquí no, que nos pueden ver! – decía insistiendo a medias, débilmente, dejándose llevar, la pelirroja, mientras trataba de apaciguar las inquietas manos de la morena que amenazaban con retirar de un tiro las piezas que conformaban su ropa interior, dentro de aquel ascensor panorámico, que afortunadamente para Lena, era el ascensor de uno de los edificios más altos construidos por el comercio en Moscú.
- ¡Déjame! – decía con ansias y sin dejar de recorrer con sus manos la anatomía de aquella blanca mujer
- ¡Tú sabes bien que tales cosas no me importan, más bien me tienen sin cuidado! – Agregaba más que con enfado con ronca sensualidad – ¡Vamos, bien sabes que te va a gustar! – pícaramente convenía al oído de su amante cautiva, la deseosa morena, incrementando la libidinosa sensación en ambas.
- Y además – agregó como argumentando, pero en realidad quería hacerle recordar a Lena y obtener al mismo tiempo el permiso para continuar con sus afrodisiacos comentarios – no pensabas así la vez que quisiste tenerme en aquel baño del café, al poco tiempo de conocernos; nadie creería, lo que decías, que en verdad no habías hecho tales cosas antes, si es que aire de versada tenías. Y qué me dices de esa vez en el metro, o del restaurant, ni qué hablar de la piscina o la azotea del edificio viejo tras las canchas – continuaba, provocando en Lena cada vez más calor hacia el sur de su ser que irradiado con el norte de su cuerpo formaba un perfecto vector (imagínese el lector, la delta entre esos tres puntos).
- ¡Ya ves como yo no me negué ni una sola vez! – dijo con la aún más ronca voz que mostraba su crecida lujuria por recordar ella misma tales sucesos.
- ¡Claro que no lo hiciste entonces y tampoco lo harás ahora! - dijo en su máximo grado de excitación Lena, su deseo se veía en el verde chispeante de sus ojos, y pausando el elevador, se lanzó feroz sobre Yulia, quien más que contenta por el glorioso resultado que sus palabras habían despertado en aquel ser celestial, de brazos abiertos le recibía.

ACTO VIII

LA DISCUSIÓN

(¡No creo que ésta vez, tú seas quien tiene la razón!)

Nuevamente en Moscú, nuevamente cerca al centro y nuevamente aquel apartamento y también aquella habitación, el tema de la conversación ahora parecía el mismo, pero su tono, el tono que habían adquirido las voces que tan melodiosamente se acariciaban antes, ése, era ahora lo único distinto.

