miércoles, 30 de diciembre de 2015

Especial Amor En Preparatoria "De compras con Al"

¡Saludos mis queridos Fans! Pues bien no es la continuación del capítulo 20 porque sigo en proceso con el, pero les dejo un especial, Para que le entiendan lean primero el Especial de Halloween.

Espero que sea de su agrado.

¡Feliz año nuevo! Espero que este año que esta por iniciar este lleno de cosas increíbles para cada uno de ustedes. Muchas gracias por seguir conmigo.

¡Y Empezamos!


Especial Amor en Preparatoria

De Compras con Al


Pues bien, ya tenía los disfraces que utilizaríamos para la dichosa fiesta de mi hermana; a decir verdad no eran lo que yo había deseado en un principio, pero a sabiendas del tipo de invitadas que estarían presentes, pues… no tuve otra opción… bueno sí, si había otra opción, pero a estas alturas ya no había modo de decirle que preferiría no ir, a no ser que las tipejas solteras de sus amigas lesbianas decidieran ir acompañadas por alguna probable candidata a pareja o bien definitivamente tuvieran otras actividades que realizar esa noche y nos hicieran el favor de contar con su maravillosa ausencia. ¡Dios! ¡No!, es que en verdad, me era tan molesto el saber que ellas irían, no por que fueran lesbianas… bueno si un poco, aunque en realidad lo que más me molestaba era su estado civil ¡Solteras!... ¡De verdad?, ¡En serio Andrea?... ¡aagghhh! tenía ganas de ir con mi hermana y reclamarle el que no me lo hubiera dicho ¡antes!, si de por sí, me castraba como miraban mis compañeros de escuela a MI MUJER; no quería ni imaginar cómo me sentiría si esas tipejas miraran con deseo a MI MUJER, repito, ¡MIII MUJER!; estaba segura que si sucedía, no lo resistiría y terminaría por despedazar a la primera que se le acercara y se le insinuara.

Cerré la puerta de mi closet con fuerza y decidí salir a dar un paseo; definitivamente necesitaba bajar mi mal humor… ¡aaaaaaah! Suspiré con fuerza al salir de mi cuarto; ¿por qué tenía que sentirme de esta manera? ¿A caso Karla no me había demostrado su amor? ¿A caso no me decía siempre que me amaba a mí y solamente a mí?... me detuve un momento en las escaleras, ¿qué era lo que sucedía conmigo?... esta celotipia que sentía era muy molesta. Escuché ruido en la habitación de mi hermana y decidí bajar; siempre he sido muy expresiva y ella me lee como nadie, si ella me veía seguramente quedaría atrapada en un interrogatorio sin fin y en verdad no estaba de humor para eso.

Al salir de casa me pregunté a dónde debería de ir, pues Karla no estaba, había ido a visitar a sus padres; ¿debería de empezar a llamarlos suegros?, me reí un poco para mis adentros… no creía ser capaz de hacerlo algún día, ni siquiera había podido juntar el suficiente valor como para ir a conocerlos; esta era la segunda vez que le decía a Karla que no me sentía preparada para ir a casa de sus padres… y es que, ¿qué iba a decirles?... Hola, soy Dennis, una estudiante de preparatoria que esta locamente enamorada de su hija, la cual por cierto es mi profesora… uugghhh, no, ya puedo ver la cara que pondrían… de seguro pensarían que sólo sería un pasatiempo en la vida de su hija… mierda, ese pensamiento dolió… yo en verdad deseo estar al lado de Karla para el resto de mis días y no es solamente por su físico como creen mis primas; digo claro que me encanta, es la mujer más hermosa que he visto en mi vida, las finas facciones de su rostro rivalizan incluso con las deidades mitológicas de la belleza… sin embargo lo que más valoro es su noble corazón y la calidez de su alma, ella es tan dulce, tan tierna, tan amable, tan linda, tan gentil, tan noble y apasionada… la manera como me trata, como me cuida, como me protege; lo especial que me hace sentir, ¡Dios!, sin lugar a dudas ella se ha vuelto el todo de mi vida. No podría imaginarme lejos de ella, teníamos que estar juntas para siempre.


― Hola chica pensativa.

― ¿Eh? — Al volver el rostro observé que un auto avanzaba casi a mi ritmo, — ¿Al? — admiré su vehículo era un hermoso convertible descapotable color gris plata.

― Así es, guapa, ¿caminando un rato?

― ¡Oh!, sí — Detuve mi paso — decidí dar un paseo, aprovechando que Karla fue a visitar a sus padres.

― Así que estas libre, — Me sonrió sacándose las gafas de sol — entonces ¿qué te parece si me acompañas?

― ¿A dónde?

― Oh bueno, una amiga me invitó a visitar su negocio, mañana es la gran apertura, pero me dijo que desea que yo sea su primer cliente, — Me guiño, — así que la tienda estará abierta hoy exclusivamente para mí — me sonrió con cierto orgullo, — y ya que te veo tan pensativa, creo que será una estupenda idea si te llevo conmigo.

― De acuerdo. “No tengo nada mejor que hacer de cualquier manera.” — Pensé eso último mientras le devolvía la sonrisa, — Te acompañaré, — subí a su auto, ¡vaya!, en realidad era muy cómodo — tu auto es muy bonito.

― Gracias, — Se colocó las gafas de sol nuevamente — me lo compré hace algunos años cuando empecé a trabajar.

― ¿Qué marca es?

― Ah, un Mercedes Benz, — Dijo sin demasiada emoción, encogiéndose ligeramente de hombros. — lo vi en una agencia, me gustó y lo compré.

― Es precioso.

― Y muy práctico también, me sirve para recoger chicas bonitas. — Sonrió de medio lado.

― Simpática. — Meneé en negativo un par de veces.

― Bueno, bueno, cambiemos de tema. — Dijo mientras nos poníamos en marcha — Dime ¿Qué te tiene tan inmersa en tus pensamientos?

― ¡Oh!, bueno, pues… — Me quede callada un momento, mientras me preguntaba si sería buena idea comentarle, aunque bueno, ella siendo psicóloga, pues supongo que podría ayudarme a entender que era lo que me tenía tan molesta, así que me animé — … mi hermana que nos invitó a Karla y a mí a una fiesta de disfraces; hoy fuimos a comprarlo y hasta apenas en la tienda se le ocurre decirme que irán unas amigas suyas que son lesbianas y están ¡solteras! — exclamé sin querer.

― Oh, oh, oh, déjame adivinar, déjame adivinar, — Me interrumpió. — así que entonces, estas preocupada porque piensas que esas amigas solteras irán directo sobre Karla, ¿verdad? — Sonrió ampliamente, dejando a la vista su perfecta y blanca dentadura.

― ¡Pues claro! — Me exalté. — ¡Karla es hermosa! ¡Y no sólo eso! Es inteligente, culta, amable, dulce, tierna, simpática…

― Sí, sí, sí, sí, un dechado de virtudes; — Dijo interrumpiéndome. — aunque a decir verdad, aquí el problema radica en ti y sólo en ti.

― ¿Cómo?

― Pues sí, esa inseguridad tuya, te está llenando de celos ¿o me equivoco? — Sonrió, mirándome de reojo, a través de sus gafas del sol.

― Bueno… — Sentí rubor en las mejillas.

― Sí, efectivamente y todo se debe a tu edad, no es fácil ser amante…

― Novia, ¿ok? — Le interrumpí. — Bueno de hecho… sí, más bien soy prácticamente su prometida…

― Okey, novia, prometida, lo que desees ser de ella. — Meneó en negativo un par de veces. — Pero bueno regresando al punto, aquí todo radica en ti, porque eres consciente de ser una chica de casi dieciocho años, en su último año de preparatoria, que sigue dependiendo de su madre y su hermana para su manutención. En cambio las chicas que conocerás en la fiesta, son universitarias, más cercanas a la edad de tu novia y casi a punto de graduarse, lo que mal que bien les proveerá la oportunidad de obtener empleo y ser por ende autosuficientes; cosa que por el momento tú no eres.

― Vaya, — Susurré, — tienes una manera maravillosa, — utilicé un dejo de sarcasmo — de hacer sentir especial a una chica que está pasando por un momento de difícil tolerancia.

― Jajajajajajaja, ¡vamos! No te lo he dicho para que te deprimas o para que te enojes; — Me sonrió sincera. — sólo quiero que tengas por sentado, que es lo que verdaderamente te molesta de toda esta situación. Además Dennis, el hecho de que aún no seas autosuficiente, no significa que siempre será así, por el contrario, estoy segura que cursaras una estupenda carrera, que te dejará muchas satisfacciones tanto profesionales, como personales; además supongo que Karla no te exige ningún tipo de soporte económico.

― No, claro que no lo hace, pero aun así, yo quisiera…

― El quisiera es el estrecho puente del haré; aun estas a medio camino del mismo Dennis, así que no te tortures por algo que por el momento no eres capaz de tener.

― Si me consiguiera un trabajo…

― No, — Me interrumpió. — olvida eso, no tienes esa necesidad; así que aprovecha mejor tu tiempo libre para prepararte y ser de las mejores, estudia mucho y créeme eso te llenará de grandes satisfacciones. El día de mañana tú serás la que esté mejor económicamente dentro de tu relación.

Nos quedamos un rato en silencio y aproveche para meditar sus palabras, era cierto, mis celos no eran otra cosa más que el reflejo de mi propia inseguridad; tenía que mantener en mi mente lo que Al dijo, en un futuro tendría buenas posibilidades de obtener un buen empleo y esperaba que con eso se acabara mi celotipia; amaba a Karla y ella me Amaba a mí, tenía que confiar en su amor… pero… eso sí… sentí como mi entrecejo se fruncía pronunciadamente, eso sería hasta que ya tuviera yo un trabajo con el cual me sintiera a gusto y cumpliera con todas mis expectativas laborales, por lo que no permitiría que nadie se acercara a Mi Mujer con intenciones de arrebatármela.

