viernes, 25 de julio de 2014

Capítulo 19 Recuerdos de un Verde Esmeralda 2da parte

Hola mis amadísimos Fans! Pues bueno aquí tienen la siguiente parte del capítulo 19, espero que sea de su agrado. Gracias por su paciencia y sus comentarios me animan mucho para seguir escribiendo. Les mando un enorme Abrazo a Tod@s ustedes!!!!!!!



Capítulo 19 Recuerdos de un Verde Esmeralda 2da parte


Camila se quedo en silencio, observó a Esmeralda llevarse las manos a la cabeza para negar un par de veces suavemente.

— Esto que me has dicho — dijo Esmeralda — ¿tienes alguna prueba? — levantó ligeramente el rostro para mirarla.

— Sí

— ¡Dios! — exclamó en un suspiro, cerrando los ojos fuertemente.

— Esmeralda ¿qué fue lo que le sucedió a Alejandra? — preguntó Camila intentado llevar la conversación por el momento hacia otra dirección.

— Andrés — respondió Esmeralda, posando su verde mirada sobre la superficie líquida de su café — entró en mi cuarto un poco frenético, dijo que Al estaba toda hinchada, mareada y con un fuerte dolor de cabeza… pensé que exageraba — intentó sonreír sin dejar de mirar su humeante vaso — pues días atrás sí, la había visto ligeramente hinchada pero pensé que era cosa normal por su embarazo, además ella nunca me comentó que se sintiera mal o algo por el estilo. Entonces Andrés me dijo que había mandado a pedir una ambulancia porque Al sentía un dolor muy fuerte en el vientre y también a la altura del hígado, eso me preocupó — frunció el ceño — así que baje corriendo para ir a verla justo cuando escuché que llegaba la ambulancia, los paramédicos entraron y tuve a bien hacerme a un lado para no estorbar, por lo que la vi cuando la sacaron del cuarto en la camilla… — se pausó brevemente, su rostro se compungió, apretó los labios fuertemente antes de continuar — … se veía terrible y aún así Al me dio ánimos — sonrió con derrota — antes de que la subieran a la ambulancia me acerqué a ella y me dijo que estas cosas pasaban, que ella iba a estar bien — una lagrima resbaló por su mejilla — alcance a escuchar a uno de los paramédicos decirle a otro que lo más seguro es que le realizarían un aborto.

— Oh — musitó Camila, ahora creía que hubiera sido mejor mantener la conversación en torno a Sharon.

Camila se mordió ligeramente los labios, no sabía que decir. Sopesó que lo mejor sería volver al tema de inicio de su conversación.

Mientras tanto Andrés caminaba despacio tras el médico, su corazón latía desenfrenadamente, sentía un nudo en la garganta que no lo dejaba respirar, estaba completamente angustiado, su bebé se había convertido en el todo de su vida.

El médico abrió la puerta de su consultorio y le invitó a pasar.

— Siéntese por favor.

— ¿Cómo, cómo esta el bebé? — el tono de voz denotaba su angustia.

El doctor le miró seriamente y respiró profundamente antes de hablar.

— Lo lamento señor Ibañez, no se pudo hacer nada. Lo siento.

Los ojos de Andrés se abrieron desmesuradamente y el llanto se anegó en ellos, su mandíbula se tensó con fuerza, mientras sentía como si un líquido quemante corriera de su cabeza a los pies a una velocidad vertiginosa, su estómago se contrajo con fuerza y un fuerte mareo le hizo llevarse las manos a la cabeza, bajo la mirada al sentir las lágrimas desprenderse a raudales de sus ojos.

Un incomodo silencio se hizo presente en el consultorio, el cual fue roto por los suaves sollozos del rubio hombre.

— Su esposa presentó un cuadro bastante severo de preeclamsia, tuvimos que practicarle un aborto porque el bebé no presentaba signos de vida, si no se hubiera hecho de esta forma su esposa hubiera muerto — dijo el médico tratando de captar nuevamente la atención del rubio — No es infrecuente que esto ocurra, sobre todo en embarazos primerizos, lamentamos su perdida, pero logramos salvar la vida de su esposa.

El médico lo miró seriamente.

— ¿Ella esta bien? — logró preguntar en medio de su dolor.

— Por el momento esta estable, pero necesitamos mantenerla en observación, me he asegurado que no queden restos dentro del útero que pudieran traer algún tipo de infección. Por el momento es todo lo que podemos hacer.

— ¿Podrá… podrá embarazarse de nuevo en un futuro? — preguntó Andrés con un ínfimo atisbo de esperaza.

— Es mi deber decirle señor Ibañez, que es probable que en un segundo embarazo se presente el mismo problema, es verdad que pudiera no ser tan grave como en esta ocasión… sin embargo…

— Sin... embargo — repitió con dificultad Andrés instándolo a seguir.

— Sin embargo, no lo recomendaría… la severidad del cuadro que presentó fue muy marcada; quizás… con tratamiento — dijo ligeramente dubitativo, llevándose la mano a la barbilla — pero… no hay garantía de un embarazo cien por ciento libre de riesgo — el médico exhaló con ligera fuerza — le recomiendo que lo hable seriamente con su esposa antes de tomar la decisión de embarazarse nuevamente, recuerde que no sólo es la vida del bebé la que esta en juego sino también la de la madre.

— Andrés se limpió los ojos con el envés de la mano.

El médico se levantó junto con Andrés.

— Sería bueno si va a dormir a su casa, no hay nada más que hacer por el momento, mañana podrá verla a la hora de la visita.

— No, prefiero quedarme — respondió Andrés con tono triste.

— Como usted desee señor Ibañez, si me disculpa tengo que seguir atendiendo a mis pacientes.

— Por supuesto, gracias por todo.

****

Esmeralda había salido a una de las jardineras, necesitaba aire, en verdad que lo necesitaba; la noticia que le diera Camila le había puesto en un estado extraño, era una sensación de euforia entremezclada con enojo, ira, tristeza, era un remolino de emociones que no podía digerir del todo. Esta vez era ella la que caminaba de un lado a otro, a paso rápido, nervioso; se llevó la mano a la boca y lo que nunca, se empezó a morder las uñas desesperadamente.

— ¿Cómo pudiste esconder algo así? — preguntó tras detener su acalorada marcha.

— ¿Y que otra opción tenía? — Camila se mordió el labio inferior.

