martes, 4 de mayo de 2010

Xena Mi Destino eres Tu Cap. IV


CAPITULO IV
 
Tu Eres Mi Destino

- Muy bien entonces esa mujer te ataco cuando intentaste robar el rubí de la vida.- dice Gabrielle tratando de entender el comportamiento de Apolo.

- Sí así es ella ha sido la que me ha hecho esto - se mira las manos que aun le tiemblan.

- Muy bien esto no me lo habías comentado ¿cómo se supone que yo robaría el rubí de la vida? - dice Gabrielle mirando seriamente a Apolo.

- Je, bueno claro, claro, que, que te lo iba a comentar ¿sabes?. - Apolo sonríe nervioso.

- ¿Sí? ¿Cuándo? ¿Una vez que Geneva o como se llame esa tipa se hubiera presentado ante mí? - Gabrielle menea la cabeza negativamente.

- Lo sé Gabrielle pero entiende, si te hubiera comentado acerca de ella de seguro te habrías negado a ayudarme - Apolo le mira pueril y dulcemente.

- Créeme no me habría opuesto a ayudarte pero por lo menos me habrías dado armas para enfrentarme a esto, ahora tengo que trazar un nuevo plan. Dime ese castillo ¿cuenta con muchas puertas y cerrojos?

- Sí de hecho es todo un laberinto.

- Lo sabía no debí confiarme de los dioses. Y menos en uno tan vanidoso como tu.

- Hey, insinúas que soy un narciso.

- No, créeme que no por lo menos el se amo tanto asimismo que bueno ya sabes la historia y ahora no me molestes voy a subir a mi cuarto tengo varias cosas que hacer. - Gabrielle se levanto sin decir una palabra más.

Una vez que se hubo ido Hebe se acerco a su hermano.

- Hey, creo que esta vez te has excedido, no creo que ella sola pueda derrotar a la guardiana del rubí de la vida.

- Por favor Hebe, ¿sabes por que la escogí?

- No, no lo se hermano dímelo tu - Hebe se sentó a su lado.

- Por que es discípula de Xena, es inteligente y fuerte y si hay alguien que puede sustraer ese rubí esa es Gabrielle. Confío en que ella lo haga y que lo haga bien, es mi única esperanza.

- Solo espero que nada malo le pase, es una buena mortal ¿sabes?. - Hebe sonríe dulcemente.

- Sí, eso mismo espero yo.

Horas más tarde Xena y Geneva salen de la taberna, el humor de Xena se mejoro al paso de los tarros de vino, iba con la firme decisión de hablar con Gabrielle y no dejarla en paz hasta que no le dijese el porque de su actitud, es más incluso usaría sus puntos de presión para hacerla hablar, necesitaba hablar con ella y lo haría.

-Muy bien Xena aquí nos separamos, si te quedas unos días por aquí no dudes en visitarme - con un rápido movimiento, besó fugazmente los labios de Xena.

-Je, me disculparas por el beso pero siempre tuve ganas de hacerlo, - dijo mientras se encaminaba rumbo a la plaza principal – aaahh!, lo olvidaba – se volvió para mirarla de frente – también ya déjate de preocupar por esa chica Gabrielle pareciera como si estuvieras enamorada de ella, je, que ocurrencias ¿no? – alzo la mano para despedirse y se fue.

Xena se quedo de pie estupefacta, un remolino de recuerdos vino a su mente, y en todos ellos estaba la sonrisa de Gabrielle, su mirada dulce e inocente, sus te amos, sintió como si un rayo acabara de caerle encima, ella estaba enamorada de Gabrielle, realmente enamorada, es por eso que le había dolido tanto la nueva actitud de la bardo hacia ella.