― Ahora bien, deja de preocuparte, Karla te ama, tú la amas y cuando dos personas que siguen la tendencia de la monogamia se aman, es difícil que se engañen, porque literalmente sus cerebros están llenos de Oxitocina, que es la hormona del apego, aquel que te hace desear estar al lado de esa persona especial para siempre — sonrió de medio lado — y la verdad yo diría que ya incluso hasta se ahogaron los pobres jajajajajajajajaja — se rió estrepitosamente — así que no tienes por qué preocuparte, además supongo que tu hermana y tu mamá no le perdonarían jamás que te fuera infiel ¿no es así?

― En eso tienes razón, cada vez que cenamos en casa, ellas dos le recuerdan lo afortunada que es por tener el permiso de ambas para estar de novia conmigo; incluso saben que ella y yo… tú sabes…

― ¿Qué tienen sexo?

― Que hacemos el amor, ¿ok? — Le aclaré ligeramente molesta, — tener sexo es diferente a hacer el amor — me cruce de brazos.

― Ok, ok, tienes razón, pero bueno, — Dijo tras unos momentos. — ya que estamos tratando ese tema, dime ¿alguna vez Karla y tú han utilizado juguetes sexuales?

― ¿Có… cómo? — Le pregunte sintiendo un calor inmenso en las mejillas.

― ¡Oh!, por lo que veo parece que no. — Sonrió de medio lado.

― N- no. — Respondí un tanto cuando avergonzada.

― Bueno, pues es tu día de suerte, — Se quitó las gafas y me guiño, — el negocio de mi amiga es precisamente una sex shop y ahí es justo a donde nos dirigimos — ¿sabes lo que es no?

¡Claro que sabía que era una sex shop!, digo alguna vez pasé por… afuera claro, de esos lugares, y aunque bueno nunca había entrado a una, sabía lo que vendían ahí.

― Por la expresión de tu rostro, supongo que nunca has entrado a una ¿verdad?

― No, nunca — Respondí. — pero claro que sé lo que es.

― Bueno, descuida, en la tienda solamente estaremos mi amiga, tú y yo, así que sacúdete la pena; no hay nada malo con visitar un sitio de esos. Por el contrario, creo que conforme veas todo lo que se vende ahí, podrás darte cuenta de las ventajas que podrías obtener en cuanto al placer en la intimidad se refiere — volvió a guiñarme.

― Pues… — me quede ligeramente intrigada con sus palabras, sabía qué tipo de objetos se venden ahí, una vez sorprendí a mi hermana viendo la página de una sex shop en internet y para colmo de males en una ocasión posterior a ese incidente, mientras le ayudaba a limpiar su alcoba, debajo de la cama, me encontré con una caja de zapatos y al abrirla vi… bueno… sentí las mejillas ruborizárseme como aquella vez… digamos que, comprendí lo que había pedido mi hermana aquella vez que estaba viendo esa página; sin embargo recordando eso, me asaltó una pequeña duda — oye Al, ¿pero no es sólo para gente heterosexual?

― No. — Sonrió de medio lado. — Es para todo tipo de personas.

― ¿En verdad? Porque bueno, una vez digamos que por accidente vi una página de internet de una sex shop y bueno únicamente vi penes.

― Jajajajajajajaja, así que Andrea usa juguetes.

― ¡Hey! Yo nunca dije que mi hermana.

― ¿Y me equivoco?

― Ah, emm…

― ¿Lo ves? Por eso soy de las mejores en mi ramo, — Me guiño mientras se colocaba de nuevo sus gafas de sol — mira Dennis, no hay nada malo en utilizar juguetes, siempre y cuando seas higiénica con ellos y los utilices de mutuo acuerdo con tu pareja. Los juguetes únicamente les brindaran mayor diversión a su placer sexual. ¡Oh!, mira que rápido hemos llegado, — Me sonrió ampliamente, — no cabe duda que las buenas compañías hacen que el tiempo vuele rápido.

Nos estacionamos frente a un local con la leyenda Milenium Sex Shop, al bajar del vehículo Al se acercó a la puerta de cristal que tenía pegado un letrero que decía “Mañana por apertura habrá Grandes Descuentos” golpeó suavemente con los nudillos un par de veces y tras breves momentos una sonriente chica apareció del otro lado de la puerta, la abrió y de inmediato abrazó a Al.

— ¡Amiga ! ¡Que bien que has llegado! — Exclamó entusiasmada.

— Hola Eunice, — Al le besó en ambas mejillas. — Me da gusto ver que por fin has abierto la tienda que tanto querías.

— Sí, ¡Por fin! Ahora puedo tachar esto de mi lista de cosas por hacer en la vida. — Le guiño.

— ¿Está tu novio Leandro?

— No, no está, salió hace no más de cinco minutos, sabía que venías y me dijo que aprovechaba para ir a casa a descansar un poco, no es para menos pues ha estado ayudándome durante toda esta semana.

— Es una pena, me hubiera gustado saludarlo.

— Estamos planeando una cena entre amigos íntimos, así que ahí tendrás ocasión para saludarlo. — Le guiño la chica.

— De acuerdo.

Eunice, la amiga de Al era una chica como de un metro sesenta de altura, de no más de veintiocho o quizás veintinueve años, de tez morena clara; no tenía el buen físico de Al pero se podría decir que con un poco de ejercicio podría mejorar aún más su figura, su cabello negro era corto casi como el corte que usaría un hombre; me volteó a ver con una agradable sonrisa y me extendió la mano.

— ¿Quién es tu atractiva amiga, Al? ¿Alguna novia quizás?

— Ja, ella, ya quisiera. “¡Oh, Dios mío! lo dije sin pensar ¡lo juro!”

— Jajajajajajaja, no, se llama Dennis y ella ya está comprometida con otra chica, ¡Dios! No sabes cómo me parte eso el corazón. — Dijo con fingido dolor, para soltarse a reír nuevamente.

— Jajajajajajaja, si, si, se nota amiga. — Le respondió Eunice. — Bueno ya pasen por favor que quiero mostrarles todo, todo, todo. — Agregó llena de entusiasmo, mientras se hacía a un lado para dejarnos pasar.

Una vez dentro de la tienda vi varios anaqueles que tenían de todo, anillos vibradores, dildos, películas, disfraces, en fin había un sinfín de cosas que realmente nunca había visto siquiera.

— ¿Tu primera vez en una tienda de este tipo? — Me preguntó la chica bastante sonriente.

— Sí, — Le respondí, mientras sentía un ligero rubor cubrir mi rostro.

— ¿Te interesaría ver algo para utilizar con tu novia?

— Oh, no, no, yo sólo he venido acompañando a Al — Le dije mientras me llevaba las manos tras la espalda.

— ¡Ah! No, ya que estamos aquí, — Dijo Al mientras posaba una mano sobre mi hombro. — vamos a aprovechar para que le des un poco de diversión a tus encuentros con tu mujer, por el dinero ni te preocupes que todo va por mi cuenta. — Me guiño y esbozó una gran sonrisa. — Querida Eunice ¿que podrías mostrarnos primero?

— Mmmm, veamos, veamos, — Le contestó la chica mientras se llevaba el índice a los labios. — ¡Ya está! Veamos primeramente unos Kits interesantes que tengo por acá.

La chica nos guió entre los estantes y llegamos al mostrador en donde había varios productos, desde geles hasta ¿dulces con forma de…? ... ok, esto era realmente nuevo para mí.

— Pues bien, creo que les gustaran estos, cada uno de estos kits contiene un aceite para masaje, una crema y talco comestibles, además de un lubricante a base de agua sabor fresa, cereza ó chocolate y una caja de chocolate fino para degustar con la persona amada. — Nos guiño. — Estos kits vienen en cuatro sabores, chocolate, fresas con champagne, vainilla y chocolate con menta. Les voy a dar la degustación de la crema de cada uno. — Nos las dio a probar con una cucharilla para helado. — ¿Cuál te gustaría? — Me preguntó con una gran sonrisa.

Miré todas y cada una de las cremas, si he de ser sincera, me gustó mucho el sabor de fresas con champagne. El de vainila me pareció un poco empalagoso y el de chocolate simple y con menta no eran algo muy novedoso que digamos.

— Me gustó el de fresas con champagne. — Le dije tirando las cucharillas en un cesto de basura que había a un lado.

— Muy buena elección. — Me sonrió.

— ¡Whoa! ¿Esto es lo que cuestan? — Pregunte al ver precio marcado en el mostrador.

— ¿Qué puedo decirte cariño? El placer tiene sus costos.

— Vaya, esto no es nada barato.

— Deja de preocuparte por el dinero, todo esto va por mi cuenta. — Al me guiño y me sacudió el flequillo. — Muy bien ya tenemos una parte, ¿Ahora que más nos recomendarías?

— Esa es la actitud amiga, veamos, ¿qué les parece si les muestro unos arneses sin correa increíbles que he conseguido? Valen mucho la pena.

— Tú eres la experta, te seguimos. — Le dijo Al mientras me tomaba del brazo.

Eunice nos llevó a uno de los costados de la tienda donde sobre una mesa tenía varios modelos diferentes de vibradores y dildos.

— Pues, bien helos aquí. — Extendió la mano en un suave movimiento, mostrando todos los modelos que ahí se exhibían. — Como verán tengo todos los modelos que vendemos, todos los materiales son diferentes, desde pvc hasta silicona, y yo en lo particular te voy a recomendar este; — Tomó uno que tenía una apariencia bastante rara a mi parecer, era largo, ligeramente ancho y lo curioso era que tenía una ligera curvatura en el otro extremo cuya punta era más ancha. — Este es un arnés doble, esta parte de aquí es para la parte activa, se amolda a tu vagina de manera perfecta y esta elevación que ves aquí sirve para estimular el clítoris mientras penetras a tu pareja, mide 15 centímetros de largo por 3.5 centímetros de ancho, es flexible, resistente al agua, suave, tiene tres niveles de vibración y lo mejor de todo es que no tienes que andar lidiando con molestas correas, como los convencionales. Vamos tócalo.