— ¡Pudiste habernos dicho todo! — reclamó, pasándose la mano por entre el cabello — ¡pudimos haber impedido la boda entre el imbécil de Andrés y mi hermana!

— ¡Ella no quiere verla! — levantó la voz al igual que sus manos, haciendo un gesto de desespero — ¡por qué te cuesta tanto entenderlo?

— Eso no es posible — negó — ¡la última vez que hablé con ella estaba perdida de amor por Al!

— ¡Pues debiste hablar con ella después de que tu “grandiosa” — hizo comillas con los dedos, llevando su voz a un tono sarcástico — “y siempre perfecta hermana” ¡la ridiculizara y la humillara en público!

— ¿De que estas hablando? — le miró con extrañeza — ¡Al la amaba con toda su vida, ella jamás hubiera...!

— ¡Qué jamás hubiera?, por lo visto no ha sido del todo sincera contigo ¿no?, ¿acaso nunca te dijo el motivo de su rompimiento?

— Ella… ella nunca… yo… — se quedó callada mirando el piso, una sombra de duda se poso en su verde mirada y Camila lo aprovechó, era ahora o nunca.

— Esmeralda — dijo Camila sosteniéndole de los hombros — escúchame bien — esto que voy a decirte es justamente lo que me contó Sharon ¿de acuerdo?

— De acuerdo — respondió con impaciencia.

— Como te dije en la cafetería, Sharon esta dando clases en Inglaterra, en la Universidad de Londres; sabes bien que mi padre esta empeñado en que estudie medicina ahí; así que mientras él estaba informándose acerca de los trámites que necesitaría para ingresar yo me dediqué a dar una vuelta por el lugar.

— Sí, sí, eso ya me lo dijiste ¿quieres ir al grano por favor? — le miró con impaciencia.

— Muy bien, no desesperes — meneó en negativo varias veces — bueno, como te conté, la encontré en la esquina de Gower y University street; casi chocamos y al reconocerme, su rostro se puso lívido, obviamente eso me extraño y más cuando trato de alejarse de mi tan rápido como sus tacones se lo permitían. La alcance porque su actitud me inquieto; al hacerlo la sujeté de la mano, se soltó de mí con mucha fuerza, casi me hizo perder el equilibrio. Dios lo recuerdo como si hubiera sido ayer — sonrió con melancolía.

Cerró los ojos y se dejo llevar por los recuerdos.

— Espera, espera Sharon — la asió de la mano pero se soltó con tal fuerza que casi la tira, sin embargo Sharon la alcanzó a sujetar del brazo.

Al levantar el rostro Camila le miró con sumo desconcierto; entonces Sharon dedujo que la chica a la cual casi hizo sentir la dureza del piso, no sabía nada acerca de su rompimiento con Al.

— ¿Estas…bien? — preguntó dubitativa la joven con la mirada aún confusa.

— Lo siento Camila — Sharon intentó sonreír, pero no lo consiguió. Volvió el rostro mirando hacia todas direcciones.

El gesto de extrañeza de Camila no se hizo esperar.

— ¿Estas esperando a alguien? — preguntó, captando nuevamente la atención de la mujer.

— No, yo — regresó su azul mirada a la chica que se notaba dolida por su actitud, suspiró profundamente antes de hablar — ¿vienes sola?

— Sí, bueno, sólo con mi padre que está investigando los por menores para mi inscripción dentro de algunos años.

— Oh — respiró con alivio — que bien, que bien — repitió llevándose la mano al pecho.

— ¿Qué sucede Sharon?, de sólo verme tu rostro perdió el color.

— Yo, lo siento — esta vez intentó sonreír nuevamente y a duras penas lo consiguió — han sido dos años difíciles para mí; supongo que no sabes que rompí con Al.

— Bueno si, algo supe, pero no, no sé realmente por qué.

Sharon sonrió tristemente; le acarició el rostro y meneó en negativo un par de veces.

— No importa.

— ¡Claro que importa! — Camila frunció el ceño — tienes la mirada llena de dolor, tu expresión facial no es el de una persona a la que no le pasa nada, esa estúpida, inconsciente, liberal — dijo con furia la última palabra — ¿te hizo algo verdad?

El rostro de indignación de Camila la conmovió, sus ojos se llenaron de lágrimas y la joven le abrazó, Sharon enterró su rostro en el obscuro cabello de Camila.

— Llora Sharon — susurró quedamente — llora, no voy a soltarte, te prometo que no lo haré.

— Y-o, yo — no pudo decir más; su garganta se cerró, no era para menos, el dolor era intenso, la había amado, la había querido más que a su propia vida y Al sólo se burló de ella; Sharon no podía creer que la herida siguiera doliendo de esa manera, a pesar de ya haber transcurrido dos años.

Camila se entristeció al escucharla llorar, las dos únicas ocasiones en que la visitó junto con Esmeralda; siempre la vio sonriente y de buen humor; inclusive se diría que tuvo un ligero enamoramiento de ella pues Sharon era una mujer muy atractiva, media un metro con setenta y ocho centímetros, de piel clara; sus mejillas y nariz tenían unas pecas muy suaves casi imperceptibles, no eran visibles a menos de que se le mirara muy de cerca, o bien se hacían visibles si se bronceaba o si se sonrojaba; su cabello caoba ligeramente cobrizo era la envidia de muchas mujeres; esto herencia de su madre de origen Irlandés, pero nacida en Inglaterra; Sharon era también una mujer sumamente disciplinada, de profundos ojos azul claro, herencia de su padre un Americano cuyos padres eran de origen Alemán.

Cuando Sharon se tranquilizó, invitó a Camila a tomar un café al Starbucks de Tottenham Courd Road.

— Mientras tomábamos el café — dijo Camila mirando a los ojos a Esmeralda — Sharon me dijo entre lagrimas que Al… — bajo la voz ligeramente al recordar la tristeza reflejada en esos ojos azules — la rebajó a estúpida — meneó la cabeza en negativo — cuando le dijo que sería estupendo si se casaban e invitaban a todos sus amigos — suspiró profundamente — ella tenía dos semanas de embarazo — sonrío con amargura — y pensaba decírselo a tu hermana esa misma noche; creyó que todos sus amigos se alegrarían por ambas. Sin embargo cuando Al le dijo literalmente en frente de todos sus amigos que para casarse tendría que volver a nacer con una mente bastante reducida para acceder a cometer semejante estupidez… — meneó la cabeza en negativo de nuevo — bueno… — se pausó brevemente y elevó la mirada al estrellado cielo antes de continuar — ella decidió quedarse con los buenos recuerdos y dejar a tu hermana con su adorada y tan preciada libertad — suspiró con desgano, ladeando la cabeza para mirar a su rubia novia.