- ¿Ahh sí? ¡A ver! Dime tú, ¿qué ha pasado en mis últimos encuentros? ¿Cuál ha sido el resultado?… interrogaba fuertemente Yulia
- ¡Y no!, ¡no me digas simplemente que he ganado, o me hables de mi buen desempeño! – tornando su rostro en rojo de la variante, enfado.
- Dime cosas como, ¡¿Qué circuito había?! ¡Nombra alguno de mis rivales! o ¡¿Cómo quedo el podio?!… – soltaba las preguntas en el aire pero sin intención de que fueran respondidas
- ¿No puedes? – Se interrumpió – ¡No, qué va, si ni siquiera sabes! – Le soltó con insolencia a Lena
- Bien, tal vez puedas responder entonces, ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a verme espontáneamente a una de mis competencias?, ¡¿Ah, dime?!, ¿Cuál fue la última de mis carreras que presenciaste?– mirándola con furia en los ojos notando como Lena cambiaba de colores y que extraviaba dudosa su mirada, sin lograr al parecer recordar algún dato, por más pequeño que fuera, de todo lo que acaba de preguntar la fúrica morena.
- ¡Sí ves, no lo recuerdas! – haciendo una mueca de decepción
– ¿Y sabes por qué no lo recuerdas?- inquisitiva prorrumpía
– ¡Porque eso nunca pasó! – le explicaba con visible y aún más audible dolor en sus palabras – ¡Porque nunca lo has hecho! – acercando su rostro al de ella y negando con desesperación.
- ¡No! No, desde aquella vez en que yo misma te llevé ¿Te acuerdas? – acercándose a la fotografía ampliada que se hallaba en la habitación.
- ¡Esa vez gané! – hablaba con aire de desgano – y te pedí emocionada que inmortalizaras aquel momento, como presintiendo que no volverías y no tendría oportunidad para hacerlo de nuevo, ¡En es-ta i-ma-gen! – dijo lo último dividiendo las sílabas con fuerza en la voz y señalando violentamente con su índice sobre el cristal que la recubría y provocando que se moviera aún su sitio.
- ¡Sí, sé que fui yo quien la tomó! y recuerdo aquel día – dijo por fin la chica que por largo tiempo sólo había guardado silencio, aunque no mucho de ello fuera voluntario sino más bien circunstancial.
- Y también recuerdo, tu emoción, que incluso a mí me contagió – decía esto tratando de sonar benévola - y fue por eso que, ¡Mira! – Señalando hacia a la fotografía – ¡La mandé a ampliar, y hasta la enmarqué! ¡Y la colgué en nuestra habitación! ¡Para que te pudieras ver y… te pudieras vanagloriar! – aquí su voz adquirió otro tinte, el del rencor.
- ¡O si lo prefieres y como tú le llamas, lo pudieras recordar! – agregó sin compasión y tratando claramente de herir con sus palabras a la joven que antes le recriminaba.
- Además –– haciendo un gesto de dolor – esté o no esté ahí yo, tú sabes correr muy bien y a razón de ello nunca te va mal, algo bueno sacas en general, ¿O me vas a decir acaso que ese día fue tu única victoria? ¡¿Verdad que no?! ¡Pues ahí tienes! mi ausencia no ha desmejorado tu desempeño, ¿Por qué me hostigas, en qué te afecta?
- ¡¿Qué no ves, que mi trabajo para mí es importante?!, puede que para ti corregir los textos de otros, y esperar a que otro los publique, y callar que los conocía si tienen acogida, no represente ninguna osadía, ni reporte mayor emoción, ni haga ver ante todos mi valentía, pero es importante, lo es para mí, es mi profesión, es mi ocupación, lo que elegí, ¡Por lo cual tuve que pasar tanto tiempo sirviendo mesas! – hizo pausa tomando aire y continuando con inmediatez – así que no me pidas que cambie ahora por la espontaneidad, ya he cambiado mucho de mi vida por ti, hasta ahora me he dejado llevar por tu locuras, pero siempre hay un límite, ¡Y ese límite llegó y es ahora, Yulia Volkova! – Dijo eso con todo el dolor que se había guardado, no sólo ese día sino con cada petición para asistir a las carreras y otros tantos pequeños agravios que según ella, la morena le hacía.
Y sin embargo, al soltar aquellas palabras se dio cuenta de lo que había dicho, y de que había hablado con dolor y tal vez rencor…no con el amor que ambas se profesaban e inmediatamente intentó enmendar.
- ¡Yulia, no me pongas más problemas! Conoces mi trabajo, sabes que hay que poner atención, concentrarse, requiere tiempo, y conoces cómo son las cosas en la oficina de redacción… – No pudo terminar pues Yulia que había escuchado lo anterior con una miraba asombrada pues no daba crédito a lo que su amada le decía, mostrando su cara desencajada, pensaba en lo que respondería interrumpió a Lena en su discurso.
- ¿Sabes qué? – dijo con una mueca de cansancio - ¡Has lo que quieras! Si no quieres ir, ¡No vayas! Si crees que tu presencia ahí, para mí, no es tan importante como lo es tu trabajo para ti, ¡Ok! – el llanto contenido no le impedía continuar.
- Y aún, si crees que no te valoro lo suficiente como valorar por igual lo que haces y entenderte, y así amarte, ¡Está bien! – acotó con igual cansancio en su rostro – ¡Muy bien para mí! ¡Pero escúchame ahora tú! sé que puede que en muchas de las cosas que dices tengas razón, soy espontánea y apasionada, quizá demasiado, y puede que eso me haga actuar con irresponsabilidad a veces, y tal vez tú has tenido que lidiar con ello – dijo impetuosa
- ¡Pero estás tomando una mala decisión esta vez! – Con mucho más ímpetu – ¡Esta vez, no creo que seas tú quien tenga razón! – y a partir de aquí su frenesí fluctuaba aplacándose y resurgiendo como rabia – y por eso, si no vienes hoy, después de tantas promesas rotas, ¡Se acabó!
- Yo te quiero mucho Lena. ¡Te amo…eres mi vida! Pero tengo, a pesar de mis locuras, algo de orgullo y dignidad, y si tú, consideras que tu trabajo es más importante, ¡Que no puedes darme siquiera este día! – dijo acompañando sus palabras por gestos manuales de énfasis – ¡No voy más!… ¡Estoy rendida! ¡Te dejaré con tu trabajo de una vez y en paz! – finalizó sus palabras dando un golpe con su puño a la imagen de sí misma sobre la pared, que cayó un poco después.
Aquel golpe le había herido, había producido un daño más allá del corte superficial en sus nudillos, trataba de ocultar su dolor, y debido a que el padecimiento en su corazón era aún más grande y le servía de excusa, cerró la puerta de un portazo, y se alejó, al verse afuera arrugó su rostro y se agarró fuertemente la mano para mitigar su pena. A pesar de lo que había sucedido, quería llevar a cabo su plan y guardaba algo de esperanza, esperando a que su chica recapacitara finalmente y acudiera a su encuentro, le tenía preparada una sorpresa, una sorpresa muy especial.
Sin embargo, dentro de la habitación poco después de aquel portazo, se escuchaba la voz de la dolida chica de cabello rojo
- ¡Pues si así lo quieres! – gritaba ahogada en llanto – ¡Así será! – ¡Me quedaré sola con mi trabajo, ya que finalmente me dejaras en paz! – Esta vez y a ella, sí la interrumpía el llanto – ¡Ya verás Yulia Volkova, pronto lo pensarás mejor y terminaras por darme la razón!