Me dijo mientras lo ponía en mis manos, la textura era sin duda muy suave… por un momento deje que mi mente divagara, ¿cómo utilizaría esto con Karla? Supongo que me sonroje ya que Al se empezó a reír.

— Sin duda esa cara que has hecho no tiene precio. —Dijo Al riéndose a carcajadas.

— Esta chica es toda una dulzura. — Agregó Eunice.

— Eso ni dudarlo. — Le respondió Al.

— Bueno, ya. — Les dije mientras torcía la boca, es la primera vez que veo algo así.

— Está bien, está bien. Lo siento. — Dijo Al sonriendo todavía.

— Créeme chica con este juguetito, tú y tu mujer se divertirán en grande.

— Pero… no es como si ella estuviera con un hombre. — Pregunté mientras miraba el objeto en mis manos.

— Una más ¿eh? Al.

— Ni que lo digas, ¿le explicas tú o le digo yo?

— Te lo dejaré a ti, tú eres la psicóloga experta.

— De acuerdo. Mira Dennis, el hecho de que utilicen juguetes en forma de falos, no indica de ninguna forma nada que se relacione con un hombre, la anatomía femenina está diseñada para obtener placer, el clítoris es un órgano grande y rodea lo que es la uretra y parte de la vagina, la presión que hace este juguete sobre las paredes, estimulara también el clítoris.

— Pero ojo chica, — Le interrumpió Eunice. — es importante estimular el clítoris directamente, créeme no se puede obtener un orgasmo tan sólo por meter y sacar el pene, te lo digo por experiencia, hice ese experimento con mi novio. — Sonrió de medio lado, lo hicimos de tal forma que no me rozara para nada el clítoris, y termine por perder la poca lubricación que tenía y no obtuve orgasmo alguno, sin embargo cuando lo hizo rozando mi clítoris fue completamente distinto.

Me quede sin palabras ¿cómo era posible que la amiga de Al hablara tan… tan despreocupadamente? Creo que eso era algo íntimo, muy suyo, eso de andarlo contando así, como así…

— En efecto Dennis, es importante que no te olvides de la estimulación directa del clítoris. Como dice Eunice hay cierto placer en la penetración pero no lo es todo.

— Sigo pensando que…

— No. — Me interrumpió Eunice — Créeme chica, el placer que le brindaras a tu novia será proporcionado por ti y solo por ti, deberías de ver la cantidad de mujeres que quedan insatisfechas en sus relaciones sexuales con sus novios, muchos de ellos no se preocupan por el placer de la mujer ¿sabes? Una vez tuve un novio que no paraba de decir ¿Ya vas a llegar? ¿Te falta mucho? Cómo que te tardas mucho ¿no? La verdad era que el pobre diablo no sabía hacerlo, él pensaba que tan sólo el entrar y salir de mí era más que suficiente para llegar a un orgasmo, recuerdo que lo tiré a un lado de la cama, me metí a bañar, al salir me vestí ignorando todo su interrogatorio y parloteo y me fui del hotel para no verlo más.

— Le hubieras comentado que no te estaba haciendo sentir nada.

— Cariño créeme tuve varias charlas con él y al parecer le entraban por un oído y le salían por el otro.

— Oh, entiendo.

— La cuestión aquí Dennis, — Dijo Al — es que disfruten tanto de su sexualidad como puedan, yo diría que lo probaras, no pierdes nada, si no te gusta, sencillamente pueden dejarlo y seguir haciéndolo como lo han venido haciendo hasta ahora. Aunque te puedo garantizar que será terriblemente erótico. — Me guiño.

— Además amiga, la ventaja de los juguetitos es que no tienes que esperar por una erección y nunca pierden la misma. Recuerdo a una amiga quien era según sus propias palabras una mujer que le gustaba tomarse su tiempo para disfrutar el sexo, pero su compañero siempre se cansaba mucho antes de que ella pudiera llegar al orgasmo, así que sustituyo a su novio por un buen vibrador, hasta que conoció a otro hombre con el que se sintió muy satisfecha.

Okey, era suficiente de historias de ese tipo, creo que yo nunca tendría la tranquilidad para hablar de esos temas como ellas y pues mirando bien el objeto que tenía en mis manos… bueno creo que no sería tan mala idea el intentar algo diferente ¿verdad? Después de todo, sería yo quien la tomaría, no algún sujeto desconocido.

— De acuerdo lo llevaré.

— Llévate otro más para Karla, — Dijo Al. — La salud es importante y en cuanto a los juguetes sexuales es mejor que cada una tenga uno y la limpieza de esos objetos es importante también.

— Oh, no te preocupes por ello, tengo un kit de limpiadores que te ayudaran mucho, además de un buen lubricante hecho a base de agua que es justamente el ideal para el material de este tipo de juguetes.

Después de toda esa charla terminamos por agregar a mi compra un kit de sogas delgadas de algodón, Eunice me indicó como debía de usarlas, una mordaza de bola por si Karla quería objetar, me pareció buena idea ya que no la dejaría decir nada; y también Al insistió en un mini vibrador. No sé cuánto se habrá gastado pero por la cara de felicidad de Eunice supongo que si fue algo.
Después de despedirnos, Al me llevó a comer, nunca había estado en un restaurante tan lindo como ese. Las paredes interiores del restaurante así como el piso eran de madera barnizada, la madera del piso era más clara que el de las paredes lo que le daba al lugar un buen contraste.

— Qué lindo lugar — Le comenté mientras miraba a los alrededores, todas las mesas tenían manteles largos de color blanco, sobre las mismas se hallaban platos blancos con una servilleta de tela blanca sobre ellas, Al me comentó que ese tipo de dobles en las servilletas se llamaba Ave del Paraíso.

Las sillas acojinadas de madera eran muy cómodas, sobre nuestra mesa al igual que en las demás había un par de copas para vino, al centro había un pequeño florero de base ancha que se angostaba al final del mismo en color rojo con matices negros, el cual tenía una sola rosa blanca en botón de cuyo tallo brotaban tan solo dos hojas verdes.

— Me alegra que te guste, es el preferido de mi hermana.

— No sabía que Esmeralda y tú venían a lugares tan elegantes como este.

— Bueno, es un buen sitio, la comida es estupenda, el servicio es excelente y el ambiente muy acogedor.

— Ya lo creo. — Dije mientras terminaba de ver todo en derredor.

— ¿Quieres algo de beber? — Me preguntó tomando la carta de vinos. — Hay unos cocteles sin alcohol que son muy buenos.

— Bueno, no sé, nunca he tomado algo así, ¿Qué podrías recomendarme? — Le pregunte.

— Mmmm, déjame pensar… creo que… sí, te pediré el Roy Rogers estoy segura que te gustará.

— Nunca lo he probado, así que confiaré en ti. — Le dije mientras leía todos los nombres que venían en esa lista.

— Descuida sé que te agradara, sino, puedes pedir otro.

— ¿Tú que vas a pedir?

— Un coctel también, pediré un Manhattan para abrir el apetito. — Me respondió mientras leía a un mensaje en su celular. — ¿Te parece bien que empecemos con una ensalada? Posteriormente creo que una pasta estará bien y como plato fuerte estoy pensando en un buen corte de carne ¿te gustaría un T-bone o un Rib-eye?

— Creo que el T-bone estaría bien, pero ¿no será mucho con la ensalada y la pasta?

— Oh, descuida, tanto la ensalada como la pasta son porciones pequeñas, el corte en cambio es grande y te dan una papa al horno como guarnición junto con varios aderezos para acompañarla.

— Oh, bien, suena estupendo, de hecho me ha abierto bastante el apetito.

— Eso me parece perfecto, pues vamos a pedir de una vez.

El mesero que nos había dejado las cartas se acercó a nosotras, fue muy amable y diligente, nuestras órdenes casi no tardaron y debo decir que todo estaba delicioso. Pude terminar con todo y todavía me anime con el postre, un delicioso pastel de rompope que estaba que no me lo creía, en verdad lo había disfrutado al máximo, el café colombiano con el que lo acompañe sencillamente exquisito. Ahora sí, sentía que podía morir a gusto y feliz. Al no pidió postre pero sí otro coctel el cual me dijo que le gustaba mucho beber pues lo consideraba un buen digestivo me dijo que se llamaba Alexander.

— Y dime Dennis, ¿Ya te sientes de mejor humor?

— Después de esta gloriosa comida, me siento en el cielo. — Le conteste.

— Me alegra, saberlo.

Se quedó un momento en silencio mientras levantaba su copa y miraba el contenido de la misma. Sabía que algo estaba pensando, pero no quería interrumpirla.

— Eres una chica muy guapa ¿lo sabías?

— ¿Eh? — Su comentario me descontroló por completo.

— Así, que, — Continuó. — no deberías de sentir celos. Los celos son buenos en poca medida, pero se pueden convertir en un problema mayor si los dejas dominarte.

— ¿Celos?

— Esas chicas que irán a la fiesta de tu hermana, no tendrán oportunidad con Karla, ella es demasiado monógama. En pocas palabras es una mujer muy fiel.

— Ya… — Le respondí centrando la mirada en el obscuro líquido de mi café.

— Es muy hermoso lo que ustedes dos tienen, por lo regular cuando las personas ya están en una relación, estas no dejan de buscar algo más aparte de lo que ya tienen, sin embargo ustedes dos parecen sentirse muy satisfechas la una con la otra.

— ¿Buscando algo más?

— Sí. — Le dio un sorbo a su bebida. — A lo largo de mi carrera, han llegado a mi consultorio muchas personas cuyas parejas o bien ellas mismas se involucraron con alguien más mientras estaban en una relación.

— Eso es imperdonable, en ese caso deberían de quedarse solteras para que puedan andar con cuánta gente se les pegue la gana. — Le dije mientras tomaba la taza de café entre mis manos.