— No — Esmeralda negó varias veces lo que provocó que su cabello se sacudiera suavemente — no, no, no, no, No Alejandra No pudo haber hecho eso, No pudo sobajar los sentimientos de nadie de esa forma ¡ella No es así!

— ¡Joder! — Camila se irritó, le molestó ver la forma como Esmeralda estaba cerrándose a la verdad — ¡estás tan ciega de amor por ella que no te das cuenta de que también tiene sus defectos!

— ¿Sigues con tus estúpidos celos?

— ¿Celos?, ¿cuáles celos?, — se pasó la mano con irritación entre el cabello — estamos hablando de la relación de Sharon y Alejandra; ¿qué tienen que ver mis celos en todo esto?

— ¡Fueron tus celos los que te mantuvieron con la boca cerrada todo este tiempo! — le señalo de forma acusatoria.

— ¡Sharon me pidió que jamás le dijera nada!

— ¡Pero no tenía derecho la niña también es hija de mi hermana! — replicó la rubia.

— ¡Hablas como si Sharon fuera la mala del cuento aquí!, ¿cómo si ella hubiera escondido con malas intenciones su embarazo!, que no te das cuenta de cómo lastimó Alejandra a Sharon?, si tan sólo el haber comentado el asunto del matrimonio hizo que tu hermana hiciera mofa de ella, ¡imagínate si le hubiera mencionado el embarazo!

— Al la hubiera apoyado, la hubiera…

— ¡El hubiera No Existe! — le espetó levantándose de golpe — lo que sucedió, pasó y ¡ya!, además estamos hablando de sentimientos Esmeralda; ¿crees que Sharon iba a quedarse a la espera de ser insultada, esta vez por haber tomado la decisión de embarazarse? — le miró desde todo lo alto con el ceño bastante fruncido — ¡si tu hermana no la hubiera humillado de esa manera, entonces ellas dos estarían juntas! ¿por qué te cuesta tanto entenderlo?

El rostro de Esmeralda se compungió; esas palabras llevaban mucho de verdad; a su mente regresaron las memorias de la actitud de su hermana tras el rompimiento con Sharon y supo que lo que decía Camila era cierto, la manera como Al se había encerrado en si misma y la forma como siempre evitó el tema, le hicieron abrir los ojos a una cruel y dolorosa verdad. Se llevó las manos al rostro y meneó en negativo un par de veces.

— ¿Cómo pudo haber hecho algo así? — preguntó Esmeralda y entonces Camila suspiró con alivio, sabía que ahora sería más sencillo que su novia entendiera todo.

— No, lo sé — respondió Camila sentándose a su lado nuevamente — le pasó un brazo sobre los hombros — lo único cierto es que a raíz de eso, Sharon decidió irse; en unos meses se notaría su embarazo y no deseaba que Al se sintiera obligada a nada.

— Al se hubiera puesto feliz — susurró — oye la, la niña — Esmeralda le miró a los ojos.

— Sí, lo sé, espera, te daré la prueba que me pediste hace unos minutos en la cafetería, pero tienes que prometer que no se la mostraras a Alejandra — le miró con completa seriedad.

— Yo... — Esmeralda sopesó la situación por unos minutos, mientras Camila sacaba del bolsillo de su pantalón un celular.

No tenía opción, tendría que prometerlo, además no estaba segura de poder convencer a Sharon de que volviera con Alejandra; así que, sino le decía nada, al menos no habría más pesar en el corazón de su hermana.

— De acuerdo — dijo tras unos momentos — lo prometo.

Camila le miró atentamente y asintió, abrió su carpeta de fotografías, dándole el celular a Esmeralda. Las manos de la rubia temblaban mientras agarraba el teléfono y antes de mirar la pantalla, cerró los ojos exhalando profundamente, una sonrisa nerviosa se dibujo en sus labios, pues esa era la primera vez que vería a su pequeña sobrina. Abrió lentamente los ojos y al verla las lágrimas cayeron a raudales por sus mejillas.

— ¡Dios mío! — exclamó mientras daba zoom con sus temblorosos dedos sobre la pantalla para ver más de cerca a su sobrina — no, no puede ser — rió entre lágrimas y volvió la mirada momentáneamente para ver el satisfecho rostro de Camila quien compartía la alegría que su novia sentía — Camila, mira, ¡mira! es, es idéntica a Al, pero con los ojos y el color de cabello de Sharon.

— Lo sé — rió suavemente mientras le pasaba el brazo por los hombros — es muy guapa y bueno lo digo porque tiene la sonrisa de Sharon, velo por ti misma, pasa a la siguiente.

Esmeralda lo hizo y efectivamente en la siguiente fotografía ambas madre e hija sonreían se veían preciosas las dos y sí, esa sonrisa era definitivamente idéntica a la de Sharon.

— ¿Entonces? — Esmeralda dejo de lado momentáneamente el teléfono y miró a los ojos a su novia.

— Sí — respondió casi en un suspiro, el óvulo fue el de Alejandra y el esperma que se utilizó para fecundarlo fue el de su hermano mellizo.

— ¿Raynard?

— Así es — le sonrió

— Ahora entiendo, ellos dos son idénticos, casi parecieran gemelos — Esmeralda observó nuevamente las imágenes — ¡Oh, Dios! es hermosa, en verdad parece hija de ambas.

— Y en efecto lo es, ella es hija de ambas; no olvides que fue Sharon la que llevo en su vientre a Eileen.

— ¡Eileen? ¿ese es su nombre? — preguntó con emoción — es hermoso.

— Sí, lo es — le sonrió con sinceridad.

Ambas observaron las fotografías una y otra vez, Esmeralda sentía una agridulce sensación de alegría; estaba feliz por haber conocido a su sobrina, aunque de momento fuera por fotografía y aún a riesgo de ser rechazada pensaba ir a buscar a Sharon con la intención de rogarle, de suplicarle si era necesario por una segunda oportunidad para su hermana. Esmeralda sabía muy bien que Sharon era la única persona a la cual Al realmente había amado. De hecho no terminaba de entender porque razón había accedido a casarse con Andrés y no es que le cayera realmente mal el tipo, si no que esa expresión de profunda felicidad que siempre acompañaba a su hermana durante el tiempo que vivió con Sharon, ya nunca más la había vuelto a ver y realmente la extrañaba demasiado.