ACTO IX

¡HOLA AMOR, ¿CÓMO ESTÁS?!

- ¡Hola amor, ¿cómo estás?! – decía Yulia mientras Lena veía su rostro entre sombras, se veía borroso, como un televisor antiguo receptando mal la señal.
- ¡Hola amor, ¿cómo estás?! – decía Yulia sonriente yaciendo de costado sobre el otro lado de su cama.
- ¡Hola amor, ¿cómo estás?! – estando en la cocina, le decía Yulia a Lena mientras bebía su jugo de tomate, ¡Sabes, es muy saludable, contiene antioxidantes! y de nuevo sonreía.
- ¡Hola amor, ¿cómo estás?! – preguntaba Yulia, agitada y sudorosa aún sobre el cuerpo de Lena y asomando su cabeza de entre las sábanas que les cubrían.
De repente pero poco a poco, el rostro de Yulia comenzó a desaparecer…
- ¡¿Yulia?! - le llamaba fuerte Lena
- ¡¿Yulia?! – Insistía con dolor
- ¡Amor! – gritaba aún más dolida
- ¡Mi vida! – decía mientras empezaba a sollozar
- ¡Yulia Olegovna Volkova! – gritaba Lena ya de manera inconsolable.
Y mientras tanto, la aludida, sonreía como única respuesta, sólo sonreía, pero sin responder en realidad, sin palabras, sólo asentía, y clavaba su mirada de zafiro en Lena, aún sin dejar de sonreír.
Lena, como pudo, tomó fuerzas y al tiempo que corría, extendió su mano hacia el cuerpo de Yulia, que extrañamente aparecía con un traje caribeño blanco, como si a una playa cercana al Ecuador se escapase. Y así lo hacía, parecía escapársele, con sus últimos alientos, Lena dio un paso, elongando al máximo su cuerpo, y fue justo en ese momento en que logró capturarla, apuñando su blanca mano sobre el pecho de Yulia y sosteniendo fuertemente su camisa para que no se fuera…Yulia solamente sonreía, pero al acercarse y abrir un poco más sus verdes ojos para poder divisar mejor a su amante presa, ésta se desvaneció por completo dejando a Lena con su brazo extendido apuñando un espacio vacío.
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En ese momento, me dí cuenta de que me había quedado dormida, sentí una fuerte opresión en el pecho y recordé por entero aquel mal sueño, tomé velozmente mi celular, en él se veían dos llamadas perdidas y un mensaje de voz, no quise revisar más allá las llamadas y me decidí por el mensaje, teclee con prisa esperando escuchar la tuya, tu voz… como esperaba la responsable de aquel mensaje eras tú.