— Son personas que se involucran en relaciones románticas de las cuales no están cien por ciento convencidas, pero que aceptan para no estar en soledad, mientras satisfacen su necesidad afectiva, siguen buscando en otras personas aquello que sienten que les hace falta y que su compañero o compañera no puede brindarles. De ahí tanta infidelidad. Sin embargo ese no es el caso de ustedes dos. — Término de beber el contenido de su copa y me observó con detenimiento. — Karla te ama y tú a ella, es por eso que los celos que manifestaste por esas chicas, está de más. Los celos en bajas cantidades son buenos, pero ten cuidado y no dejes que te dominen porque si lo permites, perderás a la persona más importante de tu vida.

— ¿A Karla?

— No, a ti misma. — Entrecerró los ojos. — Si permites que los celos te dominen eso significará que te verás menos que las demás personas y eso sencillamente no debes de permitírtelo jamás, ¿quedo claro?

— Sí… — Contesté sintiéndome ligeramente incómoda, sus palabras me dieron mucho para pensar.

Al regresar a casa, aún seguía meditando sobre lo dicho por Al, quizá era verdad, digo, debo de admitir que siempre he celado a Karla, sin embargo hasta ese momento no lo había visto desde el punto de vista que Al me hizo ver. Después de la conversación con ella, empezaba a cuestionarme si no había sido un poco infantil el haber comprado esos atuendos para la fiesta. Decidí ir a casa de Karla para platicar con ella, para esta hora seguramente ya había regresado.

Antes de ir a casa de mi novia, guarde todo lo que Al nos había comprado en una vieja mochila que ya no usaba, me di un baño rápido y me cambie de ropa, el calor que había hecho en el día me había hecho sudar mucho y no deseaba que Karla al besarme probara el salado sabor en mi piel.

Mientras me dirigía a su casa la vi a lo lejos, venía platicando amenamente con la profesora Nadia, ¡Demonios! ¿Es que esa mujer siempre se cruzaría por el camino de mi mujer? Apreté las manos formando puños, tenía ganas de ir y tomar a MI NOVIA del brazo para llevarla lejos de esa tipeja, ¡joder!, pero sabía que no debía hacerlo de otra manera terminaría por descubrir nuestra relación. ¡Mierda! Sabía que tenía que alejarme si es que no deseaba hacer una escena y perder mi buen juicio, me costó mucho irme a casa mientras dejaba a MI Mujer con esa tipa, pero Al tenía razón en algo, Karla me amaba y eso… eso me lo iba a tener que demostrar, sí, creo que los disfraces que elegí no están tan mal después de todo… mis celos ¿eh?... bien, bien trabajaría en ellos, después, después, por lo pronto tenía que idear una manera de hacerlos realmente horrorosos y para ello creo que mi querido primo y su talento con el maquillaje harán una verdadera obra de arte. Además Karla deberá ser muy complaciente, si quiere que la perdone por no haber escuchado nada de lo que le dije aquel día en el laboratorio; sé que sonreí porque al entrar a la casa Andrea me miró ligeramente interrogante.

— ¿Sucede algo Denilla? Estás sonriendo que da miedito.

— No, no es nada, nada, nada en lo absoluto, sólo estoy teniendo unos pensamientos agradables y positivos.

— Sí, anda tú que te lo crea quien no te conoce y te interrogaría para que me dijeras la verdad, pero Roberto está por pasar por mí en cual…

La bocina del auto de su novio se dejó escuchar.

— Ah, ya llego, no pienses demasiado mujer que a veces das miedo. Nos vemos más tarde.

— Claro, diviértete, yo tengo que ir a checar algunas cosas a mi cuarto. “Vaya que si tengo que armar todo un plan.”

— Bueno, nos vemos al rato.

— De acuerdo.

La puerta se cerró tras mi hermana y subí las escaleras, muy bien tenía que ir a mi habitación para ver una vez más todo el arsenal con el que contaba e ir planeando la manera más eficiente de utilizar cada cosa que tenía ahí.

— Muy bien amor, espero que ninguna tipa se te acerque porque créeme lo pasará muy, muy mal. Ahora veamos tengo que planear nuestro regreso a casa, cuando lleguemos me preguntó ¿con qué deberé empezar primero?

Fin del especial "De Compras con Al"

lunes, 30 de noviembre de 2015

Amor en Preparatoria Capítulo 20 Oportunidades Parte 1

¡Saludos mis queridos fans!, ya es 30 de noviembre y pues bien, aquí tienen la primera parte del capítulo 20. Espero que les guste.

¡Muchísimas gracias por seguir conmigo!

¡Y Comenzamos!


Capítulo 20



Oportunidades.

Alejandro observó fijamente a la chica, cuyos mieles ojos mostraban una gran seriedad; el joven hombre desvió momentáneamente la mirada para ver la gastada libreta que Dennis le extendía, misma que contenía todos y cada uno de los secretos de su amiga.

— ¿Qué es eso? — Preguntó mientras la tomaba entre sus manos y se hacía a un lado para dejarla pasar.

— ¿Estas sólo? — Preguntó a su vez, ignorando la pregunta del chico.

— No, Ericka y mi madre están en la cocina y Laura está en su cuarto. — Respondió cerrando la puerta. — Pasa a la sala y toma asiento por favor.

— Gracias. — Respondió Dennis.

La joven chica se dejó caer en el sofá, sus piernas empezaban a fallarle, toda esa determinación y valor de los cuales se había armado parecían estar traicionándole, abandonándola poco a poco para ser sustituida por el deseo de renunciar a todo, tomar la libreta, salir corriendo y olvidarse por completo de toda esa situación, sin embargo… ya no había marcha atrás.


Alejandro se sentó frente a ella, ahora todo lo que los separaba, era la pequeña mesita de café color avellana. Sostuvo la libreta entre sus manos y la miró fijamente durante unos minutos, entonces de manera intempestiva, le sobrevino un pequeño flash back; sí, esa libreta, era la misma que el desgraciado de su tío estaba agitando de un lado a otro el día que… “mierda” — pensó el chico, frunciendo con fuerza los labios al recordar la escena… esa escena que jamás podría sacar de su mente…: su pequeña hermana estaba a cuatro patas siendo penetrada por Román y por su tío que estaba bajo ella, el rictus de dolor y horror que vio en su hermana, nunca lo olvidaría. Alejandro recordaba haber gritado con todas sus fuerzas, lo que provocó que los tres volvieran el rostro para mirarlo, pudo apreciar en el sorprendido rostro de Laura, vergüenza y pánico entremezclado con una infinita tristeza y en el de su hermano un completo desconcierto pero a su vez un dejo de alivio, mismo que aún no terminaba de comprender y que seguiría para siempre como un secreto que él mismo se llevó a la tumba, pues Laura seguía sin querer hablar de ese asunto. Su tío en cambio lo miró con verdadero terror; Alejandro se abalanzó sobre su hermano sujetándolo con fuerza de su rubio cabello y aventándolo al piso donde le dio una patada que lo dejo sin aliento. El tío de Laura la aventó a un lado y ésta se golpeó la cabeza contra la pared, Emilio se levantó de prisa y tomó la libreta que yacía sobre el buró. 



— Esperaaa, Esperaaa no es lo que crees tengo, tenghhhsss. — Gritó Emilio agitando la libreta, pero Alejandro se abalanzó sobre él y lo golpeó múltiples veces en el rostro con el puño cerrado.

Laura se cubrió con las sábanas hasta el cuello y miraba con sumo terror la escena. Román se recuperó del puntapié que le diera su hermano y su rostro se puso lívido de angustia, ahora todos sabrían la verdad sobre él, no sólo lo que le había hecho a su hermana, sino también su homosexualidad saldría a la luz, entró en pánico y se levantó tambaleante, los nervios lo estaban traicionando, sudaba copiosamente por todo el cuerpo, ansiaba salir de la habitación, Alejandro quién por el rabillo del ojo lo miró, soltó momentáneamente a su tío quien aprovecho esos segundos de distracción para tomar sus calzoncillos y ponérselos. Alejandro de dos pasos alcanzó a Román y trató de sujetarlo de los hombros pero éste salió de la habitación tan rápido que al llegar a las escaleras y ver a Dennis su pánico se incrementó a un grado demencial y sus sudorosos pies le jugaron una mala pasada traicionándolo, haciendo que resbalara y cayera escaleras abajo.

Emilio por su parte logró esquivar el puñetazo que Alejandro le lanzó cuando éste salió de la habitación y aún balbuceante trataba de decir algo, Alejandro lo alcanzó al pie de la escalera y le propinó tremendo golpe que lo desequilibró, ocasionando que dejara caer esa libreta, un golpe más se sumó al anterior y Emilio rodó escaleras abajo. 

El mayor de los hermanos de Laura volvió de sus recuerdos y levantando la vista, miró interrogante a Dennis, quién trago saliva involuntariamente, ahora ya no estaba tan segura de que tan buena era su idea.

— ¿Quieres explicarte? — El tono de su voz se acentuó.

— Alejandro. — La voz de Dennis tembló ligeramente. — Yo… lo que paso… tu… tu tío abusó de Laura ¿verdad?

El chico apretó con fuerza la libreta entre sus manos, la observó fijamente y asintió un par de veces.

— Creo que todo lo que le ocurrió, fue a causa de lo escrito en esa libreta. — Terminó de decir.

Alejandro seguía con la mirada puesta sobre la misma, tras un momento la abrió y comenzó a leer, sus cejas se entornaron con cada párrafo que leía.

— ¿Qué es esto? — Preguntó con enojo, tras haber leído varias páginas.

— Yo, yo fui novia de Laura.

— ¡Tú qué? — Levantó la vista posándola nuevamente sobre esos mieles ojos.

— Fui su novia ¿de acuerdo? — Afirmó Dennis. — Nunca dijimos nada por obvias razones, tu familia es una homofóbica, Laura tenía miedo de que nos descubrieran… yo…

— ¿Quién es Karla? — A Dennis se le heló la sangre ante aquella pregunta, no esperaba llegar a ese punto tan rápido.

— Es una, u-na profesora de la escuela.

— ¡Laura! — El gritó del hombre hizo que a Dennis se le erizara la piel. — ¡Baja inmediatamente, es una orden!

La fuerte voz del chico, hizo que saliera su novia y su madre de la cocina.