****

Al abrió los ojos lentamente, la luz del día en la habitación penetraba con fuerza; entrecerró los ojos hasta que estos se ajustaron a la intensidad de la misma; sin embargo no dejo de sentir un ligero dolor punzante en la sien derecha.

— Ooumm — se quejó ligeramente, le dolía todo el cuerpo, pero sobre todo lo que más dolía era una sensación punzante en su vientre, sentía las piernas sumamente débiles.

— Buen día — una amable voz le hizo volver el rostro a un lado.

— Buen… buen día — respondió Al fijando sus ojos en una enfermera que se acercó a ella.

— ¿Se siente mejor Señora Duran? — le preguntó mientras le colocaba un termómetro bajo el brazo y revisaba el goteo del suero que le estaban administrando.

— Yo… ummhh — se quejó ligeramente — me duele un poco la cabeza… me siento confusa y mareada… además… necesito ir al baño — se sonrojó visiblemente.

— Oh, permítame Señora Duran, le ayudaré.

La enfermera, le coloco un cómodo bajo la cadera.

— Sé que va a ser un poco incomodo — le dijo mirándole con empatía — pero se encuentra muy débil como para ir al baño.

— En-entiendo — dijo sintiéndose bastante incómoda.

— Le daré un poco de privacidad — dijo la enfermera, saliendo de la habitación.

Una vez sola, Al sopesó la situación; las ganas de orinar eran terribles y verdaderamente, podía sentir sus piernas como si fueran de trapo.

— Pues… creo que no hay más que hacer — dijo con resignación, liberando la presión de su vejiga.

Minutos más tarde entró nuevamente la enfermera, retiró con cuidado el cómodo y le limpió.

— Me siento como una infante — su tono de voz era ligeramente agrió.

— No se preocupe, es normal, poco a poco durante el transcurso de los días ira sintiéndose mejor. Además estoy aquí, para procurarle y cuidarle, es mi deber y lo hago con gusto; adoro mi profesión y me sienta bien saber que puedo ser de ayuda para usted.

— Gra-gracias — Al nunca había conocido a alguien tan… amable; una nueva punzada en su vientre, provocó un ligero rictus de dolor, sintió una angustia que le hizo llevarse las manos al vientre, el tamaño del mismo le dio una rara sensación de incertidumbre — Norma — dijo el nombre de la enfermera, el cual leyó en la pequeña placa dorada que colgaba del lado izquierdo del suéter azul obscuro — … podría, ¿podría decirme, qué fue lo que paso? — preguntó mirándole con un ligero tono de angustia; el involuntario gesto de tristeza que se formó en los rasgos de la joven mujer le provocó una sensación de frío que le recorrió por toda la espalda.

— Señora Duran buen día — la profunda voz del doctor quién entraba en ese momento llamó su atención — gracias Norma, voy a platica un rato con mi paciente, puedes irte — le dijo a la enfermera.

— Sí doctor — respondió la chica — con su permiso señora Duran — dijo respetuosamente, cerró la puerta al salir e internamente agradeció la oportuna intervención del médico, pues no tenía idea aún de como dar ese tipo de noticias… tan… lamentables.

— Doctor — dijo suavemente Al, en su tono de voz, ella misma pudo apreciar algo que pensó, había olvidado, tras su ruptura con Sharon.

— Señora Duran, soy el Doctor Ignacio Bustamante — se presentó el hombre — la noche de ayer usted ingresó con un fuerte cuadro de preeclamsia, también llamada toxemia del embarazo, es una enfermedad grave y lamentablemente su vida estuvo en peligro, fue por eso que… — se pauso brevemente.

— ¿Mi… mi bebé? — preguntó, tragando saliva con dificultad mientras bajaba las manos nuevamente hasta posarlas en su inflamado vientre.

— Lo lamento señora Duran — el médico frunció el ceño y apretó los labios — cuando usted ingresó al quirófano… no había signos vitales del bebé, tuvimos que practicarle un aborto, no teníamos otra opción, su vida estaba en riesgo.

— ¿Có-cómo…? — los ojos de Al se abrieron desmesuradamente, sus manos recorrieron el largo y ancho de su vientre como si deseara encontrar algo que le indicara que su bebé seguía ahí, sintió tal angustia que todo pareció de repente darle vueltas, por un momento todo alrededor de ella se puso obscuro, sintió que en cualquier momento perdería la consciencia; ¿en verdad tanto deseaba a este bebé?; su mente vagaba de un extremo a otro a velocidades vertiginosas, se estaba ahogando entre la lógica que le gritaba que se calmara y su parte emocional que le exigía liberar todo el dolor que estaba haciéndole imposible el respirar.

— Lamento mucho su pérdida, seña Duran — dijo el médico mientras le retiraba el termómetro, aún tenia un poco de fiebre.

— Pero, no, ¿no podía haberse hecho algo? — preguntó formando puños con las manos, de repente se sorprendió así misma por la intensidad con que el dolor y la pena por haber perdido a su bebé le estaban consumiendo; no podía reconocer su propia voz.

— Comprendo como se siente, más de lo que puede imaginarse — dijo el doctor, el tono de su voz era sincero — usted llegó con la presión por las nubes… convulsionando — le dijo el médico fijando sus obscuros ojos en los verde intensos de Al — estaba presentando ya signos de edema pulmonar, por lo que fue llevada inmediatamente al quirófano; para tener apenas cumplidas las veinte semanas de embarazo; la rudeza de la preeclamsia fue brutal; sino hubiéramos actuado a tiempo probablemente hubiera sufrido un paro cardiorrespiratorio… En verdad lamento mucho su pérdida señora Duran.

Al, se quedo sin palabras, sus ojos despidieron lágrimas, apretó los puños con la poca fuerza con la que contaba, un nudo se formó fuertemente en su estómago y una sensación de profundo vació se apoderó de su mente y de su alma.

— Sus padres y su esposo se encuentran aquí, ¿desea ver a alguno de ellos?

— ¿Mis padres? — preguntó ligeramente sorprendida, al tiempo que ahogaba un sollozo.

— Así, es, ¿desea verlos?

— S-sí, p-por fa-vor.