-Dioses la tuve para mí siempre – se encamino a la posada – ¿Cómo no me di cuenta antes?..... no, no, no es verdad siempre lo supe, siempre supe que la amaba, pero no creí ser correspondida, ¿Cómo?, ¿Cómo alguien como ella podría amarme?, ¿Cómo podría quererme, teniendo un pasado como el que yo tenía antes de conocerla?..... Gabrielle siempre has estado conmigo, siempre, me has demostrado tu amor a manos llenas y yo me he permitido negarlo, cegar mis ojos y no ver en realidad el amor que me ofrecías a manos llenas, siempre incondicionalmente, puro y libre de egoísmos...... “¿Crees que soy bonita?” – la pregunta de Gabrielle volvió de golpe a la mente de Xena, esa noche... esa noche... Gabrielle estaba deseando saber si sentía algo por ella, deseaba saber que era lo que yo pensaba con respecto a ella, y yo estúpidamente le conteste a la ligera y la mande a dormir, oh, Gabrielle, lo siento tanto, en verdad lo siento – sin darse cuenta llego a la entrada de la posada, sin detenerse, subió al cuarto de Gabrielle, estaba dispuesta a hablar necesitaba hacerlo, de una forma o de otra, mientras subía siguió pensando en la actitud recientemente adquirida del bardo – ahora lo entiendo, ella esta tratando de olvidarme, de sacar ese amor que siente por mí, es por ello que ya no me permite tocarla, por lo mismo debe ser su interés en Helen, para olvidarme, pero no Gabrielle, no me olvides, yo, yo te necesito, yo... yo... – Xena de tres zancadas subió las escaleras, se situó de pie delante de la puerta de Gabrielle, estaba apunto de llamar cuando un nudo en su garganta y un nerviosismo se apodero de ella. Se dio media vuelta y entro a su cuarto, una vez dentro Xena se sentó sobre la cama, miró sus manos que ligeramente temblaban.

- ¿Qué es lo que estoy pensando?, ¿Qué es lo que voy a decirle?, Gabrielle, me he dado cuanta de que estoy enamorada de ti, y me estoy muriendo de celos cuando cruzas palabra y mirada con esa posadera. - ¿eso le diré?, mmm, sí ¿porque no?, no, no, tengo que ser más sutil, pero ¿cómo?.

Mientras Xena se devanaba los sesos pensando en como decirle a su bardo que la amaba, Gabrielle salió de su cuarto, bajo directo a la cocina, para encontrarse con Apolo.

- Muy bien Apolo, ya tengo trazado un plan, pero necesitare ayuda, por lo que te pido que traigas a Autolycus, el es un experto en cerrojos, y es buen peleador.

- Esta bien, lo traeré, y dime, ¿Xena ya regreso?.

- No, no creo debe seguir en la taberna con su amiguita. – dice con gesto de molestia.

- Animo bardo, te aseguro que pronto te demostrara lo que en verdad siente por ti.

Apolo adquirió su forma de Dios.

- Empiezo a dudarlo, pero de igual forma siempre estaré con ella.

- Gabrielle – Apolo se acerco a ella, con su mano rozo su rostro con suavidad mientras le decía – tienes un gran corazón y estoy seguro de que Xena sabe que la amas, ella también te ama, confía en mí. Anda ve a descansar yo iré por este amigo tuyo, ¿de acuerdo?.

- Sí – dijo Gabrielle sonriente.

Apolo desapareció en medio de una luz plateada.

- Muy bien será mejor irme a dormir. – Gabrielle se encamino a su cuarto.

- Muy bien Xena, ¿acaso no eres una gran guerrera?, pues entonces ve por ella anda– se decía asimisma.

Al salir Xena del cuarto se encontró con Gabrielle, Xena sintió un leve rubor cubrir sus mejillas al ver el verde de los ojos de Gabrielle, ahí estaba esa persona que le había acompañado en tantas aventuras, la niña que se había vuelto mujer a su lado.

- Buenas noches Xena – Gabrielle se dio la vuelta y se dispuso a entrar en su cuarto.

- Espera – dijo Xena reaccionando rápidamente – espera, necesito hablar contigo – poso una mano sobre el hombro de Gabrielle.

- Pasa – le dijo Gabrielle sin voltear a verla.

Ese era el momento cumbre, le diría a Gabrielle lo que sentía por ella, solo esperaba que no fuese demasiado tarde.

Xena cerro detrás de sí la puerta, la bardo se volvió para mirar a la guerrera de frente.

- Y bien, ¿ que es lo que deseas hablar conmigo? – le pregunta Gabrielle secamente.