— Hijo ¿qué sucede? — Preguntó su madre. — ¿Por qué gritas? —Sin embargo Alejandro no le respondió, tenía la mirada puesta en las escaleras.

— ¿Alejandro? — Su novia se acercó a su lado y al tomarlo del brazo, sintió como éste temblaba.

— ¡Que bajes, de una buena vez, Laura! — Volvió a gritar y Dennis sintió por primera vez un profundo temor.

Laura bajó rápidamente por las escaleras, pero se detuvo a la mitad, al ver lo que su hermano tenía entre sus manos, sus piernas le fallaron y cayó de rodillas sujetándose al barandal para no caer, su mayor pesadilla se había hecho realidad.

— ¿Qué demonios significa esto? — Le interrogó el chico quién se soltó de la sujeción de su novia y de tres zancadas alcanzaba a la joven rubia sujetándola de los hombros.

— ¡No! — El grito de terror de Laura provocó que Ericka reaccionara.

— ¡Alejandro suéltala!

— ¡Qué está pasando aquí? — La angustiosa voz de Estela resonó por la pequeña sala.

— No, no, no, no, no, Alejandro por favor, por favor, no, ¡¡¡Noooooo!!! —Laura gritó y lloró llena de pánico, se soltó de Alejandro y se abrazó a si misma mientras apretaba con fuerza las piernas elevándolas a la altura de su pecho tratando de cubrir el entero de su cuerpo. — ¡¡¡no quiero, no me toques!!!!.

Alejandro se apartó de ella al escucharla, por un momento se sintió completamente vil, soltó la libreta que cayó al suelo y se llevó las manos a la cabeza, se jaló del cabello con fuerza, por primera vez en su vida no sabía qué hacer.

— Por favor… — Gimió Laura entre sollozos — no quiero… no me lastimes, tú no, por favor, por favor.

Alejandro se pegó por completo a la pared mientras observaba a su pequeña hermana, ahí tirada, muerta de miedo, imaginando que él le haría lo mismo que su hermano y su tío.

Ericka tomó la libreta entre sus manos, de alguna forma sabía que todo lo que estaba pasando tenía relación con ese objeto, la abrió y comenzó a leer tan rápido como pudo, conforme avanzaba se llevó la mano a los labios.

— ¡Oh, Dios mío! — Susurró.

Estela se acercó a su hija y la abrazó.

— Tranquila hija, tranquila, tranquila, todo está bien yo estoy aquí contigo.

— Ma-má lo sien-to, lo… lo sien-to — Laura se abrazó a su madre tan fuerte como pudo. — no, n-o me odi-es, no me odi-es. — suplicaba.

Dennis se sentía fuera de lugar, por vez primera en su vida, se sintió una completa extraña en tierras ajenas.

— Alejandro, — Musitó Ericka — esto… — Volvió el rostro para ver a su novio quién estaba llorando con las manos enterradas en su rostro. — Dennis. — Musitó girando el rostro para ver a la chica que cedió a las lágrimas.

— Lo siento. — Se disculpó nuevamente Laura.

— No es culpa tuya Laura. — Ericka tragó saliva y respiró profundo antes de continuar. — Tu preferencia sexual, te concierne a ti y sólo a ti. El que te gusten las chicas, no es razón, ni pretexto para que hayan hecho contigo lo que hicieron esos bastardos.

Estela abrió enormemente los ojos.

— ¿De qué estás hablando? —Preguntó la madre de Laura soltando a su hija.

— E- Está bien La-ura, — Musitó Alejandro. — yo, yo te quie-ro, yo te quie-ro tal como e-res, no m-e importa, si, si te gus-tan las chi-cas.

— ¿Qué dices Alejandro? — La azorada mirada de Estela corría de un rostro a otro, exigiendo respuestas.

— Yo fui novia de Laura. — Soltó Dennis de golpe, mirando de frente a la madre de Laura.

— ¿Qué tú qué? — Preguntó Estela completamente desconcertada.

— Laura, — Volvió a hablar Ericka. —cariño, todo está bien, no estás sola, estamos contigo, siempre estaremos contigo.

“¡Callensé, callense todos! ¡Déjenme sola! ¡Déjenme en paz! — Pensaba Laura — por favor, no quiero que mi madre me odie, ¡no quiero!”

— Laura ¿de qué están hablando, hija? — Preguntó su madre, quien sintió la boca tan seca como el mismo desierto.

— Estela, es necesario que hablemos. — Dijo la novia de Alejandro.

Ericka básicamente lideró a las personas para que se reunieran todos en la sala, fue un largo y agotador debate entre ella y su futura suegra; Dennis fue objeto de las miradas más crudas por parte de la madre de Laura, Alejandro seguía cabizbajo y mudo y Laura encerrada en sí misma sin querer decir palabra alguna, Ericka se estaba cansando de escuchar de parte de Estela que todo eso no era más que un error, que su hija no podía ser así.

— No entiendo porque tu hermano hizo algo tan espantoso, eso, eso… si hubiera estado aquí quizás — Era la décima vez que Laura escuchaba eso, estaba irritada al punto de quiebre.

— ¡Lo hizo porque mi tío lo estaba obligando! — Gritó la chica llena de ira por primera vez. — ¡Lo hizo porque descubrió que mi hermano era un maldito maricón! — Soltó de golpe. — ¡Román me sodomizó el día que Alejandro te fue a dejar al Aeropuerto!, no entendí porque lo hizo… hasta que… has-ta que… mi tío lle-gó y… y lo obli-gó a violar-me, mientras él lo… l-o sodo-mizaba — Laura se soltó a llorar con tal dolor, con tal sentimiento que llevó a su madre a las lágrimas.

— Tú no esta-bas, Ale-jan-dro no es-taba, no tuve a na-die, q-que me sal-vara. — Lloró amargamente y Dennis sintió que el corazón se le oprimía de tristeza.

— Román ¿era… qué? — Preguntó incrédula Estela, todo eso iba demasiado deprisa para poder digerirlo. — Eso no puede ser… eso…

— Só-lo hay una mane-ra de averi-guarlo. — Respondió Alejandro levantándose de su asiento.

Todos se levantaron tras de él como si fueran autómatas, a excepción de Laura y Dennis que permanecieron sentadas en la sala, los demás subieron las escaleras y llegaron al cuarto que alguna vez ocupase el chico rubio, Alejandro empezó a revolver sus cosas y mientras lo hacía Estela tuvo ganas de gritarle que se detuviera, que respetará las cosas de su hermano, pero la duda era demasiado intensa; por fin Alejandro sacó una caja, escondida en el rincón del closet que estaba bajo otra caja llena de mancuernillas y demás aparatos manuales de ejercicio.

La vació en el piso y entonces salieron montones de películas pornográficas de tema gay, así como varias fotografías de Román y su novio juntos.

La madre de Alejandro no pudo más, cayó al piso y lloró profusamente, no podía creer lo que estaba viendo; Alejandro también lloraba, sin embargo no era porque su hermano había sido gay y su hermana era lesbiana, lloraba porque había fallado como hermano mayor, lloraba porque debió haber regresado a casa aquel día, en vez de irse a quedar con su novia; lloraba por no haber hablado con Laura el día que descubrió que tenía relaciones sexuales con Susan. Lloró por no haber aceptado que existen diferentes formas de amar, por no entenderlas, por no comprenderlas, por haber querido obviarlas como algo repugnante; lloraba por no haber podido salvar a sus hermanos.

Mientras tanto, en la sala, Laura ya no podía más, se volvió a mirar a Dennis con odio y rencor infinitos.

— ¿Qué cara-jos es lo que tra-tas de ha-cer Dennis? — Le reclamó, sus nudillos estaban blancos por la fuerza que estaba imprimiendo al hacer puños con sus manos.

— La necesitas. — Le dijo sin mirarla.

— ¡No sabes lo que ne-cesito! — Le espetó de golpe.

— ¡Entonces mírame a los ojos y dime que no la quieres! ¡Dime que no quieres una oportunidad con ella! — Soltó Dennis apretando con fuerza la mandíbula.

— Yo… — Laura no pudo decir una palabra más, sus verdes ojos estaban fijos en esos mieles que alguna vez fueron toda su ilusión.

— ¡Dime que no quieres tener la oportunidad de volver a empezar y reparar todos los errores cometidos! — La sujetó con fuerza de los hombros y hundió sus dedos en la trémula carne de la chica a la cual alguna vez amó con todas sus fuerzas.
Laura pudo verlo entonces, ese dejo de esperanza en esa miel mirada, esa pequeña llama de anhelo en sus dilatadas pupilas, fue capaz de leerlo en esos ojos, Dennis en realidad no quería entregársela, Dennis no deseaba en verdad alejarse de Karla, pudo notarlo por la forma como la miraba, por la zozobra escrita en sus gestos, Dennis ansiaba que le confirmara lo que estaba diciendo, Dennis rogaba porque Laura se negara una vez más a regresar al lado de Karla. Pero entonces:

— Sí, — Respondió sin siquiera pensarlo, — quiero volver con ella… La Amo. — terminó por admitir y entonces fue testigo de cómo el corazón de Dennis se hacía pedazos, incluso podía jurar que lo estaba escuchando romperse en miles de fragmentos. El rictus de dolor en el rostro de Dennis era un libro abierto, que Laura pudo leer sin reparos.

— ¿Ella? — La voz de Estela le hizo volver con violencia el rostro, para ver a su madre y a los demás bajando las escaleras. — ¿Quién es ella?

— Su nombre es Karla. — Dijo Ericka — ¿Cierto Laura? — Preguntó, pues pudo apreciar el nombre de Giselle y el de Dennis incluidos en sus confesiones.

— Sí. — Respondió apenas audiblemente.

— Hija, no, espera, eso que sientes…

— Es completamente normal — Interrumpió Alejandro mientras se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano. — Te amo, y no me importa si es que deseas estar al lado de una mujer, lo único que me importa es que seas feliz, no me interesa nada más.

— A-lejandro. — Musitó Laura, sus ojos se anegaron en llanto, no podía creer lo que estaba escuchando.