— ¿Desea que pase también su marido?

— No, no… — dijo desviando la mirada; no sentía ningún deseo por verlo, de hecho ni siquiera soportaba en esos momentos la palabra Marido.

— De acuerdo — el doctor asintió — en breve sus padres estarán con usted.

— Gr- gra-cias — logró articular, el nudo en su garganta era sofocante, respirar dolía demasiado.

El médico sabía que en estos momentos, ella necesitaba ser confortada y él no podía darle el consuelo que ella necesitaba.

El tiempo le pareció eterno antes de ver a sus padres entrar; sus lágrimas caían a raudales y se sintió ligeramente incómoda con esa situación, ella nunca lloró enfrente de ellos, jamás lo hizo y ahora se sentía extraña, como si alguien hubiera tomado su lugar; era como si ella hubiera quedado muy lejos y una extraña se hubiera apoderado de su cuerpo.

— Mon amour “Amor mío”— su madre pronunció suavemente, se acercó a ella, llenándole su todavía hinchado rostro de múltiples besos y caricias — llora, llora tanto como puedas; saca todo tu dolor, estamos aquí.

— Ma-má — su voz se hizo un completo nudo — pa-pá — éste se acercó a ella y le observó con sus intensos ojos verdes, le tomó la mano, y depositó un beso en sus nudillos.

— Mon Princesse, la plus Belle de toutes les femmes “Mi princesa, la más bella de todas las mujeres” estamos aquí, siempre estaremos aquí para ti — su padre le sonrió con ternura y le besó suavemente la frente.

— Todo va a estar bien, cariño — su madre fijo sus verde amielados ojos en los de su hija — desahógate.

— No te dejaremos pasar por esto sola, mi vida. — agregó su padre acariciándole tiernamente su castaña cabellera.

Por un momento Al, odio con todas su fuerzas el haber pedido que sus padres entraran, las palabras de consuelo que le estaban brindado sólo estaban provocándole que llorase con más sentimiento y fuerza, no podía ni siquiera formar una palabra, lloraba con tal dolor y angustia, que incluso sus padres derramaron lagrimas, junto con ella. Al jamás los había visto llorar, esa era la primera vez.

La única ocasión que Al había sentido un dolor similar fue el día que entendió que había perdido a Sharon para siempre, pero aún entonces se había negado a llorar, aquella vez se tragó el nudo que se había formado en su garganta y apretó la mandíbula fuertemente para ahogar el sentimiento de tristeza y soledad que le invadió tras cerrar por última vez la puerta del departamento que compartiera con el amor de su vida.

****

Camila había convencido a Esmeralda para ir a su casa, darse un baño, comer algo y volver por la tarde a visitar a su hermana.

Mientras Camila pasaba un rato con Irma, su empleada domestica, haciéndole compañía en la cocina. Esmeralda se encontraba sumergida hasta la barbilla dentro de la tina de baño, su mirada no dejaba de mostrar preocupación y cierto toque de angustia… y ahora también se le sumaba un poco de incertidumbre… ella creía conocer a su hermana, la consideraba la más noble de las personas, incapaz de lastimar a nadie, era por ello que se sentía tan lejos de alcanzar el ideal que tenía formado de Al, ya que ella sea como sea siempre de alguna manera terminaba lastimando a las personas, sobre todo a Camila.

Su entrecejo se frunció, al recordar las palabras de su prima; una parte de ella se negaba a creer que eso era cierto. Al siempre fue dulce con ella, justa, tierna, amorosa… incluso la primera vez que intimó con ella fue sin duda alguna, una de sus mejores experiencias, un poco rara, es verdad, pero fue estupendo… cerró los ojos, suspiró con profundidad y trato de relajar sus estresados músculos… a su memoria regresó el recuerdo de su primera vez…

Esmeralda recién había cumplido catorce, cuando entró a la habitación de su hermana quien estaba recostada sobre la cama, leyendo un libro. Habían pasado seis meses desde que Al volviera de Nueva York y para Esmeralda tener de nuevo a su hermana bajo el mismo techo era su mejor regalo de cumpleaños; sin embargo su sola presencia no sería suficiente, había algo pendiente que tenía que ser cobrado, una promesa que estaba dispuesta a que fuese cumplida esa misma noche.

— Preciosa — dijo Al sin levantar la vista de su libro.

— Hola hermana mía, la más guapa, hermosa y sexy de todas la mujeres — Al sonrió sin dejar de leer el libro al escuchar el tono de voz de su hermana — ¿sabes que acabo de cumplir catorce? — dijo sonriente la joven rubia.

— Lo sé, mi dulce hermanita — respondió — ¿qué vas a querer de que te regale? — le preguntó, sin mirarla.

Esmeralda sonrió suavemente y subió a la cama lentamente.

— Lo que deseo — le respondió mientras se sentaba sobre sus piernas y retiraba el libro de sus manos — es… que — esbozó una sensual sonrisa cuando los ojos de Al se fijaron en los suyos — cumplas tu promesa… estoy lista — dijo con marcado énfasis al tiempo que le tomaba el rostro entre sus manos y acercaba sus labios a los de ella, Al descansó las manos en la suave cintura de su joven hermana y rozó sus labios suavemente con ella.

En ese momento la puerta se abrió y entraron sus padres.

— Parece que estamos interrumpiendo algo querido — sonrió la madre de las chicas.

— Oh, sí, eso parece — le devolvió la sonrisa a su mujer.

— Uhm, oh, no, no — dijo Esmeralda volviendo el rostro para verlos — aún no empezábamos nada.

— ¿Aún? — preguntó su madre levantando una ceja, sonriendo de medio lado.

— Bueno — Esmeralda se sonrojo y frunció suavemente los labios — quiero decir que… ah, bueno…

— Le prometí — interrumpió Al — que haría el amor con ella el día que me dijera que estaba lista para ello — dijo Al jalándola suavemente para abrazarla de lleno contra su pecho.

— ¡Oh! — exclamó su padre — creo entonces querida que nuestra pequeña ya sabe que regalo esperar de parte de su hermana.

— Sin duda, cariño — le sonrió.

— Espero que seas gentil con tu hermana ¿de acuerdo?

— Lo seré papá — respondió Al, mientras acariciaba la suave cabellera de su hermana — nunca haría nada que le desagradara u ofendiera.