- Gabrielle yo, no, no sé como empezar. – Xena desvió la mirada hacia la ventana.

- ¿Quieres sentarte? – Gabrielle le señalo el borde de la cama. Ante lo cual Xena se ruborizo.

- No, estoy bien así.

- De acuerdo – Gabrielle se sentó al borde de la cama.

Instintivamente Xena se acerco y se coloco de rodillas frente a Gabrielle, le tomo las manos, ante esto, la bardo sintió que el rubor le quemaba el rostro. Xena lo percibió y se sintió más en confianza para revelarle sus verdaderos sentimientos hacia ella.

- Gabrielle – dijo Xena mirando a su bardo con infinita ternura – hace poco me hiciste una pregunta y no te la conteste de la manera como deseaba hacerlo, así que, te responderé ahora – Gabrielle pienso que eres la mujer más hermosa de este mundo, eres lo más preciado para mí, no sabes como te quiero, y aun con el temor que siento de que tu no me ames debo decirte que te amo con todas las fuerzas de mi ser, que he sido una ciega al no darme cuenta de tus expresiones de amor hacia mí. Te amo Gabrielle, te amo. – Xena descanso la cabeza sobre las piernas de su bardo.

- Xena – Gabrielle acaricio el cabello de su guerrera con delicadeza – Xena... pensé que no me amabas, que solo me querías como se quiere a una amiga, pero sabes poco tiempo después de conocerte me di cuenta de que tu... de que Tu eres mi destino, y no te imaginas lo que yo bendigo a Dios porque quiso disponerlo así, tu eres mi destino, y no tengo miedo de afrontar contigo las adversidades en el porvenir, tu eres mi destino, bendito destino, y si me ofrecieran riquezas y gloria renunciando a ti, sin vacilaciones yo respondería prefiero la muerte a la gloria inútil de vivir sin ti.*

- Gabrielle, mi pequeña Gabrielle – Xena levanto su rostro mirando de frente a su bardo, quien sonreía, mientras las lágrimas le corrían por sus mejillas, Xena las tomo con sus dedos llevándoselas a su boca – Gabrielle tus lágrimas me saben a tristeza y alegría.

- Xena tu eres mi destino, bendito destino y si me ofrecieran riquezas y gloria renunciando a ti, sin vacilaciones yo respondería, Prefiero la muerte a la gloria inútil de vivir sin ti.* – Gabrielle tomo la mano de Xena, llevándosela a sus
labios y besándola repetidas veces.

Xena se incorporo, Gabrielle le vio sonriente, Xena ayudo a levantar a su bardo tomándola de sus manos, el cielo ya estaba completamente oscuro, la única luz era de una lamparilla colocada al lado de la cama de Gabrielle que iluminaba a medias la habitación, a lo lejos se escuchaba el sonido de una música muy suave, cadenciosa, que invitaba a ambas a bailar, suavemente Xena tomo a Gabrielle por el talle, la acerco hacía si tomo su mano y comenzó a bailar paso a paso, ambas se miraban fijamente, extasiándose en sus mutuas miradas, Gabrielle tras un momento deposito su cabeza sobre el pecho de su guerrera, Xena hundió su rostro en el cabello de Gabrielle aspirando su fragancia, un buen rato estuvieron así, sintiéndose, absorbiendo ambas el calor emanado de sus cuerpos, tras un rato Xena empezó a desvestir a Gabrielle poco a poco siguiendo el ritmo de la música, rozando su piel con extrema delicadeza, besando su cuello con parsimonia, mirando su cuerpo como si fuera el Tesoro más grande que hubiera poseído en toda su vida, y ella sabía que eso era cierto, una vez desnuda Gabrielle, esta se abrazo a Xena alzándose sobre las puntas de sus pies descanso su boca sobre la de Xena, besándola de forma suave, tranquila, disfrutando cada movimiento de sus lenguas, saboreando la boca de Xena con extrema delicadeza, queriendo grabar en su mente su sabor, el aroma de su aliento, la calidez de su boca, la tersura de sus labios, fue un beso largo, un beso revelador de cientos de secretos de amor de parte de ambas, un beso único, su primer beso, con una timidez casi pueril Gabrielle fue soltando la armadura de Xena, en donde sentía que no podía, Xena le ayudaba, pronto Xena quedo solo con su vestido de cuero, Gabrielle se asió de la cintura de la guerrera, cerro los ojos y permitió que Xena besara su rostro, su frente, sus ojos, sus mejillas color carmesí encendidas por el deseo, beso sus labios, su barbilla. Tras un instante Xena la tomo entre sus brazos cargándola, se miraron por un momento, Gabrielle entendió la mirada de Xena, en la cual le pedía su consentimiento para yacer con ella, Gabrielle le dio su respuesta al acariciar los labios de su guerrera con las yemas de sus dedos, Xena recostó a Gabrielle sobre la cama, se deshizo del resto de su ropa, dejando a la vista su desnudez, la mirada de la bardo se extasió ante aquella figura a la luz de aquella lamparilla, sus mejillas se encendieron más intensamente, extendió sus brazos a hacia Xena, quien se dejo llevar ante el regalo que Gabrielle le daba a manos llenas.