— Perdona-me Lau-ra, — Sollozo una vez más, sus castaños ojos mostraban un arrepentimiento infinito. — fue culpa mía. Debí haber habla-do contigo, desde hace mu-cho.

— Hijo. — La voz de su madre se quebró. — no, n-o, tu herma-na… no.

— Bas-ta ma-má. — le acalló su hijo. — No quie-ro perder-la, ya per-diste un hi-jo, ya perdí a mi her-mano, no, n-o quie-ro perder-la a ell-a también.

Estela, rompió en llanto, su hijo había muerto, su hijo había violado a su hermana y él mismo había sido abusado por Emilio, por su propio hermano, por ese hombre que alguna vez le dijo que siempre velaría por ella y por sus hijos cuando ella le confesó el engaño de su marido.

Ahora comprendía porque su hija había tratado de cortarse las venas en dos ocasiones, todo por querer ocultar su verdadera naturaleza, todo por no querer ser una decepción para la familia; por el trauma que le dejo el abuso de esas dos personas quienes debían de haberla cuidado y protegido; su hija había sido mancillada de la peor forma, la habían golpeado, le habían insultado, habían abusado de ella a tal grado que sufrió desgarros y laceraciones, suerte tuvo al no haber contraído una infección venérea o algo peor.

Estela lo sabía, sabía que no era justo lo que le había pasado a sus hijos, no había sido nada justo, no había sido culpa de sus hijos el nacer con esa orientación sexual, eso lo sabía bien. Tampoco había sido justo infundirles odio y desprecio hacia sí mismos por lo que eran; no fue justo llevarlos de la mano para que compartieran el odio y el desprecio que sentía por su ex marido. No, no lo era, no lo había sido y nunca lo sería. Quería entender, quería comprender y aceptar, pero tantos años con esa manera de pensar… no, tampoco podía hacerse tan rápido a la idea de saber que a su hija le gustaban las mujeres.

— ¿Estás segura, hija? — preguntó Estela mirándole suplicante, anhelante.

Al verla, Laura sabía bien que esperaba una respuesta negativa, pero… estaba cansada, ya no podía más y esta era su única oportunidad para por fin y de una vez por todas ser completamente libre.

— Sí. — Respondió tajante y con eso selló el destino de Dennis quien deseó morir en ese instante. — Lo la-mento, si es q-ue… — Tragó saliva. — te he, decep-cionado.

Estela no dijo nada, sólo meneo en negativo, uso de toda su fuerza para poder decir lo siguiente:

— Te Amo… siempre lo haré. — Dejo que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas. — Sólo dame un poco de tiempo, sólo eso, para poder, para poder hacerme a la idea, no, no es fácil para mí tampoco. Pero no me has decepcionado, nunca podrías hacerlo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida… perdóname, amor mío, por no haber estado aquí para defenderte. — Laura se levantó y se abalanzó a los brazos extendidos de su madre. ¡Cuánto necesitaba haberle oído decir esas palabras! ¡Cuánta falta le había hecho estar entre sus protectores brazos!... Descargó en ese abrazo toda su pena y su dolor, líquido llanto que no paraba de manar de sus ojos, agua salada que ansiaba sanar todas y cada una de esas heridas.

Laura por fin veía poco a poco la luz, al final de ese obscuro y tenebroso túnel; irónicamente para Dennis comenzaba su travesía a través de su propio abismo. No deseaba dejar a Karla, la idea realmente la estaba asesinando por dentro, pero esas infernales palabras escritas en ese cuaderno hacían eco en sus oídos, una y otra y otra maldita vez “no sé qué hacer”, ¿Cómo debo actuar?”, “¿Es esto lo correcto?” “Desearía tener a alguien a quién contarle mis secretos”, “que alguien me diga que estoy haciendo mal, por favor”, “No tengo a quien pedirle consejo”, “Ojala Dennis aún fuera mi amiga para poder contarle todo esto.” “¿Qué debería hacer?” “Si tan sólo hubiera conocido a Al antes” Su libreta estaba atestada de ese tipo de frases y preguntas; ¿Acaso no era injusto?, Ella había tenido a Andrea para aconsejarla, había tenido a su propia madre para contarle sus dudas y alegrías, pero ¿Y Laura? ¿Laura a quién había tenido? ¿En quién podía haber confiado? ¿Quién le tendió la mano para sacarla de todas sus dudas? ¿No había sido entonces completamente desleal a su amiga? La relación que mantenía con Karla había sido buena porque ella sí tenía en quien apoyarse, estaba más que segura que hubiera roto con Karla el día que ésta conoció a Nadia, si no le hubiera pedido consejo a tiempo a su hermana. Inclusive ella misma tomó malas decisiones al aceptar el juego de Laura, manteniendo como Novio a Armando, cuando ella en realidad no deseaba estar con él ¿y todo por qué?, porque no había sido capaz de pedirle consejo a Andrea. Así que Laura no había tenido esa oportunidad que ella sí tuvo… entonces Laura merecía esa segunda oportunidad ¿no era así?... por primera vez, después de poco más de dos semanas ansiaba con desespero el consejo de su hermana, pero no lo iba a pedir, porque estaba decidida a tomar sus propias decisiones, así como Laura tuvo que hacerlo… esta vez estaba sola, completamente sola. Ahora en ella surgían esas cientos de preguntas sin respuesta ¿Es correcto lo que estoy haciendo?, ¿Está bien actuar de esta manera? ¿Es esto lo que realmente quiero?

— Laura. — Preguntó Alejandro. — ¿Esa mujer, esa profesora, aún la amas?

— Sí, ella… fue mi novia y yo, yo la engañe… yo… estoy arrepentida por haberlo hecho.

— Está bien Laura. — Le acotó Ericka — Estoy segura que tendrás otra oportunidad con ella, ¿no anda con nadie o sí?

Dennis quería gritar que sí andaba con alguien y ese alguien era ella, quería gritar a los cuatro vientos que era suya, que no podía entregársela a Laura, ansiaba gritar que ella era el amor de su vida, sin embargo al fijar sus ojos en las muñecas de su amiga y ver esos vendajes, al rememorar la angustia con la cual Laura preguntó por Karla, al recordar que Laura permitió que su tío abusara de ella para proteger la libertad de Karla… se sintió vencida… se sintió derrotada… y se preguntó si ella hubiera hecho lo mismo de haber estado en la situación de Laura... ¿qué hubiera hecho ella?... se le revolvió el estómago al recordar la manera en la que besó a su propia hermana, si ella no había aguantado el asco de besar a Andrea, no podía imaginarse lo que había sido para Laura haber tenido que tocar, que besar a su propio hermano y a su tío, era repugnante.

— No. — Respondió Dennis con la voz plagada de tristeza, mientras formaba puños con las manos.

— Voy a ir a hablar con ella. — Dijo Alejandro respirando profundamente.

— No, — suplicó Laura — ella no querrá volver conmigo, ella ya…

— Lo hará. — Aseveró y la determinación en la voz de Alejandro hizo que a Dennis se le anegaran los ojos en llanto.

“Está hecho” — Pensó Dennis. — “Karla ahora… aho-ra es tuya… Laura.” — Jamás en la vida sintió tal dolor, nunca degustó un sabor tan amargo como el que ahora le estaba inundado el paladar, quería gritar con todas sus fuerzas que Karla era de ella, que se arrepentía de haber tocado a la puerta, que odiaba no poder cerrar esa caja de pandora que había abierto.

— Ve a tu cuarto a cambiarte Laura iremos con Karla. — Dijo Alejandro.

Ese fue el final… Dennis perdió todo sentido de la realidad… — “Duele, duele tanto, ¡Oh!, Dios mío, esto no puede estar pasando.” — se llevó la manos al pecho — “¿Qué es lo que he hecho?” — calientes lágrimas se derramaron por sus mejillas las cuales quemaban como ácido su trémula carne. — “Es mentira, es una gran mentira… a mí, no me gusta Joshua, me agrada, es un gran Amigo, es un gran Amigo… pero es sólo eso… a mí, a mí quién me gusta es Karla, A MI ME GUSTA… A MI, A MI, ME… YO… YO… ¡¡¡¡YO AMO A KARLA!!!!” — gritó en su pensamiento, se llevó las manos al rostro y lloró con profundo sentimiento.

Ericka la observó fijamente, sabía que debía hablar con esa chica también, creía que esas lágrimas eran porque Laura había elegido a su profesora y no a ella; decidió que lo haría una vez que bajara nuevamente con Laura, pues ahora iban escaleras arriba rumbo al cuarto de su pequeña cuñada. Pero cuando bajaron a la sala de nuevo, Dennis se había ido.

Tiempo Presente:

Dennis se había sentado en la misma banca donde miró por primera vez a Joshua, Las palabras de Andrea le seguían taladrando los oídos; ésta se llevó las manos a la cabeza y formó puños entre su sedosa cabellera.

— Basta ya. — Susurró; las lágrimas comenzaron a rodar por su lindo rostro, pero estas se confundieron rápidamente con la fuerte lluvia que comenzaba a caer — Es suficiente. — Musitó sin voz.

No obstante la voz de su hermana seguía taladrándole los oídos. La misma frase una y otra vez “Eres una estúpida Dennis.”

La joven chica se mordió con fuerza el labio inferior, se sentía angustiada, triste, dolida, desesperada y confundida.

— ¿Qué debo hacer… que debería hacer? — Preguntó cerrando los ojos con fuerza.

Sin embargo los abrió al escuchar esa voz, esa triste y desalentada voz.

— Dennis, ¿podemos hablar?

— Joshua. — Musitó Dennis mirando al alto chico frente a ella.



Tiempo pasado:


Karla salió de la escuela, seguía sin poder entender lo que sucedía, ¿era verdad que Dennis sólo cruzó por una etapa?, entonces… ¿esas promesas? ¿Esos sueños de construir juntas un futuro? ¿Qué habían sido?

— Castill-os en el a-ire. — Susurró mientras las lágrimas resbalaban lentamente por sus mejillas.