— Muy bien hija confiamos en ti — su madre le sonrió — sabes Marcel, creo que tenía razón en cuanto a las preferencias de nuestra hija.

— Hummm, no lo sé — dijo él sentándose a la orilla de la cama — dime Mon petit, “Mi pequeña” ¿has sentido o sientes algún deseo por algún chico? — preguntó su padre mientras Esmeralda se soltaba del abrazo de su hermana y se recostaba de lado para ver a sus progenitores.

— Pues… no, realmente no — respondió, llevándose la mano a la barbilla.

— ¿Algún chico que te guste? — preguntó su madre sentándose del otro lado de la cama.

— No, tampoco — respondió Esmeralda pensativa — pero…

— Pero… — Al le instó a seguir.

— Bueno, verán… Camila, mi prima… ella me gusta mucho — sus mejillas se ruborizaron notoriamente, tanto sus padres como Al se miraron y sonrieron.

— Así que, Camila — suspiró su madre.

— Vamos Selene, ¿por qué ese suspiro?

— Oh, querido, tú sabes que por parte de Isabella no habrá problema, pero imagina, el grito que pegará su padre, cuando se enteré de que nuestra hija está interesada en su hija.

— Bueno, si en un futuro deciden estar juntas, ellas tendrán todo nuestro apoyo — aseguró su padre.

— Pero ten en cuenta que Camilla es muy apegada a su padre.

— Bueno, será entonces cuestión de ella si decide estar o no con nuestra hija.

— Oh, ya me imagino a Pierre, reiterándonos lo pecaminoso e impropio de nuestra conducta, gritando a los cuatro vientos que si el infierno existiera, estaríamos en la zona más licenciosa. — Al suspiró profundamente — me preguntó cuál sería su reacción si supiera que estoy a punto de hacerle el amor a mi propia hermana.

— Mmmhhh, veamos, para que sacar suposiciones, cuando podemos escuchar la respuesta — Marcel sacó su celular, le guiñó a su familia y marcó — según tengo entendido, Isabella me comentó hace un par de días, que él está de viaje de negocios en Chile.

— ¿Diga? — se escuchó en el alta voz.

— ¡Mi querido Pierre!

— ¡Quién te dio mi número maldito enfermo? — la tensa voz del otro lado de la línea tenía marcado un claro tono de repulsión.

— ¡Oh!, lastimas mis sentimientos, somos familia después de todo, querido Pierre — Marcel fingió tristeza en su voz.

— ¿Qué es lo que quieres? — preguntó con fastidio — ¿a caso Isabella te ha pedido que me llames?

— Jajajajajajajajaja, pero que tonto — se rió más fuerte — Isabella no necesita de terceros, si ella deseara decirte algo, sencillamente te marcaría o te citaría, pero querido, no lo esperes, ella ya te ha dicho todo lo que tenía que decirte.

— ¡Lo sé muy bien Bastardo!

— Bueno, querido Pierre, veo que sigues resentido…

— Te acostaste con su “mujer” cariño — interrumpió Selene.

— ¡Cómo puedes seguir a su lado sabiendo que se acostó con tu hermana? — preguntó Pierre exasperado.

— Aaaah — suspiró con notorio tono de cansancio — te lo dije, desde que decidiste casarte con mi hermana, te dije que no intentaras entendernos, nuestra manera de ser, nuestra manera de actuar difiere por completo del actual pensar de la sociedad.

— ¡Maldigo el día que conocí a tu hermana!, ¡son unos enfermos!, ¡depravados!, ¡inmorales! — gritó del otro lado de línea — ¡bestias como ustedes no deberían procrear!, ¡siento lastima por sus hijas envueltas en esa mierda de conducta que siguen ustedes!

— Oh, tío querido, no entiendo porque ese resentimiento tuyo, según tengo entendido también tú te acostaste con nuestra madre y no fue sólo una vez — el tono de Al dejo entrever un ligero dejo de sarcasmo.

— ¡Tú eres un caso perdido! — gritó Pierre — ¡la única inocente que queda es tu pobre hermana!

— Jajajajajajajajaja — Esmeralda no pudo evitar soltar una enorme carcajada.

— ¡Esa es Esmeralda?

— Oh, sí, tío querido — dijo Al con tranquilidad — hoy cumple catorce años y como regalo de cumpleaños, le daré un profundo y largo orgasmo.

— ¡Qu-qué?, ¡qué demonios?

— Tranquilo Pierre, ella tiene nuestro permiso.

¡Enfermos!, ¡Degenerados!, ¡Bestias!, ¡Maldi…

— Oh, suficiente — Marcel cortó la llamada, giró los ojos en blanco y meneó en negativo un par de veces — sigo sin entender cómo es que tu hermana accedió a casarse con este tipo — le miró con un gesto de absoluta incomprensión.

— Lo mismo me he preguntado mil veces — Selene se encogió de hombros.

— No lo comprendo — Esmeralda se sacudió la leve risita que aún tenía en los labios tras el “inocente” con el que fue categorizada — si también se acostó contigo, entonces ¿por qué tanta molestia, con que papá se acostara con su “mujer”? hizo comillas en la última palabra.

— Bueno hija, muchos hombres creen que ellos por ser “hombres” — hizo comillas con los dedos — tienen el derecho de acostarse con cuanta mujer se les pegue en gana; pero para ellos “su mujer” no tiene semejante derecho, para ellos, ellas deben de ser “fieles” y…

— Tontas y ciegas — se río Al.

— Sí, es verdad — intervino su padre — la doble moral con que se maneja el mundo es impresionante; pero como acaban de ver, nosotros somos los “perversos” — también gesticuló comillas con los dedos.

— Mamá ¿alguna vez has sentido celos de papá? — preguntó Esmeralda ligeramente pensativa.

Su madre rió de buena gana y le miró con mucha ternura.

— No, Mon amour, ni siquiera estamos casados, porque no necesitamos de un papel para estar juntos; nos amamos y nos comprendemos de una manera que nadie más podría darnos.

— Es cierto Mon Petit — Marcel tomó la mano de Selene — podría acostarme con cada mujer existiese en el planeta, pero… — miró a su esposa directamente a los ojos — jamás, ninguna de ellas me hará sentir como su madre lo hace — tomó su mano y le besó los nudillos.

— De hecho Mon amour — Selene miró a los ojos a su hija — puedo decirte que hemos tenido realmente pocas parejas sexuales.