ACTO X

UN MENSAJE DE RECONCILIACIÓN

- ¡Hola amor, ¿cómo estás?!... decías nuevamente y para iniciar, recordándome ese mal sueño, luego lo noté, sonabas cansada mal fingiendo tu ánimo habitual, al que estaba yo acostumbrada.
- ¡Lo siento! creo que ya no podré decir más estas palabras…así que sólo diré una vez más, ¡Lo siento! también debo agregar, que tenías razón, ¡Siempre la tienes! no era necesario que acudieras a verme correr, mientras estuvieras en la noche, en mi cama, brindándote entera a mí, como siempre lo hiciste…¡Fui una completa idiota! actué mal, irresponsablemente, ¡Como siempre!
- Así que no te preocupes – su voz sonaba pausada y baja, ocultaba dolor – que ésto sólo es culpa mía, todo va a estar bien, ¡Vive en paz, y no llores! siempre que me recuerdes; ¡Si lo haces, hazlo sin dolor! y nunca olvides que desde el inicio y aún hoy, ¡Te amo con locura y con pasión! para mí nunca habrá otra como tú, te acompañaré siempre, ¡Si quieres! dos pasos atrás…me tengo que ir, está haciendo frío, sólo llamé para darte este mensaje, y tal vez escuchar tu voz, te prometo que será la última vez que te molesto, te veo en la e......n....... – dijo esto último inaudiblemente y se cortó la llamada.
Lloré, como era de esperarse, deslizándome apoyada en la pared, me dije que no importaba lo que sucediera… íbamos a dejar ese pasado atrás, donde debía estar, la próxima vez, iría a verte, y nos íbamos a querer por siempre, que ahora nuestra historia renacía para ser aún más fuerte, cual si fuera un ser mitológico que luego de abatido no perece, sino que se fortalece.
Así haciéndole promesas al aire pasaron unos minutos hasta que llamaron a la puerta, acudí con prontitud secando con el envés de mis manos las lágrimas que no cesaban su brotar, me sorprendí…

Todo tu equipo estaba aquí en la puerta, aunque los chicos conservaban sus uniformes, las chicas daban la apariencia de que irían a alguna fiesta.