Se sentía tan estúpida, se sentía tan idiota, ¿cómo pudo haber caído en lo mismo dos veces?

— Las lágrimas nunca le han sentado bien a tu rostro.

Esa voz le hizo volver el rostro rápidamente, su hermano estaba a unos pasos de ella.

— ¿Qué tienes hermanita? — Preguntó el chico con preocupación. — ¿A quién hay que partirle su madre?

Karla no le respondió, se arrojó a sus brazos y dejo salir todo su dolor. Adam el hermano de Karla era un joven bastante atractivo, media 1.95, tenía el cuerpo de un fisicoculturista pues era todo un narciso, su varonil y fuerte rostro lo hacía irresistible para cualquier mujer u hombre, compartían el mismo cabello negro azulado, lo mismo que la tonalidad canela de la piel, sin embargo los ojos de Adam eran café obscuro. Él era dos años más joven que Karla; como hermanos ambos sabían sus mutuos secretos y en sus momentos de pena ambos se consolaban.

Adam dejó que Karla llorara, conocía a su hermana, sabía que tenía que darle tiempo para que se recuperara y hablara, tras un prolongado rato, por fin mermó su llanto, Adam le pidió las llaves del auto y le ayudo a entrar, el moreno hombre condujo y en breve estuvieron a la puerta de la casa.

Al entrar, Adam la tomo de los brazos y le sonrió sincero.

— Voy a prepararte un té para que te relajes ¿de acuerdo?

— Sí — le respondió mientras se limpiaba las lágrimas con un pañuelo desechable.

— ¿Sigues guardando el té donde siempre? — Le preguntó su hermano.

— En el segundo cajón de la gaveta izquierda.

— Hecho.

Karla se quitó su saco y lo aventó sobre el sofá, se dejó caer en el sillón individual y emitió un profundo suspiro.

— ¿Y eso? — Preguntó Adam saliendo de la cocina.

— No es nada.

— Claro, conozco tus “nada” — Hizo comillas con sus dedos — ¿Cómo se llama tu nada?

— Es una historia muy larga.

— ¡Qué bien! Me encantan las historias largas y además no tengo prisa ¿y tú? — Le sonrió con complicidad.

Karla sonrió tenuemente, únicamente su hermano podía lograr eso, aún en los momentos más difíciles.

— De acuerdo. — Cerró los ojos y se pasó la mano por entre el cabello. — Todo comenzó cuando…

— Espera, espera, en seguida me cuentas, deja traer el té.

Al regresar de la cocina, Adam la escuchó atentamente, en algunas partes del relato dejo escapar algún suspiro, en otras su ceño se fruncía y casi al final del mismo parecía haberse dado una idea bastante clara de todo el panorama.

— Bueno, — Dijo cuándo Karla término. — la buena noticia es que viejas no te van a faltar, digo los dos estamos como queremos, así que ellas se lo pierden. — Se recargó de lleno en el sofá y se cruzó de brazos. — Aunque la verdad creo que le diste demasiada importancia al asunto, esas mocosas no valen la pena, digo todavía están dentro del cascarón, si entiendes a lo que me refiero. Además no puedes esperar llevar una vida de ensueño al lado de una adolescente, mírame a mí, me casé con la primera a los 18, ella tenía 17 y ya vez dos años después nos mandamos al carajo.

— Ninguna de las dos era como tú o tu primera mujer, — Defendió. — tú te casaste con ella, en primer lugar porque la embarazaste y en segundo porque no quisiste seguir estudiando.

— Como sea, la cuestión es que a esa edad uno no sabe lo que quiere.

Karla, se mordió el interior de su labio, ya eran muchas las personas que le habían dicho eso y ahora también se lo restregaba en el rostro su hermano. ¿Acaso todo lo que vivió, había sido una fantasía?

— Dennis no es así, ella…

— Ella te acaba de botar, porque estaba pasando por una etapa ¿no? — Le interrumpió su hermano mientras fijaba sus ojos en esos profundos mares, los cuales se anegaron una vez más en llanto. — Karla eres muy guapa, puedes tener las viejas que quieras, no te enganches con escuintlas mocosas cagenges.

— Dennis no…

— Shhhhh, déjame terminar, mira, vamos a ser honestos, las chavas de hoy día se te avientan bien cabrón, y de todas las edades, déjame decirte que no hace mucho llego al trabajo una mocosa como de quince años buscando a un compañero.

— ¿Sigues trabajando como guardia de seguridad?

— Sí, no he encontrado otra cosa.

— Debiste seguir estudiando.

— Oh, ya, déjame seguir contándote, la cuestión es que llega a la caseta la escuintla esa y le dice a mi compañero, que está embarazada, blah, blah, blah. Y este le responde que no es su problema, que ella anduvo de buscona y que él no le pidió que le abriera las piernas, total que la mocosa se prende y empieza a decirle que quiere que se haga responsable del niño blah, blah, blah y yo divertidísimo nada más oyéndolos. Total que Leo le dice, me voy a hacer mi rondín, ya ahí te ves. Y el cabrón me dejo solo con la escuintla esa…

— Debiste hacer algo. — Le interrumpió

— Claro que no, es su vida, es su bronca, la verdad me vi buena onda porque sea como sea le hable claro a la mocosa esa. Le dije mira chava este cabrón no se va a hacer responsable de tu hijo, está casado y no se va a divorciar para irse contigo. Y me dice, es que él me dijo que se iba a divorciar de su esposa, o sea hazme el favor y total que le digo, no hija, eso lo decimos todos para conseguir lo que queremos, y él pues ya se cansó de ti y más porque no va a aventarse la bronca de tu escuintle, total que así estuve hablando con ella como dos horas y por fin me pidió que radiara a mi compañero, así que lo hice y le dije compa, aquí sigue tu pañal y ¡tómala! Ya vez que todo se escucha cuando hablamos por la radio, que me contesta, ¡todavía! No güey, ya mándala a chingar a su madre, piche mocosa puta, bien que me estuvo ahí rogando que me la cogiera, esa pendeja sólo quiere que alguien la mantenga, pero a la verga, nel, además ya se la había cogido el greñas, el Isma y el chango, de hecho él me la paso cuando se cansó de ella, ahí si te la quieres coger tú pues aprovecha, o mándala a la verga, ahí como quieras, avísame cuando se haya ido a la chingada. Y Le dije pues ya ahí está, ya lo escuchaste.

Karla sólo negó en negativo varias veces.

— No me veas así, la verdad me porte buena onda, ya para rematar le dije, mira mocosa ten cuidado porque ahora que vas a tener a tu escuintle te van a caer un buen de galanes, pero no para casarse contigo, sino nada más para cogerte, porque así somos los hombres. Te digo que no me veas a sí Karla porque, ni tan inocente la escuintlita, cuando hable con el Isma, este me contó que a esa chava le encabronaba hacer los quehaceres de la casa y cuidar de sus hermanos más chicos, y que esta vieja le había dicho que ya quería casarse para dejar de hacer todo eso. Como verás las pendejas piensan que casándose se les van a quitar las responsabilidades, sin saber las taradas que les va hasta peor.

— ¿Tienes que ser tan grosero cuando hablas?

— Oh, pues ya ves es el ambiente en el que se trabaja.

— Te oyes de lo más vulgar, a ver si te controlas cuando estés hablando conmigo.

— Mmtaaa, bueno al menos ya no estás tan achicopalada.

En cierta forma era verdad, con todo lo dicho por su hermano, Karla ahora estaba más preocupada por el futuro incierto de esa niña, que por ella misma.

— Es que mira Karla. — Le dijo Adam. — La verdad es que así somos, ¿a quién le dan pan que llore? — se encogió de hombros. — Si las viejas te dan las nalgas, ni modo de no aprovechar.

— Ya no me cuentes más ¿quieres? Y ya te dije que no seas tan vulgar.

— Te lo digo para que te des cuenta de como son las cosas. Las mocosas no saben lo que quieren, creo que esa tal Ana era una opción un poco más viable.

— Pero ni siquiera sentía nada por ella.

— En serio que la pendeja de la Nancy te dejo toda jodida. — Suspiró el moreno hombre.

— ¿Cuál es el motivo de tu visita? — Preguntó Karla que se empezaba a sentir bastante irritada.

— Pues te venía a pedir dinero prestado. — Se llevó la mano a la nuca.

— Que novedad. — Le respondió con un dejo de sarcasmo.

— Oh, ¿ya ves?, yo todavía que te consuelo, te preparo tu tecito para que te sientas mejor, te comparto mis experiencias, te…

— Ya, ya, ya ¿Cuánto necesitas?

— Pues si tienes unos dos mil pesos, ya yo te los pago en cuanto pueda.

— Claro, como lo demás que te he prestado y sigues sin pagarme.

— Oh, ya ¿ves cómo eres? Yo que te vengo a visitar porque tú ni me vas a ver, yo que te tiendo mis cariñosos brazos para que llores a tus anchas, yo que…

— Ya, ya, voy a traerte el dinero.

— ¡Gracias hermanita! Sabía que podía contar contigo.

Karla subió a su habitación y saco el dinero; le agradecía a su hermano que le hubiera escuchado y “consolado” lo único malo era que ello siempre tenía un coste, también sabía que no debía de prestarle tan fácilmente dinero, porque éste siempre que tenía efectivo, botaba los trabajos uno tras otro por las razones más estúpidas e infantiles que se pudiera llegar a imaginar, pero con un matrimonio fallido que le dejo dos hijos, sumados a su más reciente separación con la segunda mujer con la cual no se casó quien le dio dos hijos más, aunados a su reciente matrimonio con la tercera y esperaba fuera la última mujer quién por cierto le acababa de dar otro hijo, pues bueno, sabía que no se daba abasto para la manutención de esos cinco niños.

Al bajar nuevamente, pudo ver a su hermano revisando varias de las películas que se hallaban acomodadas en uno de los compartimentos del centro de entretenimiento que tenía en su sala.

— Toma. — Le dijo cuándo se hubo acercado a él.