— Es verdad — aseguró Marcel — saben que para nosotros el sexo, no tiene un significado tabú o morboso, ni “misterioso”; sencillamente es parte de la vida. Pero tampoco es que no podamos vivir sin él.

— Puedes ver que incluso tu hermana, ha estado con no más de diez personas.

— Las cuales — interrumpió Al — yo he escogido — deberías de ver la cantidad de mujeres y hombres que acaban en la cama con personas que ni siquiera son de su agrado, sólo por la presión de sus amigos, familiares o de esas mismas personas con las que terminan acostándose. No hay nada peor, que irte a la cama con alguien que sencillamente no es de tu agrado — hizo un mohín de asco.

— Bueno, en mi caso yo te he escogido a ti para ser mi primera experiencia — se sonrojo ligeramente.

— Y me siento honrada — le acarició la mejilla con el envés de la mano.

— Muy bien mis amores — dijo su madre — ahora las dejaremos a solas, ya su padre y yo iremos a cenar.

— Antes de irnos quiero decirles hijas, que el sexo, a lo largo de la historia ha tenido miles de variantes y significados, inclusive hay referencias en la biblia respecto a este tema — levantó la ceja y sonrió de medio lado — pero su concepto se ha ido oscureciendo con el paso del tiempo, hoy día, para mucha gente tocar ese tema es sencillamente vergonzoso, cuando no hay porque sentirlo de esa manera; y no sólo eso, lo han distorsionado de tal forma que se ha vuelto algo realmente obsesivo, grotesco y oscuro para muchas personas, sobre todo para aquellas a quienes siempre se les ha negado ese tema; que les han hecho ver de alguna manera que es algo que no tendría porque conocerse. En fin, sólo quiero Esmeralda — fijo sus ojos en su hija — que esto que vas a experimentar con tu hermana, te sirva de base para conocer tu propio cuerpo, que descubras que partes del mismo te dan placer; y en un futuro cuando halles a la persona con la que desees compartir tu vida, encuentres con fascinación como el ser tocada en esos mismos puntos, se intensifica el placer en un cien por ciento. Ahí será el momento en el que descubras la diferencia entre lo que significa el Amor y el Sexo — le sonrió a ambas chicas.

— Papá… ¿no, no les molesta que intimemos de esa manera? — preguntó dubitativa, tras la perplejidad con que escuchó a su tío.

— No, pequeña — se apresuró a decir su madre — Al no te ha escogido a ti, sino has sido tú quién la ha escogido a ella.

— No eres la primera persona en el mundo que tendrá su primera experiencia sexual con un familiar directo mon petit — dijo su padre mientras se levantaba de la cama — la diferencia radica en que esta no será una experiencia traumática al ser obligada a algo que tú no deseas; pues tu hermana no estará abusando de ti para conseguir su propia satisfacción, como lo hacen muchas personas. En el momento en que tú le digas que se detenga, ella lo hará.

— El abuso sexual en infantes se da por montones en todo el mundo mon amour — dijo su madre — es una pena que se de este hecho, pero la culpa radica totalmente en el pobre cuidado y atención que se da a los hijos y la falta de información que se le da a los mismos; además de la labia con la que los agresores envuelven a sus víctimas que provocan en el menor una confusión del tamaño del mundo y los vuelven silenciosos cómplices con un marcado sentido de culpabilidad.

— En tu caso, ¿alguna vez tu hermana te ha tocado, insinuado o mirado de alguna forma que te haya asustado o avergonzado?

— No — respondió Esmeralda de inmediato — nunca, por el contrario, siempre me ha respetado y cuidado — tomó su mano entre la suya y le dio un ligero apretón, como gesto de gratitud por estar siempre para ella — si la he escogido es porque, la quiero y sé que ella no me hará ningún daño.

— He ahí la diferencia mon petit — dijo su madre — además nosotros nunca permitiríamos que nadie te hiciera daño.

— Si en algún momento, por cualquier razón o circunstancia, decides que tengo que detenerme, lo haré — Al le miró con sinceridad.

— Lo sé — le besó la punta de la nariz.

— Bueno hijas — sonrió su padre, besándolas en la frente a cada una — nos vamos, disfruten su noche.

— Gracias papá.

— Cuida de tu hermana — Selene — les besó a ambas en las mejillas.

— Lo haré.

Una vez que las chicas se quedaron a solas, Esmeralda le sonrió ampliamente a su hermana.

— ¿Y bien?, ¿cómo hemos de empezar?

— Vaya, ¿tan deseosas estamos?

— Más de lo que puedes imaginarte, aunque te advierto — le señalo con el dedo —que si sales con otro de tus chistecitos como la vez pasada, no tendré piedad en dejarte sin la otra mitad de tu guardarropa.

— No te preocupes — le aseguró rozando la punta de su nariz suavemente contra la suya — aprendí mi lección ese día.

— Me alegra saberlo — le besó suavemente los labios.

— Para empezar — dijo Al    primeramente deberemos tomar un relajante baño.

— Yo te sigo — la rubia le sonrió,

Tras el baño, Al llevó a su hermana a su recamara, le recostó en la cama y le miró profundamente.

— ¿Ninguna duda? — le preguntó antes de avanzar.

— Ninguna — respondió Esmeralda expectante.

— De acuerdo.

Esmeralda separó sus piernas para darle espacio a su hermana, Al se recostó sobre ella y la joven rubia le echó los brazos al cuello, el suave roce de sus pieles, le hizo estremecer.

— Quiero que me beses — pidió Esmeralda.

— Será un placer.

Al rozó sus labios lentamente, mordiéndolos con suavidad; poco a poco fue profundizando el beso, Esmeralda se deleitó en el sabor de sus bocas, la caricia de sus lenguas poco a poco le fue excitando; sus manos viajaban a lo largo de la espalda de su hermana, pero Al notó como se detenían siempre de forma dubitativa al llegar a la base de su cadera. Al rompió con suavidad el beso.

— Puedes tocarme — le dijo en un suave ronroneo cargado de sensualidad, delineando con tenues besos la línea de su mandíbula — de la forma como lo desees.

— Aaaaahhh — Esmeralda dejo escapar un gemido, cuando sintió los labios de su hermana deslizarse lánguidamente, a lo largo de su fino cuello.

Envalentonada, la rubia deslizó sus manos hasta posarlas en el firme y bien formado derrier de su hermana, se mordió el labio inferior al apretar los suaves montículos.