ACTO XI

CADA NOCHE JUNTO A MÍ

Por lo que veía Yulia había ganado de nuevo y planeaban celebrarlo aquí, y seguro estaba confiada en hacerlo y por ello me quería ver ahí, que mal hice en habérmelo perdido pues al final ni siquiera trabajé con tanto lío, sólo lloré y luego dormí, y a causa de ese mal sueño ahora sé que es lo que quiero, eso fue lo único bueno.
- Lena, tú sabes que siempre te hemos querido al igual que a Yulia, que siempre apoyamos su relación y por eso te ofrecemos ahora que cuentes con nosotros…por fin alguien se atrevía a interrumpir el incómodo silencio que creaban todos ahí reunidos, era Troy su fiel y viejo amigo.
- ¡¿De qué hablas?! – dije retóricamente divertida pues planeaba explicar, cómo, a pesar de lo que ellos o Yulia pensaran, al meditarlo mejor, y aún más al escuchar su sincero y lleno de amor mensaje de voz, mi opinión había cambiado, no era yo quien tenía razón, ¡Era ella! yo la amaba y la quería en mi vida, sonriendo por lo que podía haberles dicho Yulia intenté seguir hablando pero una vez más su amigo Troy hablaba.
- ¡Lo siento Lena!…– dijo pesadamente, y tomando aire volvió a decir - ¡Todos lo sentimos…! – en ese momento dudando de lo que decía le interrumpí.
- ¡¿De qué hablas? – dejando de lado mi sonrisa y retórica y pidiendo una explicación concisa que no se dio.
- Su mano ya estaba rota antes de que empezara la carrera…eso fue lo que la hizo fallar… – calló pues su voz se ahogaba con cada palabra hasta que no pudo más
Por mi parte luego de que dijera lo de su mano y mencionara la carrera empecé, sin dejarlo terminar, a disparar mis preguntas para quien las pudiera escuchar, sabía que él no lo hacía ya que había entrado en cierto estado en el que seguía hablando cual si hubiese sido programado.
- ¡¿Perdió, eso fue lo que pasó?! ¡¿Yo no estaba ahí, y perdió, y ahora se avergüenza?! ¡¿No pudo iniciar la carrera debido al dolor y me culpa?! ¡¿Jura no volver a correr y como no quiere ver a nadie, ustedes esperan a que la convenza?! ¡Hablen! grité al final.
Fue Vicka, la novia de Troy, quien mostrando la templanza que siempre la caracterizó y viendo el estado que los dos teníamos terminó la frase que su prometido había empezado.
Lena, tienes que ser fuerte, Yulia… – se detuvo para tomar valor – ¡Nuestra Yulia, nos ha dejado! ¡Se ha ido! hace un rato…– hizo otra pausa recordando lo que minutos, quizá horas antes, había ocurrido…
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Esa tarde había nubes negras sobre el circuito, que le daban un aire lúgubre al lugar obscureciendo los montículos y rasantes.
El accidente ocurrió alrededor de las 18:00 (son las seis, pero léase mil ochocientas, como hora militar) a pocos minutos de terminar la manga del open que Yulia corría, había caído dos veces antes, una durante la vuelta de calentamiento y otra ya en la competencia, aunque no era tan común en Yulia lo era para la profesión y por eso nadie intuyó lo que sucedía.
Acudían al salto además de la chica de uniforme azul otros dos competidores, pero ésta perdió el control de su Yamaha WR 250 al elevarse, su muñeca aguzó, chocó contra el talud de tierra y su propia moto cayó sobre ella golpeando fuertemente su pecho y estómago, los otros dos motociclistas cayeron junto a ella, ellos no sufrieron mayor daño, solo heridas superficiales, al parecer Yulia perdió inmediatamente el conocimiento, pues no respondía al llamado, pero volvió en sí cuando la sacaron del montón, lo primero que hizo al ver a Troy fue pedir su celular, marqué rápidamente tu número intuyendo con quien quería hablar, pero no contestaste, accediendo a su suplicante mirada le entregué el celular, parecía que hablaba, a mí me parecía como si susurrara, llegó la ambulancia y soltó el teléfono y volvió a desmayar, le llevaron al hospital cerca al circuito pero los médicos dijeron que ya estaba muerta al llegar, los esfuerzos de la asistencia sanitaria fueron vanos, de hecho, el personal médico ni siquiera entendía cómo había sobrevivido aquella chica para hablar, ya que todo parecía indicar que había sufrido un neumotórax a tensión y luego una falla cardiorrespiratoria que fue la causa final de su muerte y probablemente el dolor y la fatiga no le hubiesen dejado si quiera pedir auxilio, mucho menos una tranquila charla.
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- Es por eso que sin saber si ya lo sabías, o sólo, a sazón de darte todo nuestro apoyo como siempre, tanto en buenas – las lagrimas surcaron su rostro, recordaba la feliz ocasión que los llevaría ahí ese día, según Yulia todo estaba arreglado, ella misma se había encargado – como malas noticias…
- Quisimos venir…
Aunque Vicka seguía hablando, yo ya no escuché nada…¿Para qué? Luego de lo que ella había dicho, ¡Si eso era verdad! ¡¿Qué podría tener sentido?! Sé que luego de dejar de escuchar lo que ella decía, no era yo tampoco quien me sostenía de pie, era alguien quien me brindaba su cuerpo como apoyo y así fue hasta el día del funeral, fue por ello que ese día me alejaron de ti, no me dejaron verte una última vez, dijeron que me haría mal verte bajar hacia tu última morada donde yo no te podía acompañar…
En este tiempo que ha pasado y no te he podido olvidar, sólo puedo mirar de vez en cuando mi celular… en él aún continúan aquellas dos llamadas perdidas y es verdad…lo que en tu mensaje prometías, apretando fuerte en mis dedos el anillo que me dejaste, cada noche te tengo junto a mí, al reproducir éste, tu mensaje de voz.
FIN

4 comentarios:

  1. hola, sheila gracias por subir esta historia y gracias a la escritora por regalarnosla, a mi me gusta mucho esta pareje y me encanta leer fic de ellas, esta historia fue muy linda, pero a la vez muy romantica lo hacen pensar a uno mucho y es verdad que muchas veces dejamos al lado las cosas importantes de nuestras parejas y no le damos el valor que se merecen hasta que ya es demaciado tarde. te felicito por que eres muy buena escritora

    bombom7805

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  2. Muy buen fanfic... felicidades a la escritora.

    Es la primera vez que me paso por este blog.. esta hermoso n///n.

    Saludos!

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  3. wow muy lindo.. de verdad!! sin comentarios

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  4. Hola, un saludo a bombom7805, Sachiko O, a Diana y por supuesto a Sheila - sama!!!

    Gracias a todas por leer y por comentar, es muy agradable percibir el gusto de lo que uno escribe a través de un comentario, que aunque no cause tanto dolor como una aguja produce el mismo bienestar que una trasfusión sanguínea...

    Ahora bien, puede que resulte para algunas obvio o puede que sobre pero explico que en este Fic, desde el primer acto Yulia se encuentra en el más allá, el fic consta de la vida y recuerdos de Lena poco después de la muerte de Yulia...este fic tiene rasgos reales, muy reales...

    sigan leyendo...

    VolKát.

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