— Gracias Karlita, en serio que en cuanto pueda te los pago. — Le guiño un ojo y le besó en la mejilla. — Ya de paso ¿me prestas estas películas?

Karla, suspiró por lo bajo y sólo asintió.

— ¿Vas a quedarte a dormir? — Le preguntó a su hermano, pero este tomó su mochila y después de guardar las películas se la echo al hombro.

— No, Leticia me espera, le dije que venía a verte y que de aquí me iba para la casa.

— De acuerdo. — Dijo Karla, deseando internamente que se hubiera quedado, pues no deseaba estar sola.

El timbre de la puerta se escuchó un par de veces. Ambos chicos se dirigieron a la puerta, al abrirla, Alejandro sujetó de la ropa a Karla quién le miró sorprendida.

— ¡Tú! — Espetó Alejandro.

— ¡Alejandro, espera! — su novia lo sujeto de los hombros por la espalda.

En ese momento Adam tomó de las muñecas al hermano de Laura y le apretó tan fuerte que este soltó a su hermana, esta vez, Adam lo sujetó con fuerza de la ropa y prácticamente lo levantó fijando sus profundos ojos marrones en esos castaños claros.

— ¡Qué putas quieres con mi hermana cabrón? — siseó amenazante.

— ¡Suéltalo! — Le gritó Ericka.

— ¿Qué está pasando? — Preguntó Karla mirando a la chica que no reconocía para nada, sin embargo tras ella, esa blonda melena le era totalmente conocida — ¿Laura? — el gesto de su rostro se tornó aún más confuso.

— No me das miedo pendejo. — Dijo Alejandro sujetándolo de los antebrazos, mirando retadoramente al enorme chico.

— ¡Por favor basta los dos! — Pidió nuevamente Ericka.

— ¿Alguien puede decirme que es lo que está pasando? — Preguntó nuevamente Karla.

Alejandro giró el rostro para ver a la morena mujer cuya expresión en su rostro mostraba una verdadera incertidumbre.

— Tú, tú vas a regresar con mi hermana, sino quieres que te denuncie ante las autoridades. — Soltó de golpe el chico, dejando completamente perpleja a Karla.

— ¡Alejandro! — Espetó Ericka. — No digas tonterías.

Adam levantó el rostro para ver a la joven rubia.

— A mi hermana no le interesa esa mocosa.

— ¡No te atrevas a llamar a mi hermana mocosa estúpido! — le soltó un golpe, pero Adam se hizo hacia atrás y al soltarlo Alejandro perdió momentáneamente el equilibrio.

— ¡Basta! — Gritó Ericka y se abrazó a su novio. — Es suficiente, vamos a hablar. Por favor. — Volvió el rostro para mirar a la alta mujer quién no salía de su asombro.

Karla sin embargo tenía puesta la mirada sobre Laura, la pobre estaba prácticamente temblando de miedo, su rostro estaba completamente pálido, Karla pudo apreciar los vendajes en las muñecas de esas delicadas manos.

— Laura. — Musitó.

— Oye ven, — Ericka tomó de la mano a Karla y la llevó dentro de su casa, todos los demás les siguieron, la última entrar fue Laura.

Una vez dentro, Ericka, dejo escapar un suspiro de alivio y miró seriamente a Karla y a todos los presentes.

— Denme un momento a solas con ella ¿de acuerdo? — Les pidió a los demás.

Alejandro apretó los labios y asintió un par de veces, Adam levantó una ceja y chasqueó con la lengua mientras se sentaba en el sofá y Laura tragó saliva visiblemente, mientras se abrazaba a sí misma.

— ¿Hay algún lugar donde podamos hablar a solas? — Preguntó Ericka.

— Arriba. — Le indicó.

— Bien, vamos.

Las chicas desaparecieron escaleras arriba, Alejandro miraba retadoramente al alto chico, quien lo barrió de arriba abajo con la mirada; Adam sabía bien que podría pulverizarlo sin mucho esfuerzo. Laura se acercó a su hermano y lo tomó del brazo.

— ¿Qué puto? ¿Soy, me parezco o quieres que te de un beso? — Le preguntó Adam mientras se tronaba los dedos.

— Eres un pendejo. — Le dijo Alejandro dando un par de pasos hacía el moreno chico, el cual se levantó de un salto.
Sin embargo, ambos se contuvieron cuando escucharon a la rubia soltar el llanto.
— Tranquila Laura, no pasa nada. — Le dijo Alejandro mientras la abrazaba.

— Esto no es-ta bi-en… — susurró Laura.

— Hey, rubia, — Soltó Adam. — todo está bien, no vamos a pelear. — ¿no es así?

— Cierto, Laura, ya, tranquila, estas temblando.

— Voy a prepararle un té. — Adam se dirigió a la cocina. —Siéntense por favor.

Mientras tanto en la habitación de Karla, ésta se hallaba con la mirada puesta sobre sus manos, había escuchado atentamente a Ericka.

— Mira, yo sé que esto que te estoy pidiendo es intempestivo, pero esa niña necesita sentirse amada nuevamente; antes de venir aquí por fin se decidió a hablar, aunque sólo fue con su hermano y conmigo, nos contó que su tío la amenazó con llevarte a la cárcel por haber abusado de ella, pero que logró convencerlo de que todo lo que había escrito en esa libreta eran mentiras, sin embargo siguió con su amenaza en pie diciéndole que en lo que investigaban tú lo pasarías muy mal, ella se dejó hacer por el cabrón de Emilio y Román lo inimaginable, ella te protegió ¿entiendes?. Mira, honestamente no voy a mentirte, en serio dan ganas de llevarte a la cárcel por el sacrificio que hizo Laura por ti, porque ella no debió haberte defendido de esa manera, pero eso la destrozaría a un más y ella ya ha sufrido demasiado incluso intentó quitarse la vida en dos ocasiones ya que pensó que toda su familia la odiaría al enterarse de sus preferencias… ella nos contó que te engaño y se siente muy arrepentida por haberlo hecho; sé que lo está y sé que te ama, dale la oportunidad de sentirse amada por ti nuevamente, por favor. No sé si puedas imaginar lo que es que tu propia familia te agreda.

En ese punto Karla apretó las manos sobre sus piernas, ella sabía muy bien lo que era lo que significaba una violación; la culpa estaba cayendo sobre ella como plomo, se sentía enteramente responsable por lo que le había ocurrido a Laura.

— Por favor, esto es importante, quiero que Alejandro y su madre, sepan que su hija sigue siendo la misma de siempre, que el hecho de que ame a una mujer no significa el fin del mundo. Si la ven desde este momento en una relación, poco a poco lo irán asimilando y terminaran por aceptarlo, esto es importante no sólo por ella, sino también para su familia. Por favor. ¿Volverías con ella?

— Yo… — Esa era la decisión más difícil que habría de tomar alguna vez en la vida, se sentía la persona más ruin, en ese momento se odiaba así misma a un grado inimaginable.

Pasaron los minutos y Karla aún no le daba una respuesta. Ericka volvió el rostro hacia el techo y centró la mirada en el mismo, se preguntaba si esa mujer accedería o si bien se negaría rotundamente.

— Lo haré. — Dijo tras un largo rato de silencio. — Volveré con ella.

— Gracias — Musitó la joven. — En verdad gracias.

Ambas bajaron de nuevo a la sala, los presentes se hallaban sentados en la sala, cada uno inmerso en sus pensamientos. Laura levantó el rostro y posó su verde mirada en esos azules ojos. Karla no dijo nada, sencillamente caminó hacia ella; Alejandro observó su lento andar, la delicada forma en que su cuerpo se movía, lleno de una profunda sensualidad, sus mejillas se sonrojaron, hasta ese momento se percató de la belleza que poseía esa mujer.

Karla se arrodilló ante Laura, tomó suavemente ese juvenil rostro entre sus manos y le miró con ternura y una tristeza infinita.
— Lo siento Laura, no lo sabía… nunca imaginé que hubieras pasado por todo ese infierno. — Le acarició los pómulos dulcemente con sus pulgares.

— Kar-la. — Laura no podía creerlo, ¿acaso esto era verdad? ¿Esos ojos le estaban viendo con ternura?, su corazón palpitaba a mil por hora, rogaba con todas sus fuerzas que todo eso no fuera un sueño, sus manos sudaban de ansiedad.

Karla observó esos ojos verdes, esos hermosos ojos verdes en los cuales alguna vez se perdió. Y aunque la culpa la avasallaba sin piedad, aunque todo su ser gritaba que no; acercó lentamente su rostro al de esa joven chica y depositó sobre sus labios un suave y tenue beso. Laura pareció quedarse sin aliento y Alejandro únicamente apretó los puños sobre sus rodillas, le costaba trabajo ver esa escena, Ericka se acercó a él y le sonrió, posó una mano sobre la de su novio y le ayudó a relajarse.

— Está bien Alejandro. — Le susurró su novia, lo importante es que ella sea feliz.

Alejandro no dijo nada, sea como sea él había estado de acuerdo con que su hermana anduviera con esa mujer.

Laura sintió que un calor proveniente del fondo de su corazón le invadía el cuerpo por completo, sintió su corazón golpear fuertemente su pecho, Karla le había besado, ¡la había besado! ¿En verdad tenía una segunda oportunidad?

— Karla. — Musitó Laura. — ¿En verdad…? ¿En verdad serás nuevamente mi novia? — Preguntó con suma ansiedad, su verde mirada rogaba por un sí.

Karla se quedó en silencio por un momento y las facciones de Laura dieron lugar a la incertidumbre. Karla amaba a Dennis, la adoraba como nunca lo había hecho con nadie, ni siquiera con Laura, quería decir que No, que no podía hacerlo porque su corazón le pertenecía a alguien más… sin embargo ese alguien más, ya no quería nada con ella, Dennis la había arrojado de su vida. Y Laura había atravesado un infierno y purgatorio por culpa de ella, se lo debía, porque todo lo que le paso fue por culpa suya y tenía que hacerse responsable por sus actos.

— Sí. — Dijo por fin con suma dificultad y esa palabra hizo pedazos su propio corazón.

Continuara!!!!