— ¡Mmmmmhhhh! — exclamó con los ojos cerrados — siempre he querido hacerte esto — dijo susurrante — se siente muy bien — dijo mientras masajeaba con más fuerza, pues se dio cuenta de que la pelvis de su hermana se movía al ritmo de sus manos, rozando contra su ya húmedo sexo.

— Así, que te gusta mi trasero.

— Es, muy sexy, siempre lo ha sido — le respondió su hermana — envidio lo bien que te ves cada vez que usas esos pantalones ajustados — apretó con más énfasis.

Alejandra mordió suavemente los hombros de su hermana, provocando en la rubia descargas de placer que corrían a lo largo de todo su cuerpo; Al apretó con delicadeza uno de los pechos de la rubia mientras depositaba besos intermitentemente a lo largo de su clavícula.

Al sabía que la suave fricción de su pelvis, contra la de su hermana iba a excitarle gradualmente, por lo que decidió jugar un rato con los pequeños pechos de su hermana, deleitándose en la dureza de sus rosáceos pezones, los cuales mordió con delicadeza y los cuales succiono; provocando en su joven hermana los más profundos y sensuales gemidos que había escuchado nunca.

— Se, se siente bien, mmmhhhh, aaaaaaaahhh — el movimiento más elevado y firme de sus caderas, le indicó a Al que estaba lista para descender y así lo hizo llenando de caricias a su hermana y sutiles besos.

Se detuvo un momento, sobre el plano vientre de Esmeralda y lo llenó de besos, acarició con delicados movimientos de las palmas y yemas de sus dedos, las largas y bien definidas piernas de su hermana; le mordisqueó el monte de Venus, donde su juvenil vello púbico estaba haciendo su aparición.

Al elevó la mirada, su hermana mantenía los ojos cerrados, el gesto de placer en sus delicadas y hermosas facciones, le animó a seguir, deseaba poder obsequiarle el mejor de sus orgasmos.

— Mírame — le dijo con voz sensual, la joven rubia entreabrió los ojos lentamente y los fijo en los verdes de su hermana — quiero que observes lo que voy a hacerte.

Esmeralda trago saliva, cuando vio a su hermana separar con sus finos dedos los húmedos pliegues de su sexo; observó la rosácea lengua de su hermana descender lentamente hasta hacer contacto en sus húmedos pliegues, su cálida lengua viajó lentamente de arriba abajo.

— ¡Mmmmhhhhaaaaa! — exclamó Esmeralda, su boca entreabierta, su respiración profundizándose cada vez más a medida que observaba como su hermana, lamía, mordía y succionaba cada pliegue de su juvenil sexo, tratando de evitar el contacto con su endurecido y palpitante clítoris — A-Al… — jadeó el nombre de su hermana varias veces; echó la cabeza hacia atrás y movió sus caderas contra el rostro de su hermana tratando de que esta prestara atención donde más se le necesitaba.

Al, dibujo círculos con su lengua alrededor de inflamado clítoris, cuidando de no tocarlo, las manos de Esmeralda descendieron hasta enterrarse en la castaña cabellera de su hermana.

— Por favor — suplicó, mientras Al, introducía su dedo índice con delicadeza dentro de su hermana, curvándolo ligeramente, llevándolo a un ritmo ligero, retrayéndolo casi hasta sacarlo para después volver a introducirlo; la mano libre de Al, asió con sus dedos índice y pulgar el pequeño pezón rosáceo y lo apretó suavemente, jugándolo con suaves movimientos circulares de sus dedos — A-Al… A-Al — el tono de voz de Esmeralda cada vez más ahogado, así como el incremento en el movimiento de sus caderas y el agarre más firme y demandante sobre su cabello, le indicaron que su hermana estaba lista para ser liberada, así, que incrementó la velocidad de sus movimientos, envolvió con su lengua el hinchado y endurecido clítoris, succionándolo, de manera deliciosa dentro de su boca, apretó con su mano el pecho de su hermana apretando entre los nudillos de sus dedos índice y medio el endurecido pezón, cada vez un poco más fuerte conforme la voz de su hermana se elevaba y los movimientos de sus caderas se incrementaban a un ritmo casi frenético.

— ¡¡Aaaaaaaahhh, sí, así, así, si-sigue, sigueeee, aaaaaaaaaahhh!!, voy voooyy a, a, ¡¡aaaaaaaaahhhhh!! — gritó mientras su cuerpo se arqueaba con gran fuerza, sus ojos fuertemente cerrados, mientras sentía el placer correr a lo largo de su cuerpo, una y otra vez, en un interminable sensación de euforia. Poco a poco conforme los segundos pasaron, su cuerpo fue perdiendo la rigidez y sus músculos se relajaron por completo, su pecho elevándose y bajando con notoriedad mostraba lo profundo que había sido su orgasmo.

— ¿Fue lo que esperabas? — preguntó, mientras se pasaba la lengua por los labios, saboreando el delicado sabor del sexo de Esmeralda.

— Mucho, mucho más de lo que esperaba — dijo sonriente, manteniendo los ojos cerrados, deleitándose en los remanentes de su orgasmo — no entiendo como es que Sharon pudo dejarte, yo jamás lo hubiera hecho.

Ante la muda respuesta de Al, Esmeralda abrió los ojos y le miró sonriente, el gesto de tristeza en el rostro de su hermana le contristo ligeramente.

— ¿Pasa algo? — preguntó con preocupación.

— No, no pasa nada, ¿quieres ir a cenar algo? — preguntó Al sonriéndole como siempre.

— No, yo quisiera, bueno… ¿podrías dejarme hacerte el amor?

— Claro — le sonrió con suavidad.

Esmeralda, regresó de su recuerdo, ahora entendía el gesto de tristeza que cruzó el rostro de su hermana ese día.

— Debiste habérmelo dicho, te hubiera ayudado a encontrarla, así la hubiéramos tenido que buscar por cielo, mar y tierra. ¿por qué nunca me dijiste, la razón por la cual estabas tan triste y deprimida, siempre que pensabas que te encontrabas a solas?, ¿por qué tuviste que tener una careta de fortaleza cuando lo que en verdad deseabas era llorar?... — Esmeralda frunció el entrecejo notoriamente — “Quizás lo mejor sea que nunca te enteres de la verdad… debería de guardar en secreto el hecho de que esa niña es tu hija biológica…” — pensó con acritud.


Continuara!!!!!