Al contacto de sus pieles Gabrielle dejo escapar un leve gemido, lleno de ansiedad.

- aahh, Xena, mi... mi princesa guerrera. – Gabrielle ladeo su cabeza, permitiendo a Xena besar y morder suavemente su cuello.

- Gabrielle... te amo... mmm – Xena bajo su rostro hasta posarlo sobre los delicados senos de la bardo, atrapo un pezón con su boca, empezó a jugarlo con su lengua, sintiendo la delicia de su dureza. Xena se entretuvo un buen rato succionando y acariciando los pezones de Gabrielle, alimentando de esta manera el deseo de la bardo, quien a medida que Xena le obsequiaba una nueva caricia, su respiración se aceleraba, Xena fue recorriendo el cuerpo de Gabrielle entre caricias y besos, tratando de no dejar un solo lugar sin explorar, sin besar o tocar. Xena subió de nuevo por el cuerpo de su bardo, miro el rostro de la mujer que amaba, escudriño, cada parte de ese rostro tantas veces visto por ella, memorizando cada detalle, al grado de que Gabrielle se sintió tan apenada que sin quererlo cero los ojos y volvió a un lado su rostro.

- Mi pequeña Gabrielle, ¿qué sucede? – le pregunto Xena con mucha dulzura.

- Yo, no, bueno... es.... es que...

- Mírame – Xena le tomo el rostro con su mano e hizo que se volviera para verla.

- Xena, yo...

- Sshhh – Xena puso un dedo sobre la boca de su bardo, sonriéndole – Te amo, solo quiero que sepas eso y que nunca lo olvides, ¿de acuerdo?, Gabrielle asentó con la cabeza y le sonrió.

No hubo más palabras, no hubo ninguna explicación, todo lo que había de decirse se dijo con caricias, miradas y besos, acciones que desembocaron en su mutua satisfacción, Xena yacía placidamente abrazando a Gabrielle, esta estaba tan emocionada que no podía conciliar el sueño, al fin logro lo que deseaba ser una en cuerpo y alma con Xena, sentía ganas de salir corriendo y gritar a voz en cuello que amaba a Xena más que a nada en la vida, y que nada la separaría de ella nada absolutamente. De pronto un miedo casi insoportable la domino, recordó de golpe la promesa hecha a Apolo, ahora ella debía cumplir con su parte, Xena por fin era suya ahora el rubí de la vida debía ser sustraído por ella... pero... esa mujer... si siendo un Dios Apolo apenas logro escapar con vida de Geneva. ¿ seria ella capaz de salir victoriosa de ese cometido?, un solo error, un solo error, y jamás volvería a ver a Xena. Ante tal pensamiento, Gabrielle se asió al cuerpo de su guerrera con más fuerza, respiro con profundidad el aroma de su amada y por primera vez temió verdaderamente a la muerte.

Continua con: Cap. V El Rubí de la Vida

Nota: * la parte de la conversación de Xena y Gabrielle “ Eres mi destino” que esta en negritas pertenece a (Carlos Gómez Barrera) autor del tema éxito de los tres ases “Tu eres mi destino”

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